“Estábamos ardiendo en esa luz que es Dios y no nos quemábamos. ¿Cómo es
Dios? No se puede decir. Esto sí que la gente no puede decirlo” (Beato
Francisco Marto). Dios: una luz que arde, pero no quema. Moisés tuvo esa
misma sensación cuando vio a Dios en la zarza ardiente; allí oyó a Dios
hablar, preocupado por la esclavitud de su pueblo y decidido a
liberarlo por medio de él: “Yo estaré contigo” (Cfr. Ex 3, 2-12).
Cuantos acogen esta presencia se convierten en morada y, por
consiguiente, en “zarza ardiente” del Altísimo.
"El infierno consiste en la condenación eterna de quienes, por libre elección, mueren en pecado mortal" (Catecismo de la Iglesia Católica, Compendio, 212)
San Miguel Arcángel pesando las almas en el Juicio Final
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jueves, 20 de febrero de 2014
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