San Miguel Arcángel pesando las almas en el Juicio Final
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miércoles, 27 de septiembre de 2023

El Padre Pío y las minifaldas

 

El Padre Pío y las minifaldas



Una mujer verdaderamente católica debe vestirse de tal modo que quien la mire vea en ella un reflejo de la pureza y modestia de la Virgen María, pues ya nos lo había advertido Nuestra Señora en Fátima: "Vendrán ciertas modas que ofenderán gravemente a Dios". La modestia en el vestir no sólo atañe a las mujeres, sino también a los hombres. Veamos qué nos dice el Padre Pío al respecto.

Cuando comenzó la locura de la minifalda, nadie se atrevía a ir al monasterio del Padre Pío vestida con tal moda inapropiada. Otras mujeres no venían en minifaldas sino en faldas que eran cortas. El Padre Pío también se disgustaba mucho con esto.

El Padre Pío no toleraba faldas apretadas ni vestidos cortos o con escotes bajos. Sacaba a las mujeres del confesionario, aún antes que entraran, si discernía que sus vestidos eran inapropiados. Muchas mañanas sacaba a una tras otra terminando por escuchar solo unas cuantas confesiones. También tenía puesto un rótulo en la puerta de la iglesia que declaraba: “Por deseo explícito del Padre Pío, las mujeres deben entrar en su confesionario usando faldas** que lleguen a por lo menos ocho pulgadas (20 cm) por debajo de las rodillas. Está prohibido prestar vestidos más largos en la iglesia y usarlos para el confesionario” (o sea, que prohibía el préstamo de prendas para ocultar que se traía un vestido corto, cuando lo que se ordenaba es que cada quien se presentase correctamente vestida).

El Padre Pío censuraba fuertemente a algunas mujeres con las palabras, “¡Vete y vístete!”. Él no le daba pase a nadie, ya sea que fuesen personas que conocía o que veía por primera vez, o hijas espirituales de mucho tiempo.

En muchos casos, las faldas estaban pulgadas debajo de la rodilla pero aún así ¡no eran suficientemente largas para el Padre Pío! Los niños y los hombres también tenían que usar pantalones largos, si no querían que los sacaran de la iglesia.

**Nota: Ni que decir que ninguna se atrevía a ir en pantalones.



https://www.fsspx.mx/es

martes, 8 de marzo de 2022

Padre Pío: "El que maldice, alaba a Satanás y se encamina al Infierno"


 


Padre Pio escribió en el epistolario que la maldición es la manera más segura de ir al infierno, es la alabanza a Satanás ✨

cada vez que maldigas, solo sé que alabas a Satanás y los demonios están de fiesta y todo el infierno sonríe.

Tu maldición es un boomerang que regresará a ti como un castigo {castigo de la elección voluntaria del mal}

en las casas que maldicen es segura la ausencia de Dios y la presencia del diablo con todos sus espíritus malignos que traen en esa casa agitación discordia división enfermedad y divorcio !

¡El maldecido levanta sus manos al cielo e invoca el Poder del nombre de Jesús para liberarlo ahora siempre es del espíritu de castigo!

Cuando escuches a alguien maldecir, arréglalo con este jaculatorio:

✨ Jesús María te amo

salvar almas ✨

*De esta manera no sólo reparar la ofensa a Jesús o a María sino

Usted también se protegerá de la influencia demoníaca que

la determinación produce *

La maldición es una puerta abierta a Satanás cuando maldices de gloria al diablo y todo el infierno sonríe, saber que cuando maldices por autoridad a espíritus malignos para maldecirte porque los llamas con maldición si quieres que Dios realice lugares maravillas en tu vida te hay que pedirle a Dios que te de la fuerza para no maldecir más tienes que confesarte y empezar a orar que el Espíritu Santo baje sobre ti, solo entonces te liberarás de toda la influencia demoníaca que te oprime entonces empieza ahora...

Fuente Unámonos para ayudar a las Sagradas Almas del Purgatorio

lunes, 8 de enero de 2018

Un exorcista cuenta cómo el Padre Pío se hace presente en sus exorcismos y hace temblar al demonio



Satanás no se atreve a pronunciar su nombre, le llama «el barbudo​​​​​​​»

Un exorcista cuenta cómo el Padre Pío se hace presente en sus exorcismos y hace temblar al demonio


San Pío de Pieltrecina, más conocido como el Padre Pío, es uno de los grandes santos de nuestro tiempo. Convivió durante medio siglo con los estigmas de la Pasión, tenía el don de la bilocación así como el de profetizar y conocer el interior de las conciencias. Confesaba durante horas hasta quedar exhausto y durante años se enfrentó físicamente y de manera frecuente a los ataques del demonio.

Con la ayuda de Dios, el Padre Pío, este humilde fraile capuchino, venció a Satanás y por ello el demonio le odiaba y le temía. De hecho, ahora le teme incluso más. Esto es lo que asegura el sacerdote italiano Piero Catalano, exorcista en la región de Reggio Calabria e hijo espiritual del padre Gabriel Amorth, mítico exorcista de Roma y maestro de muchos, que además conoció al Padre Pío.

Alumno del padre Amorth
Este religioso perteneciente al movimiento de los Focolares y que se ordenó sacerdote en 1988 es también párroco de San Juan Nepomuceno y San Felipe Neri en Villa Arangea. En una entrevista en el Corriere della Sera cuenta que durante años se preparó como exorcista con el padre Amorth.

Durante 18 años ha estado practicando oraciones de liberación y desde hace tres ejerce como exorcista. En la sala en la que realiza los exorcismos tiene reliquias de varios santos pero el demonio tiene especial rechazo a una en particular.

El miedo del demonio al Padre Pío
“Las utilizo durante mis exorcismos, ¿el santo al que invoco más a menudo? Tengo un amor especial por San Pío de Pieltrecina, que a menudo se hace presente durante los exorcismos. La persona poseída tiene miedo y dice: ‘allí está el barbudo’. Y yo le digo: ‘¿por casualidad se puede llamar San Pío de Pieltrecina? Y el poseído dice: ‘No, se llama Francesco Forgione’.  El diablo incluso tiene miedo de nombrarlo”.




Algo similar le ocurría al padre Amorth, que en una entrevista hablaba de este mismo asunto: “Me ocurre mucho con las reliquias que utilizo del padre Pío de Pietrelcina, a quien tengo especial devoción. Sale huyendo ante las oraciones y las invocaciones que hago sobre él. ¿Sabe que lo conocí siendo yo muy jovencito? ¡Le tiraba de la barba y él se partía de risa! Yo le adoraba, era una persona de una bondad hiperbólica, un hombre de Dios de pies a cabeza. Un gran santo de nuestro tiempo”.

El padre Catalano asegura que puede conocer la presencia demoniaca, ya sea una posesión o una vejación, a través de las reacciones típicas del demonio. “Por ejemplo, tan pronto como coloco mi mano en la cabeza de la persona, ésta se retira, siente frío, tiene una sensación de asfixia, ganas de vomitar…”. Si no se trata de una presencia del diablo, entonces el exorcista se limita a una oración de liberación.

Las tentaciones a los exorcistas
Este exorcista italiano también cuenta que “el diablo hace todo lo posible para tentarnos a los exorcistas. Una vez me preguntó: ‘¿Cuánto quieres para pasarte a mi lado?’. Yo me reí porque elegí la pobreza. Ni siquiera tengo para pagar el funeral si muero y comparto todo con los pobres. Y él me dijo: ‘si pudiera te mataría al instante’. Luego le respondí: ‘pero no puedes porque yo pertenezco a Jesús’”.

Los poderes ordinarios y extraordinarios del demonio
Para conocer bien al diablo hay que saber cuáles son sus poderes ordinarios y extraordinarios. Así lo explicaba el fallecido padre Amorth:

"El poder ordinario es la capacidad de tentar al hombre para distanciarlo de Dios y llevarlo al infierno. Esta acción se realiza contra todos los hombres y las mujeres de todo lugar y religión".

Sobre los poderes extraordinarios, el padre Amorth indicó que estos se concentran en una persona específica y existen cuatro tipos:

"La posesión demoníaca para la cual se requiere un exorcismo, la vejación demoníaca, como la que sufrió en reiteradas ocasiones el Santo Padre Pío de Pietrelcina que era golpeado físicamente por el demonio; las obsesiones que llevan a la persona a la desesperación; y la infestación, que es cuando el demonio ocupa un espacio, un animal o incluso un objeto".
(http://www.padrepiomexico.org/2017/12/un-exorcista-cuenta-como-el-padre-pio.html)

martes, 24 de marzo de 2015

Consejos del Padre Pío sobre como tratar al ángel de la guarda


El Padre Pío experimentó en su vida encuentros con ángeles y llegó a conocerlos bien. Y también recibió locuciones interiores que tuvo que discernir de quien venían y como tenía que actuar respecto a ellas.

En una carta que escribió el 15 de julio de 1913 a Annita, le da, y nos da, una serie de invalorables consejos sobre cómo actuar con respecto al ángel de la guarda, a las locuciones y a la oración.
Querida hija de Jesús,
Que tu corazón siempre sea el templo de la Santísima Trinidad, que Jesús aumente en tu alma el ardor de su amor y que él siempre te sonría como a todas las almas que él ama. Que María Santísima te sonría durante todos los acontecimientos de tu vida, y abundantemente sustituya a la madre terrenal que te falta.
Que tu buen ángel de la guarda vele siempre sobre ti, que pueda ser tu guía en el camino escabroso de la vida. Que siempre te mantenga en la gracia de Jesús y te sostenga con sus manos para que no puedas tropezar en una piedra. Que te proteja bajo sus alas de todas las trampas del mundo, del demonio y la carne.
Tienes gran devoción, Annita, a este ángel bueno; ¡Qué consolador es saber que cerca de nosotros hay un espíritu que, desde la cuna hasta la tumba, no nos deja ni por un instante, ni siquiera cuando nos atrevemos a pecar. Y este espíritu celestial nos guía y protege como un amigo, un hermano.
Pero es muy consolador saber que éste ángel ora sin cesar por nosotros, ofrece a Dios todas nuestras buenas acciones, nuestros pensamientos, nuestros deseos, si son puros.
Por el amor de Dios, no te olvides de este compañero invisible, siempre presente, siempre dispuesto a escucharnos y listo para consolarnos. ¡Oh deliciosa intimidad!, ¡Oh deliciosa compañía! ¡Si tan sólo pudiéramos comprenderlo!
Mantenlo siempre presente en el ojo de tu mente. A menudo recuerda la presencia de este ángel, dale las gracias, órale a él, siempre mantén la buena compañía. Ábrete tu misma a él y confíale tu sufrimiento a él. Ten un miedo constante de ofender la pureza de su mirada. Sabe esto y mantenlo bien impreso en tu mente. Él es muy delicado, muy sensible. Dirígete a él en momentos de suprema angustia y experimentarás su ayuda benéfica.
Nunca digas que estás sola en la batalla contra tus enemigos. Nunca digas que no tienes a nadie a quien puedas abrirte y confiar. Harías para este mensajero celestial una grave equivocación.
Por lo que respecta a las locuciones interiores, no te preocupes, pero ten calma. Lo que se debe evitar es que tu corazón se una a estas locuciones. No les des demasiada importancia a ellas, demuestra que eres indiferente. Ni desprecies tu amor, ni el tiempo para esas cosas. Siempre da respuesta a estas voces:
“Jesús, si eres tú el que está hablandome, dejame ver los hechos y las consecuencias de tus palabras, es decir, la virtud santa en mí”.
Humíllate delante del Señor y confía en él, gasta tus energías por la gracia divina, en la práctica de las virtudes, y luego deja que la gracia obre en ti como Dios quiera. Es la virtud la que santifica el alma y no los fenómenos sobrenaturales.
Y no te confundas a ti misma tratando de entender qué locuciones vienen de Dios. Si Dios es su autor, uno de los signos principales es que en cuanto escuchas esas voces, llenan tu alma con miedo y confusión, pero después, te dejan una paz divina. Por el contrario, cuando el autor de las locuciones interiores es el diablo, comienzan con una falsa seguridad, seguido de agitación y un malestar indescriptible.
No dudo en absoluto de que Dios es el autor de las locuciones, pero hay que ser muy cauteloso porque muchas veces, el enemigo mezcla una gran cantidad de su propio trabajo a través de ellas. Pero esto no te debe asustar, éste es el juicio al que fueron sometidos, incluso los más grandes santos y las almas más ilustradas, y que fueron aceptables al Señor. Debes sencillamente tener cuidado de no creer en estas locuciones con demasiada facilidad, sobre todo cuando ellas se relacionen en cómo debes comportarte y lo que debes hacer. Debes recibirlas y enviarlas a juicio de quien te dirige. A continuación, debes resignarte a su decisión.
Por lo tanto lo mejor es recibir las locuciones con mucha cautela e indiferencia constante. Compórtate de esta manera y todo va a aumentar tu mérito ante el Señor. No te preocupes de tu vida espiritual; Jesús te ama mucho, y trata de corresponder a su amor, siempre avanzando en santidad delante de Dios y de los hombres.
Ora vocalmente también, que aún no ha llegado el momento de dejar estas oraciones, y con paciencia y humildad soporta las dificultades que experimentas en hacer esto. Que estés pronta también a someterte a las distracciones y la aridez, y no debes, de ninguna manera, abandonar la oración y la meditación. Es el Señor que quiere tratarte de esta manera para tu provecho espiritual.
Perdóname si termino aquí. Sólo Dios sabe lo mucho que me cuesta escribir esta carta. Estoy muy enfermo, reza mucho para que el Señor pueda desear librarme de este cuerpo pronto.
Te bendigo junto con la excelente Francesca. Que puedas vivir y morir en los brazos de Jesús.
F. Pio
Fuentes: Te Deum, Signos de estos Tiempos
(artículo extraído de: http://forosdelavirgen.org/70396/imperdibles-consejos-del-padre-pio-sobre-como-tratar-al-angel-de-la-guarda-y-las-locuciones-interiores-2013-10-03/#.VRB4iTWGcqc.facebook)

miércoles, 7 de mayo de 2014

El purgatorio, narrado por quienes han estado allí




La tradición litúrgica ha expuesto desde el inicio de los tiempos la existencia de una condición en que permanecen las almas después de la muerte y se purifican para poder alcanzar en algún momento la gloria plena. Es el Purgatorio, que proviene del latín “purgare”, y que es narrada en el catecismo de la Iglesia Católica como un estado intermedio donde están “los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados” (1030).

Esta purificación que perfecciona la sanación y liberación es una realidad escatológica, verdad de fe, que ha sido proclamada desde los primeros tiempos del cristianismo, afirmada por santos, Papas y el testimonio de la propia Virgen María en algunas de sus apariciones. Al respecto, lee nuestra Q&A: ¿Qué es el Purgatorio?

Un “fuego de amor”

Benedicto XVI abordó este dogma de fe durante una catequesis en enero de 2011, donde precisó que el purgatorio no era tanto un “espacio”, sino un “fuego interior” que purifica a la persona y la hace capaz de contemplar a Dios.

En aquella ocasión, el Sumo Pontífice se valió de las palabras que siglos antes había expresado Santa Catalina de Génova, quien transmite en su obra Tratado del Purgatorio una revelación particular… Experiencia mística donde describe que “el alma separada del cuerpo, cuando no se halla en aquella pureza en la que fue creada, viéndose con tal impedimento, que no puede quitarse sino por medio del purgatorio, al punto se arroja en él, y con toda voluntad”.

Con extraordinaria precisión, esta mujer italiana que vivió en el siglo XVI, describe esta experiencia que la llevó a renegar de la vida mundana que había llevado hasta entonces, iniciando un apostolado de cuidado a los enfermos para amar en ellos a Cristo. “No creo que sea posible encontrar un contento comparable al de un alma del purgatorio, como no sea en el que tienen los santos en el Paraíso. Y ese contentamiento crece cada día por el influjo de Dios en esas almas y más a medida que se van consumiendo los impedimentos que se oponen a ese influjo”.

Doctrina de fe

La certeza del Purgatorio nace en la Sagrada Escritura y posteriormente los doctores de la Iglesia –como San Agustín, Gregorio Magno y San Crisóstomo- han formulado una extensa y enriquecedora doctrina de fe. Estos planteamientos sobre el Purgatorio fueron respaldados por los sagrados concilios de Florencia, en 1439 y de Trento, en 1563. Pero también están refrendados por testimonios de decenas de personas, quienes exponen sobre la existencia de almas que buscan la comunión plena con Dios.  

Uno de estos valiosos tesoros lo comunica Santa María Faustina Kowalska, religiosa polaca canonizada el 2001 por el papa Juan Pablo II. Viviendo su vocación a comienzos de 1930, fue testigo de diversas apariciones de Jesús en la advocación de la Misericordia. Fue el propio Hijo de Dios quien le reveló aquello que la santa narra en su diario de vida.

Señala Faustina que guiada por su Ángel de la Guarda visitó el Purgatorio…  “Me encontré en un lugar nebuloso, lleno de fuego y había allí una multitud de almas sufrientes. Estas almas estaban orando con gran fervor, pero sin eficacia para ellas mismas, sólo nosotros podemos ayudarlas. Las llamas que las quemaban, a mí no me tocaban. Mi Ángel de la Guarda no me abandonó ni por un solo momento. Pregunté a estas almas: ¿Cuál era su mayor tormento? Y me contestaron unánimemente que su mayor tormento era la añoranza de Dios. Vi a la madre de Dios que visitaba a las almas en el Purgatorio. Las almas llaman a María la «estrella de mar». Ella les trae alivio. Deseaba hablar más con ellas, sin embargo mi Ángel de la Guarda me hizo seña de salir. Salimos de esa cárcel de sufrimiento. Oí una voz interior que me dijo: «Mi misericordia no lo desea, pero la justicia lo exige»”.
El amigo de Padre Pío que estuvo en el purgatorio

Fray Daniele Natale, fue un sacerdote capuchino italiano que se dedicó a misionar en medio de tierras hostiles durante la Segunda Guerra Mundial. Socorría con prisa a los heridos, enterraba a los muertos y ponía a salvo los objetos litúrgicos. En este escenario transcurría su misión cuando en 1952, en la clínica “Regina Elena”, le diagnosticaron un cáncer de bazo.

Con esta triste noticia se fue a ver al Padre Pio, su amigo y guía espiritual, quien le insistió tratar su enfermedad. Fray Daniele viajó a Roma y encontró al especialista que le habían recomendado, el doctor Riccardo Moretti. Este médico, al principio, no quería realizar la operación, porque estaba seguro de que el paciente no iba a sobrevivir. Al final, sin embargo, influenciado por un impulso interior, decidió internarlo.

La intervención se llevó a cabo al día siguiente por la mañana. Fray Daniele, a pesar de que le habían administrado la anestesia, siguió consciente. Sentía un gran dolor, pero no lo manifestaba; al contrario, estaba satisfecho de poder ofrecer su sufrimiento a Jesús. Al mismo tiempo, tenía la impresión de que el dolor que estaba sufriendo, estaba purificando cada vez más su alma de pecados. Al cabo de un momento sintió que se dormía. Los médicos, sin embargo, afirmaron que después de la intervención, el paciente había entrado en coma y permaneció en este estado durante tres días, tiempo en que después falleció. Se expidió el certificado médico de su defunción y acudieron los familiares para rezar por el difunto. Sin embargo, pasadas unas horas, para asombro de los allí reunidos, de repente el muerto volvió a la vida.

Tres horas de purgatorio

¿Qué le había pasado a Fray Daniel durante aquellas escasas horas? ¿Dónde había estado su alma? Prontamente el religioso capuchino contaría su propia experiencia con el purgatorio en el libro Fra Daniele raconta… . De este escrito, les compartimos los siguientes fragmentos:

“Yo estaba de pie delante del trono de Dios. Lo vi, pero no como un juez severo, sino como un padre afectuoso y lleno de amor. Entonces me di cuenta de que el Señor lo había hecho todo por amor mío, que había cuidado de mí desde el primer hasta el último instante de mi vida, amándome como si fuera la única criatura existente sobre esta tierra. Me di cuenta también, sin embargo, de que no sólo no había correspondido a este inmenso amor divino, sino que lo había descuidado del todo. Fui condenado a dos-tres horas de purgatorio. «Pero, ¿Cómo? -me pregunté- ¿Sólo dos-tres horas? ¿Y después voy a permanecer para siempre junto a Dios, eterno Amor?». Di un salto de alegría y me sentí como un hijo predilecto. (…) eran unos dolores terribles, que no se sabe de dónde venían, pero se sentían intensamente. Los sentidos que más habían ofendido a Dios en este mundo: los ojos, la lengua… sentían mayor dolor y era una cosa increíble, porque ahí en el Purgatorio uno se siente como si tuviera el cuerpo y conoce, reconoce a los otros como ocurre en el mundo”.

Mientras tanto -explica- no habían pasado más que unos pocos momentos de esas penas “y ya me parecía que fuese una eternidad. Entonces pensé en ir a un hermano de mi convento para pedirle que rezara por mí, que yo estaba en el Purgatorio. Ese hermano se quedó maravillado, porque sentía mi voz, pero no veía mi persona, y él preguntaba «Dónde estás?,¿Por qué no te veo?» (…). Sólo entonces me di cuenta de estar sin cuerpo. Me contentaba con insistirle en que rezara mucho por mí y me fui de allí. «Pero, ¿Cómo? –me decía a mí mismo- ¿No deben ser sólo dos- tres horas de purgatorio…? ¡y ya han pasado trescientos años!» al menos así me lo parecía. De repente se me aparece la Bienaventurada Virgen María y le supliqué, le imploré diciéndole «¡Oh, Santísima Virgen María, madre de Dios, obtén para mí del Señor la gracia de retornar a la tierra para vivir y actuar sólo por amor de Dios!». Me di cuenta también de la presencia del Padre Pío y le supliqué también a él: «Por tus atroces dolores, por tus benditas llagas, Padre Pío mío, reza tú por mí a Dios para que me libere de estas llamas y me conceda continuar el Purgatorio sobre la tierra». Después no vi nada más, pero me di cuenta de que el Padre Pío le hablaba a la Virgen. Después de unos instantes se me apareció de nuevo la Bienaventurada Virgen María (…) ella inclinó su cabeza y me sonrió. En aquel preciso momento recuperé la posesión de mi cuerpo (…) con un movimiento brusco, me liberé de la sábana que me cubría. (…) los que me estaban velando y rezando, asustadísimos se precipitaron fuera de la sala para ir en busca de los enfermeros y de los doctores. En pocos minutos en la clínica se armó un jaleo. Todos creían que yo era un fantasma”.

Al día siguiente, por la mañana, Fray Daniele se levantó por sí mismo de la cama y se sentó en un sillón. Eran las siete. Los médicos pasaban normalmente alrededor de las nueve. Pero ese día, el doctor Riccardo Moretti, el mismo que había redactado el certificado médico de defunción de Fray Daniele, había llegado más temprano al hospital. Se paró en frente de él y con lágrimas en los ojos le dijo: «Sí, ahora creo en Dios y en la Iglesia, creo en el padre Pío…».

Fray Daniele, tuvo ocasión para compartir más de cuarenta años con el rostro de Cristo sufriente hasta el 6 de julio de 1994, fecha en que falleció a los 75 años en la enfermería del convento de los Hermanos Capuchinos de san Giovanni Rotondo. Durante 2012 se abrió una causa de beatificación y es hoy considerado Siervo de Dios.

viernes, 13 de septiembre de 2013

Padre Pío: "(Los incrédulos) creerán en el infierno cuando lleguen allí"


La Santísima Virgen María salva un alma de ir al infierno y hace a otro sacerdote [2012-03-15]

Cómo el santo temor del infierno ha hecho santos.

Hay muchos testimonios de santos que gracias al temor santo al infierno se convirtieron y luego fueron un ejemplo para los demás. Acá traemos la historia de un beato franciscano que murió martirizado en 1922 y que ingresó a la vida religiosa gracias a un testimonio sobre el infierno.

A San Padre Pío (1887-1968) una vez le preguntaron qué pensaba de las personas que no creen en el infierno. Él sabiamente respondió:

“Ellos creerán en el infierno cuando lleguen allí”

EL SANTO TEMOR AL INFIERNO

Dios quiere que todos estemos unidos con Él en el cielo para toda la eternidad. Sin embargo, en los Evangelios, Jesús habló a menudo del infierno y del castigo eterno, al hablar de un lugar de

“… tinieblas exteriores, donde habrá llanto y rechinar de dientes.”(Mateo 8:11-12)

y del castigo eterno de los sin compasión y las personas no caritativas colocadas a su izquierda en el Juicio, declarando:

“Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles.” (Mateo 25:41)

o también “Si, pues, tu mano o tu pie te es ocasión de pecado, córtatelo y arrójalo de ti; más te vale entrar en la Vida manco o cojo que, con las dos manos o los dos pies, ser arrojado en el fuego eterno. Y si tu ojo te es ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo de ti; más te vale entrar en la Vida con un solo ojo que, con los dos ojos, ser arrojado a la gehenna del fuego” (Mateo 18:8-9),

y esto por nombrar sólo algunas de las muchas ocasiones en que Jesús habló del infierno.

Además, la enseñanza del infierno es un dogma infalible de la Iglesia Católica. Es uno de las “cuatro últimas cosas” – el cielo, el infierno, la muerte y el castigo – que la Iglesia presenta a cada uno de nosotros para contemplar.

En resumen, Jesús y Su Iglesia siempre han fomentado un saludable temor del infierno. Y los que han estudiado la vida de los santos y otras personas piadosas han encontrado que la mayoría de ellos tenía un miedo muy saludable y beneficioso del infierno que inspiró y animó a luchar contra las tentaciones del mal que se les presentaron.

TESTIMONIO DEL BEATO RICARDO DE SANTA ANA

El Beato Ricardo de Santa Ana, fue un sacerdote franciscano martirizado al ser quemado en la hoguera en Nagasaki, Japón, en 1622.

La aparición célebre de un alma condenada fue atestiguada por el Beato Ricardo como la razón principal que le llevó a ingresar en los franciscanos.

El testimonio está relatado en tres obras: Adrian Lyroeus documentado en su “Marianum Trisagium, Libro III”, San Alfonso María de Ligorio, que también cita a los mismos hechos en sus “Glorias de María”, y por último en “Los anales de las Misiones Franciscanas, para los años 1866-1867″.

Mientras el Beato Ricardo estaba viviendo en Bruselas en 1604 había dos jóvenes estudiantes que en vez de aplicarse al estudio, sólo pensaban en cómo vivir en el placer y el pecado. Una noche, entre otras, cuando había ido a caer en el pecado en una casa de prostitución, uno de los dos abandonó el lugar después de algún tiempo, dejando a su compañero en el pecado detrás de él.

Llegado a casa, estaba a punto de acostarse en la cama, cuando se acordó de que no había recitado aquel día los pocos “Ave María”, que tenía la costumbre de decir todos los días desde la niñez en honor de la Santísima Virgen.

Mientras era vencido por el sueño, era muy difícil para él para recitar las oraciones cortas, sin embargo, hizo un esfuerzo y las dijo, aunque sin devoción, luego se quedó dormido.

LLEGA SU AMIGO

Poco después oyó unos repentino y groseros golpes en la puerta, e inmediatamente después vio ante sí a su compañero, desfigurado y horrible.

“¿Quién eres tú?” le dijo.

“¿Qué? ¿No me reconoces?”, respondió el joven infeliz.

“Pero, ¿cómo estás tan cambiado? Te ves como un diablo”

“¡Oh, ten misericordia de mí, porque estoy condenado!”

“¿Cómo es eso?”

“Bueno, al salir de esa casa maldita una persona mala saltó sobre mí y me estranguló. Mi cuerpo se ha quedado en el medio de la calle, y mi alma está en el infierno. Sabed, además, que el castigo mismo te esperaba, pero la Virgen te preservó, gracias a tus prácticas de recitar todos los días las tres Ave Marías en su honor. Y bendito eres, si sabes cómo sacar provecho de esta información, que la Madre de Dios te da a través de mí”.

Cuando acabó estas palabras, el alma condenada abrió parcialmente su manto, y permitió que las llamas y los espíritus malignos que lo estaban atormentando se vieran, y desapareció.

LE LLEGA EL MENSAJE SOBRE SU VIDA

Entonces el joven, sollozando incontrolablemente, se arrojó de cara en el suelo y oró por mucho tiempo, gracias a la Santa Virgen María, su libertadora. Mientras él estaba orando de esta manera comenzó a reflexionar sobre lo que debiera hacer para cambiar su vida, y en ese momento se oyó sonar el timbre a maitines en el Monasterio Franciscano.

En ese mismo momento gritó:

“Así que ahí es donde Dios me está llamando a hacer penitencia.”

Muy temprano a la mañana siguiente se fue al convento y le rogó al Padre Guardián que lo recibiera. El Padre Guardián, que era muy consciente de su mala vida, no estaba en absoluto interesado en aceptarlo. El joven estudiante, derramando un torrente de lágrimas, le relató todo lo que había ocurrido. El buen sacerdote inmediatamente envió dos religiosos a la calle indicada, y allí encontraron el cadáver del miserable joven.

El joven fue ingresado pronto como postulante entre los hermanos, a los que pronto edificó por una vida totalmente dedicada a la penitencia y a la reparación.

Fueron estos hechos terribles que tocaron la cuerda profunda del santo temor del infierno, y la devoción a la Santísima Virgen en el propio Ricardo, así que él también inmediatamente se consagró enteramente a Dios y a la Santísima Virgen en la misma orden en que el joven estudiante, tan maravillosamente protegido por María, acababa de ser recibido.

Fuentes: Mystics of the Chuch, Signos de estos Tiempos

jueves, 15 de noviembre de 2012

Los santos y el infierno



VISIÓN de León XIII
En Octubre 13, 1884, el Papa León XIII, experimentó una visión. Después de celebrar la Eucaristía, estaba consultando sobre ciertos temas con sus cardenales en la capilla privada del Vaticano cuando de pronto se detuvo al pie del altar y quedó sumido en una realidad que sólo él veía. Su rostro tenía expresión de horror y de impacto. Se fue palideciendo. Algo muy duro había visto. De repente, se incorporo, levanto su mano como saludando y se fue a su estudio privado. Lo siguieron y le preguntaron: ¿Que le sucede su Santidad? ¿Se siente mal? El respondió: "¡Oh, que imágenes tan terribles se me han permitido ver y escuchar!", y se encerró en su oficina.
¿Qué vio León XIII? "Vi demonios y oí sus crujidos, sus blasfemias, sus burlas. Oí la espeluznante voz de Satanás desafiando a Dios, diciendo que el podía destruir la Iglesia y llevar todo el mundo al infierno si se le daba suficiente tiempo y poder. Satanás pidió permiso a Dios de tener 100 años para poder influenciar al mundo como nunca antes había podido hacerlo." También León XIII pudo comprender que si el demonio no lograba cumplir su propósito en el tiempo permitido, sufriría una derrota humillante. Vio a San Miguel Arcángel aparecer y lanzar a Satanás con sus legiones en el abismo del infierno.
Después de media hora, llamo al Secretario para la Congregación de Ritos. Le entrego una hoja de papel y le ordeno que la enviara a todos los obispos del mundo indicando que bajo mandato tenia que ser recitada después de cada misa, la oración que ahí el había escrito.
Oración:
"San Miguel Arcángel,defiéndenos en la batalla. Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén."




SANTA TERESA DE JESÚS nos dice en su Vida: "Una vez, estaba en un oratorio y se me apareció hacia el lado izquierdo el demonio de muy abominable figura, en especial le miré la boca, porque me habló y la tenía espantable. Parecía que le salía una gran llama del cuerpo. Yo tuve gran temor y me santigüé como pude y desapareció, pero tornó luego. Por dos veces me acaeció esto. Yo no sabía qué hacer; tenía allí agua bendita y la eché hacia aquella parte y nunca más tornó. Otra vez, estuvo cinco horas atormentándome con tan terribles dolores y desasosiego interior y exterior que no me parece se podía ya sufrir... Vi junto a mí un negrillo abominable, regañando como desesperado... Eran grandes los golpes que me daba sin poderme resistir en cuerpo, cabeza y brazos. No me atrevía a pedir agua bendita para que (las monjas) no tuvieran miedo y no supieran lo que era... Pero como no cesaba el tormento dije: si no se riesen, les pediría agua bendita. Me la trajeron y me la echaron a mí y no aprovechaba; la eché hacia donde él estaba y al punto, se fue y se me quitó el mal... Una noche pensé que me ahogaban y, en cuanto echaron agua bendita, vi ir mucha multitud de demonios como quien se va despeñando... Una vez, estando rezando se me puso (el diablo) sobre el libro para que no acabase la oración. Yo me santigüé y se fue. Tornando a comenzar, volvió. Creo que fueron tres veces que comencé y hasta que no eché agua bendita no pude acabar" (Vida 31).


SAN BENITO ABAD: el "antiguo enemigo", muy contrariado por la conversión de los paganos de la región, atraídos por la predicación del Santo, se presentaba a sus ojos para amenazarlo y atemorizar a los suyos: Pero el antiguo enemigo, no sufriendo estas cosas en silencio, se aparecía no ocultamente o en sueños, sino en clara visión a los ojos del padre, y con grandes gritos se quejaba de la violencia que tenía que padecer por su causa, tanto que hasta los hermanos oían sus voces, aunque no veían su imagen. Sin embargo, el venerable abad contaba a sus discípulos que el antiguo enemigo aparecía a sus ojos corporales horrible y encendido y que parecía amenazarle con su boca y con sus ojos llameantes. Y a la verdad, lo que decía lo oían todos, porque primero le llamaba por su nombre; y como el varón de Dios no le respondiese, prorrumpía en seguida en ultrajes contra él. Así, cuando gritaba, diciendo: "Benito, Benito", y veía que le daba la callada por respuesta, añadía al instante: "Maldito y no Bendito ¿qué tienes conmigo? ¿Porqué me persigues?". Estos ataques directos, estos combates encarnizados con el demonio, son una constante en la vida de San Benito. Leemos también que el demonio, en forma de una ave negra, le provoca terribles tentaciones al mismo Benito, y a otro monje lo distrae de la plegaria, llevándolo a vagar. A un hermano lo lleva a mostrarse soberbio, ganado por los malos pensamientos que el demonio le sugiere; significativamente, Benito, advirtiendo su turbación, le manda: Traza una cruz, hermano, sobre tu corazón. Inspira al presbítero Florencio que, celoso, hostigue a Benito y sus discípulos, y siempre buscó dificultar la vida del monasterio, tanto en lo material, como en lo espiritual, suscitando inconvenientes de todo tipo, como la muerte de un adolescente.Estos episodios, relatados por el Papa San Gregorio, muestran de qué manera San Benito combatía con el demonio, el cual lo atacaba constantemente, como adversario de toda obra buena.
SAN PABLO DE LA CRUZ (1694-1775) el diablo se le presentaba en forma de gigante horrible o de gato negro o de ave negra de aspecto terrorífico y deforme y no le dejaba dormir. Le quitaba las mantas, lo tiraba al suelo, subía a su cama, lo golpeaba... Le infundía en su corazón melancolía y tristeza y hasta deseos de tirarse por la ventana... Y él, para defenderse, rezaba, tomaba el crucifijo en sus manos, echaba agua bendita y se ponía al cuello el rosario. Siempre tenía agua bendita en su habitación.

SAN ANTONIO ABAD: ". El enemigo quería sugerirle pensamientos sucios, pero el los disipaba con sus oraciones; trataba de incitarlo al placer, pero Antonio, sintiendo vergüenza, ceñía su cuerpo con su fe, con sus oraciones y su ayuno. El perverso demonio entonces se atrevió a disfrazarse de mujer y hacerse pasar por ella en todas sus formas posibles durante la noche, sólo para engañar a Antonio. Pero él llenó sus pensamientos de Cristo, reflexionó sobre la nobleza del alma creada por El, y sobre la espiritualidad, y así apagó el carbón ardiente de la tentación. Y cuando de nuevo el enemigo le sugirió el encanto seductor del placer, Antonio, enfadado, con razón, y apesadumbrado, mantuvo sus propósitos con la amenaza del fuego y del tormento de los gusanos ( Js 16,21; Sir 7,19; Is 66,24; Mc 9,4. Sosteniendo esto en alto como escudo, pasó a través de todo sin ser doblegado. Toda esa experiencia hizo avergonzarse al enemigo. Finalmente, cambio su persona, por decirlo así. Tal como es en su corazón, así se le apreció: como un muchacho negro; y como inclinándose ante él, ya no lo acosó más con pensamientos -pues el impostor había sido echado fuera-, sino que usando voz humana dijo: "A muchos he engañado y a muchos he vencido; pero ahora que te he atacado a ti y a tus esfuerzos como lo hice con tantos otros, me he demostrado demasiado débil". ¿Quién eres tú que me hablas así?, preguntó Antonio. El otro se apresuró a replicar con voz gimiente: Soy el amante de la fornicación. Mi misión es acechar a la juventud y seducirla; me llaman el espíritu de la fornicación. ¡A cuantos no he engañado, que estaban decididos a cuidar de sus sentidos! ¡A cuántas personas castas no he seducido con mis lisonjas! Yo soy aquel por cuya causa el profeta reprocha a los caídos: Ustedes fueron engañados por el espíritu de la fornicación (Os 4,12). Sí, yo fui quien los hice caer. Yo soy el que tanto te molesté y que tan a menudo fui vencido por C,],LD". Antonio dio gracias al Señor y armándose de valor contra él, dijo: Entonces eres enteramente despreciable; eres negro en tu alma y tan débil como un niño. En adelante ya no me causas ninguna preocupación, porque el Señor esta conmigo y me auxilia, ver la derrota de mis adversarios (Sal 117,7). Oyendo esto, el hombre negro desapareció inmediatamente, inclinándose a tales palabras y temiendo acercarse al Santo."

Al CURA DE ARS tampoco le dejaba dormir muchas noches. Imitaba los gruñidos de los osos, de perros o de otros animales... le hacía oír golpes continuos de martillo, lo tiraba al suelo y le hacía otras cosas que le hacían sufrir. Muchas veces, lo insultaba y le gritaba "comepatatas" (porque las patatas eran su principal dieta diaria). Igualmente, con agua bendita y el crucifijo, se defendía de su enemigo, aunque a veces la lucha duraba horas. Cuando se refería al diablo lo llamaba "el garras" (le grappin).

A SAN BENITO COTOLENGO el demonio muchas veces le escondía los zapatos, la ropa y, después, los encontraba en los lugares más difíciles y extraños. Una vez, se le presentó vestido como un gran señor, tratando de convencerlo de que no construyera su Obra, y entraba y salía de su casa sin dejar rastro.

A SAN JUAN BOSCO también le hizo sufrir mucho. Lo despertaba por la noche, gritándole fuerte al oído, le tiraba sus papeles en los que escribía "Lecturas católicas", le quitaba las mantas de la cama y, en una ocasión, hasta le prendió fuego. A veces, sentía un peso enorme sobre sí que le impedía respirar y se le presentaba como un horrible monstruo. Él lo rechazaba con la señal de la cruz, el agua bendita y haciendo penitencia frecuentemente.

A SANTA GEMA GALGANI una noche se le presentó como un perro negro enorme. Otro día, en que desobedeció la orden de su confesor de no salir sola de casa, lo estuvo siguiendo por la calle bajo la figura de un hombre, que la asustó. Fue a buscar a su confesor para que la perdonara, fue al confesionario y, después de confesarse, se dio cuenta que el diablo había tomado la figura de su confesor. Y ella dice en su Diario: "Fue una jornada del demonio. El confesor era el diablo y estaba con la mitra puesta en la cabeza". Se dio cuenta, porque, cuando le decía sus pecados, a todo le decía que estaba bien y no le corregía nada. Otros días, no la dejaba dormir y le daba tantos golpes que no podía levantarse por la mañana, pero lo que más le hacía sufrir eran las tentaciones contra la pureza. En una ocasión (25-8-1900) se le presentó bajo la figura de su ángel custodio. Al principio no lo reconoció; pero, después, al sentir miedo e intranquilidad, reconoció que no era su ángel. Decía San Pablo que "Satanás se disfraza también de ángel de luz" (2 Co 11,14).
Tenía que retirarse, pues Jesús había dicho a Gemma que el demonio sería quien diese la última mano a su virtud y..., estando él, el demonio no se hubiera atrevido a hacerle nada. Pero..., tan luego como el P. Germán se fue, no reconoció límites su bestialidad durante siete largos meses. Perturbaba su imaginación con horribles fantasmas con el fin de producirle estados de ansiedad, tristeza, amargura y temor, que la indujeran a la desesperación. Le decía muchas veces: "Ahí tienes lo que has conseguido con tus fatigas en el servicio de Dios"; y le presentaba tales figuras contra la pureza, que escribió al P. Germán: "Padre mío, pídale a Jesús que me cambie esta cruz por cualquier otra. Haga desde ahí los exorcismos para que este perverso se vaya, o mande a su ángel para que lo ahuyente". Viendo que con tentaciones no podía vencerla, empezó a maltratarla con los golpes más brutales y en forma de bestias feroces, que amenazaban despedazarla. Dirigiéndose entonces a María Santísima, le decía: "Madre mía; me encuentro bajo el poder del demonio que quiere arrancarme de las manos de Jesús. Ruéguele por mí. ¡Viva Jesús!". Jesús y María, complacidos al ver como luchaba, le enviaban a San Pablo de la Cruz o a San Gabriel para animarla. El mismo Jesús le dijo: "Hija mía; humíllate bajo mi mano poderosa y lucha, que tu lucha te conducirá a la victoria".


El SANTO PADRE PÍO (1887-1968), Primer sacerdote estigmatizado, capuchino italiano, tenía una guerra sin cuartel con el diablo, a quien llamaba "cosaco" o "Barbazul". Lo asaltaba con tentaciones de las más atroces, con ataques violentos, incluso físicamente, y con insidias de toda clase. En una carta, le escribía a su director el Padre Agustín: "La otra noche la pasé muy mal. Desde las diez de la noche hasta las cinco de la mañana, el diablo no hizo otra cosa que golpearme. Me ponía pensamientos de desesperación... Cuando se fue, sentía un frío intenso en todo mi cuerpo, que me hacía temblar de pies a cabeza... Desde hace varios días viene a visitarme con otros más, armados de bastones y barras de hierro. Quién sabe cuántas veces me ha tirado de la cama y me ha arrastrado por la habitación... A veces, permanezco así incapaz de moverme, pues me ha quitado hasta la camiseta y, cuando hace frío, me congelo... Cuántas enfermedades debería haber contagiado, si el dulcísimo Jesús no me hubiese ayudado". Había veces en que le tiraba las cosas de la habitación y le desordenaba todo, le decía palabras obscenas y esparcía un olor nauseabundo.
Éste es el testimonio del Padre Pío: "Un día, mientras yo estaba oyendo las confesiones, un hombre vino al confesionario dónde yo estaba. Él era alto, guapo, me vistió con algo de refinamiento y era amable y cortés. Comenzó a confesar sus pecados; los cuales, eran de cada tipo: contra Dios, contra el hombre y contra las morales. ¡Todos los pecados eran molestos! Yo estaba desorientado, por todos los pecados que él me dijo, yo respondí. Yo le traje la Palabra de Dios, el ejemplo de la Iglesia, las morales de los Santos, pero el penitente enigmático se opuso a mi palabras justificando, con habilidad extrema y cortesía, todo tipo de pecado. Él vació todas las acciones pecadoras y él intentó hacer normal, natural, y humanamente comprensible todas sus acciones pecadoras. Y esto no solamente para los pecados que eran repugnante contra Dios, Nuestra Señora, y los Santos, él fuè Rotundo sobre la argumentación, pero, que pecados morales tan sucios y ásperos. Las respuestas que él me dio con la delgadez experimentada y malicia me sorprendieron. Yo me pregunté: ¿quién es él? ¿De qué mundo viene él? Y yo intenté mirarlo bien, leer algo en su cara. Al mismo tiempo concentré mis oídos a cada palabra, para darle el juicio correcto que merecían. Pero de repente; a través de una luz vívida, radiante e interior yo reconocí claramente quién era él. Con autoridad divina yo le dije: diga……. "Viva Jesús por siempre" "Viva María eternamente" En cuanto yo pronuncié estos nombres dulces y poderosos, Satanás desapareció al instante en un goteo de fuego, mientras dejaba un hedor insoportable".
Ana Catalina Emmerick dice sobre el infierno que es "un país de infinitos tormentos, un mundo horrible y tenebroso".
Muchas veces, cuando ella iba al cementerio a orar por las almas, sentía quiénes estaban condenadas.
Dice: "Veía salir como un vaho negro que me estremecía de algunos sepulcros. En estos casos, la idea viva de la santísima justicia de Dios era para mí como un ángel que me libraba de lo que había de espantoso en tales sepulcros".