San Miguel Arcángel pesando las almas en el Juicio Final
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lunes, 30 de diciembre de 2019

El infierno espera a los que callan pecados mortales en la confesión

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El sabio arzobispo de Florencia San Antonino refiere en sus escritos un hecho no menos terrible que el anterior (se refiere al terrible caso de Raymond Diocrés, 1084), y que hacia la mitad del siglo XV había asombrado a todo el Norte de Italia. Un joven de buena familia, que a los diez y seis o diez y siete años había tenido la desgracia de callar un pecado mortal en la confesión, y de comulgar en este estado, Habia ido dilatando de semana en semana y de mes en mes la penosa manifestación de sus sacrilegios, continuando, sin embargo, sus frecuentes confesiones y comuniones por un miserable respeto humano. Atormentado de remordimientos, pretendía acallarlos imponiéndose tan grandes penitencias, que le hacían pasar por un Santo.

   Pero como no lo consiguiese así tampoco, se resolvió a entrar en un convento. “Allí al menos, se decía, lo declararé todo y expiaré seriamente mis afrentosos pecados.” Más, por su desdicha, fué recibido como un Santo por los superiores, que ya le conocían de oídas, y con esto la vergüenza que sentía de aclarar sus graves pecados se sobrepuso una vez más. Dilató su confesión sincera para más adelante; redobló sus penitencias, y un año, dos años, tres años fué pasando en tan deplorable estado, sin atreverse jamás a revelar el peso horrible y vergonzoso que le abrumaba.

   Al fin una enfermedad grave vino, al parecer, a facilitarle el medio de descargar su conciencia. “Ahora voy, se dijo, a confesarlo todo de una vez; voy a hacer una confesión general antes de morir.” Pero sobreponiéndose aún entonces el amor propio al arrepentimiento, embrollo de tal manera la confesión de sus faltas, que el confesor no pudo entenderle. Quedóle todavía un vago deseo de volver sobre aquel asunto al día siguiente; pero le sobrevino un acceso de delirio, y desgraciadamente murió así.

   Los frailes, que ignoraban la horrorosa realidad, se decían unos á, otros: “Si éste no está en el cielo, ¿quién de nosotros podrá entrar allá?” Y hacían tocar a las manos del cadáver cruces, rosarios y medallas.

   El cuerpo fué llevado con cierta especie de veneración a la iglesia del monasterio, y quedó expuesto en el coro hasta la mañana del día siguiente, en que debían celebrarse sus funerales.

   Algunos momentos antes de la hora señalada para el entierro, uno de los frailes, encargado de tocar la campana, se encontró de repente cerca del altar con el difunto, rodeado de cadenas que parecían enrojecidas por el fuego, y mostrando en toda su persona ciertas señales de incandescencia.

   El pobre fraile, lleno de espanto, cayó de rodillas, fijos los ojos en la aterradora aparición; y entonces el réprobo le dijo: “No reguéis por mí: estoy en el infierno por toda la eternidad.” Y enseguida le contó la triste historia de su malhadada vergüenza y de sus sacrilegios, después de lo cual desapareció, dejando en la iglesia un olor infecto, como para atestiguar la verdad de todo lo que el fraile acababa de ver y de escuchar.

   Enterados del caso los superiores, hicieron llevar de allí el cadáver, juzgándole indigno de sepultura eclesiástica.


“EL INFIERNO”

SI LO HAY—QUE COSA SEA—COMO HUIR DE Él.

Por

MONS. DE SEGUR.
(http://sanmiguelarcangel-cor-ar.blogspot.com/2019/12/el-joven-religioso-de-san-antonino-por.html)

jueves, 9 de noviembre de 2017

San Bernardo de Claraval advierte del peligro de posponer la confesión hasta el momento de la muerte


Lo que ocurre inmediatamente después de la muerte: el Juicio Particular y el destino eterno -Cielo o Infierno-, según las obras realizadas libre y voluntariamente.


Los que pecan esperando confesarse a último momento

"Se multiplicaron sus enfermedades y se apresuraron. ¿Por qué evitan los hombres convertirse durante la vida y se fían de la última confesión? ¿Cómo creen que en una sola hora podrán reunir todas las facultades de su alma, dispersas y desparramadas por todo el mundo y por la concupiscencia y malos deseos, hundidas en el fango y pegadas a él con el engrudo del placer?
"No niego", dice el Señor, "que pueda salvar a algunos de estos, pues puedo presentarles toda su vida en un abrir y cerrar de ojos, y moverles a la penitencia y compunción del corazón por medio del Espíritu Santo, que sopla donde quiere y cuando quiere, y de ese modo puedan alcanzar como el ladrón lo que otros apenas son capaces de conseguir con un largo y continuo ejercicio. Pero también os digo esto: No aceptaré sus asambleas de sangre. Es decir, a los que viven en la sangre no los aceptaré en grandes multitudes, ni acogeré a muchos de ellos en mi seno.
En todas las Escrituras solamente encontrarás a uno que se salvó en el último momento, y eso ocurrió durante la pasión del Señor, y porque allí hubo una fe mucho mayor que en todo Israel".
(San Bernardo de Claraval)

jueves, 2 de junio de 2016

Santa Teresa de Jesús nos cuenta sobre el Infierno




“Un día murió cierta persona, que había vivido harto mal y por muchos años. Murió sin confesión, mas con todo esto no me parecía a mí que se había de condenar. Estando amortajando el cuerpo, vi muchos demonios tomar aquel cuerpo y parecía que jugaban con él... Cuando echaron el cuerpo en la sepultura, era tanta la multitud de demonios, que estaban dentro para tomarle, que yo estaba fuera de mí de verlo y no era menester poco ánimo para disimularlo. 
Consideraba qué harían de aquel alma, cuando así se enseñoreaban del triste cuerpo. Ojalá el Señor hiciera ver esto que yo ví a todos los que están en mal estado, que me parece fuera gran cosa para hacerlos vivir bien” (Vida 38,24).

martes, 1 de diciembre de 2015

Efectos admirables de la confesión



Discípulo. —Padre, La confesión, además del perdón de los pecados, ¿proporciona también otras ventajas?

Maestro. —Muchísimas y sorprendentes. Todos nosotros tenemos tres enemigos implacables, funestísimos y obstinados, los cuales día y noche, continuamente ponen acechanzas a nuestras almas. Son ellos: la concupiscencia, el demonio y el mundo. Desde la niñez hasta la tumba, siempre nos persiguen, en todas partes, y en toda edad y condición apresan víctimas. ¡Ay del que no se previene con esta divina medicina de la confesión!

D. — ¿Y la confesión es suficiente para vencer a estos enemigos?

M. —Una confesión aislada no, es menester que se repita con frecuencia. Estos enemigos mortificados una vez con la confesión no mueren, sino que de nuevo, con multiplicada saña, acometen después, transforman y multiplican los lazos para ocasionarnos peores daños. ¡Oh, cuántos sinceramente convertidos, recaen bien pronto en los mismos pecados de antes!

San Felipe Neri refiere de un jovencito que se le presentó resuelto a dejar a toda costa ciertos pecados impuros, a los que estaba habitado. Le oyó amablemente su confesión, y viendo la firme voluntad que tenía de enmendarse, le absolvió en nombre de Jesucristo, y le dijo que se fuese tranquilo; más en cualquier momento en que recayera, que volviese inmediatamente a confesarse. Al día siguiente he ahí de nuevo aquel jovencito a los pies de San Felipe.

— Padre, el demonio ha sido más fuerte que yo. He caído en el mismo pecado.

— ¿Estás arrepentido?

— Sí Padre.

— Pues bien, yo te absuelvo, ve en paz: más después de la primera recaída vuelve de nuevo a caer. Al tercero, al cuarto, al quinto día hételo, de hinojos a los pies del santo a confesar sus acostumbradas recaídas, y en esta forma se repitió el caso por doce o trece veces con intervalos más o menos largos, hasta que, finalmente triunfó de su defecto y llegó a ser tan puro y casto, que San Felipe le recibió entre sus hijos, convertido en celoso apóstol.

Así que la confesión, repetida constantemente, acaba por ser más fuerte que el demonio, vence al demonio impuro de sus más obstinados asaltos.

D. —Padre, ¿se repiten tales casos de recaídas?

M. —Frecuentemente, en los adultos y sobre todo en los jóvenes.

D. —Y entonces, ¿qué hacer?

M. —Entonces es necesario repetir cada vez o inmediatamente la confesión. Así como no basta una sola inyección para matar el microbio del tifus o de la tisis, tampoco no basta una sola confesión para esterilizar el microbio de la concupiscencia, que circula en nuestra sangre. La confesión tiene fuerza especialísima contra la sensualidad, tanto que, como dicen eminentes personajes, casi no se puede creer que sean castos, sino aquellos que se confiesan, sea cual fuere su estado o condición. Podrá ser que se esté lejos de ciertos excesos, pero no se tendrá la absoluta integridad de costumbres sin la confesión frecuente.

D. — ¿Será por esto, que se la recomienda tanto, especialmente a la juventud?

M. —Por eso es precisamente, puesto que manifiesta mayormente toda la eficacia victoriosa de la confesión. En este terreno virgen es en donde se revela propiamente como talismán preservativo de la juventud. ¡Oh, cuan bello espectáculo presenta a los ojos de Dios y de los hombres tanta multitud de jóvenes, desde temprano acostumbrados a la frecuencia de este sacramento!

D. — ¿Tenían, pues, razón San José B. Cottolengo y San Juan Bosco de inculcarla tanto en sus institutos?

M. —Sí, por cierto. Don Bosco, y con él todos los mejores educadores, han comprendido que si se quiere preservar eficazmente a la encantadora infancia de ambos sexos de la pérdida de la inocencia no existe otro medio más seguro que la confesión frecuente.

D. —Si no me engaño, también el Papa San Pío X decretó ciertas cosas respecto a la confesión de los niños, ¿no es verdad, Padre?

M. —Bendita mil veces la santa y gratísima memoria de este vigilante Pontífice, que para remediar tantos abusos y costumbres aviesas, introducidas a raíz de cavilosas y perjudiciales interpretaciones, por decreto del 8 de mayo de 1910, estableció que la edad para la confesión y comunión de los niños es aquella en la cual el niño empieza a tener uso de razón, es decir, aún antes de los siete años; y que la costumbre de no admitir a la confesión y de no absolver a los niños que ya llegaron al uso de la razón, es absolutamente reprobable, cargando toda la responsabilidad sobre los padres, sobre el confesor, sobre los maestros y sobre el Párroco.

D. —De modo que según usted, la confesión frecuente ¿sería indispensable a todos, chicos y grandes?

M. —Sí, la confesión frecuente es indispensable a todos; y tengan todos presente, que si quieren vencer al mortal enemigo del alma, si quieren preservarse de todo género de impureza, si quieren que sus subordinados consigan tales victorias, deben ir a confesarse, llevar a confesarse, mandar que vayan a confesarse.

¡Pruébenlo y verán cuan poderoso es Jesús!

Un día se presenta a San Juan Bosco un sacerdote, párroco de un importante pueblo de Monferrato, el cual echándose a sus pies y besándole la mano, prorrumpió en abundante llanto. El Santo lo levántala y amorosamente se puso a interrogarle por la causa de tanta angustia.

—Don Bosco, le dice el sacerdote, estoy resuelto a abandonar mi parroquia, veo que soy incapaz de hacer el menor bien; mis fatigas son correspondidas siempre con la mayor indiferencia y frialdad. Abunda la blasfemia, las palabras obscenas, la profanación de los días festivos, las malas costumbres, el baile, el escándalo. Le suplico, Don Bosco, que me aconseje lo que debo hacer.

— ¿Desde cuánto tiempo sucede esto?

— Desde muchos años, y va siempre de mal en peor.

— ¿Ha rogado, ha procurado que rueguen otros?

— ¡Figúrese, Padre, si he rogado! He hecho novenas, votos, mas todo ha sido inútil.

— ¿Y a la Iglesia, a los Sacramentos, acuden?

— A la Iglesia vienen bastantes, también se frecuentan los Sacramentos; más después…

–– ¿Se hacen bien las confesiones?

–– ¡Ay! Este es mi mayor temor y mi mayor pena.

— Pues bien. Haga esto. Vuélvase tranquilo a casa, desde ahora en adelante no predique otra cosa que sobre la excelencia de la confesión, la importancia de la confesión bien hecha.

Obedeció aquel celoso sacerdote y después de tres años, encontrándose con el mismo Don Bosco en una sala de espera de la estación de Asti, se le hincó otra vez a los pies, y besándole muchas veces la mano con afectuosa efusión no acababa de darle gracias por tan luminoso consejo: “Lo he puesto en práctica, le decía, y mi parroquia se transformó como por encanto; gusto a cada momento de nuevas e indecibles consolaciones”.

D. —Don Bosco era santo, ¿no es así Padre?

M. —Era un hombre lleno de espíritu de Dios, conocedor del mundo, profundo escrutador de los corazones y, como Felipe Neri, celoso propugnador de la confesión frecuente, la cual si hoy en día no se practica cuanto fuera de desear, y no siempre con el debido fruto, es porque no se conoce suficientemente.

La confesión, además de ser el más grande remedio, es también el milagroso sacramento que bastaría por sí solo para contener al mundo entero.

D. — ¿Es posible?

M. —He aquí una muestra en un hecho histórico de la vida de Don Bosco.

En el año 1855. S. Juan Bosco había predicado tres días de ejercicios espirituales a los jóvenes de la Generala de Turín, que es un instituto correccional de díscolos. Cuando los hubo confesado todos, pidió y obtuvo, después de mucha insistencia del mismo ministro Urbano Ratazzi, de llevarlos en corporación, en número de trescientos cincuenta, a paseo hasta el parque real de Stupinigi, distante cuatro millas de Turín. La más bulliciosa alegría reinó hasta la tarde; y cuando los volvió a llevar a casa en el mayor orden, se vio que ninguno había faltado al llamarle. Imposible imaginarse el asombro de todos al ver como un pobre sacerdote solo, sin guardias, ni carabineros, hubiera podido mantener ordenados y sumisos a tan gran número de corrigendos, cuando no bastaban para ello los más severos reglamentos ni las más rigurosas celdas. Es que no sabían que el gran secreto de Don Bosco era la confesión, y que la confesión vale mucho más como medio educativo, que todos los regimientos de carabineros y guardias reales.

D. —Verdaderamente, Padre, la confesión es poderosa. ¡Oh, si los padres se valieran de tan rico tesoro, cuánto mejor se educaría la juventud, y cuánto mayor respeto, obediencia y moralidad se tendría en la familia!

M. —Sin duda de ninguna clase. Efectivamente, no temo exagerar si digo, que entre cien personas que frecuentan la confesión y lo hacen con sincera voluntad de progresar difícilmente se encontrará un pecado mortal; y por el contrario, confesando sólo dos que raramente se confiesan, difícilmente dejarán de encontrarse pecados mortales.

D. —Al modo como una casa que se barre con frecuencia, como un vestido que se cepille a menudo, como la cara, cuando se lava todos los días, se mantienen pulcros, así sucede con el alma que se confiesa con frecuencia, ¿no es verdad, Padre?

M. – Muy cierto.

Padre Luis José Chiavarino

domingo, 28 de diciembre de 2014

Armas contra el demonio: la Palabra de Dios, el Rosario, la confesión frecuente y la participación en la Santa Misa.



No basta saber que existen los demonios, sino que es preciso también conocer cómo actúan para prevenir y rechazar sus ataques y no caer en sus trampas”, advirtió el exorcista de la diócesis de Roma

El presidente de la Asociación Internacional de Exorcistas, P. Francesco Bamonte, compartió algunos consejos sobre las mejores armas para hacer frente al diablo, y advirtió que no es suficiente saber que los demonios existen, sino que es preciso conocer cómo actúan para no caer en sus trampas.

En entrevista con Radio Vaticano, al poco tiempo de que la Asociación Internacional de Exorcistas recibiera el reconocimiento jurídico de la Congregación para el Clero en la Santa Sede, el P. Francesco Bamonte señaló que “los demonios actúan en la historia personal y comunitaria de los hombres, tratando de propagar entre los hombres la elección del mal”.

“Por eso, no basta saber que existen, sino que es preciso también conocer cómo actúan para prevenir y rechazar sus ataques y no caer en sus trampas”, advirtió el exorcista de la diócesis de Roma.

El P. Bamonte señaló que “sin duda, el fundamento de la predicación y de las enseñanzas del Papa Francisco es Jesucristo; pero el Papa nos exhorta a no olvidar lo que la Sagrada Escritura nos dice: que los demonios existen: son ángeles creados por Dios que se transformaron en malvados porque libremente eligieron rechazar a Dios y su Reino, dando origen así al infierno.

“El Papa ha descrito a menudo cómo actúan los demonios a través de la tentación para separar a los hombres de Cristo. De hecho, quieren que seamos como ellos; no quieren la santidad de Cristo en nosotros, no quieren nuestro testimonio cristiano, no quieren que seamos discípulos de Jesús”.

El exorcista recordó que “el Papa también ha subrayado varias veces que los demonios –que son repelentes y repugnantes– se disfrazan de ángeles de luz para hacerse atractivos y engañar mejor a los hombres. Jesús en el Evangelio nos enseña cómo luchar y vencer a los demonios con su gracia”.

Para hacer frente a las tentaciones de los demonios, el sacerdote enumeró cuatro armas muy poderosas: la Palabra de Dios, el Rosario, la confesión frecuente y la participación en la Santa Misa.

El presidente de la Asociación Internacional de Exorcistas aseguró que “el arma poderosa, ante todo, es la lectura y la meditación de la Palabra de Dios, como dice el Papa Francisco, que nos ha invitado a llevar siempre en el bolsillo un Evangelio. En nuestro interior, esta Palabra, cuando entra, vive, actúa y nos llena de la gracia del Espíritu Santo”.

“Y luego está el Rosario, el encomendarse a la Virgen, a quien el demonio odia especialmente”.

La tercera arma, dijo, es “la confesión frecuente: reconocernos pecadores humildemente, confesar nuestros pecados y pedir a Dios la fuerza para no pecar más”.

A continuación recomendó “la participación en la Santa Misa los días festivos. Y también la lucha contra nuestros vicios, contra lo que el pecado original ha dejado en nosotros, para que triunfe el hombre nuevo en Cristo”.

El P. Francesco Bamonte señaló que la presencia de un sacerdote exorcista en una diócesis “es importantísima”.

“De hecho, cuando no hay un sacerdote exorcista, a menudo la gente se dirige a magos, hechiceros, lectores de cartas y del futuro, Sectas”.

El presbítero señaló que “no tiene sentido pensar que si las personas saben que hay un exorcista en su diócesis, serán más propensas a creer que son víctimas de una posesión diabólica. La primera preocupación de todo exorcista con buen sentido es evitar que se forme o se mantenga la creencia de una posesión cuando ésta no existe”.

El P. Bamonte indicó que “el exorcista es ante todo un evangelizador, un sacerdote, por lo que sea cual sea el origen del mal que padece quien acude a él, sea o no sea una auténtica forma de acción extraordinaria del demonio. El sacerdote exorcista se esfuerza por infundir serenidad, paz, confianza en Dios y esperanza en su gracia”.

“Y cuando se comprueba realmente la existencia de un caso de posesión diabólica, el sacerdote exorcista acompañará a esos hermanos y hermanas que sufren a causa del maligno, con humildad, fe y caridad, para sostenerlos en la lucha, para darles ánimos en el duro camino de la liberación, y para reavivar en ellos la esperanza”.

El exorcista de la diócesis de Roma indicó que en su experiencia ha encontrado “hombres y mujeres perfectamente sanos de mente, pero expuestos a un nivel de sufrimiento difícilmente imaginable”.

“Ante tanto dolor es imposible permanecer indiferente: deseo sinceramente que muchos otros hermanos sacerdotes se den cuenta de esta dramática realidad, a menudo ignorada o subestimada. El exorcismo es una forma de caridad en beneficio de personas que sufren. Está dentro de las obras de misericordia corporal y espiritual”, aseguró.

Los exorcistas en Roma, dijo el sacerdote, “cuentan con la ayuda de un equipo de voluntarios formado por médicos especialistas en psiquiatría y psicoterapeutas, que evalúan si es necesario los aspectos médicos. Hay personas que confunden problemas de origen médico con problemas de origen espiritual. Los casos que se consideran serios y en los que debe intervenir un sacerdote exorcista son limitados”.

La reciente creación de la Asociación Internacional de Exorcistas, que él preside, “es un signo de los tiempos”, dijo, pues “el Espíritu Santo, en respuesta a las exigencias especiales de nuestra época, ha suscitado una toma de conciencia de que entre los mandatos que Cristo a la Iglesia, está incluido el de expulsar a los demonios en su Nombre”.

“Al mismo tiempo, el Espíritu Santo ha inspirado en la Iglesia una asociación de sacerdotes exorcistas para que tengan la fuerza que deriva del estar en comunión con otros hermanos que ejercen el mismo ministerio; y para que, encontrándose periódicamente y compartiendo sus experiencias, puedan ofrecer una ayuda más eficaz a quienes se dirigen a ellos”.

 

Fuente: ACI/EWTN Noticias

jueves, 18 de septiembre de 2014

Sueño de Don Bosco: Las confesiones y los lazos del demonio
























«El día 4 de abril don Bosco contó el siguiente sueño a todos los jóvenes reunidos en el salón de estudio después de las oraciones de la noche:
«Me encontraba cerca de la puerta de mi habitación, y al salir miré a mi alrededor y me vi en la iglesia, en medio de una muchedumbre tal de jóvenes, que el templo parecía completamente abarrotado. Estaban allí los alumnos del Oratorio de Turín, los de Lanzo, los de Mirabello y otros muchos a los cuales no conocía. No rezaban, sino que parecía que se estaban preparando para confesar. Una cantidad inmensa de ellos asediaba mi confesionario, esperándome, debajo del púlpito.
Yo, después de haber observado un poco, me puse a considerar cómo conseguiría confesar a tantos muchachos. Pero después temí estar dormido, soñando, y, para cerciorarme de que no lo estaba, comencé a palmotear y sentía el ruido; y, para asegurarme aún más, alargué el brazo y toqué la pared, que está detrás de mi pequeño confesionario. Seguro ya de que estaba despierto, me dije:
-Ya que estoy aquí, confesemos.
Y comencé a confesar.
Pero pronto, al ver a tantos jóvenes, me levanté para ver si había otros confesores que me ayudasen; y, no encontrando ninguno, me dirigí a la sacristía en busca de algún sacerdote que quisiese escuchar confesiones. Y he aquí que vi por una parte y por otra a algunos jóvenes que llevaban al cuello una cuerda que les apretaba la garganta.
-¿Por qué tenéis esa cuerda al cuello? Quitáosla, les dije.
Pero no me respondían y se quedaban mirándome con fijeza.
-Vamos, repetí a alguno; quítate esa cuerda.
El joven, al cual yo había dado esta orden, se avino a ello, pero me dijo:
-No me la puedo quitar; hay uno detrás que la sujeta. Venga a ver.
Volví entonces la mirada con mayor atención hacia aquella multitud de muchachos y me pareció ver sobresalir por detrás de las espaldas de muchos de ellos dos larguísimos cuernos. Me acerqué un poco más para ver mejor, y, dando la vuelta por detrás del que tenía más cerca, vi un horrible animal, de hocico monstruoso, forma de gatazo y largos cuernos, que apretaba aquel lazo. La bestia aquella bajaba el hocico, lo escondía entre las patas delanteras, y se encogía como para que no le viesen. Yo me dirigí a aquel joven víctima del monstruo y a algunos otros preguntándoles sus nombres, pero no me quisieron responder; al preguntarle a aquel feo animal se encogió aún más. Entonces dije a un joven:
-Mira, ve a la sacristía y dile al P. Merlone que te dé el acetre del agua bendita.
El muchacho volvió pronto con lo que yo le había pedido, pero entre tanto yo había descubierto que cada uno de los jóvenes tenía a sus espaldas un servidor tan poco agraciado como el primero y que, éste, también se agazapaba.
Yo temía estar aún dormido. Tomé entonces el hisopo y pregunté a uno de aquellos gatazos:
-Dime: ¿quién eres?
El animal, que no dejaba de mirarme, alargó el hocico, sacó la lengua y después se puso a rechinar los dientes como en actitud de arrojarse sobre mí.
-Dime inmediatamente qué es lo que haces aquí ¡bestia horrible! Ya puedes enfurecerte todo lo que quieras, que no te temo. ¿Ves? Con esta agua te voy a dar un buen baño.
El monstruo siempre agazapado me miraba; después comenzó a hacer contorsiones con el cuerpo de tal forma, que las patas de atrás le llegaban a tocar los hombros por delante. Y de nuevo quería arrojarse sobre mí. Al mirarlo detenidamente vi que tenía en la mano varios lazos.
-¡Vamos! Dime: ¿qué haces aquí?
Y al decir esto, levanté el hisopo. Hizo él unas contorsiones y quería huir.
-No te escaparás, continué diciendo; te ordeno que te quedes aquí.
Lanzó una serie de gruñidos y me dijo:
-¡Mira!
Y me enseñó los lazos.
-Dime qué son esos tres lazos, añadí; ¿qué significan?
-¿No lo sabes? Desde aquí, me dijo, con estos tres lazos obligo a los jóvenes a que se confiesen mal: de esta manera llevo conmigo a la perdición a la décima parte del género humano.
-¿Cómo? ¿De qué manera?
-¡Oh! No te lo diré porque tú se lo descubrirás.
-¡Vamos! Quiero saber qué significan estos tres lazos. ¡Habla! De lo contrario te echaré encima el agua bendita.
-Por favor, envíame al infierno pero no me eches esa agua.
-En nombre de Jesucristo, pues.
El monstruo, contorsionándose espantosamente, respondió:
-El primer modo con que aprieto este lazo es haciendo callar a los jóvenes los pecados en la confesión.
-¿Y el segundo?
-El segundo, incitándoles a que se confiesen sin dolor.
-»Y el tercero:
-El tercero no te lo quiero decir.
-¿Cómo? ¿Que no me lo quieres decir? Entonces te rociaré con agua bendita.
-No; no hablaré; y comenzó a gritar desaforadamente: ¿Es que no te basta? ¡Ya he dicho demasiado!
Y tornó a enfurecerse.
-Quiero que me lo digas para comunicárselo a los Directores.
Y repitiendo la amenaza levanté el brazo. Entonces comenzó a despedir llamas por sus ojos, después unas gotas de sangre y dijo:
-El tercero es no hacer propósito firme y no seguir los consejos del confesor.
-¡Bestia horrible!, le grité por segunda vez.
Y mientras quería preguntarle otras cosas e intimarle a que me descubriese la manera de remediar un mal tan grande y hacer vanas sus artimañas, todos los otros horribles gatazos, que hasta entonces habían procurado pasar desapercibidos, comenzaron a producir un sordo murmullo, después prorrumpieron en lamentos y gritos contra el que había hablado provocando una sublevación general.
Yo, al contemplar aquella revuelta, y convencido de que no sacaría ya ventaja alguna de aquellos animales, levanté el hisopo y arrojando el agua bendita sobre el gatazo que había hablado, le dije:
-¡Ahora, vete!
Y desapareció.
Después eché agua bendita por todas partes. Entonces, haciendo un grandísimo estrépito, todos aquellos monstruos se dieron a una precipitada fuga, unos por una parte, otros por otra. Y al producirse aquel ruido me desperté y me encontré en mi lecho.
¡Oh, queridos jóvenes, cuántos de los que yo jamás habría sospechado, tenían el lazo al cuello y el gatazo a las espaldas! Ya sabéis qué simbolizan esos tres lazos. El primero, que sujeta a los jóvenes por el cuello, simboliza el callar pecados en la confesión. El lazo les obliga a cerrar la boca para que no se confiesen del todo: o bien para que digan de ciertos pecados que cometieron cuatro veces que solamente incurrieron en ellos tres. El que tal hace, falta contra la sinceridad de la misma manera que el que calla pecados. El segundo lazo es la falta de dolor; y el tercero la falta de propósito. Por tanto, si queremos romper estos lazos y arrebatarlos de las manos del demonio, confesemos todos nuestros pecados y procuremos sentir un verdadero dolor de ellos y hagamos un firme propósito de obedecer al confesor.
Aquel monstruo, poco antes de montar en cólera, me dijo también:
-Observa el fruto que los jóvenes sacan de las confesiones. El fruto principal de ellas debe ser la enmienda; si quieres conocer si yo tengo a los jóvenes sujetos con los lazos, observa si se encomiendan o no.
Debo añadir que quise también que el demonio me dijera por qué se ponía detrás, a las espaldas de los jóvenes, y me respondió:
-Para que no me vean y poderlos arrastrar más fácilmente a mi reino.
Pude comprobar que eran muchísimos los que tenían a las espaldas aquellos monstruos, más de los que yo hubiera sospechado.
Dad a este sueño el alcance que queráis; lo cierto es que he querido observar y comprobar si era cierto cuanto he soñado y he sacado como consecuencia que se nos ofrece una verdadera realidad. Aprovechemos, pues, la ocasión que se nos ofrece de ganar la indulgencia plenaria, haciendo una buena confesión y una santa comunión. Hagamos lo posible por vernos libres de estos lazos del demonio.
El Padre Santo concede indulgencia plenaria a todos los que, el día del quincuagésimo aniversario de su primera misa, el próximo domingo, día 11 de abril, confesados y comulgados, rueguen según la intención de la Santa Iglesia. El sábado tendrá una audiencia privada del Padre Santo el caballero Oreglia, el cual le ofrecerá el Álbum con la firma de todos los alumnos del Oratorio y de las demás casas.
Mientras tanto mirad si, tiempo atrás, habéis cumplido las condiciones necesarias para hacer una buena confesión: yo os encomendaré a todos el domingo en la santa misa.»
Memorias Biográficas de Don Bosco. Volumen 9. Capítulo 47.

viernes, 18 de julio de 2014

LAS ARMAS MÁS PODEROSAS CONTRA EL DIABLO: MEDITAR LA PALABRA DE DIOS, EL ROSARIO, LA CONFESIÓN, LA MISA



-Entrevista al presidente de la Asociación Internacional de Exorcistas, P. Bamonte: “No basta saber que los demonios existen, sino que es preciso conocer cómo actúan para no caer en sus trampas”

Recientemente, la Asociación Internacional de Exorcistas obtuvo el reconocimiento jurídico de la Congregación para el Clero, en el Vaticano. Con este motivo, el presidente de la Asociación, Padre Francesco Bamonte –de los siervos del Corazón Inmaculado de María-, exorcista de la diócesis de Roma, concedió una entrevista a Radio Vaticana. 

P.- El Papa Francisco ha mencionado muchas veces al demonio en sus homilías, recordándonos su existencia real y su actuar. 

R. – Sin duda, el fundamento de la predicación y de las enseñanzas del Papa Francisco es Jesucristo; pero el Papa nos exhorta a no olvidar lo que la Sagrada Escritura nos dice: que los demonios existen: son ángeles creados por Dios que se transformaron en malvados porque libremente eligieron rechazar a Dios y su Reino, dando origen así al infierno. 

Los demonios actúan en la historia personal y comunitaria de los hombres, tratando de propagar entre los hombres la elección del mal. Por eso, no basta saber que existen, sino que es preciso también conocer cómo actúan para prevenir y rechazar sus ataques y no caer en sus trampas. 

El Papa ha descrito a menudo cómo actúan los demonios a través de la tentación para separar a los hombres de Cristo. De hecho, quieren que seamos como ellos; no quieren la santidad de Cristo en nosotros, no quieren nuestro testimonio cristiano, no quieren que seamos discípulos de Jesús. 

El Papa también ha subrayado varias veces que los demonios –que son repelentes y repugnantes- se disfrazan de ángeles de luz para hacerse atractivos y engañar mejor a los hombres. Jesús en el Evangelio nos enseña cómo luchar y vencer a los demonios con su gracia. 

P. – ¿Cuáles son las armas más poderosas contra el diablo?

R. – El arma poderosa, ante todo, es la lectura y la meditación de la Palabra de Dios, como dice el Papa Francisco, que nos ha invitado a llevar siempre en el bolsillo un Evangelio. En nuestro interior, esta Palabra, cuando entra, vive, actúa y nos llena de la gracia del Espíritu Santo. 

Y luego está el Rosario, el encomendarse a la Virgen, a quien el demonio odia especialmente. Y la confesión frecuente: reconocernos pecadores humildemente, confesar nuestros pecados y pedir a Dios la fuerza para no pecar más. La participación en la Santa Misa los días festivos. Y también la lucha contra nuestros vicios, contra lo que el pecado original ha dejado en nosotros, para que triunfe el hombre nuevo en Cristo. 

P.- La presencia de un sacerdote exorcista en la diócesis ¿es necesaria?

R.- Es importantísima. De hecho, cuando no hay un sacerdote exorcista, a menudo la gente se dirige a magos, hechiceros, lectores de cartas y del futuro, sectas… Por otra parte, no tiene sentido pensar que si las personas saben que hay un exorcista en su diócesis, serán más propensas a creer que son víctimas de una posesión diabólica. La primera preocupación de todo exorcista con buen sentido es evitar que se forme o se mantenga la creencia de una posesión cuando ésta no existe. 

El exorcista es ante todo un evangelizador, un sacerdote, por lo que sea cual sea el origen del mal que padece quien acude a él, sea o no sea una auténtica forma de acción extraordinaria del demonio, el sacerdote exorcista se esfuerza por infundir serenidad, paz, confianza en Dios y esperanza en su gracia. 

Y cuando se comprueba realmente la existencia de un caso de posesión diabólica, el sacerdote exorcista acompañará a esos hermanos y hermanas que sufren a causa del maligno, con humildad, fe y caridad, para sostenerlos en la lucha, para darles ánimos en el duro camino de la liberación, y para reavivar en ellos la esperanza. 

P.- ¿Es grande el sufrimiento de las personas que sufren realmente el estado de posesión diabólica?

R.- En mi experiencia, como en la de muchos otros exorcistas –naturalmente relativa a personas realmente poseídas- encuentro hombres y mujeres perfectamente sanos de mente, pero expuestos a un nivel de sufrimiento difícilmente imaginable. 

Ante tanto dolor es imposible permanecer indiferente: deseo sinceramente que muchos otros hermanos sacerdotes se den cuenta de esta dramática realidad, a menudo ignorada o subestimada. El exorcismo es una forma de caridad en beneficio de personas que sufren. Está dentro de las obras de misericordia corporal y espiritual.

P. – Hablemos del servicio que ofrece el Vicariado de Roma…

R.- En algunas diócesis se ofrece un servicio de “primera escucha” para quienes piden un exorcista. Los sacerdotes cuentan con la ayuda de un equipo de voluntarios formado por médicos especialistas en psiquiatría y psicoterapeutas, que evalúan si es necesario los aspectos médicos. Hay personas que confunden problemas de origen médico con problemas de origen espiritual. Los casos que se consideran serios y en los que debe intervenir un sacerdote exorcista son limitados.

P.- La Asociación Internacional de Exorcistas que se ha creado recientemente es una novedad en la Iglesia

R.- En la larga historia de la Iglesia, aún no se había constituido una Asociación Internacional de Exorcistas: esto es un signo de los tiempos. El Espíritu Santo, en respuesta a las exigencias especiales de nuestra época, ha suscitado una toma de conciencia de que entre los mandatos que Cristo a la Iglesia, está incluido el de expulsar a los demonios en su Nombre. 

Al mismo tiempo, el Espíritu Santo ha inspirado en la Iglesia una asociación de sacerdotes exorcistas para que tengan la fuerza que deriva del estar en comunión con otros hermanos que ejercen el mismo ministerio; y para que, encontrándose periódicamente y compartiendo sus experiencias, puedan ofrecer una ayuda más eficaz a quienes se dirigen a ellos. 

El Papa Francisco envió un mensaje en septiembre a los exorcistas italianos, expresando su aprecio por el servicio eclesial que realizan con el ministerio del exorcismo, ejerciendo una forma de caridad en beneficio de personas que sufren y necesitan liberación y consuelo.
(extraído de News.va)

lunes, 10 de marzo de 2014

Confesiones grabadas de lo que le agrada y desagrada al demonio


El libro Catechesi di Satana, recoge la compilación que el padre Marcello Pellegrino Ernetti realizó sobre las palabras dichas por el mismo demonio, por boca de los posesos, durante exorcismos cuando se les ordenó en el nombre de Jesús que confesaran lo que le más le agrada y desagrada.


Las palabras de los demonios fueron registradas en grabadoras por los colaboradores del padre Ernetti. El valor y veracidad de este documento está corroborado por los testigos que estuvieron presentes en dichos exorcismos y confirman los testimonios.
Resumiendo, lo que más le desagrada es:
* La confesión, donde Cristo lava nuestras almas con su sangre preciosa.
* La Eucaristía, que nos alimenta con el Cuerpo y la Sangre de Jesús.
* La adoración eucarística, donde continuamos la unión con Jesús.
* El amor a María y el rezo del rosario.
* Las apariciones de la Virgen, que nos llevan a la conversión.
* La obediencia al Papa, representante de Jesús en la tierra.
* La oración de las almas contemplativas.
Por el contrario, dice el padre Pellegrino, que lo que más le agrada es:
* La profanación de las hostias consagradas.
* El aborto, que es la matanza de niños inocentes.
* La droga, que hace alocarse a los jóvenes.
* El divorcio, que destruye a las familias.
* Las faldas cortas y los vestidos indecentes de las mujeres.
* Los eclesiásticos que niegan su existencia
LO QUE DESAGRADA MÁS AL DEMONIO
LA CONFESIÓN
“¡Qué estúpido invento! ¡Cuánto daño me hace! Me hace sufrir… Aquella Sangre de vuestro falso Dios!!! (la Sangre de Cristo que se derrama en la Confesión para limpiar de los pecados)… ¡Cómo me aplasta, cómo me destruye… lava vuestras almas y me hace escapar!!! (gritos horribles de espanto)… ¡ahh esta Sangre, esta Sangre, es mi dolor más atroz!!!. Pero… ¡¡¡he encontrado sacerdotes que no creen más en la Confesión y mandan a los cristianos a recibir al falso Dios en pecado… ¡Bien, bien, bravísimo!!!…¡Cuántos sacrilegios hago cometer!”
LA COMUNIÓN
“¡¡¡Esa comida donde se come y bebe la Sangre del Crucificado que yo he matado¡¡¡ Aquí me encuentro desarmado!!!. ¡¡¡No tengo fuerzas para luchar!!!. ¡Los que se alimentan de esta Carne y beben de esta Sangre se hacen fortísimos contra mí, se hacen invencibles a mis astutas seducciones y tentaciones!!!. Parecen diferentes a los otros, ya que poseen una luz especial por la que me rechazan rápidamente y se alejan de mí y me rechazan como a un perro… ¡Qué tristeza! ¡Qué dolor! Pero yo los persigo ferozmente y muchos van a comer la hostia en pecado… ¡Qué alegría para mí!”
LA ADORACIÓN AL SANTÍSIMO
“¡Adorar un pedazo de pan! ¡Cuántos insensatos pierden horas y horas, día y noche, de rodillas, adorando un pedazo de pan, escondido en una caja sobre el altar del falso Dios! (se refiere a la Hora de Adoración Eucarística). ¡Cuánta rabia me dan estas personas!… ¡¡¡Así destruyen todas las malas obras que hago haciendo cometer incontables sacrilegios a los cristianos, a los sacerdotes, a las religiosas y a los obispos!!!. ¡Sí, cuántos sacrilegios, y son una incesante victoria mía!. Pero: ¡cuánta rabia me dan estas adoraciones irracionales!”
EL ROSARIO
“Odio el Rosario, ese cacharro devastador y podrido de aquella Mujer (La Ssma Virgen María)!!!. El Rosario es para mí como un martillo que me destroza y corta la cabeza!!!. ¡¡¡Ahiiiiiiii!!!!!. Es la invención de los falsos cristianos, que no me obedecen y siguen a aquella Mujer. ¡Son unos falsos, falsos.. En vez de escucharme a mí que reino en todo el mundo, estos falsos cristianos se van a rezar a aquella Mujer, mi primera enemiga con ese cacharro!!! (el Rosario). ¡Oh, cuanto mal me hacen!” (gritos de espanto)
LAS APARICIONES DE MARÍA
“El mal más grande de este tiempo son las continuas apariciones de esta Mujer en todo el mundo. En todas las naciones se aparece y me persigue, quitándome de mis manos numerosas almas, millares y millares, por oír sus falsos mensajes…Por suerte me defienden aquellos obispos y sacerdotes que no creen en Aquella innoble Señora… No creen y así atraen el caos… ¡¡¡bravo, bravo para estos apóstoles míos de la herejía!!! ¡¡¡¡ja,ja,ja,ja,ja!!!”.
EL PAPA
“¡¡¡Lo que mayormente me destruye es la obediencia de asnos que algunos tienen hacia aquel hombre vestido de blanco (el Papa), que manda en nombre de vuestro falso Salvador y Redentor!!!. ¡Qué burros que son, que ovejas, qué poco inteligentes!. ¡Obedecer a un hombre que ama a aquella Mujer, (la Ssma Virgen María) que me persigue desde siempre! ¡Qué vergüenza! ¡Esto destroza mi reino!. Pero yo he suscitado cientos de sacerdotes, hermanos, teólogos y obispos que le hacen la guerra!!!. ¡¡¡Guerra sin fronteras a ese payaso blanco!!!. ¡¡¡Soy yo el que venceré, yo venceré!!! ¡¡¡¡ja,ja,ja,ja,ja!!!”. Lo haré morir, asesinar… le daré una muerte espantosa!!!. ¡Es muy odioso para mis seguidores, ese polaco (el Papa Juan Pablo II) que ama a la Señora…!¡ con esa propaganda que hace del Rosario de la innoble Señora como su oración preferida! ¡Qué cobarde… qué asno… me aplasta… me destruye! ¡¡¡ohohohohohohohoho!!! (gritos de espanto).
LAS MONJAS CONTEMPLATIVAS DE CLAUSURA
“¡Me preocupan mucho aquellas siervas con la cabeza cubierta, que abandonan todo y a todos para recluirse dentro de cuatro muros y sacrificar todo lo que es bueno y bello por aquel Dios a quien solo yo he vencido!”.
“¡Día y noche, ellas se mortifican, no duermen lo suficiente con vigilias y ayunos inconscientes e inconsistentes…, no duermen lo suficiente… no comen según la necesidad del apetito y el cuerpo, que reclama el alimento necesario… no hablan libremente siempre y en todas partes… silenciosas… con cara seria… llenas de tristeza, la más inhumana… rezan, cantan!…¿y por qué hacen todo este sacrificio?. ¿Por qué motivos particulares, por qué fin, con qué resultados?… La gran mayoría de ellas, por fortuna, son personas poco o casi nada inteligentes… obtusas de mente… abúlicas de voluntad, que se dejaron arrastrar por algún sacerdote descontento…¡Pobres mujeres tontas que no saben ni conocen el verdadero placer del sexo con todo el placer que da!… “¡Pobres sirvientas que no han sentido nunca las sensaciones de la carne que dan los abrazos y los besos de mis hombres!… ¡Sin embargo a cuantas hago caer y las reduzco a una vida rutinaria, privada de todo fervor, estéril, arrojándolas a los extremos de la acedia!. Sí, debo hacer en ellas un verdadero estrago, porque de estas religiosas claustrales yo tengo terror!, ¡y qué miedo terrible!”.
“¡Son mis enemigos más terribles y aguerridos, me quitan de las manos tantas almas de hombres y mujeres, de toda clase y condición!. ¡Qué enemigos tan terribles!. Cuando comienzan a rezar por la conversión de un alma para arrancármela no se detienen e insisten una y otra vez… ¡son tenaces y obstinadas!… Pero cuando no son suficientes las largas y extenuantes oraciones a su falso Dios Crucificado, -de quien se declaran sin vergüenza sus esposas-, entonces comienzan a hacer extenuantes penitencias de todo género.. ¡Qué enemigos tengo… qué soldados de primer asalto! ¡He intentado tantas veces de disminuir las vocaciones a tan estúpida vida… pero, por desgracia todavía no he tenido éxito!… ¡Son demasiadas todavía las mujerzuelas estúpidas y tontas que viven así… aunque muchas veces ingresan profesionales con títulos académicos!”.
LOS EXORCISTAS
“Pero mis verdaderos perseguidores, los más acérrimos y feroces, son aquellos que se llaman “exorcistas”… ¡Qué horribles personajes!… ¡qué desgracia para el mundo!… Por fortuna, todavía son pocos, poquísimos, porque yo persuado a los obispos para que no los nombren, y éstos me creen y me obedecen, si bien contra el mandato de su Dios Crucificado que les dijo claramente: “Expulsad demonios en mi nombre”… ¡Qué bufones que son! ¡Lo que sucede es que estos obispos me tienen tanto, tantísimo miedo!!!. A ellos ya los poseo bajo una forma delicada, delicadísima de modo que no se dan cuenta… ¡y sin embargo los poseo!… ¡Les impulso a que impidan a los suyos que hagan exorcismos contra mí y que no permitan que se nombren exorcistas… ¡qué enemigos feroces tengo en los exorcistas!”…
“Muchas veces he tenido éxito en mis venganzas y los he castigado (a los exorcistas)… a veces con bofetadas, otras con bastonazos…o bien los he atacado produciéndoles innumerables y variadas enfermedades… con frecuencia, muy graves…Pero, ¡¡¡por desgracia, no ceden, no se detienen!!!… ¡¡¡y cuando se acercan a mi presa, debo escaparme!!!… ¡Pronto o tarde, debo huir!. ¡Esas oraciones que dicen, siempre en el Nombre de su Dios, o de la Señora, Madre del Crucificado, qué dolor terrible y qué tortura son para mí!”
LO QUE AGRADA AL DEMONIO
LA COMUNIÓN EN LA MANO
“Con la Comunión en la mano, yo puedo humillar a vuestro Dios a quien yo he matado; y puedo celebrar mi misa (se refiere a las Misas negras) con mis sacerdotes que se los he arrebatado a Él (se refiere a los sacerdotes católicos apostatas que celebran estas misas sacrílegas)
LA VESTIMENTA SECULARIZADA DE LOS SACERDOTES
“A los sacerdotes vestidos de cualquier manera(2) y camuflados, los conduzco a donde yo quiero: a los prostíbulos y casas privadas, a la búsqueda de mujeres y de homosexuales ¡y cuántos sacrilegios les hago cometer y así los llevo a mi reino!. ¡Cuántos, cuántos sacerdotes “mimetizados” ya tengo en mi reino, y no se me escaparán jamás!!!” (risas desaforadas)
SACERDOTES Y OBISPOS QUE PERTENECEN A LA MASONERÍA
“¡Cuántos obispos y sacerdotes que se han inscrito en la masonería y en mis sectas!…. ¡Oh, cuántos y cuántos son los que arrastro tras el dinero y las mujeres! ¡Cuántos se han transformado en mis fieles amigos!. ¡Sea mediante el dinero o las mujeres yo capto a todos los que quiero y los arrastro a mi reino!”.
LAS FALDAS CORTAS DE LAS MUJERES….

“¡Mediante las faldas bien cortas yo consigo enlazar a hombres y mujeres con los que lleno mi reino! (profiere risas prolongadas y desencajadas). ¡Qué contento… que gozo… que alegría!”.
LA TELEVISIÓN
“¡La televisión… uhhhhh la televisión!!!. ¡Es “mi” aparato, yo lo he inventado para destruir a cada una de las almas y a la familia! ¡Las separo, las disgrego con mis programas de modo sutilísimo y penetrante!. ¡Uhhh la televisión es el centro de atracción mediante el cual me apropio de tantos sacerdotes, hermanos y hermanas (religiosos y religiosas), especialmente en las horas de la madrugada para conseguir luego que dejen de orar! ¡jajajajajajajajajaja!. ¡En un momento aparezco ante todo el mundo… me escuchan y me ven todos y así ayudan perfectamente tanto a mí como a mis fieles siervos los magos, las brujas, los que tiran las cartas, los tarotistas, los que leen las manos, los astrólogos!… ¡jajajajajajajajajajaaaaa!”.
LAS DISCOTECAS
“¡Qué bellas son las discotecas! ¡Son mis palacios de oro hacia donde atraigo las mejores esperanzas de la sociedad, y a quienes van los hago míos, destruyendo sus almas y sus cuerpos!… ¡A cuántos miles y miles atrapo aquí con el alcohol, la droga y el sexo!!!… ¡Oh, qué constante cosecha hago aquí!. ¡En estos lugares he conseguido tantos políticos que son mis fieles siervos y consagrados!…. ¡Yo soy el verdadero rey del mundo, y no vuestro Dios a quien yo he crucificado!!!!”.
EL DIVORCIO
“¡Los divorcios y separaciones de los esposos han sido inventados por mí y reivindico la propiedad!!!. Ha sido uno de mis más inteligentes descubrimientos… Y mientras distraigo a la familia destruyo a la sociedad donde soy adorado como verdadero rey del mundo!… ¡El sexo… el sexo!… ¡No escuchen a Aquel Hombre colgado en una Cruz que no les dará nada… solo yo les doy el verdadero placer con el sexo libre!. ¡Mi reino se basa sobre todo en la libertad total del placer sexual con el cual reino en la tierra!.
EL ABORTO Y LA MUERTE DE LOS INOCENTES…

“¡Oh… urrahhh!… urrahhh!. ¡Ha sido mi logro más bello y que más feliz me ha hecho!. ¡Matar a los inocentes en vez de los culpables de los homicidios de la mafia!. ¡Destruyo así a la humanidad, y a los adoradores de vuestro falso Dios ya antes de nacer!… urrahhh!… urrahhh!!!!!.
LA DROGA
“¡Es el alimento más sustancioso que hago comer a los jóvenes para hacerlos locos!. De esta manera hago lo que quiero con ellos… ladrones, asesinos, lujuriosos, feroces como yo, dominadores del mundo y mis ministros!”.
LOS SACERDOTES QUE NIEGAN LA EXISTENCIA DEL DEMONIO
“¡Pero sobre todo me alegran y me llenan de placer aquellos eclesiásticos que niegan mi existencia y mis obras en el mundo!… ¡Son tantísimos!… ¡Oh que gozo, que gozo inmenso es esto para mí!. Porque de esta manera yo trabajo tranquilo y seguro!. ¡Hoy en día, son incluso los mismos teólogos quienes no creen en mi existencia!(3). ¡Qué bello, qué gozo!. Incluso, niegan a su Dios que vino para destruirme… pero yo lo he vencido.. lo he crucificado en su Cruz!. ¡Jajajajajajajajajajaaaaa!”.
¡Bravo para estos sacerdotes… bravísimo para estos obispos… bravísimo para estos teólogos! ¡Porque al obrar así todos ustedes se hacen mis fidelísimos esclavos y yo hago con ustedes lo que se me da la gana!. ¡Jajajajajajajajajajaaaaa!”. ¡Hoy son todos míos… los llevo a donde quiero… vestidos de sepultureros, con el cigarrillo siempre en la boca, perfumados como afeminados cercanos a las mujeres fáciles… con auto de última moda…  repletos de dinero… se rebelan a los dogmas de su falso Dios y de la falsa Iglesia (la Iglesia Católica) de la que el Crucificado es mi víctima!. ¡Ellos son mis soldados más seguros de mi reino que está lleno… lleno de ellos!. ¡A través de ellos introduzco la confusión y el desconcierto en el pueblo, que se aleja cada vez más el falso Dios… y los arrojo a mi reino de odio y desesperación eterna donde estarán para siempre conmigo!… ¡jajajajajajajajajajaaaaa!”.
“¡A cuántos de éstos he logrado que pertenezca a mis sectas… seducidos por mis carreras y mi dinero yo los compro con facilidad… y termino con el triunfo de que no amen más a su falso Dios y de la Señora que pretende haberme vencido…”
LAS SECTAS
“Tengo una particularísima predilección que son las tantísimas SECTAS que continuamente estoy creando y difundiendo en todo el mundo. Son los medios más inmediatos a través de los cuales les quito la fe en vuestro falso Dios Crucificado…Creo así una babel en la fe (risas prolongadas)….
Vuestro sacerdote blanco (el Papa) grita y da voces de alarma… Es que tiene miedo de mí, tiene miedo que la quite el trono ya bastante vacilante… pero yo ya he ganado, y he introducido la babel en la fe; tanto en los sencillos como en los instruidos incluso sacerdotes, teólogos, obispos… mis sectas son cada vez más invisibles… “mi” masonería paga muy bien a todos mis seguidores… ¡Yo seré siempre el vencedor y la babel de la fe será mi especial victoria!…
Solo en vuestra Italia tengo más de 672 sectas y mis “religiones satánicas” repletas de almas que se me han entregado, consagrado y bautizado en mi nombre con su propia sangre… Lo cual me rinde cada día el culto que merezco como soberano de la tierra, con oraciones, himnos, cánticos… y con la “misa negra” durante la cual venzo, pisoteando y destruyendo aquella Hostia en la cual los estúpidos cristianos creen que está presente su estúpido Crucificado… Y si esto fuera verdad ¿por qué Él permite que lo destruya impunemente?… (risotadas muy largas y desencajadas)….
Estas sectas, mandadas por mí, forman el estado mayor de mi reino, y convierten incesantemente a los cristianos para hacerlos mis seguidores… son cientos y cientos los que, a toda hora, reniegan de vuestra fe, para adherirse a mis sectas, donde yo los acojo con los brazos abiertos y les doy todos mis placeres y toda la libertad de vivir bien lejos de vuestra Iglesia (la Iglesia Católica)… mientras yo los sacio con la verdadera felicidad…el verdadero gozo que solo yo puedo dar a los hombres…
Desde la alta, a la media hasta la baja Italia con sus islas, y en todas partes, tengo a mis sectas que trabajan febrilmente… Por otra parte, actualmente muchas iglesias y parroquias están sin sacerdotes… ya que hemos tenido éxito en destruir y hacer morir las vocaciones… por todo lo cual, mis sectas han suplantado al sacerdote… ¡jajajajajajajajajajaaaaa!” (risas prolongadas).
Los Testigos de Jehová, los Centros de la Era de Acuario, a los antroposofistas de Steiner, los teósofos, Carolina, cenáculo 33, con los chamanes, los rosacruces, los arcobaleno, los gialli, los ergonianos, la cienciología, y tantas de mis sectas y religiones que cada día invento y creo, son un verdadero ejército que lucha contra vuestra Iglesia (Católica)… ¡y yo venceré, venceré, aunque vuestro Crucificado haya dicho que: “las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”!!!!!… ¡jajajajajajajajajajaaaaa!” (risotadas).
LOS TEÓLOGOS
“¡Y mis teólogos con sus doctrinas que yo les he inspirado!…
¡Oh, estos sí que constituyen “mi punta de diamante” de la trinchera delantera!!!!…
¡¡¡Qué teólogos inteligentes tengo…!!!. Ellos han comprendido que esos dogmas rigidísimos, dictados por algunas locas cabezas de eclesiásticos, son, en realidad, falsedades pueriles, que colapsan ante la simple confrontación con la realidad cotidiana…
¡¡¡Qué cráneos…bravo… bravísimo!!!!.
A otros, los he impulsado a que enseñen mis doctrinas no solo en los seminarios diocesanos, sino mejor aún en las más altas y prestigiosas Universidades Pontificias, incluso en la romana de vuestro sacerdote blanco (el Papa… se refiere a la Universidad Lateranense).
La doctrina de la “muerte de Dios”, la he inspirado yo, y, a través de ella, me vinieron al punto millones de estudiosos, que se transformaron en mis discípulos y fieles convencidos. Y desde que yo reino, vuestro Dios ha muerto, no existe más. Se ha acabado toda ley constrictiva: todos pueden y deben vivir libremente tal como yo lo enseño: libertad de ideas, libertad de pensamiento, libertad de acción…
¡¡¡Todo el mundo es totalmente libre de ser y querer aquello que él quiere y desea, en todas partes y siempre y con cada uno!!!. ¡¡¡No existe más ninguna norma ni regla.. Ahora cada uno es como soy yo ahora: maestro de todos y de todo: vuestro Dios ha muerto!!!. Y ¿quién puede negarlo, si vuestro mismo Dios Crucificado ha declarado que yo, y solo yo soy “el príncipe de este mundo”?. Él mismo ha dicho que “todo el mundo está bajo mi dominio y poder indiscutible”?… ¡¡¡Finalmente estos teólogos, los más inteligentes de todos, me han dado la razón!!!.
Pero, si Dios ha muerto, ahora es claro que se esfuman todos los otros dogmas: la Creación, la Encarnación, la Resurrección; la Inmaculada; la Asunción; la Eucaristía y todos los Sacramentos… Todas las historietas inventadas para tener dominados a los cristianos bobos…Y he aquí que cientos y cientos de mis teólogos que tuvieron el coraje de desafiar al cura blanco (el Papa) con cartas y firmas que prueban lo contrario, y que son personas con coraje y capaces… Y él ha movido la cabeza y ha dejado que mis teólogos siguieran con sus enseñanzas, sin la más mínima reprimenda o castigo… ¡Por tanto está de acuerdo conmigo en la negación de todos sus dogmas!… ¡bravo!!!!! (risotadas…).
Y mientras estos grandes teólogos están conmigo, hay otros pequeños teólogos infestados que, por venganza, niegan mi existencia, como un cuento de la Edad Media; atribuyendo todas mis presencias y manifestaciones como hechos del orden únicamente psiquiátrico o psíquico… ¡¡¡¡Bravísimo para estos teólogos, sacerdotes, para tantos obispos, urraaaa por ellos!!!!.
¡Este es el mayor servicio que me pueden hacer señores, porque me permite obrar silenciosamente, sin luchar nada contra mi presencia y astucia!… ¡¡¡Bravísimo, continúen siempre así que yo continuaré mi obra infernal sin tirar un solo tiro!!!.
Mis teólogos inteligentes niegan los dogmas de vuestra Iglesia, y los teólogos estúpidos niegan mi existencia… ¡¡¡Qué triunfo!!! (risotadas).
Pero, desde hace poco tiempo, ¿dónde están los más heréticos de una vuelta?. ¡Ninguno!. Nadie que niegue los dogmas, nadie que me niegue, ya que entre los dogmas se incluía mi existencia…!. ¡¡¡¡He vencido a vuestra Iglesia!!!.
Fuentes: Catechesi di Satana, Signos de estos Tiempos