San Miguel Arcángel pesando las almas en el Juicio Final
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sábado, 12 de enero de 2019

Krampus, el demonio que es adorado cada Navidad en Austria

Nikolaus y Krampus en Austria. Periódico-ilustración de 1896

Nikolaus y Krampus en Austria. Periódico-ilustración de 1896.

Por Scarlet Stuardo 
Mitad cabra, mitad demonio. Así luce Krampus, el ser que cada inicio de diciembre llena las calles de Austria buscando a niños que se han portado mal para golpearlos con su palo y luego llevárselos en un saco para devorarlos en el infierno… o eso cuenta la leyenda.

Según dijo Karl Berger al portal PRI, director del museo de arte popular del pueblo de Seefeld y experto en la historia de Krampus, este personaje parecido a un demonio lleva más de cuatro centenares de años siendo celebrado en Austria y está muy lejos de ser pagano.

“Krampus es una figura que está muy fuertemente conectada con el cristianismo”, expresó, detallando que en los siglos XVI y XVII los jesuitas crearon a este personaje para acompañar a San Nicolás (Viejito Pascuero) y así amenazar a los niños para que obraran bien, mientas que Santa Claus premia a quienes se porten bien. Aún así, sus primeras apariciones sólo fueron en obras de teatro, las que luego se trasformaron en una tradición que pasó a las calles.
No obstante, el Krampus del siglo XX, o antes, están muy lejos de parecerse a los actuales. En primer lugar, de aparecer una vez al año los 5 ó 6 de diciembre, este personaje ya comienza a figurar en shows agendados desde mediados de noviembre.

Un locatario identificado como Peter Gröber (60), quien interpretó a Krampus hace décadas, opina que la tradición se convirtió en un negocio. El hombre asegura que antes sólo se usaba una máscara roja de papel con un pedazo de fieltro simulando una lengua.
En esta línea, las últimas versiones de Krampus muestran al “demonio” con grandes cuernos similares a los de una cabra, luces LED en sus ojos mientras hacen trucos con fuego y suena música heavy metal. Por lo bajo, diez hombres y mujeres se visten y lo interpretan.
(https://www.biobiochile.cl/noticias/sociedad/curiosidades/2018/12/19/krampus-el-demonio-que-es-adorado-cada-navidad-en-austria-es-mas-popular-que-el-viejito-pascuero.shtml?fbclid=IwAR2xQdxiomRIgrcwyvm3JVT9dOOsmIjD4xo9g_Xe2f8mkbE9q5P0O9-UM3A)

jueves, 13 de diciembre de 2018

Papa Noel el `anticristo´ de la Navidad


diciembre 12, 2018

A medida que el mundo se vuelve más y más oscuro, a medida que se aleja cada vez más de la sociedad católica, el verdadero significado de la Navidad va desapareciendo poco a poco ante los ojos del mundo. Sin embargo, no podría haber sido posible presenciar la plena difusión de esto sin el anticristo conocido como Santa Claus.

¿Qué es la Navidad para el mundo pagano moderno y la America pagana moderna? Se trata de un Santa Claus que reparte regalos a la gente. ¿Qué vemos a nuestro alrededor? Vemos que la gente se viste de Santa Claus en su estúpido disfraz.

Satanás sabe que no puede acabar con la celebración de la Navidad. Él también sabe que, siempre y cuando la Navidad sea celebrada, todo el mundo recordará profundamente a nuestro Señor Jesucristo, de quien casi todos se han olvidado. Cada año, cuando se acerca la Navidad, todos se recuerdan de nuestro Señor Jesucristo, les guste o no. Ya sea un gran pecador que ha dejado de practicar la fe católica o un judío que intenta olvidarse de Cristo para no tener que creer en Él, todos pensaban en Jesucristo en cada Navidad... al menos hasta cuando se creó el Satán Claus.

Satán Claus, un anticristo contra la Navidad

En vez de deshacerse de la Navidad por completo, que sabe es un intento inútil, Satanás inventó una de la más ingeniosa de sus diabólicas ideas hasta el momento: sustituir a Jesús con Santa Claus. Su plan ha sido asombrosamente exitoso al punto que, ahora donde se habla de la Navidad, en la mayoría de los países, casi todo gira en torno a Santa Claus. Jesús apenas es mencionado, y el público en general ni siquiera piensa lo incongruente que es todo esto. Santa Claus ha sustituido exitosamente a Jesús especialmente en las vidas de incontables niños. Esta sustitución anticristiana es quizás más identificable en la famosa canción, “Santa Claus is coming to town” (o sea “Santa Claus llegó a la ciudad”). 
La letra dice:

Mejor cuídate
Mejor no llores
No pongas mala cara
Te diré por qué
Santa Claus llegó a la ciudad

Pero detengámonos un momento... ¿quién es el que llega a la ciudad en Navidad? Es Jesucristo quien viene a la ciudad, por supuesto. Es Jesucristo el que llega al mundo en Navidad, razón por la cual celebramos la fiesta navideña. Pero aquí se nos dice que es Santa Claus quien de hecho llegará. Es muy obvio que Santa Claus es un falso Cristo. En realidad él es Satán Claus. Además dice la letra de la canción:

Él [Santa Claus] escribe una lista
Y la revisa dos veces
Para ver quién ha sido malo o bueno
Santa Claus llegó a la ciudad

Él sabe cuándo duermes
Él sabe cuándo despiertas
Él sabe cuándo has sido malo o bueno
Así que deberías ser bueno

Vemos aquí que Santa Claus está investido con poderes sobrenaturales. Santa no sólo es capaz de volar milagrosamente y repartir regalos a todos en el mundo, sino también conoce tu conciencia; razón por la cual deberías ser bueno. En otras palabras, Santa Claus no solamente es el único que llegará en la Navidad en vez de Cristo, sino que también es el ‘dios’ a quien deberás dar cuentas por tu conducta.


Los cristianos católicos deberían ver claramente que Santa Claus es un falso dios, un ídolo, un falso Cristo, un Anticristo inventado por Satanás para sustituir al Niño Dios, nuestro Señor Jesús. Siendo ese el caso, Santa Claus claramente es una de las cosas más reprensibles en el mundo moderno. Ningún cristiano debería enseñarles a sus hijos o hijas sobre este ídolo. Ningún católico debería promover esta mofa anticristiana de la Navidad.


https://www.vaticanocatolico.com/iglesiacatolica/santa-claus-contra-navidad/#.XA_sUs2CE0N

(aportación de la lectora Cristina V)
(http://religionlavozlibre.blogspot.com/2018/12/papa-noel-el-anticristo-de-la-navidad.html)

domingo, 14 de diciembre de 2014

Hay que hablar del pecado y de la condenación, verdades inescindibles de la salvación y de la gloria



Hoy ni los sacerdotes quieren hablar del pecado y de la condenación. Ni los fieles desean escuchar nada del Juicio Final ni del infierno. Fue la conclusión de un grupo de estudio, en cuyo Evangelio Juan Bautista exponía dramáticamente la situación de los malos cristianos a los que llamaba «raza de víboras» (cf. Mt 3, 1-12).
El pasado año, los asistentes a las misas dominicales del domingo Segundo de Adviento, comprobaron que casi todos los sacerdotes que trataron de explicar dicho interesante fragmento, no se refirieron al pecado, al juicio, a la condenación, y a la «generación de víboras», sino que eligieron temas gratos, simpáticos, con muchas campanitas de Navidad por fondo.
Es que todos, más o menos conscientes, estamos traicionando la esencia misma del Evangelio, porque los cuatro pilares fundamentales de la enseñanza de Jesús son:
Primero: la malicia del hombre que con el pecado se opone al amor de Dios, y al deseo que tiene de salvar a toda la humanidad.
«El pecado es el “enemigo número uno” de nuestra santidad y en realidad el enemigo único, ya que todos los demás en tanto lo son en cuanto provienen del pecado o conducen a él.
El pecado, como es sabido, es una “transgresión voluntaria de la Ley de Dios”».
Segundo: la bondad exquisita de Dios que olvida el pecado del hombre dignamente arrepentido, y le eleva a la dignidad envidiable de la filiación divina.
Tercero: el Reino de Dios que es la invitación permanente de Jesús a que todos los mortales consigan su salvación que supone regresar a la Casa del Padre, para sumergirse en la felicidad completa y eterna.
Hay una palabra fundamental en la predicación de Jesús, como que había constituido el tema fundamental de la predicación de Juan el Bautista: «convertíos». Convertíos, así comienza la predicación de Cristo, porque dicho vocablo contiene la esencia de todas sus enseñanzas, y convierte en vida sus palabras. Conversión significa en Jesús: cambio de corazón, reconocimiento de una conducta equivocada y deseo de rectitud en el porvenir. Quien no se convierte, prostituye la Palabra divina, cambiándola en mera erudición o advertencia, pero sin fruto en la práctica.
Cuarto: el abismo inevitable de la eterna condenación en el que se sumergen quienes desprecian el amor divino y prefieren seguir las invitaciones del Enemigo del género humano. Después de la muerte solamente se abren dos caminos, el camino de la salvación de la felicidad eterna, y el camino de la condenación, de la desgracia eterna.
No, no diga usted que es el destino, no lo es. No diga Usted que es Dios, ya lo dijo Jesús: «Yo no vine a condenar a nadie, sino a salvarlo». Es la persona misma la que se hace sorda a las llamadas continuas permanentes de Dios. No quiere saber nada de su porvenir y le llega la hora impreparado, y es él mismo el que se convence de que no merece la salvación eterna.
Si se retiran cualquiera de estas cuatro ideas fundamentales, el Evangelio cae arruinado, no tendría sentido, ya que la misma Encarnación de Dios, eje de todas las relaciones de Dios con el hombre, lleva como finalidad primera liberar al hombre de la esclavitud del pecado y de Satanás y trasladarlo al seno amoroso de Dios.
La predicación que, o por cobardía, o por halagar a los oyentes escolla voluntariamente tales cuatro básicos temas evangélicos, no es una predicación según los mandato de Cristo, sino une tergiversación de su Palabra Divina.
El Evangelio nunca fue producto de confitería, Jesús siempre habló de la dificultad de seguirle, de la renuncia exigida para hacerle fiel, de la estrechez de la puerta del Cielo, de la decidida lucha contra las pasiones propias y contra los maléficos embates del diablo.
Muy equivocada la actitud de los sacerdotes, que no quieren hablar del pecado, de la condenación y del infierno, porque engañan miserablemente a los fieles, haciéndoles creer que dichas palabras y sus conceptos respectivos, fueron ya arrancados del Evangelio como cosa pasada.
También en tiempos de Isaías el profeta, setecientos años antes de Jesús, existía esta clase de sacerdotes y de falsos fieles. De ellos dijo Isaías: «Este pueblo me honra con sus labios, pero su corazón está lejos de Mí, y si alguien se pone a predicar, no son más que mandatos de hombres, su religión de nada sirve» (Mt 15, 8-9).
Germán Mazuelo-Leytón
(artículo extraído de: http://www.adelantelafe.com/hay-que-hablar-del-pecado-y-la-condenacion/)