"El infierno consiste en la condenación eterna de quienes, por libre elección, mueren en pecado mortal" (Catecismo de la Iglesia Católica, Compendio, 212)
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sábado, 18 de enero de 2020
martes, 29 de noviembre de 2016
Así responde Padre Fortea a quienes lo acusan de “condenar” a Fidel Castro al infierno

REDACCIÓN CENTRAL, 29 Nov. 16 / 04:20 pm (ACI).- Ante la controversia suscitada por su “Elegía a Fidel Castro”, en medio de acusaciones de haber condenado al fallecido dictador cubano al infierno, el famoso teólogo español José Antonio Fortea publicó una segunda parte de sus reflexiones sobre su muerte.
En su nuevo texto, titulado “Elegía a Fidel Castro (II parte): cuando el Destino nos alcance”, el P. Fortea precisó que “jamás he afirmado que Fidel Castro esté en el infierno. Ni lo he dicho ni lo he escrito ni lo pienso”.
“Solo digo que Fidel Castro, después de toda una vida repleta de acciones gravísimas, acciones que llevan a la condenación eterna, sin que nos conste su arrepentimiento en ningún momento de su larga vejez, ha afrontado el juicio inapelable y riguroso de Dios. Solo he dicho eso y nada más que eso”.
El sacerdote español indicó que “nada sé del juicio divino acerca de esa alma en concreto. Pero del juicio en general sé lo que nos ha dicho Dios: porque el juicio será sin misericordia para el que no ha mostrado misericordia”.
El P. Fortea dijo que “si matando, persiguiendo a la Iglesia, torturando, robando y oprimiendo la posibilidad de que se nos otorgue la salvación eterna fuera exactamente la misma que orando, ayunando, sacrificándose y viviendo en pobreza, entonces el camino del Bien y la virtud sería un camino que llevaría al Cielo lo mismo que el camino del mal y del vicio”.
“No sé, pero tengo la sospecha de que la Biblia no dice exactamente eso, ni algo parecido, ni algo que lejanamente suene a eso. Si no recuerdo mal, ¿Jesús no nos habló de dos caminos, uno de los cuales llevaba a la salvación y el otro a la condenación?”.
El famoso teólogo subrayó que “yo creo en el Dios de la Biblia, no en el Dios del buenismo. A los buenistas les da lo mismo todo, porque a su dios le da lo mismo todo”.
Sin embargo, precisó, “os aseguro que al Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob no le da lo mismo todo. Cada acción tiene sus consecuencias. Y hay acciones que tienen consecuencias eternas. Hay acciones que matan el alma. Hay actos que llevan al infierno”.
“¿Dónde está Fidel Castro ahora? Os lo voy a decir, porque os aseguro que lo sé: o está en el lugar donde hará penitencia y no saldrá hasta pagar incluso la última pequeña moneda, o está en el lugar donde ya no tiene que hacer ninguna penitencia, porque la sangre de Cristo no fue derramada por él y su nombre no se encontró en el Libro de la Vida”, finalizó.
(https://www.aciprensa.com/noticias/asi-responde-padre-fortea-a-quienes-lo-acusan-de-condenar-a-fidel-castro-al-infierno-59940/)
La dura reflexión del Padre Fortea sobre el destino eterno de Fidel Castro
Esta vida es una prueba, en la que debemos decidir cuál queremos que sea nuestro destino en la eternidad: o con Dios, en el Cielo, o sin Dios, en el Infierno.
No debemos desaprovechar las oportunidades que Dios nos da para la conversión, como por ejemplo, una larga vida terrena, porque si morimos impenitentes, impenitentes quedaremos para toda la eternidad.
Aún siendo un dictador cruel y un tirano despiadado, deseamos, de todo corazón, que Fidel Castro haya muerto en paz con Dios. Lo deseamos de todo corazón, a pesar de todos los crímenes e injusticias que cometió en su vida terrena.
Por David Ramos
REDACCIÓN CENTRAL, 28 Nov. 16 / 08:42 pm (ACI).- El famoso teólogo español José Antonio Fortea reflexionó sobre la reciente muerte del dictador cubano Fidel Castro, y aseguró que “Dios le dio 90 años a su alma para cambiar, para entender, para pedir perdón”.
En un artículo publicado en su blog, con el título Elegía a Fidel Castro, el P. Fortea señaló que la larga vida que Dios le concedió al dictador cubano debieron ser dedicadas a “pedir perdón a sus millares de víctimas, a sus millones de oprimidos, pedir perdón a Dios, a sí mismo”.
“Perdonarse a sí mismo para seguir viviendo con dignidad, para no vivir bajo el remordimiento, bajo el peso de una culpa abrumadora, para no vivir como Macbeth, como un animal acorralado, acorralado y mordido por su propia conciencia”.
Castro, que se hizo con el poder en Cuba tras derrocar al dictador Fulgencio Batista en 1959, gobernó durante casi 50 años, tras los cuales cedió el poder en la isla a su hermano, Raúl.
La noche del 25 de noviembre de 2016, en un mensaje televisado a la nación, Raúl Castro anunció la muerte de Fidel.
El régimen de Fidel Castro ha sido repetidamente acusado de violaciones a los derechos humanos, con múltiples encarcelamientos a opositores políticos, así como de miles de ejecuciones.
La represión alcanzó además a los defensores de la vida desde la concepción. El Dr. Óscar Elías Biscet fue encarcelado por cerca de 12 años por denunciar los abortos y asesinatos de niños nacidos vivos que se realizan en los hospitales públicos cubanos.
La Iglesia también fue víctima de la represión del régimen comunista, con férreas restricciones al culto. Recién en diciembre de 1998, meses después de la visita de San Juan Pablo II a Cuba, el gobierno permitió que se celebre nuevamente, después de varias décadas, la Navidad.
Para el P. José Antonio Fortea, “el tiempo se ha acabado para Fidel Castro. Ahora ya no hay poder sobre la tierra ni santo ni ángel que pueda otorgarle el perdón”.
“Él, que sentenció a tantos, si ahora está sentenciado, ya no encontrará perdón ni en este mundo ni en el cielo”.
“Castro, que no tuvo piedad de tantos que suplicaron misericordia, si ya no ha encontrado perdón, ya no lo encontrará nunca”, dijo el sacerdote español. “Él que hizo un infierno de la vida de muchos, si ha entrado en el infierno, ahora sufre con los ojos abiertos”, añadió.
El P. Fortea señaló que para Fidel Castro “ahora no le son de ninguna ayuda ni todas las manifestaciones multitudinarias en la Plaza de la Revolución que se puedan convocar en su honor ni todos los artículos que el diario Granma escriba loándolo ni todos los discursos del Partido que lo ensalcen hasta las nubes”.
“Ahora está solo, con su alma. Encerrado en la terrible prisión de su alma. En el reino oscuro de Satanás o en las prisiones inmateriales del lugar de purificación su destino le estaba esperando. Durante 90 años, su destino eterno le estaba esperando”.
El famoso teólogo señaló que sea que Fidel ahora esté en una morada o en otra, “lo que no os queda ninguna duda es que la Justicia ha recaído sobre su pequeña y miserable alma”.
“La única duda, la única, es si su espantosa situación durará siglos, o siglos sin fin”, concluyó.
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martes, 25 de noviembre de 2014
domingo, 9 de junio de 2013
El famoso exorcismo de Marta realizado por el padre Fortea hace una década
[2013-06-09]
El caso más notorio de exorcismo documentado.
El caso de Marta representa un ejemplo de posesión demoníaca enormemente difícil de tratar. En él, más de cuarenta demonios tomaron parte. Es uno de los más largos y complejos que se conocen hasta la fecha. El Padre Antonio Fortea, quien a la fecha es el mayor exorcista de España y una autoridad mundial en el tema del exorcismo y en la Demonología en general, empezó a tratar el caso un 23 de marzo del 2002 y, según dio a entender durante una conferencia en México, recién en el 2008 el caso fue solucionado.
Por tratarse de un caso tan bien documentado, hacemos un extracto y presentamos videos al respecto.
FUE UNA GUERRA CONTRA MÁS DE 40 DEMONIOS
Como pocos, del exorcismo de Marta se puede decir que ha venido dándose como una verdadera guerra entre los espíritus de la luz y los demonios. La razón de esto es que todo comenzó con una secta satánica en la que Marta estuvo involucrada y en la que un chico se obsesionó terriblemente con ella, canalizando en parte su obsesión a través de siniestros rituales de invocación que él y otros miembros de la secta han venido efectuando (y al parecer lo siguen haciendo) a lo largo de los años que el caso de Marta ha durado. Por ello, los rituales mencionados han estado actuando como una fuente desde la cual han sido convocados todos los demonios que han atormentado a Marta, ya que todos y cada uno de esos rituales fueron efectuados con la finalidad precisa de enviar determinados demonios a tomar control de Marta. Allí tendríamos entonces el primer frente de combate, el de La Oscuridad, conformado por Zabulón, Satanás, Lucifer, Belcebú, Fausto, Azabel, Perfidia, Odio, Jánser y otros demonios más. En cuanto al segundo frente, el de las fuerzas de La Luz, ha tenido como combatientes al Padre Fortea, a la madre de Marta (que ha colaborado con incesantes oraciones), a San Jorge, Santa Teresa y otros santos como presencias ocasionales, al Arcángel San Miguel, a Jesús, a La Virgen, a todos los hombres y mujeres que estuvieron junto al Padre Fortea en las sesiones de exorcismo, a la propia Marta (que ha resistido en la medida de sus fuerzas al Maligno) y a muchos otros que por economía verbal o desconocimiento se omiten ahora.
Otro aspecto importante de este exorcismo es que, sobre todo gracias a la narración que de aquel hace el Padre Fortea en Summa Daemoniaca, se ha conseguido un material importantísimo para entender no solo el pensamiento y la naturaleza de varios demonios sino también ciertas cuestiones teológicas. Esto, al igual que en otros casos de exorcismo pero en una medida mucho mayor, se posibilitó porque muchas veces los demonios fueron obligados a hablar, porque eran muchos los demonios, porque el caso ha tenido una extensión inusitada y, desde luego, porque dentro de su narración el Padre Fortea dio una importancia particular a todas las declaraciones que obtuvo de los demonios que atormentaban a Marta.
Por último, solo cabe advertir que, cuando el padre Fortea escribió sobre el caso de Marta, no relató su evolución más allá del 2004. Por ello y porque ni Fortea ni nadie (aparentemente) ha dado a conocer qué sucedió en todos los años que pasaron hasta su resolución en el 2008, solo es posible dar una idea sobre las primeras etapas del proceso.
EL ORIGEN DEL MAL Y LOS INICIOS DEL COMBATE EXORCISTA
Los síntomas de Marta, una universitaria que seguía una carrera en el ámbito de las Ciencias, habían comenzado antes del 2001. De hecho, en el 2001 Marta había sido ingresada a la Unidad de Cuidados Intensivos (U.C.I.). Tenía convulsiones, volteaba los ojos, gritaba como desaforada; pero, hasta el momento, no daba ningún indicio incuestionable de estar bajo el poder de algún mal sobrenatural. Doce fueron los días que Marta estuvo ingresada en la U.C.I., doce largos días en que su madre no hizo otra cosa que rezar y rezar por la salud de su hija.
Una vez que concluyó el tratamiento de Marta en el U.C.I., ella y su madre regresaron de nuevo a su vida normal en aquella casa donde únicamente vivían ellas dos (el padre había muerto hace años). Todo parecía que iba a ir bien pues aparentemente Marta estaba sana; aunque, habiendo pasado apenas un poco de tiempo, la madre de Marta empezó a notar crujidos y otros ruidos sin explicación aparente dentro de la casa. Además, Marta estaba mostrando un comportamiento extraño: no quería ir a misa, a veces mostraba repulsión por las cosas religiosas (crucifijos, rosarios, cuadros, etc), bostezaba con frecuencia excesiva cada vez que su madre oraba ante ella, lanzaba de vez en cuando miradas aterradoras; se sentía agotada con frecuencia, tenía en ciertas ocasiones dolores agudos que la atacaban en cualquier parte de su cuerpo aunque principalmente en la cabeza; y, por todo ello, había empezado a experimentar serias dificultades para concentrarse en sus estudios. Hasta allí todo podría tener una explicación científica y la madre no descartaba la posibilidad de acudir a psiquiatras y psicólogos. Sin embargo, un día ocurrió algo que terminó por convencerla de que aquello con lo cual estaban lidiando no era algo natural: estando las dos juntas en el salón, Marta empezó a mover la cabeza cual si fuera un chamán o un místico en trance, luego se quedó completamente quieta y entonces, aquel pesado butacón en el que ella estaba sentada, se levantó del suelo y se quedó flotando a aproximadamente un palmo de distancia del suelo…
Una entidad infernal estaba allí y había que hacer algo. Fue así que la madre de Marta emprendió un largo “peregrinaje eclesiástico” en busca de ayuda. En sus inicios fueron donde el obispo de su diócesis pero éste les recomendó un psiquiatra y le ordenó a su secretario que no les volviera a permitir una audiencia con él; luego, tras ir al psiquiatra, solo obtuvieron un informe según el cual la chica estaba sana; desesperadas, fueron a varias iglesias encontrando en todas una negativa a atender el caso. Sumado a las negativas, estaba el hecho de que Marta había comenzado a mostrar unas contorsiones mucho peores, unas contorsiones en que se arqueaba hasta medio metro por encima de la cama; ante eso, la madre acudió a un sacerdote en el cual tenía ciertas esperanzas pero, en vez de encontrar ayuda, encontró una actitud despreciativa y la recomendación insultante de que ambas fueran a un psiquiatra…Nadie quería ayudar y el tiempo pasaba, por lo cual la madre de Marta se desesperó aún más y, en el menor tiempo posible, visitó a un gran número de sacerdotes y otros religiosos (monjes, monjas, etc), encontrando no solo gente indispuesta sino cruel como aquel jesuita que, cuando Marta se echó a llorar e implorarla ayuda en el confesionario, él la sacó con rudeza y desprecio.
Tras mucho intentar, consiguieron algo un día en que habían acudido a un viejo sacerdote de su parroquia al que veían por vez primera. Y es que, justo cuando estaban los tres en la iglesia, Marta fue arrebatada por un demonio y empezó a revolverse y gritar ante el crucifijo del altar. Tan grotesca fue la forma en que lo hizo que el anciano sacerdote dijo que había recibido el “susto de su vida” y, aterrado ante lo que presenció, le insistió al obispo para que enviara un exorcista. Pero, lejos de ser esa la solución, el exorcista que enviaron parecía ser alguien que estaba improvisando en ese campo ya que, según cuenta el Padre Fortea, no solo que no sabía muchas técnicas de exorcismo sino que, entre otras cosas, cada vez que la poseída incrementaba los gritos ante las recitaciones de oraciones, el exorcista se detenía siendo sabido que en esos casos lo que hay que hacer es orar con más fuerza e insistencia. Finalmente, el pobre e inexperto exorcista terminó enfermándose como consecuencia del impacto que le producían las sesiones de combate con las fuerzas de El Maligno; y, tan severa fue la crisis de salud en que entró, que tuvo que cancelar el proceso de exorcismo y pese a eso permaneció enfermo por meses…
Paralelamente a todo lo anterior, Marta y su madre continuaban en la universidad y el trabajo y, estoica y abnegadamente, habían guardado y seguirían guardando la firme resolución de no decir nada sobre el tema de la posesión a familiares o amigos.
Pero a pesar de todo debían seguir intentando, por lo cual la madre de Marta se encargó de conseguir los números de todas y cada una de las diócesis de España, obteniendo en cada diócesis la respuesta de que no había exorcista alguno que pudiese ayudarlas (¡a pesar de que antes ya habían estado con uno!) y de que lo único que podían hacer era acudir a un psiquiatra. Afortunadamente, la madre de Marta había terminado por enterarse del gran exorcista romano Gabriel Amorth; el cual, muy sensatamente, les comunicó que no tenía sentido que fueran a Roma y que lo que tenían que hacer era buscar un exorcista en España.
Hasta allí todo parecía perdido; mas, sin que haya pasado mucho tiempo, la casualidad quiso que ambas terminasen por enterarse del Padre José Antonio Fortea. La ayuda, tras largos meses de angustias y fracasos, había arribado a sus vidas. Así, el Padre Fortea se entrevistó con ambas y, luego de asegurarse de que el caso presentaba todas las condiciones necesarias para ser catalogado como una auténtica posesión demoníaca, aceptó tomar las riendas del asunto e iniciar el proceso el 23 de marzo del 2002. De su parte, madre e hija solo tendrían que poner el tiempo, el esfuerzo y el dinero (que no era mucho) para trasladarse cada cierto tiempo a la diócesis de la ciudad de Alcalá de Henares, diócesis en la que trabajaba el Padre Fortea.
En la primera sesión (23/03/2002), el Padre Fortea trajo a cuatro personas para que le ayuden a orar y a sujetar a la poseída en caso de ser necesario. Dos fueron las horas que estuvieron orando; después, ya en medio proceso de exorcismo, Fortea le ordena (en nombre de Jesucristo) al demonio que diga cuántos hay dentro de la chica y él responde que “cinco”, mostrándose así desde sus inicios la dificultad del caso. Luego, y es aquí donde se confirma la raíz del caso expuesta mucho antes, el Padre Fortea le pregunta al demonio que cómo entró en la chica y, tras tener que obligarlo a responder en nombre de Jesús, él nos cuenta que: ‹‹Al final respondió. Pero cuando lo hizo yo no entendí nada. Era el nombre de un chico. ¿Qué significaba aquello? La madre me dijo que era el nombre de un compañero de clase de su hija. En latín volví a insistir en que me dijera de qué medios concretos se había servido para entrar en esa persona. Tras insistir yo en mi orden, la respuesta entrecortada que obtuve fue “hechizo de muerte”. Todo estaba claro. La enfermedad que había padecido y que casi la había matado era el fruto de un hechizo que había llevado a cabo ese chico. Por las muchas oraciones de su madre, Marta se había salvado, pero había quedado posesa. Normalmente este tipo de cosas no suceden aunque alguien haga un hechizo, pero cuando se invoca a estas fuerzas demoníacas cualquier cosa puede pasar. Cuando una persona va a Misa y se confiesa está protegida por Dios. Y probablemente si hubiera rezado el Rosario hubiera estado protegida. Pero solo con la Misa, y aun confesándose de vez en cuando, no fue suficiente para que el hechizo no hiciera efecto en su cuerpo en forma primero de enfermedad y de posesión después.››
Tras esa sesión vinieron innumerables sesiones a razón de una cada semana, sesiones en las que en general acudían cuatro o cinco personas como ayuda para orar (el Rosario sobre todo) o sujetar a la poseída, sesiones en las que la madre de Marta solía pasar horas arrodillada en el piso repitiendo Rosario tras Rosario…De aquellos exorcismos, nos dice Fortea que nada recordaba Marta, que solo “tenía una vaga sensación como de haber pasado por una pesadilla”.
En cuanto a los cinco demonios descubiertos en la primera sesión, cuatro de ellos (Fortea omite el nombre de uno de ellos) eran los siguientes: Fausto, Perfidia, Azabel y Zabulón. Todos, a excepción de Zabulón, salieron a lo largo de ocho sesiones. Para expulsarlos, además de los métodos generales, Fortea necesitó encontrar lo que más atormentaba a cada uno; siendo que, por ejemplo, a Azabel curiosamente le resultaba insoportable oír el sonido que hacía la madre de Marta al besar su crucifijo.
Zabulón, que según investigaciones de Fortea había sido mencionado en escritos medievales y había aparecido cuatro veces en la historia siendo la penúltima en los exorcismos del Padre Candido Amantini (maestro del gran exorcista Gabriel Amorth), era un demonio que se resistía a salir y al que atormentaba particularmente el ser obligado a recitar fragmentos de la Biblia, sobre todo de aquellas partes como el Evangelio de San Juan en que se menciona a Dios como Luz. Dentro de esa aversión de Zabulón, algo que resultó sorprendente fue que en varias sesiones, sin que se lo obligue a decir la frase, él dijo con rabia y pesar lo siguiente: ‹‹Yo vi la luz y me alejé de ella››. Cuenta también el Padre Fortea algo que resulta hilarante y llamativo en relación a Zabulón; dice: ‹‹Cuando se le ordenaba que besara una estampa de la Virgen le daba mordiscos. Sin embargo, a pesar de esta rebeldía, cuando se le ordenaba beber el agua bendita en nombre de Cristo, la bebía. Aunque había que ordenarle después que la tragara. Pues de lo contrario más de una vez algún poseso me ha regado la cara varios minutos después con el contenido de su boca.››
De entre todos los demonios que pasaron por Marta, Zabulón fue uno de los que dio declaraciones más valiosas e interesantes. Una de ellas resultó particularmente polémica y tuvo al Padre Fortea sumido en profundas cavilaciones hasta que por fin encontró una solución lógica que le permita comprender cómo la declaración de Zabulón podía ser verdadera y a la vez Escrivá de Balaguer (fundador del Opus Dei) ser santo, puesto que la declaración de Zabulón había sido dada bajo obligación en nombre de Cristo —recuérdese que la teoría eclesiástica del exorcismo dice que, si un demonio habla obligado por el nombre de Cristo, no miente— y según esa declaración José María Escrivá de Balaquer no era santo. La solución de Fortea fue que, ya que cuando el demonio emitió esa declaración Escrivá de Balaguer no había sido canonizado, aquel era entonces santo por derecho (tenía la condición moral y los méritos necesarios para ser canonizado, tenía derecho a la canonización) pero aún no era santo de hecho (esto es: santo según el veredicto de la Iglesia expresado en la canonización): de ese modo la figura de Balaguer seguía impoluta y, el postulado de que los demonios no mentían bajo el nombre de Cristo, se salvaba de ser contradicho. Sin embargo es evidente que el Padre Fortea se había auto-engañado con un refinado sofisma y que el demonio había dicho una verdad llana en tanto que había dicho que José María Escrivá de Balaguer no era santo en ningún sentido (ni de hecho ni de derecho). La información que avala esto es numerosísima en la web y nos permite comprender que José María Escrivá de Balaquer era un misógino, un enfermo mental y sexual, un tipo colérico y autoritario; y que, sin lugar a dudas, la canonización de José María Escrivá de Balaquer fue un fraude porque se omitieron los elementos contrarios a la misma. Finalmente, el asunto de la tan polémica (y real) declaración del demonio Zabulón se puede apreciar muy bien en las siguientes palabras del Padre Fortea: ‹‹Solo una vez por más que le di vueltas pensé que Zabulón me estaba engañando por más que insistí en mi orden, el hecho me dejó muy perplejo. En un momento dado invoqué a varios santos. En mi oración en voz alta le pedí a la madre Teresa de Calcuta y a Josémaría Escrivá de Balaguer que nos ayudaran. Entonces aquella voz desagradable habló, cosa extraña pues casi nunca decía nada salvo que se le obligara a hablar. Pero en esa ocasión dijo: “ella sí que es una Santa” (la madre Teresa de Calcuta), “él no” (Josémaría Escrivá de Balaguer). Yo le repliqué al momento diciéndole que estaba mintiendo. El demonio me dijo: “piensa lo que quieras, pero no es Santo”. Le dije que creía a la Iglesia, y si la Iglesia me decía que Josémaría Escrivá era Santo pues lo era, y punto. Y es más, quise comprobar el poder del nombre de Cristo y le ordené que dijera la verdad. Pero ante mi sorpresa, por más que se lo ordené se mantuvo en su afirmación sin ceder››
Luego de Zabulón desfilaron muchos otros demonios por la pobre Marta; pero, ya que no se tiene un registro completo de todo o de la mayor parte del proceso de exorcismo de Marta, poner todas las sesiones de exorcismo que se han relatado o incluso la mayor parte de las mismas, carecería de sentido en el contexto de este artículo. Por ello, a continuación lo que se expondrá será lo siguiente: primero, una lista con todos los demonios que han pasado por Marta y han sido nombrados en lo que el Padre Fortea escribió sobre el caso; segundo, una selección de los fragmentos más reveladores e impactantes de lo que el Padre Fortea ha redactado en torno al caso de Marta.
LOS DEMONIOS DE MARTA: LISTA INCOMPLETA DE UN BATALLÓN INFERNAL
Satán, Lucifer, Belcebú; Judas Iscariote; Dolor, Tristeza, Desesperación, Agonía, Enfermedad, Veneno, Muerte, Miedo, Desconfianza, Negación, Separación, Discordia, Maldad, Odio, Perversión, Dureza, Soberbia; No, Isomnio; Noise (“Ruido”); Herir; Jaizel, Jaisander (“El que negó a Dios”), Jaim (“Oscuro”), Jasar (“Muerte”), Jael (“Pesar”), Jaister (“Perdición”), Jaislashenka, Jánser (“La luz que se apagó”); Ledeseil (“Desobediencia”), Belseinhagen (“El que se hundió en la miseria y las tinieblas de Dios”), Fireflea (“Pulga de fuego”), Zabulón (“Morada”), Kadetdsar (“Impuro”), Daheinsea (“Maldad”), Sadrechachán (“Separación y Miedo”), Haissa (“Hundido”), Zafa; Judas Iscariote
FRAGMENTOS REVELADORES E IMPACTANTES
Sobre el porqué de la negativa divina a dejar salir a un demonio:
‹‹En un momento dado decidí preguntarle por qué no salía. Le ordené en nombre de Jesús que me respondiera, insistí, perseveré en la pregunta. Finalmente dio una respuesta, quizá la única respuesta que yo no me esperaba A la pregunta de por qué no salía, la respuesta había sido: yo quiero salir. A la pregunta de por qué entonces no salía la respuesta era: Dios no me deja. Aquello era el mundo al revés. Aquello subvertía todos mis esquemas. El sacerdote tratando de hacer salir al demonio, el demonio queriendo salir y Dios que no le dejaba salir. Aun así, confiando más en Jesús en el Sagrario, hice con Fe, en un supremo esfuerzo de Fe, la pregunta: en el nombre de Jesús te ordeno que me digas por qué Dios no deja salir. El demonio dijo únicamente cuatro palabras. Musitó con rabia cuatro sencillas palabras: para que se conciencien. De pronto todo tenía sentido: las respuestas anteriores, lo mucho que se estaba prolongando el caso…[…]…La madre entendió perfectamente desde ese día que la concienciación era parte integrante de la liberación de su hija. El caso de Marta no era un caso más, era un caso-signo. Un caso de posesión dado como signo para que mucha gente creyera.››
La terrible voz de Satanás:
‹‹Aquella mañana, en la posesa se encontraba solo Satán. Al principio de la sesión le pregunté: ¿cuántos estáis? la respuesta fue: YO. Lo dijo con una voz terrible. Escuchar a Satán es impresionante, su voz es la peor, la que más odio denota. Las oraciones en aquella mañana siguieron. En un momento dado hizo gesto en el aire con la mano de querer escribir. Pero fue San Miguel el que se comunicó con nosotros a través de la escritura, pues nos escribió lo siguiente: tenéis que tener fe, queda poco. Los ángeles no hablan a través de los posesos, pero aquel caso iba a ser especial.››
La primera manifestación verbal de San Miguel en la lucha por liberar a Marta:
‹‹Él (Jánser) insistió que Satán no le dejaba, cuando le pregunté al demonio qué tipo de poder era ese me respondió con un lacónico tú no lo entenderías. Al final, tras mucho invocar a San Miguel, vino. Tras salir habló a través de ella San Miguel. Hasta entonces San Miguel se había comunicado con nosotros escribiendo, pero no hablando. Era la primera vez que lo hizo, también la última. Su voz, a diferencia de la del demonio, era bella. Más bella, incluso, que la de Marta cuando estaba en estado normal. Era una voz que transmitía paz, serenidad, amor y bondad, una gran bondad y ternura. Todos nos emocionamos. Aquella voz nos dijo que tuviéramos fe, que vendría un gran bien para toda España de todo esto. Como es lógico aquella escena fue tan impresionante, que ningún escrito puede reflejar la emoción de ese momento, todos estábamos llorando.››
Un truco revelado por San Miguel en una sesión de exorcismo:
‹‹Estamos solos la madre, la hija y yo. Y tres demonios. Pronto contestó el inferior que además de Satán y Lucifer estaba otro llamado Odio. Hacerle la señal de la Cruz era lo que más le atormentaba. Yo le hablaba del amor de Jesús, del amor de Dios. En un momento dado, y sin hacerle ninguna pregunta, hizo gesto de querer escribir. Al ponerle las hojas sobre el vientre escribió con una letra distinta a todas las letras anteriores: las cruces en la cabeza/casi ninguno las soporta/ muy importante hazlo a todos cuando vengan a ti/ a ninguno [de los demonios] le gusta signo tú hacer siempre. Estas líneas se las obligó a escribir San Miguel, para que supiera cómo hacer para descubrir a los demonios que se ocultan cuando un sacerdote trata de discernir si alguien está poseso. Y es verdad que el padre Amorth siempre hacía sus oraciones con un gran crucifijo en la mano con el que hacía cruces en la cabeza cuando alguien llegaba a ver si estaba poseso.››
Sobre lo que la Madre de Marta le contó que el demonio había escrito con la mano de su hija:
‹‹Me llamó la madre por teléfono para decirme que en casa había escrito lo siguiente:
No salvación a los hijos de Satán no salvación.
libertad
el nunca feliz
no [se da] cuenta.
No salvación a los hijos de Satán.
Aviso nesta última palabra estaba metida en un recuadro doble]
los pactos hacen eso. No [metido en un recuadro] salvación.
Tú no entender nada. No Pedro almas perdidas
[Eso lo dijo porque la madre comentó que Pedro sería como un alma perdida. Pero quedaba claro que no, que iba hacia la condenación]
La voluntad lo niega
[Porque la madre antes había dicho que las almas perdidas no niegan a Dios]
Él lo odia.››
‹‹Yo no quiero que nadie rece, quiero que la gente no crea en
Dios. Quiero perder el máximo de almas posibles y llevarlos
a la más completa desesperación y pena, a la destrucción.
Los seduzco con falsas promesas que nunca cumplo para
atraerlos a la oscuridad. Hay gente que sin saberlo se va hundiendo
poco a poco porque no me ven.
No saben que detrás de “pequeños” vicios estoy yo
[La palabra ‘pequeños’ la escribió entre comillas y ‘yo’ dentro de un recuadro]
San Miguel me obliga a escribir porque ellos deben saber
para poder defenderse y no caer en mis redes. Yo busco su
perdición. La gente debe volver a Dios de forma intensa,
rezar, hablar con Dios, pedirle lo que necesitan, Él los escucha
siempre. Yo influencias fuertes para que la gente no crea.
Les inculco no creencia, no moral, nada es pecado, todo está
bien, les incito a la destrucción.
Los odio.
Ellos no se dan cuenta.
las cosas deben cambiar.
Tienen que saberlo: cuanto más se alejan de Dios más actúo
yo soy Satán.
Reza por ella lo necesita mucho. Tranquilas. Es pasajero, pasará››
Un criterio para reconocer la ayuda invisible en los exorcismos:
‹‹Cuando en un momento determinado de un exorcismo (normalmente hacia el final de la sesión), un poseso grita y aúlla como si estuviera en los peores momentos de las conjuraciones del ritual y el exorcista no hace ni dice nada, es que ha venido un ángel o un santo y ha entablado una lucha invisible con él. En esos momentos el exorcista es mejor que ore en silencio, para sí, sin estorbar la acción del ángel con el demonio››
En la expulsión del demonio Isomnio:
‹‹Así que opté sólo por orar y ordenarle que saliera. Después de tres rosarios, estaba yo orando en lenguas cuando de pronto comprobé con turbación que sólo me salía de la boca un sonido hecho sólo con los labios y no articulado con la garganta, un sonido que sonaba a un breve y repetitivo “psi”. Hubiera querido orar otra cosa, pero de mi boca sólo salía ese bisbiseo en voz muy baja que decía: psi, psi, psi…[…]…Aunque, ese psi, psi, psi a mí no me sonaba a nada que pudiera tener un significado, sin embargo, le producía una verdadera tortura al demonio. Al final salió. Y al siguiente demonio le pregunté cuál había sido la causa de que saliera. Y repitió ese sonido que yo pronunciaba ¿Pero qué significa?, le dije. Espíritu de Dios, fue su respuesta. Aquel sonido me parecía que difícilmente podía pertenecer a una lengua, así que le ordené que me dijera a qué lengua pertenecía. No dijo nada. Entonces dije a todos que rezáramos un avemaría para que nos dijera a qué idioma pertenecía aquel sonido extraño. El demonio no dijo nada, pero mientras rezábamos muy concentrados el avemaría comprendí que era griego.››
Una extraña teoría sobre los condenados al Infierno (palabras que el Arcángel Miguel obliga a pronunciar a Satanás a través de la boca de Marta):
‹‹Dios tiene compasión de todos. Con que en un momento de sus vidas piensen en Dios, ya tienen posibilidad de salvarse. El demonio quiere corromperlos, hundirlos completamente y cuando ya sean suyos que no puedan salir, entonces los mata, el demonio los mata, acaba con ellos, para que sean completamente suyos. Pero Dios les da muchas oportunidades para que se salven, muchas oportunidades, un leve resquicio donde entre un poco de luz y se puedan salvar. Por eso viven tiempo. Cuando ya después de muchas, pero que muchas oportunidades, han decidido completamente con voluntad ser de Satán, entonces se mueren y se convierten en demonios.››
Sobre los viajes astrales (diálogo entre Fortea y San Miguel haciendo hablar a Satanás con la boca de Marta):
‹‹En ese momento, en voz muy baja, le pregunté yo si el demonio estaba en la práctica del péndulo (radiestesia) y en los viajes astrales. Respondió con un breve sí. Después le pregunté si en las dos cosas, a lo que también respondió afirmativamente.
—¿Siempre? Le pregunté.
—No
—¿No siempre?
—No. Hay casos que sí, pero hay casos que no.
—¿Hay algún modo de distinguir?
—Rezando
—¿Los hombres pueden practicar viajes astrales si rezan?
No es recomendable. En algún caso especial no vendría mal. Pero sólo en casos excepcionales, como regla general no.››
Fuentes: Demonología, Signos de estos Tiempos
Fuentes: Demonología, Signos de estos Tiempos
miércoles, 14 de noviembre de 2012
Un exorcismo impactante realizado por el P. Fortea
He aquí lo que narra Jose Manuel Vidal, cronista religioso de El Mundo, que antes de asistir a un exorcismo -realizado por el P. Fortea, reconcido demonólogo y exorcista- era incrédulo sobre el diabo, pero tras la asistencia constató su verdadera existencia:
"-«Hic est dies» (éste es el día), dice el exorcista con el crucifijo en la mano.
-No, responde una voz ronca de hombre que sale de la garganta de la posesa, una preciosa chica de 20 años.
-«Exi nunc, Zabulon», (sal ahora, Zabulón), repite el sacerdote.
-No.
-¿Por qué no quieres salir?
-Para servir de testimonio.
-¿De testimonio de qué?
-De que Satanás existe.
Se corta la tensión en el ambiente penumbroso de la capilla. Satán luchando contra Dios. Una batalla a la que asisto atónito y en primera fila por primera vez en mi vida. «Esta debe de ser la razón por la que me invitó a presenciar el exorcismo. El diablo quiere publicidad», pienso en medio del shock. Mi mente gira a toda velocidad. Estamos en el clímax de un ritual que, hasta ahora, no encajaba en mis esquemas. Y eso que en el seminario los curas siguieron alimentando mi miedo infantil al Maligno, siempre dispuesto a tomar posesión de un alma. Después del Concilio Vaticano II, el dogma de la existencia del diablo pasó a ser una «parte vergonzosa de la doctrina» y, como tantos otros católicos, también yo prescindí de ella.
El exorcista, José Antonio Fortea, párroco de Nuestra Señora de Zulema, está exhausto. Y eso que sólo tiene 33 años. Pero lleva ya más de una hora luchando, crucifijo en ristre, contra Satanás. Marta (nombre ficticio de la posesa), en cambio, se encuentra tan fresca como al principio y no deja de rugir, bufar, revolverse y agitar su cuerpo como un resorte. Con una fuerza inusitada para una chica de 20 años, más bien menudita y de rasgos dulces. Son las 12,30 de la mañana de un día cualquiera y llevo hora y media presenciando un exorcismo.
Un par de días antes, recibí en mi móvil una llamada especial. Especial no por ser de un cura (recibo muchas), sino por ser de un exorcista católico (hay un par de ellos en España) que suelen mantenerse muy alejados de los periodistas. Quiere invitarme a presenciar un exorcismo. Me quedé de piedra. Asistir a un exorcismo oficiado por un sacerdote autorizado por el Vaticano es un auténtico caramelo para alguien especializado en información religiosa. Hasta ese momento y a pesar de llevar más de 20 años en la profesión, lo único que había conseguido fue entrevistar al exorcista oficial de Roma, el padre Gabriel Amorth. Ya entonces, al dedicarme su libro había escrito: «A José Manuel, con mi gratitud y con la advertencia de no tener jamás miedo del diablo».
Confieso que por miedo decidí devolverle la llamada al padre Fortea y pedirle que dejase venir conmigo a un compañero de la agencia EFE, también especialista en información religiosa. Aceptó. Nerviosos, el día señalado nos desplazamos en coche hasta la diócesis de Alcalá. Era un día radiante. Llegamos a la parroquia con mucha antelación. Cuestión de prepararse psicológicamente. Por el camino, bromitas y nervios. El exorcista nos había citado en su parroquia, una iglesia moderna, de ladrillo rojo, situada entre pinos. El interior, sencillo y limpio. Con un retablo y una gran cruz en medio. En un lateral, la pila del agua bendita con una inscripción: «El agua bendita aleja la tentación del demonio».
A las 10,30, el exorcista sale del templo y viene a nuestro encuentro. Es alto y delgado. Lleva gafas y una barbita bien recortada. Su aspecto impone. Quizá, por relacionarlo con su profesión de echador de demonios. Embutido en una sotana de un negro inmaculado, su tez blanquecina y su frente despoblada todavía resaltan más. Nos invita a dar un paseo para ponernos en antecedentes del caso.
SIETE DEMONIOS
«No soy ningún showman ni quiero publicidad. Si estáis aquí es porque os necesito para liberar a la chica. Tendréis que ser muy prudentes. No podréis dar pista alguna que permita la identificación ni de la muchacha ni de su madre. Preferiría que tampoco me nombraseis a mí, pero acepto ese sacrificio en aras de una mayor credibilidad. Pero sólo Dios sabe lo que me cuesta y los problemas que me puede acarrear. Y no tengáis miedo. A vosotros no os pasará nada». Insiste en la seriedad del tema. Asegura que en el Antiguo Testamento aparece 18 veces la palabra Satán. Y en el Nuevo Testamento, 35 veces la palabra diablo y 21 la palabra demonio. El propio Jesús hizo muchos exorcismos o lo que los Evangelios llaman «expulsar demonios». Fortea recuerda también que Juan Pablo II ha realizado al menos tres exorcismos reconocidos y advierte que la creencia en el diablo constituye uno de los pocos rasgos comunes a la práctica totalidad de las religiones. «Es el punto ecuménico por excelencia». Aprovecha para hacer un pequeño repaso por las distintas religiones y épocas históricas y las diversas teorías. Sigo mostrándome incrédulo. Me da la sensación de que trata de condicionarnos buscando justificaciones en la Historia.
Para hacerlo aterrizar en lo concreto, le preguntamos detalles del caso. Nos cuenta que se trata de un chica poseída por siete demonios. Que ya expulsó a seis, pero que el último se resiste. «Se llama Zabulón, es un diablo casi mudo pero muy inteligente. Su nombre ya sale en la Biblia. Siempre queda el jefe para el final. Llevo ya 16 sesiones y todavía no he conseguido expulsarlo, cuando en los casos más normales, basta con dos o tres». No quiere dar más detalles de la endemoniada. Sólo dice que vendrá acompañada por su madre, «que es una santa», y que la posesión se debió a un hechizo que le hizo una compañera de instituto, a los 16 años. «En una de las primeras sesiones le pregunté cómo había entrado y me respondió un nombre que yo no conocía. Su madre me dijo que era una compañera de clase, que había invocado a Satán para hacer un hechizo de muerte contra ella. Y de hecho, primero estuvo gravísima y a punto de morir. Una vez que sanó, comenzaron los fenómenos raros».
Desde entonces, su madre empieza a detectar cosas raras en su hija: muebles que se mueven, objetos que se rompen y, sobre todo, una inquina especial hacia los objetos religiosos, cuando era de misa dominical. Hasta que un día, de noche, oye ruidos extraños, se levanta y, cuando abre la puerta de la habitación de su hija, la ve sobre la cama, levitando.
Como no quiere perder a su única hija, comienza a buscar remedios. Habla con el párroco, que la remite a dos famosos psiquiatras. Pero ambos diagnostican que la chica es absolutamente normal. Ninguna explicación científica para los constantes dolores de cabeza que torturan a su hija. Y entonces, María (nombre ficticio de la madre), a sus 60 años, se lanza a la búsqueda de un exorcista. Recorre casi todas las diócesis españolas. Ningún obispo quiere saber nada de su caso. Está ya dispuesta a trasladarse con ella a Italia a ver al padre Amorth, cuando le hablan de un exorcista español que acaba de salir en la tele porque ha publicado un libro, Demoniacum, sobre los exorcismos.
En ese instante vemos llegar un taxi. «Son ellas», dice Fortea. María, la madre, es pequeña, delgada. Su mirada es todo dolor: «Creo en Dios y sé que, tarde o temprano, liberará a mi hija de las garras de Zabulón. Llevo cinco años de calvario. No lo sabe nadie de mi familia. Ni mis hermanos», confiesa. María es viuda y, cada vez que se desplaza desde su casa a la cita con el exorcista (prácticamente, una sesión por semana), tiene que inventarse alguna excusa. «No lo entenderían y no quiero que mi hija quede marcada para siempre».
EL RITUAL
A su lado, Marta sonríe tímidamente. Pequeña, de grandes ojos negros, un poco tristes, tiene la cara picada de una mala adolescencia. Pelo negro, recogido en una coleta. Los labios gruesos y sin pintar, aunque contraídos en una mueca casi de dolor. Lleva unos vaqueros, un niqui azul cielo de manga corta y cuello alto y unos zapatos negros. Es guapa. Sus ojos llaman la atención, pero más que timidez desprenden miedo, mucho miedo. Me parece una chica de lo más normal que, nos cuenta, estudia Matemáticas en la Universidad. «Es imposible que esté poseída», pienso para mis adentros.
El padre Fortea abre la capilla, en los bajos de su parroquia donde dice misa a diario, y vuelve a cerrar con llave por dentro. Es pequeña, acogedora. Dentro, penumbra y silencio absoluto. Fuera, un sol radiante. El exorcista pide ayuda para transportar una colchoneta forrada de plástico verde, grande y pesada, para colocarla al pie del altar. La capilla, rectangular, tendrá unos 25 metros cuadrados. Sin ventanas. En el centro, un altar enorme.Encima un mantel blanco y seis velas encendidas, amén de una gran Cruz de Trinidad, apenas iluminada por la luz mortecina de un halógeno. Al fondo, la imagen de un Pantocrátor iluminado y el Santísimo. En un lateral, una imagen de la Virgen con el Niño en brazos.
Nada más entrar en la capilla, madre e hija se preparan para el rito. Marta se pone unos calcetines blancos, mientras su madre saca del bolso un rosario, un crucifijo de unos 15 centímetros y una postal de la Virgen de Fátima, y los coloca al lado de la colchoneta. Trato de registrar el más mínimo detalle en mi mente. Sigo pensando que asisto a un montaje. Marta se recuesta en la colchoneta boca arriba, mirando a la cruz. María se arrodilla a su lado, una postura que no abandonará durante las siguientes dos horas y media. El padre Fortea reza un rato de rodillas, se quita la sotana, bebe agua y se sitúa sobre el extremo de la colchoneta más alejado del altar.
Presiento que el rito va a comenzar. Me siento, expectante, en el banco. El exorcista extiende su mano derecha y la impone sobre el rostro de la joven, sin tocarla. Luego, cierra los ojos, agacha la cabeza y susurra varias veces una plegaria ininteligible. Un alarido desgarrador, el primero, rompe el silencio de la capilla, penetra en mi alma y me pone la carne de gallina. No es humano. Es un chillido sobrecogedor y profundo el que sale de la garganta de Marta. Pero no puede ser ella. No es su tono de voz. Es ronco y masculino. El padre Fortea sigue rezando y los rugidos se suceden. Poco a poco, el cuerpo de la joven se estremece vivamente. Su cabeza se mueve de un lado a otro con lentitud al principio, con inusitada rapidez después.
«SAL, ZABULON»
Ante la salmodia del exorcista, la joven gime y se retuerce sin parar. Al instante, el gemido se convierte en rugido desgarrador, altísimo, furioso. El exorcista acaba de colocar el crucifijo sobre su vientre y entre sus pechos, mientras la rocía con agua bendita. Patalea con tanta furia que el crucifijo se cae y la madre lo recoge una y otra vez y se lo vuelve a colocar de nuevo, mientras le acerca el rosario que Marta arroja a lo lejos, con furia. Parece tranquilizarse un poco pero, inmediatamente, vuelve a rugir. No hay un momento de respiro. El padre Fortea acaba de invocar a san Jorge y, al oírlo, la joven grita, bufa, pone los ojos totalmente en blanco, arquea el cuerpo y se levanta toda entera un palmo de la colchoneta. No doy crédito.
-Besa el crucifijo, dice el exorcista.
-No.
-Jesús es Rey.
-Assididididaj.
-Secuaz de Satanás, estás en tinieblas.
-Assididididaj
-Estás haciendo mucho bien. Por tu culpa, mucha gente va a creer en Dios.
-No.
-Sal, Zabulón, te lo ordeno en nombre de Cristo. Te espera la condenación eterna. No hay salvación para ti.
Mientras el padre Fortea sigue conminando a Zabulón, las manos de la joven se han ido transformando. Son como garras. El exorcista arrecia sus plegarias y sus exhortaciones: «Hoy es el día. Sal, Zabulón. Sal de esta criatura en nombre de Dios». La joven se desata en temblores. Los gritos se elevan hasta el espanto. Y con voz ronca dice: «Asesinos». Es entonces cuando el padre Fortea le pregunta por qué no sale y Zabulón le contesta: «Para que la gente crea en Satanás».
Agotado, tras hora y media de lucha, el exorcista se levanta y sale de la capilla. Esto no puede ser una impostura ni un montaje. Hay que tener muchas agallas para dedicarse a esto. Y menos mal que los casos de posesión, según cuenta después el padre Fortea, son muy pocos. Él lleva cinco años ejerciendo y sólo ha tenido cuatro en España. Pero, mientras preparaba su tesis, asistió a otros 13 exorcismos. Se nota que tiene práctica: manda, templa, insiste y, con voz suave pero enérgica, tortura al diablo sin piedad. Con lo que más le duele. Siempre en nombre de Dios. No parece tener miedo alguno. Y eso que ya sabe lo que es ser atacado por Satanás. Una vez, en un exorcismo, dice que el diablo le hizo sentir la misma sensación y el mismo dolor que el que lleva un puñal clavado en el brazo.
Fortea sale de la capilla y mi corazón se acelera, pensando qué puede ocurrir ahora sin la presencia tranquilizadora del exorcista. Pero no pasa nada. O sí. María, la madre, coge las riendas del rito y comienza a repetir las mismas o parecidas frases del exorcista. Con calma, pero con decisión, parece no dirigirse a su hija, sino al Maligno que la posee:
-En nombre de Cristo te ordeno que salir.
-No.
-Abre los ojos y mira a la Virgen, le increpa mientras pone a su vista una postal de la Virgen de Fátima. Pero, por toda respuesta, obtiene un bufido. Entonces coge el crucifijo.
-Es tu Creador, ¿lo ves?
-Sí, dice la voz de ultratumba acompañada de rugidos y bufidos constantes.
-Míralo, Zabulón, no te resistas. Sabes que es tu día y tu hora. Ha llegado tu día y tu hora.
-Noooo...
-¿Por qué te resistes?
-Estoy harto. Ya te lo dije muchas veces.
-Di a esos señores por qué no te vas.
-Uhhhh.
-Díselo claramente.
-No quiero.
-Díselo en nombre de Cristo
-Para que crean en Satanás.
-San Jorge, ven. san Jorge, ven. Ven, san Jorge. Sal de ella san Jorge.
La posesa se detiene un segundo, sonríe y dice, con sorna:
-Sal, san Jorge...
Coge al vuelo el error de la improvisada exorcista y lo mismo hará, un rato después, con una pequeña equivocación del padre Fortea. Pero María no se da por vencida. Es una auténtica Dolorosa al pie de la cruz de su hija poseída. Me da tanta pena que también yo me arrodillo y, entre lágrimas, suplico a Dios (por lo bajo, no me atrevo a intervenir más directamente) que, por lo que más quiera, libere a Marta. Mi compañero hace lo mismo. Hacía tiempo que no rezaba con tanto fervor.
Entonces entra de nuevo el exorcista, coge una cajita con hostias consagradas del sagrario y se coloca delante de la joven:
-Mira al Rey de Reyes y arrodíllate ante Él.
-No.
-Siervo desobediente y rebelde, arrodíllate, repite el padre Fortea, mientras exhibe la hostia consagrada.
-Asesino, déjame.
-San Jorge, haz que se arrodille.
Y como un resorte, ante la mención de san Jorge, la posesa se arrodilla y el padre Fortea le hace abrir la boca para que reciba la sagrada comunión. Y continúa torturando al diablo que anida en Marta. Tras darle la comunión, coge una Biblia y recita el Apocalipsis: «Entonces el diablo fue arrojado a la lengua de fuego y azufre... allí será atormentado día y noche por lo siglos de los siglos». Y hace repetir al diablo frase por frase.
-Repite: Cuánto más me hubiera valido seguir a la luz.
-Cuánto-más-me-hubiera-valido-seguir-a-la-luz, repite a regañadientes y arrastrando cada palabra.
Y así durante un buen rato. El exorcista parece un maestro que enseña a un niño rebelde, que repite a la fuerza, entre bufidos y alaridos, frases como éstas: «Señor, tú eres Rey. Yo soy tu criatura. Nada escapa a tu poder. Eres el Alfa y Omega...»
-Ya no más. Me estoy cansando, gruñe.
Pero el padre Fortea arrecia en su acoso, coge un banquito y se sienta ante la posesa con un crucifijo en la mano. «Hic est dies», repite con fuerza. Por un momento, creo que lo va a conseguir.
-Cuanto más tardes en salir, más gente creerá en Dios. Eres un predicador de Dios. Acércate, siéntate y besa a Cristo crucificado. Dale un beso de respeto y homenaje.
Como zombi, Marta se sienta y se acerca a la cruz. Tiene los ojos en blanco y echa espumarajos por la boca, pero besa el crucifijo. Entonces Fortea la coge suavemente por un brazo, le hace levantar y la obliga a recorrer la capilla y besar a la Virgen y al Sagrario.
-Aquí está Dios. Repite siete veces: Iesus, lux mundi. La posesa repite, pero al terminar le lanza una mirada como de fuego y le dice:
-Asesino, déjame, no puedo más. Pero el exorcista continúa un buen rato.
Ha pasado otra hora. Fortea se toma un respiro. «Ahora usted», le dice a la madre. Y sale de la capilla. Y María se inclina sobre su hija y comienza a increpar a Zabulón:
-Tienes que dejar esta criatura. Por la sangre de Cristo, déjala ya. Sus ángeles están con ella. Vienen los tres arcángeles. La Virgen te va a aplastar la cabeza...
Zabulón sigue bufando y retorciéndose, pero no parece que esté dispuesto a irse. Al rato entra de nuevo el padre Fortea:
-¿No temes la sentencia de Dios?
-Sé cual es, grita desgarrada.
SOLOS CON LA ENDEMONIADA
El padre Fortea mira a la madre: «No se va a ir. Dejémoslo por hoy». Se levanta y se va. Los gritos se detienen en seco. Noto cierta decepción en el rostro de María. Me da la sensación de que esperaba que fuese hoy. Ha pasado casi tres horas de rodillas, pero en su cara no hay signos de cansancio, sólo de cierta desilusión. Recoge con paciencia la estampa de la Virgen y el crucifijo y sale de la capilla. Mi compañero y yo nos quedamos solos con la endemoniada. Unos segundos que se hacen eternos. Nos hemos quedado pegados al banco, sin respiración. De pronto, se vuelve hacia nosotros, abre los ojos (que ha mantenido en blanco durante tres horas) y nos lanza una mirada que no olvidaré mientras viva. Sus ojos son de otro mundo. Nunca vi algo así en mi vida. Al instante, la mirada vuelve a ser la de Marta, que nos sonríe, se levanta con tranquilidad, se sienta en el banco y se quita los calcetines blancos que dobla con sumo cuidado. Noto que apenas suda, a pesar de las tres horas de ejercicio continuo. Se pone los pendientes y nos vuelve a sonreír.
-¿Cómo éstas?
-Cansada
-¿Sabes lo que ha ocurrido?
-No, no recuerdo. Y mientras nos habla, coge la estampa y el crucifijo, a los que hace un rato tanto odiaba, y los besa con cariño.
-¿Te duele la garganta?
-No.
Y su voz es tan suave como cuando llegó. Nadie diría que por esa misma garganta salieron aullidos durante tres horas.
-¿Sabes por qué estás aquí?
-Sí, eso lo sé. Sé que tengo...
No termina la frase. Respetamos su silencio. Salimos y nos sentamos en un salón contiguo los cinco. Marta está tranquila. Vuelve a ser la chiquilla tímida de antes. «Todas las noches», nos cuenta María, «antes de acostarme cojo el crucifijo, del que nunca me separo, y bendigo mi habitación: «En nombre de Dios, malos espíritus salid de esta habitación. Y ella, antes de acostarse, siempre me pregunta: "¿Mamá, has bendecido la habitación?"» Pero aún así pasa miedo. Como cuando las manos de su hija se convirtieron en garras al tocar la cruz o cuando la persigue con los dedos abiertos, en forma de cuernos, para clavárselos en los ojos. «Siempre amenazas que, afortunadamente, nunca cumple».
Y antes de despedirse, repite una súplica: «Que se conciencien la gente y los obispos. Que haya muchos más exorcistas». Abraza a su hija, se suben las dos al coche del padre Fortea y se van. Marta se vuelve y nos mira. Sus ojos son el grito de angustia del esclavo encadenado. El padre Fortea queda en llamarme cuando se produzca la liberación definitiva.
Rezo por Marta y por su madre. Lo que vi no es un montaje.
ASI ES ZABULON «No habla demasiado, pero es muy inteligente». Así describe el padre Fortea a Zabulón, el enemigo contra el que viene luchando desde hace siete meses. Al principio, el padre Fortea pensó simplemente que así se llamaba el décimo hijo de Jacob y Lía, su mujer. Después, investigando un poco más, cayó en la cuenta de que se las estaba viendo con uno de los demonios más poderosos del infierno.
Ha aparecido sólo tres veces en la Historia. La primera, en Ludón (Francia), en el siglo XVI. Casi todas las monjas de un convento quedaron poseídas por multitud de diablos, que las atormentaban sin pausa. El jefe era Zabulón. La segunda fue en los años 50, en un caso de exorcismo realizado por el padre Cándido, el exorcista italiano maestro del padre Amorth. Y ahora, ha vuelto a aparecer.
Publicado en El Mundo.
Septiembre del 2002.
Este exorcismo tuvo una duración extraordinariamente larga, ya que aún prosiguió durante varios años a causa de un grupúsculo satánico que no cesaba de instigar estas posesiones. Toda la crónica está relatada con gran detalle en el libro: SVMMA DAEMONIACA, Autor: José Antonio Fortea, Editorial Dos Destinos, España, 2004.
Segunda sesión relatada del exorcismo de "Marta"
Para que se conciencien... de la existencia del demonio.
El editorial de Hispanidad.com correspondiente a la edición del lunes 30 de septiembre (2002) es largo, pero les aseguro que merece la pena. Es una descripción, en primera persona, de una ceremonia de exorcismo celebrada en una capilla de Alcalá de Henares (Madrid), y cuyo objetivo era liberar a una joven poseída por un demonio. En esa sesión, de dos horas y media de duración, estuvieron presentes el director de Opinión de Hispanidad, Javier Paredes, y Luis Losada, que es el narrador. Otra sesión anterior, narrada por el director de Religión del diario El Mundo, José Manuel Vidal, y por el responsable de esa misma sección en la agencia EFE, ha provocado un gran revuelo. La sesión se contó en El Mundo, y Vidal concluía diciendo que lo que él vio "no era un montaje". De inmediato, la reacción de muchos (por ejemplo, la de algunos lectores de El Mundo) ha sido la misma: ¿Cómo es posible que un periódico serio cuente estas cosas? Eso sí, al parecer, nadie se ha preocupado de adoptar la actitud más científica de todas: comprobar los hechos. En este caso, como en cualquier otro descubrimiento o testimonio humano, caben tres actitudes: o alguien engañó a los testigos del exorcismo, o los testigos engañan, o es verdad que los demonios existen y que pueden poseer el cuerpo de otro espíritu, porque los seres humanos no son más que un anfibio de cuerpo y espíritu.
Sin embargo, miren por dónde, muchos han decidido, sin comprobarlo científicamente, que lo narrado es falso. Porque sí, porque no están dispuestos a aceptar la existencia de espíritus, aunque los hechos les desmientan. Peor para los hechos, concluyen. Y además se enfadan e insultan a los testigos: ¡Qué cosas!
Les animo a leer el testimonio de Luis Losada, ratificado por Javier Paredes, sin prejuicios. De sus conclusiones sobre el relato puede depender todo o no depender nada, pero seguramente pondrá a prueba su ecuanimidad. Allá va:
Regreso de una de las sesiones de exorcismo realizadas por el padre Fortea. Escribo impresionado. Los gritos de Zabulón, y los rezos del sacerdote y de la madre de la poseída, todavía martillean mi conciencia. Creo en el "No prevalecerán", pero tengo miedo. Si pudiera dar marcha atrás, lo haría, sin ninguna duda, y no hubiera acudido a esa sesión. Mi alma se encuentra inquieta tras el brutal encuentro con el demonio. Pero tengo que escribir lo que he visto, porque Dios ha permitido que el demonio Zabulón se apodere del cuerpo de Marta (nombre supuesto de la poseída) "para que se conciencien" de la existencia del demonio. Esa es una de las respuestas que Zabulón dio al exorcista cuando le preguntó por qué no salía de ese cuerpo. Por eso, María (nombre igualmente supuesto), la madre de Marta, me pidió, al despedirnos, que se lo contáramos a todo el mundo, para que, cuanto antes, se produzca la liberación de su hija.
-"Padre, ¿podemos contar algo de lo que hemos visto?"
-Podéis contar lo que queráis. Las obras de la luz no tienen miedo de la luz, las obras de las tinieblas buscan las tinieblas.
Sin duda, algún sentido debe tener mi presencia en ese exorcismo, que, con el paso del tiempo, acabaré descubriendo. Entretanto, sólo puedo manifestar motivaciones a ras de suelo. La inquietud periodística, la curiosidad malsana y sin duda la ingenuidad y la inconsciencia me hicieron aceptar la oferta de mi amigo y compañero de Radio Intereconomía, Javier Paredes, para acompañarle a una sesión de exorcismo. Sin preparación psicológica, agarro el coche rumbo a la parroquia madrileña donde el P. Fortea celebrará la sesión decimoséptima del exorcismo de Marta.
Marta es una chica joven, de apariencia dulce, que acude con una mezcla de miedo y esperanza a la sesión, con el objetivo de que la "pesadilla" desaparezca. Al terminar "todo" nos confesará estar cansada, aunque se siente incapaz de recordar lo que hemos vivido durante más de dos larguísimas, interminables horas. María, su madre, es baja, delgada, muy menuda... Está consumida, triturada, pero es muy fuerte, ha aguantado todo el exorcismo de rodillas junto a su hija.
Sin largas charlas ni preparación alguna, el P. Fortea nos sienta a Javier y a mí en un banco de la capilla. No hay nadie más. Tan sólo dos indicaciones: apagar los móviles y permiso para abandonar la sesión cuando lo deseemos. No es un gran bagaje para asistir a lo más impactante que una persona jamás podrá asistir. Sin preámbulos, Marta se tumba en la colchoneta que, previamente, ha ayudado a colocar. Su madre se arrodilla a su lado. Javier y yo permanecemos en el banco en una actitud discreta, expectante... y acobardada.
El P. Fortea se arrodilla y reza en silencio durante unos minutos. Después se sienta en la colchoneta delante de la cabeza de Marta. Le pone la mano encima de la cabeza y comienza a invocar a Dios. Sólo con pronunciar su nombre el cuerpo de Marta sufre un espasmo, sus pupilas se ocultan y sus ojos permanecerán en blanco durante toda la sesión. Después, invoca a San Jorge y Marta vuelve a convulsionarse en medio de gritos desgarradores.
Lo que vivimos Javier y yo durante dos horas y media fue una prolongación de este comienzo, en un estado de tensión que todavía ahora oprime mi alma. Son las dos y media de la madrugada. Han pasado más de doce horas desde la finalización del exorcismo. Sigo tenso y sin paz. Pero rezo. Por Marta y por su madre. Pero también por todos los testigos que hemos pasado por esa capilla donde Zabulón se ha hecho palpablemente presente.
En un momento dado, el sacerdote ordena al demonio:
-¡En nombre de Jesucristo, sal de la chica!
-¡No! -responde la voz de ultratumba que sale del cuerpo de Marta. No es la voz de Marta, es una voz ronca, fuerte y cargada de odio. Hay odio en todas las respuestas de Zabulón. Hasta un simple sí o un no, se pronuncia envuelto en odio. Lo palpas.
-"Por mi poder sacerdotal, te ordeno que salgas de esa mujer", prosigue el padre Fortea.
-¡Aggghh! -responde Zabulón, en medio de espasmos, convulsiones y gritos. Marta se retuerce. Desde su posición yacente, bota con una elasticidad extraña. Si no fuera por la colchoneta, se provocaría lesiones graves... Aunque vaya usted a saber, porque, después de haber estado gritando, muy fuerte, durante más de dos horas, cuando nos despedimos no apreciamos en Marta el menor signo de ronquera.
El exorcista ordena a Zabulón, una y otra vez, que abandone ese cuerpo, pero el demonio se resiste. Para presionarle, el P. Fortea le recordaba a Zabulón que estaba haciendo mucho bien, porque, a través de él, muchos creerían en su existencia. Marta -o lo que vive dentro de ella- se retorcía con violencia. Entonces, el P. Fortea volvía al ataque recordando al demonio que le esperaba la condenación eterna, que no tenía nada que hacer. Zabulón aullaba desesperadamente.
Posteriormente, el P. Fortea "se armó" con una estampa de la Virgen de Fátima y una cruz. Con la estampa en ristre instó a Zabulón a que la besara.
-¡Aggggghh! ¡Nooooo! -respondía la voz de ultratumba que salía del femenino y adolescente cuerpo de Marta.
-En nombre de Jesucristo, te lo ordeno, besa esta estampa -insistía el exorcista.
-¡No quiero! -respondía Zabulón, entre espasmos, gritos y convulsiones del cuerpo de Marta.
El P. Fortea hace un pequeño receso y pide a San Jorge que le ayude. Ante el nombre de San Jorge, Marta se revuelve. De entre todas las invocaciones a los ángeles y a los santos, la de San Jorge, para este demonio en concreto, es la más eficaz. Pronunciar su nombre produce un efecto inmediato. Ante los espasmos y alaridos de la chica, siento lástima por Marta, pero miro a su madre, quien, con gesto sereno, aprueba el ceremonial. Porque no es Marta la que se retuerce, es Zabulón a quien está martirizando el exorcista.
-Sabes que lo tendrás que hacer tarde o temprano. Te lo ordeno: ¡sal!
-Noggghhh! -responde Zabulón.
-Muy bien, tú lo has querido -responde el P. Fortea- voy a echarte agua bendita...
-¡Aggg! -Zabulón se retuerce ante la idea de ser rociado por agua bendita. El cuerpo de Marta bota ante las gotas que caen del agua que vierte el exorcista.
Javier y yo seguimos sentados. Él tiene un rosario entre sus manos. De regreso, en el coche, me dijo que durante las dos horas estuvo pasando las cuentas, rezando Avemarías y jaculatorias, pidiendo por Marta... y para que no nos pasara nada a nosotros.
Permanezco inmóvil, tratando de pasar desapercibido. Creo que a Javier le pasa lo mismo. Tenemos a un demonio delante de nuestras narices en plena "exhibición" de su poder, odio y furia. Estoy asustado. Sigo temeroso. En un momento, Marta arroja uno de los rosarios de su madre. Lo cojo y ya no lo soltaré en toda la sesión.
Durante toda la sesión, sólo en alguna ocasión Marta giró un poco el cuello y nos miró de reojo, con sus ojos en blanco, pero en ningún momento nos miró de frente: eso gracias a Dios no lo hizo nunca. Parecía como si hubiera una barrera entre ella y nosotros. Era una barrera muy fina, invisible y frágil, pero yo temía que se pudiera romper en cualquier momento. Afortunadamente, durante las dos horas y media de la sesión no nos miró de frente.
El exorcismo continúa. En un momento dado, el P. Fortea sale a descansar, rezando una parte de la liturgia de las horas. ¿No podría rezar en otro momento?, pienso para mis adentros.
-¡En nombre de Jesús, besa el crucifijo!
-¡Aggg!, -gime Zabulón.
La madre de Marta se dirige directamente al demonio y le dice: "Yo soy sólo una criatura, pero amo al Señor, y en su nombre te digo, besa el crucifijo".
-No, -dice Zabulón, amenazando a la madre con las manos de Marta en forma de garras.
-¡No te atrevas a hacerme nada! ¡Atrás!
Las manos de Marta convertidas en garras prosiguen su acoso sobre la madre:
-¡Atrás!
Entonces la mano se convierte en un cuerno dispuesto a sacar los ojos de la sufriente madre, forzadamente metida a exorcista.
-He dicho que no te atrevas a hacer nada a esta criatura de Dios, en el nombre del arcángel San Gabriel, de San Jorge y de todos los santos.
El P. Fortea calla ante esta intervención de la madre y sigue rezando en silencio, consciente de que el amor de una madre, puede ser una de las fuerzas más poderosas de este mundo. La imprecación de la madre al demonio continúa durante un tiempo, que se me hace eterno. Ella le ordena que se incorpore. Tras varias negativas, finalmente lo hace.
Una vez sentada, la madre le exige que incline su cabeza ante la estampa de la Virgen. En este momento el cuello de Marta, de un golpe seco, se estira hacia atrás hasta límites insospechados.
-No -responde el discípulo de Satanás por boca de Marta.
Es impresionante ver el cuello estirado y la cabeza hacia atrás, en actitud y postura soberbias, empecinado en no doblegar la cabeza ante la estampa de la Virgen. La madre, insiste, testaruda, y Zabulón responde con el mismo tono desafiante.
Pero la madre no se rinde. Finalmente, en medio de espasmos y gritos, el cuello empieza a ceder hasta tocar el pecho con la barbilla. Un proceso duro, que no se hace sin resistencia de Zabulón, que se niega a prestar reverencia a la Virgen. Entretanto la poseída ha cerrado los ojos para no contemplar la estampa, mientras inclina su cabeza. Y María le ordena que los abra. Los abre, pero la expresión es espantosa, los ojos están totalmente blancos, pero más espantosa es la mirada odiosa, dirigida como un dardo hacia la imagen de la Virgen María.
El exorcista toma la iniciativa. Ordena al demonio: "Besa el crucifijo": ¡Noooo! Cuando la sesión parecía que no avanzaba, ni hacia adelante ni hacia atrás, Zabulón, mudo, hace con la mano el signo de "querer escribir".
Inmediatamente, el P. Fortea se va a la sacristía por papel y bolígrafo. No parece encontrarlo y yo estoy a punto de ofrecerle mi pluma y mi cuaderno. No lo hago por miedo a acercarme y por mi apego material a mi pluma de marca. Afortunadamente, el sacerdote encuentra los utensilios de escritura: un bloc grande que la madre coloca sobre su vientre, y sobre el bloc coloca un folio. El bolígrafo no funciona y se sustituye por un lápiz. Marta esta ahora tumbada boca arriba, con la cabeza hacia atrás y estira el brazo para llegar al folio. En esta postura es imposible que puede ver su propia mano escribiendo. A toda velocidad y, por supuesto, sin mirar al papel, la mano de Marta comienza a deslizarse por el folio. Si los gritos y la voz ronca te hacen sentir la presencia de Zabulón, ahora, mientras escribe, se le siente todavía más cerca. Javier y yo no entendíamos bien lo que pasaba. Sólo oíamos las preguntas del exorcista, pero no veíamos las respuestas escritas. Cuando acabó el exorcismo, Fortea le entregó los dos folios a Javier, que obran en su poder. De vuelta a casa, ambos tratamos de reconstruir la escena. Fue entonces cuando Javier me hizo notar que las letras no se metían unas por otras: la escritura era clarísima y las tildes de las íes estaban colocadas perfectamente encima de la letra correspondiente. Los caracteres eran los propios de la letra impresa, no de la escritura manual. El diálogo oral-escrito, en el que el padre Fortea pregunta y Zabulón responde escribiendo a través de la mano de Marta, dice lo siguiente:
-Quería desesperaros porque tenía refuerzos.
Con esa frase escrita, Zabulón explica el estancamiento del exorcismo que se había producido durante la primera hora.
-¿Qué refuerzos, quién ha venido? -pregunta el exorcista.
-Satán -responde Zabulón-, pero ya se ha ido. Y, a continuación, y sin preguntarle nada, vuelve a escribir: "Falta 1 persona". Y subraya el "1" varias veces.
-¿Qué persona?
Ante esta pregunta, la mano suelta el lápiz y Marta cierra fuertemente los labios. Zabulón no quiere responder.
-Dame un signo para que sepa quién es -insiste el exorcista, pero los labios de la endemoniada permanecen sellados.
En este punto ya estábamos agotados, habían pasado casi dos horas. No respiramos durante toda la sesión y mantuvimos un estado de tensión y miedo como jamás he atravesado en mi vida. El exorcista sigue tratando de que Zabulón bese el crucifijo, reconozca a su Rey, etc, con escaso éxito. Entonces llega uno de los momentos para mí más impactantes. El sacerdote cambia de postura y, sin querer, da una patada a la vasija del agua bendita, que se derrama por toda la capilla. Escucho una risa sorda, y odiosa del más allá. Zabulón se regocija del error del P. Fortea. Me estremezco.
El exorcista no parece darle ninguna importancia. Estoy impresionado. No le importa nada, no le impresiona nada. Todo es normal. Yo estoy que me subo por las paredes... Entonces, el sacerdote decide darle de comulgar a la poseída. Se reviste con una estola, va hacia el Sagrario y se coloca a los pies de la endemoniada. Coge una sagrada forma y la levanta en alto. La endemoniada, tendida en el suelo, boca arriba, cambia la expresión de su rostro, es todo terror y comienza a arrastrarse hacia atrás, para alejarse lo más posible del sacerdote. Repta boca arriba con los mismos movimientos de un lagarto. Entonces, en nombre de Cristo, presente en la hostia, el sacerdote le ordena que se arrodille diciéndole: "Ante el nombre de Cristo, toda rodilla se doble". Zabulón-Marta, tras una cierta resistencia, se arrodilla. Javier y yo, desde que se abrió el Sagrario, caímos de rodillas y vamos a permanecer así hasta que vuelva a introducir el copón en el Sagrario.
-Al fin y al cabo, te deberíamos estar agradecidos, -dice el P. Fortea-, gracias a ti, muchos creerán en los demonios. ¿Te das cuenta cómo tú también sirves a Dios? -¡Noooo! -responde escuetamente Zabulón.
-Mira a tu Rey y Señor, -ordena el exorcista con la hostia en la mano.
El alarido gutural del demonio se hace más estruendoso:
-¡Aggg! ¡Nooo!
El Padre Fortea insiste y, tras varios intentos, Zabulón tiene que obedecer y abre la boca. La hostia permanece en la lengua de Marta, quien mantiene la boca abierta durante varios minutos. Se niega a tragarla. Mientras tanto, Zabulón emite gritos, y el cuerpo de Marta se convulsiona. Al terminar todo, Javier y yo coincidimos en el temor a que Zabulón hubiera escupido la sagrada comunión. Pero, en ese momento del exorcismo, el demonio, agotado, ya no puede sino obedecer las órdenes del sacerdote. Pasados unos minutos, y tras las órdenes, tanto del exorcista como de la madre, para que tragara la forma, la hostia entró en el cuerpo de Marta.
Entonces se produjo la mayor de las convulsiones de toda la sesión. Gritos, alaridos, gemidos, zarpas, movimientos acelerados del cuerpo. Varios minutos de tensión máxima. No sabía dónde meterme. Sólo recordarlo me da pánico. El P. Fortea, permanece impasible. Prosigue el exorcismo musitando palabras que no entiendo. No es español, tampoco latín, el idioma utilizado en varias de las exhortaciones de la sesión. Al terminar, le pregunto: "No te lo puedo decir ahora, te lo diré más tarde". No entiendo la respuesta. En realidad, no entiendo nada... Tampoco el exorcista entiende el idioma en el que habla Zabulón. El espíritu maligno repite con insistencia una expresión extraña. El exorcista cree que se trata de varias palabras que pueden tener algún significado. Pero se trata de una lengua extrañísima.
Casi al final de la sesión, el sacerdote recuerda lo escrito en el papel: "Falta 1 persona". Se supone que un tercer testigo, y le ordena que le diga la identidad. Todo esfuerzo es inútil, así que, como "castigo" le ordena que bese el sagrario. Marta se incorpora con la ayuda del exorcista y de su madre. Caminan y, antes de llegar al Sagrario, pasan por delante de una imagen gótica de la Virgen María:
-Besa los pies que han de aplastar tu cabeza -le ordena Fortea. Y la endemoniada, tras emitir unos sonidos que sugieren asco y repugnancia, ante la imagen de la Virgen -sonidos emitidos a lo largo del exorcismo antes de besar las estampas o el crucifijo- besa los pies de la imagen. Javier y yo permanecemos en nuestro sitio, mientras la posesa y el exorcista se dirigen al Sagrario. Tras mucha insistencia, Zabulón pronuncia un nombre que para el exorcista resulta muy claro y que yo, a pesar de encontrarme a tan sólo 5 metros, no escucho con claridad. Al parecer, se trata de una persona conocida que permitiría cumplir el objetivo verbalizado en anteriores sesiones: "Que se conciencien"... de la existencia de los demonios.
El exorcista se da por contento con el nombre, pues es el nombre de una persona que había pensado invitar, varios días antes de comenzar esta sesión. Aunque el demonio sigue dentro, decide entonces terminar la sesión. Tumba a Marta en la colchoneta y no hace nada más. Tan sólo recoge el "material"; agua bendita, breviario, Biblia, crucifijo, rosario, etc. De repente, Marta abandona la crisis. Recupera sus ojos y su sonrisa tímida. No recuerda nada. Sólo tiene la sensación de haber salido de una pesadilla, pero no recuerda nada más.
No es capaz de explicar tampoco cómo entra en "crisis". Le pregunto si es como cuando uno es anestesiado para una operación y me responde que no. Todavía no lo comprendo. Ella sabía que iban a "ocurrir cosas". Antes de la sesión se quitó cuidadosamente los pendientes y los zapatos. Se tumbó "religiosamente" en la colchoneta y se sometió al "tratamiento" del sacerdote.
Más sorprendente resulta que Marta se encuentre en gracia de Dios y acuda cada domingo a la celebración eucarística. ¿Cómo es posible que en una misma persona habite la gracia santificante y el demonio? Todavía no tengo respuesta. No tengo respuesta para muchas cosas... Sólo sé que lo que Ud. lee, yo lo vi con mis ojos descreídos y morbosos. ¿Para que se conciencien de la existencia de los demonios?
No entiendo de psiquiatría ni de teología. Simplemente doy testimonio de lo que vi, y como notario de la realidad, certifico que lo que aquí se contiene es cierto. Espero que para el bien del lector, de Marta, de su madre y de cuantos testigos hemos pasado por esa capilla. Que así sea.
Luis Losada. Economista y periodista.
Testimonio ratificado por Javier Paredes, historiador y periodista, director de opinión de Hispanidad.com
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