San Miguel Arcángel pesando las almas en el Juicio Final
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viernes, 16 de octubre de 2020

Líder del Templo Satánico y músico de Heavy Metal coinciden en un documental contra la Iglesia llamado "Hail Satan"

 


Ver también: https://www.youtube.com/watch?v=uaQZyvtYAqg&ab_channel=Behemoth

La ausencia de Dios no es otra cosa que el Infierno, aunque Dios Trino está presente en el Infierno por medio de su Justicia Divina, que castiga por la eternidad a los ángeles rebeldes y a las almas condenadas. La ausencia de Dios en esta vida, es un anticipo de la ausencia de Dios en la eternidad, es un anticipo de los eternos dolores del Infierno, de ahí la imperiosa necesidad de la conversión al Hombre-Dios Jesucristo.

El líder del Templo Satánico, Lucien Greaves, hace un planteamiento falaz acerca de la libertad de expresión: el insulto a una religión, la católica, y la blasfemia contra Dios Trino, no pueden ampararse en la libertad religiosa, porque estos actos ya no son "actos libres", sino "actos de agresión". En otras palabras, no puedo agredir a Dios y su Iglesia Católica, como lo hace el Templo Satánico, basado en una supuesta "libertad de expresión"; no puedo disfrazar la agresión y hacerla pasar como libertad de expresión.

martes, 16 de febrero de 2016

Hizo un pacto con el diablo para triunfar en el heavy metal; y Cristo lo rescató con una sorpresa

Hizo un pacto con el diablo para triunfar en el heavy metal; y Cristo lo rescató con una sorpresa

Kirk Martin, ex-líder de la banda de Heavy Metal "Power of Pride" (El poder del orgullo).

Los sonidos del más duro heavy metal eran una armoniosa sinfonía para él. Herido y dañado en la infancia, sediento de fama, no dudó en ofertarlo todo creyendo que ahí estaba su tesoro.

Ex líder de la banda: Power of Pride
“Lo más grande era estar en el escenario teniendo el control… me encantaba ser adorado y que las personas que miraban, dijeran «¡Wow! Quiero ser eso»”. Las palabras pertenecen a Kirk Martin, quien hasta hace algunos años lideraba una banda de heavy Metal llamada Power of Pride (El poder del orgullo) en Estados Unidos.

Logró participar en múltiples conciertos, en donde proyectaba una imagen salvaje e iracunda sobre el escenario. “Conseguir que miles de personas chillasen blasfemias era la mayor adrenalina que podía experimentar”, cuenta al canal de televisión CBN.

Lleno de odio
Pero esta imagen siniestra no sólo era una pose escénica, sino que tenía su correlato en la vida real de Kirk. Su maceteada figura daba marco a su carácter pendenciero y los varios tatuajes en su cuerpo hablaban de las creencias y espíritu que le habitaba. “Estaba tan lleno de odio que proyectaba ese odio hacia muchas personas”, sincera y prosigue… “dos de los miembros de la banda -mientras estábamos en la carretera en cierta ocasión- decidieron que estaban hartos de mí y que no podían aguantarme más, y ellos, de hecho decidieron dejar la banda”.

Los jóvenes le idolatran
Reconoce que por mucho tiempo gozó de la soberbia, que enaltecían las letras de sus canciones arengando con ellas la rebeldía de los jóvenes que le idolatraban. “Toda mi intención era decir a la gente que creyeran en sí mismos, que siguieran sus propias visiones, sus propios sueños y aplastasen a quién se les pusiera en su camino”.

Un pacto con el diablo: "Te serviré hasta el fin de los tiempos"
Pero los orígenes de su sorpresivo éxito, señala, no fue por simple empeño, asertividad o calidad musical. Kirk no estaba dispuesto a arriesgar fracaso o esperar fortuna y sin dudarlo se propuso concretar su anhelo aunque para ello lo arriesgó todo en un siniestro pacto. “Clavé las zarpas en el suelo, arañé la tierra y le dije a Satanás: «Si me das lo que quiero, si me haces un dios, si me das las mujeres, las drogas y la fama, todo. Si me das el poder de aplastar a la gente, te serviré hasta el fin de los tiempos»”.

El determinante trauma en la infancia
Nada más pronunciar la sentencia, recuerda, en cuestión de días una casa discográfica le ofrecía un suculento contrato para que su agrupación pudiera grabar un próximo disco.

Pero aquél pacto de esclavitud no era el único secreto que Kirk guardaba mientras se hundía en la ilusión de fama, sexo y fortuna… “Durante mi niñez, unos chicos en el barrio me empezaron a molestar sexualmente y a sodomizarme cuando tenía probablemente unos 8 años. Ocurrió más de una vez y nunca hablé de ello, nunca le dije a nadie”.

Violentado en la infancia, lleno de rabia, aprovecharse sexualmente de las mujeres se convirtió en parte del estilo de vida heavy metal de Kirk. “La peor parte de mi abuso fue el hecho de que lo interioricé y violaba a otros”, recuerda.

Un hombre le revela lo que sólo él conocía
Estando a horas de firmar el contrato discográfico por el que había vendido su alma, Kirk tuvo un encuentro con un misterioso extraño durante una mañana en una cafetería. “Un tipo entró y se sentó justo a mi lado de entre todos los asientos en los que se podía haber sentado… había muchos asientos libres, e inmediatamente lo miré con esta horrible y mezquina expresión en mi cara. Lo miré y le dije: «¿¡Qué pasa papá!?» y volvió a mirar su café… me miró directamente en la cara y replicó «¿Qué pasa amigo?». Salté por la mesa y puse mi nariz justo en frente de la suya. Le miré a los ojos y simplemente le maldije, lo llamé todas las cosas inmundas que se me ocurrieron, y me dijo: «Dios me ha mandado aquí para decirte que te ama y quiere que sepas que Él no fue responsable de los jóvenes que abusaron de ti cuando eras niño», y lo que era tan alucinante sobre eso, es que él usó sus nombres y dijo: «Jesús está esperándote para que gires la cara hacia casa»”.

El misterioso hombre se marchó y Kirk permaneció meditativo, en shock, algunos segundos. Se levantó de donde estaba tras los pasos del extraño, quería enfrentarlo, pero cuando salió a la calle, la persona se había desvanecido.

La noche en que brilló una sola estrella
Horas más tarde cuando Kirk estaba a punto de dormirse en el autobús de gira de la banda, fue sacudido en medio de la noche. Quizás fue un sueño revelador, pero él lo recuerda como un hecho real y vívido…

“De pronto apareció una gran estrella, como si cayese del cielo, y el espíritu de Dios mismo actuó en el autobús. Yo no sabía por qué odiaba tanto a Dios. Todo, simplemente voló y la única cosa que sentía era amor. Me sentí aceptado, me sentí como que era ese niño pequeño otra vez, antes de que abusaran de mí, y dije: «Jesús, ven aquí y destrúyeme porque yo no quiero ser más esto». Me doy cuenta ahora, que ante la presencia de Dios, el pecado, el odio y la fealdad no puede, no hay lugar para ello, así que tiene que salir. Y todas estas cosas empezaron a dejar mi corazón”.

Ya todo era diferente
Kirk, como un niño, volvió a dormir y cuando despertó a la mañana siguiente, todo parecía diferente. “La hierba era más verde, el cielo era más esponjoso, las nubes eran hermosas, y yo era diferente”. ¿El contrato? poco le importaba pues “aquello que siempre había querido, de repente no lo quería más. Lo dejé todo y nunca más retorné a la banda”

Una etapa de reconciliación
En búsqueda de respuestas y de reconciliación con la fe, Kirk encontró una iglesia en su pueblo natal y se volcó al cristianismo. Cuando comenzó a asistir a las celebraciones, su consejero espiritual le aconsejó terminar el doloroso ciclo que había comenzado en la infancia. Que buscara a los jóvenes que habían abusado de él para perdonarles fue el desafío.

“Los encontré y no sé si se acordaban de mí. Entonces les pregunté: «¿Por qué me hicieron esto?». Empezaron a contarme la historia de cómo alguien les había violado, cómo de niños habían encontrado una revista pornográfica y eso es lo que les había llevado a abusar de mí, y luego invitaron a otro chico a que hiciera lo mismo. Ellos habían dado sus corazones a Cristo. Nos sentamos, lloramos y nos abrazamos. Hablamos sobre ello y rezamos, así es cómo pasamos todo esto”.

De nuevo en la música pero de otra manera
Con el tiempo Kirk también re-encontró su talento musical, sustentado en la libertad y sanación regalada por Dios, escribiendo e interpretando canciones de alabanza. Formó familia y juntos viajan por todo el país compartiendo el milagro con el que cambió su vida.

“Mi mujer es simplemente un tesoro y mi familia es el testimonio más grande de la piedad y la gracia de Dios. Yo que era adicto a las drogas, al sexo y la violencia, al odio, que usaba la música como una herramienta para destruir a las personas fui recogido y sanado por Dios… todo ello para su gloria”, concluye.
(http://www.religionenlibertad.com/hizo-un-pacto-con-el-diablo-para-triunfar-en-el-heavy-36894.htm)

miércoles, 29 de octubre de 2014

El rock satánico no es pura imagen comercial... ¡es satánico en serio!


Lo mejor es no infravolar esta subcultura y ayudar a los jóvenes evitarla (lo mismo se diga de la cumbia villera, del rap, del cuarteto, y de los géneros "musicales" similares, que exaltan el hedonismo, el alcoholismo, la violencia, y el desenfreno de las pasiones, porque el satanismo persigue precisamente eso: el desenfreno de las pasiones. N. del R.)

JULIO DE LA VEGA-HAZAS 
El diablo fascina, sobre todo al ignorante o al malvado. Siempre ha sido así, esto no es una novedad. La mezcla de poder oculto, poder al servicio del mal, y la posibilidad fácil de compartirlo, siempre han sido tentadores. Al fin y al cabo, el demonio se dedica a tentar, y si su propia figura sirve al caso, pues estupendo para él.

Lo que es novedoso en la actualidad es la extensión de los medios de comunicación, y la libertad para transmitir los contenidos que se quieran.

Vemos así desde hace años la proliferación de una especie de subcultura de símbolos, imágenes y referencias satánicas. Aquí nos fijaremos solamente en la música.

No se limita al rock –está también, por ejemplo, la música gótica-, pero éste, y en particular el heavy metal (rock duro), se llevan la palma, con numerosos jóvenes, y algunos no tan jóvenes, en un auténtico éxtasis coreando letras de canciones con títulos tan explosivos como “autopista al infierno” (highway to hell).

Hay autores famosos que difunden una imagen de devoción al diablo. Los veteranos Rolling Stones se hacen llamar “sus satánicas majestades”, aunque sus letras no contengan apenas referencias sobre tal patrocinio –eso sí, están llenas de vacío moral-.

Pero quizás la figura más representativa sea la del cantante Brian Hugh Warner, que se hace llamar Marilyn Manson en honor a Marilyn Monroe y a Charles Manson, el satanista que asesinó a la actriz Sharon Tate. Hay, desde luego, bastantes más, y alusiones satánicas en canciones de estilos diferentes al rock & roll.

¿Va en serio, o es pura imagen comercial y filón de ventas? No es nada fácil dar una respuesta precisa. Las entrevistas personales al mencionado Manson revelan más a un cínico más interesado en aprovechar de la imagen que se ha creado que a un auténtico adorador del diablo. Pero esto no se puede generalizar, y, siendo arriesgado precisar, no lo es decir que hay de todo.

Algo parecido puede decirse del público, aunque aquí son gran mayoría los que son arrastrados por una moda de mal gusto sin que su satanismo vaya más allá del puro desenfreno.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que el demonio existe, y donde se mueve más a su gusto y tiene más posibilidades de actuar es precisamente en un ambiente de desenfreno en el que además, se le invoca con reverencia.

Para un público joven –en realidad, para cualquiera- un ambiente así es ya algo necesariamente nocivo, sin necesidad de echar incienso a un bafomet –esa especie de cabra que representa al demonio- o pintar estrellas invertidas de cinco puntas –otro símbolo satánico-.

A fin de cuentas, el diablo mismo a veces se deja ver y otras muchas parece considerar más rentable llevar a los hombres a su terreno sin que se aprecie su presencia.

Y lo que no debe dudarse es que una atmósfera de invocaciones a Satanás es, y se entiende así a cualquier edad, una invitación a la inmoralidad. Éste es el peligro más extendido, y razón más que suficiente para evitar e invitar a evitar ese tipo de ambientes.

Ahora bien, resulta que si a la música “diabólica” le sumamos internet, la cosa se puede poner más fea. Especialmente entre un público joven, toda esta simbología del mal suscita curiosidad, y en la red hay material de sobra para satisfacerla.

De quien va más en serio, y quien va menos; de satanistas individuales, y de grupos –sectas- satánicos. Los textos –libros, revistas- y la parafernalia están a disposición del consumidor.

Cualquiera puede leer lo que escribió Aleister Crowley, un psicópata satánico que vivió hace un siglo y es el principal inspirador del satanismo actual; o puede dejar guiarse por alguien que convierte a una chica en bruja “de verdad” o se adentra en los secretos de Satán; o puede crear un grupo satánico con unos amigos, solicitando por correo materiales y rituales por un precio razonable.
Evidentemente, no todos los asistentes a conciertos de heavy metal de, pongamos por ejemplo, ACDC, acaban así, pero hay un porcentaje que sí se adentra en ese mundo tan poco saludable. Y conviene no tener la ingenuidad de ignorarlo. 

A la vez, sería un error pensar que una vez que alguien cae en las redes del diablo ya no puede desenredarse. A Satanás le gusta presentarse como un rey que todo lo puede en este mundo –con esa actitud intentó tentar al mismo Jesucristo- pero es mentira. Ya ha sido vencido.

Y, en realidad, la mayor parte de estas seducciones diabólicas son bastante efímeras. Es muy común ver gente que, tras una loca adolescencia y primera juventud, acaba sentando la cabeza.

El terreno que aquí se contempla no es una excepción. Las sectas satánicas mismas a que suele dar lugar no duran mucho por lo general.

No son esos grupos que meticulosamente preparan misas negras, sino jóvenes irresponsables con afán de experimentar sensaciones nuevas que cometen algún acto de vandalismo satánico, como profanar alguna tumba, y no suele pasar mucho tiempo antes de que se hastíen, o se den cuenta de la estupidez en la que se han metido, y se disuelvan con la misma rapidez con la que se han formado.

De todas formas, también sería un error pensar que al abandonar ese ambiente todo queda en un recuerdo que no ha dejado huella. Tanto el bien como el mal dejan poso en el hombre.

Remontar desde más abajo siempre costará más que ascender desde más arriba. De ahí que no sea bueno trivializar esa subcultura con un “son cosas de jóvenes, ya se les pasará”.

Es algo nocivo, que hay que ayudar a evitar. Aunque a veces pueda acabar sirviendo para bien, pues cuando uno se ha asomado a los abismos del mal es cuando más atractiva puede surgir la figura de Dios, un Padre, un Hermano –Cristo-, un amigo que nos quiere y ha dado su vida por nosotros, que tantas veces hemos sido ingratos, en ocasiones hasta el punto de jugar a venerar a quien le odia y nos odia. 
(artículo extraído de: http://www.aleteia.org/es/arte-y-espectaculos/articulo/el-rock-satanico-va-en-serio-o-es-pura-imagen-comercial-5902844280438784?page=2)