San Miguel Arcángel pesando las almas en el Juicio Final
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viernes, 18 de julio de 2014

LAS ARMAS MÁS PODEROSAS CONTRA EL DIABLO: MEDITAR LA PALABRA DE DIOS, EL ROSARIO, LA CONFESIÓN, LA MISA



-Entrevista al presidente de la Asociación Internacional de Exorcistas, P. Bamonte: “No basta saber que los demonios existen, sino que es preciso conocer cómo actúan para no caer en sus trampas”

Recientemente, la Asociación Internacional de Exorcistas obtuvo el reconocimiento jurídico de la Congregación para el Clero, en el Vaticano. Con este motivo, el presidente de la Asociación, Padre Francesco Bamonte –de los siervos del Corazón Inmaculado de María-, exorcista de la diócesis de Roma, concedió una entrevista a Radio Vaticana. 

P.- El Papa Francisco ha mencionado muchas veces al demonio en sus homilías, recordándonos su existencia real y su actuar. 

R. – Sin duda, el fundamento de la predicación y de las enseñanzas del Papa Francisco es Jesucristo; pero el Papa nos exhorta a no olvidar lo que la Sagrada Escritura nos dice: que los demonios existen: son ángeles creados por Dios que se transformaron en malvados porque libremente eligieron rechazar a Dios y su Reino, dando origen así al infierno. 

Los demonios actúan en la historia personal y comunitaria de los hombres, tratando de propagar entre los hombres la elección del mal. Por eso, no basta saber que existen, sino que es preciso también conocer cómo actúan para prevenir y rechazar sus ataques y no caer en sus trampas. 

El Papa ha descrito a menudo cómo actúan los demonios a través de la tentación para separar a los hombres de Cristo. De hecho, quieren que seamos como ellos; no quieren la santidad de Cristo en nosotros, no quieren nuestro testimonio cristiano, no quieren que seamos discípulos de Jesús. 

El Papa también ha subrayado varias veces que los demonios –que son repelentes y repugnantes- se disfrazan de ángeles de luz para hacerse atractivos y engañar mejor a los hombres. Jesús en el Evangelio nos enseña cómo luchar y vencer a los demonios con su gracia. 

P. – ¿Cuáles son las armas más poderosas contra el diablo?

R. – El arma poderosa, ante todo, es la lectura y la meditación de la Palabra de Dios, como dice el Papa Francisco, que nos ha invitado a llevar siempre en el bolsillo un Evangelio. En nuestro interior, esta Palabra, cuando entra, vive, actúa y nos llena de la gracia del Espíritu Santo. 

Y luego está el Rosario, el encomendarse a la Virgen, a quien el demonio odia especialmente. Y la confesión frecuente: reconocernos pecadores humildemente, confesar nuestros pecados y pedir a Dios la fuerza para no pecar más. La participación en la Santa Misa los días festivos. Y también la lucha contra nuestros vicios, contra lo que el pecado original ha dejado en nosotros, para que triunfe el hombre nuevo en Cristo. 

P.- La presencia de un sacerdote exorcista en la diócesis ¿es necesaria?

R.- Es importantísima. De hecho, cuando no hay un sacerdote exorcista, a menudo la gente se dirige a magos, hechiceros, lectores de cartas y del futuro, sectas… Por otra parte, no tiene sentido pensar que si las personas saben que hay un exorcista en su diócesis, serán más propensas a creer que son víctimas de una posesión diabólica. La primera preocupación de todo exorcista con buen sentido es evitar que se forme o se mantenga la creencia de una posesión cuando ésta no existe. 

El exorcista es ante todo un evangelizador, un sacerdote, por lo que sea cual sea el origen del mal que padece quien acude a él, sea o no sea una auténtica forma de acción extraordinaria del demonio, el sacerdote exorcista se esfuerza por infundir serenidad, paz, confianza en Dios y esperanza en su gracia. 

Y cuando se comprueba realmente la existencia de un caso de posesión diabólica, el sacerdote exorcista acompañará a esos hermanos y hermanas que sufren a causa del maligno, con humildad, fe y caridad, para sostenerlos en la lucha, para darles ánimos en el duro camino de la liberación, y para reavivar en ellos la esperanza. 

P.- ¿Es grande el sufrimiento de las personas que sufren realmente el estado de posesión diabólica?

R.- En mi experiencia, como en la de muchos otros exorcistas –naturalmente relativa a personas realmente poseídas- encuentro hombres y mujeres perfectamente sanos de mente, pero expuestos a un nivel de sufrimiento difícilmente imaginable. 

Ante tanto dolor es imposible permanecer indiferente: deseo sinceramente que muchos otros hermanos sacerdotes se den cuenta de esta dramática realidad, a menudo ignorada o subestimada. El exorcismo es una forma de caridad en beneficio de personas que sufren. Está dentro de las obras de misericordia corporal y espiritual.

P. – Hablemos del servicio que ofrece el Vicariado de Roma…

R.- En algunas diócesis se ofrece un servicio de “primera escucha” para quienes piden un exorcista. Los sacerdotes cuentan con la ayuda de un equipo de voluntarios formado por médicos especialistas en psiquiatría y psicoterapeutas, que evalúan si es necesario los aspectos médicos. Hay personas que confunden problemas de origen médico con problemas de origen espiritual. Los casos que se consideran serios y en los que debe intervenir un sacerdote exorcista son limitados.

P.- La Asociación Internacional de Exorcistas que se ha creado recientemente es una novedad en la Iglesia

R.- En la larga historia de la Iglesia, aún no se había constituido una Asociación Internacional de Exorcistas: esto es un signo de los tiempos. El Espíritu Santo, en respuesta a las exigencias especiales de nuestra época, ha suscitado una toma de conciencia de que entre los mandatos que Cristo a la Iglesia, está incluido el de expulsar a los demonios en su Nombre. 

Al mismo tiempo, el Espíritu Santo ha inspirado en la Iglesia una asociación de sacerdotes exorcistas para que tengan la fuerza que deriva del estar en comunión con otros hermanos que ejercen el mismo ministerio; y para que, encontrándose periódicamente y compartiendo sus experiencias, puedan ofrecer una ayuda más eficaz a quienes se dirigen a ellos. 

El Papa Francisco envió un mensaje en septiembre a los exorcistas italianos, expresando su aprecio por el servicio eclesial que realizan con el ministerio del exorcismo, ejerciendo una forma de caridad en beneficio de personas que sufren y necesitan liberación y consuelo.
(extraído de News.va)

viernes, 11 de abril de 2014

Papa Francisco: "¡Cuidado con el diablo!”



El Papa en Santa Marta: No hay que ser ingenuos, debemos aprender del Evangelio cómo se lucha contra él» y contra sus tentaciones
11/04714
DOMENICO AGASSO JR
ROMA
El diablo existe incluso en el siglo XXI. Hay que aprender cómo luchar contra él en el Evangelio, contra sus tentaciones. Lo dijo esta mañana Papa Francisco en la homilía de la Misa celebrada en la capilla de la Casa Santa Marta, según indicó la Radio Vaticana. El Pontífice recordó que el demonio tenta a todos los hombres, pues trata de anular la santidad en el mundo. Y la vida cristiana, recordó, es justamente una lucha contra el mal


“La vida de Jesús ha sido una lucha. Vino para vencer el mal, para vencer al príncipe de este mundo, para vencer al demonio”. Con estas palabras el Papa comenzó su homilía dedicada enteramente a la lucha contra el demonio. Una lucha – dijo – que debe afrontar todo cristiano. Y subrayó que el demonio “tentó a Jesús tantas veces, y Jesús sintió en su vida las tentaciones”, así como “también las persecuciones”. A la vez que advirtió que nosotros, los cristianos, “que queremos seguir Jesús”, “debemos conocer bien esta verdad”: “También nosotros somos tentados, también nosotros somos objeto del ataque del demonio, porque el espíritu del mal no quiere nuestra santidad, no quiere el testimonio cristiano, no quiere que seamos discípulos de Jesús. ¿Y cómo hace el espíritu del mal para alejarnos del camino de Jesús con su tentación? La tentación del demonio tiene tres características y nosotros debemos conocerlas para no caer en las trampas. ¿Cómo hace el demonio para alejarnos del camino de Jesús? La tentación comienza levemente, pero crece: siempre crece. Segundo, crece y contagia a otro, se transmite a otro, trata de ser comunitaria. Y, al final, para tranquilizar el alma, se justifica. Crece, contagia y se justifica”. 


La primera tentación de Jesús – observó Francisco – “casi siembra una seducción”: el diablo dice a Jesús que se tire del Templo y así, sostiene el tentador, “todos dirán: ‘¡He aquí el Mesías!’”. Es lo mismo que hizo con Adán y Eva: “Es la seducción”. El diablo – dijo el Papa – “habla como si fuera un maestro espiritual”. Y cuando la tentación “es rechazada”, entonces “crece: crece y vuelve más fuerte”. Jesús – recordó el Santo Padre – “lo dice en el Evangelio de Lucas: cuando el demonio es rechazado, gira y busca a algunos compañeros y con esta banda, vuelve”. Por lo tanto, “crece también implicando a otros”. Así sucedió con Jesús, “el demonio implica” a sus enemigos. Y lo que “parecía un hilo de agua, un pequeño hilo de agua, tranquilo – explicó Francisco – se convierte en una marea”. 


La tentación “crece, y contagia. Y al final, se justifica”. El Papa también recordó que cuando Jesús predica en la Sinagoga, inmediatamente sus enemigos lo disminuyen, diciendo: “Pero, ¡éste es el hijo de José, el carpintero, el hijo de María! ¡Nunca fue a la universidad! Pero, ¿con qué autoridad habla? ¡No estudió!”. La tentación – dijo Francisco – “implicó a todos contra Jesús”. Y el punto más alto, “más fuerte de la justificación – añadió el Pontífice – es el del sacerdote”, cuando dice: “¿No saben que es mejor que un hombre muera” para salvar “al pueblo?”: “Tenemos una tentación que crece: crece y contagia a los demás. Pensemos en una habladuría, por ejemplo: yo siento un poco de envidia por aquella persona, por aquella otra, y antes tengo la envidia dentro, solo, y es necesario compartirla y a va a lo de otra persona y dice: ‘¿Pero tú has visto a esa persona?’… y trata de crecer y contagia a otro, a otro… Pero éste es el mecanismo de las habladurías ¡y todos nosotros hemos sido tentados de caer en las habladurías! Quizá alguno de ustedes no, si es santo, ¡pero también yo estoy tentado por las habladurías! Esta es una tentación cotidiana. Comienza así, suavemente, como el hilo de agua. Crece por contagio y, al final, se justifica”. 


Estemos atentos – dijo también el Papa – “cuando en nuestro corazón sentimos algo que terminará por destruir” a las personas. “Estemos atentos – recalcó – porque si no detenemos a tiempo ese hilo de agua, cuando crecerá y contagiará será una marea tal que sólo nos conducirá a justificarnos mal, como se justificaron estas personas”. Y afirmó que “es mejor que muera un hombre por el pueblo”: “Todos somos tentados, porque la ley de la vida espiritual, de nuestra vida cristiana, es una lucha: una lucha. Porque el príncipe de este mundo – el diablo – no quiere nuestra santidad, no quiere que nosotros sigamos a Cristo. Alguno de ustedes, tal vez, no sé, podría decir: ‘Pero, Padre, ¡qué antiguo es usted: hablar del diablo en el Siglo XXI!’. Pero ¡miren que el diablo existe! El diablo existe. ¡También en el Siglo XXI! Y no debemos ser ingenuos, ¡eh! Debemos aprender del Evangelio cómo se hace para luchar contra él”.

viernes, 18 de octubre de 2013

Notoria conversión de ex-rockero de "Ratones Paranoicos": "La religión católica me salvó del infierno del alcohol y las drogas y ahora rezo el Rosario todos los días"


El ex Ratones Paranoicos nos muestra su nueva vida espiritual. Ahora escucha cantos gregorianos, lee la Biblia, va a misa todos los domingos y reza por Gustavo Cerati. Explica cómo dejó las drogas y el alcohol y se abocó al catolicismo: “La religión me viene salvando desde que nací”. 

Por Florencia Dopazo FOTOS: Gastón Renis 

Juan Sebastián Gutiérrez (51), conocido por todos como Juanse, se encuentra en un momento particular de su vida. Hace dos años decidió que era el momento de disolver la banda que él mismo había creado, Los Ratones Paranoicos. Fue entonces cuando se acabaron las giras, los 100 shows anuales y el cantante decidió tener una rutina más tranquila. 

“Estar en una banda de rock como Ratones tenía muchos pros pero muy superficiales: viajar, comer bien, todo lo que es el cotillón de la vida”, explicó y aseguró que aprendió a disfrutar de cosas más reconfortantes. Actualmente, se encuentra abocado a su trabajo como solista. “A Expresso Bongo”, “Energía divina”, “Juanse Roll Band Vivo” y “Baldíos Lunares”, suma su quinto disco, “Rock es amor igual”, lanzado en agosto. Pero además, hoy es un Juanse más místico: dejó las drogas y el alcohol, para refugiarse en el catolicismo. “La religión me viene salvando desde que nací”, confesó. 

–¿Qué son los Ratones para vos? 

–Los Ratones, para mí, son todo. Gracias a ellos pude expresar mi forma de ver las cosas desde lo musical, fue lo que me dio acceso al gran público para ahora estar en esta etapa en la que estoy. La gente sigue esperando escuchar una canción de Los Ratones en todos los shows que hago. Ahí me doy cuenta, primero, lo agradecido que estoy a la banda y, segundo, la posibilidad que me dio de estar en contacto con la gente. 

–¿No hay ninguna posibilidad de vuelta? 

–No creo. Son caminos muy diferentes, no tanto desde el punto de vista estilístico. Ratones era una banda que estaba en el orden de los 80 o 100 shows anuales. El otro día nos dimos cuenta hablaba con Edgardo, mi manager, que ya estamos en octubre y todavía no di ni nueve shows. Es una diferencia abismal. Por ahora es lo que yo necesito. Si en el futuro vuelve a picar todo eso, no lo descarto. Tendría que haber un montón de factores combinados de por medio que hicieran posible hacerlo. Igual uno siempre quiere tocar con sus compañeros de ruta. Pero creo que hoy por hoy lo más importante es estar bien, tranquilo, pensando en cómo llevar adelante este proyecto que tenemos ahora en la actualidad. 

–¿Te gusta más el trabajo como solista o con la banda? 

–Como solista me gusta muchísimo más. Es otra forma de trabajar, tenemos mucho más tiempo para hacer las cosas. Requiere un esfuerzo extra porque no estás en movimiento. Ratones posibilitaba esa interacción que hay entre el estudio y la gira, que se retroalimenta. En cambio acá estoy a full con el estudio y tengo que hacerme cargo de todo; cambió la forma del negocio, es distinto. 

–Fue un cambio completo en tu ritmo de vida. 

–Cambiaron un montón de cosas. Tiene sus pros y sus contras. Estar en una banda de rock como Ratones tenía muchos pros pero muy superficiales: viajar, comer bien, todo lo que es el cotillón de la vida. En cambio ahora el pro es que disfruto más del estudio, de estar con un productor como Pichón Dal Pont, que es un tipo que ya ganó cuatro Grammys y es el productor de Jennifer López. Son todas cosas mucho más reconfortantes. Además, me da mucho más tiempo para mis actividades más importantes que son la lectura espiritual, la oración, y la meditación. En eso estoy más abocado ahora. 

–Este cambio en tu rutina ¿te ayudó en el momento de dejar las drogas y el alcohol?

–Sí, en todo. Se da vuelta el panorama. Es otra cosa, otra visión de la realidad y siento que estoy haciendo cosas que tienen otro tipo de valores. Estoy concentrado más en mi estilo. Y me siento mejor. 

–En una entrevista explicaste que vos sentís que descendiste y conociste el infierno. ¿Qué aprendiste de eso? 

–Es muy bueno saber cómo es el infierno para no volver a bajar. Había un padre de la iglesia del siglo III, que se llamaba San Ignacio y decía: “Descendamos al infierno, nunca nos olvidemos de cómo es, para temer volver”. Uno no puede dejar de estar en contacto con el mundo porque es una locura. Pero hay que ser conscientes de que el infierno lo vemos a diario: en el consumo, la publicidad, la falta de respeto, la violencia, son cosas que juegan en contra de la situación humana. 

–¿Sos muy religioso? 

–Siempre lo he sido. Obviamente las etapas se van cumpliendo. Este es un alto momento en el que hay que aprovechar esa claridad que a uno le viene para explotarla al máximo a favor de la salud y demás cosas importantes. 

–¿Vas a misa? 

–Por supuesto, todos los domingos. Y rezo. Cuando voy pido por Gustavo Cerati. Siempre pido por todos, sobre todo cuando conozco a las personas que están necesitando. Pertenezco a la comunidad “Jesús pan de vida”, donde hacemos cadenas de oraciones para ayudar a que las personas recuperen su paz. Ya sea hacia arriba o hacia abajo. El caso particular de Gustavo está siempre presente en nuestra voluntad y nuestra intención para que él se mejore en todo sentido. No está tan en juego acá la cuestión física, sino el alma, el espíritu y lo que él dejó como persona, como legado al mundo a través de su arte, su música, de todo lo bueno que hizo. 

–¿En qué momento del día rezas? 

–Todo el tiempo rezo, entré en un estado de oración permanente. Creo que la mejor forma de empezar a rezar es con el Rosario, así se arreglan todos los problemas. Por ejemplo, hoy lo recé el Rosario de 7 a 10 de la mañana. Pero es importante no decir las oraciones de memoria, porque a Jesús no le interesa eso. Uno empieza a rezar verdaderamente cuando deja de repetir mecánicamente las cosas y piensa cada palabra que dice. 

–¿Alguna vez se burlaron de vos por ser religioso? 

–Sí. Es increíble que se haya logrado que la gente se burle de los que tienen fe. Ahora es el momento en que quienes tienen fe, salgan a expresarla, porque es lo más puro que uno puede expresar. Me parece patético que cuando uno se enferma, vaya corriendo a buscar la estampita para pedirle que lo ayude. Hay que tener la imagen cuando uno está bien. Entonces después cuando vienen los momentos difíciles ya estás protegido. Yo creo que si Dios está conmigo nadie puede estar en mi contra. A los que me dicen que estoy loco por ir a la iglesia, les contesto: “Imaginate cómo estaría si no fuera”. Y ahí se enmudecen. De diez personas con las que hablo, ocho no me dan bola. Pero hay dos que se dan cuenta que pueden encontrar un refugio en la religión. A algunos que al principio no creen, les termina salvando la vida. 

–¿Es tu caso? –A mí me viene salvando desde que nací.

viernes, 16 de noviembre de 2012

¿Y el juicio? "Es como si una madre dijese acariciando a su niño: "Pobre pequeño, no lo has hecho a propósito"





Mensaje de Nuestro Señor Jesucristo a una monja anónima, Italia




Este mensaje ha sido aprobado por varias censuras eclesiásticas en sus diversas ediciones y cuenta con el permiso del P. General de los Franciscanos O.F.M. 



Presentado el 7 de febrero de 1972 a S. S. Pablo VI, el Papa por carta de Mons. Benelli el día 26 agradecía el obsequio; y daba su bendición apostólica.



El texto presentado a continuación es un extracto del manuscrito de 450 páginas de una religiosa que permanece en el anonimato, que anotó día a día por obediencia a su director espiritual, también anónimo, todas las manifestaciones sobrenaturales, locuciones de la Virgen, de Jesús, y de su hermana que duraron desde julio de 1967 hasta los primeros meses de 1970, y después con largos intervalos hasta 1974. Hemos seleccionado para esta sección solamente las partes relacionadas con el purgatorio y el Cielo. En 1967 murió su única hermana - que era maestra y vivía con su hermano casado -, lejos de ella, causándole una gran tristeza. Al día siguiente, 20 de julio, estando recogida en su celda comenzó la siguiente comunicación.



- Comencé a escuchar en lo íntimo de mii alma su voz clara y distinta. Llamándome por mi nombre decía: "Soy yo, no llores. Estoy bien. Pero, por qué lloras? No puedes verme, pero soy yo. No llores por mí".



Desconocedora de estos fenómenos, no estuve libre de miedo y angustia hasta el 30 de julio, día en que mi confesor me ordenó, en virtud de la santa obediencia, escribir escuetamente todo lo que mi querida hermana me decía de día y de noche.



El encuentro con Dios, muerte, juicio y purgatorio:



- Pero, eres tú?



- Sí, sí, soy yo, pero tú no puedes verrme. Soy un alma feliz.



He pedido al Señor la gracia de estar junto a ti, de enseñarte. Soy yo, no dudes, te daré una señal.



Jesús quiere mucho a nuestra familia por el esfuerzo común que se hace por serle fieles.



Misericordia divina! He encontrado más Misericordia que Justicia. Para Dios sólo cuenta nuestro esfuerzo. Estoy en un lugar de delicias.



- En el Cielo?



- No, todavía no. Pero gozo. Qué será ddespués el Cielo! Gozo porque sufro, y sufro porque gozo; cuanto más gozo más sufro, y cuanto más sufro más gozo.



- Y el juicio?



- He aquí la Misericordia divina. Es como si una madre dijese acariciando a su niño: "Pobre pequeño, no lo has hecho a propósito".



- Y nuestras culpas?



- El Señor dice al diablo: "Esta es obra tuya". Todo está en unirse a Cristo de todo corazón por toda la vida. (Coloquios del 20.VII al 4.VIII.67).



Te entristece que la parálisis me dejó sin habla. Tal fue la voluntad de Dios, porque me hubiera traicionado contando las maravillas de amor que acompañaron mi viaje a la eternidad. No hubiera podido callar tantas cosas, ya que veía los cielos abiertos sobre mí (19.IX.67).



La muerte? Los dolores físicos? La agonía? No tienes que tener miedo, yo lo he experimentado. Ten confianza; Jesús, la Virgen, los ángeles, yo. Para quien muere de amor no hay pena en la muerte, sino alegría anticipada. Al fin se abren los cielos que tantas veces hemos contemplado suspirando, y aparece la gloria de Dios y de sus ángeles. (29.IX.67)



La muerte. Qué mala cara se pone a la querida hermana muerte. El perro atado, apenas lo sueltas, te salta encima y te hace mil caricias para testimoniarte su alegría por la libertad recuperada. Debemos aprender de estas criaturas irracionales a recibir con agrado a nuestra gran libertadora. No es justo que haya recompensa después de tantas tribulaciones? Un salario después de una jornada de trabajo? Un domingo después de un sábado? Mil veces bendita nuestra hermana Muerte! No se la debe contemplar como espectro nocturno con la guadaña en la mano, sino como a quien amablemente se te acerca despacio y te susurra al oído: "Levántate amiga mía, y ven. El invierno ha pasado, ya canta la tórtola y los campos están esmaltados con las más bellas flores. Ven. Vamos a hacer ramos con ellas". (9.X.67)



Oh, el primer encuentro de Jesús con el alma! Querría volver a morir para experimentar toda su dulzura. Cuanto más me acusaba yo, más me excusaba Jesús diciéndome que no lo había hecho a propósito. (16.IX.67)



El 5.VIII.67 oye a su hermana:



- Despiértate! Alaba a Dios! Yo cada día estoy más luminosa... Soy la mayor pecadora con quien el Señor ha tenido infinita Misericordia. Como el grano de trigo he sido triturada aquí abajo por el dolor, y como el oro probada en el crisol para que saliese oro fino, a fin de poder comunicarme con vosotros dos [la religiosa y su hermano].



Continúa del 8 al 13:



- Estoy más cerca de Dios que tú de ti misma; porque vivo en Dios. Alabemos al Señor. Aún dudas respecto de mí? Piensa un poco: ¿Podrá un alma condenada venir a decirte: "Alabemos al Señor" cuando durante toda la eternidad no hará más que odiarle? Soy cada vez más feliz. Estoy radiante de eterna juventud. Brillo como una estrella.



- ¿En el Cielo?



- No, pero ya falta poco, gracias a lass Misas Gregorianas.



- Entonces, ¿son tan eficaces esas misas?



- Sí. Bastaría una sola misa para hacerr subir al Cielo, pero el Señor distribuye los méritos del Santo Sacrificio según las necesidades de la Iglesia.



- Dime, qué encontraste a tu paso a la eternidad?



- Una infinita Misericordia, dos brazos amorosos y un Corazón palpitante de amor. Querría abrasarme de amor. Si me vieseis... soy un cáliz tres cuartas partes lleno de delicias. Tenía razón S. Pablo cuando decía que ni ojo vio, ni oído oyó lo que Dios tiene preparado para sus elegidos. No lloréis por mí más que lágrimas de amor y agradecimiento a Dios.



Recemos: "Padre Eterno, te ofrezco la preciosísima Sangre de N. S. Jesucristo en reparación por mis pecados, en alivio de los agonizantes, en sufragio de las ánimas del purgatorio, y por las necesidades de la santa Madre Iglesia".



El 18 de agosto le vuelve a preguntar sobre el purgatorio.



- Tuve el Angel de la Guarda junto a míí. Mi purgatorio fue un purgatorio de deseo, lo que yo misma deseé hacer, y fue breve.



El 11.IX.67 añadía:



- Mis últimos sufrimientos y los vuestrros me obtuvieron la entrada en el Paraíso inmediatamente después de mi muerte; pero (16.IX.67) si se te da entrada a un palacio de cristal resplandeciente, y te das cuenta de que tienes aún polvo bajo los pies, buscas el felpudo fuera de la puerta para limpiarlos. Por eso me quedé en la antecámara, pero moría de amor, ese fue mi verdadero martirio. Preferí (11.IX.67) yo misma la espera de pocos días en el antepurgatorio, lo que me fue compensado con el encuentro allí con mamá, donde estaba retenida desde hacía tiempo. No sufría, pero todavía no había sido admitida a la visión beatífica de Dios. Esperaba a papá, que estaba acabando de embellecerse; y Jesús nos reunió en un mismo abrazo el 15 de agosto.



El Señor dice:



- Tu solicitud, hija mía, no debe solammente extenderse a todas las almas que pueblan la tierra, sino que debe abrazar además a la inmensa muchedumbre de las almas del purgatorio, cuyo número es más grande que las estrellas del cielo y que los granos de arena en la playa: almas que deberían estar ya en posesión de la gloria del cielo y cantar las alabanzas al Señor, pero que negligentes y despreocupadas han dejado transcurrir su vida en caprichos, como si la hora del rendimiento de cuentas no hubiera de llegar nunca. Tu sed de almas no sería completa si no se extendiese tu solicitud a ese océano de almas que están en espera de su liberación. La gloria de mi Padre lo reclama.



Te he dicho que mis más acerbos dolores me vienen de las almas sacerdotales y religiosas de la tierra; pero esta pena se extiende también para esas mismas almas, - y son numerosísimas - que, por las múltiples gracias de su vocación, deberían estar ya en el paraíso alabando a Dios.



Ha cambiado en la Iglesia el modo de enseñar las más esenciales verdades de la fe. Poco o nada se habla hoy del infierno, del purgatorio y del cielo, pero todavía estos lugares no han dejado de existir.



La vida religiosa es un cuchillo de doble filo: vivida con empeño y amor, abre el cielo; al contrario, aumenta las penas y los tormentos. Muchas de esas almas están en el purgatorio hace ya siglos, no días, ni meses, ni años. Algunas quedarán allí hasta el día del Juicio. Con todo lo que Yo he hecho por vosotras, almas sacerdotales y religiosas, qué pena cuando debo alejaros por años del rostro de mi Padre!



Para hablar un lenguaje accesible a ti, te diré que tengo "vergüenza" del fracaso de ciertas almas. Las mando al fuego del purgatorio y les digo: Id ahora, recorred el mundo mendigando el rescate de estas llamas purificadoras, pues no os bastó mi Redención y mi Sangre. Así están destinadas a andar errantes pidiendo limosna de oraciones a almas generosas y compasivas. Para estas almas consagradas la divina Justicia es siempre más dura. Oh, si se pudiese ver lo que se pierde, perdiendo mis gracias y dones! Estas almas son como hijos que, a pesar de todos los sacrificios del padre para hacerlos estudiar, a fin de año llevan a casa suspensos. Para qué todos mis dolores y mi Pasión? Esta tremenda advertencia quiero lanzar al mundo para esa particular categoría de almas. (6.VII.1968)



El 10.VII.68 se vuelve a Jesús y le pregunta si el fuego del purgatorio es fuego verdadero, como el que nosotros conocemos, pues ella siempre había imaginado a las almas del purgatorio inmersas en el fuego purificador, y en cambio su hermana le llama lugar de delicias. El Señor le contesta:



- El fuego del purgatorio no es de leñaa ni de carbón, pero es mucho más fuerte que éstos. Ni siquiera el sol es de leña o de carbón. Este fuego está destinado a consumir en el alma, con el deseo ardiente de poseer a Dios, toda culpa por mínima que sea, la más pequeña imperfección, por ser tan grande la santidad de Dios. Si mis santos y mis elegidos pudieran comunicar con los hombres de la tierra, les dirían que el fuego del purgatorio es tormento tan grande que debe ser evitado a toda costa.



El 14 de agosto la religiosa ve un globo de oro elevarse veloz hacia el cielo y quedar fijo en lo alto. Su hermana le dice:



- Estoy ya a la puerta, esperamos que venga la Reina.



En el Cielo:



Al día siguiente, mientras oye misa a las 10:30 escucha a su hermana:



- En este momento he entrado en el ciello con nuestra Reina y toda la corte cantando Hosanna, los ángeles, los arcángeles; y también con mamá y papá, y con mi amiga difunta. Estoy postrada a los pies de la Stma. Trinidad, abismada en este océano de delicias. En el cielo para toda la eternidad! Te das cuenta? Qué lugar ha preparado Dios para los que le aman! También están conmigo nuestros hermanos difuntos y la sobrinita. Todos reunidos en un gozo eterno; todos resplandecientes con eterna juventud. Ya no hay ninguno de nuestra familia en el purgatorio, pero orad por tantas otras almas retenidas allí. (El 31.VIII.67, añade: Los afectos familiares, verdaderamente puros, son mil veces benditos por Dios). Han pasado los dolores y las penas de la tierra y mis lágrimas se han vuelto perlas en mi vestido. "Cantaré eternamente las misericordias del Señor". Escribe con letras de fuego la Misericordia del Señor y proclámala a todas las gentes. Cuánta Bondad, cuánta Misericordia ha usado el Señor con nosotros.



El júbilo exuberante de la gloria no puede contenerlo y repite:



- Lo que debéis buscar es el Cielo. Aquuí no se recuerda ya lo que fuimos, porque ahora somos como los ángeles de Dios. (16.VIII.67) En el Cielo se cumplen todos nuestros deseos; los afectos están más consolidados. Somos todos uno. Bajo nuestros pies, el suelo está sembrado de alegrías. Tengo un hermoso lugar en el Cielo.



- Por qué no te me apareces?



- Aparecerme a ti? Morirías.



- Por qué?



- Porque no podrías resistir mi resplanndor. Sería necesario que un serafín te tocase con un carbón encendido. (18.VIII.67). Soy de una belleza inconcebible, porque estoy revestida de la Belleza misma de Dios, y por eso para verme será preciso que abandones tus despojos mortales. (28.VIII.67). El Señor en otros elegidos ha glorificado en unos su humildad, en otros su caridad. En mí ha glorificado mi gran miseria, porque no le he presentado otra cosa, y se ha contentado con ella. (9.IX.67) Soy una de las estrellas más bellas en el firmamento de Dios. Sabes por qué? Porque ha sido infinita mi miseria. El Señor hace las cuentas en proporción inversa. (22.IX.67) Ninguno de nosotros puede crecer en gloria; cada cual ha alcanzado su altura. Todos nosotros somos estrellas en el firmamento de dios, y jamás una estrella dirá a otra: "Soy más bella que tú", porque cada uno tiene su medida plena y todos viven de la vida divina. (9.IX.67) Hay santos canonizados por la Iglesia y otros canonizados por boca de Jesús. Yo soy uno de éstos, y no soy menos bella ni menos amante que aquellos. (9.IX.67)



Todos somos servidores de Dios en el Cielo. Cada uno tiene su medida plena, colmada, rebosante. Todos son felices y ninguno envidia la suerte de otro. San Francisco es en verdad el astro más refulgente en el paraíso, otro Cristo. Y cómo se alegra cuando ve llegar alguno de sus hijos o hijas santificados por su regla. El mundo debería recurrir más a San Francisco.



Si todos los hombres de la tierra pudiesen ver las delicias del Reino de los Cielos, la humanidad entera, buenos y malos, desearían morir al instante para poseerlas. (4.IX.67)



Si todos los hombres pudiesen ver a lo que estamos destinados con nuestra inmortalidad, estoy segura que desaparecería el pecado de la faz de la tierra. (2.II.68)



Aquí en el Cielo, cada momento es el comienzo de nuevas alegrías y de nuevas embriagueces. (18.VIII.68). Mi día es un día sin fin, porque el sol nunca se pone en el Reino del Amor. Cada minuto Dios crea nuevos goces para sus elegidos. (14.IX.67)



Di a todos que no malgasten los dones de Dios. Si supierais qué es el Reino de los Cielos, y lo que se pierde perdiéndolo! No dice el Evangelio que se debería vender todo por comprar este campo?



- En el Cielo, tenéis presentes los graandes misterios de nuestra fe?



- Sí, vemos todo, y éstas son nuestras fiestas. (23.VIII.67)



Estoy en el cielo, pero no intento permanecer inerte. Siempre he trabajado, y vuestra santificación la llevo en el corazón (4.IX.67). Desde el Cielo quiero trabajar, quiero penetrar en el corazón de todos los hombres, y encender en ellos una gran llama de amor. El amor no es amado! (7.IX.67)



- Qué leguaje habláis en el Cielo?



- El lenguaje del amor que todos conoceen muy bien.



- Dime: el Cielo es un estado del alma en gracia o un lugar?



- Ambas cosas. Es el estado de gracia que necesariamente debe adquirir antes de entrar en el otro, que es un Reino sin límites. (9.X.67)



Jesús le añade (20.I.68):



- Hay puestos para todos en mi Reino, y allí donde Yo estoy, deseo que estén todos los que el Padre ama, como Yo mismo amo al Padre. En mi Reino no se pone nunca el sol: allí es la eterna primavera y el completo descanso en Dios.



En el purgatorio, la Stma. Virgen vino muchas veces a enjugar mis lágrimas, diciéndome: Animo, hijita, sólo un poco y después la eternidad feliz. Y Ella fue la que me acompañó a Jesús. (18.VIII.67)



Entra en el Cielo con la Virgen y exclama:


Ama mucho a la Virgen (15.VIII.67). Amad sin medida a la Virgen, pues también es sin medida el amor de María por vuestras almas (22.IX.67)

La gratitud de las almas del Purgatorio



La gratitud de las almas
En el año 1827, en París, ocurrió un hecho que quedaría inscripto en el gran compendio Marveilles du Purgatoire junto a muchos otros que han mostrado esa gratitud que las benditas almas tienen hacia sus libertadores. Esta es una de las formas en que han querido ayudar a una persona que cumplió con una obra de caridad tan poco recordada hoy...


Las benditas almas del Purgatorio muestran de diferentes formas su gratitud hacia quien las ha liberado. Si recordamos que el sufrimiento más leve que se experimenta en ese lugar es enormemente mayor que el más terrible de los que se viven en la tierra, podremos darnos una idea de la deuda que se crea entre el alma liberada y su libertador. En esta oportunidad relataremos un hecho relacionado con el agradecimiento material de las almas, pero debemos recordar que siempre serán mayores los dones espirituales que nos vienen a dar, porque comprometen gracias muy superiores, y nos ayudan en nuestra salvación eterna, que es muchísimo más valiosa que los bienes de este mundo. El siguiente relato fue escrito por el Abad Postel, traductor de la obra del P. Rossignoli. Tuvo lugar en París, nos cuenta, en el año 1827, y está inserto como el número 27 de Merveilles du Purgatoire.
Una pobre sirvienta, que se había hecho una buena cristiana en su villa natal, había adoptado la piadosa práctica de mandar decir una misa cada mes por las almas sufrientes. Sus empleadores la llevaron con ellos a la capital, pero aún con el cambio ella nunca fue negligente en su compromiso, y continuó su obra de caridad hacia las benditas almas. E incluso incorporó como regla de vida el asistir al Divino Sacrificio, y unir sus oraciones a las del sacerdote, especialmente por las almas que estaban más cerca de completar su expiación. Esta era su intención ordinaria.
Dios pronto la probó con una larga enfermedad, que no sólo le ocasionaba un cruel sufrimiento, sino también le causó la pérdida de su empleo y el gasto de sus últimos recursos, y el día en que estuvo lista para dejar el hospital, se encontró con que apenas le alcanzaba el dinero para terminar de pagar.
Después de rezar una ferviente oración al Cielo, llena de confianza, fue a buscar alguna solución a su problema. Se le dijo que tal vez encontraría empleo en la casa de cierta familia, al final de la ciudad. Ella fue, y como tenía que pasar frente a la Iglesia de San Eustaquio, entró. La vista del sacerdote en el altar le recordó que ese mes había olvidado su usual Misa por los muertos, y que éste era el mismo día en que durante años ella había acostumbrado hacer su buena obra. Si ella disponía en esto su último franco, no le quedaría nada, ni siquiera para satisfacer su hambre. Tuvo entonces una lucha interior entre la devoción y la prudencia humana. Y la devoción ganó. "Después de todo", se dijo a sí misma, "el buen Dios sabe que es por Él, y ¡no me desamparará!". Entrando en la sacristía, hizo su ofrecimiento por la Misa, a la cual asistió con su usual fervor.
Unos pocos momentos después, continuó su camino, llena de ansiedad como se podrá comprender. Absolutamente destituida de bienes, ¿qué iba a hacer si no obtenía el empleo? Estaba todavía ocupada en estos pensamientos cuando un pálido joven de delgada figura y distinguido aspecto se le acercó y le dijo: "¿Estás buscando un trabajo?". "Sí, señor". "Bien, ve a tal calle y número, a la casa de Madam L. Pienso que la satisfarás y que tu también estarás satisfecha allí". Habiendo dicho estas palabras, desapareció en medio de la multitud que por allí pasaba, sin esperar recibir el agradecimiento de la pobre muchacha.
Ella encontró la calle, reconoció el número, y ascendió a los apartamentos. Una sirvienta salió cargando un equipaje bajo su brazo y pronunciando quejas. "¿Está Madame aquí?", preguntó la recién llegada. "Puede estar y puede no estar", replicó la otra. "A mí qué me importa? Madame abrirá la puerta ella misma si le place; yo no me preocuparé más por eso. Adieu!". Y dicho esto descendió la escalera.
La pobre muchacha tocó la campana con mano temblorosa, y una dulce voz la invitó a entrar. Se encontró entonces en la presencia de una anciana de apariencia venerable, que quiso saber qué la había traído hasta aquí.
"Madame", dijo la chica, "he sabido esta mañana que usted necesita una sirvienta, y vine a ofrecer mis servicios. Se me ha asegurado que me recibiría amablemente". "Oh, mi querida niña, lo que me dice es muy extraordinario. Esta mañana yo no tenía necesidad de una; fue sólo en la última media hora que tuve que echar a una insolente doméstica, y no hay otra alma en el mundo además de mí que supiera esto. ¿Quién te envió, pues?". "Fue un caballero, Madame; un joven caballero que encontré en la calle, que me paró con este propósito, y yo agradecí a Dios por esto, porque me es absolutamente necesario encontrar un lugar hoy, ya que no tengo ni un centavo en mi bolsillo".
La anciana no podía entender quién era la persona, y se había perdido en conjeturas, cuando la sirvienta, elevando sus ojos sobre el mueble del pequeño salón de entrada, percibió un portarretratos. "Espere, Madame", dijo inmediatamente, "no se preocupe usted más; esa es la imagen exacta del joven hombre que me habló. Es por él que he venido".
A estas palabras la dama profirió un sonoro gemido y pareció perder la conciencia. Le hizo repetir a la joven la historia de su devoción a las almas del Purgatorio, de la Misa matinal, y de su encuentro con el extraño, y luego se arrojó al cuello de la muchacha, la abrazó y llena de lágrimas le dijo: "Tú no serás mi sirvienta desde este momento; tú eres mi hija. Es mi hijo, mi único hijo al que viste. Murió hace dos años, y te debe su liberación, por lo que Dios lo envió para traerte aquí. No puedo dudarlo. Seas, entonces, bendita, y rezaremos continuamente a partir de ahora por todos los que sufren antes de entrar en la bienaventuranza eterna".

¡Bendito Purgatorio, antesala del Cielo!


MILLONES DE ALMAS AL PURGATORIO 
¿Dónde están los muertos? Os ofrecemos con meditación, pacientemente, con imparcialidad. Nuestros católicos responden: “Nuestras enseñanzas son muy explícitas con respecto a la pregunta. Hemos examinado el asunto de todas maneras a la luz de la Revelación divina. Nuestra conclusión y enseñanza es que cuando alguno muere va a uno de tres lugares: los santos, de los cuales creemos que hay muy pocos, van inmediatamente a la presencia de Dios, al cielo. A estos se refiere nuestro Señor, diciendo: “cualquiera que no toma su cruz y viene en pos de mi, no puede ser mi discípulo”. ( Luc. 14:27). Aquellos que llevan la cruz fielmente son el “pequeño rebaño”, los “elegidos”. Respecto de estos dice Jesús: “Estrecha es la puerta y angosto el camino que conduce a la vida, y pocos son los que lo hallan”.{ Mt 7:’4} Entre los santos no está incluido nuestro clero, ni aún obispos, ni cardenales, ni papas; porque veréis que cuando uno de estos muere, es costumbre de la Iglesia decir misas por el reposo de su alma. No diríamos misas por alguno que creyésemos que es­tuviese en el cielo, porque allí, con seguridad, hay reposo para toda alma; ni tampoco diríamos misas por ellos si creyéramos que estuviesen en eterno infierno, porque las misas no les serían de ningún provecho, estando allí. Debemos advertir, sin embargo, que no enseñamos que muchos van al eterno infierno. Es nuestra enseñanza que solamente van allí los herejes incorregibles-personas que han tenido el conocimiento de las doctrinas católicas y que voluntaria y abiertamente se opusieron a ellas- estos encuentran esa tremenda e irremediable suerte. 

MILLONES AL PURGATORIO

“Los muertos, en general según nuestra enseñanza pasan inmediatamente al Purgatorio, que es, como el nombre lo indica, una lugar de penitencia, calamidades, de verdadera angustia, pero no irremediable. El periodo de prisión en este lugar, puede ser de siglos o miles de millones de años, según los merecimientos de cada individuo y el alivio concedido. 
Si vosotros superáis más particularmente la enseñanza católica sobre este tema, os referiríamos los escritos de nuestros grandes católicos, el notable poeta Dante, un católico ­leal, en un tiempo un Abbot, quien murió en un monasterio con todos los derechos de la Iglesia. El poema de Dante. “Infierno”, gráficamente describe las torturas del Purgatorio, como nosotros entendemos el asunto. Vos­otros podéis procurar en casi todas las librerías, una obra ilustrada de este gran poema católico. Doré, el artista, fue también un católico prominente, y pintó el poema de Dante de una manera vivida y verídica. Las Ilustraciones muestran vívidamente los ­tormentos del Purgatorio cómo los demonios persiguen a algunos hasta que saltando caen en precipicios de agua hirviendo. Estos demonios arrojan saetas ardientes a otros. Otros de cabeza se queman en las llamas; otros de pies, permanecen en abismos. Algunos son mordidos por serpientes. Otros permanecen helados, etc. Aconsejamos a vosotros que veáis esa obra de Dante, “Infierno”, porque ella muestra nuestra opinión católica y la propia respuesta a vuestra pregunta. ¿Dónde están los muertos? La vastamayoría está en el Purgatorio. Los ­millones de paganos allí están; porque la ignorancia no salva, no pone en aptitud para un estado celestial. Todo el que entra en el cielo debe ser idóneo y estar preparado, lo cual es imposible para los paganos. Millones de protestantes están allí. No pueden entrar en al cielo, sino solamente por las portadas de la Iglesia Católica; ni los consideraría Dios dignos de eterno infierno, porque su rechazamiento al catolicismo fue debido a la confesión de fe bajo la cual nacieron y de la cual estaban rodeados. Casi todos los católicos van también al Purgatorio, porque, a pesar de los buenos oficios de la nuestra Iglesia, nuestra agua bendita, confesiones, misas, velas santas, exequias consagradas, etc., sin embargo, no habiendo alcanzado la santidad de carácter, son excluidos de los cielos hasta que, pasando por las penas del Purgatorio, estén preparados sus corazones para el cielo. Sostenemos, sin embargo, que por la razón manifiesta, los católicos no necesitan permanecer tanto tiempo en el Purgatorio como los protestantes y los paganos”.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

El amor de Dios presente entre los católicos de Estados Unidos:el caso del Misterio de los Cortes mágicos




"El caso de los Cortes Mágicos" El amor de Dios presente con los católicos de Estados Unidos.

"Una de las manifestaciones más maravillosas de la benevolencia de Dios durante los forcejeos de la Iglesia primitiva en los Estados Unidos" tal es la estimación impresionante del erudito estudioso Jesuita, Padre Joseph M. Finotti, acerca del extraordinario pero poco conocido drama espiritual que tuvo lugar hace unos 200 años cerca de Martinsburg, Virginia Oriental.
Y de hecho, en el año 1797, en una granja cerca del actual Middleway, Jefferson County, Virginia Oriental, una familia luterana se salvó de las persecuciones diabólicas por un sacerdote católico y entonces se instruyó en la religión católica por una misteriosa, invisible Voz del otro mundo que continuó durante diecisiete años iluminando, guiando, e inspirando a estos antiguos protestantes y sus amigos católicos para vivir como fervientes y ejemplares cristianos.
Frecuentemente durante esos años, esta Voz mística cuya "influencia siempre era beneficiosa," comunicó advertencias oportunas, profecías, y mensajes de caridad y misericordia para muchas personas, lo que produjo numerosas conversiones. Que tales fenómenos aparentemente milagrosos realmente tuvieron lugar nunca se ha cuestionado por los historiadores serios.
Según el erudito Profesor P. J. Mahon, en sus Ensayos y Triunfos de la Iglesia católica en América (Chicago, 1907), "ningún hecho está mejor sostenido". Las autoridades No-católicas también confirman la verdad de los eventos. En 1904 un artículo en La Virginia Oriental, Revista Histórica, admitió que "las personas no tenían ninguna duda de los hechos allí ocurridos". Y tan recientemente como 1941 la guía de turismo de Virginia Oriental de la Serie de Guía Americana compilada por el Programa de Escritores de la Administración de Proyecto de Trabajos dio casi una página entera a un informe objetivo del localmente famoso Misterio de los Cortes Mágicos.
Narraremos los principales incidentes de este fascinante y significantivo capítulo en la historia temprana de la Iglesia católica en los Estados Unidos, en la mayor parte con las mismas palabras con que fueron registradas por los testigos oculares y por los niños de los testigos en la valiosa colección de documentos del Padre J. M. Finotti titulada "El Misterio de los Cortes Mágicos" (Baltimore, 1879, 143p.).
La Sagrada Escritura nos enseña que "es honorable revelar y confesar los trabajos de Dios" (Tobias 12:7). Y es nuestra esperanza y oración que muchos católicos americanos - y no católicos también - puedan compartir la convicción del Padre Finotti de que esto que revuelve la narrativa histórica "dibuja nuestro corazón cerca de Dios; enseña lecciones de sabiduría sobrenatural; ¡el Dedo de Dios está Aquí! ... Aquí dentro yace la belleza de la historia".

Adán Livingston era un luterano honrado y trabajador que poseyó una considerable propiedad en el Condado de York, Pennsylvania. Debido a causas misteriosas, sin embargo, su propiedad empezó a disminuir de varias formas: su granero se quemó, y sus caballos y ganado murieron. Cuando estas pérdidas continuaron, Livingston y su familia decidieron mudarse.
Temprano en mil setecientos noventa, por lo tanto, con su segunda esposa y varios niños, él dejó Pennsylvania y emigró al más bajo extremo del encantador Valle de Shenandoah dónde se estableció en una propiedad grande del triángulo formado por Charlestown, Martinsburg, y Winchester todos los cuales estaban entonces en el estado de Virginia. Pero allí también las mismas fuerzas misteriosas continuaron afligiendo la casa de los Livingston. Allí también el ganado y los caballos se murieron. Ahora la misma casa en que Adán y su esposa y niños vivieron parecía estar obsesionada (se refiere a obsesión diabólica): por la noche se mantenían despiertos por los ruidos raros, tales como golpes fuertes y ruidos sordos como de caballos galopantes y carros. Pero incluso a la luz del día su mobiliario se golpeaba de repente y su vajilla se quebraba contra el suelo por manos invisibles. Llamas cortas y gruesas de fuego rodaron fuera de las camas a través de los cuartos. A veces se vieron cabezas y piernas de pollos y gansos caer de repente. Pero de lejos la más sensacional de estas aflicciones diabólicas era el extrañamente persistente corte y recorte que atacó casi cada uno de los pedazos de tela y cuero en la propiedad de los Livingston. ¡Las hojas, los manteles, las camisas, los vestidos, los trajes e incluso el cuero de botas y sillas de montar, en uso o cerrados bajo llave en los armarios, fueron hábilmente rasgados y cortados en tiras crecientes por tijeras invisibles! El ruido de las tijeras que cortan alegremente se oyó indistintamente en muchas ocasiones por los miembros de la familia.
Una anciana señora en Martinsburg, deseando satisfacer su curiosidad, fue a visitar a los Livingstons, pero antes de entrar en la casa obsesionada se quitó cuidadosamente su nuevo sombrero de seda y lo envolvió en un pañuelo grande, para salvarlo de los cortes.
¡Al salir, sin embargo, encontró su nuevo sombrero cortado en cintas pequeñas!
La tortura mental del pobre anciano Sr. Livingston era aguda y se volvió hacia la Biblia para conseguir ayuda contra estos ataques que eran claramente diabólicos. Como el Padre Gallitzin después escribió, "el buen anciano, al leer en su Biblia que Cristo había dado a Sus ministros poder sobre los malos espíritus, viajó desde su casa hasta Winchester en Virginia, y habiendo, con lágrimas en sus ojos, relatado a su ministro la historia de su dolor, pérdidas y sufrimientos, rogó a él que fuera a su casa y ejerciera en su favor el poder que había recibido de Jesucristo. El sacerdote cándidamente confesó que él no tenía tal poder. El buen hombre concluyó por lo tanto racionalmente que ese Sacerdote no podría ser ministro de Cristo... y se dirigió a otras personas que se llamaban a sí mismas ministros de Cristo, algunos de los cuales le prometieron alivio. Vinieron, oraron y leyeron; pero oraron y leyeron en vano..."
Como resultado de tantas desilusiones, el Sr. Livingston casi llegó a la conclusión de que Cristo ya no tenía ningún verdadero ministro en la tierra.
¡Entonces en su desesperación fue a ver a algunos conjuradores y magos locales, uno de los cuales prometió desterrar el espíritu malo si pagaba una buena suma de antemano, pero se negó al trabajo cuando el viejo granjero sutilmente ofreció pagarle el doble de esa cantidad - después de que tuviera éxito!
¡Otros tres vinieron muy confiadamente de Winchester, pero giraron sobre sus talones cuando vieron girar rápidamente una gran piedra alrededor de la sala sin ningún apoyo por quince minutos!
Entonces una noche, el Sr. Livingston tuvo un sueño extraño. Vio una Iglesia bonita y en ella a un "ministro vestido con túnicas peculiares" y oyó una voz decirle: "Ése es el hombre que puede aliviarlo".
Decidió buscar esa misma mañana al ministro vestido con las túnicas. Se dirigió a la propiedad de una familia católica distinguida llamada McSherry. Tarde esa noche la Señora McSherry vio al Sr. Livingston, cuya granja estaba aproximadamente a cuatro millas, viniendo hacia su casa y se encontraron en la puerta. Cuando él pidió ver al sacerdote, ella le dijo que allí no había ningún sacerdote entonces, pero que uno "llevaría la iglesia" a una casa en Shepherdstown a la mañana del siguiente domingo.
El domingo siguiente, los McSherry se encontraron con el Sr. Livingston en la casa católica en Shepherdstown, y en cuanto el sacerdote, Padre Dennis Cahill de Hagerstown, apareció ante el altar vestido para la Misa, el anciano granjero luterano de repente estalló en lágrimas y exclamó:
"Ése es el mismo hombre que vi en mi sueño - ¡él es quien me aliviará"!
Cuando la Misa había terminado, se dirigió al sacerdote, le contó su triste historia y seriamente le pidió ayuda. Después de mucha persuasión, Fr. Cahill estuvo de acuerdo en visitar la casa obsesionada. El sacerdote interrogó a la familia Livingston entera, pero todos le contaron exactamente la misma historia.
Entonces consintió en decir algunas oraciones y asperger la casa con Agua Bendita. ¡Y cuando estaba saliendo, una suma de dinero que había desaparecido últimamente misteriosamente de un cajón cerrado con llave del granjero, apareció de repente por manos invisibles en el porsche entre los pies del sacerdote!
Ahora la casa de los Livingston se quedó callada durante varios días. Pero pronto los ruidos raros y los pavorosos cortes empezaron de nuevo. ¡Así que el Padre Cahill vino una segunda vez y celebró la Santa Misa en la casa, después de lo cual varias perturbaciones cesaron - para bien!
El viejo granjero luterano estaba tan profundamente agradecido por haber obtenido el alivio que le habían prometido, que toda su familia desde entonces decidió aceptar la religión católica.
En el otoño de 1797, un sacerdote joven muy notable fue enviado por sus superiores para investigar estos acontecimientos extraños a Cliptown: el Padre Demetrius A. "Smith" de 27 años, quién nació Príncipe "Mitri" Gallitzin, hijo de una condesa alemana y un príncipe-embajador ruso de la Emperatriz Catalina la Grande.
Más tarde, durante sus cuarenta años de servicio santo y heroico a Dios en Loretto, Pa., se haría famoso como el gran "Apóstol del Alleghenies". Aquí está su testimonio:
"Mi perspectiva al llegar a Virginia y permanecer allí tres meses, era investigar esos hechos extraordinarios en casa de los Livingston, de la que había oído hablar tanto... hechos que no podían predominar en mis creencias; pero me convertí pronto a una creencia llena de ellos. Ningún abogado en una corte de justicia ha examinado o interrogado testigos más estrictamente que como yo lo hice a todos aquéllos que pude procurar".
A través del poder divino de la Verdadera Iglesia de Cristo, los malos espíritus se desvanecieron y en su lugar quedó un Espíritu de Luz y Verdad cuya guía espiritual inspiradora provocó cambios profundos hacia el bien en las vidas de los Livingstons, los McSherrys y sus vecinos.
Una tarde, después de que se había hecho católico hacía varias semanas, el Sr. Livingston percibió una luz deslumbradora en una esquina de su cuarto y en un momento la casa entera se llenó de una luz casi cegadora. Y entonces el anciano hombre empezó a oír una Voz misteriosa que lo instruyó en los Sacramentos de Penitencia y la Santa Eucaristía. A menudo la Voz vendría y exclamaría:
"Quiero oraciones".
Esta Voz despertaba al Sr. y la Señora Livingston por la noche y les pedía que oraran mucho para obtener perseverancia y por los pecadores. A veces les hizo orar durante tres horas; ellos admitieron que no parecía estar más de unos minutos. Y convocaría a la familia entera de repente por las tardes con estas palabras:
"Vengan, tomen asiento".
Y entonces los instruía muy completamente en los varios dogmas de la religión católica. Hizo énfasis en que aunque ellos no pudieran ver a la persona que estaba hablándoles, siempre debían obedecer a la voz visible que era el sacerdote. Algunos de los niños jóvenes informaron haber visto al autor de la Voz. Ésta reveló al Sr. Livingston que había estado una vez en la carne como él, y que si perseveraba sabría quién era antes de su muerte. Pero él debe de haber llevado el secreto a la tumba cuando murió en 1820.
Después de que la Voz cantó tres veces muy bellamente en latín y en inglés los Livingstons naturalmente pensaron que su visitante misterioso había sido quizás un sacerdote. Y de hecho durante los próximos diecisiete años la Voz actuó como un sabio pero estricto director espiritual para las familias Livingston y McSherry. ¡Cuando sea que viniera - a veces acompañada por una luz brillante, diría":
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, tres grandes Nombres! ¡Ninguno es mayor en la tierra! ¡Ninguno es mayor en el Cielo"!
Una vez pidió que los Livingstons guardaran cuarenta días de ayuno con tres horas de oración cada día. También les ordenó guardar el cuatro de marzo cada año como un día santo especial, en acción de gracias por su conversión. Y fue en ese día, al final de los cuarenta días de ayuno, que el Sr. Livingston oyó cantar tan bellamente, como también en el Día de Todos los Muertos. La Voz les dijo que las almas en el Purgatorio estaban muy regocijadas ese día, ya que el mundo entero estaba orando para ellas.
Todas las noches la Voz uniría a la familia en sus oraciones, mientras decía el Rosario con ellos y les enseñaba cómo orar bien. También les explicó la Misa y declaró que
"Una Misa era más aceptable a Dios Omnipotente que todos los suspiros y lágrimas del mundo entero reunidos, porque era Dios, un puro Dios, ofrecido a Dios".
Enfatizó que una bendición es para nosotros tener a la Madre misericordiosa de Dios como nuestra Abogado y que ella tiene un gran poder en favor de los pobres pecadores. Y como la Señora Livingston, que había sido presbiteriana era algo terca respecto a honrar a la Virgen Santísima, la Voz insistió en que la segunda parte del Ave María dijeran:
"Santa, Santa, Santa María, Madre de Dios.."
Una vez cuando una de las muchachas Livingston fue a confesión y no mencionó cierto pecado por vergüenza, la Voz no sólo le dijo a la familia entera que ella no lo había mencionado, sino que además se lo recordó a la chica y la presionó para que lo confesara lo más pronto posible. Cuando el hijo del Sr. Livingston, Henry, alcanzó la edad, se negó a hacer el segado a menos que su padre le pagara sueldos regulares de cosecha. Pero muy pronto tuvo un dolor en su rodilla que se le inflamó e infectó tanto que fue confinado a la cama por dieciocho meses. Después de que él había sufrido esa cantidad de tiempo, la Voz anunció que "él había satisfecho la Justicia de Dios por su desobediencia y por haber desacatado a su padre," entonces el joven fue sanado. Debe haberle llegado esta severa lección al corazón, porque ha quedado registrado que él también vivió de aquí en adelante una vida muy santa.
Por otro lado, el Padre Gallitzin escribió de algunos de los otros niños Livingston que "creo que ellos se preocupan muy poco por la Iglesia."
Era particularmente por las almas que sufren en el Purgatorio que la Voz instaba a los Livingstons y a los McSherrys a que oraran, prometiéndoles que estas almas, cuando fueran liberadas, intercederían por ellos ante el trono de Dios Omnipotente. La Voz dijo al Sr. Livingston que cada oración que ellos rezaban por las pobres almas era como un yeso fresco en una herida dolorosa. Y les dio varios ejemplos inolvidables de los sufrimientos del Purgatorio.
Un día, cuando el Sr. Livingston estaba trabajando en los campos con sus hijos, de repente se empezó a sentir mal, porque ellos le vieron ponerse mortalmente pálido y doblado. Cuando le ayudaron a caminar hasta la casa, él explicó que simplemente había oído a un alma del Purgatorio que gritaba por ayuda. Y después repitió a menudo que nunca podría olvidarse de ese chillido - ¡había sido tan terrible!
Una noche la Voz hizo levantarse a los Livingstons tres veces para orar por cierta alma en el Purgatorio. Y cuando una de las muchachas empezó a pensar que después de todo las almas podrían haberse salvado a sí mismas y que merecieron sus dolores y como fuera, todo era exagerado, de repente todos oyeron un voz chillando:
"¡Ayuda! ¡Ayuda!"
Cuando le preguntaron qué tipo de ayuda necesitaba, contestó:
"Oraciones - porque nosotros pasamos tormentos insoportables. Dénme algo - y se convencerán"!
Y en cuanto alzaron una camisa, una mano humana entera dejó una quemadura con su forma en ella, dejando los espacios entre los dedos sin chamuscar. Toda la familia vio a ambas, la llama y la mano.
En otra ocasión las letras IHS (Jesús) fueron claramente impresas a fuego con un color rojo profundo en un chaleco. Éstos objetos marcados preternaturalmente, así como algunas telas cortadas, se guardaron y las han visto muchas personas durante más de treinta años, aunque desgraciadamente fueron eventualmente perdidos o destruidos.
La Voz habló a menudo de los graves problemas que estaban pendiendo sobre del mundo, y le dijo al Sr. Livingston que informara a la Señora McSherry de que "ella no viviría para verlo, pero sus niños lo verían - guerra, pestilencia y hambre"! y agregó que aquéllos de la familia que permanecieran fieles a Dios no padecerían estos azotes y que sabrían cuando ellos estaban en el favor de Dios.
Y de hecho, durante la Guerra Civil, ninguno de los ocho hijos e hijas recibió la lesión más ligera, salvo un hijo que murió del exesivo esfuerzo en su trabajo en un hospital militar.
Cuando la Señora McSherry preguntó donde estaba el alma de su antiguo confesor, esperando oír que llevaba largo tiempo en el Cielo, ya que había sido un sacerdote muy santo antes de morir diecisiete años atrás, la Voz contestó:
"el Padre F. todavía está retenido en las llamas abrasadoras del Purgatorio, a causa de un poco de descuido en la dirección de una propiedad de huérfanos que tenía a su cargo. Él confió ésto a otra persona, y no vio que el lugar estaba pobremente atendido".
Temprano una mañana el Sr. Livingston fue a la propiedad de los McSherry y le dijo a la Señora McSherry que la Voz le había informado que su hermana, la Señora Mary Spalding, se había muerto a medianoche en Baltimore, y que estaba en el Purgatorio "por consentir demasiado a sus niños," y que debían ofrecerse Misas por su alma.
Varios días después llegó una carta de Baltimore que anunciaba la muerte de la Señora Spalding a la misma hora que lo mencionó la Voz. La Señora McSherry había ofrecido ochenta Misas por su hermana. Y un día cuando estaba caminando a casa de los Livingston con su marido, todas las puertas se abrieron para que ellos pasaran, sin que nadie las tocara. La Voz explicó que
"la Señora Mary Spalding las había abierto".
La Señora McSherry tenía un hermano en la Universidad de Georgetown que estudiaba para el sacerdocio. A través del Sr. Livingston la Voz le informó que su hermano se había vuelto un blasfemo que abiertamente declaró que él no creía en la Presencia Real de Jesús en el Santísimo Sacramento ni en el poder de sacerdotes de perdonar los pecados. La Voz agregó que si él se muriera en ese estado mental abriría sus ojos en las llamas rabiosas entre los condenados. La Voz ordenó a sus hermanos y hermanas ir a verlo, caer de rodillas y decirle:
"En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, ¿por qué no podrías creer que hay un Dios y que nada es difícil o imposible para Él y que le es tan fácil darnos Su Cuerpo Precioso y Sangre como sería darnos un vaso de agua fría?".
Pero él no regresó a Dios y, como la Voz predijo, murió en sus pecados. Se tiró de un caballo y murió con el cuello roto. Este triste evento ocurrió en Kentucky.
En una ocasión, cuando la familia del Sr. Livingston se congregó en un cuarto, vieron a un hombre en medio de ellos, supusieron que era un mendigo, puesto que vestía pobremente, estaba descalzo y el día era frío. El Sr. Livingston le ofreció ropa y zapatos que él aceptó pero dijo que no eran necesarios en el lugar del que él venía. Se quedó durante algún tiempo, instruyéndolos en la doctrina cristiana y hablando con ellos.
Les dijo; "Lutero y Calvino estan en el Infierno y cada alma que se ha perdido por su culpa es agregada a sus tormentos".
Cuando él dejó la casa, el Sr. Livingston pensó en mirarlo, para ver adónde se iba, ya que no lo habían visto cuando entró. Le vieron salir por la parte delantera de la casa y entonces desapareció.
Como era de esperar, estos eventos y revelaciones extraordinarios producían la conversión de muchos amigos y parientes de las dos familias favorecidas. De hecho, durante un invierno, se sabe que catorce personas se unieron a la Iglesia católica en la región circundante al "Lugar del Sacerdote," como empezó a llamarse a la propiedad de los Livingston. Y los católicos cercanos a Maryland y Virginia fueron inspirados a llevar mejores vidas, particularmente cuando vieron que los Livingstons y los McSherrys, bajo la guía de la Voz mística, se habían convertido en ardientes apóstoles laicos de Cristo.
El Sr. Livingston, antes de su conversión, soportó sus pérdidas con impaciencia, pero después de su conversión, nunca se quejó. En enero del 1800, cuando la esposa protestante de un católico algo flojo, el Sr. Joseph Minghini, cayó gravemente enferma, a la orden de la Voz, la Señora McSherry la visitó y la consoló. Después de que ellos repitieron un Acto de Contrición juntos, la mujer agonizante pareció ser verdaderamente penitente y lista para ver a un sacerdote. Pero su marido protestó que ella tenía sus propios predicadores y que no había ningún sacerdote dentro de cuarenta millas. Finalmente sin embargo, como la Voz había urgió y predijo, el Padre Gallitzin fue convocado y recibió a la Señora Minghini en la Iglesia. La Voz también había especificado que el mensajero se encontraría con el Padre Cahill y el Padre Gallitzin, pero que el último era el destinado para la mujer, "por ser de una naturaleza más apacible".
Unas semanas más tarde, en una carta al Obispo Carroll, el Padre Gallitzin describió la conversión como "milagrosa".
Cuando la Señora McSherry regresó a casa soñó que veía a un niño pequeño golpeando una gran piedra con un palo, después de lo cual la piedra se desmenuzó hasta hacerse polvo. A la mañana siguiente, la Voz le informó a través de los Livingstons que la Señora Minghini había muerto durante la noche y que sus pecados se habían desmenuzado, igual que la piedra, como resultado de su contrición sincera y la absolución del sacerdote.
Otro incidente llamativo, sin embargo, sirvió como una vívida advertencia contra esperar por una conversión de el lecho de muerte. La esposa protestante de un hombre católico en Winchester, estaba cerca de la muerte y pidió finalmente a un sacerdote. Se envió un mensajero a la propiedad de los McSherry y él encontró al sacerdote allí. ¡Pero cuando buscaron al caballo del sacerdote, Toro Viejo, en un pequeño campo cercano llamado Pastura Primaveral, donde había sido visto sólo unos momentos atrás, nadie pudo encontrarlo!
Después una considerable búsqueda y retraso, se ensilló a uno de los caballos del Sr. McSherry y el sacerdote partió. Poco tiempo después, oyeron a Toro Viejo relinchar y lo encontraron en el medio de Pastura Primaveral, para el asombro absoluto de las treinta personas que lo habían buscado en vano. Entonces la Voz le dijo al Sr. Livingston que el caballo había estado allí todo el tiempo pero había había estado invisible, porque la mujer aplazó su conversión hasta el último momento, y que ella se había muerto antes de que el sacerdote pudiera localizarla - como fue seguidamente corroborado - y que Dios Todopoderoso había permitido esto como una advertencia a los vivos para que no dependiesen del arrepentimiento en el lecho de muerte.
La Voz frecuentemente aconsejó a los Livingstons que oraran para conseguir perseverancia y que sólo existe una Iglesia, fuera de la cual no hay salvación.
Una noche de dura lluvia, un extraño vino a ver al Sr. McSherry y le pidió una noche de alojamiento. Era muy conveniente para la Señora McSherry ponerlo en el cuarto donde el Sacerdote normalmente dormía y donde se guardaban las vestiduras de la Iglesia y otras cosas por el estilo. Los dos lo reconocieron como un Predicador metodista. Después de retirarse a su cuarto, el Sr. y la Señora McSherry oyeron a alguien caminando vivamente en ese cuarto, como si fuera alguien calzado con pesadas botas. Se mantuvieron despiertos la noche entera, muy turbados. Por la mañana le preguntaron al extraño si él no había estado enfermo durante la noche; pero él contestó que no, que había dormido muy bien. El Sr. Livingston, entretanto, vino y les dijo que habían tenido una noche desagradable y que la pasaron despiertos. La Voz le había dicho que les dijera;
"Dios permitió que fuesen molestados para castigarlos por albergar al predicador - un ministro del diablo - en un lugar dónde se guardaban cosas sagradas."
En agosto de 1804, el Sr. McSherry estuvo cerca de morir de una severa enfermedad. Habiendo tenido alguna desagradable diferencia con el Padre Cahill, no había ido a confesar ni comulgar durante algún tiempo. Pero ahora la Voz le dijo al Sr. Livingston que fuera a ver al Sr. McSherry y a "su estimada colaboradora," como siempre llamó a la esposa (según el Padre Gallitzin), para decirles que el Sr. McSherry
"debía humillarse e ir a confesión. Tocar Cristo a través de la Iglesia y se curaría".
El hombre aparentemente agonizante mandó a llamar inmediatamente al Padre Cahill y esa misma noche, que su familia pensó que sería la última, él se confesó, recibió la Sagrada Comunión, hizo acción de gracias y entonces cayó en un sueño pacífico. A la mañana siguiente se levantó antes que nadie y cuando su familia le vio caminando alrededor de la casa, algunos pensaron al principio que era un fantasma. Realmente, aunque todavía pálido y enflaquecido, estaba completamente curado. Y vivió hasta el 7 de septiembre de 1822.
La segunda esposa del Sr. Livingston, a pesar del hecho de que oyó la Voz con mayor frecuencia que cualquier otro, nunca se convirtió sinceramente. Ella solía decir que era el Judas de la familia, y constantemente intentó desautorizar o contradecir cualquier cosa que la Voz dijera.
Un jueves en la tarde en que quedó un poco de sopa con carne de la cena, ella decidió servirla el viernes y por consiguiente la guardó bajo llave en el sótano. ¡Pero a la mañana siguiente encontró la olla en que había dejado la sopa llena exactamente en la misma cantidad con agua sola! Y la Voz le dijo que lo había hecho porque "era más apropiado tomar agua que violar las reglas de la Iglesia"! La Señora Livingston misma le contó el suceso a la Señora McSherry.
También declaró que la Voz había dicho que "si no se sometía a las reglas de la Iglesia católica romana, abriría sus ojos en el Infierno".
La Voz también profetizó que ella se moriría en su propia casa y cuarto, y entonces cuando ella se enfermó, dejó la casa deliberadamente para demostrar el error de la Voz, y fue a vivir con una familia cuáquera cuya hija estaba muriendo. Esta muchacha le dijo a la Señora Livingston que quería un poco de ayuda espiritual pero no sabía exactamente qué era lo que necesitaba. La Voz informó a la Señora Livingston que era el Bautismo y la instó a que hiciera los arreglos. Después de que la muchacha murió sin ser bautizada, la Voz le dijo a la Señora Livingston que esto aparecería contra ella en el Día del Juicio. Y cuando estuvo cerca de la muerte, fue obligada por las circunstancias a rogar ser llevada a su casa, dónde se murió en su propio cuarto, así como la Voz había predicho.
Todo lo que la Voz predijo pasó tal como lo había anunciado. Una de las muchachas Livingston, Eva, se convirtió en una mujer muy santa. Sin embargo, una vez después de haber entrado en la Iglesia católica, fue a una reunión protestante y mientras estaba allí, fue movida a las lágrimas ante la vista de tantas personas que no conocían nada de la Verdadera Iglesia. Pero la Voz la reprobó por haber ido a la reunión, diciendo que ella "había cometido un gran pecado, puesto que las personas pensaron que se había afectado por lo que oyó - ya que no conocían sus pensamientos".
Eva Livingston pasó mucho tiempo con la anciana y devota Señora McSherry, y después de que ella se murió "en olor de santidad," la Voz declaró que "su alma no pasó siquiera por el Purgatorio."
La Señora McSherry, "la estimada colaboradora", tuvo al menos dos experiencias místicas notables. Un día se asustó al ver una cuna que contenía a su bebé William meciéndose violentamente sin que nadie la tocara. Más tarde la Voz le dijo a través del Sr. Livingston que "era el Diablo que estaba intentando destruir al niño, sabiendo que él habría de ser su enemigo algún día". Y de hecho ese niño se convirtió en el Reverendísimo William McSherry, uno de los Provinciales de la Sociedad de Jesús en los Estados Unidos.
Un domingo la Señora McSherry se quedó en casa con un niño enfermo mientras el resto de la familia se fue a la Iglesia. Cuando estaba orando por su niño en un cuarto de arriba, vio de repente a una hermosa persona de pie ante ella en una ligera nube, con una mano arriba y la otra abajo, y un clavo atravesando cada mano, que le dijo:
"Cualquier cosa que hagas por uno de Mis pequeños, la haces por Mí".
Ella no le contó a nadie sobre esta visión maravillosa, hasta que el sacerdote le informó que la Voz lo había descrito al Sr. Livingston. Una noche el anciano granjero bueno y su hija Charlotte estaban sentados juntos, cuando la Voz habló desde una brillante luz en una esquina del cuarto y le dijo a la muchacha que el Diablo había estado intentando tentarla todo el día y habría tenido éxito, si ella no hubiera estado teniendo en sus brazos todo el tiempo al bebé de un vecino, porque "la inocencia del bebé la había protegido."
Claro que en aquellos tiempos como hoy, muchas personas se negaron a creer lo que oyeron decir de estos eventos sobrenaturales.
Una vez, cuando el Sr. Livingston quiso advertir algunos conocimientos sobre su manera de vivir, la Voz dijo:
"No: si ellos no oyen a la Iglesia, no oirán una Voz que viene desde la muerte".
Sin embargo, poco después de su conversión, el antiguo luterano fue a Baltimore para ver al Obispo Carroll y el sabio y cauto viejo "Padre Fundador" de la Iglesia católica en los Estados Unidos, después de un examen completo, declaró que "él pensó que el hombre había recibido su conocimiento antes".
No obstante, la Voz advirtió al Sr. Livingston que mucha gente no creerían estas cosas y que incluso algunos sacerdotes se reirían y no creerían y que cuando viera esto, no intentara convencerlos. El Sr. Livingston parece haberse vuelto especialmente consagrado al Padre Gallitzin, a quien visitó en Conewago cerca de Gettysburg sólo un año o dos después de entrar en la Iglesia católica. Se sabe que caminó hasta allí y regresó, y la Voz le dijo "que había estado con él todo el camino".
También se dice, aunque sin evidencia concluyente, que a través del Sr. Livingston la Voz descubrió al Padre Gallitzin algunos de sus futuros sufrimientos y le aconsejó sobre cómo llevarlos.
En todo caso es un hecho significativo que, según el Padre Gallitzin, "el Sr. Livingston quitó desde Virginia hasta el Condado de Bedford, Pennsylvania, aproximadamente veinte millas de aquí (Loretta), dónde murió en la primavera de 1820. Yo hacía Misa repetidamente en su casa. Él continuó, hasta el final, muy atento a sus deberes, pero no recibió los ritos de la Iglesia en su última enfermedad que se lo llevó demasiado rápido para permitirse el lujo de cualquier oportunidad de enviar a llamar a un sacerdote."
Permítannos acabar nuestra historia con este consejo sabio del Padre Joseph M. Finotti, S.J.:
"La narrativa de los Cortes Mágicos es para la edificación; dibuja nuestro corazón cerca de Dios, enseña lecciones de sabiduría sobrenatural. ¡Con la cabeza descubierta, entonces, los pies descalzos, y la frente humilde nos acercamos al lugar y reverentemente exclamamos - ¡El Dedo de Dios está aquí!"
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Una de las más grandes lecciones que esta historia confirma es la enseñanza infalible de la Iglesia católica de que no hay ninguna salvación fuera de ella. Por favor recuerde la declaración de la Señora Livingston que la Voz le dijo, "Si no se somete a las reglas de la Iglesia católica romana, abrirá sus ojos en el Infierno".
Las enseñanzas de la Iglesia, como la Voz confirmó, no sólo se aplica a la Señora Livingston, sino a todos los que desean salvarse.
Ore y trabaje para la salvación de almas.
Distribuya esta historia maravillosa de los Cortes Mágicos para que muchos otros puedan beneficiar con sus revelaciones.