San Miguel Arcángel pesando las almas en el Juicio Final
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lunes, 28 de octubre de 2013

El Purgatorio, doctrina de fe católica



Del latín purgatio: purificar. Es el estado transitorio de purificación necesaria para aquellos, que habiendo muerto en gracia de Dios y teniendo segura su salvación, necesitan mayor purificación para llegar a la santidad necesaria para entrar en el cielo.









Oración dictada por Jesús a Santa Brígida de Suecia
para ser rezada durante doce (12) años



Esta purificación es totalmente distinta al castigo del infierno. El purgatorio es doctrina de fe formulada en los Concilios de Florencia (cf. DS 1304) y de Trento (cf. DS 1820; 1580). Los que mueren en gracia y amistad de Dios pero no perfectamente purificados, sufren después de su muerte una purificación, para obtener la completa hermosura de su alma (Catecismo 1030).
Dios creó los seres humanos para que disfruten de su Creador viéndole en la Gloria. Sin embargo todos hemos pecado y en esa condición no se puede entrar en el cielo, pues nada manchado puede entrar en el Cielo; por lo cual, todos necesitamos la redención de Jesucristo para poder ir al cielo. Jesús nos purifica con el poder de su Sangre para poder ser admitidos al cielo. La salvación es posible sólo por medio de Jesucristo. Si morimos en gracia de Dios es porque hemos recibido esa gracia por los méritos de Jesucristo que murió por nosotros en la cruz. La purificación del purgatorio también es gracias a Jesuscristo.
El purgatorio es necesario porque pocas personas se abren tan perfectamente a la gracia de Dios aquí en la tierra como para morir limpios y poder ir directamente al cielo. Por eso muchos van al purgatorio donde los mismos méritos de Jesús completan la purificación.
Dios ha querido que nos ayudemos unos a otros en el camino al cielo. Las almas en el purgatorio pueden ser asistidas con nuestras oraciones.

FUNDAMENTO BÍBLICO
La doctrina de la Iglesia sobre el Purgatorio encuentra fundamento en la Biblia, cuando esta se sabe interpretar correctamente:
El texto del 2 Macabeos 12, 43-46 da por supuesto que existe una purificación después de la muerte.
(Judas Macabeo) efectuó entre sus soldados una colecta… a fin de que allí se ofreciera un sacrificio por el pecado… Pues… creían firmemente en una valiosa recompensa para los que mueren en gracia de Dios… Ofreció este sacrificio por los muertos; para que fuesen perdonados de su pecado.
Los protestantes no reconocen que este libro es parte de la Biblia porque Lutero lo quitó de su Biblia precisamente porque él sabía que se refería al purgatorio.
Sin embargo el Nuevo Testamento hace referencia a 2 Macabeos. Por ejemplo, Hebreos 11,35
“Unos fueron torturados, rehusando la liberación por conseguir una resurrección mejor”
Los únicos que en el Antiguo Testamento a quienes se aplica este pasaje es a los mártires macabeos, que fueron torturados por conseguir la resurrección (2 Mac. 7:11, 14, 23, 29, 36).
Asimismo las palabras de nuestro Señor:
El que insulte al Hijo del Hombre podrá ser perdonado; en cambio, el que insulte al Espíritu Santo no será perdonado, ni en este mundo, ni en el otro. Mt 12,32.
Cuando vayas con tu adversario al magistrado, procura en el camino arreglarte con él, no sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al alguacil y el alguacil te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo. Lucas 12,58-59
En estos pasajes Jesús hace referencia a un castigo temporal que no puede ser el infierno ni tampoco el cielo.
Se llega a semejante conclusión en la carta de San Pablo, 1 Corintios 3, 12-13:
Pues la base nadie la puede cambiar; ya está puesta y es Cristo Jesús. Pero, con estos cimientos, si uno construye con oro, otro con plata o piedras preciosas, o con madera, caña o paja, la obra de cada uno vendrá a descubrirse. El día del Juicio la dará a conocer porque en el fuego todo se descubrirá. El fuego probará la obra de cada cual: si su obra resiste el fuego, será premiado; pero, si es obra que se convierte en cenizas, él mismo tendrá que pagar. El se salvará, pero como quien pasa por el fuego”.
De manera que hay un fuego después de la muerte que, diferente al del infierno, es temporal. El alma que por allí pasa se salvará. A ese estado de purgación le llamamos el “purgatorio”.
1 Cor 15,29: “De otro modo, ¿qué harán los que se bautizan por los muertos, si en ninguna manera los muertos resucitan? ¿Por qué pues se bautizan por los muertos?”
La palabra “bautismo” es utilizada aquí como una metáfora para expresar sufrimiento o penitencia (Mc 10,38-39; Lc 3,16; 12,50). Pablo escribe sobre una práctica entre los cristianos de “bautizarse” por los difuntos. El no la condena, si no que la exalta como válida porque demuestra fe en la resurreción.
Compare 1 Cor 15,29 con 2 Macabeos 12,44 y verá la similitud.
Muchas almas a la hora de la muerte tienen manchas de pecado, es decir merecen castigo temporal por pecados mortales o veniales, ya perdonados en cuanto a la culpa. La Iglesia entiende por purgatorio el estado o condición en que los fieles difuntos están sometidos a purificación.
Las almas de los justos son aquellas que en el momento de separarse del cuerpo, por la muerte, se hallan en estado de gracia santificante y por eso pueden entrar en la Gloria. El juicio particular les fue favorable pero necesitan quedar plenamente limpias para poder ver a Dios “cara a cara”.
El tiempo que un alma dure en el purgatorio será hasta que esté libre de toda culpa y castigo. Inmediatamente terminada esta purificación el alma va al cielo. El purgatorio no continuará después del juicio final.

LAS PENAS DEL PURGATORIO
Aunque no sea doctrina-definida, se mantiene como doctrina común que el sufrimiento mayor del purgatorio consiste en la “pena de ausencia”, porque las almas están temporalmente privadas de la visión beatífica. Sin embargo, no hay comparación entre este sufrimiento y las penas del infierno. El purgatorio es temporal y por eso lleva consigo la esperanza de ver a Dios algún día cara a cara. Las almas lo llevan con paciencia, pues comprenden que la purificación es necesaria. Lo aceptan generosamente por amor de Dios y con perfecta sumisión a su voluntad.
Las penas del purgatorio son proporcionales al grado de pecado de cada persona. Es probable que las penas del purgatorio vayan disminuyendo gradualmente y aumente en ellas la alegría de la cercana entrada en el cielo. Estas almas tienen total certeza de la salvación y poseen fe, esperanza y caridad. Saben que ellas mismas están en amistad con Dios, confirmadas en gracia. 
TESTIMONIOS DE LOS PADRES
Son muchos. Aquí solo presentamos unos pocos:
Cuenta San Agustín que su madre Santa Mónica lo único que les pidió al morir fue esto: “No se olviden de ofrecer oraciones por mi alma”.
A San Agustín le preguntaron: “¿Cuánto rezarán por mí cuando yo me haya muerto?”. El respondió: “Eso depende de cuánto rezas tú por los difuntos. Porque el evangelio dice que la medida que cada uno emplea para dar a los demás, esa medida se empleará para darle a él”.
San Gregorio Magno: “Si Jesucristo dijo que hay faltas que no serán perdonadas ni en este mundo ni en el otro, es señal de que hay faltas que sí son perdonadas en el otro mundo. Para que Dios perdone a los difuntos las faltas veniales que tenían sin perdonar en el momento de su muerte, para eso ofrecemos misas, oraciones y limosnas por su eterno descanso”.
San Gregorio ofreció 30 misas por el alma de un difunto. Más tarde ese difunto se le apareció en sueños a darle las gracias ya que por esas misas había logrado salir del purgatorio.
En otra ocasión, San Gregorio, estando celebrando la Misa, elevó la Hostia y se quedó con ella en lo alto por mucho tiempo. Sus ayudantes le preguntaron después por qué se había quedado tanto tiempo con la hostia elevada en sus manos y el les respondió: “Es que vi que mientras ofrecía la Santa Hostia a Dios, descansaban las benditas almas del purgatorio”. 
LA COMUNIÓN DE LOS SANTOS
Los miembros del Cuerpo Místico pueden ayudarse unos a otros, mientras estén en la tierra y después de la muerte. Toda persona en estado de gracia puede orar con provecho por las benditas almas; probablemente es necesario, al menos, hallarse en estado de gracia santificante para ganar las indulgencias por los difuntos.
Nuestra oración por las almas de los difuntos sólo puede ayudar a los que están en el purgatorio ya que la condición del infierno es irreversible y los que están en el cielo no necesitan oración, pero, como no tenemos, la certeza si un alma está en el purgatorio o no (excepto en el caso de los que han sido llevados a los altares) es recomendable orar por todos los difuntos. Nuestras oraciones por las almas del purgatorio pueden reducir sus penas en intensidad y duración. Cuando estas almas lleguen al cielo (antes no pueden) sin duda rezarán por sus benefactores.
En las oraciones litúrgicas de la Iglesia, se invoca con frecuencia a los ángeles y a los santos en favor de la Iglesia sufriente, es decir, por las almas del purgatorio.
El Concilio Vaticano Segundo hizo profesión de fe en la Iglesia Sufriente diciendo: “Este Sagrado Concilio recibe con gran piedad la venerable fe de nuestros hermanos que se hallan en la gloria celeste o que aún están purificándose después de la muerte”. 
PURGATORIO EN EL CATECISMO DE LA IGLESIA CATOLICA
1030 Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo.
1031 La Iglesia llama Purgatorio a esta purificación final de los elegidos que es completamente distinta del castigo de los condenados. La Iglesia ha formulado la doctrina de la fe relativa al Purgatorio sobre todo en los Concilios de Florencia (cf. DS 1304) y de Trento (cf. DS 1820; 1580). La tradición de la Iglesia, haciendo referencia a ciertos textos de la Escritura, (por ejemplo, 1 Co 3,15; 1P1,7) habla de un fuego purificador:
Respecto a ciertas faltas ligeras, es necesario creer que, antes del juicio, existe un fuego purificador, según lo que afirma Aquel que es la Verdad, al decir que si alguno ha pronunciado una blasfemia contra el Espíritu Santo, esto no le será perdonado ni en este siglo, ni en el futuro (Mt 12,31). En esta frase podemos entender que algunas faltas pueden ser perdonadas en este siglo, pero otras en el siglo futuro.
1032 Esta enseñanza se apoya también en la práctica de la oración por los difuntos, de la que ya habla la Escritura: “Por eso mandó [Judas Macabeo] hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberados del pecado” (2 M 12, 46). Desde los primeros tiempos, la Iglesia ha honrado la memoria de los difuntos y ha ofrecido sufragios en su favor, en particular el sacrificio eucarístico, (cf DS 856) para que, una vez purificados, puedan llegar a la visión beatífica de Dios. La Iglesia también recomienda las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia en favor de los difuntos:
Llevémosles socorros y hagamos su conmemoración. Si los hijos de Job fueron purificados por el sacrificio de su padre, (cf. Jb 1,5) ¿por qué habríamos de dudar de que nuestras ofrendas por los muertos les lleven un cierto consuelo? No dudemos, pues, en socorrer a los que han partido y en ofrecer nuestras plegarias por ellos (San Juan Crisóstomo, hom. in 1 Cor 41,5).
Fuente: Padre Jordi Rivero

miércoles, 23 de enero de 2013

Los terrores del Infierno






"Así será el fin del mundo; los ángeles saldrán y sacarán a los malos de entre los justos, y los arrojarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el crujir de dientes".
San Mateo 13:49-50 


La doctrina del infierno es una de las más olvidadas de toda la Escritura. Cuando hoy se menciona el infierno, generalmente es ridiculizado, como si toda la idea del infierno estuviera tan pasada de moda que sólo los ingenuos e ignorantes pudieran creer que un lugar así realmente exista. Esto no es difícil de entender. El hombre natural aborrece la idea de tener que dar cuenta de su vida delante de un Dios santo, él (el hombre natural), ama el pecado y no quiere vivir sin él. La mente no regenerada presenta una objeción tras otra con tal de no encarar la realidad del infierno.

El ser humano vive su vida pensando que si ignora una dificultad por un determinado tiempo puede que ésta desaparezca. Hasta los líderes religiosos tenidos por conservadores comienzan ahora a atacar la idea del infierno. Dejemos que los hombres hagan lo que les plazca, seguros de que las frívolas objeciones de los necios no conseguirán destruir la realidad del infierno. En medio del clamor que busca aniquilar el infierno están aquellos que creen que la Biblia es verdad, estos deben pararse y hablar. Meditar en los terrores del infierno puede ser uno de los ejercicios mas importantes que puedas hacer en esta vida. Si "el que oye el sonido de la trompeta no se da por advertido, y viene una espada y se lo lleva, su sangre recaerá sobre su cabeza" (Ezequiel 33:4). Pido el favor de que el lector se tome el tiempo de leer este librito hasta el final.

¿Por qué debería uno preocuparse por el infierno? ¿Por qué gastar tiempo leyendo sobre el infierno? Son varias las razones que nos muestran el beneficio de hacerlo: Oír de los terrores del infierno puede chocar a la consciencia y despertarle de su falsa seguridad. Saber del infierno contribuye a detener al hombre de su camino de pecado. Tanto el piadoso como el malvado son persuadidos de no pecar cuando recuerdan regularmente los terrores del infierno.
Conocer los terrores del infierno puede ayudar a despertar a aquellos que piensan que son salvos sólo porque creen en Cristo o en los hechos del Evangelio, pero que no son realmente salvos sino que están camino del infierno, sin saberlo. Predicar la doctrina del infierno es beneficioso tanto para creyentes e incrédulos por igual, como será demostrado.


¿Por qué las personas no tienen miedo del infierno?
Parece que hoy hay una real carencia de miedo a la realidad del infierno. Esto afecta tanto a aquellos que asisten a la iglesia como a los que viven en el mundo. La gente no teme el infierno, ¿por qué? Una persona no tendrá miedo de un león cuando es un cuadro en la pared. ¿Cómo es esto? 
Bueno, se trata sólo de una pintura. Sabe que no es real. Pero si esa persona fuera dejada sola en la jungla y se topara cara a cara con una león real, rugiendo ferozmente, entonces se llevaría un susto de muerte.
La consciencia del ser humano tocante al infierno es semejante a la del hombre que sólo ve un león pintado en un cuadro. Sin embargo, oímos del infierno en la Biblia. Sabemos que el Señor Jesús habló del infierno. De hecho, Cristo habló más del infierno que de ninguna otra cosa en las Escrituras. ¿Cómo es que los hombres no creen que el infierno es real? Porque no han escuchado lo suficiente sobre él. No han estudiado todo lo que la Biblia enseña sobre el tema.

No es lo que oímos solamente lo que contribuye a forjar nuestra creencia, lo que no oímos también contribuye a formar nuestro sistema de creencias. Únicamente el Espíritu Santo puede presentar a nuestros corazones los terrores del infierno de tal modo que los sintamos tan reales como nunca antes. 
La doctrina del infierno ha sido usada por Dios en la conversión de pecadores más que ninguna otra de las Escrituras.
Ora para que, mientras lees este tratado, el Espíritu Santo pueda mostrarte el infierno tan auténticamente real como es. 





LA NECESIDAD DEL INFIERNO

Muchos de los que hoy día se burlan del infierno, probablemente lo hacen por varias razones. Primariamente se trata de un deseo de estos de continuar en sus propios caminos de pecado sin tener sus conciencias preocupadas con la idea de las consecuencias de sus acciones. No quieren oír que lo que están haciendo está mal. No quieren oír que sus pecados serán castigados. Alguien pudiera objetar:

"El tormento eterno en el infierno, ¿no es inconsistente con un Dios misericordioso y amante?
¿Cómo puede un buen Dios castigar a la gente en el infierno para siempre?"

Un malentendido del carácter de Dios y de la naturaleza del pecado puede llevar fácilmente a este tipo de preguntas. ¿Por qué es necesario el infierno? Examinemos algunas razones que nos hablan de su necesidad. La pecaminosidad del pecado y la santidad de Dios. La dificultad que la mayoría de la gente tiene a la hora de comprender la necesidad del infierno está relacionada con su incompleto e inadecuado entendimiento de lo terrible que es el pecado y de lo glorioso que es Dios.

No vemos el mal tan grande que hay en el menor de los pecados ni entendemos la santidad de Dios, su justicia y su ira. Si viéramos el pecado como la maldad más grande en el mundo y nos diéramos cuenta de que cada pecado es un rechazo del gobierno de Dios sobre nosotros, una burla, una bofetada en su rostro, lanzarle estiércol a Él, comenzaríamos a comprender un poco de lo que nuestro pecado representa para Dios. Cada vez que pecamos erigimos un dios rival en nuestro corazón, en la forma de nosotros mismos o de nuestro vicio más querido. El pecado rechaza al Creador como Dios y pone la criatura en su lugar. Si pudiéramos entender la santidad de Dios y lo que significa ser santo, puro, perfecto, justo, incontaminado, limpio hasta del menor pecado, tendríamos una idea mejor de por qué Dios aborrece tanto el pecado. La santidad absoluta no puede tolerar el menor de los pecados. "Muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el agravio" (Habacuc 1:13).

Si pudiéramos comprender la gloriosa santidad de Dios y su pureza, así como la abominable naturaleza del pecado, entonces no tendríamos problemas con la necesidad absoluta del infierno. "Más engañoso que todo, es el corazón, y sin remedio; ¿quién lo comprenderá?" (Jeremías 17:9). El corazón humano está enfermo, es malvado, engañoso. La corrupción del corazón hace que el ser humano sea engañado respecto a la fealdad del pecado y muchas otras cosas más.

La naturaleza infinita de Dios. Para entender lo que el pecado es realmente tenemos que verlo a través de los ojos de Dios. Dios es un ser infinito y eterno. Cada acto pecaminoso es cometido contra un Dios infinito y santo.
Con cada pecado destronamos a Dios y nos colocamos a nosotros mismos por encima de Él. En cada pecado se encierra esta cuestión: "¿Cuál es la voluntad a cumplirse, la de Dios o la del hombre? Mediante el pecado, el hombre coloca su voluntad por encima de la del Señor, de tal modo que pone a Dios como basura bajo sus pies". Un solo acto pecaminoso cometido contra un Dios santo e infinito merece castigo infinito. Es un mal infinito ofender a un Dios infinito, incluso una sola vez. La justicia divina. Un solo pecado contra Dios obliga a Dios a vindicar su nombre y su justicia mediante un castigo tan completo como sea debido. Dios puede y quiere vindicar su justicia. Lo promete en Romanos 12:19, donde se dice: "Amados, nunca os venguéis vosotros mismos, sino dar lugar a la ira de Dios, porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor".

Uno de los predicadores más grandes que jamás haya existido, Jonathan Edwards, escribió: "La gloria de Dios es el mayor bien; es el fin supremo de la creación, es de más importancia que cualquier otra cosa. Pero hay un modo mediante el cual Dios se glorificará a si mismo, a saber, la destrucción eterna de los impíos, que glorificará Su justicia. Entonces se presentará como un gobernador justo de este mundo. La justicia vindicativa de Dios se presentará estricta, puntual, asombrosa, terrible y por tanto gloriosa".





UNA DESCRIPCIÓN DEL INFIERNO

El infierno es un horno de fuego inextinguible, un lugar de tormento eterno, donde sus víctimas son atormentadas tanto en sus cuerpos como en su mentes, conforme a sus naturalezas pecadoras, los pecados actuales cometidos y la cantidad de luz espiritual ofrecida y rechazada por ellos. El infierno es un lugar de donde la misericordia y la bondad de Dios han sido retiradas; donde la ira de Dios es revelada como un fuego consumidor, terrorífico; donde los impíos viven con sus vicios sin poder realizarlos en un tormento sin fin.

En Mateo 13:47-50, el Señor Jesús narró una parábola sobre el juicio. En los versículo 49 y 50, el Señor describe el destino de los malvados: "Así será el fin del mundo; los ángeles saldrán y sacarán a los malos de entre los justos, y los arrojarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el crujir de dientes".

Al examinar las palabras del Señor lo primero que deberíamos notar es que el infierno se describe como un horno de fuego. El horno de Nabucodonosor (del que se nos habla en el Antiguo Testamento) fue calentado siete veces más de lo acostumbrado y es descrito como "un horno de fuego ardiente" (Daniel 3:23). Juan el Bautista habló de "fuego inextinguible" (Lucas 3:17) y Apocalipsis describe el infierno como "lago de fuego que arde con azufre" (Apocalipsis 19:20).
¿Podemos, realmente, imaginarnos el horror del cual hablan estas palabras? Imagina cada parte de tu cuerpo expuesta al fuego al mismo tiempo, de modo que cada fibra de tu ser sienta el intenso tormento de ser quemado.
¿Cuánto tiempo aguantarías semejante castigo? Cristo dice que "allí será el llanto y crujir de dientes". Los impíos llorarán y crujirán los dientes al tener que soportar el dolor y el sufrimiento más intenso que jamás hayan sentido de unas llamas que les consumen constantemente cada parte de su cuerpo. No habrá alivio.
Jonathan Edwards describe en lenguaje gráfico como serán las llamas del infierno: "Algunos de ustedes han visto edificios incendiados; imaginen, por lo tanto, cuán poca ayuda a la hora de sofocar las llamas podrían ofrecen si se encontraran en medio de tan grande y voraz fuego. Han visto a menudo una araña o cualquier otro insecto arrojado en pleno fuego y observado lo rápido que sucumbe a la fuerza de las llamas. No se presenta una larga batalla, no hay lucha contra el fuego, ninguna fuerza puede oponerse al calor o escapar de él, el insecto inmediatamente se rinde y cede, el fuego toma posesión de él, y enseguida se convierte en una chispa de fuego.
Aquí tenemos una pequeña imagen de lo que tú serás en el infierno, a menos que te arrepientas y acudas a Cristo.
Consolarte a ti mismo imaginando que podrías soportar los tormentos del infierno tanto como puedas sería como si un gusano, a punto de ser arrojado a un horno candente, se preparara y fortaleciera a sí mismo, dispuesto a combatir las llamas".

El infierno también se describe como un lugar de tinieblas. El Señor Jesús habla de un invitado que se presentó a una boda sin traje y fue arrojado a "las tinieblas de afuera" (Mateo 22:13). Judas escribe de aquellos que están en el infierno, "para quienes la oscuridad de las tinieblas ha sido reservada para siempre" (Judas 13). Christopher Love dice en su libro Hell's Terrors (Los terrores del infierno): "La oscuridad es terrible y los seres humanos están preparados para temer más las tinieblas que la luz: el infierno, por consiguiente, es descrito con esta imagen terrible para hacer que los corazones tiemblen, pues se trata no sólo de tinieblas, sino de la más oscura de las tinieblas".

El infierno es comparado a Tofet en Isaías 30:33. Tofet era el lugar donde los judíos idólatras sacrificaban a sus hijos al dios pagano Moloch, arrojándolos al fuego dispuesto para ello. Día y noche se oían en ese lugar quejidos y lamentos, como día y noche se oirán quejidos, lamentos y llanto en el infierno. Isaías habla de "el soplo del SEÑOR, como torrente de azufre" encendiendo el infierno. Hay suficiente evidencia en la Escrituras para demostrar que Dios mismo será el fuego del infierno. Hebreos 12:29 dice: "Nuestro Dios es fuego consumidor". Los impíos de la tierra ignorantemente bailan de alegría cuando el predicador habla del amor y misericordia de Dios, pero no se beneficiarán ni de lo uno ni de lo otro si no se arrepienten. Para ellos Dios será fuego consumidor. Hebreos 10:30-31 advierte: "Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo pagaré. Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo. ¡Horrenda cosa es caer en las manos del Dios vivo!" ¡Es horrendo, terrible, caer en las manos del Dios vivo!
Pecador, tú no escaparás del infierno. Dios será tu infierno y su ira te consumirá y será derramada sobre ti todo el tiempo que El exista. "¿Quién conoce el poder de tu ira?" (Salmos 90:11). Por cuanto Dios mismo será el fuego del infierno, las palabras no pueden expresar los terrores de los condenados al infierno. "No hay razón para temer que, quizá, los ministros del Evangelio expongan este asunto más allá de lo que realmente es; semejante posibilidad no es tan temible como se pretende... Más bien, tenemos motivos para suponer que después de haber dicho todo lo que es posible, todo lo que hemos dicho o pensado no es sino una pálida sombra de la realidad".

En Lucas 16:19-26 Cristo habla de dos hombres. Uno de ellos era rico (tradicionalmente conocido por Divas o Epulón); el otro era pobre (por nombre Lázaro). Ambos murieron. El pobre fue llevado por ángeles al cielo y el rico fue al infierno. El rico no fue a tal lugar por ser rico, ni el pobre al cielo por ser pobre. El Señor muestra mediante esta historia de contrastes que nuestras circunstancias pueden cambiar drásticamente cuando pasamos del tiempo a la eternidad. No debemos ser tan tontos como para pensar que porque Dios no nos haya tratado duramente en esta vida no lo vaya a hacer después de la muerte. El lugar de morada eterna de ambos hombres fue el resultado de la condición de sus corazones delante de Dios mientras vivían en la tierra. Lázaro fue un verdadero seguidor de Dios, no así Divas.

Queremos notar cuidadosamente lo que la Escritura dice acerca de Divas y su condición, pues tenemos mucho que aprender de él sobre el infierno. Los versículos 23 y 24 indican que Divas estaba "en tormento". ¿Cuál es el significado de estar en tormento? Este tormento, se refiere por igual al tormento padecido por el cuerpo como por el alma. Como hemos visto, el cuerpo humano será atormentado en un horno de fuego. Cada parte del cuerpo sentirá el dolor ocasionado por ese fuego.
Personas con fuerte dolor de estómago pueden sentir gran agonía debido a ello, pero el dolor del infierno será mucho más grande. Se dice que a veces la muerte por cáncer causa dolor supremo en el cuerpo, pero el dolor en el infierno será peor todavía. Si tu cuerpo padeciera varios y dolorosos males al mismo tiempo, aún no comenzarías a acercarte al dolor de los condenados en el infierno.

La consciencia del ser humano también será atormentada en el infierno. La consciencia es el gusano que no muere, del cual habla la Escritura (Marcos 9:48; Isaías 66:24). A Divas se le dice: "recuerda que durante tu vida". Los hombres serán atormentados físicamente con un dolor intenso, pero también serán atormentados por su propia memoria. Recordarán las veces que escucharon la alarma y, no haciéndole caso, se burlaron de ella. Recordarán las veces que fueron advertidos y llamados a arrepentirse, o que se les dijo que era imposible recibir las bendiciones del cielo sin someterse a Cristo como Señor, pero no hicieron caso. Serán atormentados al ver, a distancia (tal como lo hizo Divas), las glorias del cielo y saber que están condenados para toda la eternidad. Serán atormentados por deseos insatisfechos (Divas no puede recibir ni siquiera una gota de agua que refresque su lengua). Serán atormentados por el hecho de saber que nunca escaparán del infierno (a Divas se le dice: "de modo que los que quieran pasar de aquí a nosotros no puedan"). Serán atormentados por los gritos, lamentos y maldiciones de los condenados a su alrededor. El tormento más cruel que un hombre pueda experimentar aquí en la tierra es como la picada de una mosca comparado a los tormentos del infierno.
Jonathan Edwards, en un sermón sobre El castigo futuro de los impíos, habla de cómo éstos son incapaces de encontrar un solo momento de descanso en el infierno:

"No hallarán nada que alivie sus penas en el infierno. Nunca encontrarán un lugar de reposo allí; ningún rincón secreto que sea más fresco que los demás, donde puedan tener un poco de reposo, una pequeña reducción de la gravedad de su tormento. Jamás encontrarán un arroyo o fuente de agua fría en ninguna parte de aquel mundo de tormento; no, ni siquiera una gota de agua que calme sus gargantas. No tendrán compañero que les dé un mínimo de consuelo, u ofrezca un mínimo bienestar. No encontrarán lugar donde puedan estar y descansar y tomar aliento, siquiera por un minuto, porque serán atormentados con fuego y azufre. No tendrán descanso ni de día ni de noche por los siglos de los siglos".





LA ETERNIDAD DEL INFIERNO

El aspecto más terrorífico del infierno es el de su duración. El infierno es eterno, es decir, para siempre, sin fin. ¿Puedes entender la eternidad? Ninguna fórmula o ecuación matemática puede explicarla. Tu mente no puede concebir la eternidad, y, sin embargo, es real a pesar de todo. Este solo aspecto del infierno debería hacer que los hombres gritaran en arrepentimiento. No es extraño que los escépticos de todos los tiempos hayan atacado la naturaleza eterna del infierno, sustituyéndola por doctrinas como la aniquilación de los incrédulos. Echemos una mirada más a las Escrituras para verificar la naturaleza eterna del infierno y tratar de entender mejor la eternidad. Después miraremos por qué tiene que ser eterno el infierno.

"Y el diablo que los engañaba fue arrojado al lago de fuego y azufre, donde también está la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos" (Apocalipsis 20:10). Este versículo nos muestra con claridad la duración del infierno. El infierno es por los siglos de los siglos. ¿Podría usarse una afirmación más tajante que esta? Si el Espíritu de Dios quiso comunicar a los seres humanos la naturaleza eterna del infierno, ¿que puede comunicar esto mejor que la expresión "por los siglos de los siglos"? La Escritura no contiene otra mayor expresión que denote eternidad sino "por los siglos de los siglos", porque es la misma afirmación que se aplica a la existencia eterna de Dios mismo: "Al que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos" (Apocalipsis 4:9). ¿Hay quien dude de que Dios vivirá por toda la eternidad? ¿Por qué, entonces, dudas que el infierno permanecerá toda la eternidad siendo que se utiliza la misma expresión para ambos?

No es mucha la idea que podemos hacernos de esta cuestión, pero, para ayudarles en su manera de concebirla, imagínense en medio de una hoguera o de un gran horno, donde su dolor sea mucho más grande que el ocasionado por el roce accidental de un carbón ardiendo, puesto que su calor es superior. Imaginen también que sus cuerpos sean retenidos en ese lugar durante un cuarto de hora, en plena consciencia, ¡cuán grande el horror de entrar en semejante horno! ¡Y que largo les parecería ese cuarto de hora! Después de haberlo soportado durante un minuto, que insufrible sería pensar que todavía faltaban otros catorce. Pero, ¿cuál sería el efecto producido en sus almas, si ustedes supiesen que tendrían que permanecer en ese tormento durante veinticuatro horas... o un año entero... o miles de años? Oh, entonces, cómo se hundirían sus corazones si supieran que habrían de sufrirlo año tras año, ¡qué no habría final! ¡Sin llegar nunca al final! ¡Que después de un millón de millones de siglos, su tormento no estaría más cerca de su final que al principio, y que nunca serán liberados! Pero el tormento en el infierno será inmensamente superior a lo que esta ilustración representa.

"El Señor Jesús, describiendo el día del gran juicio final, se refiere a la separación de los impíos de los justos con estas palabras: "Y éstos irán al castigo eterno, pero los justos a la vida eterna" (Mateo 25:46).

¿Hay alguien que niegue que el cielo exista eternamente? ¿Tendrá fin algún día futuro, la bendición de los justos en el cielo?
Naturalmente que no; sin embargo, la misma palabra griega empleada en este versículo para la vida eterna de los justos es la que se utiliza para el castigo eterno de los injustos. El infierno durará tanto como el cielo.

En el infierno habrá diferentes grados de castigo determinado para cada ser humano según indican algunos pasajes de la Escritura. Lucas 12:47-48 dice: "Y aquel siervo que sabía la voluntad de su señor, y que no se preparó ni obró conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes; pero el que no la sabía, e hizo cosas que merecían castigo, será azotado poco. A todo el que se le haya dado mucho, mucho se demandará de él; y al que mucho le han confiado, más le exigirán".

En Mateo 11:24 Cristo dice: "Os digo que en el día del juicio será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma que para ti". Los versículos de Mateo indican que la gente de Cafarnaúm recibirá mayor castigo en el día del juicio que aquellos que vivieron en la depravada Sodoma. Los versículos de Lucas hablan de una distinción en el juicio basada en la cantidad de luz recibida: algunos recibirán muchos azotes mientras que otros recibirán pocos. Quienes cometen mayores o más pecados que otros recibirán mayor castigo en el infierno (Juan 19:11). Los hipócritas religiosos, aquellos que profesan la fe cristiana, pero no son realmente cristianos, serán más severamente castigados que el resto (Mateo 23:14-15). El Señor dijo de Judas Iscariote: "Mejor le fuera a ese hombre no haber nacido" (Mateo 26:24). ¿Cómo se podrían hacer estas afirmaciones si fuera cierto que la aniquilación es lo único que hay después de la muerte? La presencia de diferentes grados de castigo sólo tiene sentido a la luz de la capacidad de sentir el castigo. ¿De qué modo puede decirse que hubiera sido mejor para Judas no haber nacido si la aniquilación es todo lo que le esperaba? La aniquilación o extinción no es castigo en absoluto. Cada vez que el incrédulo peca aumenta el nivel de su tormento en el infierno. La persona que peca el doble que otra con similar luz, recibirá el doble de castigo. Cada día que el pecador continúa viviendo y respirando aquí en la tierra sin arrepentirse añade a su castigo en el infierno. Romanos 2:5 dice: "Mas por causa de tu terquedad y de tu corazón no arrepentido, estás acumulando ira para ti en el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios". El Señor Jesús exhortó a los justos a hacerse tesoros en el cielo antes que en la tierra. Los impíos aumentan su ira y tormento futuro en el infierno cada momento que continúan pecando. Añaden a su castigo diariamente.
En el infierno los hombres desearán no haber nacido. Charles Hitón Surgen dijo: "En el infierno no hay esperanza. Ni siquiera la esperanza de morir: la esperanza de ser aniquilados. ¡Están perdidos por los siglos de los siglos! En cada eslabón de la cadena del infierno está escrito: "para siempre". En las llamas del infierno se iluminan estas palabras: "para siempre". Encima de sus cabezas ellos pueden leer: "para siempre". Su mirada está desencajada y sus corazones doloridos con la idea de que es "para siempre". Oh, si pudiera decirles esta noche que el infierno se apagará un día y que aquellos que están perdidos podrán ser salvos, habría una verdadera fiesta en el infierno de sólo el pensarlo. Pero no puede ser; es "para siempre" que han sido arrojados a las tinieblas de afuera".

Christopher Love emplea una ilustración para tratar de ayudarnos a entender lo que significa la eternidad: "Supongan que todas las montañas de la tierra fueran montañas de arena, y que más y más montañas fueran añadidas hasta alcanzar el cielo, y que un pajarito puede tomar un grano de arena cada mil años de esa gigantesca montaña. Serían necesarios innumerables millones de años antes de que toda esa masa de arena desapareciera, y aun así este proceso de tiempo llegaría a un final, y sería una dicha para el hombre si el infierno no durara más que ese tiempo; pero esta es la miseria del hombre en el infierno, no tendrá más oportunidad de salir después de haber transcurrido millones de años que cuando fue arrojado allí al principio; porque su tormento se prolongará por la eternidad, sin fin, por cuanto el Dios que castiga es eterno".

Anteriormente consideramos la necesidad del infierno o la razón de que tuviera que existir un lugar como ése. Ahora analizaremos la razón por la que el infierno no sólo tiene que existir sino que debe existir eternamente. ¿Cuál es la necesidad por la que el infierno tenga que ser eterno? Son varias las respuestas que podemos explorar brevemente. La primera razón a considerar es la que Christopher Love acaba de mencionar. El Dios que condena es un Dios eterno. "La eternidad del infierno se basa en la naturaleza de Dios".
¿Es eterna la Palabra de Dios? ¿Es la naturaleza de Dios eterna? La Escritura dice: "Jesucristo es el mismo, ayer, hoy y por los siglos" (Hebreos 13:8). "Esplendor y majestad es su obra, y su justicia permanece para siempre" (Salmo 111:3). "La Palabra del Señor permanece para siempre" (1 Pedro 1:24). Si la Palabra de Dios es eterna, si la justicia de Dios es eterna y si Dios mismo es eterno, ¿por qué, entonces, no va a ser eterna su ira también? Como eternamente existente, todos los atributos de Dios son eternos e inmutables; por consiguiente, el infierno, como expresión de la ira divina, debe ser eterno. El infierno debe ser eterno porque la justicia de Dios nunca quedaría satisfecha por el castigo finito de los pecadores, no importa lo mucho que durara. Cristo aclara esta cuestión cuando habla de hacer las paces con el adversario antes de ir al magistrado si no serías arrojado a la cárcel y, "Te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado aun el último centavo" (Lucas 12:59).

Los hombres no pueden dar nada a cambio de su pecado. Ninguna cantidad de castigo en el infierno, no importa lo mucho que dure, puede nunca expiar los pecados. Es imposible, por tanto el infierno debe ser eterno. En tercer lugar, el infierno ha de ser eterno porque las Escrituras dicen que el gusano que corroe la consciencia del hombre en el infierno nunca muere. "Su gusano no morirá, ni su fuego se apagará" (Isaías 66:24).
Si el gusano nunca muere, entonces aquellos que son atormentados por el gusano nunca morirán. Por último, el infierno será eterno porque los hombres continuarán pecando en el infierno.
Aumentarán y agravarán su culpabilidad allí. El infierno es un lugar donde los condenados maldecirán a Dios y a ellos mismos, y se quejarán y lamentarán con lenguaje blasfemo de los hombres alrededor de ellos. Los malvados se aumentarán el tormento entre si, al acusarse y condenarse unos a los otros. Los hombres no se arrepentirán en el infierno porque el carácter de los pecadores no cambia. Continúan siendo pecadores todavía. Pecarán durante toda la eternidad, por tanto Dios los castigará eternamente. 





APLICACIÓN PARA LOS CREYENTES Y LOS NO CREYENTES

Los profetas del Antiguo Testamento nos avisan constantemente de los peligros del infierno: "¿Quién de nosotros habitará con el fuego consumidor? ¿Quién de nosotros habitará con las llamas eternas?" (Isaías 33:14). "En presencia de su indignación, ¿quién resistirá? ¿Quién se mantendrá en pie ante el ardor de su ira? Su furor se derrama como fuego" (Nahum 1:6). Pecador, ¿eres tan arrogante como para pensar que puedes soportar la ira de Dios cuando sea derramada en toda su capacidad sobre ti? Es posible que pienses que el infierno no es tan caliente como se pinta y que podrás soportarlo bastante bien.
Si crees esto eres algo más que un necio. Los terrores del infierno hacen que hasta los mismos demonios tiemblen, ¿eres tú tan necio como para permanecer inmóvil ante estos o tomarlos a la ligera? Tú, que dices ser cristiano pero que no lees mucho la Biblia y oras poco: ¿cómo piensas escapar del castigo del infierno? Tú, que no te preocupas mucho de los pequeños pecados ni de los pensamientos vanos y sucios que te pasan por la mente: ¿estás preparado para ir al infierno? Tú, que piensas que el reino de Dios consiste en una confesión verbal de fe en Cristo o aceptación intelectual de que Jesús murió por tus pecados, pero que no te interesas por llevar una vida santa, piadosa, ni dedicar algún pensamiento a Dios durante la semana: ¿estás preparado para soportar los tormentos del infierno, día y noche, por los siglos de los siglos? Deberías estarlo, pues si estas cosas son ciertas de ti, estás en camino derecho al infierno, a menos que te arrepientas. ¡No te engañes a ti mismo!

El cristianismo no consiste en palabras o afirmaciones piadosas o creencias intelectuales, sino en un corazón nuevo y una nueva vida apartada del pecado y dedicada a la gloria de Dios. Si tu corazón y tu vida no han sido cambiados por Dios, aún estás en tus pecados. Si estás viviendo en abierta desobediencia a la Palabra de Dios y eres indiferente a ello, no tienes ningún derecho a creer que vas a ir al cielo, por el contrario, estás en camino del infierno. Arrepiéntete de todos tus pecados y vuélvete a Jesucristo y ríndete a Él como Señor. Presta atención a las palabras de Cristo: "Si tu ojo te es ocasión de pecar, arráncatelo y échalo de ti. Te es mejor entrar en la vida con un ojo, que teniendo dos ojos, ser echado en el infierno de fuego" (Mateo 18:9). "Nada menos que el negarse por completo a uno mismo, abandonar el ídolo más acariciado, abandonar el hábito pecaminoso más acariciado -figurativamente representado como cortar la mano o arrancar un ojo- es lo que Cristo exige de todo aquel que quiere tener comunión con él". Recuerda que la dificultad que conlleva abandonar todo por Cristo no es nada comparada con pasar toda la eternidad en el infierno.

No creo que nadie se espante por la idea de ir al cielo, pero sí de ir al infierno, de tal modo que pudiera comenzar a buscar a Dios de todo corazón y a implorar la misericordia divina. El ser humano está en el borde mismo del abismo del infierno, pronto a caer precipitado en él, y aún así, completamente inconsciente de semejante peligro. Si oír hablar del infierno puede conseguir que personas insensibles a su real situación consideren las verdades eternas, entonces, predicar sobre el infierno es bastante beneficioso. Es mejor considerar ahora el infierno, mientras vivas; y ser aterrorizado por esto, que no tener que soportarlo luego.
No quisiera que estuvieras más atemorizado del infierno como de pecar. El pecado es tu real enemigo. El pecado es peor que el infierno porque el pecado dio a luz el infierno. ¿Estás dispuesto a ir al infierno por toda la eternidad a cambio de unos cuantos placeres y lujuria aquí en la tierra?
¡Huye del pecado! Deja de vivir para el yo y la autogratificación y acude a Jesucristo. Cuando mueras será demasiado tarde. Toda oportunidad de arrepentimiento se limita a la vida en la tierra. Esta doctrina es tan beneficiosa para el justo como para el injusto. La doctrina del infierno debería llevar al justo a temer a Dios. Un temor santo es útil de muchas maneras. Aquel que teme a Dios en su corazón tiene un mayor respeto por los mandamientos de Dios. Quien realmente teme a Dios no temerá a los hombres y preferirá enemistarse con los hombres que con Dios (Isaías 8:12-13). Esta doctrina debería aumentar la fidelidad y el gozo del justo en Cristo, puesto que ha sido salvado de los tormentos del infierno y, del mismo modo, debería aumentar su amor por Cristo que soportó la ira de Dios en la cruz en su lugar. La doctrina del infierno tendría que producir en ti temor al pecado. Tendría que hacer que temieras hasta los pecados más pequeños y ser diligente de confesarlos, tanto de corazón como de pensamiento y vida. Deja que la doctrina del infierno te guarde de practicar el pecado. La doctrina del infierno debería ayudar al creyente a ser paciente en los días de aflicción. No importa lo grande que sean tus tribulaciones en este mundo, son mucho más pequeñas que los tormentos del infierno, de los cuales el Señor ha salvado a los santos.
Puede que tengas que atravesar tormentos menores en este mundo, pero recuerda que son meramente temporales y que has sido liberado del más grande de todos ellos de modo que puedas regocijarte aún en el tiempo de la aflicción. Esta doctrina ayuda a motivarte a testificar a otros de Cristo y su mensaje. Eryl Davies escribió en su libro The Wrath of God (La ira de Dios): "La eternidad de los sufrimientos del infierno deberían hacernos más celosos y prontos a hablar a la gente del Único que puede salvarles.
¿Rehuimos declarar estas solemnes verdades? ¿Nos disgusta la idea del infierno? Recuerda que Dios será glorificado incluso por medio de los castigos eternos de los incrédulos en el infierno. Su majestad ofendida será vindicada... Lo que es supremo en el propósito de Dios a la hora de elegir y reprobar a los hombres es su propia gloria, y el infierno también glorificará su justicia, su poder y su ira por toda la eternidad. Mientras tanto es nuestra responsabilidad orar y procurar la salvación de los pecadores antes que castigo tan horrendo caiga sobre ellos".

No puedo terminar sin una palabra final dirigida a aquellos que se creen convertidos pero que no lo están, y también para aquellos que saben que no están convertidos.
¿Puedes concebir la eternidad? Detente un momento y trata de imaginar ser atormentado incesantemente, para siempre, sin final.
¿Esto no te aterroriza? Jamás una oportunidad de descanso; o una gota de agua fría que refresque la garganta.
Piensa de nuevo la duración de la eternidad. Trata de imaginártela: día y noche, por los siglos de los siglos, ardiendo con fuego como una araña en una hoguera. Gritos, lamentos, dolor, maldiciendo el día de haber nacido; y siendo maldecido eternamente por los demonios y condenados alrededor.
Recordando, siempre recordando las veces que fuiste advertido en la tierra y cómo ignoraste todos aquellos avisos: autosatisfecho y autoengañado, creyendo que todo estaba bien con tu alma. La mujer de Job le dijo a éste que maldijera a Dios y muriera. A no ser que te arrepientas y vayas a Cristo, quien es tu única esperanza, serás maldito por Dios y eternamente atormentado por Él en su presencia, en la terrible plenitud de su ira, sin que nunca puedas morir. Nunca morirás. ¡Tú no morirás jamás! ¡La eternidad es para siempre! 

jueves, 15 de noviembre de 2012

La doctrina católica sobre el Purgatorio



El Catecismo de la iglesia católica define purgatorio como "purificación, para alcanzar la santidad necesaria para incorporarse a la alegría del cielo", que es experimentada por ésos "que están en la tolerancia y la amistad de Dios, pero todavía purificados de forma imperfecta" (CIC 1030). Observa que "esta purificación final de los elegidos. . . es enteramente diferente del castigo del condenado "(CIC 1031). 

La purificación es necesaria porque, como la Escritura enseña, ninguna voluntad sucia se incorpora a la presencia de Dios en el cielo (Apocalipsis 21, 27) y, mientras que podemos morir con nuestros pecados mortales perdonados, pueden todavía quedar muchas impurezas en nosotros, pecados específicamente veniales y el castigo temporal debido a los pecados perdonados ya. Cuando morimos, experimentamos lo que se llama el juicio individual. 

La Escritura dice que "está designado para los hombres una vez muertos, y viene después juicio" (Hebreos 9, 27). Nos juzgan inmediatamente y recibimos nuestra recompensa, por buenos o malos. Sabemos inmediatamente cuál será nuestro destino final. En el fin de los tiempos, cuando Jesús vuelva, vendrá el juicio general al cual la Biblia se refiere, por ejemplo, en San Mateo 25, 31-32: "Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los ángeles con él, entonces Él se sentará en su trono glorioso. Ante Él se postrarán todas las naciones, y los separará a unos de otros como un pastor separa las ovejas de las cabras." 

En este juicio general todos nuestros pecados serán revelados en público (San Lucas 12, 2-5). San Augustín dijo, en La Ciudad de Dios, que los "castigos temporales ahora y después son sufridos por algunos en esta vida solamente, por otros después de muerte, por otros en ambas situaciones, ahora y después; pero todos antes del más estricto juicio final." 

Está entre los juicios particulares y el general, después de que el alma esté purificada de las consecuencias restantes del pecado: "OS ASEGURO QUE NO SALDRÉIS HASTA QUE HAYAIS PAGADO EL ÚLTIMO CÉNTIMO" (San Lucas 12, 59).   El dinero, uno de los argumentos que los contra-católicos usan a menudo para atacar el purgatorio es la idea de que la Iglesia católica hace dinero al promulgar esta doctrina. Sin purgatorio, afirman, la Iglesia quebraría. Un buen número de libros contra-Católicos expone que la Iglesia debe sus ingresos a esta doctrina. Pero los números apenas lo sostienen. Cuando un católico solicita una misa conmemorativa para los muertos - es decir, una misa ofrecida para el provecho de alguien que está en el purgatorio, es costumbre dar al sacerdote de la parroquia un estipendio económico, "Es justo que el obrero cobre su salario" (San Lucas 10, 7) y que "los que presiden el Altar cobren su parte de las ofrendas" (1 Corintios 9, 13-14). En los Estados Unidos, un estipendio consiste comúnmente en alrededor de cinco dólares; pero los indigentes no tienen que pagar. Algunos personas, por supuesto, ofrecen libremente más. Este dinero va al sacerdote de la parroquia, y se permite a los sacerdotes solamente recibir un estipendio por día. Nadie se hace rico con cinco dólares por día, y ciertamente no la Iglesia, que no recibe el dinero de todos modos. Pero qué sucede los domingos. Hay a menudo centenares de personas en la misa. En una parroquia importante, puede haber millares. Muchas familias e individuos depositan cinco dólares o más en la cesta de la colecta; otros depositan menos. Algunos dan mucho más. Una parroquia puede tener cuatro o cinco o seis misas el domingo. El total de las colectas del domingo sobrepasa ampliamente la cantidad ínfima recibida de las misas conmemorativas. 
¿Una "Invención Católica"? 
Muchos pueden decir que la Iglesia católica "inventó" la doctrina del purgatorio para hacer dinero, pero tienen dificultad para determinar exactamente cuando. La mayoría de los contra-Católicos profesionales - los que dedican su vida a atacar el "Romanismo" - suelen atribuir la culpa al Papa Gregorio el Grande, que reinó entre los años 590-604 d. C.
Pero nunca consideran la petición de Mónica, la madre de San Augustín, que pidió a su hijo, en el siglo IV, que se acordase de su alma en sus misas. Esto no tendría ningún sentido si ella pensara que su alma no se beneficiaría de estos rezos, como sería el caso si ella estuviese en el infierno o en la gloria completa del cielo.
Atribuyendo la doctrina al Papa Gregorio no se podrían explicar las pintadas en las catacumbas, donde los cristianos, durante las persecuciones de los primeros tres siglos, registraron los rezos por los muertos.
De hecho, algunas de las escrituras cristianas más tempranas fuera del Nuevo Testamento, como los Actos de Pablo y de Tecla y del Martirio de Perpetua y de Felicia (ambos escritos durante el segundo siglo), refieren la práctica cristiana de la rogación por los muertos.
Tales rezos habrían sido ofrecidos solamente si los cristianos creyeran en el purgatorio, incluso si no utilizaron ese nombre para él. (véanse las Respuestas de los Padres Católicos más conocidos para conocer la existencia del purgatorio en las citas de éstos y de otras fuentes cristianas tempranas.)
En conclusión: siempre que una fecha se fije para la "invención" del purgatorio, es factible señalar evidencias documentales e historiográficas para mostrar que la doctrina del purgatorio existía antes de esa fecha.
¿Además, si en un cierto punto la doctrina fue sacada de un acto administrativo, por qué en los expedientes de la historia eclesiástica no figura ninguna protesta contra él?
Un estudio de la historia de las doctrinas indica que los cristianos de los primeros siglos se alzaban en armas (a veces de forma especialmente sangrienta) si cualquier persona sugería el menor cambio en sus creencias.
Era gente extremadamente conservadora que probaba las doctrinas preguntando: ¿era ésto creído por nuestros antepasados? ¿Nos fue dada a través de los Apóstoles?
Seguramente la creencia en el purgatorio sería considerada un gran cambio, si no hubiese sido creída desde el primer momento. Entonces, ¿dónde están las evidencias de las protestas? No existen. No hay ninguna evidencia histórica de tales hechos en los más antiguos documentos disponibles por los historiadores. Y más adelante tampoco existe ninguna fuente historiográfica en la que los creyentes de la época post-apostólica nos hablen del purgatorio como una "nueva doctrina".
Por consiguiente, aquellos creyentes entendían que la enseñanza oral de los apóstoles, -que los católicos llamamos la Tradición-, y la Biblia no solamente no contradecían la doctrina del purgatorio, sino que, de hecho, la confirmaban.
No es sorprendente, pues, que los que niegan la existencia del purgatorio tienden a pasar de largo ante las evidencias al respecto que nos ofrece la historia de la Fe. Prefieren hablar que la Biblia habla solamente de cielo y de infierno.
Pero esto tampoco es así. La Biblia habla claramente de una tercera condición, comúnmente llamada el limbo de los Padres de la Iglesia, donde los justos muertos antes de la redención esperan a que el cielo que se abra para ellos.
Después de su muerte y antes de su resurrección, Cristo visitó el limbo de los Padres y les predicó la buena nueva de que el cielo estaría ahora abierto para ellos (1 San Pedro 3, 19).
Esta gente no estaba, por lo tanto, en cielo, pero tampoco experimentaban los tormentos del infierno.
Algunos han especulado que el limbo de los Padres es igual que el purgatorio. Éste puede o no ser el caso. Sin embargo, si el limbo de los Padres no es el purgatorio, su existencia muestra que un estado temporal, intermedio, no es contrario a Escritura.
Mírelo esta manera. Si el limbo de los Padres era el purgatorio, entonces esto nos muestra directamente la existencia del purgatorio.
Si el limbo de los padres era un estado temporal diferente, entonces la Biblia dice por lo menos que tal estado puede existir. Y, por consiguiente, prueba que puede haber más estados que el cielo y el infierno.
Los protestantes se oponen argumentando que Jesús dijo al ladrón en la cruz que, en ese mismo día en que los dos murieron, estarían juntos en el Paraíso (San Lucas 23, 43). Esto lo interpretan como una negación del purgatorio.
Sin embargo, este argumento no es consistente y vuelve a demostrar la existencia de un tercer estado además del cielo y del infierno, puesto que Jesús no fue al cielo en el día que Él murió.
Pedro nos dice que Él "fue a predicar a los Espíritus en la prisión" (1 San Pedro 3, 19), y, después de su resurrección, Cristo mismo declaró: "todavía no he ascendido al Padre" (San Juan 20, 17). Así en aquella pasaje el paraíso se sitúa en un cierto tercer estado además del cielo y además del infierno.

El "purgatorio no está en la Escritura" que algunos fundamentalistas también argumentan, como si probasen realmente algo. O "la palabra purgatorio no se encuentra en ninguna parte de la Escritura."
Esto es verdad, pero no refuta la existencia del purgatorio o del hecho de que la creencia en ella ha sido parte siempre de enseñanza de la Iglesia. Trinidad y Encarnación son palabras que tampoco están en la Escritura, con todo esas doctrinas se enseñan claramente en ella. Asimismo, la Escritura enseña que existe el purgatorio, incluso si no utiliza la palabra e incluso si 1 San Pedro 3, 19 no se refiere a otro lugar más que al purgatorio.
Cristo refiere que el pecador que "32 Y a cualquiera que diga palabra contra el Hijo del Hombre le Será perdonado; pero a cualquiera que hable contra el Espíritu Santo no le Será perdonado, ni en este mundo, ni en el venidero." (San Mateo 12, 32), sugiriendo que una se puede liberar después de la muerte de las consecuencias de sus pecados.
Semejantemente, San Pablo nos dice que cuando nos juzgan, las obras de cada hombre serán probadas. ¿Y qué sucede si la obra de un hombre justo falla en la prueba? "15 Si la obra de alguien es quemada, él Sufrirá pérdida; aunque él mismo será salvo, pero apenas, como por fuego. " (1 Corintios 3, 15). Ahora bien, esta pérdida, esta pena, no se puede referir al envío al infierno, puesto que nadie se salva allí; y al cielo no puede referirse tampoco, puesto que no hay sufrimiento ("fuego") allí. Sólo la doctrina católica del purgatorio explica este paso.
Por supuesto, existe la aprobación de la Biblia sobre los rezos para los muertos: "En hacer esto él actuaba de una manera muy excelente y noble, ya que él tenía la resurrección de los muertos en la mente; pero si él no esperara que se levantaran los muertos otra vez, habría sido inútil y absurdo rogar por ellos en la muerte. Pero él hizo esto con objeto de la recompensa espléndida que aguarda a los que habían muerto en gracia de Dios, era un pensamiento santo y piadoso. Así él hizo el sacrificio por los muertos que puedan ser liberados de este pecado "(2 Macabeos 12, 43-45).
Los rezos no son necesitados por éstos en el cielo, y nadie puede ayudar a éstos en el infierno. Eso significa que alguna gente debe estar en una tercera condición, por lo menos temporalmente. Este versículo ilustra tan claramente la existencia del purgatorio que, durante la reforma, los protestantes tuvieron que arrancar los libros de los Macabeos de sus Biblias para evitar validar la doctrina.
Los rezos por los muertos y, consiguientemente, la doctrina del purgatorio, han sido parte de la religión verdadera desde antes de la época de Cristo. Podemos mostrar que no sólo fueron practicados por los judíos de la época de los Macabeos, sino que incluso han sido conservados por los judíos ortodoxos de hoy, los cuales recitan un rezo conocido como el Kaddish durante once meses después de la muerte de un ser amado, de modo que el amado pueda ser purificado.
No fue la Iglesia Católica quien agregó la doctrina del purgatorio. Por el contrario, el cambio en la enseñanza original ha tenido lugar en el protestantismo, que rechazó una doctrina que había sido creída siempre por los judíos y los cristianos.
¿Por qué ir al Purgatorio? ¿Por qué cualquier persona podría ir al purgatorio? Para ser limpiado, porque "nada impuro se introducirá [ en el cielo ]" (Apocalipsis 21, 27). Cualquier persona que no se ha liberado totalmente del pecado y de sus efectos está, en cierta medida, "impuro." A través del arrepentimiento se puede ganar la gracia necesaria para ser digno del cielo, es decir, para ser perdonado y que su alma esté espiritualmente viva.
Pero esto no es suficiente para ganar la entrada en el cielo. Es necesario ser limpiado totalmente. Los fundamentalistas protestantes argumentan que "La Escritura claramente revela que todas las demandas de la justicia divina en el pecador se han satisfecho totalmente en Jesucristo. También revela que Cristo redimió totalmente a todo lo que se había perdido. Los abogados de un purgatorio (y de la necesidad del rezo para los muertos) dicen, en efecto, que el rescate de Cristo era incompleto. . . Todo ha sido hecho por nosotros por Jesucristo, no hay nada para ser agregado o ser hecho por el hombre." Es enteramente correcto decir que Cristo logró toda nuestra salvación para nosotros en la cruz. Pero eso no resuelve la cuestión de cómo este rescate se aplica a nosotros. La Escritura revela que se aplica a nosotros en el curso del tiempo a través, entre otras cosas, del proceso del santificación con el cual se hace santo el cristiano.
La Santificación implica sufrir (Romanos 5, 3-5), y el purgatorio es la etapa final de la santificación que algunos de nosotros tenemos necesidad de experimentar antes de que entremos en cielo. El purgatorio es la fase final en la que Cristo nos aplica el rescate de la purificación que él logró para nosotros por su muerte en la cruz.
No existe ninguna contradicción. La resistencia fundamentalista a la doctrina bíblica del purgatorio presume que hay una contradicción entre Cristo que nos redime en la cruz y el proceso por el cual nos santificamos. No hay tal. Y un fundamentalista no puede decir que sufriendo en la etapa final de la santificación se entra en conflicto con la suficiencia del sacrificio de Cristo sin decir que el sufrimiento en los primeros tiempos de la santificacion también presenta un conflicto similar. El fundamentalista lo tiene al revés: Nuestro sufrimiento en la santificación no quita valor a la cruz. Al contrario, la cruz produce nuestra santificación, que da lugar a nuestro sufrimiento, porque "Al momento, ninguna disciplina parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que por medio de ella han sido ejercitados"(Hebreos 12, 11). El purgatorio es necesario porque existe el requisito de que un alma que ha sido declarada justa debe estar realmente limpia para que un hombre se pueda incorporar definitivamente a la vida eterna. Después de todo, si un alma culpable "se aprueba simplemente," si su estado pecaminoso todavía existe pero se ignora oficialmente, entonces sigue siendo un alma culpable. Sigue estando impura.
La teología católica toma seriamente la noción de que "nada sucio entrará en el cielo." De esto se deduce que un alma menos que limpiada, aunque si "aprobada" sigue un alma sucia y no tiene cabida en el cielo. Necesita ser limpiada o "ser purgada" de sus imperfecciones restantes. La "limpieza" ocurre en el purgatorio.
De hecho, la necesidad de purgar se enseña en otros pasos de Escritura, tales como 2 Tesalonicenses 2, 13, cuál declara que Dios nos eligió "Pero nosotros debemos dar gracias a Dios siempre por vosotros, hermanos amados del Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para Salvación, por la Santificación del Espíritu y fe en la verdad"
La Santificación no es, por lo tanto, una opción, algo que puede o puede no suceder antes de que se consiga entrar en el cielo. Es un requisito absoluto, como Hebreos 12, 14 indica que debemos esforzarnos "por la santidad, sin la cual nadie verá al Señor". Coronillas por las almas del Purgatorio 


La oración por las Benditas almas del Purgatorio es el más maravilloso acto de amor que un alma puede dar. Orar por ellas es una demostración de fe en el Reino prometido por Jesús, es una prueba de amor por aquellos que más lo necesitan ya que nada pueden hacer por cuenta propia para acortar sus penas, y es un gesto de unión en la Comunión de los santos, de la iglesia peregrina en la tierra, con la iglesia purgante que está camino a la Iglesia Glorificada, la de los santos que están en el Cielo.

Les presentamos esta coronilla a las Almas del Purgatorio, breve y simple de rezar, para que nos unamos cada día al pedido que Jesús le hizo a tres almas santas: a Santa Gertrudis la grande, a Santa Faustina Kowalska y a Sor Maria Consolata Betrone. A estas tres esposas Jesús les pidió especial devoción por las almas purgantes, les mostró los sufrimientos de las almas en el lugar de la purificación, les enseñó el misterio del purgatorio, y también les entregó oraciones para realizar por las almas.

Conjugando las revelaciones que Jesús hizo a estas tres almas es que surge esta Coronilla:
Se reza con las cuentas de un Rosario tradicional.

Introducción: Oh Sangre y Agua, que brotaron del Corazón de Jesús como una fuente de Misericordia para nosotros, en Ustedes confío. (Se repite tres veces)

Padrenuestro, Avemaría y Credo.

Jaculatoria, se reza antes de iniciar las cuentas pequeñas: Padre Eterno, te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Tu Amadisimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, en unión con las Misas celebradas hoy en todo el mundo, por las Benditas Almas del Purgatorio, y por los pecados y pecadores del mundo entero.

En cada una de las diez cuentas de cada decena se reza: Jesús, María os amo, salvad las almas.

Entre las decenas se reza la Jaculatoria.

Al final del Rosario, se reza en las tres últimas cuentas antes de la Cruz: Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros y del mundo entero.


Oración por los difuntos (dictada a María Valtorta):

Escrito del 24 de octubre de 1944.
...escribo todo lo que Jesús dicta:

"Llega el mes dedicado a los difuntos. Ruega así por ellos:
¡Oh Jesús!, que con tu gloriosa Resurrección nos has mostrado cómo serán eternamente los 'hijos de Dios', concede la santa resurrección a nuestros seres queridos, fallecidos en tu Gracia, y a nosotros, en nuestra hora. Por el sacrificio de tu Sangre, por las lágrimas de María, por los méritos de todos los Santos, abre tu Reino a sus espíritus.

¡Oh Madre!, cuya aflicción finalizó con la alborada pascual ante el Resucitado y cuya espera de reunirte con tu Hijo cesó en el gozo de tu gloriosa Asunción, consuela nuestro dolor librando de las penas a quienes amamos hasta más allá de la muerte, y ruega por nosotros que esperamos la hora de volver a encontrar el abrazo de quienes perdimos.

Mártires y Santos que estáis jubilosos en el Cielo, dirigid una mirada suplicante a Dios, y una fraterna a los difuntos que expían, para rogar al Eterno por ellos y para decirles a ellos: 'He aquí que la paz se abre para vosotros'.

Amados, tan queridos, no perdidos sino separados, que vuestras oraciones sean para nosotros el beso que añoramos, y cuando por nuestros sufragios estaréis libres en el beato Paraíso con los Santos, protegednos amándonos en la Perfección, unidos a nosotros por la invisible, activa, amorosa Comunión de los Santos, anticipo de la perfecta reunión de los 'benditos' que nos concederá, además de gozarnos con la visión de Dios, el encontraros como os tuvimos, pero sublimados por la gloria del Cielo".