San Miguel Arcángel pesando las almas en el Juicio Final
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martes, 2 de abril de 2013

Ex-satanista revela su conversión al catolicismo


 
Hizo un pacto con el demonio, pero la visión de un ángel la trajo a la iglesia.
Cuando decimos que el satanismo es algo grave y destructivo puede ser sólo una frase, que sólo se puede comprender, cuando alguien que llegó hasta las más altas prácticas satánicas vuelve a Dios y nos revela como es realmente adentro. Lean el reportaje.



En  la imagen que acompaña este artículo se ven mensajes satánicos pintados en una estatua de Cristo el 6 de junio 2006 en el Santuario Nacional de María Auxiliadora de Erin, Wisconsin. 
INDULGENCIA DE APETITOS Y ANTICRISTIANISMO
El mundo del satanismo es un secreto, a menudo vulgar y a veces peligroso dice la ex satanista y católica “revertida” Deborah, de cincuenta y un años, que agregó, que aunque las creencias de los satanistas varían enormemente, se centran en la indulgencia de los apetitos y la burla del cristianismo. 
Además, usted se sorprenderá al descubrir que aparentemente respetables ciudadanos de su comunidad son miembros de cofradías satánicas. Según explicó, “son personas que Ud. encuentra en la calle.”
Desde que las membresías a los aquelarres son muy secretas – con la amenaza de muerte para los miembros que compartan los detalles de su participación, de acuerdo con Deborah -, es raro encontrar a ex satanistas dispuestos a compartir sus experiencias.
Deborah nació en 1961 y creció en Salem, Massachusetts. Asistió a escuelas católicas y públicas. Como adolescente, ella se involucró en el satanismo. Volvió a la Iglesia Católica en 2009. Hoy, ella está casada y vive en una granja en Maine.
Deborah compartió detalles de sus experiencias en su libro “Un mensaje de esperanza, Confesiones de una ex satanista: cómo protegerse del mal“. Ella será también una de las oradoras en la Conferencia sobre la Guerra Espiritual, que se celebrará en el Hotel Doubletree en Ontario, California, el 4 y 5 de mayo de 2013.
EL REPORTAJE
P: Cuénteme un poco acerca de sus antecedentes y cómo se involucró en el satanismo.
Deborah: En primer lugar, como adulta, me diagnosticaron un alto funcionamiento autista. [El Autismo es un trastorno neurológico que puede afectar negativamente la capacidad de una persona para comunicarse y establecer amistades con sus compañeros. A menudo se manifiesta en los niños a través de una variedad de comportamientos atípicos] Cuando yo era niña, estaba sin diagnosticar, y mostraba una gran cantidad de síntomas autistas. Entre ellas el balanceo, el aleteo de manos, y el tarareo. También discutía con mis maestros, y no quería socializar con mis compañeros. Hoy en día, sigo siendo incapaz de vivir de forma independiente.
Además, mi mamá era una alemana en un barrio judío anti-alemán.  Mi padre abandonó a la familia cuando yo era joven. Los otros niños en la escuela se burlaban de mí, robaban mis juguetes, y me ‘llamaban “retrasada”. También me golpeaban físicamente todos los días. Le rogué a mi madre que no me dejara ir a la escuela. Me sentía herida, enojada y quería estar sola. Me aislé de los demás.
Asistí a una escuela católica en los grados 7-10. Fui a las monjas que dirigían la escuela para pedir ayuda. A causa de mi comportamiento, yo era impopular con ellas y me sugerían que merecía el trato que recibía. Yo estaba enojada con las monjas, así, como una broma y para vengarme, empecé a ir a la escuela con el pentagrama. También lo dibujaba en mis tareas. Entonces me pidieron que dejara la escuela.
Ahora bien, estos eran días pre-Internet, por lo que empecé a leer sobre el satanismo en libros, y luego me puse a hablar con satanistas.
P: ¿Ha asistido a misas negras?
Deborah: Sí. Ellas eran absolutamente asquerosas… la Eucaristía se contaminaba… estatuas y crucifijos se ponían al revés, cualquier cosa para burlarse de la cristiandad. Es la depravación en su peor momento. El satanismo se trata de indulgencia, y destrucción de la Iglesia y la moral tradicional.
Dejé de asistir a las misas negras, me fui y formé mi propio grupo. Tenga en cuenta que hay diferentes tipos de satanismo, y varían en nivel [de] la intensidad. Es todo muy secreto y peligroso, Ud. está en peligro de muerte si intenta dejar un aquelarre [un grupo satánico de 13 miembros]. El mundo del satanismo es muy secreto. Si usted está involucrado, usted no quiere que sus miembros divulguen este secreto. Si eres un bocazas, vendrán a por ti. Algo de lo que hacen es tan horrible que no quieren exponerlo.
P: ¿Has visto a gente herida?
Deborah: Sí.
P: ¿Niños?
Deborah: No, ellos eran adultos que consienten.
P: ¿Hasta dónde fuiste como Satanista?
Deborah: Yo no podía ir más profundo. Hice un pacto de sangre con Satanás.
P: ¿Muchos Satanistas dejan sus aquelarres y encuentran a Cristo?
Deborah: No. La mayoría termina suicidándose.
P: Si le hubiera conocido cuando era satanista, ¿que habría observado en Ud?
Deborah: Si usted fuera amable conmigo, yo habría sido agradable con usted. Si usted fuera antipático para mí, me habría vuelto antipática y le podría haber enviado un demonio.
Usted podría haber estado incómodo conmigo, porque podría haberle dado algunas miradas de odio; me encontraría muy manipuladora y se habría sorprendido que a una edad joven yo hubiera acumulado una enorme riqueza, aunque sólo trabajaba a tiempo parcial.
P: ¿Satanás recompensa por seguirlo?
Deborah: Sí. Parecía que dondequiera que estuviese, las cosas materiales sólo caían en mi regazo.
P: ¿Y cuánto tiempo estuvo involucrada en el satanismo?
Deborah: Estuve involucrada siete años, y 30 años en el ocultismo. Mientras estuve en el ocultismo, me involucré en la evocación de demonios, y experimenté todas las cosas que se ven en las películas de terror de Hollywood, incluyendo manifestaciones físicas y apariciones. No me gustaría compartir detalles específicos. En mi libro, “Mensaje de esperanza…” , me centro en cómo operan los demonios y cómo podemos efectivamente combatirlos.
P: ¿Y cómo entran los demonios en nuestras vidas?
Deborah: La forma más común es que les invitemos a entrar. Abrimos los portales. Usted puede hacer uso de tablas de Ouija, ir a una psíquica, asistir a una sesión de espiritismo, o tratar de comunicarse con los fantasmas. También podemos invitarlos cuando nos dejamos consumir por la rabia y nos negamos a perdonar.
Los demonios tienen la capacidad de alterar nuestros pensamientos, y nos llevan a las adicciones.
P: Deme un ejemplo de donde se ve el trabajo de lo demoníaco en nuestra sociedad.
Deborah: Lo veo en la violencia manifestada en los videojuegos y en las películas sobre asesinatos.
P: ¿Qué pasa con la masacre de inocentes en la Escuela Primaria Sandy Hook en Connecticut?
Deborah: Sí, yo creo que el tirador fue influenciado por demonios. Sin embargo, los demonios no nos pueden obligar. Tenemos libre albedrío. Nosotros tenemos que optar por seguir sus sugerencias.
P: ¿Qué le hizo decidirse a abandonar el satanismo?
Deborah: Fue difícil. Los demonios me estaban aterrorizando. Ellos vinieron a recoger mi alma o querían plena posesión (a pesar que la plena posesión es poco frecuente en nuestra sociedad). Tuve un sueño en el que un ángel vino a rescatarme. Me levanté a la mañana siguiente y decidí: “Yo voy a ser católica de nuevo.”
Fui a ver a un sacerdote católico, y él me echó de la iglesia. No me creyó. Terminé uniéndome a un culto religioso durante 18 años. Estuve a la deriva de la práctica oculta en práctica oculta. Un día, oré, “Dios, yo no sé si existes, pero si existes, envíame una monja que me lleve de vuelta a la Iglesia Católica.” Unos meses más tarde, lo hizo. Ella me presentó a algunos sacerdotes con experiencia en el trato con el demonio, entre ellos uno que vive en Maine. Volví a la Iglesia Católica en 2009.
P: ¿Y cómo están las cosas ahora?
Deborah: Amo a la Iglesia, y he dedicado mi vida a Ella. Quiero servir a la Iglesia, y estoy en el proceso de convertirse en una Terciaria de la Orden Dominicana.
Nuestra Señora ha tenido un papel increíble en mi vida, también. He visto grandes milagros que suceden a través de María.
P: ¿Qué le aconsejaría a los fieles para mantener al diablo fuera de sus vidas?
Deborah: En primer lugar, en esta vida siempre va a estar en su vida y cerca. Por lo tanto, usted tiene que protegerse yendo a misa y recibiendo la Eucaristía. Es una protección de gran alcance. El agua bendita es extremadamente eficaz. Yo lo llamo la “potencia limpiadora espiritual”. La guardo en mi casa y regularmente me bendigo.
El sacramento de la confesión es importante. Una de las maneras más rápidas para que el demonio entre en nuestras vidas, es por el pecado no confesado. Yo digo a la gente libremente, católicos o no, la Iglesia Católica es la única iglesia que tiene las herramientas para hacer frente eficazmente a lo demoníaco. Eso incluye la devoción a la Santísima Virgen.
Además, tenga cuidado acerca de sus hobbies y entretenimiento. La bebida, fiestas, estilo de vida de parrandas puede crear una apertura para que el diablo entre, yo también recomiendo a la gente evitar las películas de miedo.
P: Cuéntanos acerca de Nuestra Señora del Ministerio de la Luz.
Deborah: Es un ministerio que fundé para ayudar a liberarse a las personas involucradas en el ocultismo. Como parte del ministerio, yo también investigo las denuncias de apariciones demoníacas y ofrezco ayuda espiritual. No expulso demonios, mi papel es el de evaluar y ayudar a las personas a encontrar los recursos que necesitan. Yo siempre hago mi trabajo en consulta con un sacerdote.
Yo introduzco a la gente a la oración, los sacramentos y a la Virgen, aunque la mayoría de las personas que ayudo son protestantes o paganos. A pesar de que no hago publicidad de mis servicios, la gente se pone en contacto conmigo a través de mi sitio web y tengo de 10 a 15 clientes a la vez. Nunca cobro por mis servicios.
Ya sea en el ministerio o en mi charla en público sobre este tema, mi objetivo es compartir con la gente un mensaje de esperanza (el título de mi libro). Quiero que la gente sepa la gran misericordia de Dios. Si te avergüenzas de tus pecados, les digo que realmente no has pecado hasta que hayas adorado al diablo. He dedicado mi vida a Cristo y a su Iglesia, y quiero colaborar en la obra de salvar almas.
Fuentes: Catholic World Report, Signos de estos Tiempos

domingo, 27 de enero de 2013

San Juan Bosco y el sueño de la Bestia que lleva jóvenes al infierno con el pecado de impureza


Sueños de San Juan Bosco: el Ataque de la Bestia, 1863

Don Bosco sueña con el ataque de un elefante a los alumnos, y aparece la Virgen gritando “venid a mi” y muchos jóvenes iban al amparo de aquel manto, que se extendía cada vez más y más. Los primeros en acudir a tal refugio fueron los jóvenes más buenos.
 
 Y luego dice: “Vosotros que habéis escuchado mi voz y han escapado de los estragos del demonio, han visto y podido observar a sus compañeros pervertidos…”
No habiendo podido dar [San] Juan Don Bosco el aguinaldo el ultimo día del año a todos ¡os alumnos, por no encontrarse en casa, al regresar de Borgo Cornalese, el día cuatro de enero, que era domingo, les prometió que se lo daría en la noche de la fiesta de la Epifanía.
Era, pues, el 6 de enero de 1863 y todos los jóvenes, artesanos y estudiantes, reunidos en el mismo lugar, esperaban con ansiedad el suspirado aguinaldo.
Rezadas las oraciones, el buen padre subió a su tribuna y comenzó a decir así:
«Esta es la noche del aguinaldo. Todos los años cuando se aproximan las fiestas de Navidad suelo dirigir al Señor oraciones especiales, para que me inspire algún aguinaldo, que pueda servir para vuestro bien espiritual.
Pero este año he redoblado mis súplicas, puesto que el número de los jóvenes que me escuchan es mucho mayor. Pasó, sin embargo, el último día del año, llegó el jueves, el viernes y… nada de nuevo. En la noche del viernes fui a acostarme, cansado de las fatigas del día, pero no pude pegar un ojo en toda ella, de forma que por la mañana me encontraba medio muerto de cansancio. No perdí la serenidad por eso, antes bien, me alegré, pues sabía que cuando el Señor me va a manifestar algo, suelo pasar muy mal la noche precedente.
Continué mis ocupaciones en Borgo Cornalese y en la noche del sábado llegué entre vosotros. Después de confesar me fui a dormir, y debido al cansancio motivado por las pláticas y por las confesiones de Borgo y por lo poquísimo que había descansado las noches precedentes, me quedé dormido. Y aquí comienza el sueño que me ha de servir para daros el aguinaldo.
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Mis queridos jóvenes: Soñé que era día festivo, la hora del recreo después del almuerzo y que se divertían de mil maneras. Me pareció encontrarme en mi habitación con el caballero Vallauri, profesor de bellas letras. Habíamos hablado de algunos temas literarios y de otras cosas relacionadas con la religión; de pronto oigo a la puerta el tac-tac de alguien que llama.
Corro a abrir; era mi madre, muerta hacía seis años, que me dice asustada:
—Ven a ver, ven a ver.
—¿Qué hay?, —le pregunté—.
Sin más me condujo al balcón y he aquí que veo en el patio en medio de los jóvenes un elefante de colosal tamaño.
—Pero ¿cómo puede ser eso?, —exclamé—. ¡Vamos, vamos!
Y lleno de pavor miraba al caballero Vallauri y éste a mí como si nos preguntásemos la causa de la presencia de aquella bestia descomunal en medio de los muchachos. Sin pérdida de tiempo bajamos los tres al patio.
Muchos de Vosotros, como es natural, se habían acercado a ver al elefante. Este parecía de índole dócil; se divertía correteando con los jóvenes; los acariciaba con la trompa; era tan inteligente, que obedecía los mandatos de sus pequeños amigos como si hubiera sido amaestrado y domesticado en el Oratorio desde sus primeros años, de forma que numerosos jóvenes le acariciaban con toda confianza y le seguían por doquier. Mas no todos estaban alrededor de aquella bestia. Pronto vi que la mayor parte huían asustados de una parte a otra buscando un lugar de refugio, y que al fin entraban en la iglesia.
Yo también intenté penetrar en ella por la puerta que comunica con el patio, pero al pasar junto a la estatua de la Virgen, colocada cerca de la bomba, toqué la extremidad del manto de Nuestra Señora como para invocar su patrocinio, y entonces Ella levantó el brazo derecho. Vallauri quiso imitarme haciendo lo mismo por la otra parte y la Virgen levantó el brazo izquierdo.
Yo estaba sorprendido sin saber explicarme un hecho tan extraño.
Llegó entretanto la hora de las funciones sagradas y Vosotros se dirigieron todos a la iglesia. También yo entré en ella y vi al elefante de pie al fondo del templo cerca de la puerta.
Se cantaron las Vísperas y después de la plática me dirigí al altar acompañado de Don Alasonatti y de Don Savio para dar la bendición con el Santísimo Sacramento. Pero en el momento solemne en el que todos estaban profundamente inclinados para adorar al Santo de los Santos, vi, siempre al fondo de la iglesia en el centro del pasillo, entre las dos hileras de los bancos, al elefante arrodillado e inclinado, pero en sentido inverso, esto es, con la trompa y los colmillos vueltos en dirección a la puerta principal.
Terminada la función, quise salir inmediatamente al patio para ver lo que sucedía; pero como tuve que atender en la sacristía a alguien que me quería comunicar una noticia, hube de detenerme un poco.
Mas he aquí que poco después me encuentro bajo los pórticos mientras ustedes reanudaban en el patio sus juegos. El elefante, al salir de la iglesia, se dirigió al segundo patio, alrededor del cual están los edificios en obra. Tengan presente esta circunstancia, pues en aquel patio tuvo lugar la escena desagradable que voy a contarles seguidamente.
De pronto vi aparecer allá al final del patio un estandarte en el que se veía escrito, con caracteres cubitales: Sancta María, succurre míseris. Los jóvenes formaban detrás procesionalmente. Cuando de repente y sin que nadie lo esperara, vi al elefante que al principio parecía tan manso, arrojarse contra los circunstantes dando furiosos mugidos y cogiendo con la trompa a los que estaban más próximos a él, los levantaba en alto, los arrojaba al suelo, pisoteándolos y haciendo un estrago horrible. Mas a pesar de ello, los que habían sido maltratados de esa manera no morían, sino que quedaban en estado de poder sanar de las heridas espantosas que les produjeran las acometidas de la bestia.
La dispersión entonces fue general: unos gritaban; otros lloraban; otros, al verse heridos pedían auxilio a los compañeros, mientras, cosa verdaderamente incalificable, algunos jóvenes a los que la bestia no había hecho daño alguno, en lugar de ayudar y socorrer a los heridos, hacían un pacto con el elefante para proporcionarle nuevas víctimas.
Mientras sucedían estas cosas (yo me encontraba en el segundo arco del pórtico junto a la bomba), aquella estatuita que ven allá ([San] Juan Don Bosco indicaba la estatua de la Santísima Virgen) se animó y aumentó de tamaño; se convirtió en una persona de elevada estatura, levantó los brazos y abrió el manto, en el cual se veían bordadas, con exquisito arte, numerosas inscripciones. El manto alcanzó tales proporciones que llegó a cubrir a todos los que acudían a guarnecerse debajo de él: allí todos se encontraban seguros. Los primeros en acudir a tal refugio fueron los jóvenes más buenos, que formaban un grupo escogido, pero al ver la Santísima Virgen que muchos no se apresuraban a acudir a Ella, les gritaba en alta voz:
—Venite ad me omnes!
Y he aquí que la muchedumbre de los jóvenes seguía afluyendo al amparo de aquel manto, que se extendía cada vez más y más.
Algunos, en cambio, en vez de acogerse a él, corrían de una parte otra, resultando heridos antes de ponerse en seguro. La Santísima Virgen, angustiada, con el rostro encendido, continuaba gritando, pero cada vez eran más raros los que acudían a Ella.
El elefante proseguía causando estragos, y algunos jóvenes, manejando una y dos espadas, situándose en una y otra parte, dificultaban a los compañeros que se encontraban en el patio, amenazándolos o impidiéndoles que acudiesen a María. A los de las espadas el elefante no les molestaba lo más mínimo.
Algunos de los muchachos que se habían refugiado cerca de la Virgen animados por Ella comenzaron a hacer frecuentes correrías; y en sus salidas conseguían arrebatar al elefante alguna presa, y trasportaban al herido bajo el manto de la estatua misteriosa, quedando los tales inmediatamente sanos. Después, los emisarios de María volvían a emprender nuevas conquistas. Varios de ellos, armados con palos, alejaban a la bestia de sus víctimas, manteniendo a raya a los cómplices de la misma. Y no cesaron en su empeño aun a costa de la propia vida, consiguiendo poner a salvo a casi todos.
El patio aparecía ya desierto. Algunos muchachos estaban tendidos en el suelo, casi muertos. Hacia una parte, junto a los pórticos, se veía una multitud de jóvenes bajo el manto de la Virgen. En otra, a cierta distancia, estaba el elefante con diez o doce muchachos que le habían ayudado en su labor destructora, esgrimiendo aún insolentemente en tono amenazador sus espadas. Cuando he aquí que el animal, irguiéndose sobre las patas posteriores, se convirtió en un horrible fantasma de largos cuernos; y tomando un amplio manto negro o una red, envolvió en ella a aquellos miserables que le habían ayudado, dando al mismo tiempo un tremendo rugido. Seguidamente los envolvió a todos en una espesa humareda y abriéndose la tierra bajo sus pies desaparecieron con el monstruo.
Al finalizar esta horrible escena miré a mi alrededor para decir algo a mi madre y al caballero Vallauri, pero no los vi.
Me volví entonces a María, deseoso de leer las inscripciones bordadas en su manto, y vi que algunas estaban tomadas literalmente de las Sagradas Escrituras, y otras un poco modificadas. Leí estas entre otras muchas:
Qui elucidant me, vitam aetemam habebunt: qui me invenerit, inveniet vitam; si quis est parvulus veniat ad me; refugium peccatorum; salus credentium; plena omnis pietatis, mansetúdinis et misericordiae. Beati qui custodiunt vias meas.
Tras la desaparición del elefante todo quedó tranquilo. La Virgen parecía como cansada por su mucho gritar. Después de un breve silencio dirigió a los jóvenes la palabra, diciéndoles bellas frases de consuelo y de esperanza; repitiendo la misma sentencia que ven bajo aquel nicho, mandadas escribir por mí: Qui elucidant me, vitam aetemam habebunt. Después dijo:
—Vosotros que habéis escuchado mi voz y han escapado de los estragos del demonio, han visto y podido observar a sus compañeros pervertidos.
¿Quieren saber cuál fue la causa de su perdición? Sunt colloquia prava: las malas conversaciones contra la pureza, las malas acciones a que se entregaron después de las conversaciones inconvenientes. Vieron también a sus compañeros armados de espadas: son los que procuran su ruina alejándolos de Mí; los que fueron la causa de la perdición de muchos de sus condiscípulos. Pero quos diutius expectat durius damnat. Aquellos a los cuales espera Dios durante más largo tiempo, son después más severamente castigados; y aquel demonio infernal, después de envolverlos en sus redes, los llevó consigo a la perdición eterna. Ahora ustedes, márchense tranquilos, pero no olviden mis palabras: Huyan de los compañeros que son amigos de Satanás; eviten las conversaciones malas, especialmente contra la pureza; pongan en Mí una ilimitada confianza, y mi manto les servirá siempre de refugio seguro.
Dichas estas y otras palabras semejantes, se esfumó y nada quedó en el lugar que antes ocupara, a excepción de nuestra querida estatuita.
Entonces vi aparecer nuevamente a mi difunta madre; otra vez se alzó el estandarte con la inscripción: Sancta María, succurre míseris. Todos los jóvenes se colocaron en orden detrás de él y así procesionalmente dispuestos, entonaron la loa: Alaba a María ¡oh, lengua fiel!
Pero pronto el canto comenzó a decaer; después desapareció todo aquel espectáculo y yo me desperté completamente bañado en sudor. Esto es cuanto soñé.
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«¡Oh hijos míos! Deduzcan ustedes mismos el aguinaldo: los que estaban bajo el manto, los que fueron arrojados por los aires, los que manejaban la espada se darán cuenta de su situación si examinan sus conciencias. Yo solamente les repetiré las palabras de la Santísima Virgen: Venite ad me, omnes, recurrid todos a Ella; en toda suerte de peligros invoquen a María, y les aseguro que serán escuchados. Por lo demás, los que fueron tan cruelmente maltratados por la bestia, hagan el propósito de huir de las malas conversaciones, de los malos compañeros; y los que pretendían alejar a los demás de María, que cambien de vida o que abandonen esta casa. Quien desee saber el lugar que ocupaba en el sueño, que venga a verme a mi habitación y yo se lo diré. Pero lo repito: los ministros de Satanás, que cambien de vida o que se marchen. ¡Buenas noches!»
Estas palabras fueron pronunciadas por [San] Juan Don Bosco con tal unción y con tal emoción, que los jóvenes, pensando en el sueño, no le dejaron en paz durante más de una semana. Por las mañanas las confesiones fueron numerosísimas y después del desayuno un buen número se entrevistó con el siervo de Dios, para preguntarle qué lugar ocupaba en el sueño misterioso.
Que no se trataba de un sueño, sino más bien de una visión, lo había afirmado indirectamente [San] Juan Don Bosco mismo, al decir: «Cuando el Señor quiere manifestarme algo, paso…, etc…. Suelo elevar a Dios especiales plegarias, para que me ilumine…»
Y después, al prohibir que se bromease sobre el tema de esta narración.
Pero aún hay más.
En esta ocasión el mismo siervo de Dios escribió en un papel los nombres de los alumnos que en el sueño había visto heridos, de los que manejaban la espada y de los que esgrimían dos; y enseñó la lista a Don Celestino Durando, encargándole de vigilarlos. Don Durando nos proporcionó dicha lista, que tenemos ante la vista, los heridos son 13, a saber: los que probablemente no se refugiaron bajo el manto de la Virgen; los que manejaban una espada eran 17; los que esgrimían dos, se reducían a tres. Una nota al lado de un nombre indica un cambio de conducta. Hemos de observar también que el sueño, como veremos más adelante, no se refería solamente al tiempo presente, sino también al futuro.
Sobre la realidad del sueño, los mismos jóvenes fueron los mejores testigos. Uno de ellos decía: «No creía que [San] Juan Don Bosco me conociese tan bien; me ha manifestado el estado de mi alma, y las tentaciones a que estoy sometido, con tal precisión, que nada podría añadir».
A otros dos jóvenes, a los cuales [San] Juan Don Bosco aseguraba haberlos visto con la espada, se les oyó exclamar: «¡Ah, sí, es cierto; hace tiempo que nos hemos dado cuenta de ello; lo sabíamos!» Y cambiaron de conducta.
Un día, después del desayuno, hablaba de su sueño y tras haber manifestado que algunos jóvenes se habían marchado y otros tendrían que hacerlo, para alejar las espadas de la casa, comenzó a comentar la astucia de los tales, como él la llamaba; y a propósito de ello refirió el siguiente hecho:
Un joven escribió hace poco tiempo a su casa endosando a las personas más dignas del Oratorio, como superiores y sacerdotes, graves calumnias e insultos. Temiendo que [San] Juan Don Bosco pudiese leer aquella carta, estudió y encontró la manera de que llegase a manos de sus parientes sin que nadie lo pudiese impedir. Después del desayuno lo llamé; se presentó en mi habitación y tras de hacerle recapacitar sobre su falta, le pregunté el motivo que le había inducido a escribir tantas mentiras. El negó descaradamente el hecho; yo le dejé hablar, después, comenzando por la primera palabra, le repetí toda la carta.
Confundido y asustado, se arrojó llorando a mis pies, diciendo:
—Entonces ¿mi carta no ha salido?
—Sí, —le respondí—; a esta hora está en tu casa; debes pensar en la reparación.
Algunos preguntaron al [Santo] cómo lo había sabido; pero [San] Juan Don Bosco respondió sonriendo con una evasiva.
He aquí lo que nos dicen las Memorias Biográficas sobre uno de los personajes que intervienen en este sueño: el caballero Vallauri:
Otro personaje celoso, defensor de los propios méritos, incapaz de admitir opiniones contrarias a las suyas, era el célebre Tomás Vallauri, doctor en Bellas letras. Pariente del difunto médico Vallauri, había conocido en el domicilio de este a [San] Juan Don Bosco.
El profesor había hecho públicas algunas ideas propias, algún juicio, sobre los autores latino-cristianos, injuriándoles al asegurar que, siendo la finalidad de los mismos la enseñanza y defensa de la religión, habían descuidado e incluso adulterado la lengua. Este artículo cayó en manos de [San] Juan Don Bosco, el cual estudió la manera de rectificar el criterio de su autor. La ocasión no se hizo esperar, habiendo venido el profesor Vallauri a visitarle, el [Santo] comenzó a hablarle en estos términos:
—Me satisface grandemente el haber llegado a conocer un escritor, cuyo nombre es famoso ya en toda Europa y que honra tanto a la Iglesia con sus obras.
Vallauri, observando la mirada bonachona de [San] Juan Don Bosco, le interrumpió diciéndole:
—¿Quiere acaso darme un zurriagazo?
—Mire, señor profesor -—continuó [San] Juan Don Bosco-—, basándome en su criterio, quiero manifestarle simplemente mi pensamiento: Vos sostenéis que ¡os autores latino-cristianos no escribieron con elegancia sus obras; mientras que a San Jerónimo se le compara por su modo de escribir con Tito Livio, a Lactancio con Cicerón y a otros con Salustio y con Tácito. [San] Juan Don Bosco no añadió más: Vallauri reflexionó un poco y después añadió:
—[San] Juan Don Bosco, tiene razón; dígame qué es lo que debo corregir; obedeceré ciegamente. Es la primera vez que someto mi juicio al de otro.
Y desde aquel día solía repetir al hablar de [San] Juan Don Bosco:
—¡Estos son los sacerdotes que me agradan! ¡Gente sincera!

miércoles, 14 de noviembre de 2012

De Colombia al infierno




TESTIMONIO DE GLORIA POLO
Tomado de una de las entrevistas efectuadas a la doctora Gloria Polo en Radio María (Colombia)
¡Hermanos! De verdad es muy lindo para mí estar con ustedes compartiendo ese hermosísimo regalo que me hizo mi Señor hace más de diez años. (Esto fue en la Universidad Nacional en Bogotá). Nos estábamos especializando con un sobrino que (también era odontólogo y mi esposo nos acompañaba. Teníamos que recoger unos libros en la Facultad de Odontología un viernes por la tarde. Estaba lloviendo muy fuerte, mi sobrino y yo nos fuimos debajo de un paraguas muy pequeño, y mi esposo tenía su chaqueta impermeable y él se acercó contra la pared de la Biblioteca General. Mientras nosotros, sin darnos cuenta saltando para evitar coger charcos, nos acercamos a los árboles. Cuando fuimos a saltar para evitar coger un gran charco nos cayó un rayo. Nos dejó carbonizados; mi sobrino fallece allí.
Él era un muchacho, a pesar de su corta edad, muy entregado al Señor y era muy devoto al Niño Jesús y traía siempre la imagen de él en su pecho dentro de un vidrio de cuarzo. Según la fiscalía el rayo entra a través de la imagen, y a él le entra el rayo en el corazón, le quema por dentro y le sale en el pie. Pero por fuera no se carbonizó. Ni se quemó. En cambio a mí el rayo me entra en esta parte. Me quema de forma espantosa todo mi cuerpo, por fuera y por dentro, esto que ven aquí, este cuerpo reconstruido, es misericordia de nuestro Señor. Me carboniza, me deja sin senos, prácticamente se me desaparece toda mi carne y mis costillas; el vientre, las piernas... sale el rayo por el pie derecho, se me carboniza el hígado, se me queman los riñones, los pulmones...
Planificada con la T de cobre. De manera que el cobre, buen conductor eléctrico, me carbonizó, me pulverizó los ovarios, quedé en paro cardíaco, allí sin vida, el cuerpo saltando por la electricidad que quedó en todo ese sitio. Pero miren. Ésa es la parte física. Pero lo más hermoso, lo más bello, es que mientras mis carnes estaban allí carbonizadas, yo en ese instante me encontraba dentro de un hermosísimo túnel blanco, era un gozo, una paz, una felicidad que no hay palabras humanas para describirles la grandeza de ese momento; era un éxtasis inmenso, Yo iba feliz gozosa, nada me pesaba dentro de ese túnel, miré en el fondo de ese túnel como un sol, una luz hermosísima. Yo digo que es blanco para ponerle color porque ninguno de los colores es comparable terrenalmente con esa luz hermosísima. Yo sentía la fuente de todo ese amor. De esa paz...
Cuando yo voy subiendo digo: ¡miércoles! Me morí. Y en ese instante pienso en mis hijos y digo: - ¡Ay Dios mío, mis hijitos! ¿Qué van a decir esos hijos? Esa mamá tan ocupada, nunca tuvo tiempo para ellos. Ahí miro con verdad la vida mía y me da tristeza. Me salí de mi casa a transformar el mundo; y me quedaron grandes mis hijos y mi hogar.


Y en ese instante de vacío por mis hijos. Yo hago una mirada, cuando miro hay algo bello; ya mis carnes no estaban ni en las medidas de tiempo de acá. Ni de espacio, y vi a todas las personas en un mismo instante, en un mismo momento, a todas las personas; a los vivos y a los muertos, me abracé con mis bisabuelos. Con mis padres, que habían fallecido, con todos, fue un momento pleno, hermoso. Ahí me di cuenta, que me habían metido un " Gol" en la reencarnación, porque yo sí defendía la reencarnación. Y yo decía, mi abuelo y mi bisabuelo, andaba viéndolos por todas partes. Me abrazaron, me encontré con ellos en un instante, nos abrazamos y abracé a todas las personas con las cuales tuve que ver en mi vida, en todas partes, en un mismo instante. Sólo a mi hija cuando yo la abracé, se asusto, tenía 9 años, ella, sí sintió mi abrazo. No había pasado nada de tiempo en ese momento tan hermoso, y que lindo; ya sin carnes. Ya no miraba como miraba antes, que sólo miraba el que estaba gordo, flaco, negro, feo, con criterios. Así no, Ya cuando estaba sin carnes. Veía el interior de las personas, que lindo ver el interior de las personas. Ver en las personas sus pensamientos, sus sentimientos. Los abracé en un instante y sin embargo, yo seguía subiendo y subiendo llena de gozo. Cuando, sentí que iba a disfrutar de una vista hermosa; en el fondo un lago bellísimo. En ese instante oigo la voz de mi esposo, mi esposo llora y con un grito profundo, con todo el sentimiento me grita, dice: "Qué hubo ¡Gloria! ¡por favor no se vaya! ¡Mire Gloria regrese! los niños Gloria. No sea cobarde". En ese instante yo hago esa mirada así, como global y no lo miro sólo a él y lo vi llorando con tanto dolor. Y ahí el Señor me concede regresar, yo no me quería venir. Que gozo, que paz, que alegría. Entonces, empecé a bajar lento a buscar mi cuerpo, me encontré sin vida. Estaba mi cuerpo en la camilla de la Universidad Nacional de la Enfermería; veía como los médicos le hacían como choques eléctricos a mi corazón para sacarme del paro cardíaco. Duramos dos horas y media allí, tirados. Porque no nos podían recoger, porque "le pasábamos corriente" a todo el mundo. Hasta que dejamos de "pasar corriente" y nos pudieron asistir. Y me empezaron a reanimar. Mire. Yo llego y pongo los pies aquí. En esa parte de mi cabeza. Y una chispa con violencia me entra. Y yo entro en mi cuerpo; me dolió muchísimo entrar. Porque es que salen chispas como de todas partes. Y lo veía encapsular en esto "tan chiquito". Y el dolor de mi carne. Mi carne quemada. Como me dolía. Salía humo y vapor. Y el dolor más terrible, el de mi vanidad. Una mujer con criterios de mundo, la mujer ejecutiva. La intelectual, la estudiante, y la esclavizada del cuerpo, de la belleza y de la moda: 4 horas diarias de aeróbicos. Esclavizada para tener un cuerpo hermoso. Masajes. Dietas... bueno. De todo lo que se quieran imaginar esa era mi vida. Una rutina esclavizante por un cuerpo bello. Y yo decía: - Bueno, si tengo senos bonitos es para mostrarlos porque que tal guardados igual mis piernas, porque sentía que tenia muy espectaculares piernas y senos; en un instante veía con horror. Como toda una vida cuidando un cuerpo. Ése era el centro de mi vida: el amor a mi cuerpo. Y no había cuerpo. Ni senos. Unos huecos impresionantes. Sobre todo el seno izquierdo. estaba prácticamente desaparecido, y mis piernas, era lo más terrible que tenía, pedazos vacíos y sin carnes, como chicharrón negrísimos... y de allí me llevaron al Seguro Social, rápidamente me operan y empiezan a raspar todos mis tejidos quemados. Cuando yo estoy anestesiada. Me vuelvo a salir del cuerpo. Y estaba mirando lo que estaban haciendo los médicos con mi cuerpo. Preocupada por mis piernas. Cuando de pronto. Fue un momento tan terriblemente horroroso. Porque yo les cuento mis hermanos: "Católica Dietética" como toda mi vida. Pues mi relación con el Señor. Era una eucaristía los domingos. 25 minutos donde el Padre hablara menos, porque que desespero y que angustia. Esa era mi relación con Dios. Y como esa era mi relación. Sólo eso, pues todas las corrientes del mundo me arrastraban como una veleta; al punto de que cuando ya me estaba especializando. Y cuando yo estaba estudiando y oía a un sacerdote que "el infierno no existía y que los diablos tampoco". ¿Quién dijo miedo? a mí lo único triste, mire padre, y vergonzosamente les confieso y lo único que me mantenía en la Iglesia. Era el miedo al Diablo. Y cuando me dicen que no existe. Pues que lucha. Y yo dije: "Bueno para el Cielo vamos, no importa como somos". Entonces, eso terminó de alejarme totalmente del Señor. Empiezo hablar mal porque el pecado no se quedó en mí, yo empiezo a dañar mi relación con el Señor peor. Y empiezo a decirte a todo el mundo que los demonios no existen, que son invenciones de los curas, que son manipulaciones, bueno. Empiezo,... Y estudiando con muchos compañeros de La Nacional, empecé a andar con el cuento de que Dios no existía y que éramos producto de una evolución. Y miren, cuando, cuando me veo en ese instante, ¡que susto tan terrible! cuando veo a los demonios, y que me vienen a recoger, y que la paga soy ¡yo!... En ese instante, empiezo a ver como de la pared del quirófano empiezan a brotar muchísimas personas. Aparentemente común y corrientes, pero con una mirada de odio tan grande, una mirada espantosa y yo me doy cuenta en ese instante, que en mis carnes hay una sabiduría especial, y yo me doy cuenta que a todos ellos les debo; que el pecado no fue gratis y que la principal infamia y mentira del demonio fue decir que no existía, y veo como me vienen y me empiezan a rodear y me vienen a recoger. Ya ustedes tienen idea del susto, el terror, esta mente científica e intelectual no me servía de nada. Y rebotaba al piso, rebotaba dentro de mi carne, para que mi carne me recibiera y mi carne no me recibía. En ese susto tan terrible, yo salí corriendo y no sé en que instante atravesé la pared del quirófano. Yo aspiraba esconderme entre los pasillos del hospital, y no, cuando pasé la pared del quirófano... "zas" un salto al vacío...
Y entro por una cantidad de túneles que van abajo. Al principio tenían luz y eran luces como panales de abeja. Donde había muchísima gente. Pero voy descendiendo y la luz se va perdiendo y empiezo andar en unos túneles de tinieblas espantosas y cuando llego a las tinieblas esas no tienen comparación, vea, lo más oscuro de lo oscuro terrenal es luz del mediodía allá. No se puede comparar. Ellas mismas ocasionan dolor. Horror. Vergüenza y huelen mal. Y yo termino ese descenso por entre todos esos túneles y llego a una parte plana desesperada, esa voluntad de hierro que decía que tenía, es que a mi nada me quedaba grande, no me servía de nada. Porque yo quería subir e igual estaba ahí, y veo como en ese piso se abre una boca grandísima y siento un vacío impresionante en mi cuerpo, un abismo al fondo inenarrable, porque lo más espantoso de ese hueco era que no se sentía ni un poco del amor de Dios, ni una gota de esperanza y ese hueco tiene como unas chupas y me halan y yo grito aterrorizada.
Y yo sabía que si entraba ahí, ya estaba muerta mi alma. Y en ese horror tan grande, cuando estoy entrando, me toman de los pies. Mi cuerpo entró en ese hueco pero mis pies estaban sostenidos de arriba. Fue un momento muy doloroso y terrorífico. ¡Vea! El ateísmo se me quedo en el camino y empecé a gritar: ¡"Almas del purgatorio por favor sáquenme de aquí"! Cuando yo estaba gritando fue un momento de un dolor inmenso porque me doy cuenta que ahí se encuentran millares y millares de personas en ese hueco sobre todo jóvenes y con dolor me doy cuenta que se empiezan a escuchar el rechinar de dientes con unos alaridos y lamentaciones que me estremecían. Muchos años me habían costado para asimilar eso, porque yo me ponía a llorar cada vez que me acordaba del sufrimiento de esas personas, y me doy cuenta que allí estaban todas las personas que en un segundo de desesperación se habían suicidado y estaban en esos tormentos con todas esas cosas que ahí se encontraban, pero los más terrible de esos tormentos es la ausencia de Dios. No se sentía al Señor.




Y en ese dolor empiezo a gritar "¿quien se equivocó?". Miren yo tan santa. Jamás he robado yo nunca he matado, yo le daba mercados a los pobres, yo sacaba muelas gratis a los que necesitaban. ¿Yo que hago aquí? Yo iba a misa los domingos, a pesar de que me consideraba atea nunca falte, si en mi vida falté cinco veces a misa fue mucho. Yo era alma que siempre iba a misa. Y yo que hago aquí. Yo soy católica, por favor yo soy católica sáquenme de aquí. Cuando yo estoy gritando que soy católica, veo una lucecita y miren una luz en esas tinieblas es el máximo regalo que puede recibir uno. Veo unas escaleras encima de ese hueco, veo a mi papá, que había fallecido cinco años atrás, casi a ras del hueco, un poquito de luz tenía y cuatro escalones más arriba veo a mi mamá, con mucho más luz y en esa posición como de oración.
Cuando yo los vi. Me dio una alegría tan grande, y empecé a gritar: "¡papito, mamita por favor sáquenme de aquí se los suplico, sáquenme de aquí!". Cuando ellos bajan la vista y mi papá me ve allí si hubieran visto el dolor tan grande que sintieron ellos; uno siente los sentimientos en el sitio, uno mira esa parte y ve ese dolor tan grande, mi papá empezó a llorar y se ponía sus manitas en la cabeza y temblaba: "¡hija mía, hija mía!". Y mi mamá oraba y me doy cuenta que ellos no me pueden sacar pues el dolor que me daba era de ver que ellos estaban allí compartiendo ese dolor conmigo.
Y empiezo a gritar de nuevo: "¡por favor, miren, sáquenme de aquí, que soy católica!," ¿pero quien se equivocó?" ¡Por favor, sáquenme de aquí! Y cuando yo estoy gritando esta segunda vez, se escucha una voz, es una voz dulce, es una voz que cuando la escucho se estremece toda mi alma, y todo se inundo de amor y de paz, y todas esas criaturas salieron despavoridas, porque ellas, no resisten el amor, ni la paz y hay paz para mí, me dice esa voz tan preciosa: "muy bien, y si tú eres católica dime los mandamientos de la ley de Dios".


Y que rajada tan horrible, ¿oyeron?, yo sabía que eran diez pero de ahí en adelante nada, ¡miércoles! qué voy hacer aquí. No, aquí si hago. Mi mamá siempre me hablaba del primer mandamiento del amor. Al fin me sirvió. Al fin sirvió para algo "la carreta" de mi mamá. Aquí me toca "echar esta carreta" de mi mamá. Para ver como salgo de ésta que no se note las demás. Pensaba manejar las cosas como la manejaba acá siempre tenía la excusa perfecta, y siempre me justificaba y me defendía de tal manera que nadie se enterará de lo que no sabía. Y aquí me figuro, aquí empiezo a decir: ...El primero. Amar a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como a ti mismo", -"¡Muy bien!" Y me dicen: -"¿Y tú los has amado" - Y digo: yo sí, yo sí, ¡yo sí! Y es cuando me dicen: "No." Miren. Cuando me dijeron... "¡No!", ahí sí sentí el corrientazo del rayo, porque yo no me di cuenta en que parte me cayó el rayo, no sentía nada, y me dicen: "¡NO! ¡Tú no has amado a tu Señor sobre todas las cosas, y muchísimo menos a tu prójimo como a ti misma! tú hiciste un dios que acomodaste a tu vida sólo en momentos de extrema necesidad. ¡Te postrabas ante él, cuando eras pobre, cuando tu familia era humilde, cuando querías ser profesional! ¡Ahí sí todos los días orabas, y te postrabas tiempos enteros, horas enteras suplicando a tu Señor! ¡Orando y pidiéndole para que él te sacara de esa pobreza y te permitiera ser profesional y ser alguien! Cuándo tenías necesidad, querías dinero, ahí mismo un rosario Señor, ¡Pero mándame la platica! ¡Esa era la relación que tú tenías con el Señor! Yo veía a mi Señor, de verdad tristemente. Les comento, la relación con Dios era de" cajero automático". Pisaba un rosario y tenía que bajar la plata, esa era mi relación con él. Y me muestran, tan pronto el Señor me permitió que tuviese profesión. Que empezaba a tener un nombre. Y empezaba a tener dinero ya me quedó chiquitico el Señor, y ya empecé a creerme muchísimo; ni siquiera la mínima expresión de amor con tú Señor. ¿Ser agradecida? ¡Jamás! Ni siquiera abría los ojos ¡Señor, gracias por este día que me has dado, gracias por mi salud, por la vida de mis hijos, por que tengo un techo pobrecitos los que no tienen techos, ni comida Señor....! ¡Nada. Desagradecidísima! y fuera de eso, pusiste tan debajo a tu Señor, que creías más en Mercurio y Venus para la suerte, andabas segada a la astrología diciendo que los astros manejaron tu vida. Empezaste andar en todas las doctrinas que te ofrecía el mundo. Empezaste a creer que simplemente morías y volvías a empezar. Y te olvidaste de la "¡Gracia!". Que tú habías costado un precio de sangre a tu Señor. Me hacen un examen de los Diez Mandamientos. Me muestran que yo decía que adoraba, que amaba a Dios. Con mis palabras; y adora... a Satanás. Porque en mi consultorio llegaba una señora a hacer riegos, y yo decía: "Yo no creo en eso, ¡pero échelos por si las moscas!". Y empezaba echar ella rieguitos para la buena suerte.


Había puesto allá en un rincón donde no supieran los pacientes una penca de sábila con una herradura que dizque para alejar las malas energías.
Miren todo eso, ¡vergonzoso! Me hacen un análisis de toda mi vida sobre los diez mandamientos, me muestran con el prójimo quien fui yo, como le decía a Dios que lo amaba cuando todavía no me había alejado de El; cuando no había empezado andar en el ateísmo yo decía: -¡Dios mío te amo! Pero con esa misma lengua que yo bendecía al Señor, con esa misma lengua le daba garrote a toda la humanidad; criticaba a todo el mundo, a todo el mundo andaba señalando con el dedo, siempre la santa Gloria; y como me mostraba que yo decía que amaba a Dios y era envidiosa y que agradecida; jamás le reconociste todo el esfuerzo y amor y la entrega de ellos, para darte una profesión, para levantarte, y todo eso tan pronto tuviste profesión; hasta ellos te quedaron pequeños. Al punto de llegar a avergonzarte de tu mamá, por la humildad y la pobreza de ella.
Y me muestran como esposa, ¿Quién era? Todo el día renegando desde que me levantaba. Mi esposo me decía: "¡Buenos Días!" ¿Cuáles buenos días? ¡Mire, está lloviendo!, renegando todo el tiempo y con mis hijos. Me muestran que ni siquiera jamás tuve amor y compasión por el prójimo, por mis hermanos de fuera. Y me decía el Señor "nunca pensaste... ¡Pobrecitos, Señor, los enfermos! Dame la gracia de ir allá a acompañarlos en su soledad. Los niños que no tienen mamá, los huerfanitos, cuantos niños sufriendo Señor." ¡........mi corazón de piedra.......! ¡Total!; en el examen de los diez mandamientos no pasé ni medio.
¡Terrible espantoso! Vivía un verdadero caos. ¿Cómo que yo no había asesinado y había matado a tanta gente?
Por ejemplo yo di muchos mercados a gente necesitada pero daba no por amor, daba por mi imagen, porque como era muy rica que todo el mundo me viera la gracia, y como era de rico manipularle la necesidad a la gente.
Y entonces yo decía: "tome le doy este mercado pero me hace el favor va y me remplaza en las reuniones del colegio de mis hijos, porque yo no tengo tiempo de ir a las reuniones personales, de los colegios. Y así a todo el mundo le daba cosas pero les manipulaba; además me encantaba que anduviera un montón de gente detrás de mí diciendo lo buena y lo santa que era. ¡Me creé una imagen! Y me dicen a mi: "¡Es que tu tenías un dios y ese dios era el dinero!, ¡por él te condenaste!; Por él te hundiste en el abismo, y te alejaste de tu Señor." ...nosotros sí habíamos tenido mucho dinero, pero estábamos quebrados, endeudadísimos, se nos había acabado el dinero...; Entonces cuando me dicen dios dinero yo grité: "Pero cual dinero si yo allá en la tierra dejé muchas culebras"... y hasta ahí hablé...




Y cuando me hablaban por ejemplo en el segundo mandamiento veía que yo pequeñita tristemente aprendí que para evitar los castigos de mi mamá, que eran bastante severos, las mentiras eran excelentes y empecé a caminar con el padre de la mentira (Satanás), y empecé a volverme mentirosa y a medida que mis pecados iban creciendo, las mentiras iban haciéndose más grandes. Me daba cuenta que mi mamá respetaba mucho al Señor y para ella el nombre del Señor era santísimo, entonces yo pensé y dije: aquí tengo el arma perfecta y comencé a jurar en vano, le decía: "mami por Cristo lindo te juro.......", y así evitaba los castigos. Imagínense en mi mentira colocando el Santísimo nombre del Señor en las porquerías, en mi inmundicia porque ya estaba llena de tanta mugre y de tanto pecado.
Y vean hermanos aprendí que las palabras no se las lleva el viento, cuando mi mamá se me ponía muy terca le decía: "mamá, sabe que, ¡que me parta un rayo si te estoy diciendo mentiras!", y la palabra se fue en el tiempo, pero miren por misericordia de Dios estoy aquí, porque en realidad el rayo entró y me atravesó prácticamente en dos partes y me quemó.
Me mostraban como yo que me decía católica nunca tuve palabra y siempre anteponía el Santo nombre del Señor.
Me impresionó como el Señor pasaba, y todas las criaturas, todas esas cosas espantosas, se botaban al piso en una adoración impresionante. Vi a la santísima Virgen postrada a los pies del Señor, orando por mí, en una extrema adoración y yo pecadora desde mi inmundicia de tú a tú con el Señor. Yo tan buena que he sido. Renegando y maldiciendo del Señor.
En Santificar las fiestas fue espantoso y sentí un inmenso dolor; la voz me decía que yo dedicaba cuatro y cinco horas a mi cuerpo y ni siquiera diez minutos diarios de profundo amor al Señor, de agradecimiento o de una oración; eso si empezaba el rosario a una velocidad y yo decía: "en los comerciales de la novela alcanzo hacer el rosario". Mostraban como nunca fui agradecida con el Señor, y también me mostraban lo que yo decía cuando me daba pereza ir a misa: "pero mamá, si Dios está en todas partes que necesidad tengo de ir allá. Claro me era muy cómodo decir eso; y la voz me repetía que yo tenía al Señor veinticuatro horas en el día pendiente de mí, y yo no rezaba ni un poquito o un domingo a darle gracias al Señor, mostrarle cuan grande era mi agradecimiento y mi amor por él, y me quedaba grande, pero lo peor del caso, es que esa entrada a la iglesia era el restaurante de mi alma, me dediqué a cuidar mi cuerpo, me volví esclava, y se me olvidó un pequeño detalle, tenía un alma y jamás cuidé de ella, nunca la alimenté con la Palabra de Dios porque yo muy cómodamente decía que el que lee la palabra de Dios se volvía loco.
Y en los sacramentos nada, yo solamente que como me iba a confesar con esos viejos que eran más malos que yo, porque era muy cómodo para mí entre mi porquería no irme a confesar, el maligno me sacó de la confesión y así fue como me quito la sanación y limpieza de mi alma, porque cada vez que yo cometía pecado no era gratis, Satanás ponía dentro de esa blancura de mi alma su marca, una marca de tinieblas; jamás, sólo en mi primera comunión hice una buena confesión, de ahí en adelante nunca más y recibí a mi Señor indignamente.
Llegó a tal punto la blasfemia, la incoherencia de mi vida que yo llegué a decir: "¿Cuál Santísimo? ¿Qué tal Dios vivo en un pan? Es que esos sacerdotes deberían echarle un poco de arequipe para que supiera a rico". Hasta ese punto llegó la degradación de mi relación con Dios.
Jamás alimenté mi alma, y para rematar no hacía sino criticar a los sacerdotes, si hubieran visto como me fue de mal con eso; en mi familia y desde muy pequeños criticábamos a los sacerdotes, empezando por mi papá, decían que esos tipos son unos mujeriegos que tienen mas plata que nosotros y nosotros lo repetíamos. Y nuestro Señor me decía: "¿Quién te creías tú para hacerte Dios y juzgar a mis ungidos?", me decía: "son de carne y por la santidad de un sacerdote la hace la comunidad, que ora, le ama y le apoya y cuando un sacerdote cae en pecado no le preguntan tanto al sacerdote sino a la comunidad. Y el Señor me mostraba que cada vez que yo criticaba a los sacerdotes se me pegaban unos demonios. Fuera de eso cuanto mal hice cuando llamé a un sacerdote homosexual y toda la comunidad se enteró, no se imaginan cuanto daño hice.




Del cuarto mandamiento: honrar a Padre y Madre, el Señor me mostraba como ya les comenté como fui de desagradecida con mis padres, como maldecía y renegaba de ellos y no me podían dar todo lo que mis amigas tenían y como fui una hija que no valoraba lo que tenía llegué al punto de decir que esa no era mi mamá porque me parecía muy poquita cosa para mí. Fue espantoso ver el resumen de una mujer sin Dios y como una mujer sin Dios destruye todo lo que se acerca y fuera de eso lo más grande de todo es que yo sentía que era buena y santa. También me mostró el Señor como yo creía que no me rajaba en este mandamiento por el simple hecho de haber pagado los médicos y las medicinas de mis padres cuando ellos se enfermaron, también como yo analizaba todo a través del dinero y como los manipulé cuando yo tenía dinero, hasta de ellos me aproveché, el dinero me endiosó y los pisoteé. ¿Saben que me dolió?, ver a mí papá llorando con tristeza, a pesar de todo él había sido un buen padre que me había enseñado a ser trabajadora, emprendedora y que debía ser honorable, porque sólo el que trabaja puede salir adelante, pero se le olvidó un pequeño detalle que yo tenía alma y que él era un evangelizador con su testimonio y como toda mi vida se empezó a hundir a través de todo esto. Veía a mi papá con dolor cuando era mujeriego; él era feliz diciéndole a mi mamá y a toda la gente que él era muy macho porque tenía muchas mujeres y que podía con todas; que además el tomaba y fumaba. Con esos vicios que lo hacían sentir orgulloso, pues él no pensaba que eran vicios sino virtudes. Y empecé a ver como mi mamá se cubría las lágrimas cuando mi papá empezaba hablar de otras mujeres. Me empecé a llenar de rabia, de resentimiento y empiezo a ver como el resentimiento me lleva a la muerte espiritual, sentía una rabia espantosa de ver como mi papá humillaba a mi mamá delante de todo el mundo. Y empiezo con la rebeldía y le digo a mi mamá: "yo nunca voy hacer como usted, por eso las mujeres no valemos nada, por mujeres como usted, sin dignidad, sin orgullo que se dejan pisotear de los hombres". Y yo le decía a mi papá cuando ya fui más grande: "Jamás, póngale cuidado, papá jamás voy a permitir que un hombre me humille como usted lo hace con mi mamá, si un hombre me llega a ser infiel yo me desquito papá". Mi papá me pegó y me dijo: "¿Cómo se le ocurre?" mi papá era muy machista y le dije: "así me pegue y me mate si yo me llego a casar y mi esposo me es infiel yo me desquito para que los hombres entiendan como sufre una mujer cuando un hombre la pisotea". Y me lleno de todo ese resentimiento y de esa rabia, y cuando ya tuve plata empecé a decirle a mi mamá: "¿sabe que, mamá? ¡sepárese de mi papá!, -y eso que yo adoraba a mi papá-, es imposible que usted aguante un tipo así, sea digna, hágase valer mamá". ¡Imagínense! quería divorciar a mis padres. Y mama decía, "no hija, a mí no es que no me duela, a mí sí me duele pero me sacrifico porque ustedes son siete hijos y yo no soy sino una, me sacrifico porque finalmente su papá es un buen papá y yo sería incapaz de irme y dejarlos sin papá, además, si yo me separo quien va a orar para que su papá se salve, yo soy la que puedo orar para que su papá encuentre la salvación porque el dolor y el sufrimiento que él me ocasiona yo los uno a los dolores de la Cruz y todos los días le digo al Señor, este dolor no es nada unido a tu cruz me permita que se salve mi esposo y mis hijos. Yo no entendía eso. Y saben que, me dio tanta rabia y eso hizo que mi vida cambiara y me volviera una rebelde, y empezara a promulgar en esos mismos deseos de defender a la mujer. Empecé a defender el aborto, la estancia, el divorcio y a defender la ley del "Talion", el que me la hace me la paga, nunca fui infiel físicamente pero dañé a mucha gente con mis consejos.


Cuando llegamos al quinto mandamiento el Señor me mostraba que yo era una asesina espantosa y que cometí lo peor y lo más abominable ante los ojos del Señor: el aborto, miren es que el poder que me dio el dinero me sirvió para financiar varios abortos porque yo decía: "la mujer tiene derecho a escoger cuando quiere quedar embarazada o no", miré en el libro de la vida y me dolió tanto que cuando vi a una niña de catorce años abortando, yo le había enseñado, porque saben que cuando uno tiene veneno nada bueno queda, y todo a lo que se acerca se daña.
Unas niñas, tres sobrinas mías y la novia de un sobrino abortaron, las dejaban ir a mi casa porque yo era la de plata, la que las invitaba, la que les hablaba de moda, de glamour, y de cómo exhibir su cuerpo, y mi hermana me las mandaba allá, miren como las prostituí, prostituí menores que fue otro pecado espantoso después del aborto, porque yo les decía a esas niñas: "no sean bobitas mijitas es que sus mamás les hablan de virginidad y de castidad es porque están pasadas de moda, ellas hablan de una Biblia de hace dos mil años, y los curas no se han querido modernizar, ellas hablan de lo que decía el papa, pero ese papa esta pasado de moda.
Imagínense mi veneno y les enseñé a las niñas que ellas tenían que disfrutar de su cuerpo pero que tenían que planificar. Yo les enseñé los métodos de planificación "perfecta mujer", y esa niña de catorce años, la novia de mi sobrino llega un día a mi consultorio (lo vi. en el libro de la vida), llorando me dice: "¡Gloria, soy un bebé y estoy embarazada", y yo le dije: "bruta, ¿no le enseñe a planificar?" y entonces me dice: "sí, pero no funcionó". Entonces miré y el Señor me ponía allí esa niña para que no se hundiera en el abismo, para que no fuera a abortar, porque es que el aborto es una cadena que pesa tanto, que arrastra y pisotea, es un dolor que nunca se acaba, es el vacío de haber sido un asesino. Es lo peor a un hijo. Y saben que fue lo peor de esa niña, que en lugar de yo hablarle del Señor le di plata para que fuera a abortar en un lugar muy bueno para que después no la fueran a perjudicar. Así como ese patrociné varios abortos, cada vez que la sangre de un bebe se derramaba era como un holocausto a Satanás, es un holocausto, al Señor le duele y se estremece cada vez que se mata un bebé porque en el libro de la vida, vi como el alma de nosotros tan pronto como se tocan el espermatozoide y el óvulo se forma una chispa hermosa una luz cogida del sol de Papá Dios, el vientre de una madre tan pronto es fecundado se ilumina con el brillo de esa alma y cuando se aborta esa alma grita y gime de dolor así no tenga ojos ni carne, se escucha ese grito cuando lo están asesinando y el cielo se estremece y en el infierno se escucha otro igual pero de júbilo, de inmediato del infierno se abren unos sellos y salen unas larvas para seguir asediando a la humanidad, y seguir haciéndola esclava de la carne y de todas esas cosas que se ven y se verán cada día peor.
Porque ¿cuántos bebés se matan a diario? Y eso es un triunfo para él. Como será que ese precio de sangre inocente ocasiona un demonio más afuera y me lavan en esa sangre y mi alma blanca se empezó a poner absolutamente oscura. Después de los abortos ya no tuve más convicción de pecado, para mi todo eso estaba bien. Y lo triste también ver como en esos pagarés que me tenía el maligno allí me mostraba todos los bebés que yo había matado también, porque ¿saben qué? Yo planificaba con la t de cobre y fue doloroso ver cuantos bebitos habían sido fecundados y se habían estallado esos soles, y el grito de ese bebé desgarrándose de las manos de Papá Dios. De razón que vivía amargada y mal geniana, haciendo mala cara, frustrada con todos y con mucha depresión y decía para mi: "Que mamera" claro, me había vuelto una máquina de matar bebés
Y eso me hundió más en el abismo; ¿cómo que no había matado? Y que decir de cada persona que me cayó gorda, que odiaba, que detestaba. ¡Ahí ya era aún asesina! Porque no sólo con un disparo se mata a una persona, basta con odiarla con hacerle el mal, con tenerle envidia, con eso ya se le mata y en cuanto al sexto mandamiento de no fornicar yo dije: "no aquí sí no me van a levantar ni un amante porque yo toda la vida solamente he tenido un hombre y es mi esposo". Cuando me muestran que yo cada vez que yo estaba con mis senos descubiertos y mi cuerpo con mis trusas estaba incitando a otros hombres a que me miraran y tuvieran malos pensamientos y los hacía pecar y así fue como entré en adulterio.
Yo les aconsejaba a las mujeres que fueran infieles con sus esposos les decía: no sean bobas desquítense no los perdonen y más bien divórciense, ya con eso estaba cometiendo un abominable adulterio.
Y me di cuenta que los pecados de la carne son espantosos y son condenatorios así el mundo les diga que son chéveres y que sigamos actuando como animales. Tristemente me solté de la mano del Señor, porque los pecados están en los pensamientos, en el alma y en la acción.
Fue tan doloroso ver como todo ese pecado, por ejemplo el pecado del adulterio de mi papá dañó y desgarró a sus hijos, a mí me volvió una resentida con los hombres y en mis hermanos tres fieles fotocopias de mi papá, felices por ser muy machos, mujeriegos y toma tragos... no se daban cuenta como dañaban a sus hijos. Por eso mi papá lloraba con tanto dolor viendo como su pecado había sido heredado en ellos, en su hija, dañándose así toda la obra de Dios.




En el séptimo mandamiento de no robar, yo me consideraba honesta; y el Señor me mostraba que mientras que en mi casa se desperdiciaba la comida, tanta hambre que padecía todo el mundo y me decía: "yo tenía hambre y mira tú lo que hacías con lo que yo te daba: desperdiciabas, yo tenía frío y mira lo que hacías tú esclavizada con las modas y las apariencias, gastándote mucho dinero en una inyección para estar delgada, esclavizada en el cuerpo, en pocas palabras hiciste un Dios de tu cuerpo y me mostraba que yo era culpable de la miseria de mi país y que yo sí tenia que ver con eso. También me mostraba que cada vez que yo hablaba mal de alguien, le robaba la honra y difícil devolvérsela, que hubiera sido más fácil reparar al robarle un billete a una persona porque le había podido devolverle la plata y no robarle el buen nombre a una persona. Le robaba a mis hijos la gracia de una mamá en la casa, tierna, una mamá que les amaba y no la mamá en la calle dejando a los niños solos con el papá televisor, la mamá computadora o con los juegos de video, y para calmar mi conciencia les compraba ropa de marca. Más me horrorizó cuando vi a mi mamá que se cuestionaba y eso que mi mamá fue una mujer santa que nos corregía y nos amaba, igualmente mi papá y dije "que será de mí que yo ni siquiera les he dado nada a mis hijos... Que espanto, que dolor tan grande".
Me dio una vergüenza porque en el libro de la vida ve uno todo como en una película y los niños decían: "ay, que se demore mi mamá, que haya un trancón, porque mi mamá es muy cansona y no hace si no renegar". Que tristeza un niño de tres años y una niña más grande diciendo eso, y les robé a su mamá les robé la paz que iba a dar en mi casa y no los dejé que conocieran de Dios a través mío y no les enseñé amar al prójimo y es que si no amo a mi prójimo yo no tengo que ver con el Señor, si no tengo misericordia no tengo nada con el Señor.




Porque Dios es amor... y bueno, les voy hablar un poquito de no levantar falsos testimonios. Ni mentir, en eso sí que fui experta ¿oyeron? porque Satanás se volvió mi papá es que tú tienes tu papá Dios y a Satanás.




Si Dios es Amor y yo odio ¿quién es mi Papá? no era tan difícil y si Dios me habla del perdón y de amar a los que me hacen daño y yo decía el que me la hace me la paga y hasta allí llegó conmigo, pues ¿quién era mi papá? y si El es la verdad y Satanás es la mentira ¿quién era mi papá? y no hay mentira ni rosada, ni amarillita ni verdecita todas las mentiras son mentiras, y Satanás es su padre. Tan terrible fueron los pecados de mi lengua. Que yo veía con mi lengua cuanto daño hacía. Cuando yo chismoseaba, cuando yo me burlaba, le colocaba un apodo a alguien, como sentía esa persona. Como le dolía el apodo. Como le podía crear complejo de inferioridad a una persona gordita que le andaba diciendo gorda, como cuanto mal hacía y como la palabra siempre terminaba en una acción. Cuando me hacen el examen de los 10 mandamientos y de la codicia salieron todos mis males, ese deseo loco. Yo pensaba que iba a ser feliz teniendo mucho dinero y se me volvió una obsesión tener dinero. Lástima. Cuando tuve mucho dinero, fue el peor momento que vivió mi alma hasta el punto de querer suicidarme. Con tanto dinero y sola, vacía. Amargada. Frustrada. Esa codicia de desear tener dinero fue el camino que me llevó de la mano a extraviarme y soltarme de la mano del Señor. Después de ese examen de los 10 Mandamientos, me muestran "El Libro de la Vida", hermoso, yo ya quisiera tener palabras para describirles "El Libro de la Vida", empezó desde la concepción tan pronto se unieron el par de células de mis padres, de inmediato hubo: ¡Zas! una chispa. Una explosión hermosa y se formó una alma, el alma mía cogida de la mano de Papá Dios. Me encontré un Papá Dios tan hermoso. Tan maravilloso 24 horas al día cuidándome buscándome y lo que yo veía que era castigo, no era más que su amor porque él mira no aquí en mi carne, sino miraba mi alma, y miraba como me iba alejando de la salvación. Ese "Libro de la Vida", para terminar les voy a dar un ejemplo de como es de hermoso el "Libro de la Vida", yo era muy hipócrita y a la gente te decía a alguien: ¡huy! oye como estás de linda que vestido tan precioso, como se te ve de lindo, y por dentro decía: "Huy" que de pinta tan asquerosa, y todavía se cree la reina. En mis pensamientos. En ese libro se ve igualito lo que yo decía con mi lengua, con una diferencia: se veían mis pensamientos, y se veía el interior de mi alma. Todas mis mentiras quedaron al rojo vivo, vivas, todo mundo se dio cuenta. A mi mamá cuantas veces me le volaba porque mi mamá no me dejaba ir para ningún lado. Mami tengo un trabajo en grupo en la biblioteca y mi mamá creía el cuento. Y arrancaba a ver una película de pornografía, o a un bar a tomar cervezas con mis amigas y mi mamá viendo mi vida, nada se escapó, vea. Es tan lindo "El Libro de la Vida" que mis padres me daban bananos en las onces, en la época mía mis padres eran pobres de manera que en mi lonchera era bananos, bocadillos y leche, y yo me comía el banano y botaba la cáscara de los bananos por todos lados, nunca tuve la conciencia de pensar que si yo dejaba una cáscara de banano podía hacerle algo a alguien, ahí quedo la cáscara de banano, pero saben qué fue lo lindo, que el Señor me mostró algunas veces, no siempre quién se cayó con esa cáscara de banano y que hubiera podido asesinar a esa persona, por mi falta de misericordia y cómo sólo una vez, que hice una confesión con dolor y vergüenza bien hecha, que fue cuando una señora me dio 4.500 pesos de más en un supermercado en Bogotá. Y mi papá nos había hablado de ser honorables y nunca tocar un centavo de nadie y yo me doy cuenta en el carro. Cuando ya voy para mi consultorio, "ay, esa vieja bruta este animal me dio 4.500 pesos de más y ahora me toca devolverme", y miro y hay un trancón y digo "huy no que me voy a devolver, no, quién la manda de ser tan bruta", pero me quedó el dolor de esa plata. Porque mi papá había fundamentado muy bien la honorabilidad y el domingo me confesé y le dije "ay, padre, acúseme: que me robé 4.500 pesos porque no se los devolví a una señora". Ni le puse atención a lo que me dijo el padre. Pero saben que el maligno no me pudo acusar de ladrona, pero sí saben que me dijo el Señor, esa falta de caridad tuya cuando no reparaste el pecado, 4.500 pesos para ti no era nada, pero para esa mujer con un sueldo mínimo, era la alimentación de tres días y saben que fue lo más triste que me mostró como sufrió y aguantó hambre un par de días. Por mi culpa con sus dos chiquitos, porque así muestra el Señor, muestra cuando yo hago algo quién sufrió quién actúa y como actúa. Me pregunta el Señor ¿qué tesoros espirituales traes? Tesoros espirituales y mis manos iban vacías, no llevaba nada, mis manos iban absolutamente desocupadas, es cuando me dice: de que te sirve decir que tenías 2 apartamentos, que tenías casas, que tenías consultorios. Que te considerabas una profesional con muchísimo éxito. ¿Te pudiste traer el polvo de un ladrillo aquí? Es cuando me dice ¿Qué hiciste con los talentos que yo te di? ¿Talentos? Tenía una misión. La misión de defender el reino del amor. El reino de Dios. Se me había olvidado que tenía alma, muchísimo menos que tenía talentos. Muchísimo menos que tenía talentos, que yo era las manos misericordiosas de Dios. Mucho menos que todo el bien que dejé de hacer le dolió al Señor. ¿Porque saben que era lo que siempre me preguntaba el Señor? La falta de amor y caridad en el prójimo, siempre me preguntaba por el amor, y es cuando me dice: -"Es que tu muerte espiritual..." Estaba viva pero muerta. Si hubieran visto que es "muerte espiritual", como es un alma que odia. Como es un alma espantosamente terrible de amargada y de fastidiosa. Que le hace mal a todo el mundo. Cuando uno está lleno de pecados, y ver mi alma por fuera oliendo muy rico y con buena ropa y mi alma oliendo horrible viviendo en los abismos. Con razón tanta depresión y tanta amargura. Y me dice: "Es que tu muerte espiritual comenzó cuando a ti te dejaron de doler todos tus hermanos". Era una alerta cuando veías el sufrimiento de tus hermanos en todas partes. O cuando veías en los medios de comunicación, mataron, secuestraron, desplazaron y tú con la lengua por afuera dices:
-"¡Ay! ¡Pobrecitos! Que pecadito". Pero no te dolían tus hermanos. En el corazón no sentías nada, toda de piedra, el pecado te lo petrificó.
Cuando se cierra mi Libro, ustedes se imaginan la tristeza tan grande mía. Cuanto dolor, fuera de eso, por haberme portado así con mi Papá Dios, porque a pesar de todos mis pecados, a pesar de toda mi inmundicia y de toda mi indiferencia y de todos mis sentimientos horribles, el Señor siempre hasta el último instante me buscó, siempre me enviaba instrumentos, personas, me hablaba, me gritaba, me quitaba cosas para buscarme, él me busco hasta el último instante. ¿Saben quién es Papá Dios? "pidiéndonos cacao" a cada uno de nosotros para convertirnos.
Yo como le decía: -"Óigame Señor usted me condenó". Claro que no, en mi libre albedrío, escogí quién era mi papá, y no fue mi papá Dios. Escogí a Satanás, ese fue mi papá, y cuando se cerró ese libro, yo veo que en mi mente, estoy de cabeza porque me voy a un hueco y después de ese hueco se va abrir una puerta. Y allí ya voy, y empecé a gritarle a todos los santos, que me salvaran, ustedes no tienen idea la cantidad de santos que llegué a saber, yo no tenía idea que sabía tantos santos, era tan mala católica, que pensaba que igual me salvaba San Isidro el labrador, que San Francisco de Asís, y cuando se me acabaron todos santos, el mismo silencio. Sentía un vacío, un dolor tan grande. Diciendo: y todo el mundo allá en la tierra pensando que "tan Santa", esperando que yo me muera para pedirme un milagrito. Y ¡Miren! ¿Para donde me voy? No, levanto los ojos y me encuentro con los ojos de mi mamá. Y con mucho dolor le grito: - ¡Mami! Que vergüenza ¡Me condené, madre, a donde yo voy, no te voy a volver a ver jamás! Y en ese momento a ella le concedieron una gracia muy bella. Estaba inmóvil y le permiten mover sus dos deditos hacia arriba y ella señala allí y saltan de mis ojos dos costras espantosamente dolorosas, esa ceguera espiritual. Salta allí, y veo un momento hermoso. Cuando una paciente me había dicho: - "Mire, doctora. Usted es muy materialista y un día lo va a necesitar. Cuando usted esté en eminente peligro, cualquiera que sea, pídale a Jesucristo que la cubra con su sangre que Él nunca, nunca la va abandonar. Porque Él pagó un precio de su sangre por usted". Y con esa vergüenza tan grande y ese dolor. Empecé yo a gritar: - Jesucristo, Señor ten compasión de mí ¡perdóname, Señor dame una segunda oportunidad! Y ese fue el momento más bello, yo no tengo palabras para describir ese momento. Él baja y me saca de ese hueco. Cuando Él me recoge, todas esas cosas se botaron al piso. Me levanta y me saca en esa parte planita, y me dice con todo ese amor: -"Vas a volver, vas a tener tu segunda oportunidad (...), pero, me dice, pero no por la oración de tu familia. Porque es normal que ellos oren y clamen por ti, sino por toda la intercesión de todas las personas ajenas a tu carne y a tu sangre que han llorado, han orado y han elevado su corazón con muchísimo amor por ti". Y empiezo a ver como se prenden un montón de lucecitas que son como llamitas blancas llenas de amor. Y veo a las personas que están orando por mí. Pero había una llama grande, grande que era la que más luz daba. La que más amor daba. Yo miraba quién era esa persona que me amaba tanto. Y me dice el Señor: -"Esa persona que tú ves allí, es una persona que te ama tanto, tanto que ni siquiera te conoce". Y me mostraba, había visto el recorte en la prensa del día anterior porque bajó al pueblo, bien pobre, era un campesino que vivía al pie de la Sierra Nevada de Santa Marta. Bajó el hombre bien pobrecito. Compró una panela y se la envolvieron en una hoja del "Espectador" del día anterior. Estaba ahí mi fotografía, quemada. Cuando ese hombre ve esa noticia que ni la leyó de corrido se fue para el piso y empieza a llorar con un amor tan grande, y dice: - "Padre. Señor ten compasión de mi hermanita. Señor sálvala, Señor, mira, Señor. Si tú salvas a mi hermanita, yo te prometo que me voy al "Santuario de Buga" y te cumplo una promesa, pero sálvala". Imagínense un hombre pobrecito, no estaba renegando ni maldiciendo porque estaba aguantando hambre, con una capacidad de amor ofrecerse a atravesar todo un país, por alguien, que no conocía. Y me dice el Señor: "Eso es Amor al Prójimo" (...) y cuando me dice esto: vas a volver pero tú no lo vas a repetir 1000 veces. Sino 1000 veces mil. Y ay de aquellos que oyéndote no cambiaron. Porque van a ser juzgados con más severidad. Como lo vas a ser tú en tu segundo regreso. Los ungidos -que son sus sacerdotes- o cualquiera de ellos, porque no hay peor sordo que el que no quiere oír, ni peor ciego que el que no quiere ver. Y esto mis queridos hermanos no es una amenaza, el Señor no necesita amenazarnos, esta es la segunda, oportunidad que ustedes tienen y ¡gracias a Dios que viví lo que yo viví! Porque cuando les abran "El Libro de la Vida" a cada uno, cuando se mueran cada uno de ustedes, vamos a ver este momento igualito, y vamos a vernos tal cual estamos con la diferencia que vamos a ver nuestros pensamientos y nuestros sentimientos en la presencia de Dios, y lo más hermoso es que cada quien va a ver al Señor en frente de cada uno de nosotros. Otra vez pidiéndonos cacao para que nos convirtamos, para que de verdad empecemos a ser nuevas criaturas con él, sin él no podemos.
Que el Señor los bendiga a todos grandemente. La gloria para Dios. La gloria

Puede consultarse la historia completa de Gloria Polo en esta dirección: http://www.gloriapolo.com