San Miguel Arcángel pesando las almas en el Juicio Final
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viernes, 23 de octubre de 2020

Exorcistas dan 8 consejos para ser inmunes frente al demonio

 

octubre 18, 2020


En un reciente artículo dos exorcistas explican la importancia de la protección espiritual y ofrecieron una serie de consejos para que los católicos no queden indefensos frente a maldiciones o cualquier tipo de hechizo.

El P. Theophilus, como es conocido en la región estadounidense de Mountain West, declaró al National Catholic Register que, “al encontrarnos en el estado de gracia, tenemos inmunidad espiritual”. “Hay tantas maldiciones que rebotan en ti porque tu sistema inmunológico católico es fuerte”, dijo.


También recomendó sacramentales como el agua bendita y los objetos benditos que llevan a la gracia. 


Por otra parte, el P. Paolo Carlin, uno de los exorcistas más importantes del mundo, explicó en su libro más reciente que “una vida sin fe, es decir, una vida que carece o tiene una relación incompleta de comunión con Jesús, ya es terreno fértil para una acción extraordinaria del diablo”.


Dijo que intentar “el equilibrio de una aparente vida de fe con prácticas ocultas esotéricas” como horóscopos o adivinos, “deja a una persona abierta al enemigo, permitiéndole entrar en su vida e influir en ella”.


Según el P. Carlin, los católicos “debemos encontrar el equilibrio entre atribuir cada mal a Satanás, verlo en todas partes y negar totalmente su existencia”.


Estas son algunas de sus recomendaciones para construir una “armadura” de protección espiritual:




1. Evite y confiese el pecado


El sacerdote señala que “el pecado consiste en rechazar a Dios y su Reino a través del libre albedrío (CIC 391), incitado por la engañosa seducción de Satanás: ‘Serás como Dios’”.


2. Lee las Escrituras


En este apartado, aseguró que “la Palabra de Dios escuchada y vivida cada día en elecciones concretas se convierte en nuestra defensa de las trampas del maligno”.


3. Oración


“La oración es importante para afirmar nuestra voluntad a la voluntad de Dios. Dios Padre ha establecido una alianza eterna con el hombre, una relación de fe fundada en el sacrificio de Cristo en la Cruz. Esta alianza se mantiene a través de nuestra respuesta, que es la oración”, dijo el sacerdote. 


4. Los sacramentos


El P. Carlin explica que “un sacramento obra en la plenitud de la gracia, obteniendo para nosotros la comunión con Dios en la verdad y fuerza del Espíritu Santo, que está presente en nosotros desde nuestro Bautismo”.


Por tanto, “recibir la Eucaristía es recibir a Jesús en la propia vida… Los exorcistas podemos comprobar que el sacramento de la Confesión es particularmente temido y odiado por el demonio, porque le arrebata tantas almas. Este comportamiento nos permite ser recibidos en los brazos misericordiosos de Cristo, quien nos sumerge en su sangre y nos purifica de todas las manchas del pecado”.5. Pertenecer a la Iglesia


“Las partes del cuerpo son muchas, pero el cuerpo es uno; por muchas que sean las partes, todas forman un solo cuerpo. Así también Cristo” (1 Corintios 12: 5), citó. 


6. Escuchar buena música


El P. Carlin dice que escuchar la música adecuada “puede elevar nuestro espíritu hacia Dios”.


7. Humildad


“Satanás no teme tanto al exorcismo como a la humildad”, afirma el exorcista.


8. Perdón


Finalmente, sugiere “cultivar una confianza sincera en la misericordia de Dios” y llevar esta misericordia “hacia el prójimo, perdonando incondicionalmente y amando a sus enemigos”.




ACI

miércoles, 5 de febrero de 2020

Oración de renuncia a Satanás y entrega a Jesús como Señor y Salvador

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ORACIÓN DE RENUNCIA A SATANÁS Y ENTREGA A JESÚS COMO SEÑOR Y SALVADOR
(Fuente: devoción católica)

Padre Santo, en el nombre de Jesús tu hijo amado, y con la dirección de tu Santo Espíritu, me pongo en tu presencia para darte gracias por permitirme acercarme a ti y reconocer mi estado de pecado.

Hoy, como el hijo pródigo quiero voluntariamente reconocer que he pecado contra el cielo y contra ti, que me arrepiento de haberte ofendido con la vida de miseria que llevo.

Por eso ante ti Señor confieso mi pecado, reconozco que no soy digno de ser llamado hijo tuyo, pero se y creo que por tu infinita misericordia y por la Salvación que me ha dado Jesús en la Cruz, me reconcilias contigo,

Por eso Señor, en este instante quiero renunciar públicamente a todo aquello que me ha separado de ti.

Renuncio a satanás; esto es al pecado, como negación de Dios; a la mentira, como ofuscación de la verdad; a la violencia, como contraria al amor.

Renuncio a las obras de satanás; a la soberbia, la avaricia, la envidia, la ira, la lujuria y sensualidades, la gula, la pereza, al odio, cobardía e indiferencia, la injusticia; falta de fe, esperanza y caridad.

Renuncio a todas las seducciones de satanás; a los abusos, a la discriminación, la hipocresía, el cinismo, el orgullo, al desprecio a los demás.

Renuncio a la vida materialista que me ofrece el mundo, al dinero como aspiración suprema, al placer ante todo, al provecho propio por encima del bien común.

Renuncio a todo ídolo que yo mismo me haya forjado durante mi vida, posición social, hijos, esposa, mascota, bienes, y otros; creencias opuestas al cristianismo, rosacruz, masonería, control mental, meditación trascendental, hinduismo, y demás; prácticas de ocultismo, brujería, cartas, satanismo, ouija, espiritismo, budu y otros similares.

Señor, habiendo renunciado a satanás padre y príncipe del pecado, al cual en este instante repudio y expulso de mi vida, me pongo al lado de Jesús mi Señor y Salvador para declarar públicamente con mi boca, que:

Creo en ti Dios Padre Todopoderoso, creador del cielo y de la tierra,

Creo en Jesucristo tu único hijo, que nació de Santa María Virgen, murió y fue sepultado, resucitó entre los muertos, y está sentado a tu derecha Padre Santo, a quien desde ahora declaro mi Señor y Salvador, el que en la Cruz pagó con su sangre por todos mis pecados, dándome así la libertad de los Hijos de Dios.

Creo en el Espíritu Santo, mi consolador, abogado, maestro, guía, compañero y defensor, Señor y dador de vida, el intercesor que Cristo nos ha dado.

Creo en la Santa Iglesia Católica, en la comunión de los Santos, en el perdón de los pecados, la resurrección de los muertos y en la vida eterna.

Gracias Señor por perdonar mis pecados, y acogerme en tu casa como al hijo pródigo, Gloria y Honor a tu Santo Nombre;

Amén.

viernes, 18 de octubre de 2013

Notoria conversión de ex-rockero de "Ratones Paranoicos": "La religión católica me salvó del infierno del alcohol y las drogas y ahora rezo el Rosario todos los días"


El ex Ratones Paranoicos nos muestra su nueva vida espiritual. Ahora escucha cantos gregorianos, lee la Biblia, va a misa todos los domingos y reza por Gustavo Cerati. Explica cómo dejó las drogas y el alcohol y se abocó al catolicismo: “La religión me viene salvando desde que nací”. 

Por Florencia Dopazo FOTOS: Gastón Renis 

Juan Sebastián Gutiérrez (51), conocido por todos como Juanse, se encuentra en un momento particular de su vida. Hace dos años decidió que era el momento de disolver la banda que él mismo había creado, Los Ratones Paranoicos. Fue entonces cuando se acabaron las giras, los 100 shows anuales y el cantante decidió tener una rutina más tranquila. 

“Estar en una banda de rock como Ratones tenía muchos pros pero muy superficiales: viajar, comer bien, todo lo que es el cotillón de la vida”, explicó y aseguró que aprendió a disfrutar de cosas más reconfortantes. Actualmente, se encuentra abocado a su trabajo como solista. “A Expresso Bongo”, “Energía divina”, “Juanse Roll Band Vivo” y “Baldíos Lunares”, suma su quinto disco, “Rock es amor igual”, lanzado en agosto. Pero además, hoy es un Juanse más místico: dejó las drogas y el alcohol, para refugiarse en el catolicismo. “La religión me viene salvando desde que nací”, confesó. 

–¿Qué son los Ratones para vos? 

–Los Ratones, para mí, son todo. Gracias a ellos pude expresar mi forma de ver las cosas desde lo musical, fue lo que me dio acceso al gran público para ahora estar en esta etapa en la que estoy. La gente sigue esperando escuchar una canción de Los Ratones en todos los shows que hago. Ahí me doy cuenta, primero, lo agradecido que estoy a la banda y, segundo, la posibilidad que me dio de estar en contacto con la gente. 

–¿No hay ninguna posibilidad de vuelta? 

–No creo. Son caminos muy diferentes, no tanto desde el punto de vista estilístico. Ratones era una banda que estaba en el orden de los 80 o 100 shows anuales. El otro día nos dimos cuenta hablaba con Edgardo, mi manager, que ya estamos en octubre y todavía no di ni nueve shows. Es una diferencia abismal. Por ahora es lo que yo necesito. Si en el futuro vuelve a picar todo eso, no lo descarto. Tendría que haber un montón de factores combinados de por medio que hicieran posible hacerlo. Igual uno siempre quiere tocar con sus compañeros de ruta. Pero creo que hoy por hoy lo más importante es estar bien, tranquilo, pensando en cómo llevar adelante este proyecto que tenemos ahora en la actualidad. 

–¿Te gusta más el trabajo como solista o con la banda? 

–Como solista me gusta muchísimo más. Es otra forma de trabajar, tenemos mucho más tiempo para hacer las cosas. Requiere un esfuerzo extra porque no estás en movimiento. Ratones posibilitaba esa interacción que hay entre el estudio y la gira, que se retroalimenta. En cambio acá estoy a full con el estudio y tengo que hacerme cargo de todo; cambió la forma del negocio, es distinto. 

–Fue un cambio completo en tu ritmo de vida. 

–Cambiaron un montón de cosas. Tiene sus pros y sus contras. Estar en una banda de rock como Ratones tenía muchos pros pero muy superficiales: viajar, comer bien, todo lo que es el cotillón de la vida. En cambio ahora el pro es que disfruto más del estudio, de estar con un productor como Pichón Dal Pont, que es un tipo que ya ganó cuatro Grammys y es el productor de Jennifer López. Son todas cosas mucho más reconfortantes. Además, me da mucho más tiempo para mis actividades más importantes que son la lectura espiritual, la oración, y la meditación. En eso estoy más abocado ahora. 

–Este cambio en tu rutina ¿te ayudó en el momento de dejar las drogas y el alcohol?

–Sí, en todo. Se da vuelta el panorama. Es otra cosa, otra visión de la realidad y siento que estoy haciendo cosas que tienen otro tipo de valores. Estoy concentrado más en mi estilo. Y me siento mejor. 

–En una entrevista explicaste que vos sentís que descendiste y conociste el infierno. ¿Qué aprendiste de eso? 

–Es muy bueno saber cómo es el infierno para no volver a bajar. Había un padre de la iglesia del siglo III, que se llamaba San Ignacio y decía: “Descendamos al infierno, nunca nos olvidemos de cómo es, para temer volver”. Uno no puede dejar de estar en contacto con el mundo porque es una locura. Pero hay que ser conscientes de que el infierno lo vemos a diario: en el consumo, la publicidad, la falta de respeto, la violencia, son cosas que juegan en contra de la situación humana. 

–¿Sos muy religioso? 

–Siempre lo he sido. Obviamente las etapas se van cumpliendo. Este es un alto momento en el que hay que aprovechar esa claridad que a uno le viene para explotarla al máximo a favor de la salud y demás cosas importantes. 

–¿Vas a misa? 

–Por supuesto, todos los domingos. Y rezo. Cuando voy pido por Gustavo Cerati. Siempre pido por todos, sobre todo cuando conozco a las personas que están necesitando. Pertenezco a la comunidad “Jesús pan de vida”, donde hacemos cadenas de oraciones para ayudar a que las personas recuperen su paz. Ya sea hacia arriba o hacia abajo. El caso particular de Gustavo está siempre presente en nuestra voluntad y nuestra intención para que él se mejore en todo sentido. No está tan en juego acá la cuestión física, sino el alma, el espíritu y lo que él dejó como persona, como legado al mundo a través de su arte, su música, de todo lo bueno que hizo. 

–¿En qué momento del día rezas? 

–Todo el tiempo rezo, entré en un estado de oración permanente. Creo que la mejor forma de empezar a rezar es con el Rosario, así se arreglan todos los problemas. Por ejemplo, hoy lo recé el Rosario de 7 a 10 de la mañana. Pero es importante no decir las oraciones de memoria, porque a Jesús no le interesa eso. Uno empieza a rezar verdaderamente cuando deja de repetir mecánicamente las cosas y piensa cada palabra que dice. 

–¿Alguna vez se burlaron de vos por ser religioso? 

–Sí. Es increíble que se haya logrado que la gente se burle de los que tienen fe. Ahora es el momento en que quienes tienen fe, salgan a expresarla, porque es lo más puro que uno puede expresar. Me parece patético que cuando uno se enferma, vaya corriendo a buscar la estampita para pedirle que lo ayude. Hay que tener la imagen cuando uno está bien. Entonces después cuando vienen los momentos difíciles ya estás protegido. Yo creo que si Dios está conmigo nadie puede estar en mi contra. A los que me dicen que estoy loco por ir a la iglesia, les contesto: “Imaginate cómo estaría si no fuera”. Y ahí se enmudecen. De diez personas con las que hablo, ocho no me dan bola. Pero hay dos que se dan cuenta que pueden encontrar un refugio en la religión. A algunos que al principio no creen, les termina salvando la vida. 

–¿Es tu caso? –A mí me viene salvando desde que nací.

viernes, 16 de noviembre de 2012

La mano quemada de Foligno, una marca del Purgatorio



La mano quemada de Foligno
Una marca del purgatorio


El día 4 de noviembre de 1859 murió de apoplejía fulminante, en el convento de Terciarias Franciscanas de Foligno, una buena hermana llamada Teresa Margarita Gesta, que era hace muchos años maestra de las novicias y a la vez encargada de la pobre ropería del monasterio. Había nacido en Córcega, en Bastia, en 1797 y había entrado en el monasterio en febrero de 1826. Es ocioso decir que estaba preparada dignamente para la muerte.
Doce días después, el 17 de noviembre, una hermana denominada Ana Felicia, que la había ayudado en su empleo y que la reemplazó después de su muerte, subía a la ropería, e iba a entrar, cuando oye gemidos que parecían salir del interior del aposento. Algo azorada, se apresuró a abrir la puerta: no había nadie. Mas dejáronse oír nuevos gemidos tan acentuados que ella, a pesar de su ordinario valor, se sintió poseída de miedo.


"¡Jesús, María! - exclamó - ¿qué es esto?". 


Aún no había concluido, cuando oyó una voz lastimera, acompañada de este doloroso suspiro:


"¡Oh, Dios mío! ¡cuánto sufro! Oh Dio! che peno tanto!". 


La hermana, estupefacta, reconoció pronto la voz de la pobre sor Teresa. Se repone como puede, y le pregunta:


"¿Y por qué?"


"A causa de la pobreza", responde sor Teresa. 


"¡Cómo! - replica la hermana: ¡vos que erais tan pobre!"


"No es por mí misma, sino por las hermanas, a quienes he dejado demasiada libertad en este punto. Y tú ten cuidado de ti misma".


Y al mismo instante la sala se llenó de un espeso humo, y la sombra de sor Teresa apareció dirigiéndose hacia la puerta, deslizándose a lo largo de la pared. Llegando cerca de la puerta, exclamó con fuerza:


"He aquí un testimonio de la misericordia de Dios".


Y diciendo esto tocó el tablero superior de la puerta, dejando perfectamente estampada en la madera calcinada su mano derecha, y desapareciendo en seguida.


La pobre sor Ana Felicia se había quedado casi muerta de miedo. Del todo trastornada, se puso a gritar y pedir auxilio. Llega una de sus compañeras, luego otra y después toda la Comunidad; la rodean y se admiran todas de percibir un olor a madera quemada. Buscan, miran y observan en la puerta la terrible marca, reconociendo pronto la forma de la mano de sor Teresa, que era notablemente pequeña. Espantadas, huyen, corren al coro, se ponen en oración, y olvidando las necesidades de su cuerpo, se pasan toda la noche orando, sollozando y haciendo penitencia por la pobre difunta, y comulgando todas por ella al día siguiente.


Espárcese por fuera la noticia; los Religiosos Menores, los buenos sacerdotes amigos del monasterio y todas las comunidades de la población unen sus oraciones y súplicas a las de las Franciscanas. Este rasgo de caridad tenía algo de sobrenatural y de todo punto insólito.


Sin embargo, la hermana Ana Felicia, aun no repuesta de tantas emociones, recibió la orden formal de ir a descansar. Obedece, decidida a hacer desaparecer a toda costa en la mañana siguiente la marca carbonizada que había causado el espanto de todo Foligno. Mas, he aquí que sor Teresa Margarita se le aparece de nuevo.


"Sé lo que quieres hacer - le dice con severidad -; quieres borrar la señal que he dejado impresa. Sabe que no está en tu mano hacerlo, siendo ordenado por Dios este prodigio para enseñanza y enmienda de todos. Por su justo y tremendo juicio he sido condenada a sufrir durante cuarenta años las espantosas llamas del purgatorio, a causa de las debilidades que he tenido a menudo con algunas de nuestras hermanas. Te agradezco a ti y a tus compañeras tantas oraciones, que en su bondad el Señor se ha dignado aplicar exclusivamente a mi pobre alma; y en particular los siete salmos penitenciales, que me han sido de un gran alivio".


Después, con apacible rostro, añadió:


"¡Oh, dichosa pobreza, que proporciona tan gran alegría a todos los que verdaderamente la observan!".


Y desapareció.


Por fin, al siguiente día 19, sor Ana Felicia, habiéndose acostado y dormido, a la hora acostumbrada, oye que la llaman de nuevo por su nombre, despiértase sobresaltada, y queda clavada en su postura sin poder articular una palabra. Esta vez reconoció también la voz de sor Teresa, y al mismo instante se le apareció un globo de luz muy resplandeciente al pie de su cama, iluminando la celda como en pleno día, y oyó que sor Teresa con voz alegre y de triunfo, decía estas palabras:


"Fallecí un viernes, día de la Pasión, y otro viernes me voy a la Gloria... ¡Llevad con fortaleza la cruz!... ¡Sufrid con valor!".


Y añadiendo con dulzura:


"¡Adiós! ¡adiós! ¡adiós!..."


se transfigura en una nube ligera, blanca, deslumbrante, y volando al cielo desaparece.


Abrióse en seguida una información canónica por el obispo de Foligno y los magistrados de la población. El 23 de noviembre, en presencia de un gran número de testigos, se abrió la tumba de sor Teresa Margarita, y la marca calcinada de la pared se halló exactamente conforme a la mano de la difunta.


El resultado de la información fue un juicio oficial que consignaba la certeza y la autenticidad de lo que acabamos de referir. En el convento se conserva con veneración la puerta con la señal calcinada. La Madre abadesa, testigo del hecho, se ha dignado enseñármela (dice Mons. de Ségur), y mis compañeros de peregrinación y yo hemos visto y tocado la madera que atestigua de modo tan temible que las almas que, ya sea temporal, ya sea eternamente, sufren en la otra vida la pena del fuego, están compenetradas y quemadas por el fuego. Cuando, por motivos que sólo Dios conoce, les es dado aparecer en este mundo, lo que ellas tocan lleva la señal del fuego que les atormenta; parece que el fuego y ellas no forman más que uno; es como el carbón cuando está encendido.