San Miguel Arcángel pesando las almas en el Juicio Final
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martes, 28 de enero de 2025

San Vicente Ferrer: "33.000 personas fallecieron; 2 fueron al Cielo; 3 al Purgatorio y las demás al Infierno"


 

NO ASUMAS QUE ALGUIEN YA ESTA EN EL CIELO

San Vicente Ferrer narra una narrativa sobre un archidiácono de Lyon que renunció a su posición para vivir una vida de penitencia en el desierto. Murió el mismo día y hora que San Bernardo.

Después de su muerte, el archidiácono se apareció ante su obispo y le reveló: "Sepa, Monseñor, que a la misma hora que yo fallecí, treinta y tres mil personas también murieron. De este número, San Bernardo y yo fuimos al cielo sin demora, tres fueron al purgatorio, y todos los demás cayeron en el infierno. "

Este relato subraya la gravedad de la salvación y la importancia de vivir una vida de virtud. Sirve como un conmovedor recordatorio del estrecho camino al cielo y la multitud que puede perderse debido a la falta de arrepentimiento y penitencia.

martes, 21 de junio de 2022

"El esfuerzo que hace Dios para llevarte al Cielo se rompe por tu decisión de no querer ir al Cielo"

 


-LO QUE SE ESFUERZA QUE DIOS HACE PARA LLEVARTE AL CIELO SE ROMPE CONTRA TU DECISIÓN DE NO IR AHÍ.

- En 1977, una niña de 13 años, a quien conozco personalmente, llamada Delizia Cirolli de Patern da (Catania), fue llevada al Hospital para que la amputaran una pierna afectada por cáncer maligno. En el hospital, los médicos encontraron que la niña tenía metástasis en todo su cuerpo, la enviaron a casa para que muriese rodeada de su familia. Sus parientes, angustiados, recomendados por una amiga, la llevaron a Lourdes. Estando en Lourdes, su madre bañaba fielmente su pierna con agua de la piscina: finalmente, la pierna de la niña curó perfectamente.

Refiriéndome hace unos años este milagro a un ateo y no queriendo que se lo crea, lo invité a visitar a la niña en el hospital de Patern Pat, a tan solo 18 km de Adrano, donde ahora trabaja como enfermera, para verificarlo, pero no aceptó mi invitación, fue entonces cuando le dije:

"Cada esfuerzo que Dios hace para llevarte al Cielo se estrella en contra de tu decisión de no querer ir allí".

(Del libro: Sobreviviremos del Padre Ildebrando Sant'Angelo)

Fuente * Unámonos para ayudar a las Almas Sagradas del Purgatorio *

Esto nos enseña que quien no quiere convertirse lo hace por propia decisión.

miércoles, 11 de abril de 2018

Inmediatamente después de la muerte, tiene lugar el Juicio Particular, en el que se decide nuestro destino eterno: Cielo o Infierno

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EL JUICIO

Por juicio se entiende el estricto examen de toda nuestra vida ante el tribunal de Dios, seguido de la sentencia que decidirá nuestra suerte por toda la eternidad.

Hay dos juicios: uno particular entre el alma y Jesucristo inmediatamente después de la muerte; y otro universal al fin del mundo entre Jesucristo y todos los hombres reunidos. El juicio universal es una ratificación o confirmación del particular.

Certeza o pruebas de este Juicio.

Pruebas de fe. — En varios pasajes de la Escritura hallamos sentencias, ejemplos o parábolas que prueban la realidad del juicio de Dios. He aquí algunas citas: Dice San Pablo: Está establecido que los hombres mueran una sola vez y que a la muerte siga el juicio.

Jesucristo habló del juicio cuando dijo: Estad siempre preparados (para morir) porque a la hora que menos penséis el Hijo del hombre va a pediros cuenta de vuestra vida.

Y en otra ocasión: Vigilad, pues, porque ignoráis el día, y la hora (de la muerte y del juicio).

También hacen a este propósito las parábolas del rico Epulón y Lázaro, la del mayordomo injusto (Lucas, XVI, 1-9) de las diez vírgenes (Mat., XXV).

Pruebas racionales. — l) Dice Santo Tomás: El hombre puede ser considerado como individuo aislado y como parte del género humano; luego debe someterse a un doble juicio: a) uno particular en el cual sea premiado o castigado según sus obras, pero, sin que trascienda su sentencia, b) Otro juicio, universal en el que llegue a conocimiento de todos la sentencia merecida y todos alaben la justicia o misericordia de Dios.

2) Por analogía. — En toda sociedad bien constituida nunca se condena a un hombre sin antes juzgarlo; asi también Dios, juez rectísimo y sapientísimo, juzga al hombre para que este comprenda el motivo de su salvación o condenación.

3) Testimonio de los pueblos. Aun los pueblos privados de la luz de la fe creían en un juicio de las almas. Se han hallado en las tumbas egipcias dibujos que representan ese juicio bajo el símbolo de una balanza donde es pesada el alma. El poeta Virgilio en su “Eneida” (libro sexto, versos 565 y siguientes) hace ver cómo las almas se presentan al juez Radamanto, quien las obliga a confesar sus delitos. Análogas creencias existen en los pueblos salvajes.

Celebración del Juicio.

El juez será Jesucristo, según lo dijo Él mismo: El Padre no juzga a ninguno: mas todo el juicio ha dado al Hijo. La razón es porque Jesucristo ha sido nuestro Redentor y como a tal le corresponde pedirnos cuenta del uso que hemos hecho de su redención.

Jesucristo cuando nos juzgue estará revestido ya no de los atributos de la misericordia, pero sí de la justicia: será un juez justo que dará a las obras buenas y malas su verdadero valor; sabio, que todo lo conoce, hasta los más leves pensamientos; no podrá ser engañado como los jueces de la tierra; incorruptible, que no se deja desviar, como los jueces humanos, por premios o amenazas; inapelable, del cual no se puede apelar a otro juez superior para que cambie la sentencia.

Lugar del juicio. — Donde la muerte sorprendiera al hombre, allí se levantará el tribunal del supremo Juez.

Modo. — Dios iluminará el alma con una luz tan viva, que abarcará de una sola mirada todos los detalles de su vida, la fealdad y gravedad de sus pecados, como también la belleza y méritos de sus obras buenas.

Materia. — Jesucristo nos juzgará sobre todo lo bueno y lo malo que hubiéramos hecho, a saber:

a) El mal cometido, juzgado en sus causas, en su malicia, en sus efectos.
b) El bien voluntariamente omitido (pecado de omisión) hecho con negligencia, practicado con hipocresía o por fines humanos, p. ej: para ser visto, aplaudido, etc.
c) Los escándalos dados a las almas, a los niños, a los criados, a los ignorantes.
d) Las gracias de que se abusó: sacramentos, instrucciones, remordimientos, buenos ejemplos, enfermedades, reveses de fortuna, bienes materiales.

Será tan riguroso este juicio, que apenas se salvará el justo. Dice San Pedro en su primera epístola: “Si el justo a duras penas se salvará, ¿Dónde irán el impío y el pecador?

La sentencia.

Terminado el juicio, Jesucristo pronunciará la sentencia, la cual es irrevocable, por cuanto no hay excusas que alegar; no hay defensor en quien esperar; no hay ya lugar a súplica porque con la muerte termina el tiempo de la misericordia y sólo queda estricta justicia.

La sentencia para el alma justa será: “Ven, alma bendita a poseer el reino que te está preparado desde el establecimiento del mundo” (Mat., XXV, 34).

Si el alma no está purificada enteramente de sus faltas veniales o tiene algo que expiar, la enviará Dios al Purgatorio, de donde, acabada la expiación, subirá a la gloria.

La sentencia para el alma culpable será: “Apártate de mí, maldita, vete al fuego eterno que está aparejado para el diablo y para sus ángeles” (Mat., XXV, 41). En seguida el alma será precipitada en el infierno por toda la eternidad.

Descripción del Juicio universal.

El fin del mundo. — Así como todo hombre está sujeto a la muerte y a la resurrección, así también todo el mundo será destruido y renovado.

La opinión de la mayor parte de los Padres es que la tierra y el mundo perecerán, no en cuanto a la sustancia, sino en cuanto a las exteriores cualidades y que tomarán un ‘estado más perfecto, pero no serán aniquilados.

Nadie sabe cuándo acaecerá el fin del mundo.

Sin embargo la Escritura nos muestra las señales remotas y próximas que precederán al fin de los tiempos. Éstas son:

La predicación del Evangelio en todo el mundo; la conversión de los judíos a la fe de Cristo; una apostasía general; la gran mayoría de los hombres se apartarán de Dios, no haciendo caso de su divinidad; muchas grandes calamidades en el mundo: guerra, revoluciones, hambre, pestes, perturbaciones atmosféricas; advenimiento del Anticristo con quien se unirán los enemigos de Dios para combatir a la Iglesia y a los cristianos; aparición de Elias y Enoc que vendrán a combatir contra el Anticristo, por el cual, después de tres años y medio serán muertos; también miserablemente; grandes cataclismos en el universo, terremotos, inundaciones, oscurecimiento del sol, de la luna, de las estrellas y muerte de todos los hombres. A esto seguirá la resurrección de todos los hombres.

Lugar del juicio final. Se cree comúnmente que será en el valle de Josafat, carca del monte Calvario; es muy conveniente que Jesucristo juzgue a los hombres en el lugar donde ellos lo juzgaron y en donde murió para salvarlos.

Modo del juicio. — Resucitados todos los hombres y reunidos en el valle de Josafat, aparecerá en los cielos Jesucristo con gran poder y majestad, rodeado de toda la corte celestial y precedido de la Cruz.

Comenzará el juicio: Jesucristo abrirá el libro de la conciencia de cada hombre, cerrado durante el curso de la vida y lo expondrá a la vista y a la censura del Universo (Apoc., XX, 12. 1Cor., IV, 5). Publicará también los pecados de los justos, más para gloria de los mismos y para confusión de los malos que no los imitaron en la penitencia al pecar.

Por ministerio de los ángeles, se hará la separación de los buenos y de los malos. Los primeros serán colocados a la derecha de Jesucristo; los segundos, a su izquierda.

En seguida pronunciará el supremo Juez la sentencia de salvación para los buenos y de condenación para los malos.

Se cumplirán en el acto ambas sentencias: los justos subirán en cuerpo y alma a la gloria entonando himnos de alabanza y de triunfo, en presencia de los réprobos que contemplarán desesperados la sublime escena. Entre tanto se abrirá la tierra y demonios y condenados en cuerpo y alma serán tragados juntamente; y oirán cerrarse tras de sí las puertas que jamás se abrirán.

Y todo habrá acabado: ya no habrá más tiempo; sólo habrá eternidad.

“LA RELIGIÓN EXPLICADA (Año 1953)”

jueves, 21 de julio de 2016

Nuestra Señora de los Dolores y la pérdida de un ser querido


         La muerte de un ser querido nos sumerge en un profundo dolor, en una profunda angustia, y a veces, en una tristeza que no parece terminar nunca. Es por eso que nos preguntamos: cuando sufrimos la dolorosa pérdida de un ser querido, ¿qué podemos hacer los cristianos católicos? ¿Estamos desamparados ante el dolor? ¿Hay algún tipo de consuelo?
         Frente al dolor que supone la pérdida de un ser amado, los católicos no estamos solos, pues contamos con un auxilio y un consuelo que no cuenta nadie más que no pertenezca a la Religión Católica, y es el acudir a la Virgen, para pedirle aquello que más nos hace falta en los momentos más dolorosos de la vida terrena, como lo es la pérdida de un ser al que amamos.
         ¿Por qué a la Virgen?
         Porque la Virgen conoce, más que nadie en esta tierra, el dolor que significa la pérdida de quien se ama, porque Ella misma perdió a Aquel que era su vida y la razón de su ser y existir, su Hijo Jesucristo. La Virgen estuvo el Viernes  Santo, de pie, al lado de la cruz, durante toda la agonía de Jesús, desde las doce del mediodía, en que fue crucificado, hasta las tres de la tarde, en que murió. Ella asistió, con paciencia y profundo amor, a la muerte dolorosísima de su Hijo –la muerte en cruz es una de las más dolorosas que puede experimentar un hombre-, ofreciéndolo al Padre y ofreciéndose Ella misma, en unión con su Hijo, como Víctimas puras, inocentes e inmaculadas, por nuestra salvación.
         Además, debemos acudir a la Virgen porque Ella es Nuestra Madre del cielo, porque Jesús nos la donó, en la persona de Juan, en quien estábamos todos representados, antes de morir Él en la cruz: “Madre, he aquí a tu hijo”, y así como un niño pequeño, cuando se golpea, o tiene una pena, o una tristeza, acude a su madre y sólo con el abrazo de su madre ya experimenta consuelo, así también debemos hacer nosotros, que somos como niños pequeños, necesitados del amor y del consuelo de Nuestra Madre celestial. Y puesto que la Virgen es Nuestra Madre del cielo, al acercarnos a Ella, que está al pie de la cruz, Ella nos acercará a su Hijo Jesús y, en el silencio de la oración, no sólo nos dará el consuelo frente al dolor, sino que nos dará también la fortaleza y el amor necesarios para sobrellevar cristianamente el dolor tan profundo que significa la pérdida del ser amado.
         Ella se encargará de enjugar nuestras lágrimas y de darnos su amor maternal, para que llevemos con amor sobrenatural la cruz de la pérdida, por la muerte, de quien amamos.

         Acudamos a la Virgen, Nuestra Señora de los Dolores, por la oración, ofreciéndole el dolor de nuestros corazones y veremos cómo, casi sin darnos cuenta, comenzaremos a experimentar su consuelo y amor maternal.

sábado, 14 de marzo de 2015

Qué dice la Iglesia sobre los Novísimos 2


(Homilía para una Misa por un difunto)

Cuando pedimos una Misa por un ser querido, es conveniente recordar lo que enseña el Catecismo acerca de Dios, de la muerte y de lo que sucede más allá de la muerte. El Catecismo nos enseña que “Dios es Amor” (1 Jn 4, 8), un Amor infinito, eterno, inagotable, misericordioso  y porque Dios es Amor, esperamos que nuestros seres queridos difuntos, a quienes recordamos en la Santa Misa, estén ya con Él, que Él ya les haya perdonado sus muchos o pocos pecados que puedan haber tenido. 
Pero el Catecismo nos recuerda que Dios es también un Dios de infinita Justicia , porque de lo contrario, no  sería Dios, sería un Dios injusto, y porque Dios es un Dios de infinita Justicia, es que nosotros, que todavía estamos en esta tierra y debemos atravesar el umbral de la muerte, debemos poner mucha atención a nuestras acciones, para no ofender a su Divina Justicia con malas acciones, con pecados. El Catecismo enseña que, inmediatamente después de la muerte, el alma va a enfrentar lo que se llama el “juicio particular” , en donde toda su vida pasa ante sus ojos, con sus obras buenas y sus obras malas, y de acuerdo a ellas, recibe el veredicto de su destino definitivo: o el Cielo –el Purgatorio como antesala del Cielo- o el Infierno. Es por eso que nosotros, que todavía no hemos atravesado el umbral de la muerte, debemos obrar siempre el bien, para que nuestras buenas obras nos granjeen el paso al Cielo.
Hemos dicho que esperamos que, por la Misericordia de Dios, que nuestros seres queridos estén ya con Él; ahora bien, no debemos pensar que nunca más los veremos: por Jesucristo, gracias a Él y a su sacrificio en cruz, y a su Muerte y Resurrección, tenemos la certeza de volver a encontrarlos, de volver a verlos, de volver a abrazarlos, para esta vez, no separarnos ya nunca más. Dice el Apocalipsis que en el cielo no hay dolor, no hay tristeza, no hay llanto ; solo hay felicidad, alegría, amor, porque todos están en Dios, que es Amor, Alegría y Paz. Pero para reencontrarnos con nuestros seres queridos, tenemos que tener en cuenta que nosotros en esta vida, es como si camináramos por una cornisa, con un abismo a cada lado, porque a cada paso, podemos caer en el Abismo del que no se sale; a cada caso podemos caer en el pecado, que nos hace perder la gracia y la posibilidad de acceder al Cielo. Lo único que nos puede unir a nuestros seres queridos en el Cielo, es Jesús crucificado y Jesús en la Eucaristía. Entonces, si mantenemos fijos los ojos en Jesús crucificado y en Jesús Eucaristía, si vivimos en gracia, si detestamos el pecado, si obramos la misericordia, estaremos seguros, segurísimos, de que, por la Misericordia de Jesucristo, nos reencontraremos en Cristo, el día de nuestra propia muerte y luego de nuestro juicio particular con nuestros seres queridos en el Reino de los cielos y nunca más nos separaremos.

miércoles, 29 de octubre de 2014

El Purgatorio de San Patricio para expiar los pecados en la tierra


Una peregrinación a la entrada del purgatorio.

Irlanda es una nación que fue muy católica, pero que está en crisis espiritual con el debilitamiento de la fe, disminución de la asistencia a la iglesia, escándalos de abusos sexuales de sacerdotes y vocaciones escasas.

Tuvo un gran santo como San Patricio y uno de sus legados fue el hoy peregrinaje “Purgatorio de San Patricio”, anclado en la leyenda de que la penitencia allí puede acortar los días del Purgatorio luego de la muerte.      



El purgatorio de San Patricio



Aún podemos pensar que Irlanda tiene un sustrato católico que permanece.

Está el santuario de Knock, uno de los más famosos lugares de apariciones. A la entrada de muchos pueblos de Irlanda hay una gruta de Lourdes. Hay una estatua de María en los aeropuertos. Hay también espléndidas catedrales.

EL PURGATORIO DE SAN PATRICIO EN LOUGH DERG

Poco conocida es la conexión entre Irlanda – y San Patricio – con el profundo misticismo de purgatorio.

En el condado de Donegal, al noroeste de Irlanda está uno de los más misteriosos de estos enlaces. Esto está en el “lago sagrado” de Lough Derg, un paisaje sombrío de  bosques de coníferas y lleno de ciénagas – donde, según la leyenda, el santo se quedó como testimonio de la verdad de su fe.

Fue aquí, según las historias, que Patricio tuvo visiones del cielo, el infierno y el purgatorio.

Lough Derg está rodeado de montañas y puede llegarse por una sola ruta. El lago es grande y cubre una superficie de 2200 acres, posee 13 millas de perímetro y está situado a 450 pies sobre el nivel del mar. En este lago se encuentran muchas islas – más de doscientas – pero una tiene una característica particular.

Se trata de una isla muy pequeña (solo dos acres) llamada Station Island y en ella se alza un lugar de peregrinación y de penitencia, que lleva el nombre de “El Purgatorio de San Patricio” (Saint Patrick´s Purgatory).

En esta Isla, hace más de 1500 años San Patricio hizo penitencia por el pueblo irlandés, lucho y venció a los druidas paganos de la zona, expulsó a las serpientes de la isla y se le concedió la gracia de ver el purgatorio.

Desde aquel momento, de manera interrumpida aquí han acudido y aún acuden los fieles irlandeses, especialmente los jóvenes, con el solo fin, a ejemplo del Santo Patrono, de hacer penitencia.

UNA ENTRADA AL INFRAMUNDO

Hay tres grandes leyendas. Una conectada a San Patricio sostiene que la Estación de la Isla (o simplemente “Lough Derg”, como se le conoce comúnmente) es un lugar donde el “valiente y virtuoso” puede descender a la cueva y experimentar los secretos de la región más allá de la tumba.

En esta pequeña isla, se dijo, había una entrada al inframundo.

Uno de los relatos más antiguos que sobreviven data de 1186.

“Giraldus Cambrensis escribió en Topografía de Irlanda que la Isla de los Santos era visitada tanto por espíritus buenos y por espíritus malignos. Cada uno estaba presente en una parte de la isla. Describió la parte mala de la isla, cubierta de peñascos escarpados. Contenía nueve hoyos y los que se quedaban durante la noche eran atormentados en uno de ellos“.

La parte noroeste se llama Kernagh y significa “Isla de Clamor”. Aquí, se dijo, en la época medieval, era la residencia de satanás y sus satélites.

Vemos, pues, que de hecho es un lugar no sólo de penitencia, sino de guerra espiritual que a menudo la acompaña.

En la parte suroeste del islote hay un área llamada “Regles” que se dedica a los ángeles.

LA PURGACIÓN EN LA TIERRA

La leyenda dice que el purgatorio puede ser probado e incluso visitado aquí y que con la penitencia adecuada el alma de un individuo puede ser purgada de las manchas del pecado.

“El peregrino podría volver a la vida otra vez, pero no tendría que revisitar el purgatorio después de la muerte“, es la creencia de los muchos penitentes – tantos como 32.000 al año – que visitan la fría isla azotada por el viento.

Tan intensa es la penitencia, de hecho, que los peregrinos deben ser mayores de 14 años de edad, y sin discapacidad. “La naturaleza de las penitencias excluye a los que estan bajo cuidado del médico y a los ancianos”, dice un letrero. Los turistas no son bienvenidos y las cámaras están en realidad prohibidas.

La penitencia no es para los débiles de corazón, hay fuerte mortificación física como caminar descalzo y privarse de comida y sueño.

EL PEREGRINAJE

Hay una de un día de ayuno en el que se permite comida ligera y calzado, pero la isla es famosa por la de tres días de ayuno a pan duro y té con azúcar, café o sopa Lough Derg (agua caliente con sal o pimienta para añadir el gusto). Algunos han hecho esto tanto tiempo como 9 o 15 días.

Los cristianos llegan a Lough Derg a rezar, a ayunar, a hacer una noche de vigilia, a repetir oraciones que se remontan a los tiempos de San Patricio y que desde el siglo XV han quedado ya establecidas, a recibir los sacramentos, a confesarse y a renovar su vida cristiana.

“Al llegar a la isla, los peregrinos se quitan los zapatos y las medias y no se los ponen de nuevo hasta la mañana del tercer día, justo antes de salir”, dice un historiador, John Cunnigham.

“La grava y arena se pega a los pies de los peregrinos y los agudos peñascos del macizo penitencial pueden producir agonía en los blandos y suaves del pies de la persona moderna, pero es todo parte de la penitencia. Hay una gran nivelación de ricos y pobres, de sofisticados y campesinos”.

El macizo penitencial de la isla está en los restos circulares de celdas de monjes de un metro de alto, que tiene una entrada y una cruz en el centro. El peregrino rodea el macizo rezando, entonces se arrodilla en la entrada, pasea por el interior y se arrodilla en el centro repitiendo las mismas oraciones. Hay seis de estos macizos, cada uno de los cuales constituye una estación de Lough Derg.

Para “hacer” una estación, se reza en los macizos, en los alrededores de la basílica, a la orilla del lago y en dos cruces antiguas. El peregrino completa tres de ellos en el primer día, cuatro en una noche de larga vigilia, cuando está prohibido dormir, uno al día siguiente y una más en la mañana antes de salir.

¿ESTUVO SAN PATRICIO REALMENTE AQUÍ?

La presencia de San Patricio en este lugar está apoyada no solamente en una sólida tradición sino también en evidencias históricas.

El santuario fue conocido en la época medieval como Termon Dabheoc, en conmemoración a San Dabheoc, discípulo de San Patricio que presidió el lugar después de la muerte del santo a comienzos del siglo VI.

San Dabheoc fundó un monasterio en la Isla después dedicado totalmente a la oración y a la penitencia.

De esta época son las existentes “penitential beds”, que no son otra cosa que los restos de las celdas monásticas u oratorios donde los monjes pasaban tiempo de oración apartados de la comunidad.

Estas seis beds están dedicadas desde época inmemorial a los santos Brígida, Brenda, Catalina de Alejandría, Columbano, Patricio y Dabheoc.

A este período pertenece también una de las piedras esculpidas más antiguas que se conservan en la Isla, conocida como la Cruz de San Patricio y está ubicada en la pared de la basílica de San Patricio. Ver y besar esta cruz es el primer paso del peregrinaje.

El lugar fue visitado por peregrinos ininterrumpidamente desde la época del mismo santo. Muchos personajes ilustres y famosos han pasado por aquí a realizar los tres días de penitencia. 

sábado, 4 de octubre de 2014

Testigo presencial del Cielo

James Wilburn Chauncey

mayo 22, 2014
Murió y fue llevado al cielo por ángeles entremedio de demonios.

James Wilburn Chauncey ha escrito un libro, “Eyewitness to Heaven”, que incluye su vívido relato de la experiencia cercana a la muerte cuando tenía 7 años de edad. Chauncey escribe que fue transportado al paraíso por los ángeles a través de una falange de demonios temibles, después de haber sido declarado muerto por meningitis bacteriana, en lo que hoy es el Hospital de Niños en Erlanger a mediados de 1940.

James Wilburn Chauncey

Fue apodado el “Niño Milagro” en los informes de noticias locales por su milagrosa recuperación durante una noche de una de las enfermedades más letales de la época. En ese momento, más del 99 por ciento de las infecciones de meningitis bacteriana morían dentro de las 12 horas, dijo Chauncey.

Chauncey dijo que no ha leído los otros libros, y, de hecho, dijo que ha luchado toda la vida con el deseo de enterrar su experiencia de la niñez a fin de no invitar a la burla de los escépticos. “Los títulos han traído mi atención”, dijo en una entrevista telefónica. “Intencionalmente me he mantenido al margen del material sobre este tema. Me temo que si leo algo así como que podría cambiar mi memoria.” Chauncey dijo que sus recuerdos de su experiencia cercana a la muerte en el verano de 1946 son tan cristalinos como el día en que ocurrieron.

Hace unos 15 años, enfrenta un futuro incierto, con cáncer, y accedió a escribir sus experiencias de la infancia por sus hijas adultas, Chauncey explicó en una entrevista telefónica reciente.

“Yo había escrito unas 20 páginas”, recordó. “Mis hijas querían saber algunas de las razones por las que soy como soy.” Más tarde, él dijo, se encerró a escribir, enojado con lo que él creía que eran las amonestaciones de Dios para compartir su historia con más personas. “Pasé mucho tiempo en oración y en agonía, y me preguntaba ‘¿Por qué estoy haciendo esto [libro]?” dijo sobre su decisión final de hacerlo público. Chauncey dijo que se había cansado de la gente que piensa que su experiencia es fabricada. “Cuando yo empiezo a contarle a alguien cara a cara, puedo ver sus ojos vidriosos”, dijo.

Cuando era un niño, se enfrentó a burlas en la escuela, de los maestros y estudiantes que no creían el relato de su viaje al paraíso.

En sus años de adulto joven, no siempre fue a la iglesia. Debido a que sus creencias religiosas estan esencialmente basadas en la evidencia de testigo ocular de una vida futura, no ha tomado el camino tradicional de la fe, dijo.

“No tengo miedo a la muerte”, afirma rotundamente. “Hay algo allí mucho mejor, y me gustaría volver allí”.

ESTA ES SU HISTORIA, COMO DICE EN SU LIBRO

Como un niño que crece en Walden, recuerda ser acosado por una hermana mayor que él consideraba su deber de asegurarse de que “será salvada”. El joven Wilburn – se conoce por su segundo nombre – resistió a invitaciones para asistir a servicios religiosos, pero una noche se sintió inexplicablemente atraído por un reavivamiento en Taft Highway. Él recuerda haber orado por un evangelista local y sintió un despertar espiritual antes de encontrar su camino a casa por la luz de las estrellas.

Sus padres estaban desesperados porque se había alejado de su casa esa noche, pero tuvieron gran alivio a su regreso, recuerda. Ya habían perdido tres hijos, un niño que fue atropellado por un coche cuando era un bebé y un par de gemelos que murieron poco después de su nacimiento. El caso de meningitis del jóven Wilburn empezó como un fuerte dolor de cabeza un día en el verano de 1946 y pronto se convirtió en insoportable. Fue llamado el médico y dio la noticia de que el chico casi seguro que moriría en pocas horas.

Horrorizada de que podría perder a otro niño, la familia insistió en que se transportara a Wilburn al Hospital de Niños, donde fue puesto en cuarentena (como su familia). Los médicos y enfermeras hicieron lo que pudieron, pero pronto también renunciaron porque el niño iba a morir. Finalmente, su respiración se detuvo, y un médico firmó su certificado de defunción. Una sábana fue colocada en su rostro.
  
Chauncey todavía recuerda la sensación de su alma, dejando su cuerpo y ver con horror como sus padres reaccionaron a la noticia de su muerte. Dos ángeles vinieron a acompañarlo al paraíso, recuerda, a pesar de que les rogó que lo dejaran quedarse a consolar a su madre y su padre.

Con el tiempo, los ángeles le tranquilizaron y comenzó el viaje.

Él escribe:

“Yo podía ver la luz adelante. Todo a mi alrededor era oscuridad y las estrellas … Un ángel me dijo que me aferrara a él y no lo dejara suelto, sin importar lo que viera o pasara…” Chauncey dijo que comenzó a ver “criaturas extrañas y terribles. Ellos eran las cosas más horribles que he visto. Ellos estaban tratando de agarrarme y gritaba para que me vaya con ellos. Me dijeron que yo podría tener todo lo que alguna vez he querido si fuera con ellos.”

Chauncey cuenta que los ángeles lucharon contra los demonios antes de que finalmente lo entregaran al paraíso. Allí, escribe, se encontró con su hermano Ralph, que había muerto cuando era un bebé. También se reunió con un chico y una chica de ropas blancas, conocidos como “gemelos sin nombre”, que Ralph los presentó como sus otros dos hermanos que murieron cuando eran bebés.

Pronto, Chauncey dijo, estaba rodeado de cientos de antepasados muertos y todos parecían muy tristes. Los ángeles le explican la tristeza como una reacción a la noticia de que a Chauncey se le pedirá que regrese a la Tierra. “No, no voy a entrar”, recuerda que dijo Chauncey. Para entonces, él se sentía cautivado por las maravillas del paraíso. Mientras que en el cielo, Chauncey dice, se le dio una visión de sus padres luchando en la Tierra, un argumento para volver de la muerte. Dijo el arcángel Gabriel que Jesús quería extender sus años y darle un vistazo al futuro de la Tierra si él estuviera de acuerdo en volver.

El vislumbró a Jesús, dijo, y hasta la fecha tiene una memoria clara de sus características físicas que no coinciden con el delicado rostro a menudo representado en las pinturas. En su visita, a Chauncey se le dio una visión de su futura esposa e hija. También cree que vio aspectos más destacados de una guerra mundial que viene anunciada en el libro de la Revelación del Nuevo Testamento, una guerra que ahora cree que va a suceder en la próxima generación.

“Fue tan espantoso que no he sido capaz de sacarlo de mi mente por más de seis décadas”, dijo. “Pienso en ello todos los días.” Otra vez con una escolta de ángeles, Chauncey dijo que vino a la Tierra y volvió a entrar en su cuerpo, que todavía estaba en la habitación del hospital en espera de la cremación. En su libro, Chauncey describe lo que sucedió después:

“.. Solo, una limpiadora [del hospital] se dirigió lentamente al lado de la cama solitaria Ella extendió su mano para levantar lentamente la sábana de mi cara”. Mientras lo hacía, yo le hice una gran sonrisa y dije: ‘¡Hola!’ “

POR QUE VOLVIO A LA TIERRA

Chauncey, jubilado experto de la industria de la construcción que vive en Fayetteville, Georgia, cree que se le dio la opción de volver a su cuerpo terrenal después de “morir” de meningitis bacteriana en el Hospital Infantil de Erlanger en 1946,para intervenir en una próxima confrontación entre su madre y padre. Chauncey dijo que se le dio una visión de futuro – si permanecía en el cielo – que incluyó esta escena en casa de su familia en Walden:

“Miré hacia mi casa y vi un coche de patrulla del alguacil y un coche camuflado aparcado cerca de la escalones de la entrada de nuestra casa. Papá era conducido escaleras abajo por dos alguaciles.”

Un ángel en el cielo le dijo que su madre había muerto y su padre fue acusado, Chauncey escribió en su libro.Chauncey cree que fue enviado de vuelta a la Tierra para intervenir y evitar la lucha fatídica de sus padres.

Sobre el desarrollo de su infancia, Chauncey dijo, que su madre y su padre comenzaron a luchar un día en la cena del domingo. Su madre lanzó un salero a su padre, y las cosas empeoraron con rapidez. Su madre tomó un arma, su padre, un hacha, y Chauncey dijo que se puso entre ellos a instancias de un ángel que había llegado a la escena. Después de haber cumplido su misión, Chauncey cree que el resto de su vida ha transcurrido en el silencio del trabajo, formar una familia y marcar el tiempo hasta que vuelva al cielo.

EXTRACTOS DEL LIBRO

. De repente, me encontré fuera de mi cuerpo y pude ver al personal del hospital que trabajaban en mi …

. Fue increíble, yo podía ver y oír todo lo que decían el uno al otro acerca de mí …

. Mis padres se pusieron batas de hospital, las máscaras y entraron en la habitación. Al ver la tristeza en ellos, no me podía contener por más tiempo a mí mismo, por lo que comencé a gritar: “¡Estoy aquí! Yo estoy aquí “, pero no me podían oír. Me acerqué para abrazar a mamá, pero mis brazos pasaron a través de ella. Yo estaba gritando y llorando cuando mamá y papá se inclinaron sobre mi cuerpo, como si fueran a darme un beso de despedida …

. Los ángeles me tomaron del brazo y nos fuimos, a través de la pared del hospital en el aire fresco de la noche …

. Lo que estaba viendo era lo que vendría al final de esta generación de hombres acercándose a la tierra. Lo que vi fue tan espantoso que no he sido capaz de sacarlo de mi mente por más de seis décadas, lo pienso todos los días. Guerras, incendios, terremotos, conflictos, y muerte se estaban produciendo en todo el mundo, y luego fue en las costas de Estados Unidos …

. Animales y personas comenzaron a aparecer de lugares donde se escondieron durante la época terrible de destrucción …

. Un hombre y una mujer salieron de su escondite, una cueva creo yo, cogidos de la mano y vestidos con ropas rotas y andrajosas, miraron a su alrededor y comenzaron a buscar comida y semillas para plantar en un jardín. Otros les siguieron, al final, la vida en la tierra estaba siendo restaurada …

. Su piel brillaba con un tono que sólo puede ser descrito como un color dorado quemado. Su pelo era negro como el carbón. Su voz era suave y musical. Ella me dijo que no tuviera miedo. Cuando le pregunté quién era, ella dijo que su nombre era María …

Fuentes: Visions of Jesuschrist, Signos de estos Tiempos
(extraído de: http://forosdelavirgen.org/38641/testigo-presencial-del-cielo-2014-05-22/)

martes, 8 de julio de 2014

"Recuerda tus postrimerías, y nunca pecarás" (Ecli 7, 40)


Jesús, Justo Juez,
Terrible y Supremo,
en el Día del Juicio Final,
el Día de la Ira de Dios.
A su lado, su Madre,
María Santísima.

NOVÍSIMOS: MUERTE - JUICIO - INFIERNO - CIELO

"Meditare Novissima tua et in aeternum non peccabis" (Ecli 7, 40)


MUERTE:

Retrato de un hombre que acaba de morir

Polvo eres y en polvo te convertirás

Gn. 3, 19

Considera que tierra eres y en tierra te has de convertir. Día llegará en que será necesario morir y pudrirse en una fosa, donde estarás cubierto de gusanos (Sal. 14, 11). A todos, nobles o plebeyos, príncipes o vasallos, ha de tocar la misma suerte. Apenas, con el último suspiro, salga el alma del cuerpo, pasará a la eternidad, y el cuerpo, luego, se reducirá a polvo (Sal. 103, 29).

Imagínate en presencia de una persona que acaba de expirar. Mira aquél cadáver, tendido aún en su lecho mortuorio; la cabeza inclinada sobre el pecho; esparcido el cabello, todavía bañado con el sudor de la muerte; hundidos los ojos; desencajadas las mejillas; el rostro de color de ceniza; los labios y la lengua de color de plomo; yerto y pesado el cuerpo... ¡Tiembla y palidece quien lo ve!... ¡Cuántos, sólo por haber contemplado a un pariente o amigo muerto, han mudado de vida y abandonado el mundo!

Pero todavía inspira el cadáver horror más intenso cuando comienza a descomponerse... Ni un día ha pasado desde que murió aquel joven, y ya se percibe un hedor insoportable. Hay que abrir las ventanas, y quemar perfumes, y procurar que pronto lleven al difunto a la iglesia o al cementerio, y que le entierren en seguida, para que no inficione toda la casa... Y el que haya sido aquel cuerpo de un noble o un potentado no servirá, acaso, sino para que despida más insufrible fetidez, dice un autor.

¡Ved en lo que ha venido a parar aquel hombre soberbio, aquel deshonesto!... Poco ha, veíase acogido y agasajado en el trato de la sociedad; ahora es horror y espanto de quien le mira. Apresúranse los parientes a arrojarle de la casa, y pagan portadores para que, encerrado en su ataúd, se lo lleven y den sepultura... Pregonaba la fama no ha mucho el talento, la finura, la cortesía y gracia de ese hombre; mas a poco de haber muerto, ni aun su recuerdo se conserva (Sal. 9, 7).

Al oír la nueva de su muerte, limítanse unos a decir que era un hombre honrado; otros, que ha dejado a su familia con grandes riquezas. Contrístanse algunos, porque la vida del que murió les era provechosa; alégranse otros, porque esa muerte puede serles útil.

Por fin, al poco tiempo, nadie habla ya de él, y hasta sus deudos más allegados no quieren que de él se les hable, por no renovar el dolor. En las visitas de duelo se trata de otras cosas; y si alguien se atreve a mencionar al muerto, no falta un pariente que diga: “¡Por caridad, no me lo nombréis más!”

Considera que lo que has hecho en la muerte de tus deudos y amigos así se hará en la tuya. Entran los vivos en la escena del mundo a representar su papel y a recoger la hacienda y ocupar el puesto de los que mueren; pero el aprecio y memoria de éstos poco o nada duran. Aflígense al principio los parientes algunos días, mas en breve se consuelan por la herencia que hayan obtenido, y muy luego parece como que su muerte los regocija. En aquella misma casa donde hayas exhalado el último suspiro, y donde Jesucristo te habrá juzgado, pronto se celebrarán, como antes, banquetes y bailes, fiestas y juegos... Y tu alma, ¿dónde estará entonces? 

(“Preparación para la muerte” – San Alfonso María de Ligorio)



JUICIO: 

Del juicio particular

Porque es necesario que todos
nosotros seamos manifestados
ante el tribunal de Cristo.
2 Cor. 5, 10.

Consideremos la presentación del reo, acusación, examen y sentencia de este juicio. Primeramente, en cuanto a la presentación del alma ante el Juez, dicen comúnmente los teólogos que el juicio particular se verifica en el mismo instante en que el hombre expira, y que en el propio lugar donde el alma se separa del cuerpo es juzgada por nuestro Señor Jesucristo, el cual no delegará su poder, sino que por Sí mismo vendrá a juzgar esta causa. “A la hora que no penséis vendrá el Hijo del Hombre” (Lc. 12, 40). “Vendrá con amor para los buenos –dice San Agustín–, y con terror para los malos”.

¡Oh, qué espantoso temor sentirá el que, al ver por vez primera al Redentor, vea también la indignación divina! “¿Quién podrá subsistir ante la faz de su indignación?” (Nah. 1, 6).

Meditando en esto, el P. Luis de la Puente temblaba de tal modo que la celda en que estaba se estremecía. El V. P. Juvenal Ancina se convirtió oyendo cantar el Dies irae, porque al considerar el terror que tendrá el alma cuando vaya al juicio, resolvió apartarse del mundo; y así, en efecto, le abandonó.

El enojo del Juez, anuncio será de eterna desventura (Pr. 16, 14); y hará padecer más a las almas que las mismas penas del infierno, dice San Bernardo.

Causa a veces el miedo sudor glacial en los criminales presentados ante los jueces de la tierra. Pisón, con traje de reo, comparece ante el Senado, y es tal su confusión y vergüenza, que allí mismo se da muerte. ¡Qué aflicción profunda siente un hijo o un buen vasallo cuando ve al padre o a su señor gravemente enojado!...

¡Pues mucha mayor pena sentirá el alma cuando vea indignado a Jesucristo, a quien despreció! (Jn. 19, 37). Airado e implacable, se le presentará entonces este Cordero divino, que fue en el mundo tan paciente y amoroso, y el alma, sin esperanza, clamará a los montes que caigan sobre ella y la oculten del enojo de Dios (Ap. 6, 16).

Hablando del juicio, dice San Lucas (21, 27): Entonces verán el Hijo del Hombre. Ver a su Juez en forma humana acrecentará el dolor de los pecadores; porque la presencia de aquel Hombre que murió por salvarlos les recordará vivamente la ingratitud con que le ofendieron.

Después de la gloriosa Ascensión del Señor, los ángeles dijeron a sus discípulos (Hch. 1, 11): “Este Jesús, que ante vuestra vista ha subido a la gloria, así vendrá como le habéis visto ir al Cielo”. Vendrá, pues, el salvador a juzgarnos ostentando aquellas mismas sagradas llagas que tenía cuando dejó la tierra. “Grande gozo para los que le contemplen, temor grande para los que esperan”, dice Ruperto. Esas benditas llagas consolarán a los justos e infundirán espanto a los pecadores.

Cuando José dijo a sus hermanos (Gn. 45, 3): Yo soy José, a quien vendisteis, quedaron ellos –dice la Escritura– mudos e inmóviles de terror. ¿Qué responderá el pecador a Jesucristo? ¿Podrá acaso pedirle misericordia cuando antes le habrá dado cuenta de lo mucho que despreció esa misma clemencia? ¿Qué hará, pues –dice San Agustín–, adónde huirá cuando vea al Juez enojado, debajo el infierno abierto, a un lado los pecados acusadores, al otro al demonio dispuesto a ejecutar la sentencia, y dentro de sí mismo la conciencia que remuerde y castiga? 

(“Preparación para la muerte” – San Alfonso María de Ligorio)



INFIERNO: 

De las penas del infierno

E irán éstos al suplicio eterno.
Mt. 25, 46

Dos males comete el pecador cuando peca: deja a Dios, Sumo Bien, y se entrega a las criaturas. Porque dos males hizo mi pueblo: me dejaron a Mí, que soy fuente de agua viva, y cavaron para sí aljibes rotos, que no pueden contener las aguas (Jer. 2, 13). Y porque el pecador se dio a las criaturas, con ofensa de Dios, justamente será luego atormentado en el infierno por esas mismas criaturas, el fuego y los demonios; ésta es la pena de sentido. Mas como su culpa mayor, en la cual consiste la maldad del pecado, es el apartarse de Dios, la pena más grande que hay en el infierno es la pena de daño, el carecer de la vista de Dios y haberle perdido para siempre.

Consideremos primeramente la pena de sentido. Es de fe que hay infierno. En el centro de la tierra se halla esa cárcel, destinada al castigo de los rebeldes contra Dios.

¿Qué es, pues, el infierno? El lugar de tormentos (Lucas 16, 28), como le llamó el rico Epulón, lugar de tormentos, donde todos los sentidos y potencias del condenado han de tener su propio castigo, y donde aquel sentido que más hubiere servido de medio para ofender a Dios será más gravemente atormentado (Sb. 11, 17; Ap. 18, 7). La vista padecerá el tormento de las tinieblas (Jb. 10, 21).

Digno de profunda compasión sería el hombre infeliz que pasara cuarenta o cincuenta años de su vida encerrado en tenebroso y estrecho calabozo. Pues el infierno es cárcel por completo cerrada y oscura, donde no penetrará nunca ni un rayo de sol ni de luz alguna (Salmo 48, 20).

El fuego que en la tierra alumbra no será luminoso en el infierno. “Voz del Señor, que corta llama de fuego” (Sal. 28, 7). Es decir, como lo explica San Basilio, que el Señor separará del fuego la luz, de modo que esas maravillosas llamas abrasarán sin alumbrar. O como más brevemente dice San Alberto Magno: “Apartará del calor el resplandor”. Y el humo que despedirá esa hoguera formará la espesa nube tenebrosa que, como nos dice San Judas (1, 3), cegará los ojos de los réprobos. No habrá allí más claridad que la precisa para acrecentar los tormentos. Un pálido fulgor que deje ver la fealdad de los condenados y de los demonios y del horrendo aspecto que éstos tomarán para causar mayor espanto.

El olfato padecerá su propio tormento. Sería insoportable que estuviésemos encerrados en estrecha habitación con un cadáver fétido. Pues el condenado ha de estar siempre entre millones de réprobos, vivos para la pena, cadáveres hediondos por la pestilencia que arrojarán de sí (Is. 34, 3).

Dice San Buenaventura que si el cuerpo de un condenado saliera del infierno, bastaría él solo para que por su hedor muriesen todos los hombres del mundo... Y aún dice algún insensato: “Si voy al infierno, no iré solo...” ¡Infeliz!, cuantos más réprobos haya allí, mayores serán tus padecimientos.

“Allí –dice Santo Tomás– la compañía de otros desdichados no alivia, antes acrecienta la común desventura”. Mucho más penarán, sin duda, por la fetidez asquerosa, por los lamentos de aquella desesperada muchedumbre y por la estrechez en que se hallarán amontonados y oprimidos, como ovejas en tiempo de invierno (Sal. 48, 15), como uvas prensadas en el lagar de la ira de Dios (Ap. 19, 15).

Padecerán asimismo el tormento de la inmovilidad (Ex. 15, 16). Tal como caiga el condenado en el infierno, así ha de permanecer inmóvil, sin que le sea dado cambiar de sitio ni mover mano ni pie mientras Dios sea Dios.

Será atormentado el oído con los continuos lamentos y voces de aquellos pobres desesperados, y por el horroroso estruendo que los demonios moverán (Jb. 15, 21). Huye a menudo de nosotros el sueño cuando oímos cerca gemidos de enfermos, llanto de niños o ladrido de algún perro... ¡Infelices réprobos, que han de oír forzosamente por toda la eternidad los gritos pavorosos de todos los condenados!...

La gula será castigada con el hambre devoradora... (Sal. 58, 15). Mas no habrá allí ni un pedazo de pan. Padecerá el condenado abrasadora sed, que no se apagaría con toda el agua del mar, pero no se le dará ni una sola gota. Una gota de agua nomás pedía el rico avariento, y no la obtuvo ni la obtendrá jamás. 

(“Preparación para la muerte” – San Alfonso María de Ligorio)



CIELO: 

De la gloria

Vuestra tristeza se convertirá en alegría
Jn. 16, 20.

Procuremos ahora sufrir con paciencia las tribulaciones de esta vida, ofreciéndolas a Dios, en unión de los dolores que Jesucristo sufrió por nuestro amor, y alentémonos con la esperanza de la gloria. Algún día acabarán estos trabajos, penas, angustias, persecuciones y temores, y si nos salvamos, se nos convertirá en gozo y alegría inefable en el reino de los bienaventurados.

Así nos alienta y reanima el Señor (Jn. 16, 20): “Vuestra tristeza se convertirá en alegría”. Meditemos, pues, sobre la felicidad de la gloria... Mas, ¿qué diremos de esta felicidad, si ni aun los Santos más inspirados han acertado a expresar las delicias que Dios reserva a los que le aman?... David sólo supo decir (Sal. 83, 3) que la gloria es el bien infinitamente deseable...

¡Y tú, san Pablo, insigne, que tuviste la dicha de ser arrebatado a los Cielos, dinos algo siquiera de lo que viste allí!... “No –responde el gran Apóstol (2 Co. 12, 4)–; lo que vi no es posible explicarlo. Tan altas son las delicias de la gloria, que no puede comprenderlas quien no las disfrute. Sólo diré que nadie en la tierra ha visto, ni oído, ni comprendido las bellezas y armonías y placeres que Dios tiene preparados para los que le aman” (1 Co. 2, 9).

No podemos acá imaginar los bienes del Cielo, porque sólo formamos idea de los que este mundo nos ofrece... Si, por maravilla, un ser irracional pudiese discurrir, y supiese que un rico señor iba a celebrar espléndido banquete, imaginaría que los manjares dispuestos habían de ser exquisitos y selectos, pero semejantes a los que él usara, porque no podría concebir nada mejor como alimento.

Así discurrimos nosotros, pensando en los bienes de la gloria... ¡Qué hermoso es contemplar en noche serena de estío la magnificencia del cielo cubierto de estrellas! ¡Cuán grato admirar las apacibles aguas de un lago transparente, en cuyo fondo se descubren peces que nadan y peñas vestidas de musgo! ¡Cuánta hermosura la de un jardín lleno de flores y frutos, circundado de fuentes y arroyuelos y poblado de lindos pajarillos que cruzan el aire y le alegran con su canto armonioso!... Diríase que tantas bellezas son el paraíso...

Mas no: muy otros son los bienes y hermosuras de la gloria. Para entender confusamente algo de ello, considérese que allí está Dios omnipotente, colmando, embriagando de gozo inenarrable a las almas que Él ama...

¿Queréis columbrar lo que es el Cielo? –decía San Bernardo–, pues sabed que allí no hay nada que nos desagrade, y existe todo bien que deleita.

¡Oh Dios! ¿Qué dirá el alma cuando llegue a aquel felicísimo reino?... Imaginemos que un joven o una virgen, consagrados toda su vida al amor y servicio de Cristo, acaban de morir y dejan ya este valle de lágrimas. Preséntase el alma al juicio; abrázala el Juez, y le asegura que está santificada. El ángel custodio le acompaña y felicita y ella le muestra su gratitud por la asistencia que le debe. “Ven, pues, alma hermosa –le dice el ángel–; regocíjate porque te has salvado; ven a contemplar a tu Señor”.

Y el alma se eleva, traspone las nubes, pasa más allá de las estrellas y entra en el Cielo... ¡Oh Dios mío!, ¿Qué sentirá el alma al penetrar por vez primera en aquel venturoso reino y ver aquella ciudad de Dios, dechado insuperable de hermosura?...

Los ángeles y Santos la reciben gozosos y le dan amorosísima bienvenida... Allí verá con indecible júbilo a sus Santos protectores y a los deudos y amigos que la precedieron en la vida eterna. Querrá el alma venerarlos rendida, mas ellos lo impedirán, recordándole que son también siervos del Señor (Ap. 22, 9).

La llevarán después a que bese los pies de la Virgen María, Reina de los Cielos, y el alma sentirá inmenso deliquio de amor y de ternura viendo a la excelsa y divina Madre, que tanto la auxilió para que se salvase, y que ahora le tenderá sus amantes brazos y que le dejará conocer cuantas gracias le obtuvo.

Acompañada por esta soberana Señora, llegará el alma ante nuestro Rey Jesucristo, que la recibirá como a esposa amadísima, y le dirá (Cant. 4, 8): Ven del Líbano, esposa mía; ven y serás coronada; alégrate y consuélate, que ya acabaron tus lágrimas, penas y temores; recibe la corona inmarcesible que te conseguí con mi Sangre...”.

Jesús mismo la presentará al Eterno Padre, que la bendecirá, diciendo (Mt. 25, 21): Entra en el gozo de tu Señor, y le comunicará bienaventuranzas sin fin, con felicidad semejante a la que Él disfruta. 

(“Preparación para la muerte” – San Alfonso María de Ligorio)

lunes, 24 de marzo de 2014

Las siete penas del infierno reveladas a Santa Faustina Kowalska


Dios le ordenó divulgarlo, aunque hoy no se habla de ello.

Hoy en día existe un supuesto tácito de que “todos” van al cielo, y quizás alguno al purgatorio. La teología del fuego y el azufre no está ciertamente de moda, y nunca ha sido confortable. La afirmación, ya de por si atrevida, de que “esperamos que todos los hombres se salven”, ha dado paso a “¿cómo te atreves a sugerir que no todos los hombres serán salvos?”. Veamos lo que le fue revelado a Santa Faustina Kowalska.

¿Cuándo fue la última vez que sintió a un sacerdote católico predicar sobre el infierno? Si le pasa como a la mayoría, tal vez nunca. Y si se acerca a alguno para preguntarle por qué no lo hace, obtendrá dos respuestas directas y tal vez haya otra que nunca se la dará.
Una respuesta directa está relacionada con que el infierno es una alegoría, que es un tema a discusión, etc., aunque dira paralelamente que el infierno forma parte de la doctrina de la Iglesia. Y si se topa con un modernista y tiene un poco más de confianza con él, le dirá que el infierno no existe, y si existe, que está siempre vacío por la infinita misericordia de Dios.
Otra respuesta es que no predica sobre el infierno porque hay gente que se asusta, y San pablo insiste en no escandalizar a los pequeños.
Y otra razón por la cual no lo predica, pero que no se la dirá, es porque está mal visto en la jerarquía hablar sobre el infierno. Aunque quizás las cosas pueden comenzar a cambiar a partir del papa Francisco.
Pero lo importante de esto es que, según Faustina, Dios le pidió que divulgara las penas del infierno a sus habitantes.
LAS 7 TRATAMIENTOS COLECTIVOS QUE LE REVELARON
A pesar de que no se predique sobre el infierno, las dos revelaciones más importantes del siglo XX (a los niños de Fátima y a Santa Faustina) enfatizan que el infierno existe y que el infierno está habitado por demonios y seres humanos.
A continuación se muestra la visión de Santa Faustina del infierno que Cristo le reveló. Es tan vívida como producida por Dante. Lo que sigue es tomado de la revista de Santa Faustina:
Hoy, fui llevada por un ángel a los abismos del infierno. ¡Es un lugar de gran tortura, cómo asombrosamente grande y extenso!
Los tipos de torturas que vi:
-la primer tortura del infierno es la pérdida de Dios;
-la segunda es el remordimiento perpetuo de la conciencia;
-la tercera es que la condición de uno nunca cambiará;
-la cuarta es el fuego que penetra el alma sin destruirla, un sufrimiento terrible, ya que es un fuego completamente espiritual, encendido por la ira de Dios;
-la quinta es la continua oscuridad y un terrible olor sofocante, pero a pesar de la oscuridad, los demonios y las almas de los condenados se ven unos a otros, su propia alma y la de los demás;
-la sexta es la compañía constante de satanás;
-la séptima es la horrible desesperación, el odio a Dios, las palabras viles, maldiciones y blasfemias.
TAMBIÉN HAY TRATAMIENTOS ESPECIALES
Las mencionadas antes son las torturas sufridas por todos los condenados juntos, pero que no es el fin de los sufrimientos. Hay torturas especiales destinadas para las almas en particular. Estos son los tormentos de los sentidos.
Cada alma padece sufrimientos terribles e indescriptibles, relacionados con la manera en que ha pecado. Hay cavernas y hoyos de tortura donde una forma de agonía difiere de otra.
Me habría muerto con la simple visión de estas torturas si la omnipotencia de Dios no me hubiera sostenido. Que el pecador sepa que va a ser torturado por toda la eternidad, en esos sentidos que fueron usados para pecar.
DIOS LE ORDENÓ DIVULGARLO
Estoy escribiendo esto por orden de Dios, para que ninguna alma pueda encontrar una excusa diciendo que no hay infierno, o que nadie ha estado allí, y por lo tanto nadie puede decir que no sabe.  (Esto es similar a la visión del infierno y la advertencia de Nuestra Señora en Fátima.)

Lo que he escrito no es más que una pálida sombra de las cosas que vi. Pero me di cuenta de una cosa: que la mayoría de las almas que hay no creen que haya un infierno. ¡Cuán terriblemente sufren las almas allí!  En consecuencia, pido aún más fervientemente por la conversión de los pecadores. (Diario de Santa Faustina, 741)
Vamos a confiar en Cristo, orar, arrepentirnos de nuestros pecados, amar a Dios y al prójimo y adherir a la fe verdadera “sin la cual es imposible agradar a Dios” (Hebreos 11:6).
Santa Faustina, ruega por nosotros.
Jesús, nuestra Divina Misericordia, ten piedad de nosotros.
Fuente: Canterbury Tales, Signos de estos Tiempos

lunes, 24 de febrero de 2014

La suerte del impío

"¿No sabes tú, que desde siempre, desde que hay hombre sobre la tierra, el gozo de los malos es breve, y la alegría del impío un instante?
Aunque su arrogancia alcance hasta el cielo, y su cabeza toque las nubes, como su estiércol, para siempre perecerá; los que le vieron dirán: "¿Donde está?". Como un sueño volará, y no lo hallarán; desaparecerá cual visión nocturna. El ojo que le vio no le verá más, no verá otra vez su lugar. Sus hijos andarán pidiendo el favor de los pobres, y sus manos restituirán su riqueza. Sus huesos llenos aún de juvenil vigor, yacerán con él en el polvo.
Por dulce que sea el mal en su boca, y por más que lo oculte bajo su lengua, si lo saborea y no lo suelta, si lo retiene en su paladar, su manjar se convierte en sus entrañas, hiel de áspid se volverá en su interior.
Se tragó riquezas, pero las vomitará; Dios se las arrancará de su vientre. Chupará veneno de áspides, y la lengua de la víbora le matará.
Jamás verá los arroyos, los ríos, los torrentes de miel y leche.
Devolverá lo que ganó y no se lo tragará; será como riqueza prestada, en que no se puede gozar.
Por cuanto oprimió y desamparó al pobre, robó casas que no había edificado, y no se hartó su vientre, por eso no salvará nada de lo que tanto le gusta.
Nada escapaba a su voracidad, por eso no durará su prosperidad.
En medio de toda su abundancia le sobrevendrá la estrechez; toda clase de penas le alcanzará.
Cuando se pone a llenarse el vientre, (Dios) le manda el furor de su ira, y hará llover sobre él su castigo.
Si huye de las armas de hierro, le traspasará el arco de bronce.
Se saca (la flecha) y sale de su cuerpo, se la arranca de su hiel cual hierro resplandeciente, y vienen sobre él los terrores; una noche oscura traga sus tesoros, le consumirá fuego no encendido (por hombre); devorará cuanto quedare en su tienda. 
El cielo descubrirá su iniquidad, y la tierra se levantará contra él. La riqueza de su casa desaparecerá, será desparramada en el día de Su ira.
Tal es la suerte que Dios al impío tiene reservada, y la herencia que Dios le ha asignado".

Fuego no encendido: Todos convienen en que se indica en este lugar, la condición del fuego del infierno, que abrasa pero no alumbra, y como interpreta M. León, se enciende sin ser soplado, y quema sin estar expuesto al aire. (Mons. Dr. Juan Straubinger)