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lunes, 30 de abril de 2018

Pacto con el diablo, locura y sadismo: la historia del Hannibal Lecter argentino

Raul Piñel y la cocina en la que preparó el guiso con los restos de su padre

Raul Piñel y la cocina en la que preparó el guiso con los restos de su padre.

A diez años de un crimen espeluznante. Raúl Piñel, de 32 años, mató a su padre, lo descuartizó y se lo comió.

Por Rodolfo Palacios 29 de abril de 2018

Cuando salió de la cárcel, el 20 de junio de 2008, Raúl Ernesto Piñel parecía otro hombre. Una versión siniestra de sí mismo: como un Mister Hyde que nunca volvería a ser Doctor Jekyll.

Hablaba solo, su mirada era fría y para sus familiares y amigos se volvió casi un desconocido. Pero nadie se imaginaba que ese hombre de 32 años pronto iba a convertirse en "El Hannibal Lecter de Daireaux", un pueblo bonaerense rural de 16 mil habitantes, por matar, cocinar y comer a su padre en un guiso a la provenzal.

El primero en descubrir el estado oscuro de Piñel fue su tío. Una tarde, mientras tomaban mate en el campo, el hombre le dio un consejo:
–Tenés que enderezarte. Volver a laburar y dejarte de hacer macanas. ¿No ves que es hermoso andar libre?


–En la cárcel me respetan más que afuera. Igual allá adentro es bravo, tío. No tenés ni idea. Pasan muchas cosas feas.

–¿Te lastimaron alguna vez?

–No. Conmigo no joden. ¿Te cuento una cosa? Pero no digas nada. Es un secreto.

–Dale, soy una tumba, querido. Contá nomás

–Una vez estábamos con los vagos. Tomamos algo, dijimos unas palabras, pedimos unos deseos y de repente se apareció el loco.

–¿Qué loco?

–¡El diablo, tío! Nos dijo que si le cumplíamos él nos iba a cumplir. No le voy a fallar nunca.

–Dejate de joder. Eso es todo verso. Te están llenando la cabeza con mentiras.

–No pasa nada tío. Es la única manera de salir a flote.

Luego, Piñel bajó la cabeza, miró al piso y pronunció unas palabras inentendibles. Su tío largó una carcajada. Pero Piñel no lo registró. Seguía murmurando, como si estuviera en trance. Su tío lo zamarreó y le preguntó qué estaba haciendo. Piñel lo miró, como desorbitado, y le respondió:

–Llamando al diablo.

El origen del mal

Piñel estaba casado y tenía dos hijos. Siempre fue parco y poco expresivo. A sus amigos les decía que nunca había podido superar la temprana separación de sus padres: él tenía diez años y los había visto pelear e insultarse varias veces.

Esa circunstancia, según él, lo había marcado: era un chico triste, silencioso y ensimismado. Era el mayor de tres hermanos: dos varones y una mujer.

La casa del horror
La casa del horror
Su padre y su hermano eran lo contrario a él: simpáticos, conversadores y divertidos. En las reuniones eran el centro de atención. Ninguno de los tres tenía trabajo fijo. Se las rebuscaban haciendo changas: cortaban leña, cuereaban animales, descargaban camiones, recogían papa en el campo y cuidaban caballos.

A veces trabajaban hasta 15 horas por día y no les quedaban ganas de ir a emborracharse al cabaret El Lagarto, donde los hombres de la familia solían reunirse. Allí ocurrió un hecho que quizá anticipó la pulsión de Piñel: una prostituta lo denunció por morderle la espalda.

Sus familiares dicen que Piñel fue llevado por mal camino por un amigo de su infancia que cumplió una condena por robo en la cárcel de Urdampilleta, a 45 kilómetros de Daireaux.

Piñel se reencontró con él y esa relación terminó por distanciarlo de su esposa, sus padres y su hermano. Había dejado de trabajar y pasaba el día tomando cerveza en un bar situado al costado de la ruta, en el que solían parar los camioneros y los peones de campo que volvían de agotadoras jornadas. Su amigo había estado detenido por piratería del asfalto

–Estoy podrido de laburar como un burro –protestó Piñel.

–Tengo un laburito para que encaremos y salgamos del pozo.

Su amigo le propuso desvalijar varias casas de un campo. Piñel aceptó: no tenía un centavo y con su esposa y sus hijos tuvo que dejar la casa donde vivían porque debían seis meses de alquiler.

Los posters que tenía Piñel en las paredes de su casa
Los posters que tenía Piñel en las paredes de su casa
Se mudaron a lo de su padre. Era una casa de ladrillos con un comedor cuyas paredes blancas descascaradas estaban decoradas con los dibujos gauchescos de Molina Campos, afiches con caballos y toros; una pequeña cocina en la que sólo caben tres personas, una salamandra y dos piezas. En el patio crecía la maleza y había un sauce llorón y un duraznero.

La convivencia fue dificultosa. Piñel discutía con su padre. Al mismo tiempo siguió tomando alcohol. Estaba a punto de desmoronarse. Tomaba de mañana, tarde y noche. En esas condiciones encaró el robo del campo que le había propuesto su amigo.

Una noche, saltaron la tranquera y caminaron con sigilo por el pasto. Estaban encapuchados y tenían armas. Buscaban dinero y caballos que pensaban cargar en un camión. Pero todo les salió mal: el sereno de la estancia escuchó el ladrido de los perros, se asomó por la ventana y al ver dos siluetas, llamó la Policía.

Los dos fueron llevados a la cárcel de Urdampilleta. Como Piñel tenía otras causas por riña callejera y había intentado robar un auto, iba a pasar varios meses en prisión.

–Me dijiste que no nos podía pasar nada malo –le recriminó a Orlando en la celda que compartieron.

–Vos estabas en otra. Para afanar hay que estar con todas las luces. Hiciste mucho ruido y avivaste a los perros –retrucó su amigo.

Pacto siniestro

Los dos fueron a parar al pabellón más peligroso del penal. Piñel notó que entre su amigo y los otros presos había algo extraño. Con los días, lo sumaron a un ritual en el que se cortaban los brazos y tiraban la sangre en un fuentón.

Era una especie de magia negra, según figura en el expediente del caso.

Piñel pareció tomárselo demasiado en serio. Comenzó a hablar solo y les dijo a sus compañeros de prisión que el diablo se le había aparecido en la celda. Lo miraron raro, aunque ellos no dejaban de hacer ese ritual oscuro.

Hasta la expresión de su cara parecía cambiada: tenía una fiereza digna de un animal salvaje. Solía mostrar los dientes y mirar con odio.

Una de las pocas fotos que existe de Piñel
Una de las pocas fotos que existe de Piñel
Un día no quiso entrar en su celda. Un guardia le llamó la atención y lo dejó sin comida. Piñel lo golpeó con brutalidad y le mordió el cuello. El director de la cárcel lo sancionó con una semana en el calabozo.

A él nada parecía perturbarlo. Ni siquiera amanecer al lado de un compañero que acababa de morir de una puñalada, como ocurrió un día. Por un momento, Piñel pensó que él lo había matado, pero luego se descubrió que el ataque había sido ejecutado por otro preso.

Un loco peligroso en el pueblo

Cuando salió del penal no ocultó su extraño comportamiento. En Daireaux comenzaron a decirle "el loco". No lo dejaban entrar en los bares y muchos lo esquivaban. Cuando entraba en un negocio, los clientes lo miraban como si fuera la atracción del circo.

Su esposa lo dejó y él se mudó a lo de su madre.

Un día su padre fue atropellado por un auto mientras iba en bicicleta. Piñel logró un permiso para verlo en el hospital.

–Viejo, le recé al Gauchito Gil para que vuelvas a estar bien.

–Gracias. Pero estoy hecho un toro. Decí que no me dejan ir al cabaret –bromeó su padre.

–Ya vas a estar mejor –anunció Piñel, misterioso.

A los pocos días, su padre fue dado de alta.

–Viejo, ¿no me agradecés? Estás vivo por mis trabajitos.

Su padre no entendía nada. Luego se enteró de las invocaciones de su hijo y se lo contó a los asistentes sociales del Servicio Penitenciario Bonaerense, que controlaban la libertad condicional de Piñel. Pero no le suspendieron la libertad.

En una gran olla, similar a la hallada en el exterior de su casa, cocinó la macabra cena
En una gran olla, similar a la hallada en el exterior de su casa, cocinó la macabra cena
Piñel había adelgazado cinco kilos, estaba desalineado y tenía la cara chupada. Se la pasaba encerrado en la pieza. Un mediodía, cuando su madre lo fue a buscar para comer, lo sorprendió en un ritual. Estaba rodeado de velas y tenía las fotos de su padre y de su hermana.  No quiso interrumpirlo, pero cuando la vio, le dijo:

–Estoy curándolos. Los voy a salvar.

La mujer fue a la comisaría, pero el comisario los desalentó.

–No puedo hacer nada. Que yo sepa, hablar del diablo no es delito, a lo sumo es pecado. Tienen que llamar al psicólogo del penal.

–Llamamos, pero no nos responden. Mañana tienen que venir a buscarlo para llevarlo a la cárcel, pero puede ser demasiado tarde –dijo la mujer.

–Lamentablemente no puedo meterme. Pero si pasa algo, me llaman urgente –les dijo el comisario.

Final satánico

Cuando la mujer volvió a su casa, Piñel no estaba. Había ido a lo de su padre.

–Hola, viejo. ¿Puedo pasar la noche acá? -le dijo.

–Dale, pasá –le respondió su padre, algo dubitativo.

Luego se fue al patio a tomar mate y a hablar solo. Así estuvo varias horas. El padre de Piñel llamó a su otro hijo, que apareció en la casa a los diez minutos.

–Tu hermano está acá.

–¿Por qué lo recibiste? Tiene que volver a la cárcel.

–Dejá que esta noche la pase conmigo. Además mañana tiene que volver al penal. Lo pasan a buscar temprano.

–¿Ahora dónde está?

–Mateando en el patio. Habla solo. No se le entiende nada de lo que dice. Habla al revés. ¿Por qué no pasas esta noche a picar algo? Además no me dejás solo con este loco.

–No puedo, hoy quedé con la vieja.

La chimenea de la casa donde la policía encontró un macabro escenario con restos humanos
La chimenea de la casa donde la policía encontró un macabro escenario con restos humanos
El joven prefirió estar con su madre para protegerla en el caso de que su hermano fuera a la otra casa. Pero Piñel tenía otro plan. A la noche, le dijo a su padre que iba a cocinar. La charla que tuvieron nunca salió a la luz, sólo se sabe que Piñel golpeó a su padre, buscó un cuchillo en el cajón de la cocina y lo degolló.

Con cuidado, descuartizó a su padre y esparció los restos por la casa. Separó el corazón y los riñones y los puso en una olla, sobre una garrafa encendida. Mientras tanto, picó ajo y perejil y tomó un vaso de vino.

Cocinó a su padre en un guiso. Luego, según contó después a los policías, invocó al diablo y le ofrendó el cuerpo de su padre.

A la mañana siguiente, un vecino golpeó la puerta de la casa porque pretendía tomar mate con su padre. Piñel le abrió y lo hizo pasar. Cuando el hombre entró, el olor le daba náuseas. Se horrorizó al ver los restos humanos calcinados.

–Voy a preparar unos mates –le dijo Piñel, como si no hubiese pasado nada. Pero en lugar de buscar la pava, agarró una cuchilla que tenía manchas de sangre.

–Ahora vengo. Voy a buscar unos bizcochitos –dijo su vecino y salió apurado.

Cuando llegó la Policía, Piñel estaba sentado a la mesa. Hablaba solo. A los detectives sólo les dijo:

–Si me dan un ratito más, se los voy a agradecer.

– ¿Para qué? –le preguntaron.

–Ya curé y salvé a mi padre. Ahora me queda hacer lo mismo con mi madre. Sería un error dejar esto sin terminar –dijo.

Lo esposaron y los vecinos intentaron golpearlo.

–¡Caníbal asesino! –le gritaban.

Asqueados, los peritos no recogieron todos los restos de la víctima.

El exterior de la casa del atroz crimen
El exterior de la casa del atroz crimen
Piñel fue internado en un instituto neuropsiquiátrico, donde probablemente pasará el resto de su vida. Su nombre quedó en la galería macabra de los caníbales argentinos.

El perito José Abásalo dictaminó que sufría de síndrome delirante y que era paranoide, demente y esquizofrénico. Es probable, concluyó, que en su cabeza haya escuchado voces.

Ante los psiquiatras que lo examinaron –rejas de por medio por temor a un ataque–, Piñel pronunció un nombre, pero nadie supo a quién se refería. La respuesta más clara se la dio a Abásalo.

–¿Dónde creés que está tu padre? –lo interrogó.

Piñel respiró hondo, bostezó, pensó unos segundos, y confesó:

–Ahora, a papá lo llevo bien adentro.
(https://www.infobae.com/sociedad/policiales/2018/04/29/pacto-con-el-diablo-locura-y-sadismo-la-historia-del-hannibal-lecter-argentino/)

jueves, 13 de octubre de 2016

Bob Dylan, Premio Nobel de Literatura: "Hice un pacto con el Diablo para llegar adonde estoy"


Bob Dylan, quien recibió el Premio Nobel por "haber creado nuevas expresiones 
poéticas dentro de la gran tradición de la canción americana", 
admitió públicamente haber hecho un pacto con el Diablo, 
"para llegar adonde está".

(http://www.imolaoggi.it/2016/10/13/nobel-per-la-letteratura-a-bob-dylan-ho-fatto-un-patto-col-diavolo-per-arrivare-dove-sono-adesso/)

martes, 16 de febrero de 2016

Hizo un pacto con el diablo para triunfar en el heavy metal; y Cristo lo rescató con una sorpresa

Hizo un pacto con el diablo para triunfar en el heavy metal; y Cristo lo rescató con una sorpresa

Kirk Martin, ex-líder de la banda de Heavy Metal "Power of Pride" (El poder del orgullo).

Los sonidos del más duro heavy metal eran una armoniosa sinfonía para él. Herido y dañado en la infancia, sediento de fama, no dudó en ofertarlo todo creyendo que ahí estaba su tesoro.

Ex líder de la banda: Power of Pride
“Lo más grande era estar en el escenario teniendo el control… me encantaba ser adorado y que las personas que miraban, dijeran «¡Wow! Quiero ser eso»”. Las palabras pertenecen a Kirk Martin, quien hasta hace algunos años lideraba una banda de heavy Metal llamada Power of Pride (El poder del orgullo) en Estados Unidos.

Logró participar en múltiples conciertos, en donde proyectaba una imagen salvaje e iracunda sobre el escenario. “Conseguir que miles de personas chillasen blasfemias era la mayor adrenalina que podía experimentar”, cuenta al canal de televisión CBN.

Lleno de odio
Pero esta imagen siniestra no sólo era una pose escénica, sino que tenía su correlato en la vida real de Kirk. Su maceteada figura daba marco a su carácter pendenciero y los varios tatuajes en su cuerpo hablaban de las creencias y espíritu que le habitaba. “Estaba tan lleno de odio que proyectaba ese odio hacia muchas personas”, sincera y prosigue… “dos de los miembros de la banda -mientras estábamos en la carretera en cierta ocasión- decidieron que estaban hartos de mí y que no podían aguantarme más, y ellos, de hecho decidieron dejar la banda”.

Los jóvenes le idolatran
Reconoce que por mucho tiempo gozó de la soberbia, que enaltecían las letras de sus canciones arengando con ellas la rebeldía de los jóvenes que le idolatraban. “Toda mi intención era decir a la gente que creyeran en sí mismos, que siguieran sus propias visiones, sus propios sueños y aplastasen a quién se les pusiera en su camino”.

Un pacto con el diablo: "Te serviré hasta el fin de los tiempos"
Pero los orígenes de su sorpresivo éxito, señala, no fue por simple empeño, asertividad o calidad musical. Kirk no estaba dispuesto a arriesgar fracaso o esperar fortuna y sin dudarlo se propuso concretar su anhelo aunque para ello lo arriesgó todo en un siniestro pacto. “Clavé las zarpas en el suelo, arañé la tierra y le dije a Satanás: «Si me das lo que quiero, si me haces un dios, si me das las mujeres, las drogas y la fama, todo. Si me das el poder de aplastar a la gente, te serviré hasta el fin de los tiempos»”.

El determinante trauma en la infancia
Nada más pronunciar la sentencia, recuerda, en cuestión de días una casa discográfica le ofrecía un suculento contrato para que su agrupación pudiera grabar un próximo disco.

Pero aquél pacto de esclavitud no era el único secreto que Kirk guardaba mientras se hundía en la ilusión de fama, sexo y fortuna… “Durante mi niñez, unos chicos en el barrio me empezaron a molestar sexualmente y a sodomizarme cuando tenía probablemente unos 8 años. Ocurrió más de una vez y nunca hablé de ello, nunca le dije a nadie”.

Violentado en la infancia, lleno de rabia, aprovecharse sexualmente de las mujeres se convirtió en parte del estilo de vida heavy metal de Kirk. “La peor parte de mi abuso fue el hecho de que lo interioricé y violaba a otros”, recuerda.

Un hombre le revela lo que sólo él conocía
Estando a horas de firmar el contrato discográfico por el que había vendido su alma, Kirk tuvo un encuentro con un misterioso extraño durante una mañana en una cafetería. “Un tipo entró y se sentó justo a mi lado de entre todos los asientos en los que se podía haber sentado… había muchos asientos libres, e inmediatamente lo miré con esta horrible y mezquina expresión en mi cara. Lo miré y le dije: «¿¡Qué pasa papá!?» y volvió a mirar su café… me miró directamente en la cara y replicó «¿Qué pasa amigo?». Salté por la mesa y puse mi nariz justo en frente de la suya. Le miré a los ojos y simplemente le maldije, lo llamé todas las cosas inmundas que se me ocurrieron, y me dijo: «Dios me ha mandado aquí para decirte que te ama y quiere que sepas que Él no fue responsable de los jóvenes que abusaron de ti cuando eras niño», y lo que era tan alucinante sobre eso, es que él usó sus nombres y dijo: «Jesús está esperándote para que gires la cara hacia casa»”.

El misterioso hombre se marchó y Kirk permaneció meditativo, en shock, algunos segundos. Se levantó de donde estaba tras los pasos del extraño, quería enfrentarlo, pero cuando salió a la calle, la persona se había desvanecido.

La noche en que brilló una sola estrella
Horas más tarde cuando Kirk estaba a punto de dormirse en el autobús de gira de la banda, fue sacudido en medio de la noche. Quizás fue un sueño revelador, pero él lo recuerda como un hecho real y vívido…

“De pronto apareció una gran estrella, como si cayese del cielo, y el espíritu de Dios mismo actuó en el autobús. Yo no sabía por qué odiaba tanto a Dios. Todo, simplemente voló y la única cosa que sentía era amor. Me sentí aceptado, me sentí como que era ese niño pequeño otra vez, antes de que abusaran de mí, y dije: «Jesús, ven aquí y destrúyeme porque yo no quiero ser más esto». Me doy cuenta ahora, que ante la presencia de Dios, el pecado, el odio y la fealdad no puede, no hay lugar para ello, así que tiene que salir. Y todas estas cosas empezaron a dejar mi corazón”.

Ya todo era diferente
Kirk, como un niño, volvió a dormir y cuando despertó a la mañana siguiente, todo parecía diferente. “La hierba era más verde, el cielo era más esponjoso, las nubes eran hermosas, y yo era diferente”. ¿El contrato? poco le importaba pues “aquello que siempre había querido, de repente no lo quería más. Lo dejé todo y nunca más retorné a la banda”

Una etapa de reconciliación
En búsqueda de respuestas y de reconciliación con la fe, Kirk encontró una iglesia en su pueblo natal y se volcó al cristianismo. Cuando comenzó a asistir a las celebraciones, su consejero espiritual le aconsejó terminar el doloroso ciclo que había comenzado en la infancia. Que buscara a los jóvenes que habían abusado de él para perdonarles fue el desafío.

“Los encontré y no sé si se acordaban de mí. Entonces les pregunté: «¿Por qué me hicieron esto?». Empezaron a contarme la historia de cómo alguien les había violado, cómo de niños habían encontrado una revista pornográfica y eso es lo que les había llevado a abusar de mí, y luego invitaron a otro chico a que hiciera lo mismo. Ellos habían dado sus corazones a Cristo. Nos sentamos, lloramos y nos abrazamos. Hablamos sobre ello y rezamos, así es cómo pasamos todo esto”.

De nuevo en la música pero de otra manera
Con el tiempo Kirk también re-encontró su talento musical, sustentado en la libertad y sanación regalada por Dios, escribiendo e interpretando canciones de alabanza. Formó familia y juntos viajan por todo el país compartiendo el milagro con el que cambió su vida.

“Mi mujer es simplemente un tesoro y mi familia es el testimonio más grande de la piedad y la gracia de Dios. Yo que era adicto a las drogas, al sexo y la violencia, al odio, que usaba la música como una herramienta para destruir a las personas fui recogido y sanado por Dios… todo ello para su gloria”, concluye.
(http://www.religionenlibertad.com/hizo-un-pacto-con-el-diablo-para-triunfar-en-el-heavy-36894.htm)