San Miguel Arcángel pesando las almas en el Juicio Final
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jueves, 30 de abril de 2020

Santo Tomás de Aquino y el Infierno

El Scriptorium de las Cinco: La representación del Infierno ...

Los cuerpos de los condenados

El castigo eterno producirá en los cuerpos cuatro taras contrarias a las dotes de los cuerpos gloriosos. Serán oscuros: Sus rostros, caras chamuscadas. Pasibles, si bien nunca llegarán a descomponerse, puesto que constantemente arderán en el fuego pero jamás se consumirán: Su gusano no morirá, y su fuego no se extinguirá. Pesados y torpes, porque el alma estará allí como encadenada: Para aprisionar con grillos a sus reyes . Finalmente, serán en cierto modo carnales, tanto en alma como el cuerpo: Se corrompieron los asnos en su propio estiércol.



La pena del llanto

Debe decirse que en el llanto corporal se hallan dos cosas. Una es la resolución de las lágrimas. Y en cuanto a esto el llanto corporal no puede existir en los condenados. Porque después del día del juicio, descansando el movimiento del primer móvil, no habrá ninguna generación, o corrupción, o alteración del cuerpo. Y en la resolución de las lágrimas es preciso que haya generación de aquel humor que destila por medio de las lágrimas. Por lo cual en cuanto a esto no podrá haber llanto corporal en los condenados. Lo otro que se halla en el llanto corporal es cierta conmoción y perturbación de la cabeza y de los ojos. Y en cuanto a esto podrá haber en los condenados, llanto después de la resurrección. Porque los cuerpos de los condenados no sólo serán afligidos en lo exterior, sino por lo interior, según que el cuerpo se cambia para el padecimiento del alma en bien, o en mal, Y en cuanto a esto el llanto de la carne indica la resurrección, y corresponde a la delectación de la culpa, que hubo tanto en el alma como en el cuerpo.

La pena del fuego

Del fuego con que serán atormentados los cuerpos de los condenados después de la resurrección es preciso decir que es corpóreo porque al cuerpo no puede adaptarse convenientemente la pena, sino es corpórea. Por lo cual San Gregorio, prueba que el fuego del infierno es corpóreo por lo mismo que los réprobos después de la resurrección serán arrojados en él. También San Agustín, manifiestamente confiesa que aquel fuego con que serán atormentados los cuerpos es corpóreo Y de esto versa la cuestión presente. Pero de qué manera las almas de los condenados son atormentadas por este fuego corpóreo, ya se ha dicho en otra parte.

La pena que causará el conocimiento.

Debe decirse que así como por la perfecta bienaventuranza de los santos no habrá en ellos nada que no sea materia de gozo, así también en los condenados no habrá nada que no sea en ellos materia y causa de tristeza; ni faltará nada de cuanto pueda pertenecer a la tristeza para que su desdicha sea consumada. Mas la consideración de algunas cosas conocidas bajo algún concepto induce al gozo o por parte de las cosas cognoscibles, en cuanto se aman, o por parte del mismo conocimiento, en cuanto es conveniente y perfecto. Puede también haber razón de tristeza ya de parte de las cosas cognoscibles, que son aptas para contristar; ya de parte del mismo conocimiento, según que se considera su imperfección; como cuando uno considera que le falta el conocimiento de alguna cosa cuyo perfecto conocimiento apetecería. Así pues en los condenados habrá actual consideración de aquellas cosas que antes supieron, coma materia de tristeza, y no como causa de delectación. Pues considerarán las cosas malas que hicieron por las que han sido condenados, y los bienes deleitables que perdieron, y por ambas cosas se atormentarán. Del mismo modo también serán atormentados porque considerarán que el conocimiento que tuvieron de las cosas especulativas era imperfecto, y que perdieron su perfección suma, que podían haber adquirido.

Pena de daño

Esa pena será inmensa en primer lugar por la separación de Dios y de los buenos todos. En esto consiste la pena de daño, en la separación, y es mayor que la pena de sentido. Arrojad al siervo inútil a las tinieblas exteriores. En la vida actual los malos tienen tinieblas por dentro, las del pecado, pero en la futura las tendrán también por fuera. Será inmensa, en segundo lugar, por los remordimientos de su conciencia. Sin embargo, tal arrepentimiento y lamentaciones serán inútiles, pues provendrán no del odio de la maldad, sino del dolor del castigo.

En tercer lugar, por la enormidad de la pena sensible, la del fuego del infierno, que atormentará alma y cuerpo. Es este tormento del fuego el más atroz, al decir de los santos. Se encontrarán como quien se está muriendo siempre y nunca muere ni ha de morir; por eso se le llama a esta situación muerte eterna, porque, como el moribundo se halla en el filo de la agonía, así estarán los condenados. En cuarto lugar, por no tener esperanza alguna de salvación. Si se les diera alguna esperanza de verse libres de sus tormentos, su pena se mitigaría; pero perdida aquélla por completo, su estado se torna insoportable.

En el infierno se sufrirá de muchas maneras

Debe decirse que, según San Basilio, en la última purificación del mundo se hará separación en los elementos, de modo que cuanto es puro y noble permanecerá arriba, para gloria de los bienaventurados; pero cuanto es innoble y manchado será arrojado al infierno para pena de los condenados; de suerte que, así como toda creatura será para los bienaventurados materia de gozo, así también para los condenados será aumentado el tormento por todas las creaturas, conforme a aquello , peleará con él el orbe de las tierras contra los insensatos. También compete a la divina justicia que así como los que apartándose de uno por el pecado constituyeron su fin en las cosas materiales, que son muchas y varias, así también sean afligidos de muchas maneras por muchos.

La pena que causará el gusano.

Debe decirse que después del día del juicio en el mundo renovado no quedará animal alguno, o cuerpo alguno mixto, sino sólo el cuerpo del hombre, porque no tiene orden alguno respecto a la incorrupción, ni después de aquel tiempo se ha de verificar generación y corrupción. Por lo cual el gusano que se supone en los condenados, no debe entenderse que es corporal, sino espiritual, el cual es el remordimiento de la conciencia, que se llama gusano en cuanto nace de la podredumbre del pecado, y aflige al alma como el gusano corporal nacido podredumbre aflige punzando.

lunes, 18 de septiembre de 2017

"El fuego del Infierno penetra hasta la médula de los huesos, hasta nuestros pensamientos" (Eusebio)



"La memoria de los condenados les representará los miserables placeres que causaron su pérdida y lo poco que les hubiera bastado para salvarse. Su inteligencia concebirá entonces la grandeza del bien que han perdido y del mal en el que se han precipitado. Su voluntad quedará para siempre obstinada en el mal; querrán morir para no sufrir más; ni siquiera habrá muerte ya. Hagamos penitencia, ahora que todavía es el tiempo de ello. Tarde será arrepentirnos frente al fuego del infierno, que penetrará hasta la médula de nuestros huesos, hasta nuestros pensamientos". 

Eusebio

miércoles, 22 de julio de 2015

Revelador documento de un Exorcista sobre el Papel de los Poseídos por el Demonio, en la Batalla Final



EL EJÉRCITO DE ALMAS VÍCTIMAS BAJO EL MANDO DE LA VIRGEN MARÍA. LA PERSISTENCIA DE DEMONIOS DENTRO DE POSEÍDOS A PESAR DE LOS EXORCISMOS Y ORACIONES DE LIBERACIÓN ES UN MISTERIO, Y ALGUNOS SE INCLINAN A VER A LOS POSESOS COMO ALMAS VÍCTIMAS. ESTE ES EL CASO EXPLICADO EN UN PEQUEÑO LIBRO “MARÍA APLASTA A LA SERPIENTE”, QUE FUE ESCRITO BAJO OBEDIENCIA, POR UN SACERDOTE ALEMÁN CON MÁS DE 30 AÑOS COMO EXORCISTA; DESDE EL AÑO 1874 HASTA SU SANTA MUERTE EN 1909. EL LIBRO FUE HECHO LUEGO DE 25 AÑOS DE EXPERIENCIA Y LA PARTE EN LA QUE NOS CENTRAREMOS ES SOBRE LA INFLUENCIA DEL DIABLO Y LOS DEMONIOS EN LA VIDA DE LAS ALMAS VÍCTIMAS, Y EL IMPORTANTE PAPEL DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA EN RELACIÓN A ESTAS ALMAS VÍCTIMAS Y LOS DEMONIOS QUE LAS ATACAN Y LAS OPRIMEN.

LA VIRGEN MARÍA, LAS ALMAS VÍCTIMAS Y LOS DEMONIOS
LA SANTÍSIMA VIRGEN HA SELECCIONADO UN PEQUEÑO EJÉRCITO DE ALMAS NOBLES QUE ESTÁN PREPARADAS PARA SOPORTAR TODO Y OFRECERSE LIBREMENTE A DIOS COMO UN HOLOCAUSTO PARA LA REDENCIÓN DE LAS ALMAS.
ELLA LAS HA SELECCIONADO PARA LUCHAR DIRECTAMENTE CONTRA LOS DEMONIOS Y SON QUIENES ROMPERÁN EL PODER DE LAS LEGIONES DE LUCIFER EN LA TIERRA Y LO DESPOJARÁN DE AL MENOS, UNA PARTE DE LAS VÍCTIMAS CON LAS QUE YA CONTABAN COMO SUYAS.
Estas almas seleccionadas soportarán con valentía los ataques de los demonios. Ellas sufrirán posesiones con el fin de liberar del yugo del maligno las almas de nuestros semejantes.
Ellas tomarán el lugar de los culpables para así poder liberarlos del poder del demonio que ya les oscureció la comprensión y que trata de endurecer su equivocada voluntad.
Es una batalla mundial entre la ferocidad del demonio y el amor a las almas víctimas por la cruz.
Las almas víctimas soportarán sufrimientos corporales, así como ataques dirigidos en contra de los poderes sensibles del alma.
A cambio, ellas vencerán a través de sus ayudas espirituales, y su naturaleza, por decirlo de alguna forma, será aplastada por torturas demoníacas.


Sus poderes espirituales aumentarán en la misma proporción a la cantidad de sufrimiento que soporten. Porque en cada sufrimiento amoroso recibirán un aumento de amor.
EL PODER DE LOS DEMONIOS DISMINUIRÁ GRADUALMENTE, AL MENOS EXTERNAMENTE. TODA SU ENERGÍA SE AGOTARÁ EN LOS ATAQUES CONTRA ESTAS ALMAS VÍCTIMAS.
SI EL ALMA VÍCTIMA PERSEVERA EN SU SACRIFICIO, SU INFLUENCIA AUMENTARÁ DESPUÉS Y LA DEL DEMONIO DISMINUIRÁ POCO A POCO.
De ahí deduciremos que el alma víctima triunfará y que el enemigo estará completamente aplastado.
Esta batalla entre el alma víctima y el demonio es un verdadero duelo a muerte. Son como dos gladiadores obligados a luchar hasta que uno se convierta en víctima en el campo de batalla.
“CON USTEDES TODO ES AMOR, PERO CON NOSOTROS TODO ES ODIO”
El demonio está lleno de odio hacia todo lo bueno. A él le encanta el mal sólo por que odia el bien.
“UN DEMONIO ME DIJO QUE ÉL SEDUCE A LOS HOMBRES HACIA DIFERENTES VICIOS NO PORQUE LE AGRADEN LOS VICIOS SINO PORQUE ÉL DESPRECIA LAS VIRTUDES”.
Cada vez que el demonio ve un alma virtuosa o bien intencionada que Dios podría usar para lograr algún fin que valga la pena, su odio se convierte en llamas y trata por todos los medios posibles de privar a esa alma de esa virtud y hacerla incapaz de hacer el bien.
Él es incapaz de predecir cómo serán los resultados de sus ataques. “Él me dijo: ‘No sabemos a dónde vamos’”.
Él utiliza todas las oportunidades para hacer el mal y ciegamente persigue su odio contra el bien sin saber a dónde lo llevará su locura y su aflicción de espíritu maligno.
DIRIGIDO POR ORGULLO, ÉL SIEMPRE ESPERA EL ÉXITO Y LA VICTORIA
“Tengo demasiado orgullo” dijo, “para creer que voy a fracasar en mi intento”.
Por ello procede a ciegas hacia su propia humillación, la cual es pieza clave para provocar un resultado con grandes cosas buenas.
“El demonio mismo me dijo que hay muchas cosas que no haría si pudiera saber con anterioridad cuál sería el resultado“.
Todas estas declaraciones fueron verificadas en reales batallas entre demonios y sus víctimas.
El demonio está al tanto de que existen estas almas virtuosas que se ofrecen a sí mismas como víctimas y sabe que ellas son capaces de lograr grandes cosas buenas.
Pero Impulsado por el odio, el las ataca sin saber cuáles serán las consecuencias, y no duda de su propio éxito.
ÉL QUIERE CONSEGUIR SU CONTROL CON EL FIN DE CORROMPERLOS Y DESPOJAR A DIOS DE SU HONOR.
DIOS LE PERMITE ESTO, PERO UNA VEZ QUE LOS DEMONIOS HAN EMPRENDIDO EL COMBATE LIBREMENTE PARA COMBATIR A ESTAS ALMAS, DIOS OBLIGA A SUS EMISARIOS CONTINUAR LA BATALLA HASTA EL FINAL.
EL DEMONIO, O BIEN PUEDE CONQUISTAR O PUEDE SER CONQUISTADO
“Él me dijo: ‘Parece como si Dios nos dijera: ‘¡Adelante’ y yo tengo que continuar”, y a pesar de su orgullo para emprender una batalla con una imposible victoria, él sabe y admite que el amor ganara. ‘Porque’, dice, ‘el amor es más fuerte que el odio´”.
La batalla de las almas víctimas en contra de los demonios provoca que estas almas sean santificadas.
EL DEMONIO DICE QUE CIERTO NÚMERO DE ALMAS ESTÁN BAJO EL DOMINIO DE TODOS LOS DEMONIOS QUE RONDAN LOS ALREDEDORES DE LA TIERRA.
EL PROPÓSITO NO ES LA PROPIA POSESIÓN DEMONÍACA EN EL SENTIDO ESTRICTO, SINO MÁS BIEN EL CONTROL DEL ALMA A TRAVÉS DE SUS PECADOS Y DE SU DISPOSICIÓN A ATARSE AL MAL.
Él se refiere a estas almas como sus propios premios de usurpación porque de esta manera él les nubla el corazón poco a poco logrando así que su regreso al bien sea moralmente casi imposible.
SOBRE LAS ALMAS CUYAS VOLUNTADES HAN SIDO SOMETIDAS AL CONTROL DEL DEMONIO
“Cada vez que tengo la voluntad de un individuo, entonces yo me burlo de su Dios”.
Sin embargo admite que la conversión de esta alma no es imposible. “Ellos pueden arrepentirse pero es muy difícil”.
Afortunadamente, hay almas víctimas que están a la mano para poder arrebatarlas de las garras del demonio y que no sigan siendo torturadas.
De acuerdo con las confesiones de los demonios, cuando ellos pierden su poder en la batalla contra estas almas víctimas, no sólo pierden a la víctima sino también ellos mismos se hacen impotentes al perder el control de las almas a las que ya habían convertido en sus esclavas a través del pecado.
Después de liberar a estas almas por quienes las víctimas han sufrido y han tomado revancha por la Justicia Divina, ellas se pueden beneficiar nuevamente de la misericordia de Dios y se pueden convertir fácilmente por sí mismas.
El diablo ya no tendrá ningún poder para impedir que lo hagan.
“Le pregunté a uno de los demonios conquistados, quien se vio forzado a liberar a varias almas que él guardaba en la esclavitud del pecado: ‘¿Están todas estas almas convertidas’ ‘A lo que él respondió:’ ‘De hecho algunas lo están; las otras podrían estarlo si así lo quisieran’.
LOS DEMONIOS INUTILIZADOS PERMANECEN EN SUS VÍCTIMAS COMO EN UNA PRISIÓN, SIN SER CAPACES DE IR A OTRA PARTE O PUEDEN SER EXTERNAMENTE ACTIVOS.
Ellos están a la espera de la derrota de toda su banda. Tan pronto como su líder haya perdido todo lo que él y sus asociados poseían en la tierra, tienen que volver al infierno llevándose a todos sus asistentes con él.
“Un demonio me dijo: ‘No podemos permanecer en la tierra si ya no tenemos control aquí’”
“Otro demonio me dijo una vez después de que yo le había obligado a abandonar una monja a la que le había realizado un ritual de exorcismo: ‘Dame lo que poseo en la tierra y la dejo de una vez, pero si tengo que salir de ella tendré que renunciar a todo y volver al infierno. Por esta razón Dios nos permite defendernos hasta el final’“.
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LOS DEMONIOS SE ENCARGAN QUE LOS PECADOS DEL HOMBRE SEAN LOS QUE LES DEN PODER SOBRE ELLOS
Dios permite que los demonios se queden con lo que han ganado si es a través de la propia voluntad equivocada del hombre, pues es sólo a través del libre albedrío que ellos pueden quitarle al hombre lo que ellos mismos le han permitido a través de su libre albedrio.
Y es sólo a través del sufrimiento voluntario de éstas almas víctimas que los demonios pueden ser despojados de lo que el hombre les ha dado a través de sus pecados.
“DURANTE EL EXORCISMO DE UN ALMA VÍCTIMA LE PREGUNTÉ AL DEMONIO: ¿CUÁNDO CESARÍAN LOS SUFRIMIENTOS DE ESTA VÍCTIMA? ÉL RESPONDIÓ QUE DEPENDÍA ENTERAMENTE DE LA MISMA ALMA DE LA VÍCTIMA. ELLA SÓLO TENÍA QUE DESEAR LA INTERRUPCIÓN DE SU SUFRIMIENTO Y DEJAR A LOS DEMONIOS EN PAZ EN LUGAR DE LUCHAR CON ELLOS PARA ROBARLES A SUS ALMAS CAUTIVAS. ‘ELLA DEBE PERMANECER CON SU AMADO (JESÚS)’ DIJO EL DEMONIO DE LA VÍCTIMA ‘Y LA DEJAREMOS EN PAZ… ¿POR QUÉ ELLA SE ENTROMETE CON NUESTRA FAMILIA? ES PORQUE ELLA NO LO QUIERE DE OTRA FORMA, ESTO LA COMPLACE’”.
Esta confesión mostró que el alma víctima amaba sufrir y que es sólo a través del sufrimiento que esta alma podía entrar al reino del demonio y arrebatarle las almas que éste ya tenía ganadas.
LA VIRGEN MARÍA CONDUCE A LAS ALMAS SUFRIENTES
SEGÚN LAS CONFESIONES CONSTANTES DE LOS DEMONIOS ES LA SANTÍSIMA VIRGEN QUIEN CONDUCE A ESTAS ALMAS SUFRIENTES CONTRA LOS DEMONIOS Y LAS OBLIGA A LUCHAR POR LAS ALMAS HASTA QUE ELLOS SON DOMINADOS.
La Santísima Virgen ata a una gran cantidad de estos demonios a una u otra víctima. Cuando una multitud de ellos se vuelve indefensa, otra multitud encontrará el mismo destino…
“‘Ninguna criatura humana débil, un alma víctima, nunca debe dominar el humillado orgullo de los demonios. Ella (La Santísima Virgen) misma debe venir a aplastarnos’ Gritó un demonio vencido y humillado, ‘ni piensen que dos débiles como tú y ella (el exorcista y la víctima) tienen que humillarme de tal manera…’”
Cuando el poder del demonio es consumido por su ira, él se convierte en un cobarde. La valentía es una virtud y el demonio no tiene tal virtud.
De ahí que no es valiente, sino que es salvaje solo hasta que se le acabe la energía. Tan pronto como su fuerza lo abandona, se convierte en un ser débil.
“‘¡Misericordia, misericordia! ¡Oh, cómo sufro, basta! ¡Suficiente! ¡No puedo soportarlo más! ¡Estoy perdido! ¡Estoy triste! ¡Ten piedad de mí y no me dejes sufrir tan terriblemente!’ Tales son los gritos del demonio, incluso el del más fuerte, tan pronto como él es dominado”.
LOS DEMONIOS EXPERIMENTAN OTRAS HUMILLACIONES QUE LES CAUSAN FURIA Y RABIA
Cuando torturan a sus víctimas y éstas se convierten en santos. Estas nobles almas hacen rápidos progresos en el camino hacia la perfección.
“Con el fin de humillar al demonio le hice notar el progreso de las almas que él había atormentado: ‘Basta con mirar esa alma, qué hermosa que es. Tú la hiciste tan hermosa. Cuando veas en el juicio final su grandeza, puedes gloriarte de ese hecho y decir: ‘¡Este es mi trabajo!’”
Este sarcasmo lo hizo volver loco. Pero él siguió la batalla mientras tenía fuerza.
Su orgullo no le permitía creer que iba a ser conquistado, ni que iba a fallar en arruinar esa alma
“Nunca me permito desanimarme”, me dijo, “mientras tenga poder, voy a seguir mis ataques. No retrocederé”.
El demonio se avergüenza especialmente cuando alguna de sus víctimas anteriores (las que inicialmente estaban lejos de Dios) se convierten, se santifican, y finalmente luchan para quitarle más almas.
Es una tortura insoportable para el demonio ser encarcelado en el alma víctima y estar atado a ella.


Sor Josefa Menéndez, alma víctima elegida por Dios para experimentar lo que experimentan los condenados en el Infierno, excepto el odio hacia Dios.

“UN PANORAMA QUE ES VIRTUOSO LE CAUSA UN DOLOR INTENSO, PORQUE MUCHAS VECES SE LE HA OÍDO GRITAR: ‘¡PREFIERO ESTAR EN EL INFIERNO QUE EN ESTA SUCIA PERSONA’ UNA VEZ MÁS, ME DIJO:  ‘¿TÚ CREES QUE ES UN PLACER ESTAR EN ESTA MARAÑA Y SER TESTIGO DE TODOS ESOS ACTOS DE AMOR?’”
LOS DEMONIOS QUIEREN QUE LOS LIBEREN Y SE VUELVEN MÁS SALVAJES
“Los demonios suplican a menudo: ‘¡Quiero ser libre! ¡Déjame! ¡Tú tienes el poder para hacerlo! Este es realmente un fuego que brilla intensamente. Déjame marcharme’, entonces le pregunté: ¿Quién te ha confinado a esta persona respondió, ‘La Virgen’; pues bien, le dije, si la Virgen te ha encarcelado entonces es ella quien debe liberarte si así considera que es lo apropiado hacer”.
“La unión forzada entre un demonio y otra víctima lo hizo gritar: ‘¡Si tan sólo ella me dejara ser libre’! ¡Este es un fuego que brilla intensamente! Preferiría estar en el infierno que en esta casa llena de suciedad’”
Esta súplica del demonio al exorcista avala lo mismo, “¡Déjame! ¡Deja que ella (la víctima) me libere!”
Es una prueba de un hecho peculiar donde un demonio se convierte prisionero de la persona a quien él mismo antes había controlado.
EN UN PRINCIPIO ENTRÓ EN EL ALMA DE LA VÍCTIMA COMO GOBERNANTE, COMO UN TIRANO, CON LA ESPERANZA DE ARRUINARLA, PERO FUE LA PACIENCIA HEROICA Y EL SINCERO AMOR DE LA VÍCTIMA QUE HIZO QUE SU MISIÓN ROMPIERA EL PODER DEL DEMONIO.
DESPUÉS DE PERDER LA PELEA ÉL QUERÍA ESCAPAR DE ESTA BATALLA HUMILLANTE. PERO DIOS LE ORDENÓ: “¡QUÉDATE AHÍ!” Y ÉL SE VIO OBLIGADO A CONTINUAR.
Él tiene que continuar la lucha y no se atreve a dejar el alma hasta que sea vencedor o vencido. Estando preso en su víctima ya no puede vagar ni dañar a la gente tal como le plazca.
Un demonio encarcelado deja salir su ira sobre la persona viva como un animal salvaje encerrado en una jaula, tratando de destruirla para poder escapar. Sin embargo, él no puede escapar.
De hecho, el alma víctima sufre por esto, pero el demonio no se libera.
Es por el comportamiento paciente de la víctima que la locura delirante del demonio se hace poco a poco más impotente y cuando ellos sienten que su influencia se va desvaneciendo cada vez más, más furioso se ponen.
Ellos mismos lo admiten: “Cuanto más débil nos hacemos, más salvajes nos convertimos.”
LOS APOYOS DE LOS DEMONIOS
APARTE DE LAS PERSONAS QUE HAN GANADO PARA SU LADO, LOS DEMONIOS UTILIZAN TAMBIÉN SOCIEDADES SECRETAS COMO TROPAS DE ATAQUE.
Con ayuda del mal sembrado por los demonios, el mal se extiende más y más como un fuego en la pradera.
A pesar de esta ayuda, los demonios saben de antemano lo inútil que es esta batalla. También admiten su propia derrota y el fracaso final de las sociedades secretas en su presente batalla.
Reconocen este punto de la siguiente manera: “Vamos a ser lanzados de regreso al infierno, pero no sabemos cuándo. La hora está establecida por vuestro amo, quien es también nuestro amo. Lucifer no es nuestro amo; él es nuestro líder“.
Por Amo se refieren a Dios.
DIOS HA ORDENADO QUE SIEMPRE HAYA DEMONIOS SOBRE LA TIERRA PARA PONER A PRUEBA A LA HUMANIDAD. PERO LOS PRINCIPALES LÍDERES TENDRÁN QUE VOLVER AL INFIERNO Y LOS QUE QUEDAN SE DEBILITARÁN.
Ellos ya no serán capaces de seducir a los hombres. Los mismos demonios dijeron esto. También dijeron que una vez que sean derrotados, vendrá el tiempo en que serán humillados también los miembros de las sociedades secretas.
“La Virgen va a destruir las sociedades secretas. Ella misma ya se ha puesto en contra de ellas. Ustedes se salvarán por la ‘Torre de Babel’”.
El exorcista supone que el demonio quiere decir por ‘Torre de Babel’ a toda voluntad perversa de intentar un ataque arrogante que acabará con la deshonra de estos en una confusión general, al igual que la gente mala del Antiguo Testamento que intentaron erigir la torre de Babel para entrar en el cielo.
“‘LAS ALMAS CRUCIFICADAS SON LAS ÚNICAS’, DIJO EL DEMONIO, ‘QUE VAN A HACER LA GUERRA EN CONTRA DE NOSOTROS… UN ALMA FIEL ES MÁS PODEROSA QUE EL INFIERNO, PERO UN ALMA CRUCIFICADA ES MÁS PODEROSA QUE MIL INFIERNOS”.
Así las almas víctimas traerán la paz de nuevo a la Iglesia cuando hayan terminado su sufrimiento.
EL PROCESO DE LA CAÍDA DE LOS DEMONIOS CON LA INTERVENCIÓN DE MARÍA
“Cuando el demonio confesó su futura caída lo presioné para que me diera más información ¿Así que en ese momento vamos a compartir la misericordia de Dios, en lugar de un castigo?”
“Él respondió ‘¡Muy cierto! … ¡Y si no fuera por su poderoso brazo! (el de la santísima Virgen)’ ¿Es su brazo el que frena el brazo de Dios? ‘Sí, y es por ello que ella desea almas víctimas”
A PARTIR DE ESTAS CONFESIONES DEL DEMONIO SE PUEDE CONCLUIR QUE LA SANTÍSIMA VIRGEN SELECCIONA ALMAS VÍCTIMAS NOBLES QUE ESTÉN DISPUESTAS A SUFRIR POR EL AMOR DE DIOS.
LA SANTÍSIMA VIRGEN LES PERMITE DAR BATALLA A LOS DEMONIOS QUE DEAMBULAN POR LA TIERRA REPRIMIENDO A LA IGLESIA Y ARRUINANDO A LAS ALMAS.
De esta manera La Santísima Virgen ofrece un remedio a todos nuestros grandes males: Ella libera a la Iglesia y a las almas del poder de estos demonios, consuela y aplaca el Corazón de su Hijo Amado, ella ofrece redención para la justicia de Dios en lugar de los pecadores e implora la misericordia de Dios en su nombre. Por último, nos aleja de la justicia vengadora de Dios o al menos mitiga los castigos.
Ella no olvida a esas almas nobles a las que les ordena llevar a cabo su plan. Ellas son santificadas por la cruz que han aceptado por propia elección, y por medio de la Santísima Virgen, se les prepara una recompensa ante Dios al igual que la sumisión y la grandeza de su amor.
Evidentemente, los objetivos previstos por la Santísima Virgen son de mayor importancia. Eso hace que sea comprensible el por qué Dios debería permitir a estas almas seleccionadas ser sometidas a la influencia y (a veces) a la posesión real de Satanás.
Los resultados prácticos finales son medidos en la escala de un omnipotente y todopoderoso Dios que justificará el calvario de estas terribles pruebas con el fin de lograr su objetivo final.
Es cierto que habrá almas inocentes encomendadas a la crueldad de los demonios. Sin embargo, ¿Dios no permitió que su Hijo unigénito quién era inocente y santo sufriera y muriera en la cruz con el fin de liberar al mundo de la potestad de Satanás y así lograr la salvación de las almas? No fueron sus enseñanzas y su oración sino su amarga pasión y muerte por las que Él nos redimió.
¿Y no fue con el consentimiento de la Virgen Santísima el sacrificio de su Divino Hijo mientras ella permanecía de pie junto a la Cruz? ¿Acaso ella no nos ofreció sus penas para aplastar a los poderes del infierno y lograr la salvación de las almas?
Lo que hizo tan heroicamente por nosotros a través del sacrificio de su amado Hijo para que Ella lo sigue haciendo por nosotros hoy.
A pesar de la piedad de su corazón materno Ella sacrifica a sus hijos amorosos, las almas víctimas, al permitirles sufrir en beneficio de la Iglesia y por la salvación de las almas, en vista de la gloriosa victoria que Ella alcanza sobre los poderes del infierno.
“Este es el programa de la Santísima Virgen. Lo que he dicho acerca de esto es la real verdad. No es una teoría diseñada por mí, ni una enseñanza que voy a promover, sino se trata de una realidad que deseo dar a conocer y de una veracidad que creo definitivamente puedo probar. Las confesiones de los demonios lo demuestran; las revelaciones sobrenaturales dan testimonio de ello“.
“… ES A TRAVÉS DE LOS GENEROSOS SUFRIMIENTOS DE LAS ALMAS VÍCTIMAS QUE LA SANTÍSIMA VIRGEN BUSCA HACER REDENCIÓN POR LAS OFENSAS COMETIDAS CONTRA EL SAGRADO CORAZÓN DE SU DIVINO HIJO“.
“Por lo tanto, ella desea mitigar su ira, restaurando y conciliando la Divina Justicia para obtener la gracia y la misericordia para los pecadores. El plan de Él es dar batalla constante a los demonios. Arrebatarle un gran número de almas que ya tienen con ellos, para luego lanzar a los inútiles demonios de vuelta al infierno. El trabajo de las almas víctimas es una obra de misericordia hacia los pecadores, así como una obra de restauración y conciliación por las culpas de los pecadores”.
Fuentes:
http://www.corazones.org/articulos/mother_adela/sufrimiento_vida_santo.htm
http://www.mysticsofthechurch.com/2010/09/mary-crushes-serpent-virgin-marys-role.html
http://www.catholicbible101.com/maryversusthedevil.htm

jueves, 30 de enero de 2014

Un sueño que revela cómo el poder de la Cruz triunfa sobre el Infierno en el Infierno mismo



Enero de 2014, Argentina.
 (Anónimo)
"Me encuentro en un lugar en tinieblas. La oscuridad es absoluta, y sin embargo, puedo ver la Cruz que llevo en mis manos. La Cruz es de color claro y está delante de mis ojos, a la altura de mis ojos, y es lo único que puedo ver. El resto es tinieblas absolutas. No veo nada, solo la Cruz. Puedo escuchar tres clases de sonidos, que provienen de tres direcciones distintas: hacia abajo, un griterío ensordecedor, como de mucha gente gritando cosas que no se entienden; en el aire, unos chillidos también ensordecedores, muy similares a los de los murciélagos de la tierra -sin ser murciélagos-; los chillidos expresan terror ante la presencia de la Cruz; hacia el fondo, alaridos de terror y desesperación de un solo ser, de una sola creatura, frente a la Cruz. Por gracia de Dios, en todo momento me encuentro tranquilo, sin temor alguno, protegido por la Cruz de Jesús. Me despierto con el chillido similar al de los murciélagos resonando en los oídos".

Interpretación del sueño:

-El lugar en tinieblas es el Infierno.
-El griterío ensordecedor y confuso que proviene de abajo, pertenece a los condenados.
-Los chillidos similares a los murciélagos, pero que no son murciélagos, son demonios, por dos motivos: porque están "en el aire" y porque expresan terror ante la Cruz de Cristo.
 -El ser que aúlla y da alaridos de terror y desesperación ante la Cruz de Jesús es el demonio, ser indigno de toda compasión y misericordia, que experimenta, aun en las profundidades del Infierno, la omnipotencia del poder divino que emana de la Cruz.  
-El sueño me recuerda una afirmación de Santa Teresa de Ávila: "Antes tenía miedo a los demonios, pero con la Cruz de Jesús, ahora son ellos los que me tienen miedo a mí".
-El sueño es una clara confirmación del himno de Filipenses 2, 6-11, en donde se exalta a Jesús como el Kyrios, el Señor de la gloria: 
"Al nombre de Jesús toda rodilla se doble 
en el cielo, en la tierra, en el abismo,
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre".
-Por lo tanto, no solo son verdaderas las palabras de Nuestro Señor Jesucristo: "Las puertas del Infierno no prevalecerán sobre la Iglesia" (Mt 16, 18), sino que además es verdad que Él ha derrotado, desde la Cruz, al Infierno para siempre, y que ese triunfo se manifiesta victorioso y arrollador hasta en las entrañas más profundas del Infierno.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Santos en el Infierno


Ana Catalina Emmerich

“Vi [ ... ] al Salvador acercarse, severo, al centro del abismo. El infierno se me apareció como una enorme caverna oscura, apenas iluminada por una luz tenue de brillo casi metálico. En la entrada se destacaban enormes puertas negras con cerraduras y cerrojos incandescentes. Los gritos de terror se elevaban sin cesar desde ese abismo tenebroso en el cual, de repente , se hundieron las puertas. Así pude ver un mundo horrible de desolación y oscuridad.
El infierno es una prisión de ira eterna, donde luchan los seres enfurecidos y desesperados. Mientras que en el cielo se disfruta de la alegría y se adora al Todopoderoso en jardines llenos de flores y frutas deliciosas que comunican la vida, en el infierno por el contrario se habita en mazmorras cavernosos, y se ven horribles desiertos e inmensos lagos llenos de monstruos espantosos que provocan un miedo horrible. Allí dentro hierve la discordia eterna y terrible de los condenados. En el cielo en cambio reina la unión de los Santos eternamente felices. El infierno, por el contrario, encierra cuanto el mundo produce de corrupción y de error; allí impera el dolor y se sufren por lo tanto suplicios en una indefinida variedad de manifestaciones y penas. Cada condenado tiene siempre presente este pensamiento: que los tormentos que padece, son el fruto natural y justo de sus fechorías.
Todo lo que se siente y ve de horrible en el infierno es la esencia, la forma interior del pecado descubierto, de aquella serpiente venenosa que devora a los que la cobijaron en su seno durante la prueba mortal. Todo esto se puede entender cuando uno se ve, pero no se puede expresar en palabras.
Cuando los ángeles, que escoltaban a Jesús, derribaron las puertas del infierno, se elevó como un torbellino de maldiciones , insultos, gritos y lamentos. Algunos ángeles habían arrojado más allá a una cantidad enorme de demonios, que deberían haber reconocido y adorado al Redentor. Esto constituía su mayor suplicio. Muchos de ellos fueron entonces encarcelados dentro de una esfera, que contenía muchos círculos concéntricos.
En el centro del infierno se hundía un abismo tenebroso, donde había sido precipitado Lucifer encadenado, el cual estaba inmerso en vapores oscuros. Todo sucedió según determinados arcanos divinos. Supe que Lucifer debía ser desencadenado durante algún tiempo, cincuenta o sesenta años antes del año 2000 después de Cristo, si no me equivoco. Algunos demonios en cambio deben ser soltados antes de esa época para castigar y exterminar a los mundanos. Algunos de ellos fueron desencadenados en nuestros días, otros lo serán pronto. Mientras escribo, veo ante mis ojos escenas del infierno tan horripilantes, que su sola visión me podría hacer morir”.



Sor Josefa Menéndez, mística perteneciente a la Sociedad del Sagrado Corazón, tuvo un carisma particular: Dios le permitió experimentar el infierno para que diera testimonio de su existencia, especialmente en este momento en el que es fuertemente rechazado. He aquí su experiencia: “En un instante estaba en el infierno, pero sin ser arrastrada como en otras ocasiones, tal como caen los condenados. El alma se precipita desde sí misma, se arroja como si deseara desaparecer de la vista de Dios, para poderlo odiar y maldecir. El alma se dejó caer en un abismo, del cual no se podía ver el fondo, que era inmenso [ ... ] .
He visto el infierno como siempre: cuevas y fuego. Aunque no se ven formas corporales, los tormentos destrozan a los condenados como si los cuerpos estuvieran presentes, y las almas se reconocen. Me sumergí dentro de un nicho de fuego y aplastada como entre placas candentes y como si hierros y picos encendidos se introdujeran en mi cuerpo. He sentido como si se quisiera –aunque sin lograrlo- arrancarme la lengua, lo que me reducía al extremo, con un dolor insoportable. Los ojos parecían salir de órbita, creo que a causa del fuego que los quemaba horriblemente. No se puede mover un dedo para buscar alivio, ni cambiar de posición; el cuerpo está como comprimido. Las oídos están aturdidos por los gritos confusos, que no cesan ni por un momento. Un olor repugnante y nauseabundo asfixia e invade todo, como si se quemase carne en putrefacción con brea y azufre. Todo esto lo he experimentado como en otras ocasiones, y aunque estos son terribles tormentos, serían nada si el alma no sufriera. Pero el alma sufre de una manera indescriptible. He visto algunas de estas almas condenadas rugir por el tormento eterno que saben que deben sufrir, especialmente en las manos. Creo que han robado, porque dijeron: “¿Dónde está ahora aquello que habías tomado? ¡Malditas manos!”. Otras almas acusaban a su propia lengua, los ojos... Cada alma acusaba a lo que había sido causa del pecado: “¡Bien pagadas están las delicias que te concedía, oh cuerpo mío…!”.
“Y eres tú, cuerpo, el que lo ha querido! (…) Por un instante de placer, una eternidad de dolor!”. Me parece que en el infierno las almas se acusan especialmente de pecados de impureza. Mientras estaba en aquel abismo, he visto precipitarse a los mundanos y no se puede decir ni comprender los gritos y rugidos que emitían: “¡Maldición eterna! ¡Me engañé! ¡Estoy perdido! ¡Estoy aquí para siempre , para siempre y ya no hay más remedio! ¡Maldita sea mi alma!”. Una niña gritaba desesperadamente, maldiciendo contra las malas satisfacciones otorgadas al cuerpo y maldecía también a los padres, que le habían dado demasiada libertad para seguir la moda y las diversiones mundanas. Estaba condenada desde hacía  tres meses. Todo esto que he escrito - concluye Sor Josefa Menéndez - no es sino “una sombra en comparación con lo que se sufre en el infierno”.


 Beata María Serafina Micheli
 (el encuentro con Lutero)
Lutero había dicho que “ni siquiera los ángeles podrían desafiar su doctrina”, lo cual es “Vanidad de vanidades”, como dice la Biblia.
En 1883, Sor María Serafina Micheli (1849-1911), beatificada el 28 de mayo de 2011, se encontraba de paso en Eisleben, Sajonia, ciudad natal de Lutero, con motivo del centenario de su nacimiento. Encontrando una Iglesia cerrada, comenzó a rezar en las escaleras, pero un ángel le advirtió que era una iglesia luterana protestante y le hizo ver a Lutero en el infierno, con sus padecimientos. Así cuenta la historia: mientras rezaba el ángel de la guarda se le apareció y le dijo: “Levántate, porque esta es una iglesia protestante”. Luego añadió: “Quiero que veas el lugar donde fue condenado a Martín Lutero y el castigo que sufre en castigo de su orgullo”.
 “Después de estas palabras vi una horrible vorágine de fuego, en la cual eran horriblemente atormentadas un incalculable número de almas. En el fondo de esta vorágine había un hombre, Martín Lutero, que se distinguía de los otros: estaba rodeado por demonios que lo obligaban a estar de rodillas y todos, munidos de martillos, se esforzaban, pero en vano, en clavarle un clavo en la cabeza.
La hermana pensaba: “Si la gente viera esta escena dramática, con toda seguridad no le tributaría honores, recuerdos, conmemoraciones y festejos a tal personaje”. Más tarde, cuando se presentó la oportunidad, recordaba a sus hermanas en religión el vivir en la humildad y escondidas a los ojos del mundo. Estaba convencida de que Martín Lutero fue castigado en el infierno, especialmente a causa del primer pecado capital, el orgullo.
¡Atención! Con esto no queremos erigirnos en jueces de Lutero, no sabemos si está o no en el infierno. La pedagogía de Dios va más allá de la curiosidad que a menudo nos anima, y no es este –la curiosidad vana- el mensaje que Dios quiere darnos a través de sus santos, sino el evitar aquello que puede condenar nuestras almas, el pecado mortal.
Decimos con el salmista: “Señor, mi corazón no es soberbio ni altivos mis ojos, no estoy en busca de grandes cosas, más allá de mis fuerzas” (Sal 130).
Ofrecemos a Dios nuestra “nada”: la incapacidad, las dificultades, el desánimo, la desilusión, las incomprensiones, las tentaciones, las caídas y la amargura de todos los días. Más bien nos reconocemos pecadores, necesitados de su misericordia. Jesús, precisamente porque somos pecadores, nos pide que abramos el corazón y nos dejemos amarnos por Él.

 San Juan Bosco
San Juan Bosco: conducido por su ángel de la guarda hacia el valle de las sombras...
San Juan Bosco tuvo una visión del infierno que él contó así a los jóvenes: “Me encontré con mi guía (el Ángel de la Guarda) en el fondo de un precipicio que terminaba en un valle oscuro. En ese momento aparece un inmenso edificio, que tenía una puerta altísima, cerrada. Tocamos el fondo del precipicio, un calor sofocante me oprimía, un humo espeso, casi verde, se levantaba sobre los murallones del edificio, junto con llamas sanguinosas. Le pregunté: “¿Dónde estamos?”. “Lee –me dijo mi guía- la inscripción en la puerta”. Había algo escrito que decía: “Ubi non est redemptio!”, es decir, “¡Donde no hay redención!”.
Mientras tanto, vi caer en ese abismo [ ... ] primero un joven, después otro, y todavía otro más; todos tenían escrito en la frente su propio pecado. Exclamó el guía: “Esta es la causa principal de estos condenaciones: los malos compañeros, los malos libros y los hábitos perversos”.
Los infelices eran jóvenes conocidos por mí. Le pregunté: “Pero entonces es inútil que se trabaje con los jóvenes, si tantos terminan así?”. ¿Cómo impedir tanta ruina?”. “Aquellos que has visto, todavía están vivos, pero ésta es su situación actual y si muriesen, ¡vendrían aquí sin duda!”.
Después entramos en el edificio, se corría con la velocidad del rayo. Leí esta inscripción: “¡Ibunt ignem impía en Aeternum!”, es decir: “¡Los impíos irán al fuego eterno!”. “¡Ven conmigo!”, agregó el guía. Me tomó de la mano y me llevó a una puerta, que se abrió. Se me presentó a la vista una especie de caverna inmensa, llena de fuego; aquel fuego sobrepasaba los miles y miles de grados de calor.
No puedo describir esta cueva en toda su espantosa realidad . Mientras tanto, de repente, vi a los jóvenes caer en la caverna de fuego. El guía dijo: “La transgresión del sexto mandamiento es la causa de la ruina eterna de muchos jóvenes”. “Pero si han pecado, sin embargo se han confesado”. “Ellos confesaron sus pecados, pero los pecados contra la virtud de la pureza los han confesado mal o los han callado”. Por ejemplo, uno había cometido cuatro o cinco de estos pecados, pero él dijo que sólo dos o tres. Hay quienes han cometido uno en la infancia y han tenido siempre vergüenza de confesarlo, o lo confesaron mal y no dijeron nada. Otros no tuvieron dolor ni propósito de enmienda; otros, en vez de hacer un examen de conciencia, estudiaban maneras de engañar al confesor. Y quien muere con esa resolución, elige ser del número de los réprobos y así será por toda la eternidad [ ... ].
“Y ahora, ¿quieres ver porqué la misericordia de Dios que te ha traído hasta aquí?”. El ángel levantó un velo y vi un grupo de jóvenes de este Oratorio, a quienes yo conocía a todos, condenados por este delito. Entre ellos estaban los que aparentemente poseen un buen comportamiento. Continuó el ángel: “¡Predica por todas partes contra la inmodestia!”. Luego hablamos por cerca de media hora sobre las condiciones necesarias para hacer una buena confesión y concluyó: “¡Cambiar de vida, cambiar de vida!”. Ahora -añadió el amigo- que has visto los tormentos de los condenados, es necesario que pruebes tú también un poco de infierno!”. Habiendo salido del horrible edificio, el guía me agarró la mano y me hizo tocar la última pared externa; dí un grito [...]. Terminada la visión, me di cuenta de que mi mano estaba hinchada y por una semana estuve vendado”.

María de Santa Cecilia romana
Sor María de Santa Cecilia Romana: esta beata también tuvo la oportunidad de ver el lugar al que nunca querríamos ir.
La Beata Sor Mary S. Cecilia Romana (Dina Belanger , Quebec , Canadá , 30 de abril 1897 - Sillery , Quebec , Septiembre 4, 1929), beatificada el 20 de marzo de 1993, llegó a las alturas de la vida mística en su breve vida terrena. A los 4 años fue fuertemente impresionado por el diablo y el infierno, viendo a los demonios en movimiento constante y agitado. Entendió entonces que el pecado es una sugestión diabólica.
En su autobiografía, escrita bajo obediencia, habla como si viviera una experiencia aterradora del diablo y el infierno. Esta es la historia de un encuentro con el Señor el 07 de abril de 1927: “Desde el 20 de marzo, la enfermedad me obliga a estar en cama. Esta mañana, antes de la comunión, el Señor me ha presentado el tema de mis consideraciones para estos dos días, es decir, “el dolor infligido a su Corazón agonizante a causa de la inutilidad de sus sufrimientos para un gran número de almas”. “En el momento de la comunión me ha dado su cáliz bendito. Durante la acción de gracias me mostró, en espíritu, a aquellos que, por millones y millones, corrían hacia la perdición eterna, seguiendo a Satanás. Y Él, el Salvador, rodeado de un pequeño número de almas fieles, estaba sufriendo, pero en vano, por todos aquellos pecadores. Su corazón veía caer, de a miles de ellos, en el infierno. En este punto le dije: “Jesús mío, de parte tuya, tu redención fue completa; pero entonces ¿qué puede faltar, desde el momento en que tantas almas se pierden?”. Él respondió: “La razón es que las almas piadosas no se asocian suficientemente a mis sufrimientos”.


 Verónica Giuliani


Santa Verónica Giuliani describe la repulsión que le dan las almas condenadas.
Santa Verónica Giuliani (27 de diciembre 1660 - 9 de julio 1727) vivió en el monasterio de las Clarisas de Città di Castello, y narra así sus visiones del infierno: “Me pareció que el Señor me hacía ver un lugar oscurísimo; pero en el que igualmente había un incendio como si se tratara de un gran horno. Había llamas y fuego, pero no se podía ver la luz; sentí gritos y ruidos, pero no podía ver nada; salía hedor y humo horribles, pero no hay , en esta vida, algo con lo que se puede comparar.
En este punto, Dios me dió una comunicación acerca de la ingratitud de las criaturas, y de cómo aborrece este pecado. Y aquí se me mostró todo flagelado, azotado, coronado de espinas, con una pesada cruz en el hombro.
Entonces me dijo: “Mira y ve bien este lugar que nunca terminará. Está, para el tormento, mi justicia y mi desprecio riguroso”.
Mientras tanto, me pareció oír un ruido fuerte. Aparecieron muchos demonios: todos, con cadenas, sostenían animales de diversas especies. Estas bestias, repentinamente, se convirtieron en criaturas (hombres), pero tan espantosas y horribles, que me daban más terror que los mismos demonios. Yo estaba temblando de pies a cabeza, y me quería acercar adonde estaba el Señor. Pero a pesar de que había poco espacio, nunca pude acercarme más. El Señor estaba chorreando sangre, y estaba bajo aquel grave pesado. ¡Oh Dios! Querría haber recoger su Sangre y tomar la Cruz. En un instante, aquellas criaturas se convirtieron, una vez más, en forma de animales y, a continuación, todos fueron precipitados en aquel lugar oscurísimo, y mientras eran precipitados, maldecían a Dios y a los santos.
Me pareció que el Señor me hiciese entender que aquel lugar era el infierno y que esas eran almas muertas y, por el pecado, se habían convertido en bestias; entre ellos había también religiosos […].
Y yo tenía delante mío todos mis pecados [ ... ]. Sentía un incendio de fuego, pero no podía ver las llamas; sentía alguno que soplaba sobre mí, pero no veía a nadie. De repente, sentí como una llama de fuego que venía hacia mí, y yo sentía que me golpeaban, pero no veía nada. ¡Oh! ¡Qué pena! ¡Qué tormento! No puedo describirlo, e incluso el solo recordarlo, me hace temblar. Al final, en tanta oscuridad, me pareció ver un poco de luz como por el aire. Poco a poco, se dilató y agrandó. Me parecía que me librara de estas penas, pero no veía nada”.
Otra visión del infierno es del 17 de enero de 1716. La santa narra que en ese día fue transportada por algunos ángeles al infierno: “En las profundidades del abismo vi un trono monstruoso, hecha de demonios aterradores. En el centro había una silla formada por los jefes del abismo. Satanás se sentaba encima en su horror indescriptible y desde allí observaba a todos los condenados. Los ángeles me dijeron que la visión de Satanás constituye el tormento del infierno, así como la visión de Dios constituye el deleite del Paraíso. Mientras tanto, me di cuenta que el silencio almohadón de la silla era Judas y otras almas desesperadas como él. Le pregunté a los ángeles si quiénes eran aquellas almas y tuve esta terrible respuesta: “Ellos eran prelados religiosos y dignatarios de la Iglesia”. Y en ese abismo, vio precipitar una lluvia de almas. Y una voz grita: “Siempre será así. Siempre, siempre, siempre”. Verónica es conducida ante la presencia de Lucifer. El tiene a su alrededor a las almas que más gracias recibieron del cielo, pero que nada hicieron por Dios, por su gloria; y los tiene bajo sus pies, como una almohada, golpeando continuamente las almas de aquellos que faltaron a sus votos”. “¡Vete fuera, intrusa, que aumentas nuestros tormentos!”, le grita furioso a sus ministros. Una vez sacada del infierno, Verónica repite aterrorizada: “¡Oh, justicia de Dios, cuán poderosa eres!”.


Alfonso M. de Ligorio
San Alfonso María de Ligorio: “Si los hombres muestran poca paciencia ya sobre la tierra... ¿cómo harán para luego soportar las llamas del infierno por toda la eternidad?”.
En su obra: “Preparación para la muerte”, dice así el santo: “¿Qué será, cuando Dios en la muerte dirá a los réprobos: “Vete, que no quiero verte más”. “Abscondam faciem ab eo, et invenient eum et omnia mala” (Deut 31 . 17). “Ustedes (dirá Jesús los condenados en el último día) ya no sois más míos, Yo no soy más vuestro”. (..) Los condenados dirán a los demonios: “Guarda, ¿qué de la noche? “Custodio, quid de nocte?” (Is 21, 11​). ¿Cuándo termina? ¿Cuándo terminan estas tinieblas, estos gritos, estos hedores, estas llamas, estos tormentos? Y se les contesta: “Nunca, nunca”. ¿Y cuánto van a durar? “Siempre, siempre”. Oh, Señor, da luz a tantos ciegos, que al pedírseles que no se condenen, responden: “En fin de cuentas, si voy al infierno, paciencia, no importa”. ¡Oh Dios, ellos no tienen paciencia para sentir un poco de frío, ni para estar en una habitación caliente, ni para sufrir un golpe; pero luego tendrán paciencia para estar en un mar de fuego, golpeados por los demonios y abandonados por Dios y por todos por toda la eternidad! (…) Pero, ¿cómo –dirá un no creyente-, qué clase de justicia es esta? ¿Castigar un pecado, que dura un momento, con un castigo eterno? Pero, ¿cómo (respondo yo) puede tener la audacia un pecador de ofender a un Dios de infinita majestad por el gusto de un momento? Incluso en el juicio humano (dice Santo Tomás, I. 2 . Q. 87. a. 3) la pena no se mide según la duración del tiempo, sino según la cualidad del delito... (.. ) La muerte en esta vida es lo que más temen los pecadores, pero en el infierno será la cosa más deseada” (Ap 9, 6).

El extraño (e inquietante) caso del prof. Diocrè

Pintura que representa el caso del prof. Diocrè.
Cuánto bien bien pueda hacer el pensamiento del infierno, nos lo dice lo sucedido en los funerales de un famoso maestro de la Sorbona de París, Raymond Diocrè. El episodio, clamoroso, fue , en palabras del P. Tomaselli , reportado y analizado con rigor en todos sus detalles . Esto es lo que sucedió: a la muerte del profesor, que tuvo lugar en París, se prepararon funerales solemnes en la iglesia de Notre-Dame. Asistieron profesores y hombres de la cultura, autoridades eclesiásticas y civiles, además de discípulos del difunto y fieles de todas las clases sociales. El cuerpo, colocado en el centro de la nave, estaba cubierto con un simple velo. Se comenzó a recitar el oficio de difuntos. Cuando se llegó a las palabras: “Responde mihi : Quantas habeo iniquitates et peccata...”, es escuchó una voz sepulcral salir de debajo del velo: “¡Por el justo juicio de Dios, he sido acusado!”​.
Con consternación se quitó el velo, pero el cuerpo estaba quieto y sin movimiento. Se reinició el oficio interrumpido, en medio de la conmoción general. Cuando se llegó al mismo versículo anterior, el cadáver se levantó a la vista de todos y gritó: "¡Por el justo juicio de Dios he sido juzgado!”.
El terror y el espanto se apoderaron de todos. Algunos médicos se acercaron al cadáver que se había sumergido nuevamente en la más absoluta inmovilidad, pero solo pudieron constataron que el profesor estaba realmente muerto.
En este punto, no tuvieron ánimo para continuar con el funeral y decidieron continuarlo al día siguiente. Las autoridades eclesiásticas no sabían qué hacer: algunos decían que estaba condenado y no se podía rezar por él; otros dijeron que todavía no había certeza de la condena, a pesar de haber sido acusado y juzgado. El obispo ordenó que se reiniciara la recitación del oficio de difuntos. Pero cuando se llegó nuevamente al mismo versículo, el cadáver se levantó y gritó: “¡Por el justo juicio de Dios he sido condenado al infierno para siempre!”.

Ya no había ninguna duda: el difunto había sido condenado. El funeral terminó y se pensó que era mejor no sepultar el cadáver en el cementerio común. Entre los presentes se encontraba un cierto Bruno, discípulo y admirador de Diocrè, que quedó profundamente conmovido por lo que había pasado. A pesar de que era ya un buen cristiano, decidió dejarlo todo y dedicarse a la penitencia. Con él, otros tomaron la misma decisión. Bruno se convirtió en el fundador de la Orden de los Cartujos o trapense, orden que se encuentra entre las más estrictas de la Iglesia Católica.

viernes, 15 de noviembre de 2013

Porque Dios es infinita Misericordia, pero también es infinita Justicia, ...el Infierno es eterno


Por Jaime Velázquez

No han sido pocas las controversias a lo largo de la historia con respecto a la existencia del infierno, así como a la existencia de Satanás y los demonios; incluso, de que existan reos y condenados. Este estudio busca resolver estas dudas, presentar de manera sencilla la enseñanza apostólica y Magisterial de la Iglesia.

Empecemos por decir esto con total énfasis: El infierno existe, es infinito y sí hay condenados. 

No sabemos quiénes están ahí de manera específica, pues Dios solo nos ha revelado quiénes están con Él en el paraíso y que por su intercesión nos concede una Gracia Especial.

  

¿Qué es el infierno?

 Según la Enciclopedia Católica, el infierno es el lugar donde todos aquellos, ángeles y seres humanos, que mueren en pecado mortal personal, como enemigos de Dios y no merecedores de la vida eterna, serán severamente castigados por Dios después de la muerte.



 ¿Dónde está el infierno?

La Iglesia no se ha pronunciado a este respecto, pues no existe en la Revelación la mención específica de su localización. Han existido teorías que van desde que no existe como un lugar sino que coexiste en el universo en cada uno de los condenados que vagan libremente, hasta en decir que está en el centro de la Tierra, debido a la interpretación literal de la “caída” de Satanás y sus ángeles.. Otros han dicho que está en los polos, en Marte, en el sol o incluso, en una isla lejana.

Este tema ha causado polémica recientemente, infundada valga decirse, con respecto a la catequesis de S.S el beato Juan Pablo II y su sucesor, S.S. Benedicto XVI.

El beato Juan Pablo II, en su Audiencia General del día miércoles 28 de julio de 1999 dijo:

 “Las imágenes con las que la sagrada Escritura nos presenta el infierno deben interpretarse correctamente. Expresan la completa frustración y vaciedad de una vida sin Dios. El infierno, más que un lugar, indica la situación en que llega a encontrarse quien libre y definitivamente se aleja de Dios, manantial de vida y alegría. Así resume los datos de, la fe sobre este tema el Catecismo de la Iglesia católica: «Morir en pecado mortal sin estar arrepentidos ni acoger el amor misericordioso de Dios, significa permanecer separados de él para siempre por nuestra propia y libre elección. Este estado de autoexclusión definitiva de la comunión con Dios y con los bienaventurados es lo que se designa con la palabra infierno» (n. 1033).


Siendo analíticos, el Beato Juan Pablo II no niega la existencia del infierno, al contrario, trasciende la concepción reduccionista de un lugar y lo lleva a su verdadero concepto doctrinal, donde el infierno también es un estado del alma de “autoexclusión definitiva de la comunión con Dios”.

S.S. Benedicto XVI, siguiendo esta misma línea catequética, dijo durante una entrevista al diario L'Espresso de Sandro Magister:

 “Hoy se ha tornado habitual pensar: ¿qué es el pecado? Dios es grande, nos conoce, en consecuencia el pecado no cuenta, al final Dios será bueno con todos. Ésta es una bella esperanza, pero existe la justicia y existe la culpa verdadera. Los que han destruido al hombre y a la tierra no pueden sentarse imprevistamente en la mesa de Dios, junto con sus víctimas.”

Como podemos ver, el Papa Benedicto XVI no solo no contradice a su predecesor S.S el beato Juan Pablo II, sino que confirma lo ya enseñado durante 2000 años, que el infierno existe y no está vacío.

San Juan Crisóstomo es muy elocuente con respecto a este asunto:

 “No debemos preguntar dónde está el infierno, sino qué hacer para escapar de él”  (In Rom., hom. xxxi, n. 5, en P.G., LX, 674)



¿Hay fuego en el infierno?

 Es una pregunta comúnmente elaborada ante nuestra incomprensión de la naturaleza del infierno, y sobre todo, de alma misma y del mundo espiritual. En su aspecto material y corpóreo, comprendemos qué es el fuego y sus consecuencias. Sabemos y comprendemos a detalle el sufrimiento y el daño que el fuego puede causar a nuestra carne, a nuestro cuerpo, sin embargo, no es comprensible del todo cómo es que existe un fuego que no agota su combustible y es eterno. Mucho más complicado es definir como la cosa quemada no se extingue, no se descompone, no desaparece, sino que permanecerá inmutable por la eternidad.

Esta pregunta con respecto al fuego infernal, conlleva entonces una duda más profunda: ¿Cómo se sufre realmente en el infierno?

 Para responderla, debemos distinguir una doble naturaleza de este sufrimiento:

 -  Pena de daño (poena damni). Consiste en ser conscientes de la pérdida de la salvación, de la pérdida de la Visión Beatífica. Es la carencia total de la paz, de la esperanza y de la caridad. Es un dolor en real sentido, al verse privado de todo don divino, donde la angustia y la conciencia martirizan su propia existencia. Además, el saber que hay un Dios feliz, que hay ángeles y seres humanos que disfrutan de la dicha eterna a la que ellos ya no pueden aspirar, llena de miseria su existencia y solo incrementa en ellos el odio a Dios, a los demás y a ellos mismos.

-  Pena de Sentido (poena sensus). Consiste en el tormento de fuego, en el tormento de los sentidos, dolor real y verdadero. Y como la Iglesia lo ha definido a los largo de la historia, fuego verdadero que consume el alma sin destruirla.

También es importante decir que las penas en el infierno son desiguales. Esto significa, en orden de la justicia, que sufre más quien pecó más o quien pecó más gravemente. Y esto queda mostrado con maestría en la novela de Dante Alighieri, “La Divina Comedia”, que sin ser considera de carácter dogmático, nos presenta una visón del infierno muy acorde a la teología y en donde describe los 9 círculos infernales, cada uno con tormentos más grandes que el anterior.



Impenitencia Total

Desde un punto de vista muy humano, al vernos atormentados por alguna pena o sufrimiento, hacemos lo necesario para evitarlo o librarnos de ese sufrir; y en el caso de que nos atormente la conciencia por algún acto indebido, ésta nos lleva a pedir perdón. De alguna manera, el hombre entiende que está en sus posibilidades el dejar de sufrir y regresar a la paz y a la dicha, para ello basta pedir perdón a Dios en el Sacramento de la Penitencia. Pareciera muy lógico establecer que ante tales tormentos, los condenados implorarían perdón y misericordia para poner fin de inmediato a estos sufrimientos.

Pero a los condenados, el pedir perdón les resulta imposible.

Comprendiendo que los condenados en el infierno se encuentran en la total separación de Dios, ajenos a Dios, no reciben la Gracia Divina, la cual es indispensable para poder realizar un acto bueno. El odio es el motor del condenado, no el amor. Siendo entonces, que el pedir perdón es un acto de humildad y de amor, les es imposible al condenado realizarlo. No está en su naturaleza aceptar la ayuda de la Gracia.

El condenado sufre, pero se obstina en seguir sufriendo, pues aún estando condenado, y condenado a causa de su libre decisión, conserva en su naturaleza esa libertad de acción que le lleva a seguir actuando en el mal. Dicho de manera más específica, la naturaleza del condenado está destinada a hacer el mal, a actuar por odio. Su naturaleza queda irremediablemente conformada en su pecado (San Tomás, Suma teológica - Parte 1ª - Cuestión 64 - Sobre la pena de los demonios)

  

Fundamento Bíblico

El infierno en el Antiguo Testamento

Desde el mismo Génesis se nos presenta una inicial enseñanza de la existencia de un ser que es enemigo de Dios y del hombre, ajeno a Dios, representado como una serpiente que engaña, tienta y hace caer a la humanidad en el pecado. El hombre, después de desobedecer, es expulsado del paraíso y es puesto bajo el dominio de la muerte y el pecado.

Esto no nos habla propiamente del infierno, pero sí nos da una luz inicial. Sí el hombre es expulsado de la presencia de Dios por su desobediencia, Satanás y los ángeles rebeldes igualmente debieron ser expulsados de la presencia de Dios al decidir libremente rechazarlo. Así que los ángeles rebeldes no están con Dios, y así como el hombre es expulsado de un paraíso terrenal, los demonios deben estar o existir en un lugar o plano distinto al de Dios. En un lugar o estado “sin Dios”.

La breve narrativa dada por el profeta Isaías de la rebelión de Satanás y los ángeles no pone un paso adelante en la revelación y conocimiento de la existencia del infierno:



  Isaías 14

15 ¡Pero te han hecho bajar al Abismo, a las profundidades de la Fosa!



Ya con esto podemos pensar en la existencia de una “fosa abismal”, de una lugar profundo, de un lugar de muerte. Y hacemos la analogía de la “fosa” con la muerte pues es común en la literatura hebrea el uso de esta comparación. La palabra utilizada para definir este “abismo” es la palabra “SHEOL”

La palabra “Sheol” (שאול) puede traducirse entonces como abismo, tumba, fosa. Pero la acepción más adecuada en el uso e interpretación bíblica sería no como una tumba personal, sino como una morada de muertos.

Ya en Deuteronomio 32,22 se nos hace la advertencia de la existencia del “sheol”, sin embargo, no se nos presenta como un lugar de tormento infinito, sino como una sentencia ante el mal acto de los hombres que fueron infieles al adorar a otros dioses. Pareciera como un lugar donde el hombre es exterminado, reducido a polvo. Con la progresión de la revelación a través de los siglos se nos hace comprensibles estas palabras y se nos permite colocarlas en su contexto correcto.

  

Isaías 66

24 Y al salir, se verán los despojos de los hombres que se han rebelado contra mí, porque su gusano no morirá, su fuego no se extinguirá y serán algo horrible para todos los vivientes.




La sentencia final del libro del profeta Isaías ya nos muestra tres conceptos que serán fundamentales en la predicación de Nuestro Señor Jesucristo ante el pueblo judío. Primero nos presenta ya el anuncio de la resurrección; nos presenta que los infieles son merecedores de una sentencia sin fin y, por último, los distingue de los “vivientes”.

Si comparamos esta cita de Isaías con la enseñanza de Jesús evidenciada en Marcos 9,48 veremos que son las mismas palabras. El Señor cita a Isaías en medio de la predicación respecto al infierno, cuando les enseña el “Gehena”, lo cual analizaremos más adelante.



Daniel 12

2 Y muchos de los que duermen en el suelo polvoriento se despertarán, unos para la vida eterna, y otros para la ignominia, para el horror eterno.



 El carácter apocalíptico del libro de Daniel deja de manifiesto con toda certeza, y a la luz del Nuevo Testamento, la existencia del infierno, al menos como un lugar de ignominia, de horror. La mención del horror eterno se realiza con la palabra hebrea “owlam” (עוֹלָֽם) y que significa “por siempre, para siempre”.



El infierno en el Nuevo Testamento

La predicación de Nuestro Señor Jesucristo de la Buena Nueva nunca careció de la gravedad de la sentencia que el pecado conlleva. Fue un mensaje de amor, de arrepentimiento y de Vida, sin embargo, esta predicación siempre estuvo acompañada con la advertencia de las consecuencias del pecado: La Muerte.


Mateo 5

29 Si tu ojo derecho es para ti una ocasión de pecado, arráncalo y arrójalo lejos de ti: es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena.


La palabra “Gehena” (גהינום) utilizada por Nuestro señor Jesucristo significa literalmente “Valle del hijo de Hinom” el cual era un valle en las afueras de Jerusalén donde se incineraban los desperdicios, la basura. Esta analogía nos lleva entonces a definir a “Gehena” como el “infierno”. Ya no es, entonces, aspecto de especulación sino de Revelación. Nuestro Señor Jesucristo ya nos muestra de manera textual en su predicación, la existencia del infierno mismo.


Mateo13

41 El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y estos quitarán de su Reino todos los escándalos y a los que hicieron el mal, 42 y los arrojarán en el horno ardiente: allí habrá llanto y rechinar de dientes.


Analizando estas dos enseñanzas, vemos como Nuestro Señor Jesucristo compara el Gehena con un Horno Ardiente, con una hoguera. La misma enseñanza con dos palabras distintas que hacen alusión aun mismo hecho, tormento mediante el fuego.

Pero, ¿dónde se nos dice que este tormento será infinito?, ¿dónde se nos muestra que la condena al pecado es eterna, que no tiene fin o que el reo no se extingue?



Mateo 25

41 Entonces dirá también a los de su izquierda: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles”



La enseñanza contenida en Mateo 25 es respecto a la justicia, donde el bueno y el fiel reciben el premio; los infieles e indignos reciben su merecido. Es en esta parábola del Rey que viene a recolectar los frutos del trabajo de sus servidores donde se incrusta de manera definitiva la enseñanza de la existencia del infierno. Después de narrar la parábola del Rey, Nuestro Señor Jesucristo explica su significado, donde el Rey, el Padre, pondrá a unos a la izquierda y otros a la derecha. Los de la izquierda, lo que no cumplieron con el mandato del Amor, serán arrojados al “fuego eterno” que fue preparado para el diablo y sus ángeles.

 La escatología, que es la enseñanza del fin de los tiempos, tiene su culmen en el Libro del Apocalipsis.



Apoc 20

15 Y los que no estaban inscritos en el Libro de la Vida fueron arrojados al estanque de fuego.

  

Al final de la Gran Batalla entre Dios y el Anticristo y sus seguidores, donde las fuerzas del mal son vencidas definitivamente, los hombres serán juzgados según sus obras y los malos, los infieles, los desobedientes, serán arrojados al fuego, al infierno.

Sensibles de este trágico final, los apóstoles enseñaron con total prontitud y certidumbre la existencia del infierno y del castigo eterno.

  

2 Tes 1

9 Estos sufrirán como castigo la perdición eterna, alejados de la presencia del Señor y de la gloria de su poder



El apóstol san Pablo ya no deja lugar a dudas, el infierno, ese Gehena, ese Horno Ardiente a donde son arrojados los pecadores que no se arrepienten de sus pecados, es una “perdición eterna”, sin final.



 El infierno en la enseñanza Magisterial

Bastaría recurrir al Credo de los Apóstoles para dejar sin duda alguna la existencia del infierno, sin embargo, la historia de la Iglesia ha tenido que hacer énfasis en esta doctrina y enfrentar herejías que negaban la existencia misma del infierno. Y no solo eso, sino que es una existencia eterna, sin fin y que, además de Satanás y los ángeles caídos, hay hombres y mujeres que han muerto en pecado mortal y se han condenado.

El Credo de los Apóstoles dice textualmente:

 Creo en Dios, Padre Todopoderoso,

Creador del cielo y de la tierra. 

Creo en Jesucristo su único Hijo Nuestro Señor,

que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo.

 Nació de Santa María Virgen,

padeció bajo el poder de Poncio Pilato,

fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos,

al tercer día resucitó de entre los muertos,

subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre, todopoderoso.

Desde allí va a venir a juzgar a vivos y muertos.

Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia católica

la comunión de los santos, el perdón de los pecados,

la resurrección de la carne y la vida eterna.

Amén


Es importante  recalcar que el Credo de los Apóstoles, al referirse a los "infiernos" se refiere a ese lugar donde los justos, muertos antes de la obra redentora del Señor, esperaban ser liberados. No se refiere propiamente al infierno de los condenados, donde ya no hay redención. 

La iglesia, depositaria de esta enseñanza divina, no ha sido más que enfática en la predicación de la existencia del infierno. Citamos el Catecismo de la Iglesia Católica.

IV El infierno

1033 Salvo que elijamos libremente amarle no podemos estar unidos con Dios. Pero no podemos amar a Dios si pecamos gravemente contra El, contra nuestro prójimo o contra nosotros mismos: "Quien no ama permanece en la muerte. Todo el que aborrece a su hermano es un asesino; y sabéis que ningún asesino tiene vida eterna permanente en él" (1 Jn 3, 15). Nuestro Señor nos advierte que estaremos separados de El si no omitimos socorrer las necesidades graves de los pobres y de los pequeños que son sus hermanos (cf. Mt 25, 31-46). Morir en pecado mortal sin estar arrepentido ni acoger el amor misericordioso de Dios, significa permanecer separados de El para siempre por nuestra propia y libre elección. Este estado de autoexclusión definitiva de la comunión con Dios y con los bienaventurados es lo que se designa con la palabra "infierno".

1034 Jesús habla con frecuencia de la "gehenna" y del "fuego que nunca se apaga" (cf. Mt 5,22.29; 13,42.50; Mc 9,43-48) reservado a los que, hasta el fin de su vida rehusan creer y convertirse, y donde se puede perder a la vez el alma y el cuerpo (cf. Mt 10, 28). Jesús anuncia en términos graves que "enviará a sus ángeles que recogerán a todos los autores de iniquidad..., y los arrojarán al horno ardiendo" (Mt 13, 41-42), y que pronunciará la condenación:" ¡Alejaos de Mí malditos al fuego eterno!" (Mt 25, 41).

1035 La enseñanza de la Iglesia afirma la existencia del infierno y su eternidad. Las almas de los que mueren en estado de pecado mortal descienden a los infiernos inmediatamente después de la muerte y allí sufren las penas del infierno, "el fuego eterno" (cf. DS 76; 409; 411; 801; 858; 1002; 1351; 1575; SPF 12). La pena principal del infierno consiste en la separación eterna de Dios en quien únicamente puede tener el hombre la vida y la felicidad para las que ha sido creado y a las que aspira.

1036 Las afirmaciones de la Escritura y las enseñanzas de la Iglesia a propósito del infierno son un llamamiento a la responsabilidad con la que el hombre debe usar de su libertad en relación con su destino eterno. Constituyen al mismo tiempo un llamamiento apremiante a la conversión: "Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la puerta y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y pocos son los que la encuentran" (Mt 7, 13-14):

Como no sabemos ni el día ni la hora, es necesario, según el consejo del Señor, estar continuamente en vela. Así, terminada la única carrera que es nuestra vida en la tierra, mereceremos entrar con él en la boda y ser contados entre los santos y no nos mandarán ir, como siervos malos y perezosos, al fuego eterno, a las tinieblas exteriores, donde `habrá llanto y rechinar de dientes' (LG 48).

La existencia del infierno ha sido enseñado a lo largo de la Vida de la Iglesia, podemos mencionar el Canon 4º del III Concilio de Valence del año 855, donde se condena la postura de que el infierno no es eterno. Así mismo, podemos recurrir al IV Concilio de Letrán del años 1215; al I Concilio de Lyon de 1245; al II Concilio de Lyon de 1274: a la Carta Nequaquam sine dolore a los armenios, de 21 de noviembre de 1321 del Papa Juan XXII; a la Constitución Benedictus Deus, de 29 de enero de 1330 del Papa Benedicto XII, la cual citamos a continuación:

Definimos además que, según la común ordenación de Dios, las almas de los que salen del mundo con pecado mortal actual, inmediatamente después de su muerte bajan al infierno donde son atormentados con penas infernales, y que no obstante en el día del juicio todos los hombres comparecerán con sus cuerpos ante el tribunal de Cristo, para dar cuenta de sus propios actos, a fin de que cada uno reciba lo propio de su cuerpo, tal como se portó, bien o mal [2 Cor. 5, 10].

No hay lugar a dudas: El infierno existe, es infinito y sí hay condenados.



El infierno en las enseñanzas de la Iglesia Primitiva

Los Padres de la Iglesia dan testimonio de cómo la Doctrina del infierno ha sido parte fundamental de la enseñanza apostólica y forma parte indiscutible del depósito de la Fe, de la revelación misma. Citaremos a continuación algunos testimonios de la Iglesia Primitiva.

San Ignacio de Antioquía

 Carta a los Efesios

XVI. No os equivoquéis, hermanos míos: aquellos que corrompen una familia "no heredarán el Reino de Dios" Así, si los que hacen eso son condenados a muerte, ¡cuánto más aquél que corrompe por su mala doctrina la fe de Dios, por la que Jesucristo ha sido crucificado! Aquél que así sea, irá al fuego inextinguible y lo mismo aquél que lo escuchare.



Símbolo de san Atanasio

 Y los que hicieron el bien gozarán de vida eterna, pero los que hicieron el mal irán al fuego eterno.


San Basilio el Grande

“Añade a todo esto que el ayuno no sólo te libra de la condenación futura; sino que te preserva de muchos males y sujeta tu carne, de otro modo indómita... Ten cuidado, no sea que, por despreciar ahora el agua, tengas después que mendigar una gota desde el infierno.” (Padres de la Iglesia I, Johannes Quasten)

Desfoga tu ira contra el enemigo de los hombres, contra el padre de la mentira, contra el autor del pecado. Mas compadécete de tu hermano, quien si aún así permaneciere en el pecado, será entregado a fuego eterno con el diablo. (Padres de la Iglesia I, Johannes Quasten)

Quisiera que respirases un poco de la injusticia de estas obras y se aquietasen tus pensamientos, para que ponderaras a donde va a parar el deseo de estas cosas. Tienes tantas yugadas de tierra arable: otras tantas de tierra para plantar árboles: montes, campos, selvas, ríos, prados. Y después de esto ¿qué? ¿No te esperan sólo tres codos de tierra? ¿No bastará para guardar tu cuerpo miserable, el peso de unas pocas piedras? ¿Para qué trabajas? ¿Por qué obras perversamente? ¿Por qué recoges con tus manos cosas infructuosas? Y ojalá fueran infructuosas, y no materia para el fuego eterno. ¿No despertarás de esta embriaguez? ¿No recobras tus sentidos? ¿No vuelves en ti? ¿No pondrás delante de tus ojos el juicio de Cristo?. (Homilía a los Ricos,Padres de la Iglesia I, Johannes Quasten)



Papa san Simplicio

De la inmutabilidad de la doctrina cristiana

[De la Carta Cuperem quidem, a Basilisco August., de 9 de enero de 476]

5) ….Cualquiera que, como dice el Apóstol, intente sembrar otra cosa fuera de lo que hemos recibido, sea anatema [Gal. 1, 8 s]. No se abra entrada alguna por donde se introduzcan furtivamente en vuestros oídos perniciosas ideas, no se conceda esperanza alguna de volver a tratar nada de las antiguas constituciones; porque —y es cosa que hay que repetir muchas veces—, lo que por las manos apostólicas, con asentimiento de la Iglesia universal, mereció ser cortado a filo de la hoz evangélica no puede cobrar vigor para renacer, ni puede volver a ser sarmiento feraz de la viña del Señor lo que consta haber sido destinado al fuego eterno. Así, en fin, las maquinaciones de las herejías todas, derrocadas por los decretos de la Iglesia, nunca puede permitirse que renueven los combates de una impugnación ya liquidada...



San Justino Mártir

Y dijo más: “No teman a los que los matan y después de eso nada pueden hacer; teman más bien a Aquel que después de la muerte puede arrojar alma y cuerpo al infierno” (Lc 12,4-5; cf. Mt 10,28). 8. Es de saber que el infierno es el lugar donde han de ser castigados los que hubieren vivido inicuamente y no creyeren han de suceder estas cosas que Dios enseñó por medio de Cristo. (Apología I, Resurreccíon 19.7)

 Entre nosotros, el príncipe de los malos demonios se llama serpiente, Satanás, diablo (cf. Ap 20,2), como pueden aprenderlo consultando nuestras escrituras; y que él con todo su ejército juntamente con los hombres que le siguen haya de ser enviado al fuego para ser castigado eternamente (cf. Mt 25,41), cosa es que de antemano fue anunciada por Cristo. (Apología I, Culto a la Serpiente, 28.1)



 No es necesario exponer de manera extensa las múltiples referencias al infierno dentro de las enseñanzas de la patrística, sin embargo, debemos considerar y reconocer que el infierno, el diablo, los demonios y sobre todo, la condenación misma, es enseñanza doctrinal esencial de Revelación Divina.



Revelaciones Privadas

No han sido pocas las ocasiones en la que santos hombres y mujeres de Dios ha experimentado visiones místicas del infierno y de su realidad. A continuación enumeraremos algunas de estas visiones privadas que nos permitan comprender, en voz de sus visores, la tragedia del infierno mismo.





Los postorcillos de Fátima

Sor Lucía escribió en sus Memorias:

 “El reflejo parecía penetrar en la tierra y vimos como un mar de fuego y sumergidos en este fuego los demonios y las almas como si fuesen brasas transparentes y negras o bronceadas, con forma humana, que fluctuaban en el incendio, llevadas por las llamas que de ellas mismas salían, juntamente con nubes de humo, cayendo hacia todo los lados, semejante a la caída de pavesas en los grandes incendios, sin peso ni equilibrio, entre gritos y gemidos de dolor y desesperación que horrorizaban y hacían estremecer de pavor. (Debe haber sido a la vista de esto que di aquel “ay” que dicen haberme oído.) Los demonios se distinguían por sus formas horribles y asquerosas de animales espantosos y desconocidos, pero transparentes como negros carbones en brasa.”



Santa Faustina Kowalska

"Hoy día fui llevada por un Ángel al abismo del infierno. Es un sitio de gran tormento. ¡Cuán terriblemente grande y, extenso es!. Las clases de torturas que vi:

La primera es la privación de Dios;

La segunda es el perpetuo remordimiento de conciencia;

La tercera es que la condición de uno nunca cambiará;

La cuarta es el fuego que penetra en el alma sin destruirla -un sufrimiento terrible, ya que es puramente fuego espiritual,-prendido por la ira de Dios.

La quinta es una oscuridad continua y un olor sofocante terrible. A pesar de la oscuridad, las almas de los condenados se ven entre ellos;

La sexta es la compañía constante de Satanás;

La séptima es una angustia horrible, odio a Dios, palabras indecentes y blasfemia.

 Estos son los tormentos que sufren los condenados, pero no es el fin de los sufrimientos. Existen tormentos especiales destinados para almas en particular. Estos son los tormentos de los sentidos. Cada alma pasa por sufrimientos terribles e indescriptibles, relacionado con el tipo de pecado que ha cometido.

 Existen cavernas y fosas de tortura donde cada forma de agonía difiere de la otra. Yo hubiera fallecido a cada vista de las torturas si la Omnipotencia de Dios no me hubiera sostenido. Estoy escribiendo esto por orden de Dios, para que ninguna alma encuentre una excusa diciendo que no existe el infierno, o que nadie a estado ahí y por lo tanto, nadie puede describirlo."



San Juan Bosco

Los sueños del infierno de san Juan Bosco son ricos en enseñanza y sobre todo, en detalles. Nos hace ver la tragedia del infierno, pero sobre todo, nos hace ver que es en nuestro actuar diario y cotidiano como nos hacemos merecedores de esas penas eternas. Transcribo un pequeño fragmento:



“Vi precipitarse en el infierno a un pobrecillo impulsado por los empujones de un pérfido compañero. Otros caían solos, otros acompañados; otros cogidos del brazo, otros separados, pero próximos. Todos llevaban escrito en la frente el propio pecado. Yo los llamaba afanosamente mientras caían en aquel lugar. Pero ellos no me oían, retumbaban las puertas infernales al abrirse y al cerrarse se hacía un silencio de muerte. —He aquí las causas principales de tantas ruinas eternas —exclamó mi guía—: los compañeros, las malas lecturas (y malos programas de televisión e internet e impureza y pornografía y anticonceptivos y fornicación y adulterios y sodomía y asesinatos de aborto y herejías) y las perversas costumbres. Los lazos que habíamos visto al principio eran los que arrastraban a los jóvenes al precipicio. Al ver caer a tantos de ellos, dije con acento de desesperación: —Entonces es inútil que trabajemos en nuestros colegios, si son tantos los jóvenes que tienen este fin. ¿No habrá manera de remediar la ruina de estas almas? Y el guía me contestó: —Este es el estado actual en que se encuentran y si mueren en él vendrán a parar aquí sin remedio.”

  

Santa Teresa de Ávila

Santa Teresa no solo vio el infierno, sino que además, lo sintió. Experimento en su propio ser el tormento mismo del infierno:

"Estando un día en oración, dice, me hallé en un punto toda, sin saber cómo, que me parecía estar metida en el infierno. Entendí que quería el Señor que viese el lugar que los demonios allá me tenían aparejado, y yo merecido por mis pecados. Ello fue en brevísimo espacio; mas aunque yo viviese muchos años, me parece imposible poder olvidárseme. Parecíame la entrada a manera de un callejón muy largo y estrecho, a manera de horno muy bajo y obscuro y angosto. El suelo me parecía de una agua como lodo muy sucio y de pestilencial olor, y muchas sabandijas malas en él. Al cabo estaba una concavidad metida en una pared, a manera de una alacena, adonde me vi meter en mucho estrecho. Todo esto era delicioso a la vista en comparación de lo que allí sentí: esto que he dicho va mal encarecido.

Esto otro me parece que aun principio de encarecerse cómo es; no lo puede haber, ni se puede entender; mas sentí un fuego en el alma, que yo no puedo entender cómo poder decir de la manera que es, los dolores corporales tan incomportables, que por haberlos pasado en esta vida gravísimos, y según dicen los médicos, los mayores que se pueden pasar, porque fue encogérseme todos los nervios, cuando me tullí, sin otros muchos de muchas maneras que he tenido, y aún algunos, como he dicho, causados del demonio, no es todo nada en comparación de lo que allí sentí, y ver de que había de ser sin fin y sin jamás cesar. Esto no es, pues, nada en comparación del agonizar del alma, un apretamiento, un ahogamiento, una aflicción tan sensible, y con tan desesperado y afligido descontento, que yo no sé cómo lo encarecer; porque decir que es un estarse siempre arrancando el alma, es poco; porque ahí parece que todo os acaba la vida, mas aquí el alma mesma es la que se despedaza.”



 Sor Josefa Menéndez

 Religiosas que entre 1920 y 1923 recibió revelaciones de parte de Nuestro Señor Jesucristo. Actualmente, su causa se encuentra en proceso.

“El demonio gritaba mucho: `…Estad atentas a todo lo que las pueda perturbar…! ¡Que no se escapen… haced que se desesperen´. Era tremenda la confusión que había de gritos y de blasfemias. Luego oí que decía furioso: `¡No importa! Aún me quedan dos… Quitadles la confianza…´ Yo comprendí que se le había escapado una, que había pasado ya a la eternidad, porque gritaba: `Pronto… de prisa… que estas dos no se escapen… Tomadlas, que se desesperen… Pronto, que se nos van´. En seguida, con un rechinar de dientes y una rabia que no se puede decir, yo sentía esos gritos tremendos: `¡Todavía tengo una y no dejaré que se la lleve…!´ El infierno todo ya no fue más que un grito de desesperación, con un desorden muy grande y los diablos chillaban y se quejaban y blasfemaban horriblemente. Yo conocí con esto que las almas se habían salvado. Mi corazón saltó de alegría, pero me veía imposibilitada para hacer un acto de amar…



Santa Catalina de Siena

Santa Catalina pudo ver por un instante a Satanás, en su verdadera naturaleza, sin disfraz, sin máscaras.

“Si bien recuerdas, yo te mostré el demonio en su propia forma y por un pequeño espacio de tiempo, apenas un momento; tú, después de haber regresado en sí, elegiste mejor caminar sobre una calle de fuego que durara hasta el Día del Juicio, dispuesta a pisar con tus pies las llamas del fuego, que volver a verlo de nuevo. Pero, como sea que lo hayas visto, todavía no sabes cuán horrible es, porque por divina justicia, él se muestra todavía más repulsivo al alma que se ha privado de Mí de modo más o menos grave según la gravedad de las culpas cometidas.”



  

Debemos comprender, que ante la amenaza real de la caída eterna al infierno, no es este temor el que debe movernos a actuar con bondad. Debemos actuar por amor a Dios y no por temor al infierno. No seamos fariseos en nuestra vida que solo busca “cumplir” con un mandato o una ley con tal de evitar el tormento eterno. Debe ser una entrega total y completa a Dios lo que mueva nuestra voluntad. Para ello, termino con esta hermosa oración:



No me mueve, mi Dios, para quererte

el cielo que me tienes prometido,

ni me mueve el infierno tan temido

para dejar por eso de ofenderte.



Tú me mueves, Señor, muéveme el verte

clavado en una cruz y escarnecido,

muéveme ver tu cuerpo tan herido,

muévenme tus afrentas y tu muerte.



Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,

que aunque no hubiera cielo, yo te amara,

y aunque no hubiera infierno, te temiera.



No me tienes que dar porque te quiera,

pues aunque lo que espero no esperara,

lo mismo que te quiero te quisiera.





 Dios les bendiga