"El infierno consiste en la condenación eterna de quienes, por libre elección, mueren en pecado mortal" (Catecismo de la Iglesia Católica, Compendio, 212)
San Miguel Arcángel pesando las almas en el Juicio Final
Muchos santos afirmaron haber tenido sobrenaturales visiones del infierno. Y, aunque la iglesia no se basa en ellas para formular doctrina, estas visiones deben recordarnos lo que nuestra fe ya enseña: el infierno es un lugar real y terrible, y la gente realmente puede llegar allí.
Santa Faustina, una gran santa del siglo XIX, dijo acerca de una sus visiones:
“Lo que he escrito no es más que una pálida sombra de las cosas que vi. Pero me di cuenta de una cosa: que la mayoría de las almas que hay no creían que hubiera un infierno. ¡Cuán terriblemente sufren las almas allí! En consecuencia, pido aún más fervientemente por la conversión de los pecadores“
Así que arrepiéntete de tus pecados, vuelve al Señor y ayuda a otros a volver a Él.
1) Beata Ana Catalina Emmerich: “Nadie podría contemplarlo sin temblar”
La Beata Ana Catalina Emmerich vivió a final del siglo 18 y principios del siglo 19 en el Sacro Imperio Romano. Fue una mística que afirmó haber tenido visiones de todo tipo de cosas espirituales. He aquí un extracto de una de sus visiones del infierno:
“El exterior del Infierno era horrible y espantoso; era un inmenso edificio de aspecto pesado, y el granito del que estaba formado, aunque negro, era de brillo metálico; y las puertas oscuras y pesadas fueron aseguradas con muchos cerrojos tan terribles que nadie podría contemplarlos sin temblar.
Gemidos profundos y gritos de desesperación pueden distinguirse claramente incluso cuando las puertas estaban bien cerradas; pero, ¡Quién puede describir los gritos y chillidos que estallaron uando se soltaron los tornillos terribles y las puertas se abrieron!; y, oh, ¡quién puede describir el aspecto melancólico de los habitantes de este lugar miserable! […]
Todo dentro de él es, por el contrario, cerrado, confuso, y lleno de gente; cada objeto tiende a llenar la mente con sensaciones de dolor y pena; la desesperación, como un buitre, roe cada corazón, y la discordia y miseria reinan alrededor. […] En la ciudad del Infierno no hay nada que ver, solo mazmorras sombrías, oscuras cavernas, desiertos espantosos, pantanos fétidos llenos de todas las especies imaginables de reptiles venenosos y repugnantes. […]
En el Infierno, hay escenas perpetuas de miserable discordia, y toda clase de pecado y corrupción, ya sea bajo las formas más horribles imaginables, o representadas por diferentes tipos de tormentos espantosos. Todo en esta morada triste tiende a llenar la mente de horror; ni una palabra de consuelo se escucha y ninguna idea consoladora es admitida; el único y tremendo pensamiento es la justicia que un Dios todopoderoso otorga a la nada maldita, acompañado de la convicción absorbente de que ellos la han merecido plenamente y esto agobia cada uno de sus corazones.
El vicio aparece en su verdadero aspecto, colores repugnantes y sombríos. Se despojó de la máscara bajo la cual se ocultaba en este mundo, y la víbora infernal es vista devorando los que lo han querido o fomentado. En una palabra, el Infierno es el templo de la angustia y la desesperación…”
2) Santa Teresa de Ávila: “En el fuego, y despedazada”
La gran mística del siglo 16 y Doctora de la Iglesia, afirma haber tenido esta experiencia del infierno:
“La entrada parecía ser un estrecho pasaje largo, como un horno, muy baja y oscura. El suelo parecía estar saturado con lodo, muy sucio, emanando olores pestilentes, y cubierto de bichos repugnantes. Al final era un lugar vacío en la pared, como un armario, y en éste me vi encerrada. […]
Sentí un fuego en mi alma. […] Mis sufrimientos corporales eran insoportables. He padecido los sufrimientos más dolorosos en esta vida… sin embargo, todos estos eran nada en comparación con lo que sentí entonces, sobre todo cuando vi que no habría ninguna interrupción, ni ningún fin a ellos. […]
No vi quién era el que me atormentaba, pero me sentí en el fuego, y me parecía estar como despedazada. Y lo repito, este fuego interior y la desesperación son los mayores tormentos de todos. […]
Yo no podía sentarme ni acostarme: no había espacio. Me pusieron como en un agujero en la pared; y esas paredes, terribles por sí mismas, me cercaban por todas partes. Yo no podía respirar. No había luz, todo era oscuridad. […]
Estaba tan aterrorizada por esa visión – y siento el terror en mí incluso ahora mientras estoy escribiendo – que a pesar de que esto tuvo lugar hace casi seis años, el calor natural de mi cuerpo se enfría por el miedo, incluso ahora, cuando pienso en ello […]
Fue esa visión que me llenó de la gran angustia que siento al ver a tantas almas perdidas, sobre todo las de los luteranos que fueron una vez miembros de la Iglesia por el bautismo – y también esta visión me dio los deseos más vehementes por la salvación de las almas; porque ciertamente creo que, para salvar aunque sea a un alma de esos tormentos abrumadores, yo de muy buena gana resistiría muchas muertes”.
3) San Juan Bosco: “Terror indescriptible”
En 1868, San Juan Bosco afirmó que había tenido un sueño sobre el infierno. Su narración completa es bastante larga, así que aquí compartimos sólo un breve fragmento:
“En cuanto crucé el umbral, sentí un terror indescriptible y no me atreví a dar un paso más. Delante de mí pude ver algo así como una inmensa cueva que desapareció gradualmente en huecos hundidos profundamente en las entrañas de la montaña. Todos estaban en llamas, pero el suyo no era un fuego terrenal con lenguas de fuego, sino que toda la cueva – paredes, techo, piso, hierro, piedras, madera y carbón – todo era un blanco resplandeciente a temperaturas de miles de grados. Sin embargo, el fuego no se incineraba, no se consumía. Yo simplemente no puedo encontrar palabras para describir el horror de la caverna.[…]
Mi guía tomó mi mano, me obligó a abrirla, y la apretó contra la primera de las mil paredes. La sensación era tan absolutamente insoportable que salté hacia atrás con un grito y me encontré sentado en la cama.
Mi mano estaba lastimada y seguí frotando para aliviar el dolor. Cuando me levanté esta mañana me di cuenta de que estaba hinchada. Tener mi mano apretada contra la pared, aunque sólo en un sueño, se sentía tan real que, más tarde, la piel de la palma de mi mano se peló.
Tenga en cuenta que he intentado no asustarte mucho, y por eso no he descrito estas cosas con todo su horror como las vi y como me impresionaron. Sabemos que Nuestro Señor siempre representó el infierno con símbolos porque, si hubiera descrito como realmente es, no lo habríamos comprendido. Ningún mortal puede comprender estas cosas”.
4) Sor Lucía de Fátima: “Gritos y gemidos de dolor y desesperación”
Sor Lucía de Fátima no es santa (ya que murió recientemente, en 2005), pero fue una de las videntes de Fátima en el siglo 20, una aparición aprobada en la Iglesia. Como parte de esa visión, ella dice que vio el infierno:
“Vimos, por decirlo así, un vasto mar de fuego. Sumido en este fuego, vimos a los demonios y las almas de los condenados.
Estos últimos eran como brasas transparentes en llamas, todos de bronce ennegrecido o bruñido, que tienen formas humanas. Ellos estaban flotando alrededor de un incendio, siendo elevadas en el aire por las llamas que de ellas mismas salían, juntamente con nubes de humo. Luego, ellos se replegaron por todos lados como las chispas producidas en los grandes incendios, sin peso ni equilibrio, entre gritos y gemidos de dolor y desesperación, que nos horrorizaron y nos hicieron temblar de miedo (esta debe haber sido la visión que me hizo gritar, según afirma la gente que me escuchaba).
Los demonios se distinguían de las almas de los condenados por sus formas horribles y repugnantes de animales espantosos y desconocidos, negros y transparentes como carbones ardientes”.
5) Santa María Faustina Kowalska: “Un lugar de gran tortura”
Santa María Faustina Kowalska, a menudo conocida simplemente como Santa Faustina, fue una monja polaca que afirmó tener un gran número de experiencias místicas en la década de 1930. He aquí un extracto de su diario acerca de una de sus visiones:
“Hoy he estado en los abismos del infierno, conducida por un ángel. Es un lugar de grandes tormentos, ¡qué espantosamente grande es su extensión! Los tipos de tormentos que he visto: el primer tormento que constituye el infierno, es la pérdida de Dios; el segundo, el continuo remordimiento de conciencia; el tercero, aquel destino no cambiará jamás; el cuarto tormento, es el fuego que penetrará al alma, pero no la aniquilará, es un tormento terrible, es un fuego puramente espiritual, incendiado por la ira divina; el quinto tormento, es la oscuridad permanente, un horrible, sofocante olor; y a pesar de la oscuridad los demonios y las almas condenadas se ven mutuamente y ven todos el mal de los demás y el suyo; el sexto tormento, es la compañía continua de Satanás; el séptimo tormento, es una desesperación tremenda, el odio a Dios, las imprecaciones, las maldiciones, las blasfemias. Estos son los tormentos que todos los condenados padecen juntos, pero no es el fin de los tormentos.
Hay tormentos particulares para distintas almas, que son los tormentos de los sentidos: cada alma es atormentada de modo tremendo e indescriptible con lo que ha pecado. Hay horribles calabozos, abismos de tormentos donde un tormento se diferencia del otro. Habría muerto a la vista de aquellas terribles torturas, si no me hubiera sostenido la omnipotencia de Dios. Que el pecador sepa: con el sentido que peca, con ése será atormentado por toda la eternidad. Lo escribo por orden de Dios para que ningún alma se excuse diciendo que el infierno no existe o que nadie estuvo allí ni sabe cómo es. […]
He observado una cosa: la mayor parte de las almas que allí están son las que no creían que el infierno existe. Cuando volví en mí no pude reponerme del espanto, qué terriblemente sufren allí las almas”. (Diario de Santa Faustina, 741)
El demonio, como nombre de un personaje que actúa el mal, es una profesión de fe en el catolicismo, sin embargo hoy no es políticamente correcto referirse públicamente a él entre los católicos y sobre todo los sacerdotes, incluso a pesar de que el Papa Francisco habitualmente lo hace, porque lo ven como una forma de predicar la conversión por el miedo en lugar de por el amor. Sin embargo, en rigor, ambos conceptos no son ni teórica ni comunicacionalmente contradictorios y perfectamente pueden coexistir y comunicarse en el discurso. Por eso es bueno conocer que dice la Biblia y que han dicho los Padres de la Iglesia respecto del demonio.
demonio
Que los católicos consideren que nuestro Dios es el Dios del Amor, que pide a sus seguidores actuar con amor y que el último día nos juzgará por el amor, no requiere “esconder” la existencia del demonio como contrario a los planes de Dios y que busca que los hombres no se salven. Es más, por el propio amor que nos tiene Dios, nos ha revelado la existencia del demonio, nos avisa de tenerlo presente y como combatirlo.
CITAS DE LA SAGRADA ESCRITURA SOBRE LA EXISTENCIA DEL DEMONIO
He visto a Satanas caer del cielo a manera del relampago. Lc 10,18.
Vosotros sois hijos del diablo [. . . ]. El fue homicida desde el principio, no permanecio en la verdad. Jn 8,44.
Dios no perdono a los angeles que pecaron, sino que, amarrados con cadenas infernales, los precipito al abismo donde son atormentados. 2P 2,4.
A los angeles que no conservaron su dignidad, sino que abandonaron su morada, los echo (Dios) en el abismo tenebroso con cadenas eternas. Jud 6.
Apartaos de mi, malditos, al fuego eterno, que fue destinado para el diablo y sus angeles. Mt 25,41.
SOBRE LA OPOSICIÓN ENTRE JESÚS Y EL DIABLO
Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo [. . . ]. El diablo le dijo: Todas estas cosas te dare si postrandote ante mi me adorares. Respondiole Jesús: Apartate de mi, Satanas. Mt 4,1-9 Mc 1,12-13 Lc 4,1-13.
El enemigo que sembro la cizaha es el diablo. Mt 13,39.
Los escribas decian: Esta poseido de Belcebu, y así por arte del principe de los demonios es como lanza los demonios. Mas les contestaba con estos similes: ¿Como puede Satanas arrojar al mismo Satanas? Si un reino se divide no puede subsistir: Mc 3,22-24.
Curo (Jesús) a muchas personas, afligidas de varias dolencias, y lanzo a muchos demonios, sin permitirles decir que sabian quien era. Mc 1,34.
Señor, ten compasión de mi hijo, porque es lunatico [. . . ] y lo he presentaao a tus discípulos y no han podido curarle. Jesús dijo: Traedmelo aca. Y Jesús amenazo al demonio y salio del muchacho, que quedo curado. Mt 17,14-17 Mc 9,17-28 Lc 9,38-44.
Los que creyeren lanzaran los demonios en mi nombre. Mc 16,17.
Señor, hasta los demonios mismos se sujetan a nosotros por la virtud de tu nombre. Lc 10,17.
Un hombre poseido del espiritu inmundo exclamo diciendo: ¿Que tenemos nosotros que ver contigo, oh Jesús Nazareno? ¿Has venido a perdernos? Mt 8,29Mc 1,24 Mc 5,7 Lc 8,28.
Ahora “el principe de este mundo” va a ser lanzado fuera. Jn 12,31.
¿Que compañia puede haber entre la luz y las tinieblas? ¿que concordia entre Cristo y Belial? 2Co 6,14-15.
SU ACTUACIÓN SOBRE EL HOMBRE
Sed sobrios y vigilantes: porque vuestro enemigo el diablo anda girando como leon rugiente alrededor de vosotros, en busca de presa que devorar. 1P 5,8.
Quisimos pasar a visitaros y en particular yo, Pablo, lo he resuelto varias veces; pero Satanas nos lo ha estropeado [. . . ]. 1Th 2,18.
Los que contradicen la verdad [. . . ] estan enredados en los lazos del diablo, que los tiene presos a su arbitrio. 2Tm 2,25-26.
Dijo también el Señor: Simon, mira que Satanas va tras de vosotros para zarandearos como el trigo. Mas yo he rogado por ti. Lc 22,31.
El que oye la palabra del reino y no para en ella su atención, viene el mal espiritu y le arrebata aquello que se había sembrado en su corazon. Mt 13,19.
Se me ha dado el estimulo de mi carne, un angel de Satanas para que me abofetee. 2Co 12,7.
El mismo Satanas se transforma en angel de luz, así no es mucho que sus ministros se transfiguren en ministros de justicia. 2Co 11,14-15.
Satanas se apodero de Judas, el cual fue a tratar con los principes de los sacerdotes: Lc 22,3-4 Jn 13,17.
Temo que así como la serpiente engaño a Eva con su astucia, así sean manchados vuestros espiritus. 2Co 11,3.
Revestios de toda la armadura Je Dios, para poder contrarrestar las asechanzas del diablo, pues [. . . ] nuestra pelea es contra los espiritus malignos. Ep 6,11-12.
Si os enojais, no querais pecar [. . . ]. No deis lugar al diablo. Ep 4,26-27.
Estos son espiritus de demonios, que hacen prodigios y van a los reyes de la tierra para coaligarlos en batalla el gran dia del Dios todopoderoso. Ap 16,14.
Satanas saldra de su prisión y engañara a las naciones que hay sobre los cuatro angulos del mundo. Ap 20,7.
Quien comete pecado, del diablo es; porque el diablo desde el momento de su caida continua pecando. Por eso vino el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo. 1Jn 3,8.
Estad, pues, sujetos a Dios y resistid al diablo y huira de vosotros. Jc 4,7.
CITAS DE LOS PADRES DE LA IGLESIA SOBRE SU ACTUACIÓN CONSTANTE CERCA DEL HOMBRE
Si miras hacia el sol serás inmediatamente iluminado; si miras hacia la sombra, necesariamente quedarás rodeado de tinieblas. El diablo es malo por haber escogido la maldad libre y conscientemente, no porque su naturaleza esté de por sí en oposición con el bien (SAN BASILIO, Sermon 15).
Siempre está ojo avizor contra nosotros el enemigo antiguo; no nos durmamos. Sugiere halagos, pone celadas, introduce malos pensamientos y, para llevarnos a dolorosa ruina, pone delante lucros y amenaza con perjuicios. Todos ahora y cada uno es probado, cada cual a su modo (SAN AGusTiN, Sermon 6).
Las cosas que proceden de la naturaleza y las que parten de nuestra voluntad, son de poca importancia, comparadas con la guerra implacable que nos tiene declarada el demonio (SAN JUAN CRISOSTOMO,en Catena Aurea,vol I, p.374).
Nos dice también San Pedro: Vigilad constantemente, pues el demonio esta rondando cerca de vosotros como león rugiente ,que busca a quien devorar. Y el mismo Jesucristo nos dice: Orad sin cesar, para que no caigáis en la tentación: es decir, que el demonio nos acecha en todas partes. De manera que es preciso contar con que, en cualquier parte o en cualquier estado que nos hallemos, nos acompañará la tentación (SANTO CURA DE ARS, Sermon sobre las tentaciones).
Nuestro enemigo el diablo nos rodea siempre, tratando de quitarnos la semilla de la palabra que ha sido puesta en nosotros (SAN ATANASIO, en Catena Aurea, vol. Vl, p. 396).
LO QUE DICEN LOS PADRES DE LA IGLESIA SOBRE LA TENTACIÓN
Como general competente que asedia un fortín, estudia el demonio los puntos flacos del hombre a quien intenta derrotar, y lo tienta por su parte más débil (SANTO TOMAS, Sobre el Padrenuestro, 1. c., p. 162).
Sus armas son la astucia, el engaño y la torpeza espiritual y sus despojos los hombres engañados por él (SAN BEDA, en Catena Aurea, vol. Vl, p. 30).
Dos pasos del diablo: primero engaña, y después de engañar intenta retener en el pecado cometido (SANTO TOMAS, Sobre el Padrenuestro, 1. c. , p. 163).
Las tentaciones de Nuestro Señor son también las tentaciones de sus servidores de un modo individual. Pero su escala, naturalmente, es diferente: el demonio no va a ofreceros a vosotros ni a mí todos los reinos del mundo. Conoce el mercado y, como buen vendedor, ofrece exactamente lo que calcula que el comprador tomará. Supongo que pensará, con bastante razón, que la mayor parte de nosotros podemos ser comprados por cinco mil libras al año, y una gran parte de nosotros por mucho menos. Tampoco nos ofrece sus condiciones de modo tan abierto, sino que sus ofertas vienen envueltas en toda especie de formas plausibles. Pero si ve la oportunidad, no tarda mucho en señalarnos a vosotros y a mí cómo podemos conseguir aquello que queremos si aceptamos ser infieles a nosotros mismos y, en muchas ocasiones, si aceptamos ser infieles a nuestra lealtad catolica (R. A.KNOX,Sermones pastorales, P. 79).
SOBRE SU LÓGICA DE TRATAR SIEMPRE DE SEMBRAR LA CONFUSIÓN
El diablo no permite a aquellos que no velan, que vean el mal hasta que lo han consumado (SAN JUAN CRISOSTOMO, en Catena Aurea, vol. III, p. 345).
1518 Suponed, por ejemplo, que sobre las calles de una populosa ciudad cayera de repente la oscuridad; podéis imaginar, sin que yo os lo cuente, el ruido y el clamor que se produciría. Transeúntes, carruajes, coches, caballos, todos se hallarían mezclados. Asi es el estado del mundo. El espíritu maligno que actúa sobre los hijos de la incredulidad, el dios de este mundo, como dice S. Pablo, ha cegado los ojos de los que no creen, y he aquí que se hallan forzados a reñir y discutir porque han perdido su camino; y disputan unos con otros, diciendo uno esto y otro aquello, porque no ven (CARD.J. H. NEWMAN, Sermon para el Domingo II de Cuaresma. Mundo y pecado).
El lobo roba y dispersa las ovejas, porque a unos los arrastra a la impureza, a otros inflama con la avaricia, a otros los hincha con la soberbia, a otros los separa por medio de la ira, a este le estimula con la envidia, al otro le incita con el engaño. De la misma manera que el lobo dispersa las ovejas de un rebaño y las mata, así también hace el diablo con las almas de los fieles por medio de las tentaciones (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 14 sobre los Evang.).
Siendo un ángel apostata, no alcanza su poder mas que a seducir y apartar el espíritu humano para que viole los preceptos de Dios, oscureciendo poco a poco el corazón de aquellos que tratarían de servirle, con el propósito de que olviden al verdadero Dios, sirviéndole a el como si fuera Dios. Esto es lo que descubre su obra desde el principio (SAN IRENEO, Trat. contra las herejias, 5).
Perverso maestro es el diablo, que mezcla muchas veces lo falso con lo verdadero, para encubrir con apariencia de verdad el testimonio del engaño (SAN BEDA, en Catena Aurea, vol. IV, p. 76).
EL DEMONIO EN LA HORA DE LA MUERTE
Debemos procurar pensar con santo temor cuan furioso y terrible se presentará el demonio en el día de nuestra muerte, buscando en nosotros sus obras; cuando vemos que se presentó a Dios al morir en su carne, y buscó alguna de sus obras en Aquel en quien nada pudo encontrar (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 39 sobre los Evang.).
TRATA DE APROVECHAR CUALQUIER CIRCUNSTANCIA Y ESTADO DE ÁNIMO, ESPECIALMENTE LA TRISTEZA
Alguien podría quizá preguntar: ¿como se explica que el diablo utilice las citas de la Sagrada Escritura?
No tiene mas que abrir el Evangelio y leer. Encontrará escrito: Entonces el diablo lo tomo—se trata del Señor, del Salvador—y lo puso sobre lo alto del templo y le dijo: si eres el Hijo de Dios, échate de aquí abajo; pues está escrito: te he encomendado a los ángeles, los cuales te tomarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra (Mt 4, 5-6).
¿Que no hará a los pobres mortales el que tuvo la osadía de asaltar, con testimonios de la Escritura, al mismo Señor de la majestad? (SAN VICENTE DE LERINS, Conmonitorio, n. 26).
Después (de cometido el mal) el diablo exageró de tal manera su tristeza que llego a perder al desgraciado. Algo semejante pasó en Judas, pues después que se arrepintió no supo contener su corazón, sino que se dejó llevar por la tristeza inspirada por el diablo, la cual le perdió (ORIGENES, enCatena Aurea, vol. III, p. 346).
EL PECADOR QUEDA, EN CIERTO MODO, BAJO LA POTESTAD DEL DEMONIO
De la misma manera que la nave (una vez roto el timón) es llevada a donde quiere la tempestad, así también el hombre, cuando pierde el auxilio de la gracia divina por su pecado, ya no hace lo que quiere, sino lo que quiere el demonio (SAN JUAN CRISOSTOMO, en Catena Aurea, vol. III, p.
Cuando el demonio se aparta de alguno, acecha el instante oportuno, y cuando le ha inducido a un segundo pecado, acecha la ocasión para el tercero (ORIGENES, en Catena Aurea, vol. III, p. 346).
“NO TIENE TANTO PODER PARA VENCERNOS COMO PARA TENTARNOS”. INCLUSO TIENE LIMITADO EL PODER DE TENTAR
El afirmar que estos enemigos se oponen a nuestro progreso, lo decimos solamente en cuanto nos mueven al mal, no que creamos que nos determinen efectivamente a él. Por lo demás, ningún hombre podría en absoluto evitar cualquier pecado, si tuvieran tanto poder para vencernos como lo tienen para tentarnos. Si por una parte es verdad que tienen el poder de incitarnos al mal, por otra es también cierto que se nos ha dado a nosotros la fuerza de rechazar sus sugestiones y la libertad de consentir en ellas. Pero si su poder y sus ataques engendran en nosotros el temor, no perdamos de vista que contamos con la protección y la ayuda del Señor. Su gracia combate a nuestro favor con un poder incomparablemente superior al de toda esa multitud de adversarios que nos acosan. Dios no se limita únicamente a inspirarnos el bien. Nos secunda y nos empuja a cumplirlo. Y mas de una vez, sin percatarnos de ello y a pesar nuestro, nos atrae a la salvación. Es, pues, un hecho cierto que el demonio no puede seducir a nadie, si no es a aquel que libremente le presta el consentimiento de su voluntad (CASIANO, Colaciones, 7).
El diablo tiene un cierto poder; sin embargo, las más de las veces quiere hacer daño y no puede porque este poder esta bajo otro poder [...], ya que Quien da facultad al tentador, da también su misericordia al que es tentado. Ha limitado al diablo los permisos de tentar (SAN AGUSTIN, Sobre el Sermon dde la Montafla, 2).
El diablo no puede dominar a los siervos de Dios que de todo corazón confían en El. Puede, sí, combatirlos, pero no derrotarlos (PASTOR DE HERMAS, Epilogo sobre los Mandamientos, 2).
NO CONOCE DIRECTAMENTE LA NATURALEZA DE NUESTROS PENSAMIENTOS
Los espíritus inmundos no pueden conocer la naturaleza de nuestros pensamientos. Únicamente les es dado columbrarlos merced a indicios sensibles o bien examinando nuestras disposiciones, nuestras palabras o las cosas hacia las cuales advierten una propensión por nuestra parte. En cambio, lo que no hemos exteriorizado y permanece oculto en nuestras almas les es totalmente inaccesible.
Inclusive los mismos pensamientos que ellos nos sugieren, la acogida que les damos, la reacción que causan en nosotros, todo esto no lo conocen por la misma esencia del alma, antes bien, por los movimientos y manifestaciones del hombre exterior (CASIANO, Colaciones, 7).
ES “COMO UN GRAN PERRO ENCADENADO, QUE SOLAMENTE MUERDE A QUIENES SE LE ACERCAN DEMASIADO”
Nos dice San Agustín, para consolarnos, que el demonio es un gran perro encadenado, que acosa, que mete mucho ruido, pero que solamente muerde a quienes se le acercan demasiado (SANTO CURA DE ARS, Sermon sobre las tentaciones).
AYUDA DE LOS SACRAMENTOS, DE LA ORACIÓN, DE LA LIMOSNA Y DE LOS SACRAMENTALES PARA VENCER LA TENTACIÓN
Me dices que por qué te recomiendo siempre, con tanto empeño, el uso diario del agua bendita.—Muchas razones te podría dar. Te bastará, de seguro, esta de la Santa de Ávila: “De ninguna cosa huyen mas los demonios, para no tornar, que del agua bendita” (J. ESCRIVA DE BALAGUER, Camino, n. 5t2).
Dios nos envía amigos, ora sea un santo, ora un angel, para consolarnos [...]; nos hace sentir con mayor fuerza la eficacia de sus gracias a fin de fortalecernos y armarnos de valor. Mas, al recibir los sacramentos, no es un santo o un ángel, es El mismo quien viene revestido de todo su poder para aniquilar a nuestro enemigo. El demonio, al verle dentro de nuestro corazón, se precipita a los abismos; aquí tenéis, pues, la razón o motivo por el cual el demonio pone tanto empeño en apartarnos de ellos, o en procurar que los profanemos. En cuanto una persona frecuenta los sacramentos, el demonio pierde todo su poder sobre ella (SANTO CURA DE ARS, Sermon sobre la perseverancia)
(Mas libranos del mal). Nada queda ya que deba pedirse al Señor cuando hemos pedido su protección contra todo lo malo; la cual, una vez obtenida, ya podemos considerarnos seguros contra todas las cosas que el demonio y el mundo pueden hacer. ¿Que miedo puede darnos el siglo, si en el tenemos a Dios por defensor? (SAN CIPRIANO, en Catena Aurea, vol. II, pp. 371-372).
Ningun poder humano puede ser comparado con el suyo y solo el poder divino lo puede vencer y tan solo la luz divina puede desenmascarar sus artimañas. El alma que hubiera de vencer la fuerza del demonio no lo podrá conseguir sin oración ni podra entender sus engaños sin mortificación y sin humildad (SAN JUAN DE LA CRUz, Cantico espiritual, 3, 9).
Donde se da limosna no se atreve a penetrar el diablo (SAN JUAN CRISOSTOMO, Hom. sobre la l.a Epistola a los Colosenses, 35).
LA AYUDA DEL ANGEL CUSTODIO
Acude a tu Custodio, a la hora de la prueba, y te amparará contra el demonio y te traerá santas inspiraciones (J. ESCRIVA DE BALAGUER, Camino, n. 567).
EL HUMILDE VENCE AL DEMONIO
Refiérese en la vida de San Antonio que Dios le hizo ver el mundo sembrado de lazos que el demonio tenía preparados para hacer caer a los hombres en pecado. Quedó de ello tan sorprendido que su cuerpo temblaba como la hoja de un árbol, y dirigiéndose a Dios le dijo: “Señor, ¿quien podrá escapar de tantos lazos?” Y oyó una voz que le dijo: “Antonio, el que sea humilde; pues Dios da a los humildes la gracia necesaria para que puedan resistir a las tentaciones; mientras permite que el demonio se divierta con los orgullosos, los cuales caerán en pecado en cuanto sobrevenga la ocasión. Mas a las personas humildes el demonio no se atreve a atacarlas” (SANTO CURA DE ARS, Sermon sobre la humildad).
LA AYUDA DE LA VIRGEN
El príncipe de este mundo ignora la virginidad de María y su parto y la muerte del Señor: tres misterios resonantes cumplidos en el silencio de Dios (SAN IGNACIO DE ANTIOQUIA, Carta a los Tralianos, 9, 1).
¿Que por momentos te faltan las fuerzas?—¿Por qué no se lo dices a tu Madre: “consolatrix afflictorum, auxilium christianorum… spes postra, regina apostolorum”? (J. ESCRIVA DE BALAGUER,Camino, n. 515).
¡Que cosas nos dicen los santos de Maria! “¡Quién volvió a su casa sin alegría ni gozo, despues de haber pedido a María, la Madre del Señor, lo que deseaba? (SAN AMADEO, Homilías).
Así como Eva fue seducida por un ángel para que se alejara de Dios, desobedeciendo su palabra, así María fue notificada por otro ángel de que llevaría a Dios en su seno, si obedecía su palabra. Y como aquella fue inducida a no obedecer a Dios, así ésta fue persuadida a obedecerlo, y de esta manera la Virgen María se convirtió en abogada de la virgen Eva (SAN IRENEO, Trat. contra las herejias,5).
En todo peligro puedes alcanzar la salvación de esta Virgen gloriosa; por eso se dice: Mil escudos—mil remedios contra los peligros—cuelgan de ella (Cant 4, 4). Igualmente, para cualquier obra virtuosa puedes invocarla en tu ayuda; por eso dice Ella misma: En mí esta toda esperanza de vida y de virtud (Eclo 24, 25) (SANTO TOMAS, Sobre el Avemaria, 1. c., p. 182).
Fuentes: de “Antología de textos: Para hacer oración y para la predicación” del padre Francisco Fernández-Carvajal, Signos de estos Tiempos
“Vi
[ ... ] al Salvador acercarse, severo, al centro del abismo. El infierno se me
apareció como una enorme caverna oscura, apenas iluminada por una luz tenue de
brillo casi metálico. En la entrada se destacaban enormes puertas negras con
cerraduras y cerrojos incandescentes. Los gritos de terror se elevaban sin cesar
desde ese abismo tenebroso en el cual, de repente , se hundieron las puertas.
Así pude ver un mundo horrible de desolación y oscuridad.
El
infierno es una prisión de ira eterna, donde luchan los seres enfurecidos y
desesperados. Mientras que en el cielo se disfruta de la alegría y se adora al
Todopoderoso en jardines llenos de flores y frutas deliciosas que comunican la
vida, en el infierno por el contrario se habita en mazmorras cavernosos, y se
ven horribles desiertos e inmensos lagos llenos de monstruos espantosos que provocan
un miedo horrible. Allí dentro hierve la discordia eterna y terrible de los
condenados. En el cielo en cambio reina la unión de los Santos eternamente felices.
El infierno, por el contrario, encierra cuanto el mundo produce de corrupción y
de error; allí impera el dolor y se sufren por lo tanto suplicios en una
indefinida variedad de manifestaciones y penas. Cada condenado tiene siempre
presente este pensamiento: que los tormentos que padece, son el fruto natural y
justo de sus fechorías.
Todo
lo que se siente y ve de horrible en el infierno es la esencia, la forma
interior del pecado descubierto, de aquella serpiente venenosa que devora a los
que la cobijaron en su seno durante la prueba mortal. Todo esto se puede
entender cuando uno se ve, pero no se puede expresar en palabras.
Cuando
los ángeles, que escoltaban a Jesús, derribaron las puertas del infierno, se
elevó como un torbellino de maldiciones , insultos, gritos y lamentos. Algunos
ángeles habían arrojado más allá a una cantidad enorme de demonios, que
deberían haber reconocido y adorado al Redentor. Esto constituía su mayor
suplicio. Muchos de ellos fueron entonces encarcelados dentro de una esfera, que
contenía muchos círculos concéntricos.
En
el centro del infierno se hundía un abismo tenebroso, donde había sido
precipitado Lucifer encadenado, el cual estaba inmerso en vapores oscuros. Todo
sucedió según determinados arcanos divinos. Supe que Lucifer debía ser
desencadenado durante algún tiempo, cincuenta o sesenta años antes del año 2000
después de Cristo, si no me equivoco. Algunos demonios en cambio deben ser
soltados antes de esa época para castigar y exterminar a los mundanos. Algunos
de ellos fueron desencadenados en nuestros días, otros lo serán pronto.
Mientras escribo, veo ante mis ojos escenas del infierno tan horripilantes, que
su sola visión me podría hacer morir”.
Sor
Josefa Menéndez, mística perteneciente a la Sociedad del Sagrado Corazón, tuvo
un carisma particular: Dios le permitió experimentar el infierno para que diera
testimonio de su existencia, especialmente en este momento en el que es
fuertemente rechazado. He aquí su experiencia: “En un instante estaba en el
infierno, pero sin ser arrastrada como en otras ocasiones, tal como caen los
condenados. El alma se precipita desde sí misma, se arroja como si deseara
desaparecer de la vista de Dios, para poderlo odiar y maldecir. El alma se dejó
caer en un abismo, del cual no se podía ver el fondo, que era inmenso [ ... ] .
He
visto el infierno como siempre: cuevas y fuego. Aunque no se ven formas
corporales, los tormentos destrozan a los condenados como si los cuerpos estuvieran
presentes, y las almas se reconocen. Me sumergí dentro de un nicho de fuego y
aplastada como entre placas candentes y como si hierros y picos encendidos se
introdujeran en mi cuerpo. He sentido como si se quisiera –aunque sin lograrlo-
arrancarme la lengua, lo que me reducía al extremo, con un dolor insoportable.
Los ojos parecían salir de órbita, creo que a causa del fuego que los quemaba
horriblemente. No se puede mover un dedo para buscar alivio, ni cambiar de
posición; el cuerpo está como comprimido. Las oídos están aturdidos por los
gritos confusos, que no cesan ni por un momento. Un olor repugnante y
nauseabundo asfixia e invade todo, como si se quemase carne en putrefacción con
brea y azufre. Todo esto lo he experimentado como en otras ocasiones, y aunque
estos son terribles tormentos, serían nada si el alma no sufriera. Pero el alma
sufre de una manera indescriptible. He visto algunas de estas almas condenadas
rugir por el tormento eterno que saben que deben sufrir, especialmente en las
manos. Creo que han robado, porque dijeron: “¿Dónde está ahora aquello que
habías tomado? ¡Malditas manos!”. Otras almas acusaban a su propia lengua, los
ojos... Cada alma acusaba a lo que había sido causa del pecado: “¡Bien pagadas
están las delicias que te concedía, oh cuerpo mío…!”.
“Y
eres tú, cuerpo, el que lo ha querido! (…) Por un instante de placer, una
eternidad de dolor!”. Me parece que en el infierno las almas se acusan
especialmente de pecados de impureza. Mientras estaba en aquel abismo, he visto
precipitarse a los mundanos y no se puede decir ni comprender los gritos y
rugidos que emitían: “¡Maldición eterna! ¡Me engañé! ¡Estoy perdido! ¡Estoy
aquí para siempre , para siempre y ya no hay más remedio! ¡Maldita sea mi alma!”.
Una niña gritaba desesperadamente, maldiciendo contra las malas satisfacciones
otorgadas al cuerpo y maldecía también a los padres, que le habían dado
demasiada libertad para seguir la moda y las diversiones mundanas. Estaba
condenada desde hacía tres meses. Todo
esto que he escrito - concluye Sor Josefa Menéndez - no es sino “una sombra en
comparación con lo que se sufre en el infierno”.
Beata María Serafina Micheli
(el encuentro con Lutero)
Lutero
había dicho que “ni siquiera los ángeles podrían desafiar su doctrina”, lo cual
es “Vanidad de vanidades”, como dice la Biblia.
En 1883, Sor María
Serafina Micheli (1849-1911), beatificada el 28 de mayo de 2011, se encontraba
de paso en Eisleben, Sajonia, ciudad natal de Lutero, con motivo del centenario
de su nacimiento. Encontrando una Iglesia cerrada, comenzó a rezar en las
escaleras, pero un ángel le advirtió que era una iglesia luterana protestante y
le hizo ver a Lutero en el infierno, con sus padecimientos. Así cuenta la
historia: mientras rezaba el ángel de la guarda se le apareció y le dijo: “Levántate,
porque esta es una iglesia protestante”. Luego añadió: “Quiero que veas el
lugar donde fue condenado a Martín Lutero y el castigo que sufre en castigo de
su orgullo”.
“Después de estas palabras vi una horrible
vorágine de fuego, en la cual eran horriblemente atormentadas un incalculable
número de almas. En el fondo de esta vorágine había un hombre, Martín Lutero,
que se distinguía de los otros: estaba rodeado por demonios que lo obligaban a
estar de rodillas y todos, munidos de martillos, se esforzaban, pero en vano,
en clavarle un clavo en la cabeza.
La
hermana pensaba: “Si la gente viera esta escena dramática, con toda seguridad no
le tributaría honores, recuerdos, conmemoraciones y festejos a tal personaje”. Más
tarde, cuando se presentó la oportunidad, recordaba a sus hermanas en religión
el vivir en la humildad y escondidas a los ojos del mundo. Estaba convencida de
que Martín Lutero fue castigado en el infierno, especialmente a causa del
primer pecado capital, el orgullo.
¡Atención!
Con esto no queremos erigirnos en jueces de Lutero, no sabemos si está o no en
el infierno. La pedagogía de Dios va más allá de la curiosidad que a menudo nos
anima, y no es este –la curiosidad vana- el mensaje que Dios quiere darnos a
través de sus santos, sino el evitar aquello que puede condenar nuestras almas,
el pecado mortal.
Decimos con el
salmista: “Señor, mi corazón no es soberbio ni altivos mis ojos, no estoy en
busca de grandes cosas, más allá de mis fuerzas” (Sal 130).
Ofrecemos a Dios
nuestra “nada”: la incapacidad, las dificultades, el desánimo, la desilusión, las
incomprensiones, las tentaciones, las caídas y la amargura de todos los días.
Más bien nos reconocemos pecadores, necesitados de su misericordia. Jesús, precisamente
porque somos pecadores, nos pide que abramos el corazón y nos dejemos amarnos
por Él.
San Juan Bosco
San Juan Bosco: conducido
por su ángel de la guarda hacia el valle de las sombras...
San Juan Bosco tuvo una
visión del infierno que él contó así a los jóvenes: “Me encontré con mi guía
(el Ángel de la Guarda) en el fondo de un precipicio que terminaba en un valle
oscuro. En ese momento aparece un inmenso edificio, que tenía una puerta
altísima, cerrada. Tocamos el fondo del precipicio, un calor sofocante me
oprimía, un humo espeso, casi verde, se levantaba sobre los murallones del
edificio, junto con llamas sanguinosas. Le pregunté: “¿Dónde estamos?”. “Lee
–me dijo mi guía- la inscripción en la puerta”. Había algo escrito que decía: “Ubi
non est redemptio!”, es decir, “¡Donde no hay redención!”.
Mientras
tanto, vi caer en ese abismo [ ... ] primero un joven, después otro, y todavía
otro más; todos tenían escrito en la frente su propio pecado. Exclamó el guía: “Esta
es la causa principal de estos condenaciones: los malos compañeros, los malos libros
y los hábitos perversos”.
Los
infelices eran jóvenes conocidos por mí. Le pregunté: “Pero entonces es inútil
que se trabaje con los jóvenes, si tantos terminan así?”. ¿Cómo impedir tanta
ruina?”. “Aquellos que has visto, todavía están vivos, pero ésta es su
situación actual y si muriesen, ¡vendrían aquí sin duda!”.
Después
entramos en el edificio, se corría con la velocidad del rayo. Leí esta
inscripción: “¡Ibunt ignem impía en Aeternum!”, es decir: “¡Los impíos irán al
fuego eterno!”. “¡Ven conmigo!”, agregó el guía. Me tomó de la mano y me llevó
a una puerta, que se abrió. Se me presentó a la vista una especie de caverna
inmensa, llena de fuego; aquel fuego sobrepasaba los miles y miles de grados de
calor.
No
puedo describir esta cueva en toda su espantosa realidad . Mientras tanto, de
repente, vi a los jóvenes caer en la caverna de fuego. El guía dijo: “La
transgresión del sexto mandamiento es la causa de la ruina eterna de muchos
jóvenes”. “Pero si han pecado, sin embargo se han confesado”. “Ellos confesaron
sus pecados, pero los pecados contra la virtud de la pureza los han confesado mal
o los han callado”. Por ejemplo, uno había cometido cuatro o cinco de estos
pecados, pero él dijo que sólo dos o tres. Hay quienes han cometido uno en la
infancia y han tenido siempre vergüenza de confesarlo, o lo confesaron mal y no
dijeron nada. Otros no tuvieron dolor ni propósito de enmienda; otros, en vez
de hacer un examen de conciencia, estudiaban maneras de engañar al confesor. Y
quien muere con esa resolución, elige ser del número de los réprobos y así será
por toda la eternidad [ ... ].
“Y
ahora, ¿quieres ver porqué la misericordia de Dios que te ha traído hasta aquí?”.
El ángel levantó un velo y vi un grupo de jóvenes de este Oratorio, a quienes
yo conocía a todos, condenados por este delito. Entre ellos estaban los que
aparentemente poseen un buen comportamiento. Continuó el ángel: “¡Predica por todas
partes contra la inmodestia!”. Luego hablamos por cerca de media hora sobre las
condiciones necesarias para hacer una buena confesión y concluyó: “¡Cambiar de
vida, cambiar de vida!”. Ahora -añadió el amigo- que has visto los tormentos de
los condenados, es necesario que pruebes tú también un poco de infierno!”.
Habiendo salido del horrible edificio, el guía me agarró la mano y me hizo
tocar la última pared externa; dí un grito [...]. Terminada la visión, me di
cuenta de que mi mano estaba hinchada y por una semana estuve vendado”.
María de Santa Cecilia romana
Sor
María de Santa Cecilia Romana: esta beata también tuvo la oportunidad de ver el
lugar al que nunca querríamos ir.
La
Beata Sor Mary S. Cecilia Romana (Dina Belanger , Quebec , Canadá , 30 de abril
1897 - Sillery , Quebec , Septiembre 4, 1929), beatificada el 20 de marzo de
1993, llegó a las alturas de la vida mística en su breve vida terrena. A los 4
años fue fuertemente impresionado por el diablo y el infierno, viendo a los
demonios en movimiento constante y agitado. Entendió entonces que el pecado es
una sugestión diabólica.
En
su autobiografía, escrita bajo obediencia, habla como si viviera una
experiencia aterradora del diablo y el infierno. Esta es la historia de un
encuentro con el Señor el 07 de abril de 1927: “Desde el 20 de marzo, la
enfermedad me obliga a estar en cama. Esta mañana, antes de la comunión, el
Señor me ha presentado el tema de mis consideraciones para estos dos días, es
decir, “el dolor infligido a su Corazón agonizante a causa de la inutilidad de
sus sufrimientos para un gran número de almas”. “En el momento de la comunión me
ha dado su cáliz bendito. Durante la acción de gracias me mostró, en espíritu, a
aquellos que, por millones y millones, corrían hacia la perdición eterna, seguiendo
a Satanás. Y Él, el Salvador, rodeado de un pequeño número de almas fieles,
estaba sufriendo, pero en vano, por todos aquellos pecadores. Su corazón veía
caer, de a miles de ellos, en el infierno. En este punto le dije: “Jesús mío, de
parte tuya, tu redención fue completa; pero entonces ¿qué puede faltar, desde
el momento en que tantas almas se pierden?”. Él respondió: “La razón es que las
almas piadosas no se asocian suficientemente a mis sufrimientos”.
Verónica Giuliani
Santa
Verónica Giuliani describe la repulsión que le dan las almas condenadas.
Santa
Verónica Giuliani (27 de diciembre 1660 - 9 de julio 1727) vivió en el
monasterio de las Clarisas de Città di Castello, y narra así sus visiones del infierno:
“Me pareció que el Señor me hacía ver un lugar oscurísimo; pero en el que
igualmente había un incendio como si se tratara de un gran horno. Había llamas
y fuego, pero no se podía ver la luz; sentí gritos y ruidos, pero no podía ver
nada; salía hedor y humo horribles, pero no hay , en esta vida, algo con lo que
se puede comparar.
En
este punto, Dios me dió una comunicación acerca de la ingratitud de las
criaturas, y de cómo aborrece este pecado. Y aquí se me mostró todo flagelado, azotado,
coronado de espinas, con una pesada cruz en el hombro.
Entonces
me dijo: “Mira y ve bien este lugar que nunca terminará. Está, para el tormento,
mi justicia y mi desprecio riguroso”.
Mientras
tanto, me pareció oír un ruido fuerte. Aparecieron muchos demonios: todos, con
cadenas, sostenían animales de diversas especies. Estas bestias, repentinamente,
se convirtieron en criaturas (hombres), pero tan espantosas y horribles, que me
daban más terror que los mismos demonios. Yo estaba temblando de pies a cabeza,
y me quería acercar adonde estaba el Señor. Pero a pesar de que había poco
espacio, nunca pude acercarme más. El Señor estaba chorreando sangre, y estaba
bajo aquel grave pesado. ¡Oh Dios! Querría haber recoger su Sangre y tomar la Cruz.
En un instante, aquellas criaturas se convirtieron, una vez más, en forma de
animales y, a continuación, todos fueron precipitados en aquel lugar oscurísimo,
y mientras eran precipitados, maldecían a Dios y a los santos.
Me
pareció que el Señor me hiciese entender que aquel lugar era el infierno y que esas
eran almas muertas y, por el pecado, se habían convertido en bestias; entre
ellos había también religiosos […].
Y
yo tenía delante mío todos mis pecados [ ... ]. Sentía un incendio de fuego,
pero no podía ver las llamas; sentía alguno que soplaba sobre mí, pero no veía
a nadie. De repente, sentí como una llama de fuego que venía hacia mí, y yo
sentía que me golpeaban, pero no veía nada. ¡Oh! ¡Qué pena! ¡Qué tormento! No
puedo describirlo, e incluso el solo recordarlo, me hace temblar. Al final, en
tanta oscuridad, me pareció ver un poco de luz como por el aire. Poco a poco,
se dilató y agrandó. Me parecía que me librara de estas penas, pero no veía
nada”.
Otra
visión del infierno es del 17 de enero de 1716. La santa narra que en ese día fue
transportada por algunos ángeles al infierno: “En las profundidades del abismo
vi un trono monstruoso, hecha de demonios aterradores. En el centro había una
silla formada por los jefes del abismo. Satanás se sentaba encima en su horror
indescriptible y desde allí observaba a todos los condenados. Los ángeles me
dijeron que la visión de Satanás constituye el tormento del infierno, así como
la visión de Dios constituye el deleite del Paraíso. Mientras tanto, me di
cuenta que el silencio almohadón de la silla era Judas y otras almas
desesperadas como él. Le pregunté a los ángeles si quiénes eran aquellas almas
y tuve esta terrible respuesta: “Ellos eran prelados religiosos y dignatarios
de la Iglesia”. Y en ese abismo, vio precipitar una lluvia de almas. Y una voz
grita: “Siempre será así. Siempre, siempre, siempre”. Verónica es conducida
ante la presencia de Lucifer. El tiene a su alrededor a las almas que más
gracias recibieron del cielo, pero que nada hicieron por Dios, por su gloria; y
los tiene bajo sus pies, como una almohada, golpeando continuamente las almas
de aquellos que faltaron a sus votos”. “¡Vete fuera, intrusa, que aumentas
nuestros tormentos!”, le grita furioso a sus ministros. Una vez sacada del
infierno, Verónica repite aterrorizada: “¡Oh, justicia de Dios, cuán poderosa
eres!”.
Alfonso M. de Ligorio
San Alfonso María de
Ligorio: “Si los hombres muestran poca paciencia ya sobre la tierra... ¿cómo harán
para luego soportar las llamas del infierno por toda la eternidad?”.
En su obra: “Preparación
para la muerte”, dice así el santo: “¿Qué será, cuando Dios en la muerte dirá a
los réprobos: “Vete, que no quiero verte más”. “Abscondam faciem ab eo, et invenient
eum et omnia mala” (Deut 31 . 17). “Ustedes
(dirá Jesús los condenados en el último día) ya no sois más míos, Yo no soy más
vuestro”. (..) Los condenados dirán a los demonios: “Guarda, ¿qué de la noche? “Custodio,
quid de nocte?” (Is 21, 11). ¿Cuándo
termina? ¿Cuándo terminan estas tinieblas, estos gritos, estos hedores, estas
llamas, estos tormentos? Y se les contesta: “Nunca, nunca”. ¿Y cuánto van a
durar? “Siempre, siempre”. Oh, Señor, da luz a tantos ciegos, que al pedírseles
que no se condenen, responden: “En fin de cuentas, si voy al infierno,
paciencia, no importa”. ¡Oh Dios, ellos no tienen paciencia para sentir un poco
de frío, ni para estar en una habitación caliente, ni para sufrir un golpe;
pero luego tendrán paciencia para estar en un mar de fuego, golpeados por los
demonios y abandonados por Dios y por todos por toda la eternidad! (…) Pero,
¿cómo –dirá un no creyente-, qué clase de justicia es esta? ¿Castigar un
pecado, que dura un momento, con un castigo eterno? Pero, ¿cómo (respondo yo)
puede tener la audacia un pecador de ofender a un Dios de infinita majestad por
el gusto de un momento? Incluso en el juicio humano (dice Santo Tomás, I. 2 .
Q. 87. a. 3) la pena no se mide según la duración del tiempo, sino según la cualidad
del delito... (.. ) La muerte en esta vida es lo que más temen los pecadores,
pero en el infierno será la cosa más deseada” (Ap 9, 6).
El extraño (e
inquietante) caso del prof. Diocrè
Pintura que representa
el caso del prof. Diocrè.
Cuánto
bien bien pueda hacer el pensamiento del infierno, nos lo dice lo sucedido en
los funerales de un famoso maestro de la Sorbona de París, Raymond Diocrè. El
episodio, clamoroso, fue , en palabras del P. Tomaselli , reportado y analizado
con rigor en todos sus detalles . Esto es lo que sucedió: a la muerte del
profesor, que tuvo lugar en París, se prepararon funerales solemnes en la
iglesia de Notre-Dame. Asistieron profesores y hombres de la cultura, autoridades
eclesiásticas y civiles, además de discípulos del difunto y fieles de todas las
clases sociales. El cuerpo, colocado en el centro de la nave, estaba cubierto
con un simple velo. Se comenzó a recitar el oficio de difuntos. Cuando se llegó
a las palabras: “Responde mihi : Quantas habeo iniquitates et peccata...”, es
escuchó una voz sepulcral salir de debajo del velo: “¡Por el justo juicio de
Dios, he sido acusado!”.
Con
consternación se quitó el velo, pero el cuerpo estaba quieto y sin movimiento.
Se reinició el oficio interrumpido, en medio de la conmoción general. Cuando se
llegó al mismo versículo anterior, el cadáver se levantó a la vista de todos y
gritó: "¡Por el justo juicio de Dios he sido juzgado!”.
El
terror y el espanto se apoderaron de todos. Algunos médicos se acercaron al
cadáver que se había sumergido nuevamente en la más absoluta inmovilidad, pero solo
pudieron constataron que el profesor estaba realmente muerto.
En
este punto, no tuvieron ánimo para continuar con el funeral y decidieron
continuarlo al día siguiente. Las autoridades eclesiásticas no sabían qué hacer:
algunos decían que estaba condenado y no se podía rezar por él; otros dijeron
que todavía no había certeza de la condena, a pesar de haber sido acusado y juzgado.
El obispo ordenó que se reiniciara la recitación del oficio de difuntos. Pero cuando
se llegó nuevamente al mismo versículo, el cadáver se levantó y gritó: “¡Por el
justo juicio de Dios he sido condenado al infierno para siempre!”.
Ya
no había ninguna duda: el difunto había sido condenado. El funeral terminó y se
pensó que era mejor no sepultar el cadáver en el cementerio común. Entre los
presentes se encontraba un cierto Bruno, discípulo y admirador de Diocrè, que quedó
profundamente conmovido por lo que había pasado. A pesar de que era ya un buen
cristiano, decidió dejarlo todo y dedicarse a la penitencia. Con él, otros
tomaron la misma decisión. Bruno se convirtió en el fundador de la Orden de los
Cartujos o trapense, orden que se encuentra entre las más estrictas de la
Iglesia Católica.
La experiencia de los Santos reafirma nuestra fe en el purgatorio, sobre su existencia y sobre cómo podemos hacer los vivientes para ayudar a las almas que están atrapadas allí.
TERTULIANO
En las “Actas del martirio de Santa Felicidad y Perpetua” cuenta lo que le sucedió a Santa Perpetua hacia el año 202. Una noche, mientras estaba en la cárcel, vio a su hermano Dinocrates, que había muerto a los siete años de un tumor en el rostro. Ella dice así: “Vi salir a Dinocrates de un lugar tenebroso, donde estaban encerrados muchos otros que eran atormentados por el calor y la sed. Estaba muy pálido. En el lugar donde estaba mi hermano había una piscina llena de agua, pero tenía una altura superior a un niño y mi hermano no podía beber Comprendí que mi hermano sufría. Por eso, orando con fervor día y noche, pedía que friera aliviado… Una tarde vi de nuevo a Dinocrates, muy limpio, bien vestido y totalmente restablecido. Su herida del rostro estaba cicatrizada. Ahora sí podía beber del agua de la piscina y bebía con alegría. Cuando se sació, comenzó a jugar con el agua. Me desperté y comprendí que había sido sacado de aquel lugar de sufrimientos” (VII,3-VIII,4)
SAN AGUSTÍN
En el siglo V, afirma: “La Iglesia universal mantiene la tradición de los Padres de que se ore por aquellos que murieron en la comunión del cuerpo y la sangre de Cristo” (Sermo 172,1). “Opongan los herejes lo que quieran, es un uso antiguo de la Iglesia orar y ofrecer sacrificios por los difuntos” (libro de herejías, cap 53). Su madre Santa Mónica antes de morir dice: “Sepulten mi cuerpo donde quieran, pero les pido que, dondequiera que estén, se acuerden de mí ante el altar del Señor” (Confesiones IX,11). Y él dice: “Señor, te pido por los pecados de mi madre” (Conf IX,13). “Señor, que todos cuantos lean estas palabras se acuerden ante tu altar de Mónica tu sierva y de Patricio, en otro tiempo su marido, por los cuales no sé cómo me trajiste a este mundo. Que se acuerden con piadoso afecto de quienes fueron mis padres en la tierra… para que lo que mi madre me pidió en el último instante, le sea concedido más abundantemente por las oraciones de muchos, provocadas por estas Confesiones y no por mis solas oraciones” (Conf IX,13). Y afirmaba que “el sufrimiento del purgatorio es mucho más penoso que todo lo que se puede sufrir en este mundo” (In Ps. 37, 3 PL 36).
Algo parecido decía Santa Magdalena de Pazzi, quien pudo una vez contemplar a su hermano difunto y dijo: “Todos los tormentos de los mártires son como un jardín de delicias en comparación de lo que se sufre en el purgatorio”.
SANTA CATALINA DE GÉNOVA
Llamada la doctora del purgatorio, escribió un tratado sobre el purgatorio, que en 1666 recibió la aprobación de la Universidad de París, y dice que “en el purgatorio se sufre unos tormentos tan crueles que ni el lenguaje puede expresar ni se puede entender su dimensión.
SAN NICOLÁS DE TOLENTINO
Que vivió en el siglo XIII, tuvo una experiencia mística que lo hizo patrono de las almas del purgatorio. Un sábado en la noche, después de prolongada oración, estaba en su lecho, queriendo dormirse, cuando escuchó una voz lastimera que le decía: “Nicolás, Nicolás, mírame si todavía me reconoces. Yo soy tu hermano y compañero Fray Peregrino. Hace largo tiempo que sufro grandes penas en el purgatorio. Por eso, te pido que ofrezcas mañana por mí la santa misa para yerme por fin libre y volar a los cielos… Ven conmigo y mira”. El santo lo siguió y vio una llanura inmensa cubierta de innumerables almas, entre los torbellinos de purificadoras llamas, que le tendían sus manos, llamándolo por su nombre y le pedían ayuda.
Conmocionado por esta visión, Nicolás la refirió al Superior que le dio permiso para aplicar la misa durante varios días por las almas del purgatorio. A los siete días, se le apareció de nuevo Fray Peregrino, ahora resplandeciente y glorioso, con otras almas para agradecerle y demostrarle la eficacia de sus súplicas. De aquí tiene su origen la devoción del septenario de San Nicolás en favor de las almas del purgatorio, es decir, mandar celebrar siete días seguidos la misa por las almas del purgatorio.
SAN GREGORIO MAGNO
Algo parecido podemos decir de las 30 misas gregorianas. Cuenta el gran Papa y Doctor de la Iglesia San Gregorio Magno (+604) que, siendo todavía abad de un monasterio, antes de ser Papa, había un monje llamado Justo, que ejercía con su permiso la medicina. Una vez, había aceptado sin su permiso una moneda de tres escudos de oro, faltando gravemente así al voto de pobreza. Después se arrepintió y tanto le dolió este pecado que se enfermó y murió al poco tiempo, pero eh paz con Dios. Sin embargo, San Gregorio, para inculcar en sus religiosos un gran horror a este pecado, lo hizo sepultar fuera de las tapias del cementerio, en un basural, donde también echó la moneda de oro, haciendo repetir a los religiosos las palabras de San Pedro a Simón mago: “Que tu dinero perezca contigo “. A los pocos días, pensó que quizás había sido demasiado fuerte en su castigo y encargó al ecónomo mandar celebrar treinta misas seguidas, sin dejar ningún día, por el alma del difunto.
El ecónomo obedeció y el mismo día que terminaron de celebrar las treinta misas, se apareció Justo a otro monje, Copioso, diciéndole que subía al cielo, libre de las penas del purgatorio, por las treinta misas celebradas por él. Estas misas, se llaman ahora, en honor de San Gregorio Magno, misas gregorianas. Estas treinta misas seguidas, celebradas por los difuntos, todavía se acostumbra celebrarlas y, según revelaciones privadas, son muy agradables a Dios.
SAN ESTANISLAO
El año 1070 sucedió un suceso extraordinario en la vida de San Estanislao, obispo de Cracovia, en Polonia. Un cierto Pedro Miles le había regalado antes de morir algunas tierras de su propiedad para la Iglesia. Sus herederos, conscientes del apoyo del rey a su favor, sobornaron a algunos testigos y consiguieron que el santo fuese condenado a devolver esos terrenos.
Entonces, San Estanislao les dijo que acudiría al difunto, muerto tres años antes, para que diera testimonio de la autenticidad de su donación. Después de tres días de ayuno y oración, se dirigió con el clero y gran cantidad de fieles hacia la tumba de Pedro Miles y ordenó que fuera abierta. Sólo encontraron los huesos y poco más.
Entonces, el santo le pidió al difunto en nombre de Dios que diera testimonio y éste, por milagro de Dios, se levantó de la tumba y dio testimonio ante el príncipe Boleslao, que estaba presente, de la veracidad de su donación. Solamente el difunto le pidió al santo obispo y a todos los presentes que hicieran muchas oraciones por él para estar libre de los sufrimientos que padecía en el purgatorio. Este hecho, absolutamente histórico, fue atestiguado por muchas personas que lo vieron.
SAN PEDRO DAMIANO
(1007-1072), cardenal y doctor de la Iglesia, cuenta que, en su tiempo, era costumbre que los habitantes de Roma visitaran las iglesias con velas encendidas la noche de la Vigilia de la Asunción. Un año sucedió que una noble señora estaba rezando en la basílica “María in Aracoeli”, cuando vio delante de sí a una dama que ella conocía bien y que se había muerto hacía un año, se llamaba Marozia y era su madrina de bautismo. Ella le dijo que estaba todavía sumergida en el purgatorio por los pecados de vanidad de su juventud y que, al día siguiente, iba a ser liberada con muchos miles de almas en la fiesta de la Asunción. Dijo: “Cada año la Virgen María renueva este milagro de misericordia y libera a un número tan grande como la población de Roma (en aquel tiempo de 200.000 habitantes). Nosotras, las almas purgantes, nos acercamos en esta noche a estos santuarios consagrados a Ella. Si pudieras vei verías a una gran multitud que están conmigo. En prueba de la verdad de cuanto te digo, te anuncio que tú morirás de aquí a un año en esta fiesta”. San Pedro Damiano refiere que, ciertamente, esta piadosa mujer murió al año siguiente y que se había preparado bien para ir al cielo el día de la fiesta de María.
Entre los santos que han tenido mucha devoción a las almas benditas está la Beata Sor Ana de los Ángeles y Monteagudo, religiosa dominica peruana del siglo XVI. Cuenta Sor Juana de Santo Domingo que un día tenía hambre y no había nada que comer en el convento. La santa le dijo que le trajera el breviario para rezar juntas a las almas del purgatorio para que les enviaran alimentos. Pues bien, antes de terminar de rezar el Oficio de difuntos, mandaron llamar a la portería a Sor Ana y ésta le dijo a Sor Juana: “No te he dicho que las almas mandarían de comer? Vete tú misma a la portería y recibe lo que traen “. Allí se presentó un joven de buen aspecto que les traía panes, quesos, harina y mantequilla.
SANTA TERESA DE JESÚS
(1515-1582), hablando de la fundación del convento de Valladolid dice así: “Tratando conmigo un caballero principal, me dijo que si quería hacer un monasterio en Valladolid, que él daría una casa que tenía con una huerta muy buena. A los dos meses, poco más o menos, le dio un mal tan acelerado que le quitó el habla y no se pudo bien confesar aunque tuvo muchas señales de pedir perdón al Señor Muy en breve murió y díjome el Señor que había estado su salvación en harta aventura y que había tenido misericordia de él por aquel servicio que había hecho a su Madre en aquella casa que había dado para hacer un monasterio de su Orden y que no saldría del purgatorio hasta la primera misa que allí se dijese, que entonces saldría… Estando un día en oración (en Medina del Campo), me dijo el Señor que me diese prisa, que padecía mucho aquella alma… No se pudo hacer tan presto, pero nos dieron la licencia para decir la misa, adonde teníamos para Iglesia y así nos la dijeron… Viniendo el sacerdote adonde habíamos de comulgar, llegando a recibirle, junto al sacerdote se me presentó el caballero que he dicho, con el rostro resplandeciente y alegre. Me agradeció lo que había hecho por él para que saliese del purgatorio y fuese su alma al cielo… Gran cosa es lo que agrada a nuestro Señor cualquier servicio que se haga a su Madre y grande es su misericordia” (Fundaciones 10).
Veamos otras de sus experiencias: “Había muerto un provincial… Estando pidiendo por él al Señor lo mejor que podía, me pareció salía del profundo de la tierra a mi lado derecho y vile subir al cielo con grandísima alegría. Él era ya bien viejo, mas vile de edad de treinta años y aún menos me pareció, y con resplandor en el rostro” (Vida 38,26). Otra vez “habíase muerto una monja en casa, hacía poco más de día y medio. Estando diciendo una lección de difuntos, la vi que se iba al cielo. Otra monja también se murió en mi misma casa. Ella, de hasta dieciocho o veinte años siempre había sido enferma y muy sierva de Dios. Estando en las Horas, antes que la enterrasen, harían cuatro horas que era muerta, entendí salir del mismo lugar e irse al cielo” (Vida 38,29). En otra ocasión, “habíase muerto un hermano de la Compañía de Jesús y estando encomendándole a Dios y oyendo misa de otro Padre de la Compañía por él, dióme un gran recogimiento y vile subir al cielo con mucha gloria y al Señor con él” (Vida 38,30).
“Un fraile de nuestra Orden (Fray Diego Matías), harto buen fraile, estaba muy mal y estando yo en misa me dio un recogimiento y vi cómo era muerto y subir al cielo sin entrar en el purgatorio. Yo me espanté de que no había entrado en el purgatorio… De todos los que he visto, ninguno ha dejado de entrar en el purgatorio, si no es este Padre, el santo Fray Pedro de Alcántara y otro Padre dominico que queda dicho. De algunos ha sido el Señor servido que vea los grados que tienen de gloria. Es grande la diferencia que hay de unos a otros” (Vida 38,3 1-32).
SANTA CATALINA DE RICCI
(1522-1590) se dice que el 19 de octubre de 1587, murió Francisco, gran duque de Toscana y gran bienhechor de la santa y de su monasterio. Ella le pidió a Dios tomar sobre sí todas las penas que él debería sufrir en el purgatorio. Durante cuarenta días ocurrió un fenómeno inexplicable para los médicos. Su cuerpo parecía como de fuego, no podían tocarla sin quemarse, hasta el punto que su celda parecía que estuviera en llamas. Era un sufrimiento verla sufrir sin poderla ayudar. Cuando pasaron los cuarenta días y todas las penas le fueron descontadas al duque, Catalina volvió a ser la persona normal de siempre. Y el duque se le apareció, glorioso y resplandeciente, porque ya iba al cielo. Este caso, al igual que el de otros santos, es un caso extraordinario de expiación vicaria a favor de las almas del purgatorio.
P. DOMINGO DE JESÚS Y MARÍA
En los documentos del proceso de beatificación del P. Domingo de Jesús y María, carmelita, muerto en 1630, se cuenta que, cuando lo mandaron sus superiores a Roma, en la habitación del convento encontró una calavera, que según la costumbre de entonces le ayudaría a pensar en la muerte. Una noche oyó una voz que salía de la calavera: “Nadie se acuerda de mí”. Se puso a orar, echó agua bendita y escuchó: “Agua, agua, misericordia, misericordia”.
Y de nuevo la voz del difunto le dijo que era un alemán, que había muerto al llegar a Roma a visitar los santos lugares, que estaba enterrado en el cementerio, pero estaba en el purgatorio y nadie se acordaba de él. El P. Domingo rezó mucho por él y a los pocos días se le apareció lleno de belleza esplendorosa para agradecerle por su liberación.
VBLE. MARÍA DE JESÚS AGREDA
(1602-1665) fue varias veces al purgatorio a visitar a las almas. En una ocasión oyó que le decían: “María de Jesús, acuérdate de mí” y conoció a una mujer de la villa de Agreda, que se llamaba María Lapiedra y que había muerto en Murcia.
Cuando murió la reina Isabel de Borbón, el 6 de octubre de 1644, se le apareció varias veces para pedirle oraciones. Dice en sus escritos: “El día de las ánimas, dos de noviembre de este año de mil seiscientos y cuarenta y cinco, estando en los maitines y oficio que hace la iglesia por los difuntos, se me manifestó el purgatorio con grande multitud de almas, que estaban padeciendo y me pedían las socorriese. Conocí muchas, incluida la de la reina y otra de una persona que yo había tratado y conocido antes. Yo me admiré de que el alma de la reina, después de tantos sufragios y misas como se habían ofrecido por ella, estaba todavía en el purgatorio, aunque sólo había pasado un año y veintiséis días de su muerte… Llegada la noche vi algunos ángeles en la celda con grande hermosura y me dijeron que iban al purgatorio a sacar el alma de la reina por quien yo había pedido… Y los ángeles la llevaron al eterno descanso, que gozará mientras Dios fuere Dios”.
También se le apareció el príncipe heredero Don Baltasar Carlos, que murió el nueve de octubre de 1646. Dice ella: “Para consolarme, el Altísimo me manifestó que el príncipe se había salvado, aunque era menester ayudarle mucho, porque tenía grandes penas en el purgatorio. A los siete u ocho días después de su muerte, estando en el coro, se me apareció su alma y me dijo: Sor María, el ángel santo de mi guarda, que es el que me ha consolado desde que se apartó mi alma del cuerpo, me ha declarado cómo ayudaste a mi madre la reina en el purgatorio y me ha encaminado por voluntad divina y traído a tu presencia para que te pida oraciones… Estos aparecimientos del alma de su Alteza se me fueron continuando otras veces… El alma del príncipe estuvo en el purgatorio ochenta y tres días, que hay desde el nueve de octubre de 1646 hasta el primero de enero de 1647, pero he conocido que, por particulares socorros y por la especialísima misericordia del todopoderoso, se le aliviaron mucho las penas “.
Del proceso apostólico sobre su beatificación tomamos el siguiente suceso extraordinario, de un muerto que resucita para confesarse Veamos lo que dice al respecto el testigo Padre Arriola en su declaración jurada: “Llevaron al convento de la sierva de Dios un arca grande sin noticia del convento ni de la Madre ni de ninguna otra religiosa. Pidieron al sacristán menor que les abriese la puerta de la iglesia para poner en custodia aquella arca… que era de mercadería… Estando en oración, la sierva oyó unos gemidos tristes y profundos lamentos. Atenta hacia el lugar de donde salían, le pareció que los despedía la boca de algún sepulcro… Y le fue revelado que aquellos lamentables suspiros eran de un alma que acabó impenitente la mortal vida y que su cuerpo estaba en un arca que habían puesto en la iglesia… Y le dijo el mismo Dios a su sierva que, con toda prudencia y brevedad, dispusiese llamar a un confesor para que oyese en confesión al miserable infeliz en quien resplandeció la mayor misericordia… Mandó llamar al Padre Francisco Coronel… En llegando él, le dijo todo el suceso referido. Y éste se llegó adonde estaba el arca, de la cual se levantó el difunto. Y después de haber hecho humildísima post ración y adoración al Santísimo sacramento del altar y haber estado un breve rato en cruz, vino a los pies del confesor e hizo una confesión dolorosa y verdadera. Dióle la absolución y muy inmediatamente el difunto volvió al arca con imponderables demostraciones de rendimiento y agradecimiento… Y los mismos que habían llevado el cadáver se lo llevaron”.
SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO
Otro caso parecido lo cuenta San Alfonso María de Ligorio en su obra “Las glorias de María”. Había una joven, llamada Alejandra, que era pretendida por dos jóvenes. Ambos vinieron un día a las manos y quedaron muertos los dos en medio de la calle. Por haber sido ella la causa de la muerte de los dos jóvenes, sus parientes la degollaron y echaron su cabeza en un pozo. A los pocos días, pasó por allí Santo Domingo de Guzmán e, inspirado por Dios, miró hacia el pozo y dijo: “Alejandra, sal fuera”. Y Alejandra apareció viva, pidiendo confesión. El santo la confesó y le dio la comunión en presencia de mucha gente que pudo atestiguar el hecho. Dice San Alfonso María de Ligorio: “La joven dijo que, cuando le cortaron la cabeza, estaba en pecado mortal, pero la Virgen le había dado esta oportunidad de confesarse, porque había rezado el rosario todos los días. Después de esto, fue su alma al purgatorio. Al cabo de otros quince días, se apareció al mismo Santo Domingo más hermosa y resplandeciente que el mismo sol y le declaró que uno de los sufragios más eficaces, que tienen las benditas almas del purgatorio, es el santo rosario. Dicho esto, vio el glorioso Santo Domingo entrar su alma llena de alegría en la mansión de la bienaventuranza eterna“
SANTA MARGARITA MARÍA DE ALACOQUE
(1647-1690), en su Autobiografía, dice que “encontrándome delante del Santísimo Sacramento el día de la fiesta del Corpus Christi se me apareció de repente una persona envuelta en fuego. Su estado lamentable me hizo entender que estaba en el purgatorio. Me dijo que era el alma de un benedictino que, una vez, me había confesado y dado la comunión. Por esto, el Señor le había concedido el favor de poder dirigirse a mí para conseguir una reducción de sus penas. Me pidió de ofrecer por él por tres meses, todos mis sufrimientos y todas mis acciones. Al fin de los tres meses, lo vi lleno de alegría y de esplendor, cómo iba a gozar de la felicidad eterna y me agradeció diciéndome que velaría sobre mí junto a Dios”.
“Nuestra madre me permitió en favor de las almas del purgatorio pasar la noche del jueves santo (15 abril 1683) delante del Santísimo Sacramento y allí estuve una parte del tiempo toda como rodeada de estas pobres almas con las que he contraído una estrecha amistad. Me dijo el Señor que Él me ponía a disposición de ellas durante este año para que les hiciere todo el bien que pudiese. Están frecuentemente conmigo y las llamo mis amigas pacientes” (carta 22 a la Madre Saumaise).
“Esta mañana, domingo del Buen pastor (2 de mayo 1683), dos de mis buenas amigas pacientes han venido a decirme adiós en el momento de despertarme y que éste era el día en el que el soberano pastor las recibía en su redil eterno, con más de un millón de otras almas, en cuya compañía marchaban con cánticos de alegría inexplicable. Una es la buena madre Monthoux y la otra mi hermana Juana Catalina Gascon, que me repetía sin cesar estas palabras: El amor triunfa, el amor goza. El amor en Dios se regocija. La otra decía: Qué bienaventurados son los muertos que mueren en el Señor y las religiosas que viven y mueren en la exacta observancia de su Regla… Como yo les rogara que se acordasen de nosotras, me han dicho, al despedirse, que la ingratitud jamás ha entrado en el cielo” (carta XXIII a Madre Saumaise del 2 de mayo de 1683).
“La primera vez que vi a la hermana J.F. después de su muerte me pidió misas y varias otras cosas. Le ofrecí seis meses cuanto hiciera y padeciera y no me han faltado sufrimientos. Me dijo: Hay tres cosas que me hacen sufrir más que todo lo demás. La primera es el voto de obediencia que he observado tan mal, pues no obedecía más que en aquello que me agradaba. La segunda, el voto de pobreza, pues no quería que nada me faltase, proporcionando varios alivios a mi cuerpo… Ah, qué odiosas son a los ojos de Dios las religiosas que quieren tener más de lo que es verdaderamente necesario y que no son completamente pobres. La tercera es la falta de caridad y haber sido causa de desunión y haberla tenido con las otras” (carta 31 a Madre Saumaise del 20-4-1685).
SUSANA MARÍA DE RIANTS
(1639-1724), religiosa visitandina del convento de L’Antiquaille de Lyon (Francia), tenía el carisma de ser visitada, frecuentemente, por las almas del purgatorio. Ella escribe: “Un día, al comenzar la oración de la tarde, Jesús me presentó un alma que había muerto hacía dieciocho años. Era madre de varias religiosas. Ese mismo día yo había tenido el fuerte deseo de orar por ella. Se me presentó y me habló de la bondad de Dios y cómo era muy importante cumplir en todo la voluntad de Dios. El Señor la liberó en ese mismo momento y fue resplandeciente y gloriosa con Él al cielo“.
“El 16 de marzo de 1686, en la oración de la tarde, vi interiormente a Jesucristo que, muy contento, me presentaba el alma de una de mis parientes muerta hacía nueve o diez años. Ella había vivido viuda durante treinta años y me dijo que la mayor pena que tenían las almas del purgatorio era haber perdido muchas ocasiones de sufrir por Dios… Si un alma pudiera venir de nuevo a la tierra, aceptaría con amor todos los sufrimientos que el Señor quisiera enviarle. Me dijo: No pierdas ninguna ocasión de sufrir por Dios… Y se fue al cielo resplandeciente de gloria “.
“Un día, durante la misa, tuve la fuerte inspiración de pedir por el alma de uno de mis amigos y bienhechores del monasterio, que había muerto hacía diez años y algunos meses. Cuando el sacerdote elevaba la hostia, vi a Jesús que oraba por él al Padre. El difunto estaba presente en la misa y estaba prosternado con profundo agradecimiento ante el Salvador Por la tarde, a las cuatro o cinco, vino a decirme que iba a la gloria del cielo y me daba las gracias por mis oraciones “.
SANTA CRESCENCIA DE HOSS
(1682-1794) se cuenta que, cuando murió su director espiritual el P. Ignacio Vagener, jesuita, el 19 de octubre de 1716, ella lo vio en el coro junto a ella como un fantasma blanco. Ella rezó por él, sin saber quién era, aunque sí que era un alma purgante. El día 21 se le apareció de nuevo y lo reconoció. Ella rezó mucho por él y el día 23 se le apareció otra vez lleno de esplendor para agradecerle sus oraciones.
SANTA VERÓNICA GIULIANI
(1660-1727) escribe en su Diario: “Mi ángel me obtuvo que una de estas almas del purgatorio me hablase y me dijo: Tened compasión de mí. No hay criatura viva que pueda entenderlo atroces que son estas penas. Tened compasión de mí. La encomendé a la Virgen y me pareció ver la dicha de esa alma que me dijo: Ahora he sabido que pronto saldré de aquí por vuestra caridad. GRACIAS. Al poco tiempo, la vi libre de las penas, toda bella y gloriosa con un grandísimo resplandor Parecía un nuevo sol y puesta junto al sol natural, ella habría sido más luminosa, y el sol mismo, junto a ella, parecía tinieblas “.
VBLE. ANA CATALINA EMMERICK
(1774-1824) dice que, siendo niña, fue conducida por su ángel al purgatorio. “ vi allí muchas almas que sufrían vivos dolores y que me suplicaban orara por ellas. Parecía un profundo abismo… Allí vi hombres silenciosos y tristes en cuyo rostro se conocía, sin embargo, que en su corazón se alegraban como si pensaran en la misericordia de Dios. Conocí que aquellas pobres almas padecían interiormente grandes penas. Cuando oraba con fervor por las benditas ánimas oía muchas veces al oído voces que me decían: Gracias, gracias… Siendo mayor iba a misa a Koesfeld. Para orar mejor por las ánimas benditas tomaba un camino solitario. Si todavía no había amanecido, las veía de dos en dos oscilar delante de mí como brillantes perlas. El camino se me hacía claro y yo me alegraba de que las ánimas estuvieran en torno mío, porque las conocía y las amaba mucho, pues también por la noche venían a mí y me pedían auxilio… Dios me ha dado la gracia, muchas veces, de ver subir al cielo con infinita alegría a muchas almas del purgatorio.
¡Cuántas gracias he recibido de las benditas almas! ¡Cuánto se las olvida, mientras que ellas suspiran ardientemente por ayuda!
Todo lo que hacemos por ellas les causa una inmensa alegría… Allí en el purgatorio he visto a protestantes que han vivido piadosamente en su ignorancia. Están abandonados, porque carecen de oraciones… También me he dado cuenta de que el poder aparecerse para pedir auxilio y sufragios es una gracia señalada que Dios da a algunas almas… Triste cosa es que las almas benditas sean ahora tan pocas veces socorridas. Es tan grande su desdicha que no pueden hacer nada por sí mismas. Pero, cuando uno ruega por ellas o sufre por ellas o da una limosna por ellas, en ese mismo momento se ponen tan contentas como aquel a quien dan de beber agua fresca, cuando está a punto de desfallecer de sed… Los santos del cielo no pueden hacer nada por ellas. Todo lo tienen que esperar de nosotros… El sacerdote que rece devotamente las horas, con intención de satisfacer portas negligencias de estas almas, puede procurarles un indecible consuelo. Además, la bendición sacerdotal penetra hasta el purgatorio y consuela como rocío del cielo a las almas a quienes con fe firme bendice el sacerdote “.
“He visto a un sacerdote muy piadoso y caritativo que murió anoche a las nueve. Ha pasado tres horas en el purgatorio por haber perdido el tiempo en hacer bromas. Este sacerdote tenía que haber permanecido varios años en el purgatorio, pero ha sido socorrido con muchas misas y oraciones. A este sacerdote lo he conocido mucho” (3 1-12-1820).
“Hoy he visto un jabalí muy grande y espantoso que salía asomando de un lugar profundo y maloliente. Yo temblaba y me estremecía. Era el alma de una dama de París. Me dijo que yo no podía rogar por ella, puesto que no había posibilidad de ayudarla, ya que debía permanecer en el purgatorio hasta el fin del mundo, pero que debía rogar por su hija para que se convirtiese y no cometiera pecados como ella” (13-7-1821).
“No puedo explicar la compasión que me causa ver a las almas del purgatorio. Pero nada hay más consolador que contemplar su paciencia y ver cómo se alegran las unas de la salvación de las otras. He visto niños también en ese lugar” (2-11-1822).
BEATA ISABEL CANOURA
(1774-1825) escribe en su Diario: “El 17 de junio de 1814 se me presentó el Papa Pío VI (muerto en 1799) y me pidió que rogara por él, porque todavía estaba en el purgatorio… Me dijo: Vete a tu padre espiritual y él te manifestará lo que debes hacer para obtenerme esta gracia. Te prometo no abandonarte nunca y ser tu protector desde el cielo… Mi padre espiritual me pidió ir cinco veces a la iglesia de Santa María la Mayor a visitar el altar de San Pío V y rezarle por la libe ración de su sucesor… Al día siguiente, a la hora de vísperas, me fue asegurado que entraba en el paraíso… El 19 de junio, en la comunión, vi a este santo pontífice delante del trono de Dios “.
“El 8 de noviembre de 1819, después de la comunión, se me apareció el alma del cardenal Scotti y me dijo: La divina justicia me había condenado al purgatorio por espacio de 30 años y el Señor me ¡ibera ahora… Tus penitencias, ayunos y oraciones, han dado compensación a la justicia divina, por los méritos infinitos del divino Redentor, a cuyos méritos uniste tu penitencia, ayunos y oraciones a favor mío. Ahora me voy al cielo a gozar del inmenso bien por toda una interminable eternidad”.
“El 2 de noviembre de 1822 recordé que comenzaba el octavario por los fieles difuntos y oré al Señor con fervor por ellos. Le dije: Dame la llave de esta horrible cárcel, como otras veces te has dignado darme, porque siento un gran deseo de sacar del purgatorio a aquellas almas santas. Os suplico esta gracia por los méritos infinitos de vuestra pasión y muerte.., el Señor me dijo: Preséntate a aquella cárcel y dales la consoladora noticia de que pronto estarán conmigo en el paraíso. En aquel momento, aparecieron tres ángeles, que me acompañaron a la cárcel del purgatorio… No me es posible decir la alegría y consolación de aquellas almas y cuánto fue su agradecimiento y alabanza a la infinita misericordia de Dios. Al día siguiente, fu a la iglesia y estuve más de tres horas orando por las almas del purgatorio y el Señor se dignó mostrarme el triunfo de su misericordia y vi a aquellas almas que en filas, acompañadas de sus ángeles custodios, entraban gloriosas y triunfantes en el cielo. Todos los días del octavario ocurrió lo mismo y así por nueve días… Se puede decir que en nueve enormes hileras (una cada día) se despobló el purgatorio. No puede haber vista más bella que ésta y que demuestra la infinita misericordia de Dios y el gran triunfo de los infinitos méritos de la preciosísima sangre de Jesucristo “.
BEATA ANA MARÍA TAIGI
(1769-1837) asistió al funeral del cardenal Doria y el Señor le hizo entender que los cientos de misas que el purpurado había dejado encargadas no le servirían a él sino a los pobres, porque durante su vida no había rezado por las almas del purgatorio.
Esto también nos podría suceder a nosotros, si en vida, no nos preocupamos de ellas. Al fin de cuentas, Dios es el que distribuye los sufragios ofrecidos por nosotros y no basta con dejar dinero para misas. Más vale “oír” una misa en vida que cien después muertos.
SAN LUIS ORIONE
Escribió una carta a Don De Filippi el 25 de setiembre de 1897 en la que escribió: “No hace ni 10 minutos que ha estado, en esta habitación en que te escribo, tu sobrino De Filippi Felice. He estado conversando con él durante media hora, para mi alegría y consolación. Sabía que estaba hablando con un muerto y me he quedado con mucha paz. Él rezará por nosotros, pero nosotros debemos rezar por él. Oh, estoy muy contento de haberlo visto. Tenía los ojos bellos como los ojos de uno que es inocente. Recemos por él“.
SANTA GEMA GALGANI
(1878-1903) tenía hecho el voto de ánimas a favor de las almas del purgatorio y todos los días pedía especialmente por ellas. Cuando murió la religiosa pasionista Madre María Teresa, el 16 de julio de 1900, ella rezó mucho por su alma. Dice en su Diario: “Hoy el ángel de la guarda me ha dicho que Jesús quería que sufriera esta noche unas dos horas… por un alma del purgatorio. Sufrí, de hecho, dos horas como quería Jesús por la Madre María Teresa” (9-8-1900). “El día de la Asunción de María me pareció que me tocaban en la espalda. Me di media vuelta y vi a mi lado una persona vestida de blanco. Esta persona me preguntó: ¿Me conoces? Yo soy la Madre María Teresa. He venido para darte gracias por lo que me has ayudado. Prosigue aún. Unos días más y estaré eternamente feliz… Finalmente, ayer por la mañana, después de la santa comunión, Jesús me dijo que hoy, después de medianoche volaría al cielo… 1’ efectivamente, así fue… Vi llegar a la Virgen acompañada de su ángel de la guarda. Me dijo que su purgatorio había terminado y que se iba al cielo… Estaba muy contenta ¡Si la hubiera visto! Vinieron a buscarla Jesús y su ángel de la guarda. Y Jesús al recibirla le dijo: Ven, oh alma, que me has sido tan querida. Y se la llevó” (Cartas a Mons. Volpi, 10-8-1900).
Gema rezaba cada día cien “réquiem” por las almas del purgatorio. Su ángel la estimulaba en este deseo de liberar a estas almas. Un día le dijo: “Cuánto tiempo hace que no has rogado por las almas del purgatorio? Desde la mañana no había rogado por ellas. Me dijo que le gustaría que, cualquier cosa que sufriera, la ofreciera por las almas del purgatorio. Todo pequeño sufrimiento las alivia, sí, hija, todo sacrificio por pequeño que sea, las alivia” (Diario, 6-8-1900).
Sor Lucía, en la primera aparición de Fátima del 13-5- 1917, dice en sus “Memorias” que le preguntó a la Virgen:
- ¿Está María Nieves en el cielo?
- Sí, está. (Me parece que debía tener unos dieciséis años).
- Y ¿Amelia?
- Estará en el purgatorio hasta el fin del mundo (Me parece que debía tener de dieciocho a veinte años).
¿Qué pecado podría haber cometido para estar en el purgatorio hasta el fin del mundo? ¿El aborto?
SANTA FAUSTINA KOWALSKA
(1905-1938), dice en sus escritos autobiográficos: “Un día vi a mi ángel custodio que me ordenó seguirle. En un momento me encontré en un lugar nebuloso lleno de fuego y en él una multitud de almas sufrientes. Éstas rezan con fervor, pero sin eficacia para ellas mismas. Solamente nosotros podemos ayudarlas. Y les pregunté a aquellas almas cuál era su mayor sufrimiento. Me contestaron unánimemente que su mayor sufrimiento es la añoranza de Dios (el gran deseo de amarle). Oí una voz que me dijo: Mi misericordia no quiere esto, pero lo exige mi justicia” (1,7). “Una noche vino a visitarme una de nuestras hermanas difuntas, que ya había venido alguna vez anteriormente. Cuando la vi la primera vez, estaba en un estado de gran sufrimiento. Después, la he visto en condiciones cada vez de menos sufrimiento. Y en esta oportunidad, la vi resplandeciente de felicidad y me dijo que estaba ya en el paraíso” (Cuaderno II N°57). “Otra noche vino a yerme Sor Dominica y me hizo entender que estaba muerta. Recé mucho por ella. A la mañana siguiente el Señor me hizo entender que todavía sufría en el purgatorio. Recé dos días por ella. Al cuarto día vino a decirme que todavía le faltaban algunas oraciones. Y seguí orando hasta su completa liberación” (10-11-1937).
TERESA NEUMANN
(1898-1962), la estigmatizada alemana, se cuenta que, muchas veces, se le aparecían las almas del purgatorio para pedirle ayuda.
Un día se le apareció el párroco de su infancia, que la había bautizado y dado la primera comunión. El 23 de noviembre de 1928 ayudó a salir al último párroco católico de Arzberg antes de que se introdujera allí el protestantismo. La noche del Corpus Christi de 1931, se le apareció su madrina Forster, muerta recientemente, Teresa rezó por ella y la vio brillante subiendo al cielo.
SANTO P. PÍO
(1887-1968) un día de otoño de 1917, estando solo, rezando el rosario, se adormiló junto al fogón del convento y, al despertar, vio junto a sí a un anciano envuelto en un capote. Al preguntarle qué hacía allí y quién era, le respondió que había muerto quemado en ese convento y quería descontar allí su purgatorio. El P. Pío le prometió rezar por él. Un día le contó este suceso al P. Paolino y éste fue al municipio a ver los registros y encontró que, efectivamente, estaba registrado el nombre de un anciano, que había muerto quemado en aquel convento. El muerto era Mauro Pietro (1831-1908).
Otro suceso lo refiere el cronista provincial de los Padres capuchinos de la Provincia de Foggia con fecha 29 de febrero de 1937. Dice así: “El día 29 de diciembre de 1936, el P. Jacinto de 5. Elías se acercó a San Giovanni Rotondo para visitar al R Pío y le recomendó que rezara por el P. Giuseppantonio, porque estaba muy grave. El día 30 a las 2 p.m. el P Pío vio en su habitación al P. Giuseppantonio y le dice. ¿Me han dicho que estás gravemente enfermo y estás aquí? Entonces el P. Giuseppantonio, haciendo un gesto le dice: Eh, ahora ya se me han pasado todas mis enfermedades. Y desapareció “. Esto se lo contó el P. Pío al Padre provincial P. Bernardo, quien firma esta crónica junto con el cronista, P. Fernando de San Marcos in Lamis.
EDUVIGIS CARBONI
La estigmatizada de Cerdeña, muerta en Roma en 1952 con fama de santidad, cuenta en su Diario que un día, mientras rezaba delante de un crucifijo, se le presentó una persona rodeada de llamas de fuego y oyó una voz triste que le decía: “Soy N.N. El Señor me ha permitido venir a ti para que me ayudes y me consueles en las penas que debo padecer en el purgatorio. Ofrece por mí todas tus oraciones durante dos años para salir de aquí y entrar en la gloria “. Otro día, en octubre de 1943, se le presentó un hombre vestido de oficial. Le dijo: “He muerto en la guerra y quisiera que celebren por mí unas misas, y que tú y tu hermana ofrezcan por mí las comuniones”. Después de varios días, se presentó de nuevo resplandeciente, diciéndole: “Soy ruso y me llamo Pablo Vischin. Ahora voy al paraíso y rezaré por vosotras. Gracias “.
TERESA MUSCO
(1943-1976), la estigmatizada de Caserta (Italia), cuenta que el 2 de noviembre de 1962, no pudiendo ir al cementerio, como hubiera deseado por ser el día de los difuntos, oró desde su casa con todo fervor por las almas del purgatorio. En las primeras horas de la tarde, mientras seguía orando, vio en su habitación muchas personas. Les preguntó:
“¿Qué queréis?”. Ellas la saludaron con mucha alegría y le dijeron: “Nos has liberado del purgatorio con tus oraciones y venimos a darte las gracias “. Después, desaparecieron, resplandecientes de alegría y amor.
Muchos otros santos nos hablan del purgatorio, pero es suficiente con lo expuesto para creer en él.
“En el cielo no puede entrar nada manchado” (Ap. 21.27)
SANTA MARÍA MAGDALENA DE PAZZI
(1566-1607) Monja carmelita, gran mística que frecuentemente caía en éxtasis. Fue objeto de los más extraordinarios fenómenos místicos y dones recibidos de Nuestro Señor. Brilló en ella la práctica de las virtudes. Mortificaba su cuerpo con frecuentes sacrificios. Comulgaba diariamente sintiéndose muy unida a Jesucristo. Fue maestra de novicias. Murió llena de méritos en el año 1607 y al año de su muerte se abrió su sepulcro y su cuerpo se halló fresco, entero y flexible.
Durante un éxtasis previo a su muerte Santa Magdalena de Pazzi tuvo la gracia de ver y visitar el Purgatorio. Recorriendo las diversas estancias preparadas por la Misericordia y Justicia divinas, la santa de la pureza comprendió la Santidad de Dios, la maldad del pecado y del porque Dios le había revelado los sufrimientos del Purgatorio.
He aquí cómo nos describe este santo lugar.
Contaré un suceso que aconteció a Santa Magdalena de Pazzi tal como fue relatado por el Padre Cepari en la historia de la vida de la Santa.
“Un tiempo antes de su muerte, que tuvo lugar en 1607, la sierva de Dios, Magdalena de Pazzi, se encontraba una noche con varias religiosas en el jardín del convento, cuando entró en éxtasis y vio el Purgatorio abierto ente ella. Al mismo tiempo, como ella contó después, una voz la invitó a visitar todas las prisiones de la Justicia Divina, y a ver cuan merecedoras de compasión son esas almas allí detenidas.
En ese momento se la oyó decir: “Si, iré”. Consintió así a llevar a cabo el penoso viaje. De hecho a partir de entonces caminó durante dos horas alrededor del jardín, que era muy grande, parando de tiempo en tiempo. Cada vez que interrumpía su caminata, contemplaba atentamente los sufrimientos que le mostraban. Las religiosas vieron entonces que, compadecida, retorcía sus manos, su rostro se volvió pálido y su cuerpo se arqueó bajo el peso del sufrimiento, en presencia del terrible espectáculo al que se hallaba confrontada.
Entonces comenzó a lamentarse en voz alta, “¡Misericordia, Dios mío, misericordia! Desciende, oh Preciosa Sangre y libera a estas almas de su prisión. ¡Pobres almas! Sufren tan cruelmente, y aún así están contentas y alegres. Los calabozos de los mártires en comparación con esto eran jardines de delicias. Aunque hay otras en mayores profundidades. Cuan feliz debo estimarme al no estar obligada a bajar hasta allí.
Sin embargo descendió después, porque se vio forzada a continuar su camino. Cuando hubo dado algunos pasos, paró aterrorizada y, suspirando profundamente, exclamó” ¡Qué! ¡Religiosos también en esta horrenda morada! ¡Buen Dios! ¡Como son atormentados! ¡Oh, Señor!”. Ella no explicó la naturaleza de sus sufrimientos, pero el horror que manifestó en contemplarles le causaba suspiros a cada paso. Pasó de allí a lugares menos tristes. Eran calabozos de las almas simples y de los niños que habían caído en muchas faltas por ignorancia. Sus tormentos le parecieron a la santa mucho más soportables que los anteriores. Allí solo había hielo y fuego. Y notó que las almas tenían a sus Ángeles guardianes con ellas, pero vio también demonios de horribles formas que acrecentaban sus sufrimientos.
Avanzando unos pocos pasos, vio almas todavía más desafortunadas que las pasadas, y entonces se oyó su lamento, “¡Oh! ¡Cuán horrible es este lugar; está lleno de espantosos demonios y horribles tormentos! ¿Quiénes, oh Dios mío, son las victimas de estas torturas? Están siendo atravesadas por afiladas espadas, y son cortadas en pedazos”. A esto se le respondió que eran almas cuya conducta había estado manchada por la hipocresía.
Avanzando un poquito más, vio una gran multitud de almas que eran golpeadas y aplastadas bajo una gran presión, y entendió que eran aquellas almas que habían sido impacientes y desobedientes en sus vidas. Mientras las contemplaba, su mirada, sus suspiros, todo en su actitud estaba cargada de compasión y terror.
Un momento después de su agitación aumentó, y pronunció una dolorosa exclamación. Era el calabozo de las mentiras el que se abría ante ella. Después de haberlo considerado atentamente, dijo, “Los mentirosos están confinados a este lugar de vecindad del Infierno, y sus sufrimientos son excesivamente grandes. Plomo fundido es vertido en sus bocas, los veo quemarse, y al mismo tiempo, temblar de frío”.
Luego fue a la prisión de aquellas almas que habían pecado por debilidad, y se le oyó decir: “Había pensado encontrarlas entre aquellas que pecaron por ignorancia, pero estaba equivocada: ustedes se queman en un fuego más intenso”.
Mas adelante, ella percibió almas que habían estado demasiado apegadas a los bienes de este mundo, y habían pecado de avaricia.
“Que ceguera”, dijo,” ¡las de aquellos que buscan ansiosamente la fortuna perecedera! Aquellos cuyas antiguas riquezas no podían saciarlos suficientemente, están ahora atracados en los tormentos. Son derretidos como un metal en un horno”.
De allí pasó a un lugar donde las almas prisioneras eran las que se habían manchado de impureza. Ella las vio en tan sucio y pestilente calabozo, que la visión le produjo náuseas. Se volvió rápidamente para no ver tan horrible espectáculo.
Viendo a los ambiciosos y a los orgullosos, dijo “Contemplo a aquellos que deseaban brillar ante los hombres; ahora están condenados a vivir en esta espantosa oscuridad”.
Entonces le fueron mostradas las almas que tenían la culpa de ingratitud hacia Dios. Estas eran presas de innombrables tormentos y se encontraban ahogadas en un lago de plomo fundido, por haber secado con su ingratitud la fuente de la piedad.
Finalmente, en el último calabozo, ella vio aquellos que no se habían dado a un vicio en particular, sino que, por falta de vigilancia apropiada sobre si mismos, habían cometido faltas triviales. Allí observó que estas almas tenían que compartir el castigo de todos los vicios, en un grado moderado, porque esas faltas cometidas solo alguna vez las hacen menos culpables que aquellas que se cometen por hábito.
Después de esta última estación, la santa dejó el jardín, rogando a Dios nunca tener que volver a presenciar tan horrible espectáculo: ella sentía que no tendría fuerza para soportarlo. Su éxtasis continuó un poco mas y conversando con Jesús, se le oyó decir: “Dime, Señor, el porqué de tu designio de descubrirme esas terribles prisiones, de las cuales sabía tan poco y comprendía aun menos…” ¡Ah! ahora entiendo; deseaste darme el conocimiento de Tu infinita Santidad, para hacerme detestar mas y mas la menor mancha de pecado, que es tan abominable ante tus ojos”.
SAN PASCASIO
(x – 512) Pascasio, diácono de Roma, fue varón de mucha santidad, grande limosnero, favorecedor de pobres, humilde y muy penitente. Sucedió que, pretendiendo el Pontificado Simaco, y Pascasio favoreció más de lo justo las partes de Laurencio contra Simaco, sin que le bastase quedar Simaco con la dignidad en boz de los más electores, tuvo con él sus repuntas, hasta que murió el mismo Pascasio.
Llevaron a enterrar su cuerpo, y sobre las andas iva su dalmática y vestido de diácono, la cual tocando un endemoniado, quedó sano. Pasó mucho tiempo, y sucedió que Germano, obispo de Capua, por consejo de médicos, estando enfermo, fue a se lavar a unas termas o baños, en los cuales vido y conoció al Pascasio Diácono difunto, que servía allí a los que entravan a bañarse. Admiróse de verle, y preguntó la causa por que tan insigne varón estuviesse en semejante lugar, y respondió:
-No por otra causa estoy en este lugar penoso, sino porque seguí las partes de Laurencio, que pretendía ser Papa contra Simaco. Ruégote que ruegues a Dios por mí, y haziéndolo entenderás que te ha oído si, volviendo aquí, no me vieres.
El obispo Germano hizo lo que le fue pedido, y bolviendo desde algunos días, vido que no estava allí. Escrive este caso San Gregorio, en el libro cuarto de sus Diálogos, capítulo cuarenta, y dize que por no aver pecado Pascasio por malicia, sino por ignorancia, que le parecía que acertava, padeció solamente aquella pena. Y infiérese de lo dicho que aunque ay lugar proprio y diputado para Purgatorio de las almas, que es uno de cuatro senos del Infierno, porque uno, y el más profundo y mayor es el de los condenados, otro, donde están los niños que mueren sin Baptismo, donde no ay pena de sentido, sino privación de la vista buena de Dios, y el tercero, el Purgatorio de que hablamos, | donde se purgan las almas de los que murieron en gracia de Dios, mas llevaron culpas veniales o penas devidas por los mortales ya perdonados, y el cuarto, donde estuvieron las almas de los justos y amigos de Dios antes que su Magestad muriesse y las sacasse de allí, y resuscitando y subiendo a los Cielos las llevasse consigo; sin este Purgatorio, digo, que se infiere de lo que aquí dize San Gregorio que algunas almas le padecen y son purgadas en otros lugares particulares. Y el aver hecho Dios milagro por medio de la dalmática de Pascasio, dize el mismo San Gregorio que fue en aprobación y abono de las muchas limosnas que hizo en vida, y para corresponder con el crédito de santidad que dél tenían todos, aunque convino y fue necessario que primero que entrasse en el Cielo purgasse lo merecido por la culpa que por ignorancia avía dexado de llorar.
SAN ALBERTO MAGNO
(1200-1280) Diversas personas oyeron dezir, no una, sino muchas vezes, a Alberto Magno, Ministro General que fue de Predicadores, de cierto hombre cuya vida era de buen exemplo, y en los ojos de todos, buena y santa, que, estando enfermo, y de enfermedad muy penosa, que rogó a Dios con lágrimas que con la muerte pusiesse fin a tanto mal y tormento como padecía en aquella enfermedad.
Apareciósele un ángel, y díxole que Dios avía oído su oración, y que le dava a escoger, o que estuviesse tres días en Purgatorio, o un año la enfermedad que tenía, y que, cumplido, iría luego al Cielo. El enfermo, que sentía la pena presente y no tenía experiencia de la ausente, dixo:
-Yo quiero morir luego, y no sólo tres días, sino cuanto más fuere la voluntad de Dios ser atormentado en el Purgatorio.
-Sea como dizes -dixo el ángel.
Y en la misma hora murió, y su alma fue a Purgatorio. Passó un día, y visitóle el ángel en su tormento, diziéndole:
-¿Cómo te va, alma que escogiste tres días de Purgatorio por no padecer un año de enfermedad?
Respondióle la alma:
-¿Y vós sois ángel? No devéis serlo, que los ángeles no engañan. Dixístesme que estaría tres días en estas penas, y han passado muchos años y no me veo libre dellas.
El ángel le dixo:
-No los muchos años, sino la terribilidad del tormento te fuerça a dezir lo que dizes, porque de los tres días sólo uno has estado en Purgatorio. Mas si te agrada hazer nueva elección, tu cuerpo | no está aún sepultado, puedes bolver a él, y por un año padecer la enfermedad que tenías.
Respondió la alma:
-No sólo un año, sino hasta la fin del mundo quiero más padecer el tormento y pena de la enfermedad que los dos días que quedan de Purgatorio.
Fue buelta la alma al cuerpo, y no sólo padeció con paciencia la enfermedad, sino que refiriendo a muchos lo que le avía sucedido, los exortó a penitencia. Lo dicho es de Gulielmo, en el libro De Apibus.
SANTA VIVIANA PERPETUA
(300-360) Que de la Sinagoga el rito de rogar por los difuntos haya pasado a la Iglesia de Jesucristo dan fe, entre otras, las Actas de los Mártires, cuya autenticidad es indiscutible, y entre éstas las de Santa Viviana Perpetua, escritas en gran parte por la misma Santa durante su prisión: actas que se remontan al siglo III y en las cuales hallamos expresadas taxativamente la fe en el Purgatorio y la eficacia de las oraciones por los difuntos.
Acusada esta santa mujer como cristiana, fue condenada a muerte. Mientras se hallaba en la cárcel esperando el día de su combate final, le vino al pensamiento Dinócrato, un hermanito suyo, muerto mucho antes, a la edad de siete años, de un cáncer que había acabado con su vida. A este recuerdo púsose orar por el alma del difunto, y poco después, por disposición divina, tuvo una celeste visión. Vio al niño Dinócrato que salía de un lugar tenebroso y lejano, en donde había sufriendo una gran multitud de almas. El niño tenía el rostro melancólico y contrahecho, y sintiéndose devorado por ardiente sed se acercó a un estanque buscando refrigerio; pero no pudo conseguirlo a causa de la mucha altura del parapeto que lo rodeaba. Viviana comprendió que su hermanito padecía y necesitaba ayuda, y púsose a orar por él con más fervor para que fuese libertado de sus padecimientos. Su oración fue escuchada. Poco después la Santa vio el mismo lugar de antes, pero no ya cubierto de tinieblas; sino resplandeciente de blanquísima luz y a su hermanito antes triste y apenado, lo vio lleno de gozo y cubierto con hermosísima vestidura, que alegremente bebía del estanque por de una concha que nunca se agotaba, y después de haberse saciado recreábase alegremente, como suelen hacerlo los niños de aquella edad. Por donde ella comprendió que su hermanito había sido librado de sus sufrimientos, y experimentó un gozo inexplicable. Tal fue la visión de Santa Viviana Perpetua. En la cual claramente se ve representado el Purgatorio por aquel lugar tenebroso, las penas que en él las almas padecen, y la eficacia de la oración para obtener la libertad de las mismas, en una palabra, toda la doctrina católica acerca del Purgatorio.
Pues si consideramos que esta visión no sólo no fue desechada por sus contemporáneos, sino que fue acogida con gran veneración y respeto, no sólo por los simples fieles, sino hasta por Tertuliano, San Cipriano, San Agustín y por muchos otros conspicuos personajes, conoceremos que ella constituye una buena prueba de la fe que aquellos antiquísimos cristianos tenían en el Purgatorio puesto que sin esta fe, o hubiesen rechazado esta visión, como una novedad peligrosa, de la cual debían guardarse, o a lo menos no la hubieran recibido sin alguna dificultad, tanto más cuanto que los cristianos de aquellos tiempos eran continuamente amonestados para que huyesen de todo aquello que oliese a innovación, a fin de que no corrieran el riesgo de caer en las nacientes herejías.
SAN JUAN MACIAS
(1585-1645) Abogado de las Animas del Purgatorio. Nació Juan en Ribera del Fresno, provincia de Badajoz, en 1585. Sus padres, Pedro de Arcas e Inés Sánchez, modestos labradores, eran muy buenos cristianos, y dejaron en él una profunda huella cristiana. Contaba Juan poco más de cuatro años cuando la peste que asolaba Castilla segó la vida de sus padres, que eran unos modestos labradores. Unos tíos de los niños, Mateos Sánchez e Inés Salguero, tutelaron a estos dos niños huérfanos.
Todavía niño, su tío le encomienda a Juan un pequeño rebaño de ovejas. Un día en que apacentaba el rebaño vio un resplandor que se le acercaba. El mismo narra su encuentro con aquel personaje misterioso que le saludó diciendo: “Juan, estás de enhorabuena”. Yo le respondí del mismo modo y él: “Yo soy Juan Evangelista, que vengo del cielo y me envía Dios, para que te acompañe, porque miró tu humildad. No lo dudes”. Y yo le dije: “Pues, ¿quién es ese San Juan Evangelista?” Y él contestó: “El querido discípulo del Señor, uno de los doce apóstoles. Y vengo a acompañarte de buena gana porque te tiene escogido para Sí. Tengo que llevarte a unas tierras muy remotas y lejanas en donde habrás de levantar templos. Y te doy por señal de esto que tu madre, Inés Sánchez, cuando murió, de la cama subió al cielo y tu padre, Pedro Arcas, que murió primero que ella, estuvo algún tiempo en el purgatorio pero ya tiene el premio de sus trabajos en la gloria”. Cuando supe de mi amigo San Juan la buena noticia de mis padres y la buena dicha mía, le respondí lleno de gozo: “Hágase en mí la voluntad de Dios”.
En 1622, Juan Arcas Sánchez recibió el hábito en el convento dominico de la Magdalena, en Lima. Se convirtió así en fray Juan Macías, y toda su vida la pasó como portero del convento. Hombre de mucha oración, al estilo de San Martín, también él fue visto en varias ocasiones orando al Señor elevado sobre el suelo. Estando una noche en la iglesia oyó unas voces, procedentes del Purgatorio, que solicitaban que intercediera por ellas con oraciones y sacrificios. A esto se dedicó en adelante, toda su vida. Sus biógrafos acertadamente le han llamado “el ladrón del purgatorio”.
Juan tenía la costumbre de rezar todas las noches, de rodillas, el Rosario completo. Una parte la ofrecía por las almas del Purgatorio, otra por los religiosos, y la tercera, por sus parientes, amigos y benefactores.
Oraba el Santo en la capilla de Nuestra Señora del Rosario, cuando de pronto una mano dio un golpe sobre el altar. Sobresaltado, vio a su lado una sombra rodeada de llamas que le dijo: “Soy Fray Juan Sayago, que acabo de morir y necesito muchísimo de tus oraciones y auxilios; para que, satisfaciendo con ellos a la divina justicia, salga de estas penas expiatorias”, con lo cual desapareció. Vivió este fraile en el Convento del Santísimo Rosario, contiguo a la Iglesia de Santo Domingo, habiendo expirado a la misma hora en que se le apareció a nuestro Santo. A la cuarta noche, hallándose Juan postrado en el mismo altar, se le volvió a aparecer el alma de aquel fraile, ahora luminosa, para decirle que gracias a sus oraciones y penitencias la Virgen lo había sacado del Purgatorio y llevado a gozar de la bienaventuranza eterna.
A la hora de su muerte le reveló al prior del convento: “Por la misericordia de Dios, con el rezo del santo Rosario, he sacado del purgatorio un millón cuatrocientas mil almas. Cuando oraba en el templo, con frecuencia oía el rumor suplicante de personas que le hablaban y no alcanzaba a ver pero percibía claramente sus voces. ¿Fray Juan hasta cuando estaremos privada de ver a Dios? Ayúdanos. ¿Quiénes son Uds.? Preguntaba Fray Juan, Somos las almas del purgatorio les respondían. Acuérdate de nosotras. Socórrenos con tus oraciones, para que salgamos de esta terrible soledad”.
En atención a estas frecuentes visitas y súplicas, fray Juan rezaba incansablemente el santo Rosario. Visitaba con frecuencia a Jesús Sacramentado; participaba en la santa misa y hacía muchas obras de caridad, con esta intención.”Orar por los muertos es cosa buena y santa”. (2 Mc.12, 45) Porque, dice el Señor: “nada manchado entrará en el reino de los cielos”. En la vida del hombre, hay muchas imperfecciones, negligencias e indiferencias que purificar.
Una noche estaba rezando en la iglesia, y oye voces misteriosas: -Somos almas del Purgatorio. ¡Socórrenos!… No necesitó más el Hermano. En adelante, rezar y sacrificarse por las almas benditas fue para Juan Macías una verdadera vocación. Y Dios le reveló las muchas y muchas almas que por su oración habían acelerado su purificación y salido del Purgatorio libres para el Cielo. Así, tan sencillamente, pero con enorme fama de santo en Lima, llegó Juan Macías a los sesenta años de vida. En el lecho de muerte, exclamó alborozado: “-¡Miren, miren quiénes están aquí! Nuestro Señor Jesucristo, su Madre la Virgen, el apóstol y evangelista San Juan, otros Santos y muchos ángeles. ¡Con ellos me voy al Cielo!…”
SOR MARÍA NATALIA MAGDOLNA
(1901-1992) Una noche Jesús me pidió que orara por las almas del purgatorio. Eran las cuatro y media y yo quería terminar de escribir mi diario, cuando Jesús me dijo:
–Hija mía, aunque respeto tu cansancio, quiero pedirte que no te vayas a dormir hasta que pongas por escrito el estado de sufrimiento de las almas del purgatorio. Yo quiero que mis hermanos sacerdotes se unan a la cruzada de oración en favor de las almas que sufren en el purgatorio. Ahora quiero aliviar a aquellas que durante su vida con frecuencia me pidieron a Mí y a mi Madre, en la oración, que tuviéramos piedad de ellas en el momento de su muerte y cuando estuvieran en el lugar del sufrimiento.
Jesús me llevó entonces a un lugar tan grande que yo no podía ver el final. Aunque el lugar estaba oscuro, las almas allí parecían estar calmadas. Había un sinnúmero de almas: llevaban ropa negra y estaban arrimadas unas a otras. Todas parecían inmóviles, sin palabras y muy tristes. Mi corazón casi se quebraba al verlas así. Supe que estas almas no recibían ayuda alguna de nadie en la tierra, ni oración, ni sacrificios. Sabían que la hora de su liberación no había llegado todavía pero confiaban en que no dilataría mucho.
Después de eso Jesús me llevó a otro lugar similar. Allí las almas tiritaban en sus túnicas negras. Pero cuando me vieron entrar con Jesús, todas empezaron a agitarse. Yo tenía mi rosario en la mano para rezar por ellas. Cuando vieron el rosario, todas empezaron a gritar: “¡Rece por mí, querida hermana, rece por mí!” y trataban de sobreponer su voz, gritando más fuerte, solicitando mis oraciones, como una nube de abejas. Aunque todas gritaban a un tiempo, yo podía distinguir la voz de cada una. Reconocí a muchas entre ellas, personas a las que conocí cuando estaban en la tierra. Vi a algunas religiosas de otras órdenes y también de la mía. Me espanté cuando una madre superiora se volteó hacia mí y me pidió humildemente que rezara por ella.
Después de esto, una religiosa, conocida mía, con sus manos juntas y tocando mi rosario, me suplicó: “¡Por mí, por mí!”, mientras un extraño sudor, no sé si en el alma o en el cuerpo, corría sobre ella.
Después Jesús me llevó a un tercer lugar donde había un sinnúmero de religiosas, paradas y sin movimiento, mientras un fuerte sudor corría sobre ellas. Se volvieron hacia mí y me suplicaron que rezara el rosario por ellas. En ese lugar había luz. Yo pensé: “¿Por qué será que ellas me piden el rosario?” Entonces Jesús me mostró un rosario, en el que en vez de las cuentas había flores y en cada flor vi brillar una gota de la Sangre de Jesús.
Cuando decimos el rosario, las gotas de la Sangre de Jesús caen sobre la persona por quien lo ofrecemos. Las almas del purgatorio están implorando continuamente la Sangre salvadora de Jesús.
ISABEL KINDELMANN
(1913-1985) Por esto, la Llama de Amor debe estar encendida para salvar a todos los cristianos; para salvar las familias, salvando a los padres y madres de cada familia cristiana; para ayudar a la santificación de los sacerdotes, que mientras más se asemejen a Cristo más eficaz ministerio ejercitarán con todos sus hermanos; ésta Llama de Amor debe iluminar todos los momentos de la vida del cristiano, todos los momentos de enfermedad, de agonía, de muerte. Aún después de la muerte ésta Llama de Amor debe seguir iluminando la esperanza de quienes se encuentran en el purgatorio.
Mons. Bernardino Echeverría Ruiz,Arzobispado de Guayaquil.
3 de agosto de 1962
La primera hora de oración la pasé tratando de ordenar mis pensamientos; apenas lograba tranquilizarme. Mi disipación me desanimó tanto que estaba incapaz de hacer aun oración vocal. He pensado en las almas sacerdotales muy olvidadas en el purgatorio y por ello quería ofrecer el vía crucis también. Pero el Redentor tristemente me habló así:
J.C.-«Yo tampoco abandoné ni interrumpí el camino de los dolores.
28 de septiembre de 1962 Ayunos por las almas sacerdotales del Purgatorio
Hoy, día de ayuno, lo ofrezco por las almas del purgatorio, especialmente por las almas sacerdotales. El Señor Jesús, se refería a que no puede resistir a ruego de la Santísima Virgen. Me dijo, infundiéndolo en la conciencia de mi mente:
J.C.-«Ya que estás mitigando, hijita mía, este anhelo tan grande que tengo por las almas, sabes, ¿con qué te voy a premiar? El alma del sacerdote fallecido, gracias a que han guardado el ayuno pedido por Mí, de hoy en adelante, a los ocho días de haber muerto, se librará del fuego del purgatorio. Y cualquiera que guarde este ayuno, alcanzará esta gracia a favor de un alma que esté penando. (Observación: si ésta había fallecido en estado de gracia).
Con lágrimas escuchaba sus palabras llenas de majestad y misericordia, que podemos ayudar tan eficazmente a las almas que sufren en el purgatorio. Mi alma se estremeció cuando me comunicó esta nueva y grande gracia y, al salir de la santa misa para ir a casa, dijo en voz baja en mi alma :
J.C.-«Yo también me voy contigo y permaneceré contigo todo el día : que nuestros labios supliquen juntos al Eterno Padre para alcanzar misericordia. »
Con profunda adoración le dije: Mi adorado Jesús, ¡vivir en el alma esta gracia Contigo y con tus labios suplicar juntos al Eterno Padre! Al ir así a mi casa, sumida mi alma en su adoración, mi corazón bajo el efecto de la gracia comenzó a latir tanto que casi me desplomé… Entonces le supliqué: Deseo tanto, mi adorado Jesús, que tu gracia tan grande llegue a conocerse cuanto antes públicamente y cuánto más personas lleguen a sentir profundamente tu íntimo anhelo.
El Señor Jesús me pidió que pusiera por escrito especialmente aquello de cómo podemos ayudar a las ánimas. :
J.C.-« Por observar el ayuno pedido por Mí, las almas de los sacerdotes, al octavo día después de haber muerto, se librarán del purgatorio. »
(El ayuno estricto: durante un día se debe tomar sólo pan y agua).
4 de octubre de 1962
J.C.- « ¡Qué felicidad es ésta para Mí! ¡Sumérgete en Mí, en el mar de mis gracias! Te concedo ésta gracia, porque tú misma me pediste que te dejara sumergirte. ¡Pide siempre, mi pequeña hija carmelita! Yo reparto feliz mis tesoros que podrás cambiar en la hora de tu muerte. ¿Crees, acaso, que cuánto era tu sufrimiento, tanto será tu premio? ¡De ninguna manera! No se puede expresar con palabras humanas lo que he preparado para ustedes. Espero el momento de que tu llegues. Y te espero con un rico regalo. Me dará un vuelco el Corazón a tu llegada y muchas almas, a las cuales has ayudado a liberarse del purgatorio por medio de tus sacrificios, te saludarán rebosantes de gozo. Como buenos amigos tuyos, esperan el encuentro contigo. Compenétrate en este gozo sin límites y no resulte para ti nada fatigante lo que tengas que hacer por mi obra salvadora. ¡Qué nuestras miradas se compenetren!. En mis ojos bañados de lágrimas y de sangre verás el anhelo de mi Corazón por las almas. ¡Recoge Conmigo, hijita mía! Fui Yo quien injertó en tu corazón el deseo de las almas y lo aumentaré sin cesar. Pero, ¡aprovecha tú también toda oportunidad! »
13 de octubre de 1962 Las ánimas sufrientes también deben sentir el efecto de gracias de la llama de amor de mi corazón maternal
Desde hace meses me habla el Señor Jesús. No lo escribí, no siempre tengo modo de hacerlo. Hoy también me encontraba en la soledad silenciosa del templo. Oraba por los sacerdotes moribundos. El Señor Jesús conmovido me susurró al oído:
JC.- ¡Qué nuestras manos recojan juntas!
Pedí también la efusión de gracias de la Llama de Amor de la Santísima Virgen para las almas en pena, cuando el Señor Jesús me permitió sentir que en ese momento un alma acababa de liberarse del purgatorio. Sentí en mi alma un alivio indescriptible. En ese momento, por pura gracia de Dios, mi alma se sumergió en la felicidad inconmensurable del alma que llega a la presencia de Dios. Luego recé, con todo el recogimiento de mi alma, por los sacerdotes moribundos. Entre tanto un sentimiento muy angustioso inundaba todo mi interior. Son sufrimientos que da el Señor para que pueda recoger con Él. Durante mi profundo recogimiento un suspiro, fino como un hálito de la Santísima Virgen, sorprendió mi alma:
S.V.- “Tu compasión por las pobres ánimas, hijita mía, ha conmovido tanto mi Corazón maternal, te concedo la gracia que pediste. Si en cualquier momento, haciendo referencia a mi Llama de Amor, rezaran ustedes en mi honor Tres Aves Marías, cada vez un alma se librará del purgatorio. En el mes de los difuntos (en noviembre), al rezo de cada Ave María, 10 almas se librarán del purgatorio. Las ánimas sufrientes deben sentir ellas también el efecto de gracia de la Llama de Amor de mi Corazón maternal”.
NOTA DEL EDITOR:
Que Dios tiene derecho a expresar también en números las condiciones en que quiere dar su gracia, nos lo prueba la sagrada escritura. El caso de Naamán, el Sirio (2 Reyes 5, 1- 1 4) donde, de forma inequívoca, la condición de su sanación está expresada en números, aunque su realización no dependió del número. ¿Por qué precisamente el sumergirse 7 veces en las aguas turbias del Jordán fue la condición dada por el profeta Eliseo para que el Naamán alcanzara la curación? ¿No hubiera sido suficiente 5 o acaso 3 veces? ¡O quizá hubiera sido suficiente una sola inmersión! No fue el sumergirse 7 veces lo que le consiguió la curación sino la obediencia de su fe humilde con que, a pedido de sus siervos, venció su Resistencia y se sometió al deseo del profeta.
Es muy cierto que los números tienen frecuentemente otra significación en el plano sobrenatural que la que les atribuimos aquí en la tierra. La razón es que nosotros caemos frecuentemente en el error de trasladar nuestro modo de pensar tan mercantilista al orden de la vida sobrenatural, cuando el Cielo tiene otro propósito muy distinto con los números. La esencia y el sentido más profundo de ésta “matemática celestial” no es el número ni el rendimiento, sino el Amor. Significa que debe arder en nosotros continuamente el deseo de salvar las ánimas que están penadas. ¡Cuántos pensamientos inútiles, cuántas preocupaciones superfluas que giran alrededor de nuestro propio Yo, nos llenan durante un solo día! ¡Cuántas idas y venidas hacemos mecánicamente en un único día! ¡Qué medio tan eficiente podría ser para educarnos a nosotros mismos si con un pensamiento de amor acudiéramos en ayuda de un alma que está sufriendo! Ellas nos lo van a agradecer mucho y en su estado de bienaventurados nos ayudarán en nuestro trabajo para salvar las almas. De nuestra parte, ésta compasión nos sirve de mérito y la Santísima Virgen la vierte en bien de las ánimas. Si la Santísima Virgen se expresa en número, lo hace únicamente para de éste modo acomodarse a nuestra débil manera de comprender las ideas, a fin de estimularnos, en fervorizarnos, como si dijeran: Miren, aunque la contribución de ustedes sea tan insignificante, alcanza que un alma en pena ¡pueda ver a Dios cara a cara!
(La anotación correspondiente al 17 de julio de 1964 de éste Diario confirma esta interpretación.- EL EDITOR.)
31 de agosto de 1963 Premio tu gran compasión por las ánimas del Purgatorio
Asistí a la santa misa vespertina. Luego, me quedé todavía por largo tiempo con Él. Le supliqué largamente. La hermana sacristana no se dio cuenta de ello y se marchó echando llave a la puerta. Estábamos los dos: Dios y yo con mi oración de súplica. Absorta intercedí a favor de las almas del purgatorio. Ardía en mi alma gran deseo de que cuántas más se liberen de lugar del sufrimiento. Estando con mi gran anhelo, la Santísima Virgen así habló:
S.V.-”Premio, hijita mía, el gran anhelo y compasión que sientes de las almas del purgatorio. Hasta ahora rezaste tres Avemarías en mi honor por la liberación de un alma. Ahora, para calmar tu anhelo, en adelante diez almas se liberarán del lugar de sufrimientos”.
Casi no podía comprender tan grande bondad. En lugar de deshacerme en agradecimientos, sólo un suspiro vino a mis labios: Santa Madre de misericordia, ¡gracias por tantas gracias!
1 de septiembre de 1963 Yo, ¡voy a buscar corazones!
Hoy es día de ayuno por las ánimas sacerdotales. Como el Salvador me lo había pedido, ayunando a pan y agua puedo liberar un alma sacerdotal del purgatorio. -El ayuno me debilita un tanto ya que hago también mis tareas de casa del modo acostumbrado y ayudo a mis hijos. Hacia el atardecer una vez terminado mi trabajo, fui a donde el Señor Jesús. El recogimiento en Él quedó inesperadamente perturbado por una molestia que sentí.
24 de septiembre de 1963 Privilegio donde hacen la hora santa en familia
S.V.- “Mi Llama de Amor, que deseo derramar de mi corazón sobre ustedes en una medida cada vez mayor, se extiende también sobre las ánimas del purgatorio. Fijate bien en mis palabras, escribe lo que digo y entrégalas a las personas a quienes corresponden: “Aquellas familias que guardan los días jueves o viernes la hora santa de reparación en familia, si en la familia muere alguien, después de un único día de ayuno estricto, observado por un miembro de la familia, el difunto de la familia se libra del purgatorio”.
(Se entiende: si falleció en gracia de Dios). (Nota: Guardar “ayuno estricto” significa: no es menester pasar hambre. Hay que comer pan y beber agua).
18 de mayo de 1964. Lunes de Pentecostés El premio de guardar ayuno el lunes
Asistí a la santa misa y antes de la sagrada comunión el Señor Jesús me dijo:
JC.- “Como veo tu firme determinación, a la que eres fiel aún en los días de fiesta, te he preparado una alegría: de entre las almas sacerdotales que sufren en el purgatorio, en este día, a partir de medianoche, a cada hora se libera un alma”.
Esto me dijo el Señor Jesús porque a petición suya, los lunes continuamente ayuno a pan y agua y no lo omito ni aun cuando caiga una fiesta en ese día. Estoy feliz de poder guardar en este día el ayuno estricto ya que Él prometió que después de ayunar un día lunes, un alma sacerdotal llega a su divina Presencia. Y ahora, al decirme que en cada hora se libera un alma sacerdotal, inundó mi alma con aquel sufrimiento que estas almas padecen todavía, que luego de unas horas ya estarán en Su presencia. Este dolor ha durado apenas uno o dos minutos pero aún así, -estando de rodillas-, casi me desplomé a causa de los dolores. Después de comulgar, el Señor Jesús me permitió sentir la liberación de un alma. Hizo que mis sentimientos cambiaran de un extremo a otro : después de las profundidades del sufrimiento, me inundó con la alegría sublime del alma que ha llegado a la Presencia de Dios. El estado de mi alma, temblorosa de la embriaguez de las gracias, hizo que me sintiera libre durante horas de la fuerza de gravitación de la tierra.
5 – 7 de octubre de 1964 Reza el rosario por las almas sacerdotales
Llevo ya más de tres años que guardo, a petición del Señor Jesús, este ayuno estricto por la liberación de las ánimas sacerdotales.
-Al regresar hoy, lunes, de la santa misa, mi cuerpo se debilitó tanto con los dolores que después de unas horas me sobrevino un hambre grande. No la aguanté y tomé alimentos. En mi gran pena de no poder llevar ahora a las ánimas sacerdotales a la Presencia de Dios y porque esta compasión se acrecentaba más y más en mi alma, pregunté al Señor Jesús qué debía hacer. En mi alma reinaba gran oscuridad y silencio. El Señor Jesús no dio respuesta. Aun al tercer día me desperté sintiendo compasión por las ánimas sacerdotales en pena. Y mientras pensaba en estos, la Santísima Virgen hizo oír sus palabras bondadosas en mi alma:
S.V.- “Mi hijita carmelita, reza el rosario completo y asiste a una santa misa que sea ofrecida por él. Así puedes recuperar el atraso causado por tu debilidad. El ánima del sacerdote llegará del purgatorio a la Presencia de Dios”.
Me quedé muy conmovida por esta propuesta bondadosa. Con lágrimas agradecí a nuestra Madre Celestial que en mi debilidad ayudo a liberar a las ánimas. Regresó a mi alma la fuerza y la tranquilidad. Esto también ocurrió la misma mañana: Al ir a la santa misa mis pensamientos se divagaron un poco, aunque esto duró sólo unos pocos minutos. Entonces el Señor Jesús se dirigió a mí:
JC.- “Eres querida para Mí pero ¡no distraigas tus pensamientos! Piensa sólo en Mí, porque si no lo haces así, me aflijo. No me aflijas y no tomes a mal si te corrijo. Sabes, me gusta si mis divinas palabras te encuentran estando siempre alerta. Aun un minuto es mucho para Mí que pases ocupada en otras cosas. Yo te ayudo para que sólo Yo y nadie más llene tus pensamientos.
1 – 2 de noviembre de 1965 Mes de Noviembre, mes de las almas sufrientes
El Señor Jesús me inundó con sufrimientos extraordinarios que de noche se intensificaban más todavía, tanto que sólo podía andar encorvada. Y lo que nunca existió en mí toda mi vida, me agarró también el temor a la muerte. Antes de ir a descansar, con todas mis fuerzas me preparé a la muerte como si ahora, en cualquier momento hubiera tenido que presentarme ante la santa faz de Dios. Estos grandes sufrimientos los ofrecí al Señor Jesús. Entre tanto, Él se contentó con decir:
JC.- “¡No estés harta de ellos!”
Al día siguiente me desperté aliviada y a lo largo del día este alivio iba en mí en aumento. Cuando de repente, de nuevo habló el Señor Jesús:
JC.- “¿Verdad, alma mía, me crees lo mucho que te quiero? Este violento sufrimiento que has soportado, lo destiné a favor de las almas sufrientes. Y ahora, sonrío sobre ti”.
En este instante, sentí como si hubiera separado mi alma de mi cuerpo, mientras el Señor Jesús habló de nuevo:
JC.- “Dios sonríe sobre ti. Con mi divina Sonrisa, ves, soportas más fácilmente los grandes y violentes sufrimientos de los cuales las almas sufrientes tenían gran necesidad, porque ahora has tomado parte en la labor a favor de la Iglesia sufriente. ¡Sufre sonriendo! ¡Nadie sepa, nadie vea, quede esto el secreto de nosotros dos! Esto sólo Dios puede conceder y lo doy sólo a aquellas almas que saben soportar sonriendo los incesantes sacrificios”.
15 de agosto de 1980 Ayuno de los días lunes
El Señor Jesús y la Santísima Virgen me hablaron alternando entre sí. La palabra de la Santísima Virgen con firme pero amorosa energia resonó en mi alma. Pidió al clero, a las personas consagradas a Dios (religiosos, religiosas) y a los fieles cristianos en todo el mundo que, teniendo modo de hacerlo, guardaran los días lunes, ayuno a pan y agua.
El Señor Jesús: “La Iglesia y el mundo entero está en grave peligro y ustedes con sus fuerzas no pueden cambiar la situación. Sólo la Santísima Trinidad puede ayudarles a ustedes, a la intercesión concertada de la Santísima Virgen, de todos los ángeles y santos y de las almas liberadas con la ayuda de ustedes”.
Según la comunicación de la Virgen Santísima :
S.V.-Los sacerdotes, si observan el ayuno del lunes, en todos las santas misas que celebren esa semana, en el momento de la Consagración, liberarán multitudinariamente a las almas del purgatorio. Las personas consagradas a Dios y los seglares que guarden el ayuno del lunes, en esa semana cada vez que comulguen, en el momento de recibir el Sagrado Cuerpo del Señor, liberarán multitud de almas del purgatorio.
12 de septiembre de 1963 La Llama de Amor de la Santísima y los Moribundos
S.V.-”Si se enciende la Llama de Amor de mi Corazón en la tierra, su efecto de gracia se derramará también sobre los moribundos. Satanás se quedará ciego y con la ayuda de la oración de ustedes, durante su velada nocturna, terminará la terrible lucha de los moribundos con Satanás y bajo la suave luz de mi Llama de Amor hasta el pecador más empedernido se convertirá”. Es mi peticion que la santa velada nocturna, por la cual quiero salvar a las almas de los moribundos, la organicen de tal manera en cada parroquia, que por ningún minuto se quede sin que alguien haga oración de vela. »
RECOPILACION: La Llama de Amor de la Virgen y las almas del purgatorio:
S.V.-«Mi Llama de amor que deseo derramar sobre ustedes en una medida cada vez mayor, va a tener efecto sobre las almas del purgatorio también:
a) Aquellas familias que guardan los días jueves y viernes la hora santa de reparación en familia regularmente, si en la familia muere alguien, después de un único día de ayuno estricto (observado por un miembro de la familia), el difunto de la familia se libra del purgatorio.» 24 de septiembre de 1963 (Se entiende : si falleció en gracia de Dios)
b) «Quien ayuna a pan y agua el lunes, librará cada vez un alma sacerdotal del lugar del sufrimiento. Quien practica esto, él también recibirá la gracia de ser liberado del lugar de las penas antes de que transcurran ocho días de su muerte. » Orden de día LUNES
Nuevos privilegios para los que guardan ayuno estricto las lunes. 15 de agosto de 1980
c) «Si en cualquier momento, haciendo referencia a mi Llama de Amor, rezaran ustedes en mi honor tres Avemarías, cada vez un alma se librará del purgatorio. -Las ánimas sufrientes deben sentir ellas también el efecto de gracia de la Llama de Amor de mi Corazón maternal. » 13 de octubre de 1962
SANTA LIDUVINA
(1380-1433) Cuentan las antiguas crónicas que recién paralizada una noche soñó Liduvina que Nuestro Señor le proponía este negocio: “Para pago de tus pecados y conversión de los pecadores, ¿qué prefieres, 38 años tullida en una cama o 38 horas en el purgatorio?”. Y que ella respondió: “prefiero 38 horas en el purgatorio”. Y sintió que moría que iba al purgatorio y empezaba a sufrir.
Y pasaron 38 horas y 380 horas y 3,800 horas y su martirio no terminaba, y al fin preguntó a un ángel que pasaba por allí, “¿Por qué Nuestro Señor no me habrá cumplido el contrato que hicimos? Me dijo que me viniera 38 horas al purgatorio y ya llevo 3,800 horas”. El ángel fue y averiguó y volvió con esta respuesta: “¿Qué cuántas horas cree que ha estado en el Purgatorio?” ¡Pues 3,800! ¿Sabe cuánto hace que Ud. se murió? No hace todavía cinco minutos que se murió. Su cadáver todavía está caliente y no se ha enfriado. Sus familiares todavía no saben que Ud. se ha muerto. ¿No han pasado cinco minutos y ya se imagina que van 3,800?”. Al oír semejante respuesta, Liduvina se asustó y gritó: Dios mío, prefiero entonces estarme 38 años tullida en la tierra. Y despertó. Y en verdad estuvo 38 años paralizada y a quienes la compadecían les respondía: “Tengan cuidado porque la Justicia Divina en la otra vida es muy severa. No ofendan a Dios, porque el castigo que espera a los pecadores en la eternidad es algo terrible, que no podemos ni imaginar”. Y seguía sufriendo contenta su parálisis para pagar sus propios pecados y para conseguir la salvación de muchos pecadores.
En 1421, o sea 12 años antes de su muerte, las autoridades civiles de Schiedam (su pueblo) publicaron un documento que decía: “Certificamos por las declaraciones de muchos testigos presenciales, que durante los últimos siete años, Liduvina no ha comido ni bebido nada, y que así lo hace actualmente. Vive únicamente de la Sagrada Comunión que recibe”. Durante los primeros años de su enfermedad podía tomar algunos alimentos, pero después, durante los últimos 19 años de su vida, ya no volvió a comer ni a beber. Su único alimento era la Sagrada Comunión. Nadie se ha logrado explicar este prodigio.
Narramos aquí la tercera visión relativa al interior del Purgatorio, aquella de Santa Liduvina de Shiedam, Holanda, quien murió el 11 de abril de 1433, y cuya historia escrita por un sacerdote contemporáneo, goza de la más perfecta autenticidad. Ésta admirable virgen, un verdadero prodigio de la paciencia cristiana, fue presa de muchos dolores y de los padecimientos más crueles por un período de treinta y ocho años. Estos sufrimientos hacían imposible para ella el dormir, pasaba las largas noches rezando, y muy frecuentemente, llevada en espíritu, era conducida por su Ángel guardián a las regiones misteriosas del Purgatorio, allí ella vio moradas, prisiones, diversas mazmorras, cada una más tenebrosa que la otra; se encontró con almas que ella conocía, y le fueron mostrados los diferentes castigos. Se puede preguntar, « ¿Cual fue la naturaleza de esos viajes extáticos?» ello es difícil de explicar; pero podemos concluir por otras circunstancias que había más realidad en ellos que lo que podemos creer.
La santa inválida hizo viajes similares y peregrinajes en la tierra, a los lugares santos de Palestina, a las iglesias de Roma, y a los monasterios en la vecindad. Ella tenía un conocimiento exacto de los lugares por los que había viajado en espíritu. Un religioso del monasterio de Santa Isabel, conversando un día con ella, hablando de las celdas, de los salones, del refectorio, etc., de su comunidad, diole a él una detallada descripción de su casa, como si ella estuviera viviendo allí. El Religioso habiendo expresado su sorpresa, le oyó decir: «Sepa padre, que yo he estado en su monasterio; he visitado las celdas, he visto a los ángeles guardianes de todos aquellos que las ocupan».
En uno de los viajes que nuestra Santa hizo al Purgatorio ocurrió lo siguiente: Un desafortunado pecador, enredado en las corrupciones de éste mundo, fue finalmente convertido por las oraciones y urgentes exhortaciones de Liduvina, el hizo una sincera confesión de todos sus pecados y recibió la absolución, pero tuvo poco tiempo para practicar la penitencia, ya que poco después murió por causas de la plaga. La Santa ofreció muchas oraciones y sufrimientos por su alma; y algún tiempo después, habiendo sido transportada por su Ángel al Purgatorio, ella quiso saber si él estaba todavía allí y en qué estado. «Él está aquí,» dijo su Ángel, «y está sufriendo mucho. ¿Estarías dispuesta a sufrir algunos dolores con el fin de disminuir los de él?» «Claro que sí,» dijo ella, «Estoy lista para sufrir cualquier cosa con tal de ayudarlo.» Instantáneamente, su Ángel la condujo a un lugar de espantosas torturas. « ¿Es esto el infierno hermano mío?» preguntó la Santa dama sobrecogida de horror. «No, hermana», le contestó el Ángel, «pero esta parte del Purgatorio está en el límite con el Infierno». Mirando hacia todos lados, vio ella lo que se asemejaba a una inmensa prisión, rodeada con murallas de una prodigiosa altura, cuya oscuridad, junto con las monstruosas piedras, la llenaron de horror. Acercándose a este gigantesco enclaustramiento, ella oyó un ruido confuso de lamentos, gritos de furia, cadenas, instrumentos de tortura, golpes violentos que los verdugos descargaban contra sus víctimas. Este ruido era tal que todo el tumulto del mundo, en tempestad o batalla, no podría tener comparación con él. « ¿Que es entonces este horrible lugar?» pregunto Santa Liduvina a su buen Ángel. « ¿Deseas que te lo muestre?» «No, te lo suplico», dijo sobrecogida de terror, «el ruido que oigo es tan aterrador que no puedo seguir escuchándolo; ¿Cómo puedo, entonces, soportar la vista de esos horrores?» Continuando con su misteriosa ruta, ella vio un Ángel sentado tristemente en las paredes de un pozo. «¿Quién es ese Ángel?» le preguntó a su guía. «Es», dijo él, «el Ángel guardián del pecador en cuya suerte estas interesada. Su alma está dentro de ese pozo, donde tiene un Purgatorio especial». Tras estas palabras, Liduvina miró inquisitivamente a su Ángel; ella deseaba ver esa alma que le era tan querida, y tratar de librarlo de tan espantoso hoyo. El Ángel que comprendió su deseo, descubrió el pozo, y una nube de llamas, junto con los mas lastimeros lamentos brotaron de él. « ¿Reconoces esa voz?» le pregunto el Ángel a ella. « ¡Ay! Sí», contestó la sierva de Dios. « ¿Deseas ver esta alma?» continuó él. Al oír su respuesta afirmativa, el Ángel le llamó por su nombre; e inmediatamente nuestra virgen vio aparecer en la boca del foso un espíritu envuelto todo en llamas, que parecía un metal incandescente al rojo vivo, y quien al verla le dijo en una voz escasamente perceptible, « ¡Oh Liduvina, sierva de Dios! ¿Quién me ayudará para contemplar la cara del Altísimo?»La visión de ésta alma, presa del más terrible tormento de fuego, le causó tal conmoción a nuestra Santa que el cinturón que ella usaba alrededor del cuerpo se rasgó en dos; y siéndole imposible seguir viéndole en tal estado, despertó repentinamente de su éxtasis. Las personas presentes, percibiendo su temor, le preguntaron su causa. « ¡Ay!» replicó ella «¡Que tan espantosas son las prisiones del Purgatorio! Fue para ayudar a las almas que yo consentí descender allá. Sin este fin, aunque me fuere dado todo el mundo, no pasaría otra vez por el terror que tan horrible espectáculo me causó. Algunos días después, el mismo Ángel que ella había visto tan desolado, se le apareció con una actitud feliz, le dijo que el alma de su protegido había abandonado el pozo y había pasado al Purgatorio ordinario. Éste alivio parcial no satisfizo a Liduvina, continuó rezando por el pobre paciente, aplicando a él los méritos de sus sufrimientos, hasta que pudo ver que las puertas del Cielo se abrieron para él.
SANTA GERTRUDIS DE HELFTA
(1256- 1301) Santa Gertrudis de Helfta, llamada la grande, nació en Eisleben (Turingia) en 1256. Entró al monasterio a los 5 años con las monjas Cistercienses de Helfta (Sajonia). La abadesa Gertrudis de Hackerbon la acogió de niña porque había quedado huérfana. A los 25 años, en 1281, tiene su primera manifestación divina. Empezará a escribir en latín por un impulso interior y escuchando la voz de Jesús que quiere hacer conocer sus escritos. Hacia el 1284 recibe los estigmas invisibles. A los 45 años, poco antes de morir recibe también el regalo de la herida, o flecha de amor, en el corazón.
Recorrió en modo maravilloso el camino de la perfección, dedicándose a la oración y contemplación, empleando su cultura para la redacción de sus textos de fe, entre ellos el célebre “Exercitia” y el que es tal vez uno de sus libros más famosos, las “Revelaciones”. Es recordada entre las iniciadoras de la devoción al Sagrado Corazón, la primera en trazar una teología, pero sin el tema de las reparaciones que luego será dominante. Ejerció una gran influencia en su tiempo porque la fama de su Santidad y de sus visiones atraía a muchos para pedir consejo y consuelo.
Experiencias con las ánimas:
A Santa Gertrudis se le aparece la santa abadesa Gertrudis en la gloria mientras ella ofrece la misa y ve que el Señor la recibe en su corazón. En estas visiones, Gertrudis ve la conexión entre el Sagrado Corazón, la misa y las almas de los difuntos.
Gertrudis también asiste en la muerte de Matilde, cantora del monasterio, y ve que Jesús acerca los labios de la agonizante a la herida del Divino Corazón.
Gertrudis rogaba un día por el hermano F. que había muerto hacía poco y vio su alma con el aspecto de un sapo repugnante, quemado interiormente en forma horrible y atormentado de varias penas a causa de sus pecados. Parecía que tenía algo malo debajo de su brazo y un peso enorme lo obligaba a estar curvado hasta el suelo, sin poderse enderezar.
Gertrudis comprendió que aparecía encorvado y con forma de sapo porque durante su vida religiosa había descuidado elevar su mente a las cosas divinas. Además entendió que el dolor que llevaba debajo de su brazo era debido al hecho de que había trabajado con el permiso del Superior para adquirir bienes temporales y había escondido la ganancia.
Tenía que pagar por su desobediencia. Gertrudis habiendo recitado los salmos prescritos por aquella misma alma, preguntó al Señor si tendría alguna ventaja: “ciertamente respondió Jesús” las almas purgantes vienen y levantan tales sufragios, incluso también las oraciones breves pero dichas con fervor son de mucho provecho para ellas.
Santa Gertrudis fue ferozmente tentada por el demonio cuando estaba por morir. El espíritu demoníaco nos reserva una peligrosa y sutil tentación para nuestros últimos minutos. Como no pudo encontrar un asalto lo suficientemente inteligente para esta Santa, pensó en molestar su beatífica paz sugiriéndole que iba a pasar larguísimo tiempo en el Purgatorio puesto que había desperdiciado sus propias indulgencias y sufragios en favor de otras almas. Pero Nuestro Señor, no contento con enviar Sus Ángeles y las miles de amas que ella había liberado, fue en Persona para alejar a Satanás y confortar a su querida Santa. El le dijo a Santa Gertrudis que a cambio de lo que ella había hecho por las ánimas benditas, la llevaría directo al Cielo y multiplicaría cientos de veces todos sus méritos.
Murió una monja del Orden de Cistel, moça de poca edad, llamada Getrudis. Tenía una grande amiga, la cual, estando en el coro assitiendo a las horas, vido entrar la muerta y ponerse a una parte, muy triste, y la cabeça, baxa. La otra, que la vido y conoció, alborotóse mucho, y hizo tal sentimiento que la abadessa lo echó de ver, y acabadas las horas, llamóla y preguntóle la causa de su sentimiento y alboroto.
Respondió:
-Sabed, madre señora, que vi entrar a Getrudis y estar en el coro todo el tiempo que se dezía el oficio.
La abadessa dixo:
-Son ilusiones del demonio. Si otra vez la vieres, dirásle: « Benedicite», y mira si te responde.
Hízolo assí la monja; entró la muerta, su amiga, llegó a ella, y díxole: « Benedicite». Respondió la muerta: « Dominum». Tomó la otra ánimo y preguntóle:
-¿A qué vienes?
La muerta respondió:
-A assistir en el oficio y a satisfazer lo que contigo parlé estando en él, porque me ha Dios señalado Purgatorio adonde cometí el pecado. Y avísote que si tú no te enmiendas, que será lo mismo de ti que de mí.
Por cuatro vezes se vido la muerta venir al oficio y assistir en él, siendo su amiga la que la veía, y porque hazía tal sentimiento que todo el coro se turbava, en especial sabiéndose ya la causa, la abadessa hizo celebrar Missas y hazer oración por la difunta, y no fue vista más. Lo dicho es de Cesario.
Santa Gertrudis amaba, por las excelentes cualidades de que estaba en abundancia dotada, a una jovencita que al Señor plugo llamarla a Sí en la flor de su vida. Ocurrió, pues, que mientras, después de su tránsito, la Santa la recomendaba con gran fervor a Dios, arrebatada en espíritu, la vio que estaba en la presencia del Salvador, adornada con preciosas vestiduras y radiante de luz, pero con rostro triste y medrosa de presentarse a su divino Esposo Jesús. Maravillada la Santa, primeramente se dirigió suplicante al Redentor, rogándole se dignara invitar dulcemente a aquella su amada jovencita, a fin de que avanzara confiada hacia Él. El amoroso Redentor volvió benigno su mirada a la humilde doncellita, haciéndole señal de que se aproximara a Él; pero ella, en lugar de acercarse más, más avergonzada todavía, humildemente se alejaba. Entonces Gertrudis, dirigiéndose a ella: “¿Es ésa la manera, le dice, de corresponder a la gracia del celeste Esposo, o más bien de hacerse indigna de Él?”. A lo que la prudente virgen respondió: “Perdona, Madre, es que mi estado no me permite todavía tomar entre mis manos aquella diestra, ni besar aquella mano que me invita. Estoy, es cierto, confirmada en gracia, como destinada a ser esposa del Cordero Inmaculado, pero es preciso purgar toda suerte de defectos antes de unirse en eterno abrazo con Él. Todavía hay en mí algún defectillo que me afea y ofende su purísima mirada, y hasta que yo no me vea tal cual Él me desea, no osaré jamás entrar en aquel celestial gozo, que no sufre mancha de imperfección”. ¿Y podremos nosotros esperar obtenerlo si no nos enmendamos perfectamente de nuestras culpas? Pero ¿cuándo lo haremos? El tiempo vuela rápidamente, y si nuestros días pasan, no lo haremos, no lo podremos hacer jamás.
Un día, Santa Gertrudis, habiéndose puesto en oración suplicando por el eterno descanso de un alma por la que ella particularmente se interesaba, el Señor le hizo oír estas palabras: “Yo experimento un placer especial cuando se me dirigen oraciones por los difuntos, sobre todo cuando veo que la compasión natural va unida con la buena voluntad que la hace meritoria. ¡Oh, entonces ambas cosas juntas concurren admirablemente para dar a esta buena obra la plenitud y perfección de que es capaz! Las oraciones de los fieles descienden cada instante sobre las pobrecitas almas cual lluvia benéfica, cual bálsamo saludable que no solamente endulza y calma sus dolores, sino que con el tiempo líbralas también de aquella cárcel más o menos rápidamente, según sea el fervor y devoción con que sean hechas”. En otra ocasión, suplicando esta misma Santa al Señor se dignase aceptar las súplicas que le dirigía en favor de los difuntos, recibió esta respuesta: “¿Y cómo podría ser de otro modo? Yo soy como un príncipe lleno de afecto para con algunos súbditos suyos, a quienes por su propia autoridad y por justos motivos tiene encerrados en lóbrega cárcel; y no queriendo hacerles gracia, como podría, en virtud de su poder soberano, para que su justicia no quedase malparada, no obstante, estaría enteramente dispuesto a perdonarles y librarlos de la cárcel si algún personaje de su corte intercediera y suplicase por ellos. Del mismo modo me son altamente agradables las súplicas que se me hacen en favor de las almas del Purgatorio, y tomo ocasión de ellas para librarlas de sus penas y llevarlas a la posesión de la eterna gloria”.
En cuánto provecho redunde para nosotros, delante de Dios y de las almas del Purgatorio, este acto heroico de caridad, vémoslo confirmado por el siguiente hecho, referido por Dionisio Cartujano. Una doncella, llamada Gertrudis, educada en la escuela de la caridad, había acostumbrado, desde sus más tiernos años, ofrecer en sufragio de las almas del Purgatorio la satisfacción de todas las buenas obras que hacía. Era tan del agrado del Purgatorio y del Cielo tan devota práctica, que con frecuencia complacíase el Señor en indicarle las almas más necesitadas a las cuales convenía la aplicase; y aquellas mismas almas que por su mediación eran liberadas de aquellas penas aparecíansele gloriosas para darle más gracias y prometerle su correspondencia desde el cielo. Había empleado siempre su vida en este santo ejercicio, y llena de santa confianza acercábase a la muerte cuando el enemigo infernal trató de perturbarla, acometiéndola con el pensamiento de haber ella liberado en su vida muchas almas del Purgatorio para ir ella ahora a ocupar su lugar y sufrir por ellas, hallándose despojada del mérito de todas sus buenas obras. “¡Cuán necia y presuntuosa fuiste, le decía, al despojarte de tantos merecimientos para cederlos en provecho de otros! Pronto te arrepentirás, cuando te veas acometida y rodeada de los más crueles suplicios, riéndome yo entretanto de tus padecimientos. ¿Qué necesidad tenias tú de prodigar de ese modo tus méritos en beneficio de quien era para ti un extraño? El orgullo fue el que te cegó; mas, ¡bien caro lo pagarás!”. Ante tales insinuaciones, aquella alma piadosa, gimiendo y desolada, lamentábase diciendo: “¡Ay, infeliz de mi, infeliz de mí! ¡Dentro de breves instantes iré a dar cuenta a Dios de todas mis acciones, sin haberme reservado ninguna buena para mí! ¡Oh, qué terrible Purgatorio me espera, sin esperanza de alivio ni consuelo!”. Pero el Señor, no queriendo que pasara tanta angustia su fiel sierva, apareciéndosele lleno de majestad y de dulzura, le dice: “¿Por qué estás tan desolada, hija mía? Has de saber que tu caridad me ha sido tan grata, que desde este momento Yo te perdono todas las penas que te estaban reservadas, y como Yo he prometido recompensar con el ciento por uno a los que se olvidaran de sí mismos por amor de sus hermanos, así con el ciento por uno aumentaré tu recompensa en el cielo. Sepas que todas las almas salvadas por ti vendrán en breve a tu encuentro para acompañarte e introducirte en la celestial Jerusalén”. Ante tan consoladora seguridad la piadosa doncella sintió disiparse toda tristeza, y referido lo acaecido a los circunstantes, con la sonrisa de los predestinados en los labios, fue a recibir la recompensa de su caridad heroica. Enfervorícese también nuestro deseo de procurar ayuda a las benditas almas, pues espléndida será la celestial recompensa.
Fuentes: P. Angel Peña O.A.R. “Más allá de la Muerte” Capítulo 4: Los santos y el purgatorio, http://www.tenesperanza.org y otros