San Miguel Arcángel pesando las almas en el Juicio Final
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sábado, 8 de febrero de 2025

Sor Úrsula de Jesús: "Vi una religiosa condenada en el Infierno"

 


UNA RELIGIOSA CONDENADA

Sor Úrsula de Jesús escribe en su Diario:

«En una ocasión me puse a rezar el Rosario, y cada 30 Avemarías las ofrecía por un difunto distinto, la mayoría de los cuales eran Sacerdotes y Religiosos que no pertenecían a esta Comunidad. De repente escucho una voz que me dice: “¿Cómo es que encomiendas a personas de afuera, habiendo tantas almas de esta Comunidad que necesitan oración?”

De repente veo que comienzan a salir de debajo de la tierra un montón de Monjas. La primera era doña Teresa, quien tenía un rostro muy agradable y llevaba un traje muy blanco. Las demás venían con la cara tapada por el velo. Pude reconocer algunas que llevaban más de 24 años de muertas. Quedé sorprendida al saber que llevaban todo ese tiempo en el Purgatorio.

Pregunté por algunas, en particular por doña Ana Delgado. Me dijeron que ella ya estaba en el Cielo. Luego pregunté por otra que no puedo mencionar, y me respondieron: “Tan pronto murió, el peso de sus pecados la hizo descender rápidamente al Infierno, donde la estaban esperando terribles tormentos que jamás terminarán. Ella permanecía deleitándose en sus vicios a pesar del daño que le causaban. Si le hubiera pedido perdón a Dios al menos en el momento de su muerte, Él es tan bueno que la habría perdonado, pero ella no lo hizo. Medita tú en el daño que causa el vivir relajado, dejándose llevar por todo lo que pide el cuerpo”.

Días después, estando en oración, vi a esta mujer sobre una parrilla y rodeada de muchos demonios que la atormentaban especialmente en su cabeza. De sus ojos, oídos y boca salía fuego, y luego vinieron otros demonios a colocarle unos hierros terribles en sus pies. Me fue dicho: “¿Ves? Así terminan los ociosos, los que nada les importa y gastan el tiempo en cosas sin importancia, en diversiones, los que no temen a Dios a pesar de los auxilios que Él les da. Dios le dio memoria, entendimiento y voluntad para que escogiese lo que le convenía. Él le habló a través de libros, predicadores, confesores, inspiraciones, pero ya ves lo que eligió. Cuando tú veas una Religiosa que se comporte como esta, acónsejale con amabilidad por su bien”.

Yo quedé sin palabras con todas estas cosas».

(Del libro “Diario espiritual y vida anónima de Úrsula de Jesús”). 

#AyudantesDeLasAlmasDelPurgatorio 

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El caso de esta Religiosa condenada es un ejemplo perfecto de lo importante que es procurar cortar pronto con el pecado, porque luego la persona se apega tanto a él que luego le resulta difícil dejarlo, incluso en la hora de la muerte.

Pedir sin cansancio a Dios y a la Virgen la gracia para poder dejar aquello a lo que estamos atados y nos aleja de Dios.

Por otro lado, me pareció bonito ese detalle de “aconsejar con amabilidad”. Y también es interesante el llamado de atención que le hicieron a la Religiosa por orar por personas de afuera en vez de encomendar primero a los difuntos de la propia comunidad en la que estaba.

jueves, 15 de noviembre de 2012

¡Estoy condenada!






LAS JÓVENES PECADORAS




Roma 1873. Una prostituta muere avanzada la noche en el hospital local. En ese instante, una de sus "colegas" del burdel, comenzó a gritar, despertando a todo el vecindario y alarmando a la policía. ¿Por qué? por que su amiga del hospital se le había aparecido de repente envuelta en llamas proclamando:


"¡Estoy condenada!"


Al amanecer, la pobre chica se fue.


Palabras seguidas por la muerte, la noche anterior, de su amiga en el hospital.


Palabras sobre estos sucesos luego difundidas por toda Roma.


Como siempre, el sabio oyó, el necio rió.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

La confesión sacramental: pasaporte para el cielo






Joven chica condenada
En la misión de Itatina, en Perú, presidida por el padre Samaniego, S.J., ocurrió un hecho extraordinario que fue conocido por los habitantes de la ciudad y fue certificado por tantos testigos, que su veracidad no puede ser puesta en duda.




En la casa de una rica mujer, vivía una joven sirvienta de dieciséis años llamada Catalina. 




A medida que iba creciendo, ella se volvía más y más viciosa, hasta el punto de que era a menudo castigada por su señora.




Catalina pecó y fue a Confesión. Sin embargo, a causa de la vergüenza, ocultó lo que estaba haciendo.




En agosto de 1500, cayó enferma. Un sacerdote vino a escuchar su confesión, pero Catalina la hizo sólo superficialmente.


En la noche en que murió, toda la casa se inundó con un espantoso hedor que obligó a sacar su cadáver al exterior.




Durante este mismo mes, cuando una de las sirvientas estaba entrando en el comedor, oyó por tres veces una llamada con la voz de Catalina. Espantada, abandonó la habitación y no retornó hasta que otras dos la acompañaron con velas.




Cuando ellas llegaron, las tres oyeron como Catalina llamaba a la primera para que se separase de sus compañeras y tirase su vela, porque le causaba dolor. El fantasma desprendía un nauseabundo olor, las llamas podían ser vistas desde el lugar desde el que procedía la voz.




Catalina dijo: "Debes saber que he sido condenada y que sufro horriblemente porque yo declaraba en confesión solamente mis más livianas faltas, acusándome por ejemplo, de haber hablado demasiado, de haberme enfurecido, etc., mientras que mis más graves pecados, los callaba. Dios me ha ordenado darte este aviso para que tú puedas dárselo a otros."




En este momento, la campana del Angelus fue oída desde la cercana iglesia y el espectro llameante desapareció.




Este hecho está relatado por el Padre Francisco Benci, el jesuita, en su Cartas Anuales de la Compañía de Jesús (1500-1501, pg. 762).