San Miguel Arcángel pesando las almas en el Juicio Final
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lunes, 28 de noviembre de 2022

Cometen un pecado mortal los que acuden al Demonio para consultarlo, por diversos medios (adivinación, Tarot, etc.)

 



No tienes que maravillarte de que el demonio y sus secuaces conozcan algo del futuro. El diablo es un espíritu; por consecuencia, posee astucia y mucho más conocimiento que cualquier persona de la tierra, excepto de algunos Santos que el buen

Dios ilumina con su luz. El engaña para todo, buscando hacer el mal; ve que lo que sucede en el mundo, es a causa de su sagacidad, entonces puede preveer fácilmente las cosas que se realizan; esa es la única explicación. Ay de aquellos que se convierten en

sus esclavos al consultarlo; este es un pecado que desagrada mucho al buen Dios. (Un alma del purgatorio a Sor María de la Cruz)

sábado, 9 de julio de 2022

APOSTASÍA MASIVA: ¡LA GRAN MAYORÍA DE LOS CATÓLICOS ESTÁ VIVIENDO EN PECADO MORTAL!

 ¡LA GRAN MAYORÍA DE LOS CATÓLICOS ESTÁ VIVIENDO EN PECADO MORTAL!

Son pecados mortales de hecho no participar en la misa dominical y festiva -por pereza, por indiferencia, por negligencia-, pecados impuros, blasfemia, abortos, adulterio, envidia, asesinatos, etc.

Hoy 80-85% no asisten a misa dominical; los prometidos en casi todos tienen asuntos prematrimoniales; los escándalos de moda y la desvergüenza han alcanzado niveles increíbles; los abortos cada año son decenas y decenas de millones, sin considerar los más sofisticados pecados mortales en todas las demás áreas de la ética y de la moralidad católica.

No sabemos en qué medida Dios puede excusar la ignorancia.

Don José Tomaselli

Fuente Don Giuseppe Tomaselli SdB

miércoles, 3 de julio de 2019

Comulgar en pecado: tragarse la propia condenación



Por Hispanidad Católica -  22 junio, 2019

Cuando caemos en la maldad de cometer un pecado grave, perdemos la gracia de Dios; por lo tanto, ya no podemos recibir la santa comunión. Si lo hacemos, sabiendo que no estamos en gracia, caemos en un pecado abominable que se llama sacrilegio. Dicen las cartas paulinas que quien así actúa«se traga su propia condenación»

Para volver a estar en gracia de Dios es necesario confesar los pecados mortales con el debido arrepentimiento y deseo de no volver a pecar y cumplir la penitencia que manda el sacerdote.


(https://www.youtube.com/watch?v=4pI8Lo-lsmY)

(https://www.hispanidadcatolica.com/2019/06/comulgar-en-pecado-tragarse-la-propia-condenacion/?fbclid=IwAR2PoWS4v8eMLahIYSb14JAAUp5-hDZZQmN0ekPxfL9gyI0vxvbrR9OLmGY)


martes, 24 de octubre de 2017

San Antonio María Claret: callar sobre el Infierno es un pecado mortal de omisión


 La urgencia de predicar sobre el Infierno

“Es de fe que existe el Cielo para los buenos y el infierno para los malos. La fe nos enseña que las penas del infierno son eternos, y también nos advierte que un solo pecado mortal es suficiente para condenar un alma para siempre a causa de la maldad infinita en la que ofende a un Dios infinito. Con estos principios más tajante en la mente, ¿cómo puedo permanecer indiferente al ver la facilidad con la que se cometen pecados, los pecados que se producen tan frecuentes como tomase un vaso de agua, los pecados y las ofensas que se perpetúan por la frivolidad o la desviación? ¿Cómo puedo descansar cuando vemos a tantos que están viviendo continuamente en pecado mortal y corriendo de esta manera ciega a su propia destrucción eterna? No, ciertamente que no puedo descansar, sino que es mi deber apresurarme para gritarles una advertencia a ellos. Si yo viera a alguien a punto de caer en un hoyo o un incendio, no voy a correr hasta él y le advertirá, y haría todo en mi poder para ayudarle a no caer en el? ¿Por qué no puedo hacer esto y mucho mas para evitar que los pecadores se caigan en el pozo y los fuegos del infierno?
Tampoco puedo entender por qué otros sacerdotes que creen las mismísimas verdades como yo, como todos debemos creer, no predican o exhortan a sus ovejas para que puedan evitar esta eternidad del infierno insoportable. Todavía es motivo de asombro para mí el que los laicos - a aquellos hombres y mujeres bendecidos con la fe - no dar aviso a aquellos que lo necesitan. Si una casa iban a prender en fuego en el medio de la noche, y si los habitantes de la misma casa y la otra gente de la ciudad estaban dormidos y no vieron el peligro, El primero que se dio cuenta del peligro ¿no sería el primero que gritar y correr por las calles, exclamando: "Fuego Fuego En esa casa de ahí!" Entonces ¿por qué no hacen una advertencia del fuego eterno para despertar a los que están a la deriva en el sueño del pecado de una manera tal que cuando abran los ojos se encontrarán ardiendo en las llamas eternas del infierno? ” 


“Igualmente me obliga a predicar sin parar el ver la multitud de almas que caen en los infiernos,....
Y como veo la manera con que viven las gentes, muchísimas de asiento y habitualmente en pecado mortal, no pasa día que no aumenten el número de sus delitos. Cometen la iniquidad con la facilidad con que beben un vaso de agua, como por juguete y por risa obran la iniquidad. Estos desgraciados, por sus propios pies, marchan a los infiernos como ciegos, según el Profeta Sofonías: Ambulaverunt ut caeci quía Domino peccaverunt.
Si vosotros viérais a un ciego que va a caer en un pozo, en un precipicio, ¿no le advertiríais? He aquí lo que yo hago y que en conciencia debo hacer: advertir a los pecadores y hacerles ver el precipicio del infierno a que van a caer. ¡Ay de mí si no lo hiciera, que (me) tendría por reo de su condenación!
....La caridad me urge, me impele, me hace correr de una población a otra, me obliga a gritar: ¡Hijo mío, pecador, mira que te vas a caer en los infiernos! ¡Alto, no pases más adelante! Ay, cuántas veces pido a Dios lo que pedía Santa Catalina de Siena. Dadme, Señor, el ponerme por puertas del infierno y poder detener a cuantos van a entrar allá y decir a cada uno. ¿Adónde vas, infeliz? Atrás, anda, haz una buena confesión y salva tu alma y no vengas aquí a perderte por toda la eternidad!”. (Autobiografía san Antonio María Claret Del llamado de Dios para ir a predicar o misionar)

martes, 12 de marzo de 2013

El maravilloso poder del agua bendita




Hacer devotamente la señal de la cruz con agua bendita produce innumerables beneficios para el cuerpo y el alma: ahuyenta a los demonios, obtiene el perdón para los pecados veniales, puede librarnos de accidentes y hasta puede curar enfermedades.
Un amigo sacerdote me aseguró que innumerables católicos, aun de los más instruidos, no saben para lo que sirve el agua bendita. ¡Es una lástima!
¡Por eso no se benefician con este precioso instrumento instituido por la Iglesia para ayudarlos en prácticamente todas las circunstancias y dificultades de la vida!
Hay varias formas de usarla. La más común es persignarse con ella.
Otra es aspergirla (salpicarla) sobre sí mismo, sobre otras personas, lugares u objetos. Cualquier laico o laica puede hacer esto. Naturalmente, si lo hace un sacerdote tiene más valor.
¿Para qué sirve?
Su efecto más importante es alejar al demonio, que “ronda como león rugiente” , buscando toda especie de mal, como nos advierte San Pedro (I Pe 5,8). Los espíritus malignos, cuyas misteriosas y siniestras operaciones afectan incluso las actividades físicas del hombre, quieren ante todo inducirnos al pecado mortal, que conduce al infierno. Para ello emplean todos los recursos.
A veces, por ejemplo, nos provocan un sinnúmero de molestias físicas o psicológicas. Otras veces provocan pequeños incidentes en nuestra vida diaria, causar enredos que parecen tener causas meramente naturales.
Por ejemplo, al momento de cumplir un deber, la persona siente un inexplicable malestar, un inesperado desánimo, un raro dolor de cabeza...
En ciertas oportunidades, sin motivo alguno, el marido se irrita repentinamente con la esposa, o viceversa, de eso surge una discusión y se rompe la paz del hogar. O si no, el padre o la madre se dejan llevar por un movimiento de impaciencia y reprenden duramente al hijo, en vez de amonestarlo con dulzura. El hijo se rebela, sale de casa. ¡Se creó un problema! Todo eso puede evitarse ahuyentando al demonio con una simple señal de la cruz hecha con agua bendita. Cuando sienta usted una irritación extraña, haga la prueba y ponga atención al efecto saludable que produce. Enseguida volverá la serenidad.
Además, el agua bendita es un sacramental que nos alcanza el perdón de los pecados veniales, puede librarnos de accidentes (tránsito, asaltos, caídas), y ayuda hasta a curar enfermedades.
El agua bendita, como todo sacramental, nos invita en las diversas circunstancias del día a invocar el socorro del Divino Espíritu Santo, para el bien de nuestra alma y de nuestro cuerpo.
Otro beneficio muy interesante y poco conocido: se la puede usar eficazmente en provecho de personas que se encuentran distantes de nosotros.
Beneficia a los Ausentes:
Si nuestros seres queridos se hayan lejos de nosotros, el agua bendita rociada con intención de que Dios los bendiga donde quiera que estén, puede mover al Sagrado Corazón de Jesús para que los bendiga, y proteja librán- dolos de todo mal, de alma y cuerpo. La oracíon de la Iglesia les puede socorrer a cualquier hora y en cualquier lugar donde se encuentren.
Y aún más, cada vez que la utilizamos para hacer la señal de la cruz por la intención de las almas del purgatorio, ellas son aliviadas en sus sufrimientos.
¿De dónde viene ese poder maravilloso?
Viene del hecho de ser un sacramental instituido por la Santa Iglesia Católica. El sacerdote bendice el agua como ministro de Dios, en nombre de la Iglesia y como su representante, seguro que nuestro Divino Salvador siempre la atenderá con benevolencia. En nuestra Iglesia contamos con el “Ritual de Bendiciones” y en el propio “Misal Romano”.
¡Así que no se olvide!
Es muy conveniente llevar siempre consigo agua bendita para usar en cualquier circunstancia. Por ejemplo, santiguarse con ella al salir o entrar en la iglesia, en casa o en el lugar de trabajo; al iniciar una oración, un trámite, un viaje, un exàmen, una cita de trabajo etc
Para alejar del hogar la influencia maléfica de los demonios, es muy aconsejable aspergir en la casa algunas gotas cada vez que se pueda. Esto puede hacerlo cualquier persona de la familia.
Pensemos en ello
Si ahora nos diésemos cuenta de sus beneficios como lo comprenderemos después de la muerte la usaríamos más a menudo y con mayor fe y reverencia!
El agua bendita tiene, su gran poder y eficacia en virtud de las operaciones de la Iglesia que su Divino Fundador siempre acepta con prontitud y complacencia.
He aqui una oración de la iglesia al bendecir el agua:
"Oh Dios... concédenos que esta criatura tuya (el agua) sea dotada de la divina gracia para expulsar los demonios y alejar las enfermedades, y que cualquier cosa en las casas o poseciones de lós fieles que fuere rociada con ésta agua quede libre de toda impureza y de todo daño... Que todo lo que amenace la seguridad o la paz de sus habitantes sea expulsado por la aspersión de esta agua, para que la salud implorada por la invocación de tu Santo Nombre sea guardada de todo asalto.

jueves, 15 de noviembre de 2012

El Catecismo de la Iglesia Católica y el infierno






El Catecismo de la Iglesia Católica

1033 Salvo que elijamos libremente amarle no podemos estar unidos con Dios. Pero no podemos amar a Dios si pecamos gravemente contra El, contra nuestro prójimo o contra nosotros mismos: "Quien no ama permanece en la muerte. Todo el que aborrece a su hermano es un asesino; y sabéis que ningún asesino tiene vida eterna permanente en él" (1 Jn 3,15). Nuestro Señor nos advierte que estaremos separados de El si omitimos socorrer las necesidades graves de los pobres y de los pequeños que son sus hermanos (cf. Mt 25, 31-46). Morir en pecado mortal sin estar arrepentido ni acoger el amor misericordioso de Dios, significa permanecer separados de El para siempre por nuestra propia y libre elección. Este estado de autoexclusión definitiva de la comunión con Dios y con los bienaventurados es lo que se designa con la palabra "infierno".

1034 Jesús habla con frecuencia de la "gehenna" y del "fuego que nunca se apaga" (cf. Mt 5, 22.29; 13, 42.50; Mc 9, 43-48) reservado a los que, hasta el fin de su vida rehúsan creer y convertirse, y donde se puede perder a la vez el alma y el cuerpo (cf Mt 10, 28). Jesús anuncia en términos graves que "enviará a sus ángeles que recogerán a todos los autores de iniquidad..., y los arrojarán al horno ardiente" (Mt 13, 41-42), y que pronunciará la condenación:" ¡Alejaos de mí, malditos al fuego eterno!" (Mt 25, 41).

1035 La enseñanza de la Iglesia afirma la existencia del infierno y su eternidad. Las almas de los que mueren en estado de pecado mortal descienden a los infiernos inmediatamente después de la muerte y allí sufren las penas del infierno, "el fuego eterno" (cf DS 76; 409; 411; 80 1; 858; 1002; 135 1; 1575; SPF 12). La pena principal del infierno consiste en la separación eterna de Dios en quien únicamente puede tener el hombre la vida y la felicidad para las que ha sido creado y a las que aspira.

1036 Las afirmaciones de la Escritura y las enseñanzas de la Iglesia a propósito del infierno son un llamamiento a la responsabilidad con la que el hombre debe usar de su libertad en relación con su destino eterno. Constituyen al mismo tiempo un llamamiento apremiante a la conversión: "Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la puerta y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y pocos son los que la encuentran" (Mt 7, 13-14) :
Como no sabemos ni el día ni la hora, es necesario, según el consejo del Señor, estar continuamente en vela. Así, terminada la única carrera que es nuestra vida en la tierra, mereceremos entrar con El en la boda y ser contados entre los santos y no nos mandarán ir, como siervos malos y perezosos, al fuego eterno, a las tinieblas exteriores, donde "habrá llanto y rechinar de dientes" (LG 48).

1037 Dios no predestina a nadie a ir al infierno (cf DS 397; 1567); para que eso suceda es necesaria una aversión voluntaria a Dios (un pecado mortal), y persistir en él hasta el final. En la liturgia eucarística y en las plegarias diarias de los fieles, la Iglesia implora la misericordia de Dios, que "quiere que nadie perezca, sino que todos lleguen a la conversión" (2 P 3:9).

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Santo Tomás de Aquino y el infierno



Según la Biblia, el Reino De Satanás es un reino de duda, incredulidad, confusión, depresión, desesperación, rechazo; desvío, tentación, incitación e impureza; decepción, mentira, acusación, dominación; robo; control, rebelión, culto falso, lo oculto y la esclavitud; destrucción, asesinato, devorando; tortura, miedo y división. 


SANTO TOMÁS DE AQUINO

Cuando ya estaba al final de su vida, le preguntaron: "Tú que has enseñado en las más célebres cátedras de Europa y que has predicado y escrito tanto, ¿de qué cosa, en tu vida, has quedado más impresionado?" 

La respuesta fue: "Lo que más me ha impresionado es esta triste realidad: habiendo tantos cristianos que estamos seguros de que Jesús es Dios y que Jesús ha hablado claramente del infierno y por lo tanto estamos seguros de que existe, sin embargo vivimos por una hora en pecado mortal: cuando en cualquier hora, podríamos morir de improviso, corriendo el riesgo de precipitarnos para siempre en el infierno. ¿Qué decir de muchos cristianos que viven en pecado mortal no sólo una hora, sino días y noches enteras, y semanas, y meses?". 

SAN BUENAVENTURA 

"Un gorrión pasa volando cada cien años, tocando delicadamente con la punta de sus alas, una inmensa campana de bronce. ¿Cuando ésta se consuma totalmente, habrá terminado el infierno? ¡No! Será apenas su comienzo, porque comienza y ya no se acabará jamás".