San Miguel Arcángel pesando las almas en el Juicio Final
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viernes, 23 de octubre de 2020

Exorcistas dan 8 consejos para ser inmunes frente al demonio

 

octubre 18, 2020


En un reciente artículo dos exorcistas explican la importancia de la protección espiritual y ofrecieron una serie de consejos para que los católicos no queden indefensos frente a maldiciones o cualquier tipo de hechizo.

El P. Theophilus, como es conocido en la región estadounidense de Mountain West, declaró al National Catholic Register que, “al encontrarnos en el estado de gracia, tenemos inmunidad espiritual”. “Hay tantas maldiciones que rebotan en ti porque tu sistema inmunológico católico es fuerte”, dijo.


También recomendó sacramentales como el agua bendita y los objetos benditos que llevan a la gracia. 


Por otra parte, el P. Paolo Carlin, uno de los exorcistas más importantes del mundo, explicó en su libro más reciente que “una vida sin fe, es decir, una vida que carece o tiene una relación incompleta de comunión con Jesús, ya es terreno fértil para una acción extraordinaria del diablo”.


Dijo que intentar “el equilibrio de una aparente vida de fe con prácticas ocultas esotéricas” como horóscopos o adivinos, “deja a una persona abierta al enemigo, permitiéndole entrar en su vida e influir en ella”.


Según el P. Carlin, los católicos “debemos encontrar el equilibrio entre atribuir cada mal a Satanás, verlo en todas partes y negar totalmente su existencia”.


Estas son algunas de sus recomendaciones para construir una “armadura” de protección espiritual:




1. Evite y confiese el pecado


El sacerdote señala que “el pecado consiste en rechazar a Dios y su Reino a través del libre albedrío (CIC 391), incitado por la engañosa seducción de Satanás: ‘Serás como Dios’”.


2. Lee las Escrituras


En este apartado, aseguró que “la Palabra de Dios escuchada y vivida cada día en elecciones concretas se convierte en nuestra defensa de las trampas del maligno”.


3. Oración


“La oración es importante para afirmar nuestra voluntad a la voluntad de Dios. Dios Padre ha establecido una alianza eterna con el hombre, una relación de fe fundada en el sacrificio de Cristo en la Cruz. Esta alianza se mantiene a través de nuestra respuesta, que es la oración”, dijo el sacerdote. 


4. Los sacramentos


El P. Carlin explica que “un sacramento obra en la plenitud de la gracia, obteniendo para nosotros la comunión con Dios en la verdad y fuerza del Espíritu Santo, que está presente en nosotros desde nuestro Bautismo”.


Por tanto, “recibir la Eucaristía es recibir a Jesús en la propia vida… Los exorcistas podemos comprobar que el sacramento de la Confesión es particularmente temido y odiado por el demonio, porque le arrebata tantas almas. Este comportamiento nos permite ser recibidos en los brazos misericordiosos de Cristo, quien nos sumerge en su sangre y nos purifica de todas las manchas del pecado”.5. Pertenecer a la Iglesia


“Las partes del cuerpo son muchas, pero el cuerpo es uno; por muchas que sean las partes, todas forman un solo cuerpo. Así también Cristo” (1 Corintios 12: 5), citó. 


6. Escuchar buena música


El P. Carlin dice que escuchar la música adecuada “puede elevar nuestro espíritu hacia Dios”.


7. Humildad


“Satanás no teme tanto al exorcismo como a la humildad”, afirma el exorcista.


8. Perdón


Finalmente, sugiere “cultivar una confianza sincera en la misericordia de Dios” y llevar esta misericordia “hacia el prójimo, perdonando incondicionalmente y amando a sus enemigos”.




ACI

martes, 3 de febrero de 2015

Una coraza eficiente contra el mal a través de los sacramentales




En la medida que la verdadera lucha es entre lo sagrado y las fuerzas del mal, los sacramentales nos protegen y cobijan en esta contienda sobrehumana de la que hoy somos el objetivo, porque como dice el Apocalipsis 12:17: “Entonces el dragón se enfureció contra la mujer y se fue a hacer la guerra al resto de sus hijos, es decir, a los que observan los mandamientos de Dios y guardan el mensaje de Jesús”.

La Iglesia anima a los fieles a hacer uso de los sacramentales, porque como escribió San Pablo: “no nos estamos enfrentando a fuerzas humanas, sino a los poderes y autoridades que dirigen este mundo y sus fuerzas oscuras, los espíritus y fuerzas malas del mundo de arriba” (Efesios 6:12).


¿QUÉ ES UN SACRAMENTAL?
El Catecismo enseña:
1667 La Santa Madre Iglesia instituyó, además, los sacramentales. Estos son signos sagrados con los que, imitando de alguna manera a los sacramentos, se expresan efectos, sobre todo espirituales, obtenidos por la intercesión de la Iglesia. Por ellos, los hombres se disponen a recibir el efecto principal de los sacramentos y se santifican las diversas circunstancias de la vida.
Los Sacramentales son las múltiples ceremonias de bendiciones y consagraciones que figuran en el Ritual y en el Pontifical Romano.
Citemos algunas:
bendición de las personas, de cosas (medallas, casas, automóviles, alimentos, etc.), el agua bendita, los exorcismos, la consagración de vírgenes, dedicación del altar, del templo, de las campanas, etc.

Por lo tanto, en el caso de los objetos sacramentales externos (como medallas, escapularios), su eficacia emana de la bendicón que hay y se hace sobre ellos.
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EFECTOS DE LOS SACRAMENTALES
Leclercq menciona tres efectos:
EFECTO 1
Uno de los efectos más sorprendentes de los sacramentales es su virtud de ahuyentar los espíritus malignos cuyas misteriosas y siniestras operaciones afectan a veces la actividad física del hombre. Para combatir este poder oculto, la Iglesia tiene como recursos el exorcismo y los sacramentales.
EFECTO 2 
Otro efecto es la protección del alma contra el pecado y las penas debidas por éste. Por lo tanto, en la bendición de un crucifijo, la Iglesia, pide que este signo sagrado pueda recibir la bendición celestial a fin de que todos aquellos que se arrodillen ante él e imploren a la Majestad Divina puedan recibir una mayor contrición y un perdón general de las faltas cometidas.
EFECTO 3
Los sacramentales pueden utilizarse para obtener favores temporales, puesto que la Iglesia misma bendice objetos que se utilizan en la vida diaria, por ejemplo,
-la bendición de una casa, en la que se pide la abundancia del rocío celestial y la riqueza de la fructificación de la tierra;

-la bendición de los campos, en la que se le pide a Dios que derrame sus bendiciones sobre las cosechas para que la tierra fértil supla las necesidades y carencias de los desposeídos.

DIFERENCIAS ENTRE SACRAMENTOS Y SACRAMENTALES
Hay diferencias de base en la génesis y la opración de los sacramentos y los sacamentales:
Los sacramentos son de institución divina, los sacramentales son de institución eclesiástica.
Los sacramentos actúan “ex opere operato” (por sí mismos), los sacramentales “ex impetratione Ecclesiae” (por impetración de la Iglesia).
Los sacramentos son signos de la gracia, los sacramentales son signos de la oración de la Iglesia.
Los sacramentos tienen como fin producir la gracia que significan, los sacramentales sólo disponen para recibir la gracia (consiguen gracias actuales) y obtienen otros efectos espirituales.
Los sacramentos son necesarios para la salvación; los sacramentales, no.
vino y hostia

5 FUERZAS DE LOS SACRAMENTALES
1 – Con los Sacramentales obtenemos el poder pascual

Debemos tener cuidado de no pensar en los sacramentales como una protección mágica. Las prácticas ocultistas, de la Nueva Era y satánicas hacen uso de signos externos tales como cristales y pentagramas pero son burlas de los signos sagrados de la cristiandad.
Dice el Catecismo:
1670 Los sacramentales no confieren la gracia del Espíritu Santo a la manera de los sacramentos, pero por la oración de la Iglesia preparan a recibirla y disponen a cooperar con a ella. “La liturgia de los sacramentos y de los sacramentales hace que, en los fieles bien dispuestos, casi todos los acontecimientos de la vida […] sean santificados por la gracia divina que emana del misterio Pascual de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, de quien reciben su poder todos los sacramentos y sacramentales, y que todo uso honesto de las cosas materiales pueda estar ordenado a la santificación del hombre y a la alabanza de Dios.
Los sacramentales son signos externos, bendiciones y consagraciones que son recibidos y ofrecidos con una disposición interior de auténtico discipulado en Cristo.
Papa-Francisco-esparciendo-agua-bendita
Como leemos en el Catecismo, el poder espiritual de los sacramentos y sacramentales derivan del Misterio Pascual de Cristo.
Al recordar la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo atraemos la gracia y nos ayuda a resistir las asechanzas del enemigo. Esta es la razón por la que la temporada de Cuaresma es odiada por el mundo de los demonios.


2 – El exorcismo se realiza mediante sacramentales

El rito del exorcismo es un sacramental reservado para los casos raros (pero cada vez mayores) de la posesión demoníaca completo con marcadores espirituales específicos.
La explicación de “solemne exorcismo” en el Catecismo ayuda a desmitificar el exorcismo.
La desmistificación del exorcismo es útil para frenar la fascinación desordenada, la sospecha y / o compulsión de pensar que el exorcismo es la cura para diversas enfermedades espirituales o mentales.
El Catecismo enseña sobre exorcismo:
1673 Cuando la Iglesia pide públicamente y con autoridad, en nombre de Jesucristo, que una persona o un objeto sea protegido contra las asechanzas del Maligno y sustraída a su dominio, se habla de exorcismo. Jesús lo practicó de Él tiene la Iglesia el poder y el oficio de exorcizar. En forma simple, el exorcismo tiene lugar en la celebración del Bautismo. El exorcismo solemne llamado «el gran exorcismo» sólo puede ser practicado por un sacerdote y con el permiso del obispo. En estos casos es preciso proceder con prudencia, observando estrictamente las reglas establecidas por la Iglesia. El exorcismo intenta expulsar a los demonios o liberar del dominio demoníaco gracias a la autoridad espiritual que Jesús ha confiado a su Iglesia. Muy distinto es el caso de las enfermedades, sobre todo psíquicas, cuyo cuidado pertenece a la ciencia médica. Por tanto, es importante, asegurarse, antes de celebrar el exorcismo, de que se trata de una presencia del Maligno y no de una enfermedad.
La cita anterior explica por qué es necesario un proceso de discernimiento y pruebas médicas, psicológicas antes de conceder permiso para que un “gran exorcismo”.
La Iglesia esta involucrada con la curación de la persona entera. Piensa en el proceso que seguimos en el cuidado de un médico. Hay una historia clínica, se hacen exámenes, se hacen, son consultados expertos, se recomiendan terapias, puede considerarse cirugía y si es así, puede que haya un seguimiento de terapia física.
Así, la curación física y espiritual es un proceso destinado a una recuperación permanente.
Cuando la gente pregunta sobre el rito del exorcismo, y qué herramientas son necesarias para derrotar a lo demoníaco, es necesario tener claro que los laicos católicos tienen el recurso de todas las herramientas sacramentales que tiene un exorcista y emplea su equipo excepto el libro que contiene el rito de exorcismo.

El Exorcismo Mayor es una oración que normalmente tiene lugar en un espacio sagrado, en presencia del Santísimo Sacramento, con una serie de reliquias de santos presentes.
El agua bendita (que contiene la sal bendita), el crucifijo, el Santo Rosario, la Biblia, son parte del arsenal espiritual de la Iglesia para liberar a un alma que sufre de lo demoníaco, y son sacramentales.
Es bastante evidente que los sacramentales de la Iglesia producen una gran violencia a los espíritus demoníacos y los encamina a expulsarlos.
bendicion de aceite

¿POR QUÉ EL AGUA, LA SAL Y EL ACEITE BENDECIDOS?
El sentido de estar exorcizados cada elemento antes de ser bendecidos le agrega el efecto de su eficacia en la lucha contra el maligno, donde cada elemento tiene un fin específico.
El Agua bendita nos recuerda el bautismo y se usa en casi todos los ritos de bendición. La oración de exorcismo sobre el agua agrega en ella muchos efectos, el principal es hacer perder al Demonio todo poder y hacerlo huir, como así también luchar contra las enfermedades y otras influencias que éste ejerce en las personas directamente o indirectamente a través de cosas o lugares afectados.

El Aceite se utiliza en el área de la salud física y mental, alma y cuerpo para librarlo de las adversidades. Recuerda el uso antiguo de ungir con el aceite las heridas y el poder que Jesús dio a los Apóstoles de curar a los enfermos con la imposición de las manos y ungiéndolos con el aceite. Nos prepara para el sacramento de la Confesión y la Unción de los enfermos.

La Sal exorcizada protege los lugares de presencias malignas. Se suele colocar saquitos de sal o sal directamente, en las cuatro esquinas del lugar.


3 – Los sacramentales más eficaces son el Nombre de Jesús y el signo de la Cruz

Dos de los sacramentales más eficaces utilizados durante el ministerio de liberación y exorcismo son el signo de la cruz y el santo nombre de Jesús.
En relación con el santo nombre de Jesucristo, una escritura que se lee a menudo durante los exorcismos menores y mayores es Filipenses 2: 9-11:
“Debido a esto, Dios lo exaltó y le otorgó el Nombre que está sobre todo nombre; para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria del Padre”
Esta es una escritura maravillosa para memorizar como parte de su armadura espiritual, ya que ayuda a vencer al enemigo.
- Exorcismo y bendición de la casa con la Cruz
El crucifijo y la señal de la cruz son odiados por lo demoníaco, ya que representan la victoria de Cristo en el Calvario, donde fue derrotado satanás.
Mira lo que dice el Catecismo:
1671 Entre los sacramentales figuran en primer lugar las bendiciones (de personas, de la mesa, de objetos, de lugares). Toda bendición es alabanza de Dios y oración para obtener sus dones. En Cristo, los cristianos son bendecidos por Dios Padre “con toda clase de bendiciones espirituales”. Por eso la Iglesia da la bendición invocando el nombre de Jesús y haciendo habitualmente la señal santa de la cruz de Cristo.

4 – Los sacramentales son impuestos por una oración

Las bendiciones son sacramentales, no sacramentos porque no son instituidos por Dios. Por lo tanto, no confieren la gracia santificante, sino que se llevan a cabo para producir los siguientes buenos efectos espirituales.
Estimulan las emociones piadosas y afectos del corazón
Liberan del poder de los malos espíritus
Conservan y restauran la salud corporal
Varios otros beneficios, temporales o espirituales
La bendición de las casas, la consagración de la familia al Sagrado Corazón de Jesús, el crucifijo en las habitaciones de nuestras casas son prácticas que muchos sacerdotes exorcistas recomiendan.
La oración en si misma y para la bendición, la imposición de las manos, el signo de la cruz, y la aspersión de agua bendita son característicos de los sacramentales.

Como enseña el Catecismo:
1668 Han sido instituidos por la Iglesia en orden a la santificación de ciertos ministerios eclesiales, de ciertos estados de vida, de circunstancias muy variadas de la vida cristiana, así como del uso de cosas útiles al hombre. Según las decisiones pastorales de los obispos, pueden también responder a las necesidades, a la cultura, y a la historia propia del pueblo cristiano de una región o de una época. Comprenden siempre una oración, con frecuencia acompañada de un signo determinado, como la imposición de la mano, la señal de la cruz, la aspersión con agua bendita (que recuerda el Bautismo).
bendicion de un cura

ORACIONES PARA EL USO DE LOS SACRAMENTALES (del Padre Fabián Barrera)

Para esparcir la SAL BENDECIDA por la casa
Imploro humildemente la protección de mi Señor Jesucristo sobre mí, mi familia y todos los que me rodean, imploro tu misericordia, la bondad y clemencia para que todo aquello que sea tocado por esta sal bendecida carezca de toda inmundicia y de toda irnpregnación del mal. En nombre de Dios vivo, en nombre de Dios verdadero, en nombre de Dios Santo ordeno que toda esterilidad, toda maldad, toda acción del maligno, todo espíritu inmundo y conjurado que haya en este casa se aleje en este mornento y nunca más regrese a perturberme y a hacerme daño.
Amen

Para consumir la SAL BENDECIDA
Señor Dios Omnipotente tu creaste la sal para uso del género humano, con humildad reclamo la promesa de la sanación por medio de la sal como Dios Padre lo mando al profeta que al ser puesta en el agua para sanar su esterilidad, me suplico Señor que al comerla me traiga la salud del alma y del cuerpo. Amen

Para esparcir el AGUA BENDITA por la casa
En nombre de Dios Padre, en nombre de Jesucristo nuestro Señor y con el poder del Espíritu Santo al asperjar esta agua bendita sobre esta casa ahuyente toda fuerza del enemigo erradique y arranque de este lugar al maligno con sus ángeles apóstatas. Señor rnío Jesucristo has que esta casa quede libre en tu nombre de toda inmundicia y de todo mal, que no resida más un espíritu pestilente, se alejen todas las insidias del enemigo y si hay algo que este perjudicando a los que habitan aquí o impida su tranquilidad por la aspersión de esta agua huyan y de ahora en adelante reine la presencia del Espíritu Santo y les conceda tu rnìsericordia y tus bendiciones por todos los días de nuestra vida. Amen.

Para consumir el AGUA BENDITA
Esta agua que hemos preparado con estas purificaciones y que ha sido bendecida de manos del sacerdote en Nombre de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, la tomo invocando el nombre poderoso del Señor Jesucristo para que aleje toda enfermedad de mi alma y de mi cuerpo y mediante la presencia del Espíritu Santo me concedas bondadosamente tu misericordia. Amen

Para la unción personal con el ACEITE BENDECIDO
Dios Padre omnipotente que este aceite bendecido me de la salud mental y corporal para que obtenida la salud te dé gracias a ti Dios vivo y verdadero, que quede libre de toda enfermedad, de todo dolor y de toda insidia del enemigo, siendo libre de toda adversidad no sea herido por la mordedura de la antigua serpiente ya que he sido redimido por la sangre de Jesucristo mi Señor y Salvador. Amen

Para tomar una MEDICINA
Oh Señor Dios Todopoderoso, Tú me creaste a imagen y semejanza Tuya y me formaste maravillosamente, te has dignado socorrerme con múltiples remedios en las diferentes enfermedades que aquejan mi cuerpo, has que esta medicina la tome en Tu Nombre y con toda la fe de mi corazón recibiendo de tu Presencia la salud de la mente y del cuerpo. Por Jesucristo el Señor. Amen.

5 – Los Objetos usados por la piedad popular son sacramentales

El Catecismo menciona la piedad popular en la sección sobre los sacramentales e incluye:
la veneración de las reliquias, las visitas a santuarios, las peregrinaciones, las Estaciones de la Cruz, el Santo Rosario, medallas de santos, porque tales devociones pueden ser poderosos catalizadores de la gracia.
El escapulario de la Virgen o la Medalla Milagrosa y otros objetos testeados por el tiempo, y otras devociones aprobadas por la Iglesia, pueden ser parte de tu armadura espiritual.

La pureza de intención es fundamental para que la superstición no jueguen un papel em ellos.
Es central en la construcción de una defensa espiritual el santo sacrificio de la Misa. La piedad popular debe fluir hacia y desde la Eucaristía.
1679 Además de la liturgia, la vida cristiana se nutre de formas variadas de piedad popular, enraizadas en las distintas culturas. Esclareciéndolas a la luz de la fe, la Iglesia favorece aquellas formas de religiosidad popular que expresan mejor un sentido evangélico y una sabiduría humana, y que enriquecen la vida cristiana.
Aunque esto no se menciona en el Catecismo, también hay que considerar que el esposo y la esposa se vuelven como sacramentales para sí y para la familia. Las buenas amistades cristianas también ofrecen cierta protección espiritual y esto suena a verdad, porque el amor, porque su naturaleza es comunitaria y de protección del otro.

viernes, 26 de diciembre de 2014

Qué dice el Catecismo sobre la muerte (2)


         El Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, en su número 206, dice lo siguiente: “¿Qué significa morir en Cristo Jesús? Morir en Cristo Jesús significa morir en gracia de Dios, sin pecado mortal. Así el creyente en Cristo, siguiendo su ejemplo, puede transformar la propia muerte en un acto de obediencia y de amor al Padre. ‘Es cierta esta afirmación: si hemos muerto con Él, también viviremos con Él’” (2 Tm 2, 11).
         Para interpretar correctamente este punto, debemos recordar que la muerte ingresó en la especie humana con el pecado original, el pecado cometido “en los orígenes” de la humanidad, por Adán y Eva. Por ese pecado, Adán y Eva perdieron la gracia santificante, para ellos y para toda la humanidad que se originaría a partir de ellos, y es así como el hombre comenzó a experimentar la vejez, la enfermedad, el dolor y la muerte. La muerte se presenta así como un elemento extraño en el plan del Creador, puesto que Él nos creó para la vida y no para la muerte, y se presenta como un castigo y como una consecuencia por haber cometido el pecado original. Al cometer el pecado original, Adán y Eva eligieron oír la voz de la Serpiente Antigua, portadora de la muerte, y eligieron, en cambio, desoír la voz de Dios Padre, que les había prohibido comer del fruto del Árbol prohibido. Pero en esta elección, se quedan libremente aislados y desconectados de la Fuente de Vida, que es Dios, puesto que Dios es la Vida Increada y el Autor de toda vida creada, y al quedarse sin Dios, ingresan, en el cuerpo y en el alma, la muerte, física y espiritual (el pecado). En este esquema, la muerte es entonces un castigo por el apartamiento libre de la Voluntad de Dios.
Sin embargo, el Redentor, Cristo Jesús, hará “nuevas todas las cosas” con su sacrificio y muerte en cruz, y una de las cosas que “hace nuevas”, es la muerte, porque al asumir la naturaleza humana, el Hombre-Dios asume la muerte, y destruye a la muerte con su propia muerte, convirtiendo, al mismo tiempo, a la muerte, en un sacrificio agradable a Dios, porque Él la santifica con su propia muerte. En otras palabras, Jesucristo, el Hombre-Dios, al morir en cruz, mata a la muerte y la santifica, convirtiéndola, de castigo original por la desobediencia a Dios, en sacrificio agradable a Dios. Es esto lo que el Catecismo nos dice, al introducir la expresión “morir en Cristo Jesús”: “significa morir en gracia de Dios, sin pecado mortal. Así el creyente en Cristo, siguiendo su ejemplo, puede transformar la propia muerte en un acto de obediencia y de amor al Padre”. El Catecismo re-define a la muerte, como vemos: de “castigo” original, a “acto de obediencia y de amor al Padre”, que es en lo que consiste el sacrificio de Jesús en la cruz.

De esta manera, el Catecismo nos está diciendo, por un lado, que no es lo mismo morir “en Cristo Jesús”, que morir “sin Cristo Jesús”. “Morir en Cristo Jesús”, significa morir en gracia y la gracia se obtiene por los sacramentos –en este caso, para el moribundo, el Sacramento de la Penitencia, la Unción de los enfermos y la Comunión Eucarística-; morir sin Cristo Jesús, implica el rechazo voluntario a los sacramentos y quedar excluidos de la comunión de vida y amor con Él y, por su intermedio, con la Trinidad. Al “morir en Cristo Jesús”, además, el Compendio abre la consecuencia lógica de esta muerte, la resurrección en Cristo Jesús, porque si participamos de su muerte en cruz, por medio de la gracia recibida en los sacramentos, participamos también de su gloriosa resurrección: ‘Es cierta esta afirmación: si hemos muerto con Él, también viviremos con Él’” (2 Tm 2, 11).

jueves, 23 de octubre de 2014

5 cosas que todo cristiano debe saber sobre la Guerra Espiritual


La verdadera batalla ‘no es contra la carne’.

Habitualmente informamos sobre las batallas que se suceden en el mundo a nivel de guerras, delitos, conflictos étnicos, políticos, religiosos, batallas legales, etc., pero no hay que perder de vista que todos tienen una base común, una batalla a nivel espiritual en los invisible, entre el mal y el bien, que se reproduce inclusive dentro de nosotros mismos.

Aquí traemos 5 cosas principales que todo cristiano debe saber sobre la guerra espiritual.

La guerra espiritual se refiere a la lucha espiritual diaria entre el bien y el mal.
Satanás existe:

“el mal no es una abstracción, sino que designa una persona, Satanás, el Maligno, el ángel que se opone a Dios. El “diablo” (diá-bolos) es aquél que “se atraviesa” en el designio de Dios y su obra de salvación cumplida en Cristo”. (Catecismo 2851)

Existen espíritus malignos:

“Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6: 11-12).

En la guerra espiritual, el campo de batalla es el terreno de nuestras almas. Tener un conocimiento básico de la guerra espiritual es una parte importante de conocer nuestra fe católica.

Jesús ganó la victoria sobre satanás, pero nuestra lucha no ha terminado. 
Satanás ha sido derrotado pero no destruido. El enemigo ya no es una amenaza para Jesús, pero sigue siendo una amenaza para nosotros:

“La victoria sobre el “príncipe de este mundo” (Jn 14, 30) se adquirió de una vez por todas en la Hora en que Jesús se entregó libremente a la muerte para darnos su Vida. Es el juicio de este mundo, y el príncipe de este mundo está “echado abajo” (Jn 12, 31; Ap 12, 11). “Él se lanza en persecución de la Mujer” (cf Ap 12, 13-16), pero no consigue alcanzarla: la nueva Eva, “llena de gracia” del Espíritu Santo es preservada del pecado y de la corrupción de la muerte (Concepción inmaculada y Asunción de la santísima Madre de Dios, María, siempre virgen). “Entonces despechado contra la Mujer, se fue a hacer la guerra al resto de sus hijos” (Ap 12, 17). Por eso, el Espíritu y la Iglesia oran: “Ven, Señor Jesús” (Ap 22, 17. 20) ya que su Venida nos librará del Maligno” (Catecismo 2853)

El poder de satán no es infinito como el de Dios.
Dios creó a todos los ángeles, incluyendo al ángel lucifer, quien se convirtió en satanás después de rebelarse contra Dios. Satanás es poderoso, pero sigue siendo una criatura:

“Satanás, el seductor del mundo entero” (Ap 12, 9), es aquél por medio del cual el pecado y la muerte entraron en el mundo y, por cuya definitiva derrota toda la creación entera será “liberada del pecado y de la muerte” (Plegaria Eucarística IV, 123: Misal Romano). “Sabemos que todo el que ha nacido de Dios no peca, sino que el Engendrado de Dios le guarda y el Maligno no llega a tocarle. Sabemos que somos de Dios y que el mundo entero yace en poder del Maligno”. (Catecismo 2852)

El poder de Satán no es infinito, no es más que una criatura, poderosa por el hecho de ser espíritu puro, pero siempre criatura. Él no puede impedir la edificación del Reino de Dios.

No estamos solos; Dios está con nosotros cuando soportamos las pruebas que vienen con la guerra espiritual.
Dios Padre está con nosotros. Jesucristo está con nosotros: “somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó” (Romanos 8:37).

El Espíritu Santo está con nosotros. La Virgen María, los ángeles, los santos y nuestros compañeros miembros vivos del Cuerpo de Cristo están con nosotros.

El Señor ofrece la gracia y la armadura espiritual:

“Vestíos de toda la armadura de Dios, para que seáis capaces de estar firmes contra las asechanzas del diablo” (Efesios 6: 11) “Somos más que vencedores en Cristo” (Romanos 8: 37).

Debido al poder de Jesús, no debemos que tener miedo, pero debemos estar atentos:

“Sed sobrios y velad; vuestro adversario el diablo, ronda como león rugiente, buscando a quien devorar; resistirle, firmes en la fe, sabiendo que sus hermanos en la fe en todo el mundo sufren los mismos sufrimientos” (1 Pedro 5: 6-11).

La oración, los sacramentos y sacramentales son medios eficaces de permanecer íntimamente unidos a Dios y resistir la tentación, que es la táctica más común utilizada por el enemigo en la guerra espiritual.
““No entrar en la tentación” implica una decisión del corazón: “Porque donde esté tu tesoro, allí también estará tu corazón [...] Nadie puede servir a dos señores” (Mt 6, 21-24). “Si vivimos según el Espíritu, obremos también según el Espíritu” (Ga 5, 25). El Padre nos da la fuerza para este “dejarnos conducir” por el Espíritu Santo. “No habéis sufrido tentación superior a la medida humana. Y fiel es Dios que no permitirá que seáis tentados sobre vuestras fuerzas. Antes bien, con la tentación os dará modo de poderla resistir con éxito” (1 Co 10, 13). Pues bien, este combate y esta victoria sólo son posibles con la oración. Por medio de su oración, Jesús es vencedor del Tentador, desde el principio (cf Mt 4, 11) y en el último combate de su agonía (cf Mt 26, 36-44)”. (Catecismo  2848-2489)

“Los siete sacramentos corresponden todas las etapas y todos los momentos importantes de la vida cristiana: dan nacimiento y crecimiento, curación y misión a la vida de fe de los cristianos” (Catecismo 1210)

“Los sacramentales no confieren la gracia del Espíritu Santo a la manera de los sacramentos, pero por la oración de la Iglesia preparan a recibirla y disponen a cooperar con a ella. “La liturgia de los sacramentos y de los sacramentales hace que, en los fieles bien dispuestos, casi todos los acontecimientos de la vida [...] sean santificados por la gracia divina que emana del misterio Pascual de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, de quien reciben su poder todos los sacramentos y sacramentales, y que todo uso honesto de las cosas materiales pueda estar ordenado a la santificación del hombre y a la alabanza de Dios” (SC61)” (Catecismo  1670)

Fuentes: Foundation For Priests, Signos de estos Tiempos
(extraído de: http://forosdelavirgen.org/82665/5-cosas-que-debe-saber-sobre-la-guerra-espiritual-14-10-23/)