San Miguel Arcángel pesando las almas en el Juicio Final
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miércoles, 11 de abril de 2018

Inmediatamente después de la muerte, tiene lugar el Juicio Particular, en el que se decide nuestro destino eterno: Cielo o Infierno

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EL JUICIO

Por juicio se entiende el estricto examen de toda nuestra vida ante el tribunal de Dios, seguido de la sentencia que decidirá nuestra suerte por toda la eternidad.

Hay dos juicios: uno particular entre el alma y Jesucristo inmediatamente después de la muerte; y otro universal al fin del mundo entre Jesucristo y todos los hombres reunidos. El juicio universal es una ratificación o confirmación del particular.

Certeza o pruebas de este Juicio.

Pruebas de fe. — En varios pasajes de la Escritura hallamos sentencias, ejemplos o parábolas que prueban la realidad del juicio de Dios. He aquí algunas citas: Dice San Pablo: Está establecido que los hombres mueran una sola vez y que a la muerte siga el juicio.

Jesucristo habló del juicio cuando dijo: Estad siempre preparados (para morir) porque a la hora que menos penséis el Hijo del hombre va a pediros cuenta de vuestra vida.

Y en otra ocasión: Vigilad, pues, porque ignoráis el día, y la hora (de la muerte y del juicio).

También hacen a este propósito las parábolas del rico Epulón y Lázaro, la del mayordomo injusto (Lucas, XVI, 1-9) de las diez vírgenes (Mat., XXV).

Pruebas racionales. — l) Dice Santo Tomás: El hombre puede ser considerado como individuo aislado y como parte del género humano; luego debe someterse a un doble juicio: a) uno particular en el cual sea premiado o castigado según sus obras, pero, sin que trascienda su sentencia, b) Otro juicio, universal en el que llegue a conocimiento de todos la sentencia merecida y todos alaben la justicia o misericordia de Dios.

2) Por analogía. — En toda sociedad bien constituida nunca se condena a un hombre sin antes juzgarlo; asi también Dios, juez rectísimo y sapientísimo, juzga al hombre para que este comprenda el motivo de su salvación o condenación.

3) Testimonio de los pueblos. Aun los pueblos privados de la luz de la fe creían en un juicio de las almas. Se han hallado en las tumbas egipcias dibujos que representan ese juicio bajo el símbolo de una balanza donde es pesada el alma. El poeta Virgilio en su “Eneida” (libro sexto, versos 565 y siguientes) hace ver cómo las almas se presentan al juez Radamanto, quien las obliga a confesar sus delitos. Análogas creencias existen en los pueblos salvajes.

Celebración del Juicio.

El juez será Jesucristo, según lo dijo Él mismo: El Padre no juzga a ninguno: mas todo el juicio ha dado al Hijo. La razón es porque Jesucristo ha sido nuestro Redentor y como a tal le corresponde pedirnos cuenta del uso que hemos hecho de su redención.

Jesucristo cuando nos juzgue estará revestido ya no de los atributos de la misericordia, pero sí de la justicia: será un juez justo que dará a las obras buenas y malas su verdadero valor; sabio, que todo lo conoce, hasta los más leves pensamientos; no podrá ser engañado como los jueces de la tierra; incorruptible, que no se deja desviar, como los jueces humanos, por premios o amenazas; inapelable, del cual no se puede apelar a otro juez superior para que cambie la sentencia.

Lugar del juicio. — Donde la muerte sorprendiera al hombre, allí se levantará el tribunal del supremo Juez.

Modo. — Dios iluminará el alma con una luz tan viva, que abarcará de una sola mirada todos los detalles de su vida, la fealdad y gravedad de sus pecados, como también la belleza y méritos de sus obras buenas.

Materia. — Jesucristo nos juzgará sobre todo lo bueno y lo malo que hubiéramos hecho, a saber:

a) El mal cometido, juzgado en sus causas, en su malicia, en sus efectos.
b) El bien voluntariamente omitido (pecado de omisión) hecho con negligencia, practicado con hipocresía o por fines humanos, p. ej: para ser visto, aplaudido, etc.
c) Los escándalos dados a las almas, a los niños, a los criados, a los ignorantes.
d) Las gracias de que se abusó: sacramentos, instrucciones, remordimientos, buenos ejemplos, enfermedades, reveses de fortuna, bienes materiales.

Será tan riguroso este juicio, que apenas se salvará el justo. Dice San Pedro en su primera epístola: “Si el justo a duras penas se salvará, ¿Dónde irán el impío y el pecador?

La sentencia.

Terminado el juicio, Jesucristo pronunciará la sentencia, la cual es irrevocable, por cuanto no hay excusas que alegar; no hay defensor en quien esperar; no hay ya lugar a súplica porque con la muerte termina el tiempo de la misericordia y sólo queda estricta justicia.

La sentencia para el alma justa será: “Ven, alma bendita a poseer el reino que te está preparado desde el establecimiento del mundo” (Mat., XXV, 34).

Si el alma no está purificada enteramente de sus faltas veniales o tiene algo que expiar, la enviará Dios al Purgatorio, de donde, acabada la expiación, subirá a la gloria.

La sentencia para el alma culpable será: “Apártate de mí, maldita, vete al fuego eterno que está aparejado para el diablo y para sus ángeles” (Mat., XXV, 41). En seguida el alma será precipitada en el infierno por toda la eternidad.

Descripción del Juicio universal.

El fin del mundo. — Así como todo hombre está sujeto a la muerte y a la resurrección, así también todo el mundo será destruido y renovado.

La opinión de la mayor parte de los Padres es que la tierra y el mundo perecerán, no en cuanto a la sustancia, sino en cuanto a las exteriores cualidades y que tomarán un ‘estado más perfecto, pero no serán aniquilados.

Nadie sabe cuándo acaecerá el fin del mundo.

Sin embargo la Escritura nos muestra las señales remotas y próximas que precederán al fin de los tiempos. Éstas son:

La predicación del Evangelio en todo el mundo; la conversión de los judíos a la fe de Cristo; una apostasía general; la gran mayoría de los hombres se apartarán de Dios, no haciendo caso de su divinidad; muchas grandes calamidades en el mundo: guerra, revoluciones, hambre, pestes, perturbaciones atmosféricas; advenimiento del Anticristo con quien se unirán los enemigos de Dios para combatir a la Iglesia y a los cristianos; aparición de Elias y Enoc que vendrán a combatir contra el Anticristo, por el cual, después de tres años y medio serán muertos; también miserablemente; grandes cataclismos en el universo, terremotos, inundaciones, oscurecimiento del sol, de la luna, de las estrellas y muerte de todos los hombres. A esto seguirá la resurrección de todos los hombres.

Lugar del juicio final. Se cree comúnmente que será en el valle de Josafat, carca del monte Calvario; es muy conveniente que Jesucristo juzgue a los hombres en el lugar donde ellos lo juzgaron y en donde murió para salvarlos.

Modo del juicio. — Resucitados todos los hombres y reunidos en el valle de Josafat, aparecerá en los cielos Jesucristo con gran poder y majestad, rodeado de toda la corte celestial y precedido de la Cruz.

Comenzará el juicio: Jesucristo abrirá el libro de la conciencia de cada hombre, cerrado durante el curso de la vida y lo expondrá a la vista y a la censura del Universo (Apoc., XX, 12. 1Cor., IV, 5). Publicará también los pecados de los justos, más para gloria de los mismos y para confusión de los malos que no los imitaron en la penitencia al pecar.

Por ministerio de los ángeles, se hará la separación de los buenos y de los malos. Los primeros serán colocados a la derecha de Jesucristo; los segundos, a su izquierda.

En seguida pronunciará el supremo Juez la sentencia de salvación para los buenos y de condenación para los malos.

Se cumplirán en el acto ambas sentencias: los justos subirán en cuerpo y alma a la gloria entonando himnos de alabanza y de triunfo, en presencia de los réprobos que contemplarán desesperados la sublime escena. Entre tanto se abrirá la tierra y demonios y condenados en cuerpo y alma serán tragados juntamente; y oirán cerrarse tras de sí las puertas que jamás se abrirán.

Y todo habrá acabado: ya no habrá más tiempo; sólo habrá eternidad.

“LA RELIGIÓN EXPLICADA (Año 1953)”

jueves, 9 de noviembre de 2017

San Bernardo de Claraval advierte del peligro de posponer la confesión hasta el momento de la muerte


Lo que ocurre inmediatamente después de la muerte: el Juicio Particular y el destino eterno -Cielo o Infierno-, según las obras realizadas libre y voluntariamente.


Los que pecan esperando confesarse a último momento

"Se multiplicaron sus enfermedades y se apresuraron. ¿Por qué evitan los hombres convertirse durante la vida y se fían de la última confesión? ¿Cómo creen que en una sola hora podrán reunir todas las facultades de su alma, dispersas y desparramadas por todo el mundo y por la concupiscencia y malos deseos, hundidas en el fango y pegadas a él con el engrudo del placer?
"No niego", dice el Señor, "que pueda salvar a algunos de estos, pues puedo presentarles toda su vida en un abrir y cerrar de ojos, y moverles a la penitencia y compunción del corazón por medio del Espíritu Santo, que sopla donde quiere y cuando quiere, y de ese modo puedan alcanzar como el ladrón lo que otros apenas son capaces de conseguir con un largo y continuo ejercicio. Pero también os digo esto: No aceptaré sus asambleas de sangre. Es decir, a los que viven en la sangre no los aceptaré en grandes multitudes, ni acogeré a muchos de ellos en mi seno.
En todas las Escrituras solamente encontrarás a uno que se salvó en el último momento, y eso ocurrió durante la pasión del Señor, y porque allí hubo una fe mucho mayor que en todo Israel".
(San Bernardo de Claraval)

jueves, 15 de septiembre de 2016

Jesucristo reveló a Santa Brígida cómo será el Juicio Particular a cada Persona


EN EL SIGLO XIV SANTA BRÍGIDA RECIBIÓ DE JESÚS LA REVELACIÓN DE CUÁL SERÁ EL DESTINO ETERNO DE CADA PERSONA.

Santa brígida y jesús
ESTO ES DE MUCHA ACTUALIDAD PARA CUANDO LUEGO DE LA MUERTE NOS TENGAMOS QUE ENFRENTAR A ÉL EN EL JUICIO PARTICULAR.

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QUIEN FUE SANTA BRIGIDA DE SUECIA

Brígida Birgersdotter (1303-1373), conocida como Santa Brígida de Suecia, fue una mística, escritora y teóloga sueca a la que Juan Pablo II proclamó Patrona de Europa.
Hija de un gobernador y de la hija de otro gobernador, Brígida formaba parte de la clase alta de Suecia.
SIN EMBARGO, A LOS SIETE AÑOS TUVO UNA VISIÓN DE MARÍA SANTÍSIMA Y A LOS DIEZ SOÑÓ CON JESÚS SANGRANTE Y A PARTIR DE ESE MOMENTO SE CONVIRTIÓ EN DEVOTA DE LA PASIÓN DE NUESTRO SEÑOR.

Casada a los catorce años, tuvo 28 años de felicidad con su esposo, interrumpidos cuando ambos decidieron dedicarse a la vida consagrada.
Llamada a la Corte, como dama de compañía de la reina, Brígida intentó por todos los medios enderezar a un rey débil y vicioso, así como a su esposa, la Reina. Ambos la escuchaban ocasionalmente, volviendo a caer en sus faltas.
Su vida estuvo signada por visiones, milagros, peregrinaciones y un gran compromiso con los pobres y los incrédulos.
No la asustaban ni la peste ni las burlas a sus sueños y visiones.
Fue la fundadora de la Orden del Santísimo Corazón. Murió en el año 1373, a los 70 años, en Roma, Italia.
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LAS VISIONES DE SANTA BRIGIDA

Estamos frente a una persona cuyas visiones eran realmente significativas para la época.
Eran tan populares que se las discutieron en tres Concilios (de Constanza, de Basilea y Quinto de Letrán)
El libro de sus revelaciones fue publicado por primera vez en 1492.
POR ORDEN DEL CONCILIO DE BASILEA, JUAN DE TORQUEMADA, QUIEN FUE MÁS TARDE CARDENAL, EXAMINÓ EL LIBRO DE LAS REVELACIONES DE LA SANTA Y DECLARÓ QUE PODÍA SER MUY ÚTIL PARA LA INSTRUCCIÓN DE LOS FIELES. LAS CLASIFICÓ DE TRES TIPOS: CORPORALES, ESPIRITUALES E INTELECTUALES.

Acerca de sus visiones, el Papa Benedicto XIV dijo:
“Aunque muchas de esas revelaciones han sido aprobadas, no se les debe el asentimiento de fe divina; el crédito que merecen es puramente humano, sujeto al juicio de la prudencia, que es la que debe dictarnos el grado de probabilidad de que gozan para que creamos píamente en ellas.”
Su canonización fue confirmada en 1415 en el concilio de Constanza por el antipapa Juan XXIII.
Sin embargo los reyes de Suecia querían una canonización legítima y obtuvieron en 1419 la confirmación por el papa Martín V, Sumo Pontífice de toda la cristiandad.
En el año 2000 el papa Juan Pablo II la designó Patrona de Europa.
REVELACIONES SOBRE EL JUICIO DE JESUCRISTO

En su libro de las revelaciones, Libro 1, capítulo 41, Santa Brígida habla sobre las revelaciones que le hizo Jesús sobre el destino de 5 hombres que representan a toda la humanidad.
ESTAS REVELACIONES A SANTA BRÍGIDA, EFECTUADAS DELANTE DE TODA LA CORTE CELESTIAL, TIENEN TODAS LAS CARACTERÍSTICAS DE UN JUICIO.

En estos cinco hombres, Él resumirá todas las miserias o riquezas de la humanidad en su conjunto.
Las revelaciones tienen una coincidencia sorprendente con lo que puede suceder a cada uno de nosotros durante el Gran Aviso y en el momento del Juicio Particular en nuestra muerte.
Los cinco tipos de hombre sobre los que Jesús revela su juicio son:
EL PRIMER HOMBRE REPRESENTA A LA CABEZA DE LA IGLESIA Y SUS SACERDOTES;
.
EL SEGUNDO, A LOS LAICOS CORRUPTOS;
.
EL TERCERO A LOS JUDÍOS;
.
EL CUARTO A LOS PAGANOS;
.
Y EL QUINTO A MIS AMIGOS (LOS AMIGOS DE JESÚS).

Primer hombre - la Cabeza de la Iglesia
Primer hombre – la Cabeza de la Iglesia
EL PRIMER HOMBRE: LA CABEZA DE LA IGLESIA

JESÚS ES MUY DURO CON ESTE PAPA, QUE NO SABEMOS QUIÉN ES AUNQUE PODRÍAMOS PENSAR QUE ES EL FALSO PROFETA ANUNCIADO EN EL APOCALIPSIS.

Recuerda que esto fue escrito por el siglo XIV.
Jesús le revela a Santa Brígida:
Ahora declaro mi disgusto contigo, cabeza de mi Iglesia, tú que te sientas en mi asiento.
Les concedí este asiento a Pedro y a sus sucesores para que se sentaran con una triple dignidad y autoridad:
Primero, para que pudieran tener el poder de atar y desatar a las almas del pecado;
Segundo, para que pudieran abrirle el Cielo a los penitentes;
Tercero, para que cerraran el Cielo a los condenados y a aquellos que me desprecian.
Pero tú, que deberías estar absolviendo almas y presentándomelas,eres realmente un asesino de almas.
Designé a Pedro como el pastor y el sirviente de mis ovejas, pero tú las disipas y las hieres, eres peor que Lucifer.
Él [Lucifer] tenía envidia de mí y no persiguió matar a nadie más que a mí, de forma que pudiera él gobernar en mi lugar.
Pero tú eres lo peor en que, no sólo me matas al apartarme de ti por tu mal trabajo sino que, también, matas a las almas debido a tu mal ejemplo.
Yo redimí almas con mi sangre y te las encomendé como a un amigo fiable. Pero tú se las devuelves al enemigo del que yo las redimí. Eres más injusto que Pilatos.
ESTE PAPA, AL QUE JESÚS LE DICE “PEOR QUE LUCIFER, MÁS INJUSTO QUE PILATOS” POSIBLEMENTE QUE CAUSARÁ LA ABOMINACIÓN DE LA DESOLACIÓN PROFETIZADA POR DANIEL.

Aclara el Señor que Pilatos sólo lo condenó a muerte:
Pero tú no sólo me condenas como si yo fuese un pobre hombre indigno, sino que también condenas a las almas de mis elegidos y dejas libres a los culpables.
Mereces menos misericordia que Judas.
El juicio continúa y Jesús nos recuerda sus críticas enfrentando a los fariseos y doctores de la ley:
Judas tan solo me vendió. Pero tú, no solo me vendes a mí, sino que también vendes a las almas de mis elegidos en base a tu propio provecho y vana reputación.
Tú eres más abominable que los judíos.
Ellos tan sólo crucificaron mi cuerpo, pero tú crucificaste y castigaste a las almas de mis elegidos para quienes tu maldad y transgresión son más afiladas que una espada.
LA ACTITUD DE JESÚS ES LA DE UN JUSTICIERO QUE, SEGÚN RECITAMOS EN EL CREDO “VENDRÁ A JUZGAR A VIVOS Y MUERTOS” Y A “SEPARAR EL TRIGO DE LA CIZAÑA”.

Así, puesto que eres como Lucifer, más injusto que Pilatos, menos digno de misericordia que Judas y más abominable que los judíos, mi enfado contigo está justificado.
Segundo hombre - el Laico apóstata
Segundo hombre – el Laico apóstata
EL SEGUNDO HOMBRE: EL LAICO APÓSTATA

El Señor dijo al segundo hombre, es decir, al que representa a los laicos:
Yo creé todas las cosas para tu uso. Tú me diste tu consentimiento a mí y Yo a ti. Tú me prometiste tu fe y me juraste que me servirías.
Ahora, sin embargo, te has apartado de mí como alguien que no conoce a Dios.
Esto está reflejando la pérdida de fe dentro de la Iglesia.
SE PARECE MUCHO A NUESTRA ÉPOCA, EN LA CUAL LOS HOMBRES HAN DADO RIENDA SUELTA A SUS INSTINTOS Y DESECHAN TODO LO QUE LE ES MOLESTO, PARA ELIMINAR LOS OBSTÁCULOS A UNA VIDA FÁCIL Y PLACENTERA.

Te refieres a mis palabras como mentiras y a mis trabajos como carentes de sentido.
Tú dices que mi voluntad y mis mandamientos son muy duros.
Has violado la fe que prometiste. Has roto tu juramento y has abandonado mi Nombre.
TAMBIÉN ESTO SE NOS HACE MUY FAMILIAR, CUANDO SE RECLAMA UNA MODERNIZACIÓN DE LA IGLESIA Y SU DOCTRINA, PARA “ADECUARLA A LOS TIEMPOS QUE CORREN”.

El Juicio continúa:
Te has disociado a ti mismo de la compañía de mis santos y te has integrado en la compañía de los demonios, haciéndote socio suyo.
Tú no crees que ninguno merezca alabanza y honor salvo tú mismo.
Esto nos recuerda a los mensajes de la Nueva Era que endiosan al hombre llamando a que cada uno puede ser Dios.
Y la ciencia sobrepasando límites naturales está jugando a ser Diosmodificando los eslabones elementales de la vida.
PERO ADEMÁS LA VIDA CONTEMPORÁNEA TRANSCURRE EN LABÚSQUEDA DEL PLACER Y EN EL ALEJAMIENTO DE CUALQUIER SUFRIMIENTO, ENDIOSANDO AL HEDONISMO.

Consideras difícil todo lo que tiene que ver conmigo y lo que estás obligado a hacer por mí, mientras que las cosas que te gusta hacer son fáciles para ti.
La tibieza espiritual hace pesadas las cargas que con oración y vida sacramental serían soportables.
ESTA REVELACIÓN DE JESÚS PONE EL ACENTO EN LO QUE ÉL YA NOS HA DICHO QUE TODOS TENEMOS QUE LLEVAR NUESTRA CRUZ.

La humanidad hoy va camino a enfrentarse a un juicio duro, según leemos las revelaciones de Jesús a Santa Brígida.
Y llega a su fin el juicio a los laicos que lo olvidaron:
Es por esto que mi enfado contigo está justificado, porque tú has quebrado la fe que me prometiste en el bautismo y en adelante.
Encima, me acusas de mentir sobre el amor que te he mostrado de palabra y de hecho. Dices que yo era un loco por sufrir.
Tercer hombre - el Judio
Tercer hombre – el Judio
EL TERCER HOMBRE: LOS JUDÍOS

Acá Jesús se duele de todo lo que entregó al pueblo de Israel, su pueblo elegido, que habiéndolo negado, aún espera el Mesías.
Yo comencé mi amoroso idilio contigo. Te elegí como mi pueblo, te libré de la esclavitud, te di Mi Ley, te conduje hasta la Tierra que les había prometido a tus padres y te envié profetas que te consolaran.
Después, elegí una Virgen de entre vosotros y tomé de ella naturaleza humana.
Mi disgusto contigo es que aún rehúsas creer en mí, diciendo: “Cristo no ha venido todavía sino que tiene que venir”.
ESTAS PALABRAS TIENEN UNA INCREÍBLE ACTUALIDAD HOY CUANDO LOS JUDÍOS PIENSAN QUE EN ESTE AÑO O EL QUE VIENE LLEGARÁ SU MESÍAS Y ESTÁN HACIENDO LOS PLANES PARA RECONSTRUIR EL TEMPLO.

Pero sin embargo aparece en las revelaciones a Santa Brígida, como una brisa refrescante, una ráfaga de aire fresco, un oasis en el desierto.
Jesús nos habla, sorprendentemente, de unos judíos especiales.
He hecho una excepción con todos los judíos que son cristianos en secreto y que me sirven en caridad sincera, conforme a la fe y en sus trabajos perfectos en secreto.
No se está refiriendo, indudablemente a los judíos mesiánicos, que confiesan abiertamente su fe en Jesús, la predican y la justifican por medio de las Escrituras.
Sino que nos muestra que Jesús lee en el corazón de cada persona y nos juzgará de acuerdo a eso.
Y POR LO VISTO PARECE QUE HAY UN GRUPO DE JUDÍOS, QUE AÚN SIN CONFESAR PÚBLICAMENTE QUE JESÚS ES EL MESÍAS, CREEN EN ÉL. NOTABLE REVELACIÓN.

Cuarto Hombre - el Pagano
Cuarto Hombre – el Pagano
EL CUARTO HOMBRE: EL PAGANO

Antes de emitir el juicio contra el cuarto hombre, el Señor hace una aclaración:
En relación a ti, pagano, he hecho una excepción con todos aquellos que con gusto caminarían por la senda de mis mandamientos si tan solo supieran cómo, y si fueran instruidos.
Los que tratan de poner en práctica todo lo que pueden y de lo que son capaces.
Éstos, no serán de ninguna manera sentenciados con vosotros.
ESTE ES UN CASO CLARO DEL EVANGELIO QUE AÚN NO HA LLEGADO A TODAS LAS PERSONAS.

Hecha esta aclaración, el Señor se dirige a los que no entran en esta excepción:
Yo te creé y te redimí para que fueras cristiano. Hice contigo todo el bien.
Pero tú eres como alguien que está fuera de sus sentidos, porque no sabes lo que haces.
Eres como un ciego, porque no sabes hacia dónde te diriges.
Adoras a las criaturas en lugar de al Creador, a la falsedad en lugar de a la verdad.
Te arrodillas ante las cosas que son inferiores a ti. Esta es la causa de mi disgusto en relación a ti.
Todos lo conocemos. Personas que quieren más a su perro que a sus hermanos.
Otros que integran organizaciones ecológicas pero no le conceden a Dios el crédito por haber creado esas mismas criaturas que dicen defender.
Observamos en exposiciones animales lustrosos, cuidados por peones mal vestidos. El caballo de carreras tiene instalaciones que desearían tener muchos niños.
Vemos en algunas agrupaciones telúricas una adoración a la Pachamama, la Madre Tierra, como si fuera un ídolo, en lugar de colocarla en su justo lugar de criatura de Dios y adorar al Creador.
Muchos adoran a las estrellas, basando su vida y sus decisiones en las predicciones de cartas astrales u horóscopos.
Quinto hombre - el amigo de Cristo
Quinto hombre – el amigo de Cristo
EL QUINTO HOMBRE: LOS AMIGOS DE JESÚS

Al quinto hombre le dijo: “¡Acércate más, amigo!” Y se dirigió directamente a la Corte Celestial:
Queridos amigos, este amigo mío representa a mis muchos amigos.
Él es como un hombre cercado entre los corruptos y mantenido en un duro cautiverio.
Cuando dice la verdad le arrojan piedras en la boca. Cuando hace algo bueno, le clavan una lanza en el pecho.
Los católicos hemos leído y escuchado en Misa, el texto del Evangelio que la Iglesia llama “El juicio de las Naciones”.
En ese pasaje, Jesús es bien claro, con respecto a lo que debe ser un creyente para merecer el “Venid, benditos de Mi Padre, porque tuve sed y me disteis de beber, tuve hambre y me disteis de comer, etc., etc.”
PERO ADEMÁS DEJA CLARO QUE PARTE DE LA MISIÓN DEL CRISTIANO PASA POR EL MARTIRIO PROVOCADO POR LA INCOMPRENSIÓN.

Pero esto no termina aquí. A partir de ahora, Jesús invita a participar a la Corte Celestial en el juicio.
Y así vemos figuras bíblicas que intervienen, diciendo su parecer sobre lo que Él ha demostrado.
iluminacion de santa brigida
EL JUICIO DE LA CORTE CELESTIAL

¡Ay, mis amigos y santos! ¿Cómo puedo soportar a esas personas y cuánto tiempo me mantendré con semejante desprecio?
San Juan Bautista respondió:
Eres como un espejo inmaculado. Vemos y sabemos todas las cosas en ti como en un espejo, sin necesidad de palabras.
Eres la dulzura incomparable en la que saboreamos todo lo bueno.Eres como la más afilada de las espadas y un Juez justo.
A estas palabras, el Señor respondió:
Amigo mío, lo que has dicho es cierto. Mis elegidos ven toda la bondad y justicia en mí. Aún los espíritus diabólicos lo hacen.
Yo soy como una espada que corta en dos. Le doy a cada persona lo que él o ella merecen.
Aquí, Santa Brígida vio al Señor dirigirse a Pedro:
ENTONCES, EL SEÑOR AGREGÓ, HABLANDO AL BIENAVENTURADO PEDRO: TÚ ERES EL FUNDADOR DE LA FE Y DE MI IGLESIA. MIENTRAS LO ESCUCHA MI EJÉRCITO, ¡DECLARA LA SENTENCIA DE ESTOS CINCO HOMBRES!

santa brigida recibiendo las reglas de su orden fondo
LA RESPUESTA DE PEDRO Y LA 1ª SENTENCIA

Entonces, dijo Pedro:
¡Gloria y honor para Ti, Señor, por el amor que has demostrado a la tierra! ¡Que toda tu Corte te bendiga, porque Tú nos haces ver y saber en Ti todo lo que es y lo que será! Vemos y sabemos todo en Ti.

LA SENTENCIA A LA CABEZA DE LA IGLESIA

ES VERDADERAMENTE JUSTO QUE EL PRIMER HOMBRE, EL QUE SE SIENTA EN TU ASIENTO MIENTRAS QUE REALIZA LOS HECHOS DE LUCIFER, VERGONZOSAMENTE DEBA RENUNCIAR A ESE ASIENTO EN EL QUE PRESUMIÓ SENTARSE Y COMPARTIR EL CASTIGO DE LUCIFER.

LA SENTENCIA AL LAICO APÓSTATA

Pedro continuó:
LA SENTENCIA DEL SEGUNDO HOMBRE ES QUE AQUÉL QUE HAYA ABANDONADO LA FE DEBE DESCENDER AL INFIERNO CON LA CABEZA ABAJO Y LOS PIES ARRIBA, POR HABERTE DESPRECIADO A TI, QUE DEBERÍAS SER SU CABEZA Y POR HABERSE AMADO A SÍ MISMO.

LA SENTENCIA AL JUDÍO

LA SENTENCIA DEL TERCERO ES QUE NO VERÁ TU ROSTRO Y SERÁ CONDENADO POR SU PERVERSIDAD Y AVARICIA, PUESTO QUE LOS QUE NO CREEN NO MERECEN CONTEMPLAR LA VISIÓN DE TI.

LA SENTENCIA AL PAGANO

LA SENTENCIA DEL CUARTO ES QUE DEBERÍA SER ENCERRADO Y CONFINADO EN LA OSCURIDAD, COMO UN HOMBRE FUERA DE SUS SENTIDOS.

LA SENTENCIA AL AMIGO DE JESÚS

LA SENTENCIA DEL QUINTO ES QUE DEBERÁ SERLE ENVIADA AYUDA.

Cuando el Señor oyó esto, respondió:
Prometo por Dios, el Padre, cuya voz oyó Juan el Bautista en el Jordán, que haré justicia a éstos cinco.
Santa Brígida de Suecia
LOS TERRIBLES CASTIGOS

Después, ante los ojos sin duda asombrados de Santa Brígida, el Señor continuó,
DICIENDO AL PRIMERO DE LOS CINCO HOMBRES:

La espada de mi severidad atravesará tu cuerpo, entrando desde lo alto de tu cabeza y penetrando tan profunda y firmemente que nunca podrá ser sacada.
Tu asiento se hundirá como una piedra pesada y no cesará hasta que alcance la parte más baja de las profundidades.
Tus dedos, es decir, tus consejeros, arderán en un fuego sulfuroso e inextinguible.
Tus brazos, es decir, tus vicarios, que deberían haber conseguido el beneficio de las almas, pero que en su lugar consiguieron provechos mundanos y honores, serán sentenciados al castigo del que habla David: ‘Que sus hijos queden huérfanos y su mujer viuda, que los extraños le arrebaten su propiedad’.
Explica Jesús aquí los términos que ha pronunciado:
¿Qué significa ‘su mujer’ sino el alma que ha sido separada de la gloria del Cielo y que quedará viuda de Dios?
‘Sus hijos’, es decir, las virtudes que aparentaron poseer y mi gente sencilla, aquellos que se les sometieron, serán apartados de ellos.
Su rango y propiedad caerá en manos de otros, y ellos heredarán la eterna vergüenza en lugar de su rango privilegiado.
Sus mitras se hundirán en el barro del infierno y ellos mismos nunca se levantarán de él.
Por ello, lo mismo que el honor y el orgullo que alcanzaron sobre otros aquí en la tierra, se hundirán en el infierno tan profundamente, más que los demás, que les será imposible levantarse.
Sus extremidades, o sea, todos los sacerdotes aduladores que les secunden, serán separados de ellos y aislados.
Igual que una pared que se derrumba, en la que no quedará piedra sobre piedra y el cemento ya no se adherirá a las piedras.
La misericordia nunca les llegará, porque mi amor nunca les calentará ni les repondrá en la eterna Mansión Celestial.
En su lugar, despojados de todo bien, serán eternamente atormentados junto a sus líderes.
AL SEGUNDO HOMBRE, LE DIJO:

Dado que tú no quieres mantenerte en la fe que me prometiste ni manifestar amor hacia mí, te enviaré un animal que procederá del torrente impetuoso para devorarte.
Y, lo mismo que un torrente siempre corre hacia abajo, así el animal te llevará a las partes más bajas del infierno.
Tan imposible como es para ti viajar corriente arriba contra un torrente impetuoso, igual de difícil será para ti ascender desde el infierno.
AL TERCER HOMBRE, LE DIJO:

Ya que tú, judío, no quieres creer que Yo ya he venido, por ello,cuando vuelva para el segundo juicio, no me verás en mi gloria sino en tu conciencia, y comprobarás que todo lo que te dije era verdad.
Entonces ahí quedará que seas castigado como mereces.
AL CUARTO HOMBRE, LE DIJO:

Como no te has ocupado de creer ni has querido saber, tu propia oscuridad será tu luz y tu corazón será iluminado para que comprendas que mis juicios son verdaderos pero, sin embargo, tú no alcanzarás la luz.
icono de santa brigida
EL JUICIO PARA EL QUINTO HOMBRE, EL AMIGO DE JESÚS

Haré tres cosas por ti, dijo el Señor:
PRIMERO, TE LLENARÉ INTERNAMENTE DE MI CALOR.
.
SEGUNDO, HARÉ QUE TU BOCA SEA MÁS FUERTE Y MÁS FIRME QUE CUALQUIER PIEDRA, DE MODO QUE LAS PIEDRAS QUE TE ARROJEN SERÁN REBOTADAS.
.
TERCERO, TE ARMARÉ CON MIS ARMAS, DE FORMA QUE NINGUNA LANZA TE DAÑARÁ SINO QUE TODO CEDERÁ ANTE TI COMO LA CERA FRENTE AL FUEGO.

Por tanto, ¡hazte fuerte y resiste como un hombre!
Como un soldado que, en la guerra, espera la ayuda de su Señor y lucha mientras le quedan fluidos de vida, así también tú, ¡mantente firme y lucha!
El Señor, tu Dios, Aquél a quien nadie puede resistir, te ayudará.
Y, como ustedes son pocos en número, les daré honor y los convertiré en muchos.


Fuentes:
http://ladivinaprovidenciaymaria.blogspot.com.uy/2014/08/destino-de-5-hombres-que-representan.html
http://www.corazones.org/santos/brigida.htm
https://es.wikipedia.org/wiki/Br%C3%ADgida_de_Suecia
http://www.santos-catolicos.com/santos/santa-brigida-de-suecia/Las-Profecias-y-Revelaciones-de-Santa-Brigida-de-Suecia.pdf
http://www.corazones.org/santos/brigida.htm
https://www.ewtn.com/spanish/Saints/Br%C3%ADgida_7_23.htm
Claudio Maximo Soria G. en 21:14

lunes, 25 de abril de 2016

JUICIO A UN HOMBRE EN TRIBUNAL DE DIOS (Revelaciones Celestiales a Santa Brígida de Suecia)


“Yo soy sin principio ni fin. No hay cambio en mí ni de años ni de días. Todo el tiempo del mundo es como una sola hora o momento para mí. Todo el que me ve, contempla y entiende todo lo que hay en mí en un instante. Sin embargo, esposa mía, al estar tú en un cuerpo material no puedes percibir ni conocer igual que un espíritu. Por ello, por tu bien, te explicaré lo que ha sucedido. Yo estaba, por así decirlo, sentado en el tribunal para juzgar, porque todo juicio me ha sido dado, y cierta persona vino a ser juzgada ante el tribunal.
La voz del Padre resonó y le dijo: ‘Más te valiera no haber nacido’. No era porque Dios se arrepintiese de crearlo, sino como cualquiera que sintiera preocupación por otra persona y se compadeciese de él. La voz del Hijo intervino: ‘Yo derramé mi sangre por ti y acepté una durísima penitencia, pero tú te has enajenado completamente y eso ya no tiene nada que ver contigo’. La voz del Espíritu dijo: ‘Yo busqué por todos los rincones de su corazón para ver si podía encontrar algo de ternura y caridad, pero es tan frío como el hielo y tan duro como una piedra. Este hombre no me concierne’.
Estas tres voces no se oyeron como si fueran tres dioses, sino que han sido hechas audibles para ti, esposa mía, porque de otra forma no habrías podido comprender este misterio. Las tres voces del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo se transformaron inmediatamente en una sola voz que retumbó y dijo: “¡De ninguna manera merece el reino de los Cielos! La Madre de la misericordia permaneció en silencio y no desplegó su merced pues el defendido no era digno de ello. Todos los santos clamaron a una voz diciendo: ‘Es justicia divina para él el ser perpetuamente exiliado de tu reino y de tu gozo’. Todos en el purgatorio dijeron: “No tenemos una penitencia suficientemente dura para castigar tus pecados. Habrás de soportar mayores tormentos y, por lo tanto, tienes que ser apartado de nosotros’.
Entonces, el mismo defendido exclamó con una horrenda voz: ‘¡Ay, ay de la semilla que fecundó en el vientre de mi madre y de la que yo me formé!’. Por segunda vez exclamó: ‘¡Maldita la hora en la que mi alma se unió a mi cuerpo y maldito aquél que me dio un cuerpo y un alma!’. Volvió a clamar una tercera vez: ‘¡Maldita la hora en la que salí a vivir del vientre de mi madre!’ Entonces llegaron tres voces horribles del infierno, que le decían: ‘¡Ven con nosotros, alma maldita, como el líquido que se derrama hasta la muerte perpetua y vive sin fin!’ Por segunda vez, las voces lo volvieron a llamar: ‘¡Ven, alma maldita, vaciada por tu maldad! ¡Ninguno de nosotros dejará de llenarte de su propio mal y dolor!’. Por tercera vez, agregaron: ‘¡Ven, alma maldita, pesada como una piedra que se hunde y se hunde y nunca alcanza fondo en el que descansar! Descenderás más bajo que nosotros y no pararás hasta que no hayas llegado a lo más profundo del abismo’.
Entonces, el Señor dijo: ‘Como un hombre con varias esposas, que ve caer a una y se aparta de ella y se vuelve hacia las otras, que permanecen firmes, y se alegra con ellas, así Yo he apartado de él mi rostro y mi merced y me he vuelto a los que me sirven y me obedecen y me alegro con ellos. Por tanto, ahora que has sabido de su caída y desdicha, ¡sírveme con mayor sinceridad que él, en proporción a la mayor misericordia que te he dispensado! ¡Apártate del mundo y de sus deseos! ¿Acaso acepté yo tan acerba pasión por la gloria del mundo, o por que no podía consumarla en menos tiempo y con más facilidad? ¡Claro que podía! Sin embargo, la justicia exigía eso. Como la humanidad pecó en todos y cada uno de sus miembros, se tuvo que hacer cumplida justicia en todos y cada uno de los miembros.
Por esto, Dios, en su compasión por la humanidad y en su ardiente amor hacia la Virgen, recibió de ella una naturaleza humana a través de la cual pudo soportar todo el castigo al que estaba abocada la humanidad. Al haber tomado Yo vuestro castigo sobre mí, por amor, permanece firme en la verdadera humildad, como mis siervos ¡Así no tendrás nada de que avergonzarte ni nada que temer más que a mí! Guarda tus palabras de tal forma que, si esa fuera mi voluntad, tú no hablarías. No te entristezcas por las cosas temporales, que tan sólo son pasajeras. Yo puedo hacer a quien yo quiera rico o pobre. ¡Así pues, esposa mía, deposita toda tu esperanza en mí!”.
EXPLICACIÓN
Este hombre era un canónico de noble reputación y subdiácono, quien, habiendo obtenido una falsa dispensación, se quiso casar con una rica doncella. Sin embargo, fue sorprendido por una muerte repentina y no consiguió su objetivo.

martes, 7 de julio de 2015

LOS NOVÍSIMOS (Juicio particular)




Por juicio se entiende el estricto examen de toda nuestra vida ante el tribunal de Dios, seguido de la sentencia que decidirá nuestra suerte por toda la eternidad.

   Hay dos juicios: uno particular entre el alma y Jesucristo inmediatamente después de la muerte; y otro universal a final de los tiempos entre Jesucristo y todos los hombres reunidos. El Juicio Universal es una ratificación o confirmación del particular.


Certeza o pruebas de este Juicio

   Pruebas de fe. — En varios pasajes de la escritura hallamos sentencias, ejemplos o parábolas que prueban la realidad del juicio de Dios. He aquí algunas citas:

   Dice San Pablo: Está establecido que los hombres mueran una sola vez y que a la muerte siga el juicio.
   Jesucristo habló del juicio cuando dijo: Estad siempre preparados (para morir) porque a la hora que menos penséis el Hijo del hombre va a pediros cuenta de vuestra vida.
   Y en otra ocasión: Vigilad, pues, porque, ignoráis el día  y la hora (de la muerte y del juicio).
   También hacen a este propósito las parábolas del rico Epulón y Lázaro,  la del mayordomo injusto (Lucas, XVI, 1-9), de las diez vírgenes (Mat., XXV).

   Pruebas racionales. — 1) Dice Santo Tomás: El hombre puede ser considerado  como individuo aislado y como parte del género humano; luego debe someterse a un doble juicio: a) Uno particular en el cual sea premiado o castigado según sus obras, pero, sin que trascienda su sentencia. b) Otro juicio, universal en el que llegue a conocimiento de toda la sentencia merecida y todos alaben la justicia o misericordia de Dios. 2) Por analogía. – En toda sociedad bien constituida nunca se condena a un hombre sin antes juzgarlo; así también Dios, juez rectísimo y sapientísimo, juzga al hombre para que éste comprenda el motivo de su salvación o condenación. 3) Testimonio de los pueblos. – Aun los pueblos privados de la luz de la fe creían en un juicio de las almas. Se han hallado en las tumbas egipcias dibujos que representan ese juicio bajo el símbolo de una balanza donde es pesada el alma. El poeta Virgilio en su “Eneida” (libro sexto, versos 565 y siguientes) hace ver cómo las almas se presentan al juez Radamanto, quien las obliga a confesar sus delitos. Análogas creencias existen en los pueblos salvajes.

Celebración del Juicio.
   El juez será Jesucristo, según lo dijo Él mismo: El Padre no juzga a ninguno: mas todo el juicio ha dado al Hijo. La razón es porque Jesucristo ha sido nuestro Redentor y como a tal le corresponde pedirnos cuenta del uso que hemos hecho de su redención.
   Jesucristo cuando nos juzgue estará revestido ya no de los atributos de la misericordia, pero sí de la justicia: será un Juez justo que dará a las obras buenas y malas su verdadero valor; sabio, que todo lo conoce, hasta los más leves pensamientos; no podrá ser engañado como los jueces de la tierra; incorruptible, que no se deja desviar, como los jueces humanos, por premios o amenazas; inapelable, del cual no se puede apelar a otro juez superior para que cambie la sentencia.

   Lugar del juicio. — Donde la muerte sorprendiera al hombre, allí se levantará el tribunal del supremo Juez.
   Modo. — Dios iluminará el alma con una luz tan viva, que abarcará de una sola mirada todos los detalles de su vida, la fealdad y gravedad de sus pecados, como también la belleza y méritos de sus obras buenas.
   Materia. — Jesucristo nos juzgará sobre todo lo bueno y lo malo que hubiéramos hecho, a saber:

   a) El mal cometido, juzgado en sus causas, en su malicia, en sus efectos.
   b) El bien voluntariamente omitido (pecado de omisión) hecho con negligencia, practicado con hipocresía o por fines humanos, p. ej.: para ser visto, aplaudido, etc.
   c) Los escándalos dados a las almas, a los niños, a los criados, a los ignorantes.
  d) Las gracias de que se abusó: sacramentos, instrucciones, remordimientos, buenos ejemplos, enfermedades, reveses de fortuna, bienes materiales.

   Será tan riguroso este juicio, que apenas se salvará el justo. Dice San Pedro en su primera epístola: “Sí el justo a duras penas se salvará, ¿dónde irán el impío y el pecador? (IV, 18).

La sentencia.

   Terminado el juicio, Jesucristo pronunciará la sentencia, la cual es irrevocable, por cuanto no hay excusas que alegar; no hay defensor en quien esperar; no hay ya lugar a suplica porque con la muerte termina el tiempo de la misericordia y sólo queda estricta justicia.

   La sentencia para el alma justa será: Ven, alma bendita a poseer el reino que té está preparado desde el establecimiento del mundo” (Mat., XXV, 34).
   Si el alma no está purificada enteramente de sus faltas veniales o tiene algo que expiar, la enviará Dios al Purgatorio, de donde, acabada la expiación, subirá a la gloria.

   La sentencia para el alma culpable será: “Apártate de mí, maldita, vete al fuego eterno que está aparejado para el diablo y para sus ángeles” (Mat., XXV, 41). En seguida el alma será precipitada en el infierno por toda la eternidad.

sábado, 14 de marzo de 2015

Qué dice la Iglesia sobre los Novísimos 2


(Homilía para una Misa por un difunto)

Cuando pedimos una Misa por un ser querido, es conveniente recordar lo que enseña el Catecismo acerca de Dios, de la muerte y de lo que sucede más allá de la muerte. El Catecismo nos enseña que “Dios es Amor” (1 Jn 4, 8), un Amor infinito, eterno, inagotable, misericordioso  y porque Dios es Amor, esperamos que nuestros seres queridos difuntos, a quienes recordamos en la Santa Misa, estén ya con Él, que Él ya les haya perdonado sus muchos o pocos pecados que puedan haber tenido. 
Pero el Catecismo nos recuerda que Dios es también un Dios de infinita Justicia , porque de lo contrario, no  sería Dios, sería un Dios injusto, y porque Dios es un Dios de infinita Justicia, es que nosotros, que todavía estamos en esta tierra y debemos atravesar el umbral de la muerte, debemos poner mucha atención a nuestras acciones, para no ofender a su Divina Justicia con malas acciones, con pecados. El Catecismo enseña que, inmediatamente después de la muerte, el alma va a enfrentar lo que se llama el “juicio particular” , en donde toda su vida pasa ante sus ojos, con sus obras buenas y sus obras malas, y de acuerdo a ellas, recibe el veredicto de su destino definitivo: o el Cielo –el Purgatorio como antesala del Cielo- o el Infierno. Es por eso que nosotros, que todavía no hemos atravesado el umbral de la muerte, debemos obrar siempre el bien, para que nuestras buenas obras nos granjeen el paso al Cielo.
Hemos dicho que esperamos que, por la Misericordia de Dios, que nuestros seres queridos estén ya con Él; ahora bien, no debemos pensar que nunca más los veremos: por Jesucristo, gracias a Él y a su sacrificio en cruz, y a su Muerte y Resurrección, tenemos la certeza de volver a encontrarlos, de volver a verlos, de volver a abrazarlos, para esta vez, no separarnos ya nunca más. Dice el Apocalipsis que en el cielo no hay dolor, no hay tristeza, no hay llanto ; solo hay felicidad, alegría, amor, porque todos están en Dios, que es Amor, Alegría y Paz. Pero para reencontrarnos con nuestros seres queridos, tenemos que tener en cuenta que nosotros en esta vida, es como si camináramos por una cornisa, con un abismo a cada lado, porque a cada paso, podemos caer en el Abismo del que no se sale; a cada caso podemos caer en el pecado, que nos hace perder la gracia y la posibilidad de acceder al Cielo. Lo único que nos puede unir a nuestros seres queridos en el Cielo, es Jesús crucificado y Jesús en la Eucaristía. Entonces, si mantenemos fijos los ojos en Jesús crucificado y en Jesús Eucaristía, si vivimos en gracia, si detestamos el pecado, si obramos la misericordia, estaremos seguros, segurísimos, de que, por la Misericordia de Jesucristo, nos reencontraremos en Cristo, el día de nuestra propia muerte y luego de nuestro juicio particular con nuestros seres queridos en el Reino de los cielos y nunca más nos separaremos.

jueves, 5 de marzo de 2015

Qué dice el Catecismo sobre los Novísimos


         El Catecismo nos enseña que después de la muerte, comienza la vida eterna, es decir, la vida que no tiene fin, la vida que “comienza inmediatamente después de la muerte”. Inmediatamente luego de la muerte, tiene lugar el juicio particular, en donde se decide el destino final definitivo, según las obras personales de cada uno: cielo (purgatorio, como antesala del cielo) o infierno. Dice así el Número         207 del Compendio del Catecismo: “¿Qué es la vida eterna? (1020; 1051) La vida eterna es la que comienza inmediatamente después de la muerte. Esta vida no tendrá fin; será precedida para cada uno por un juicio particular por parte de Cristo, juez de vivos y muertos, y será ratificada en el juicio final”.
         El Catecismo enseña que habrá un juicio particular, en el cual se dará, de modo “inmediato”, la retribución por las obras, buenas o malas, que hayamos hecho en esta vida, y la retribución consistirá en el acceso al cielo o en la condenación en el infierno. Dice así el Número 208: “¿Qué es el juicio particular? (1021-1022; 1051) Es el juicio de retribución inmediata, que, en el momento de la muerte, cada uno recibe de Dios en su alma inmortal, en relación con su fe y sus obras. Esta retribución consiste en el acceso a la felicidad del cielo, inmediatamente o después de una adecuada purificación, o bien de la condenación eterna al infierno”.
Los que mueran sin necesidad de purificación, es decir, los que mueran con amor puro a Dios en el corazón, verán inmediatamente a Dios, y comenzarán a gozar de su visión apenas dejen esta vida, y eso es lo que se entiende por “cielo”. En el Número 209 se dice: “¿Qué se entiende por cielo? (1023-1026; 1053) Por cielo se entiende el estado de felicidad suprema y definitiva. Todos aquellos que mueren en gracia de Dios y no tienen necesidad de posterior purificación, son reunidos en torno a Jesús, a María, a los ángeles y a los santos, formando así la Iglesia del cielo, donde ven a Dios “cara a cara” (1 Co 13, 12), viven en comunión de amor con la Santísima Trinidad e interceden por nosotros. “La vida subsistente y verdadera es el Padre que, por el Hijo y en el Espíritu Santo, derrama sobre todos sin excepción los dones celestiales. Gracias a su misericordia, nosotros también, hombres, hemos recibido la promesa indefectible de la vida eterna” (San Cirilo de Jerusalén)”.
Los que necesiten purificación, es decir, los que no mueran en pecado mortal, pero sí necesitados de purificación, deberán pasar por el Purgatorio, para purificar su amor por Dios. En el Número 210 se dice: “¿Qué es el purgatorio? (1030-1031; 1054) El purgatorio es el estado de los que mueren en amistad con Dios pero, aunque están seguros de su salvación eterna, necesitan aún de purificación para entrar en la eterna bienaventuranza”.
Y en el 211. “¿Cómo podemos ayudar en la purificación de las almas del purgatorio? (1032) En virtud de la comunión de los santos, los fieles que peregrinan aún en la tierra pueden ayudar a las almas del purgatorio ofreciendo por ellas oraciones de sufragio, en particular el sacrificio de la Eucaristía, pero también limosnas, indulgencias y obras de penitencia.
Por último, quienes hayan muerto en pecado mortal, es decir, enemistados con Dios, recibirán el justo pago por sus obras malvadas, el infierno, según se afirma en el Número 212: “¿En qué consiste el infierno? (1033-1035; 1056-1057) Consiste en la condenación eterna de todos aquellos que mueren, por libre elección, en pecado mortal. La pena principal del infierno consiste en la separación eterna de Dios, en quien únicamente encuentra el hombre la vida y la felicidad para las que ha sido creado y a las que aspira. Cristo mismo expresa esta realidad con las palabras “Alejaos de mí, malditos al fuego eterno” (Mt 25, 41).
La existencia del infierno no es contraria a la Misericordia Divina, sino una confirmación de ella, y además, una prueba del inmenso respeto que Dios tiene para con la libertad del hombre. Dice así el Número 213: “¿Cómo se concilia la existencia del infierno con la infinita bondad de Dios? (1036-1037) Dios quiere que “todos lleguen a la conversión” (2 P 3, 9), pero, habiendo creado al hombre libre y responsable, respeta sus decisiones. Por tanto, es el hombre mismo quien, con plena autonomía, se excluye voluntariamente de la comunión con Dios si, en el momento de la propia muerte, persiste en el pecado mortal, rechazando el amor misericordioso de Dios”.
Acerca del Juicio Final, dice el Compendio en el Número 214: “¿En qué consistirá el juicio final? (1038-1041; 1058-1059) El juicio final (universal) consistirá en la sentencia de vida bienaventurada o de condena eterna que el Señor Jesús, retornando como juez de vivos y muertos, emitirá respecto “de los justos y de los pecadores” (Hch 24, 15), reunidos todos juntos delante de sí. Tras del juicio final, el cuerpo resucitado participará de la retribución que el alma ha recibido en el juicio particular.
215. ¿Cuándo tendrá lugar este juicio? (1040) El juicio final sucederá al fin del mundo, del que sólo Dios conoce el día y la hora.
216. ¿Qué es la esperanza de los cielos nuevos y de la tierra nueva? (1042-1050; 1060) Después del juicio final, el universo entero, liberado de la esclavitud de la corrupción, participará de la gloria de Cristo, inaugurando “los nuevos cielos y la tierra nueva” (2 P 3, 13). Así se alcanzará la plenitud del Reino de Dios, es decir, la realización definitiva del designio salvífico de Dios de “hacer que todo tenga a Cristo por Cabeza, lo que está en los cielos y lo que está en la tierra” (Ef 1, 10). Dios será entonces “todo en todos” (1 Co 15, 28), en la vida eterna.

“AMÉN” 217. ¿Qué significa el Amén, con el que concluye nuestra profesión de fe? (1061-1065) La palabra hebrea Amén, con la que se termina también el último libro de la Sagrada Escritura, algunas oraciones del Nuevo Testamento y las oraciones litúrgicas de la Iglesia, significa nuestro “sí” confiado y total a cuanto confesamos creer, confiándonos totalmente en Aquel que es el “Amén” (Ap 3, 14) definitivo: Cristo el Señor.

lunes, 28 de octubre de 2013

Juicio Particular, Parusía y Juicio Final


El Juicio Particular, según el Santo Cura de Ars


 El Juicio Particular, según San Alfonso María de Ligorio


El Juicio Particular - Marino Restrepo



Juicio Particular, Parusía y Juicio Final
Padre José María Iraburu

sábado, 20 de julio de 2013

El Juicio Particuar según San Alfonso María de Ligorio


«Dame cuenta de tu administración» (Luc. XVI, 2)


De los bienes que hemos recibido de Dios, oyentes míos, bien sean dones de la naturaleza, o de la gracia, no somos dueños, de manera que podamos dispones de ellos a nuestro antojo, sino solamente administradores; por lo cual debemos emplearlos según la voluntad de Dios, que es el verdadero dueño de ellos y de nosotros mismos. De donde resulta, que hemos de darle cuenta de ellos a la hora de la muerte. Porque, como nos dice Jesucristo, por San Pablo, hemos de comparecer ante el tribunal de Dios, para que cada uno reciba el pago debido a las buenas o malas acciones (II, Cor. v, 10). San Buenaventura comenta de este modo: «No eres dueño o administrador de las cosas que se te han confiado; y, por lo mismo, has de dar cuenta de ellas. Quiero haceros ver en la presente plática, el rigor con que se nos juzgará el último día de nuestra vida, cuando el alma, abandonando el cuerpo, se presente ante el tribunal de Dios, para ser juzgada por todas sus obras, buenas y malas.

Consideraremos, pues, el terror que se apoderará del alma:

Punto 1º: Cuando se presente a ser juzgada.

Punto 2º: Cuando sea examinada.

Punto 3º: Cuando sea condenada.

CUANDO SE PRESENTE A SER JUZGADA


1. Decretado está, dice San Pablo, que los hombres mueran sólo una vez, y que después sean juzgados. (Heb. IX, 27). Es de fe que hemos de morir, y que después de la muerte debemos ser juzgados de todas las acciones de nuestra vida. ¿Cuál será pues nuestro pavor y aturdimiento a la hora de la muerte, pensando en el juicio que nos espera luego que el alma se haya separado del cuerpo? Entonces se decide la causa de nuestra muerte, o de nuestra vida eterna; y al pasar el alma de esta vida terrena a la eternidad, la consideración de los pecados cometidos, el rigor del divino juicio, la incertidumbre de la salvación eterna, hacen temblar a los mismos santos. estando enferma Santa María Magdalena de Pazis, temblaba de miedo al acordarse del día del juicio; y animándola el confesor, le respondió: «¡Ah padre! Es terrible cosa tener que comparecer ante el tribunal de Jesucristo». También San Agatón, después de haber pasado tantos años haciendo penitencia en el desierto, temblaba diciendo: «¿Qué será de mi cuando sea juzgado?».

2. Es sentencia común de los teólogos, que el mismo momento y en el mismo sitio en que el alma se separa del cuerpo, se alza el divino tribunal, se examina el proceso, y pronuncia la sentencia del supremo juez Jesucristo, manifestando a cada alma todas sus obras buenas y malas, y el premio o castigo que merece por ellas. A este tribunal hemos de presentarnos todos, para dar cuenta de todos nuestros pensamientos, palabras, obras y deseos. Al tiempo de ser presentados algunos delincuentes ante los jueces de este mundo, se les ha visto bañados de un sudor frío dimanado del miedo que tenían. Se cuenta de un gentil llamado Pisón, que al presentarse ante el senado en traje de reo, fue tran grande su confusión, que se suicidó porque no pudo hacerse superior a ella. ¡Que pena tan grande es también para un súbdito, o para un hijo, tener que comparecer ante el príncipe, o ante el padre, que irritados los mandan llamar para dar cuenta de un delito cometido! ¡Oh, cuanto mayor será la pena y la confusión que tendrá el alma al comparecer ante Jesucristo irritado, por haberle ella despreciado mientras vivía!

3. ¡Cuán llena de espanto estará el alma, que se presente manchada con el pecado ante tan justo Juez, al verle la primera vez, y verle irritado! San Basilio dice: que la atormentará todavía más la vergüenza que el mismo fuego del Infierno. Cuando los hermanos de José oyeron la reprensión que él mismo les daba: Ego sum Joseph, quem vendidistis: «Yo soy José a quién vendistes»: Dice la  Escritura, que no podían responderle sobrecogidos de terror. ¿Qué responderá, pues a Jesucristo el pecador, cuando le diga: «Yo soy aquél tu Redentor y tu  Juez a quien tu despreciaste tanto». ¿Dónde huirá entonces el desgraciado, pregunta San Agustín, cuando vea sobre si al juez irritado, a sus pies abierto el Infierno, a un lado los pecados que lo acusan, y al otro los demonios que le arrastran al suplicio, y la conciencia que le despedaza interiormente? ¿Quizá entonces pensará hallar piedad? Pero, ¿como podrá esperar piedad, dice Eusebio Emiseno, cuando ante todas las cosas deberá dar cuenta del desprecio que hizo de la piedad que tuvo con él Jesucristo?

TERROR QUE TENDRÁ EL ALMA CUANDO SEA EXAMINADA


4. Luego que el alma e presenta al tribunal de Jesucristo, le dice éste justísimo Señor: «Dame ahora cuenta de todas las obras de tu vida». Dice el Apóstol, que para hacerse el alma digna de la salvación eterna, ha de confirmar su vida con la de Jesucristo. (Rom. VII, 29 et 30). Escribió San Pedro, que en el juicio recto que hará Jesucristo, «apenas se salvará el justo que haya observado la ley divina, perdonado a sus enemigos, respetando a los Santos, y siendo manso y casto de corazón». Y luego añade: «¿Cuál será la muerte del pecador y del impío?» (I. Petr. iv, 18). «¿Cómo se salvarán los vengativos y los blasfemos, los deshonestos, y los maldicientes?» «¿Y cómo se salvarán aquellos cuya vida ha sido siempre contraria a la vida de Jesucristo?».


5. El Juez, ante todas las cosas, pedirá cuenta al pecador de los beneficios y de las gracias que le hizo para salvarle, de las cuales él no quiso aprovecharse. Le pedirá cuenta de los años que le concedió para servir a Dios: Vocabit adversum me tempus (Threm. I, 15) y él los gastó en ofenderle. En seguida se la pedirá de los pecados. Los pecadores cometen las culpas, y luego se olvidan de ellas; pero no las olvida Jesucristo, que tiene contadas todas nuestras iniquidades, como dice Job: «Tú tienes sellados y guardados como en una arquilla mis delitos». (Job. XVI, 17). Y también nos dice que «el día de la cuenta tomará el Señor la antorcha para escudriñar todas nuestras obras»: Et erit in tempore illo; scrutabor Jerusalem in lucernis (Sophon. I, 12). Mendoza comenta estas palabras, diciendo: Lucerna omnes angulos permeat. «La luz de la antorcha penetra en todos los ángulos de la casa»; lo cual quiere decir, que Dios descubrirá todos los defectos de la conciencia, grandes y pequeños; porque entonces, como dice San Anselmo: «Se pedirán cuentas hasta de sus miradas»; y San Mateo: «De toda palabra ociosa». Omne verbum otiosum, quod locuti fuerint homines, reddent rationem de eo in die judicci. (Matth. XII, 36).


6. El profeta Malaquías dice, que «así como se purifica el oro, separándose de la escoria, así el día del juicio se examinarán todas nuestras acciones, y se castigarán las que no sean buenas y arregladas a la ley divina. Hasta las obras justas, como por ejemplo, las confesiones, las comuniones, las oraciones han de ser examinadas entonces». (Psalm. LXXIV, 3). Y si han de ser juzgadas las miradas y las palabras ociosas; ¿con cuánto rigor se juzgarán las acciones deshonestas, las blasfemias, las murmuraciones graves, los hurtos y los sacrilegios? «En aquél día», -dice San Jerónimo- «cada alma verá por sí misma con grande confusión suya toda la fealdad de sus acciones».


7. «Pesados están en fiel balanza los Juicios del Señor». (Prov. XVI, 11). En la balanza del Señor no se pesa la nobleza, ni la ciencia, sino la vida y las obras. El aldeano, el pobre y el ignorante serán premiados, si mueren en la inocencia; y el noble,  el rico y el literato serán condenados, si resultan reos en el juicio, como dijo Daniel al rey Baltasar: Appensus es in statera, et inventus es minus habens. (Dan. V, 27) El P. Alvarez comenta estas palabras, diciendo: «No entran en la balanza el oro ni el poder; solamente fue pesado el rey».


8. Entonces el infeliz pecador se verá acusado por el demonio, que, como dice San Agustín, «repetirán ante el tribunal de Jesucristo las palabras con que prometimos ser fieles; y nos echará en cara todo lo que hicimos, y en que día y hora pecamos». Nos recordará en efecto el demonio, todas nuestras malas obras, señalando el día y la hora en que las hicimos; y terminará la acusación y el proceso con estas palabras que el mismo Santo pone en boca del demonio: «Yo no sufrí como vos bofetadas y azotes por este ingrato; sin embargo, él os ha vuelto las espaldas a vos, que tanto padecisteis por salvarle, y se ha hecho esclavo mío». También se presentará a acusarle el Ángel custodio, como escribe Orígenes, y dirá: «Yo he trabajado tantos años a su lado; él, empero, despreció todos mis consejos e inspiraciones». Entonces pues, hasta los amigos despreciarán el alma condenada en el juicio. Y la acusarán sus mismos pecados, según San Bernardo, diciéndole: «Tú nos cometiste, obra tuya somos, no te abandonaremos». (Lib. Medit. cap. 2).


9. Veamos ahora que excusas podrá alegar el pecador. Dirá que la mala inclinación natural le indujo al mal; pero se le responderá, que si bien la carne le inclinaba al pecado, ninguno le violentaba para cometerle: antes al contrario, si hubiese recurrido a Dios cuando se veía tentado, el Señor le hubiera dado fuerzas para resistir por medio de su gracia. Con este fin Jesucristo instruyó los sacramentos; y no habiendo querido valernos de ellos, ¿ de quién podemos quejarnos sino de nosotros mismos? Por esto dice San Juan: «Ahora no tienen excusa de sus pecados» (Joann. XV, 22). Dirá para excusarse, que el demonio le tentó; pero San Agustín dice que el enemigo está atado con cadenas como un perro, y que no puede morder a ninguno sino al que se acerca a él con demasiada confianza. Puede el demonio ladrar, más no morder sino a aquél que se le acerque a él y le preste oídos. Ved, pues, cuán necio es aquél a quien muerde el perro que está atado a la cadena. Alegará quizá para excusarse el mal hábito, pero no le valdrá semejante excusa, porque el mismo San Agustín añade: que aunque es difícil resistir a los malos hábitos, sin embargo, si se quiere de veras, se vencen con la ayuda de Dios. «El Señor›, -como asegura San Pablo-, ‹no permite que ninguno sea tentado más allá de lo que puede resistir». (I.Cor. X. 13).


10. «¿Que será de mi, -decía Job-, cuando Dios habrá de venir a juzgar?» «¿Ni que podré responderle cuando me pregunte?» «¿Y que le responderé cuando me buscare?» ¿Que podrá responderle a Jesucristo el pecador? ¿Que ha de poder contestar cuando se vea convencido? Callará confuso, como calló el hombre que según San Mateo (22, 12) fue hallado sin el vestido nupcial. Toda iniquidad cerrará su boca. Entonces dice Santo Tomás de Villanueva, no habrá intercesores a quienes pueda recurrir. ¿Quién te salvará entonces? ¿Dios? Más ¿cómo podrá salvarte Dios, dice San basilio, si tú le despreciaste? El alma que sale de esta vida en pecado se condena a sí misma, aún antes de que se pronuncie la sentencia contra ella.

TERROR DEL ALMA CUANDO SEA CONDENADA


11. Cuanta será la alegría de un alma, cuando sea recibida por Jesucristo a la hora de la muerte con aquellas dulces palabras: «Siervo bueno y leal, ya que has sido fiel en lo poco, yo te confiaré lo mucho, ven a tomar parte en el gozo de tu Señor» (Matth. XXV, 21). Tan grande será la pena y desesperación del alma condenada que se vea desechada por el Juez con aquellas palabras. «Apartaos de mi, malditos, id al fuego eterno» (Ibid. 41). ¡Oh, que acento tan terrible será para ella una sentencia semejante! Pero hagamos oyentes míos, unas reflexiones sobre nuestra conducta antes de terminar esta plática. Dice Santo Tomás de Villanueva (Conc. 1, de Jud.) que muchos oyen hablar del juicio y de la condenación de los réprobos; pero hacen tan poco caso de ello, como si estuviesen seguros que no les ha de caber esta suerte, o como si el día del juicio no hubiese de llegar para ellos. Y añade: Pero ¡que locura es tener seguridad en una cosa tan peligrosa! Algunos aunque vivan en pecado, dice San Agustín, no pueden ni siquiera imaginarse que Dios quiera enviarlos al Infierno, y dicen: ¿Será cierto que Dios nos ha de condenar? No hijos, dice el Santo, no digáis eso: reflexionad que muchos condenados no creían que habían de ser enviados al Infierno, pero murieron en pecado, y fueron arrojados a él, según la amenaza de Ezequiel: «El fin llega, ya llega el fin… y yo derramaré sobre ti mi furor, y te juzgaré». (Ezech. VII, 2 et 3). Pecador que me escuchas, ¿quién sabe si el castigo está ya próximo, y tu te burlas en el pecado? ¿Quién no temblará oyendo aquellas palabras del Bautista? «Ya la segur está aplicada a la raíz del árbol; todo árbol que no produce buen fruto, será cortado, y echado al fuego». (Matth. III, 10) ¿Cuál es este árbol que no da buen fruto, sino el pecador que no sigue la recta senda que Jesucristo le trazó? Sigamos, oyentes míos, el consejo del Espíritu Santo, que dice: «Antes del juicio asegúrate de tu justicia». (Eccl. XVIII, 19) Esto es, antes de presentarnos ante el juez, ajustemos las cuentas. Busquemos a Dios ahora que podemos hallarle, porque vendrá tiempo en que querremos, y no podremos. «Me buscaréis, y no me hallaréis» (Joann. VII, 36); porque entonces ya habrá expirado el plazo que Dios nos ha concedido para hacer penitencia y asegurar nuestra salvación. Por eso dice San Agustín: que «al juez que ha de juzgarnos de ha de aplacar antes del juicio, pero no en el juicio». Ahora, ahora, oyentes míos, podemos aplacar a Jesucristo, enmendando nuestra vida, abandonando la senda de los vicios y recobrando la gracia divina que perdimos por la culpa; cuando empero nos presentemos al Juez, si nos encuentra en pecado, por lo mismo que es justo, se verá precisado a hacer justicia, y no habrá remedio alguno para nosotros. ¿De que os servirá entonces haber nacido en el seno del cristianismo? ¿De que los sacramentos instituidos por Jesucristo para vuestra salvación? ¿De que la sangre de Cristo derramada en el árbol sacrosanto de la cruz. De hacer más intolerables las penas del Infierno, pensando que pudisteis salvaros tan fácilmente, y os condenasteis por vuestra culpa. 



 Despertad, pues, de este letargo criminal en que os tiene adormecidos el demonio: volveos a Jesucristo, a quien habéis abandonado por seguir a Lucifer; y os recibirá de nuevo en su amistad, y os abrazará amoroso, como abrazó su padre al Hijo pródigo del Evangelio, que volvió a la casa paterna cuando se vió perdido y sin recurso en el mundo, oprimido del hambre, y del gusano roedor de la conciencia.