San Miguel Arcángel pesando las almas en el Juicio Final
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miércoles, 25 de febrero de 2015

Sacerdote enfrenta su juicio personal y es condenado al infierno. Le fue concedida una nueva oportunidad por intercesión de la Virgen María



Se preocupó de su prestigio como sacerdote que de su ministerio. Faltó a los mandamientos. Para él la misa no tenía un significado especial.

El padre Steven Scheier fue ordenado sacerdote en el año 1973. Era un sacerdote diocesano y fue asignado a la parroquia del Sagrado Corazón, en la ciudad de Fredonia, al sureste de Kansas.

No amaba su vida de sacerdote.

Durante doce años se preocupó más de lo que los demás pensaban de él, que de su ministerio sacerdotal. Se preocupó de su prestigio como sacerdote, especialmente ante sus compañeros de ministerio. No asistía a la dirección espiritual con otros sacerdotes, o si lo hacía, se quedaba en cosas superficiales, como por salir del compromiso. No hacía las oraciones del breviario ni las que debe hacer todo sacerdote. Para él la misa no tenía un significado especial. Incurrió en sucesivas negligencias en su labor pastoral y se dedicó a muchas actividades de corte social, en detrimento de los fieles de su parroquia. Huyó del sufrimiento propio de su misión y se portó de manera cobarde ante ese sufrimiento.

Faltó a los mandamientos. Se confesaba con regularidad, pero no apropiadamente. No tenía propósito de enmienda, ni dolor verdadero por sus pecados. Tomaba la confesión como un seguro contra el infierno. Sus confesiones no lo condujeron a un cambio verdadero de vida. Se confesaba cuando quería, porque pensaba que tenía suficiente tiempo. Él sabía que no estaba haciendo lo que debía, que no era el sacerdote que debía ser, pero no cambió su forma de proceder. Los feligreses, sin embargo, consideraban que era un buen sacerdote.

El día de su accidente

El 18 de Octubre de 1985 fue a Wichita, más o menos a 130 ó 140 Kms de distancia. Hizo el viaje por la carretera 86, la única carretera accesible entre Fredonia y Wichita. Era una carretera montañosa y peligrosa, sin cunetas y de alto tráfico pesado. Fue a ver a un sacerdote sobre algo que había sucedido en la parroquia de Wichita. Salió por la mañana y regresó por la tarde. En el recorrido de regreso, mientras adelantaba a un camión, se vio involucrado en un accidente de frente con una camioneta en la que iban tres personas que residían en Houston, Texas.

Fue arrojado del vehículo, sufrió laceraciones en la cabeza y el cuero cabelludo se despegó en el lado derecho. El lado derecho del cerebro fue cortado parcialmente y muchas células fueron aplastadas. Quedó prácticamente inconsciente. Una enfermera que iba en un vehículo detrás de él lo ayudó inmediatamente. Vio que tenía el cuello roto. Fue atendido de emergencia y llevado en ambulancia a un pequeño hospital cercano. Un médico le suturó el cuero cabelludo que estaba rasgado. Todos pensaban que no iba a sobrevivir. Lo atornillaron por delante y por detrás de la cabeza, le pusieron una chaqueta rígida para evitar movimientos y lo llevaron en helicóptero a otro hospital en Wichita.

No se atrevieron a operarlo debido a la gravedad de la lesión. Sufrió fractura de tipo C2, o sea la segunda vértebra cervical (es el mismo tipo de lesión que ocurre en las personas que mueren ahorcadas). Cuando esta vértebra se rompe, la persona se asfixia. Si le hubieran movido la cabeza en el sitio del accidente, hubiera muerto. Fue colocado en tracción y los doctores le daban un 15% de probabilidades de vida. Permaneció en Cuidados Intensivos hasta el mes de Noviembre. Estuvo bajo tratamiento de morfina y tracción. Cuando se supo del accidente, los miembros de su parroquia y de otras cercanas se pusieron en oración por él. Se recuperó de manera sorprendente y rápida.

El 2 de Diciembre lo dieron de alta. No esperaban que sobreviviera. Le dijeron que, a pesar de sobrevivir, pensaban que iba a quedar paralizado del cuello hacia abajo, usando un respirador, mirando hacia el techo por el resto de su vida y sin volver a hablar.

Una revelación que le abre el entendimiento

En el mes de Abril le retiraron los aparatos que lo tenían inmovilizado. De regreso en su parroquia, una vez estaba celebrando misa entre semana, correspondiendo ese día el Evangelio de San Lucas, Capítulo 13, Versículo 6 y siguientes, sobre el Dueño de un viñedo, quien ordena al viñador cortar una higuera que no daba fruto desde hacía tres años. El viñador intercede ante el Dueño de la viña y le propone abonarla y cuidarla durante un año más para ver si da fruto, o si no, puede cortarla. De repente, mientras se encontraba leyendo este pasaje, la página se volvió luminosa, se agrandó y se acercó hacia él. Sintió un gran sobresalto y terminó la misa como pudo; después tuvo que sentarse y tomar algo para calmarse.

Llegó el momento del día de su Juicio

En ese momento recordó una conversación que tuvo lugar muy poco después del accidente. Él no vio a nadie pero sí escuchó las voces. En esa conversación, el padre Steven se encontró en la presencia de Dios. Al sentir el amor puro de Dios en la persona de Jesús, el padre Steven se sintió realmente pecador, pero el Señor le dijo: “Te amo, acércate”.

El padre Steven se vio enfrentado a su juicio particular, en el que fueron puestos en evidencia muchos pecados mortales que no alcanzó a confesar, porque había dejado todo eso para más tarde. Sintió el Amor Justo de Dios cuando El Señor Jesús le dijo: “Tu sentencia es el infierno por toda la eternidad”.

El padre Steven contestó: “Sí Señor, lo sé”. Porque sabía que era toda la verdad de su vida y eso no fue sorpresa para él. Comprobó que Dios nos conoce perfectamente por dentro y por fuera y que no se deja llevar por apariencias o simples opiniones. También supo que ante Dios no valen excusas, ni pretextos, ni justificaciones.

Entonces, el padre Steven escuchó una voz femenina:

“Hijo, por favor, ¿puedes perdonar su vida y su alma inmortal?” El Señor contestó: “Él ha sido sacerdote por doce años para sí mismo y no para Mí. Dejemos que coseche el castigo que merece”.

La voz femenina replicó:

“Pero Hijo, si le damos gracias especiales, entonces veamos si da frutos; si no, hágase Tu Voluntad”. El padre Steven sintió el amor Misericordioso de Dios cuando El Señor contestó: “Madre, es tuyo”.

El padre Steven no sentía devoción especial por la Virgen, y a partir de ese momento empezó a tenerla siempre presente en su mente y en su corazón. Se dio cuenta que le tomará toda la vida ser el sacerdote que debe ser. Con el tiempo, el padre Steven ingresó a una comunidad contemplativa, no de clausura, que ora e intercede por los sacerdotes.

Dios le dio una oportunidad a su alma y a su vida física, corporal, y no hay un día en que no haya pensado en lo que le pasó. Ahora es mucho más consciente que antes de sus pecados.

Algunas enseñanzas que podemos aprender de la experiencia del padre Stevens:

Hay dos maneras de creer: con la cabeza (es decir, intelectualmente) o con el corazón. Durante muchos años, el padre Steven creyó con la cabeza, es decir, intelectualmente, en Dios, en el cielo y en los santos. Para él, no eran seres vivos, sino más bien representaciones o personajes imaginarios.

El infierno existe y los sacerdotes no están exentos de él, por tanto, si faltan a los mandamientos, están expuestos a él. Los sacerdotes tienen que dar cuenta de más cosas que los fieles, puesto que tienen mayores responsabilidades en su misión: “A quién mucho se le dio, mucho se le pedirá”.

Dios nos ayuda a conocernos a nosotros mismos para que enmendemos nuestros errores y corrijamos nuestro camino. Tenemos que estar receptivos y cooperar con la Gracia de Dios.

Dios nunca le dice “NO” a la Virgen María. Nosotros no conocemos ni apreciamos la importancia, la gracia y el poder que Dios ha dado a la Virgen.

Cuando uno huye de los sufrimientos y las cruces propias de su vida y su misión, después aparecen cruces más grandes, donde quiera que uno vaya. Pero cuando las abrazamos, Dios dulcifica los sufrimientos y las cruces personales.

El Amor de Dios es más grande que su Justicia… lo que no quiere decir que Él no será Justo en su juicio.
No hay que tener miedo de decir las cosas como son. Puede que no seas muy popular para los demás, pero “hay que poner a Dios primero que los hombres”.

Pueden morir millones de personas en un mismo instante, pero el juicio es personal y uno lo enfrenta solo. Recuerda que tu salvación depende de tus acciones: la forma como has vivido y amado.

Nuestro verdadero hogar está en el cielo. Aquí, en el mundo, somos peregrinos en camino a nuestra patria celestial.
Notas:
El padre Steven sufrió con anterioridad otros dos accidentes de tránsito, el segundo un poco más serio que el primero. Sentía que iba a ocurrir otro mucho más grave, y finalmente ocurrió. Él sabía que eran advertencias para su cambio de vida, pero no quiso hacer caso. Finalmente, Dios le dio una nueva oportunidad, para que fuera testigo de su Amor y Misericordia.

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(EWTN / Madre Angélica en vivo)

(artículo extraído de:  http://www.pildorasdefe.net/post/testimonios/IHS.php?id2=Sacerdote-enfrenta-su-juicio-personal-y-es-condenado-al-infierno-Regreso-por-intercesion-de-Maria)

sábado, 19 de octubre de 2013

La verdadera historia de El Exorcista


En un artículo anterior presentamos detalles del exorcismo real que se realizó en 1949, ver aquí, y ahora traemos un reportaje realizado al padre Walter Halloran, sj, que asistió al exorcista principal que fue el padre William S. Bowdern.   
EL Padre Bowdern nació en 1897 y murió en 1983, fue el jefe exorcista en el exorcismo de “Robbie” (nombre ficticio) en 1949, el niño adolescente cuyo caso inspiró la novela El exorcista de William Peter Blatty 1971, que posteriormente se convirtió en un largometraje. El exorcismo de “Robbie” se llevó a cabo en gran medida en St. Louis, Mo.
Curiosamente, el padre Bowdern al parecer sufrió efectos algo debilitantes del exorcismo, aunque no fue algo que se hizo público. Un jesuita narró hace unos años que había visto al Padre Bowdern tambaleándose por el pasillo en la mañana antes de la celebración de la misa y este testigo quedó comprensiblemente preocupado, pensando que podría haber estado relacionado con el alcohol. Se dirigió a su superior, quien le explicó que el padre Bowdern había participado en un exorcismo, y que el exorcismo le causó ese efecto. Aunque después de celebrar varias misas el Padre Bowdern quedó bien.
ENTREVISTA CON EL SACERDOTE INVOLUCRADO EN EL CASO DETRÁS DE EL EXORCISTA
Una interesante entrevista fue realizada hace algunos años por el autor y periodista Michael Brown con el padre Walter Halloran, sj. El Padre Halloran, quien murió en 2005, había asistido al Padre Bowdern en una porción significativa de estos exorcismos.
El Padre Halloran todavía recuerda vívidamente el caso, que tuvo lugar en 1949 en el área de Washington-Baltimore, con el último exorcismo realizado en St. Louis, donde el muchacho tenía parientes.
EL Padre Halloran asistió al exorcista principal, el padre William S. Bowdern de St. Francis Xavier Church en St. Louis. El Padre Halloran dice que el muchacho tenía 11 años. Otros dicen 13 o 14. Pero todos están de acuerdo en una cosa: que fue espeluznante.
MB: Padre, ¿cuántas veces estuvo presente en las sesiones de exorcismo?
Fr. Halloran: Supongo que todas las noches durante tres semanas.
MB: ¿Tuvo usted alguna idea sobre el origen del problema?
Fr. H: En cierto modo, fue una víctima del estado mental de la tía (que estaba en el espiritismo).
MB: ¿Qué pasó al final? Se nos dice que el Arcángel Miguel se manifiestó.
Fr. H: Por lo que entiendo hubo un sonido muy fuerte, un boom – como una especie de estampido sónico – y luego el muchacho abrió los ojos y dijo: San Miguel vino y todo terminó. Al mismo tiempo, mientras esto tenía lugar, había unos seis o siete sacerdotes en la iglesia del colegio diciendo el oficio y hubo un gran boom por allí y toda la iglesia quedó completamente iluminada. El Padre Bowdern, que estaba haciendo el exorcismo, y el niño se encontraban en la casa parroquial. Hubo una luz muy, muy brillante que iluminó toda la iglesia.
MB: ¿Cuáles fueron los fenómenos físicos más notables de los que usted fue testigo durante los exorcismos?
Fr. H: Creo que las marcas en el cuerpo del niño. No puedo pensar que hubo alguna manera en que podrían haber sido auto-inducidas, las marcas, los arañazos, las palabras, los números y ese tipo de cosas que aparecieron [en sangre roja]. Cuando el espíritu maligno se hizo cargo del niño, no parecía haber nada que él pudiera hacer al respecto. Hubo un par de veces cuando algo muy peligroso podría haber sucedido y él no tuvo ningún recuerdo en absoluto de todo lo que ocurrió cuando se encontraba en uno de estos asedios. Y eso me afectó, el ??poder que alguien o algo tiene sobre alguien.
MB: ¿Has visto algo volar por la habitación o los muebles moverse?
Fr. H: Si. La primera noche que estuve allí estaba de rodillas al lado de la cama en la que yacía el chico y la cama empezó a ir hacia arriba y hacia abajo y luego casi me golpeó una botella de agua bendita, que estaba en la cómoda y salió volando por la habitación.
MB: ¿Hubo alguna oración particular a la que el espíritu maligno pareciera reaccionar más?
Fr. H: Sí. Fueron más elementos o palabras o frases en cada oración. Cada vez que el nombre de la Santísima Madre se invocaba o mencionaba, el niño quedaba muy, muy agitado y cuando el nombre de Nuestro Señor – Cristo, nuestro Señor, o de Jesús – era dicho, y lo mismo con el Arcángel Miguel. Y luego quedaba en muy, muy agitado con el agua bendita. Con algunas de las oraciones cuando se rocía a la persona agua bendita, se volvía salvaje, salvaje físicamente.
MB: ¿Agitando las manos, ese tipo de cosas?
Fr. H: Si.
MB: ¿Ha visto la película el ’exorcista’?
Fr. H: La vi justo después de que salió. Fui con el padre Bowdern y pensé que era una típica película de Hollywood, ostentosa, tratando de llevar a la gente a tener miedo o gritar. Me quedé decepcionado con ella. Pensé que era un desastre. Y el padre Bowdern también lo hizo. Hacía una especie de comentarios negativos durante toda la película. Pensé que ibamos a ser expulsados ??de la sala.
Era ridícula, y la parte donde la niña se masturba con un crucifijo. Esto no fue así, eso es todo, y la enorme cantidad de vómito verde, tonterías.
MB: ¿Hubo algo que escupió o no?
Fr. H: Sí, hubo escupidas, y cuando pienso en ello, me sorprende, su precisión. Había escupido a unos ocho metros de distancia.
MB: Yo entiendo que en un momento Ud. salvó la vida del niño. Estaba listo para ir por un precipicio, ¿no?
Fr. H: Si. Lo llevé a la casa de retiro en St. Louis, un lugar muy bonito, para salir del hospital y tomar un poco de aire fresco, y él no sabía nada de las Estaciones de la Cruz y así que le pregunté si quería aprender y el dijo, oh seguro. Él era un niño afable. No muchos niños de 11 años de edad dirían que estaban interesados ??en saber acerca de las Estaciones de la Cruz, pero lo estaba. Y le expliqué lo que significaba cada una y llegamos a la estación 12 y dije, que esto conmemora la muerte de Cristo en la cruz, y cuando yo dije eso corrió hacia el borde de un acantilado para dejarse caer de 150 o 200 metros y le grité y no pasó nada, así que corrí y por una vez en mi vida hice un tackle decente.
MB: ¿Tuvo usted alguna manifestación después, o fue el final? ¿Estuvo usted bajo ataque demoníaco después?
Fr. H: No, nunca.
MB: ¿Ayunó durante todo el proceso?
Fr. H: Si.
MB: ¿A pan y agua?
Fr. H: No, cosas como simplemente tomar una taza de café y un trozo de pan tostado y saltarse una comida y en ese momento nosotros estábamos practicando la abstinenencia durante la Cuaresma.
MB: ¿El Padre Bowdern también ayunó?
Fr. H: Lo hizo un poco, y a veces estaba agotado [el exorcismo duró seis semanas].
MB: ¿Qué edad tenía usted?
Fr. H: Alrededor de 28.
MB: ¿Usted temió por su vida?
Fr. H: No, en realidad no. Pero me preguntaba por qué yo, con qué fin estaba ahí. Hubo un momento en que nos pidió que pararamos y tomó la chaqueta del pijama y se cubrió las marcas, arañazos, y dijo que le dolían. Era Jueves Santo y yo le hablaba del Jueves Santo y comenzó a retorcerse de dolor y me dijo: Mira, no puedo soportar esto. Pareció más afectado cuando dije cosas como “Santísimo Sacramento” o mencioné la ordenación de sacerdotes y cosas por el estilo.
MB:  ¡Qué una confirmación del poder de la fe, y los poderes que luchan entre sí en esta tierra!.
Fr. H: Sí. Eso es lo que me afectó más, y supongo que por eso me quedé muy decepcionado con la película.
MB: ¿Cree usted que fue satanás o un demonio?
Fr. H: Durante el rito, cuando se le preguntó su nombre, la única respuesta que puedo recordar que dio fue “Legión”, que nos recuerda el piara corriendo hacia el lago luego del exorcismo de Jesús.
Hubo victoria al final y el muchacho se casó y se instaló en la costa este después de asistir a Loyola High School en Baltimore. El Padre Bowdern murió hace más de treinta años después del exorcismo, en 1983. Mientras tanto la película se convirtió en uno de las más famosas de todos los tiempos.
El Padre Halloran aparece en el video de abajo, una excelente docu-drama y que, al igual que cualquier cosa relacionada con el mal, debe ser precedido por la oración, la lectura de la Biblia, y el agua bendita.

jueves, 28 de febrero de 2013

Testimonio real: posesión demoníaca luego de "jugar" con el tablero ouija

Aunque producido por un canal que no puede ser calificado como "pro-católico", el documental que presentamos está muy bien realizado, mostrándose respetuoso con la religión católica, con la figura del sacerdote ministerial y sobre todo con el poder de Jesucristo, Hombre-Dios, que es quien actúa a través del sacerdote.
El documental, cuyo valor testimonial reside en que se basa en un hecho de la vida real, refleja el abismo de maldad infernal al que se asoman quienes inadvertidamente "juegan" con el tablero ouija.
Pretendiendo incauta e infantilmente "jugar un juego de miedo", quien utiliza este instrumento perverso entra en comunicación directa con los ángeles caídos, los cuales se presentan como si fueran almas de difuntos, para luego descargar su odio infernal contra los que usan el tablero ouija, llegando en muchos casos a lograr la posesión demoníaca.
Por este motivo, un católico no puede, bajo ningún concepto, participar del juego de la copa o tablero ouija, verdadero instrumento de Satanás.
Ofrecemos el documental de Discovery Channel -realizado como parte de la serie de documentales: "Las puertas del más allá"-, con la esperanza de que muchas personas, sobre todo los jóvenes, entre quienes se ha "puesto de moda" (siniestra) "jugar" con el tablero, desistan de hacerlo.



Las puertas del más allá - El tablero ouija 1/2




Las puertas del más allá - El tablero ouija 2/2

jueves, 20 de diciembre de 2012

Un sacerdote es llevado al Infierno, al Purgatorio y al Cielo




Un sacerdote católico del norte de Florida declaró que durante un encuentro con la muerte le fue mostrado el mundo espiritual y vio sacerdotes y aún obispos tanto en el paraíso como en el infierno.

El sacerdote es el Padre José Maniyangat de la Iglesia de Santa María Macclenny.

El evento ocurrió el 14 de abril de 1975 – Domingo de la 
Divina Misericordia – cuando estaba aún en su patria India. 

Presentamos su testimonio para que Ud. haga su propio 

discernimiento.

Ahora de 54 años, y ordenado en 1975, el Padre Maniyangat recuerda que estaba de camino para celebrar Misa en una misión cuando la motocicleta que utilizaba – un medio común de transporte allí – fue impactada por un jeep conducido por un hombre que estaba alcoholizado.

El Padre Maniyangat, quien vino a América en 1986 – primero a Idaho, luego a Florida – dijo al Diario Espiritual que él fue trasladado de urgencia al hospital a 35 millas de distancia – y durante el trayecto, “mi alma se salió de mi cuerpo”.

Inmediatamente, vi a mi ángel de la guarda”, el relata. “Vi mi cuerpo y la gente quienes me estaban llevando hacia el hospital. Ellos estaban llorando, e inmediatamente el ángel me dijo, “Te voy a llevar al Cielo. El Señor quiere verte”. “El dijo que en el camino me quería mostrar el infierno y el purgatorio”.

Eso, relata Padre Maniyangat, fue cuando el infierno, una escena desagradable, se abrió frente a el. Fue espantosa. “Ví a Satanás y a la gente peleando, torturados, y gritando”. Declara el sacerdote. “Y el fuego también. Ví Fuego. Ví gente sufriendo y el ángel me dijo que eso era debido al pecado mortal y el hecho de que ellos no se habían arrepentido. Ese era el punto. El No Arrepentimiento”.

El sacerdote dice que el le dijo que había siete “grados” o niveles de sufrimiento en el infierno. Aquellos que cometieron “pecado mortal tras pecado mortal” en la vida estaban sufriendo el más intenso fuego. “Sus cuerpos se veían muy horribles, tan crueles y horribles, horroroso”. Dice el Padre Maniyangat. “Ellos eran humanos pero monstruos: espantosos, horribles – aspectos. Vi gente que conocía pero no puedo decir quienes eran. El ángel me dijo que no podía revelar esto”.

Los pecados que los condujeron a ese estado, el dice, fueron las transgresiones tales como el aborto, homosexualidad, odio, y el sacrilegio. Si ellos se hubieran arrepentido, hubieran ido al purgatorio – el ángel alegadamente le dijo eso a él. El se sorprendió a quienes vio en el infierno. Algunos eran sacerdotes. Algunos eran obispos. “Allí hay muchos, porque ellos pastorearon erróneamente a la gente”, declara, “Ellos eran personas que ni siquiera me lo esperaba”.

Después de eso, el purgatorio se abrió frente de él. Allí hay también siete niveles, dice, y fuego, pero está mucho menos intenso que aquél en el infierno y allí “no había desagrado ni pelea”. El sufrimiento principal es que ellos no pueden ver a Dios. El dice que las almas en el purgatorio pudieron haber cometidos numerosos pecados mortales pero están allí por virtud o simple arrepentimiento – y ahora tienen la alegría de saber que algún día ellos estarán en el Cielo. “Tuve una oportunidad de comunicarme con las almas”, dijo el Padre Maniyangat: “Ellos me pidieron que orara por ellos y piden que la gente ore por ellos también”.

Su ángel, él dice, era “muy hermoso y brillante y blanco”, muy difícil de decirlo en palabras, y llevó al Padre Maniyangat al Cielo. Ahí fue cuando un túnel – según experimentado por muchos cercanos a la muerte – se materializó.

“El Cielo se abrió y escuché la música, los Ángeles cantando y alabando a Dios”, el dice.
“Una música hermosa. Nunca había escuchado una música como esa en este mundo. Vi a Dios cara a cara, y a Jesús y a Maria, tan brillantes y luminosos. Jesús me dijo, “Te necesito. Quiero que regreses. En tu segunda vida serás un instrumento de sanación para Mi gente, y caminarás en una tierra extranjera y hablarás un idioma extranjero”.
Dentro de un año, el Padre Maniyangat se encontró en una tierra lejana llamada Estados Unidos.
El sacerdote dice el Señor era mucho más hermoso de lo que cualquier imagen pueda transmitir. Su rostro se asemeja al del Sagrado Corazón, pero es mucho más luminoso, dice Padre Maniyangat, que lo describe como "mil soles." La Santísima Madre estaba junto a Jesús. Una vez más, las representaciones terrenales de ella, subraya, son "sólo una sombra." El sacerdote dice que ella le dijo simplemente que hiciera lo que dice su Hijo.




El Cielo, dice, tiene una belleza, una paz, la felicidad y que es "un millón de veces" más que nada de lo que conocemos en la tierra.
"Vi a los sacerdotes y los obispos también", señala. "Las nubes son diferentes, y no oscuras o turbias, pero brillantes. Muy hermoso. Muy luminoso. Y hay ríos que son diferentes a los que vemos aquí. Esta es nuestra verdadera casa. Nunca he experimentado en mi vida este tipo de paz y alegría”.


 Él dice que la Santísima Madre y su ángel todavía se le aparecen. Ella viene cada primer sábado por la mañana durante su meditación. "Es personal, me guía en mi ministerio", dice el pastor, cuya iglesia está a treinta millas del centro de Jacksonville. "Las apariciones son privadas, no públicas. Su cara es la misma, pero un día ella aparece con el Niño, un día como Nuestra Señora de Gracia, o Nuestra Señora de los Dolores. Diferentes momentos se aparece en diferentes maneras. Ella me dijo que el mundo está lleno de pecado y me pidió que ayunara y orara y ofreciera Misa por el mundo, a fin de que Dios no lo castigue. Necesitamos más oración. Ella está preocupada por el futuro del mundo a causa del aborto, la homosexualidad y la eutanasia. Dijo que si la gente no vuelve a Dios, habrá castigo”.

El mensaje principal es, sin embargo, la esperanza: al igual que muchos otros, el Padre Maniyangat se vio después de la muerte como una curación con luz, y trajo algo de esa luz con él. Después comenzó un ministerio de curación y dice que ha visto la gente curarse de todo, desde asma hasta cáncer. Estas curaciones sirven como muestra de lo que vio y sintió en el cielo. 

[Fuentes: libros de la vida después de la muerte (afterlife books)]

miércoles, 14 de noviembre de 2012

El amor de Dios presente entre los católicos de Estados Unidos:el caso del Misterio de los Cortes mágicos




"El caso de los Cortes Mágicos" El amor de Dios presente con los católicos de Estados Unidos.

"Una de las manifestaciones más maravillosas de la benevolencia de Dios durante los forcejeos de la Iglesia primitiva en los Estados Unidos" tal es la estimación impresionante del erudito estudioso Jesuita, Padre Joseph M. Finotti, acerca del extraordinario pero poco conocido drama espiritual que tuvo lugar hace unos 200 años cerca de Martinsburg, Virginia Oriental.
Y de hecho, en el año 1797, en una granja cerca del actual Middleway, Jefferson County, Virginia Oriental, una familia luterana se salvó de las persecuciones diabólicas por un sacerdote católico y entonces se instruyó en la religión católica por una misteriosa, invisible Voz del otro mundo que continuó durante diecisiete años iluminando, guiando, e inspirando a estos antiguos protestantes y sus amigos católicos para vivir como fervientes y ejemplares cristianos.
Frecuentemente durante esos años, esta Voz mística cuya "influencia siempre era beneficiosa," comunicó advertencias oportunas, profecías, y mensajes de caridad y misericordia para muchas personas, lo que produjo numerosas conversiones. Que tales fenómenos aparentemente milagrosos realmente tuvieron lugar nunca se ha cuestionado por los historiadores serios.
Según el erudito Profesor P. J. Mahon, en sus Ensayos y Triunfos de la Iglesia católica en América (Chicago, 1907), "ningún hecho está mejor sostenido". Las autoridades No-católicas también confirman la verdad de los eventos. En 1904 un artículo en La Virginia Oriental, Revista Histórica, admitió que "las personas no tenían ninguna duda de los hechos allí ocurridos". Y tan recientemente como 1941 la guía de turismo de Virginia Oriental de la Serie de Guía Americana compilada por el Programa de Escritores de la Administración de Proyecto de Trabajos dio casi una página entera a un informe objetivo del localmente famoso Misterio de los Cortes Mágicos.
Narraremos los principales incidentes de este fascinante y significantivo capítulo en la historia temprana de la Iglesia católica en los Estados Unidos, en la mayor parte con las mismas palabras con que fueron registradas por los testigos oculares y por los niños de los testigos en la valiosa colección de documentos del Padre J. M. Finotti titulada "El Misterio de los Cortes Mágicos" (Baltimore, 1879, 143p.).
La Sagrada Escritura nos enseña que "es honorable revelar y confesar los trabajos de Dios" (Tobias 12:7). Y es nuestra esperanza y oración que muchos católicos americanos - y no católicos también - puedan compartir la convicción del Padre Finotti de que esto que revuelve la narrativa histórica "dibuja nuestro corazón cerca de Dios; enseña lecciones de sabiduría sobrenatural; ¡el Dedo de Dios está Aquí! ... Aquí dentro yace la belleza de la historia".

Adán Livingston era un luterano honrado y trabajador que poseyó una considerable propiedad en el Condado de York, Pennsylvania. Debido a causas misteriosas, sin embargo, su propiedad empezó a disminuir de varias formas: su granero se quemó, y sus caballos y ganado murieron. Cuando estas pérdidas continuaron, Livingston y su familia decidieron mudarse.
Temprano en mil setecientos noventa, por lo tanto, con su segunda esposa y varios niños, él dejó Pennsylvania y emigró al más bajo extremo del encantador Valle de Shenandoah dónde se estableció en una propiedad grande del triángulo formado por Charlestown, Martinsburg, y Winchester todos los cuales estaban entonces en el estado de Virginia. Pero allí también las mismas fuerzas misteriosas continuaron afligiendo la casa de los Livingston. Allí también el ganado y los caballos se murieron. Ahora la misma casa en que Adán y su esposa y niños vivieron parecía estar obsesionada (se refiere a obsesión diabólica): por la noche se mantenían despiertos por los ruidos raros, tales como golpes fuertes y ruidos sordos como de caballos galopantes y carros. Pero incluso a la luz del día su mobiliario se golpeaba de repente y su vajilla se quebraba contra el suelo por manos invisibles. Llamas cortas y gruesas de fuego rodaron fuera de las camas a través de los cuartos. A veces se vieron cabezas y piernas de pollos y gansos caer de repente. Pero de lejos la más sensacional de estas aflicciones diabólicas era el extrañamente persistente corte y recorte que atacó casi cada uno de los pedazos de tela y cuero en la propiedad de los Livingston. ¡Las hojas, los manteles, las camisas, los vestidos, los trajes e incluso el cuero de botas y sillas de montar, en uso o cerrados bajo llave en los armarios, fueron hábilmente rasgados y cortados en tiras crecientes por tijeras invisibles! El ruido de las tijeras que cortan alegremente se oyó indistintamente en muchas ocasiones por los miembros de la familia.
Una anciana señora en Martinsburg, deseando satisfacer su curiosidad, fue a visitar a los Livingstons, pero antes de entrar en la casa obsesionada se quitó cuidadosamente su nuevo sombrero de seda y lo envolvió en un pañuelo grande, para salvarlo de los cortes.
¡Al salir, sin embargo, encontró su nuevo sombrero cortado en cintas pequeñas!
La tortura mental del pobre anciano Sr. Livingston era aguda y se volvió hacia la Biblia para conseguir ayuda contra estos ataques que eran claramente diabólicos. Como el Padre Gallitzin después escribió, "el buen anciano, al leer en su Biblia que Cristo había dado a Sus ministros poder sobre los malos espíritus, viajó desde su casa hasta Winchester en Virginia, y habiendo, con lágrimas en sus ojos, relatado a su ministro la historia de su dolor, pérdidas y sufrimientos, rogó a él que fuera a su casa y ejerciera en su favor el poder que había recibido de Jesucristo. El sacerdote cándidamente confesó que él no tenía tal poder. El buen hombre concluyó por lo tanto racionalmente que ese Sacerdote no podría ser ministro de Cristo... y se dirigió a otras personas que se llamaban a sí mismas ministros de Cristo, algunos de los cuales le prometieron alivio. Vinieron, oraron y leyeron; pero oraron y leyeron en vano..."
Como resultado de tantas desilusiones, el Sr. Livingston casi llegó a la conclusión de que Cristo ya no tenía ningún verdadero ministro en la tierra.
¡Entonces en su desesperación fue a ver a algunos conjuradores y magos locales, uno de los cuales prometió desterrar el espíritu malo si pagaba una buena suma de antemano, pero se negó al trabajo cuando el viejo granjero sutilmente ofreció pagarle el doble de esa cantidad - después de que tuviera éxito!
¡Otros tres vinieron muy confiadamente de Winchester, pero giraron sobre sus talones cuando vieron girar rápidamente una gran piedra alrededor de la sala sin ningún apoyo por quince minutos!
Entonces una noche, el Sr. Livingston tuvo un sueño extraño. Vio una Iglesia bonita y en ella a un "ministro vestido con túnicas peculiares" y oyó una voz decirle: "Ése es el hombre que puede aliviarlo".
Decidió buscar esa misma mañana al ministro vestido con las túnicas. Se dirigió a la propiedad de una familia católica distinguida llamada McSherry. Tarde esa noche la Señora McSherry vio al Sr. Livingston, cuya granja estaba aproximadamente a cuatro millas, viniendo hacia su casa y se encontraron en la puerta. Cuando él pidió ver al sacerdote, ella le dijo que allí no había ningún sacerdote entonces, pero que uno "llevaría la iglesia" a una casa en Shepherdstown a la mañana del siguiente domingo.
El domingo siguiente, los McSherry se encontraron con el Sr. Livingston en la casa católica en Shepherdstown, y en cuanto el sacerdote, Padre Dennis Cahill de Hagerstown, apareció ante el altar vestido para la Misa, el anciano granjero luterano de repente estalló en lágrimas y exclamó:
"Ése es el mismo hombre que vi en mi sueño - ¡él es quien me aliviará"!
Cuando la Misa había terminado, se dirigió al sacerdote, le contó su triste historia y seriamente le pidió ayuda. Después de mucha persuasión, Fr. Cahill estuvo de acuerdo en visitar la casa obsesionada. El sacerdote interrogó a la familia Livingston entera, pero todos le contaron exactamente la misma historia.
Entonces consintió en decir algunas oraciones y asperger la casa con Agua Bendita. ¡Y cuando estaba saliendo, una suma de dinero que había desaparecido últimamente misteriosamente de un cajón cerrado con llave del granjero, apareció de repente por manos invisibles en el porsche entre los pies del sacerdote!
Ahora la casa de los Livingston se quedó callada durante varios días. Pero pronto los ruidos raros y los pavorosos cortes empezaron de nuevo. ¡Así que el Padre Cahill vino una segunda vez y celebró la Santa Misa en la casa, después de lo cual varias perturbaciones cesaron - para bien!
El viejo granjero luterano estaba tan profundamente agradecido por haber obtenido el alivio que le habían prometido, que toda su familia desde entonces decidió aceptar la religión católica.
En el otoño de 1797, un sacerdote joven muy notable fue enviado por sus superiores para investigar estos acontecimientos extraños a Cliptown: el Padre Demetrius A. "Smith" de 27 años, quién nació Príncipe "Mitri" Gallitzin, hijo de una condesa alemana y un príncipe-embajador ruso de la Emperatriz Catalina la Grande.
Más tarde, durante sus cuarenta años de servicio santo y heroico a Dios en Loretto, Pa., se haría famoso como el gran "Apóstol del Alleghenies". Aquí está su testimonio:
"Mi perspectiva al llegar a Virginia y permanecer allí tres meses, era investigar esos hechos extraordinarios en casa de los Livingston, de la que había oído hablar tanto... hechos que no podían predominar en mis creencias; pero me convertí pronto a una creencia llena de ellos. Ningún abogado en una corte de justicia ha examinado o interrogado testigos más estrictamente que como yo lo hice a todos aquéllos que pude procurar".
A través del poder divino de la Verdadera Iglesia de Cristo, los malos espíritus se desvanecieron y en su lugar quedó un Espíritu de Luz y Verdad cuya guía espiritual inspiradora provocó cambios profundos hacia el bien en las vidas de los Livingstons, los McSherrys y sus vecinos.
Una tarde, después de que se había hecho católico hacía varias semanas, el Sr. Livingston percibió una luz deslumbradora en una esquina de su cuarto y en un momento la casa entera se llenó de una luz casi cegadora. Y entonces el anciano hombre empezó a oír una Voz misteriosa que lo instruyó en los Sacramentos de Penitencia y la Santa Eucaristía. A menudo la Voz vendría y exclamaría:
"Quiero oraciones".
Esta Voz despertaba al Sr. y la Señora Livingston por la noche y les pedía que oraran mucho para obtener perseverancia y por los pecadores. A veces les hizo orar durante tres horas; ellos admitieron que no parecía estar más de unos minutos. Y convocaría a la familia entera de repente por las tardes con estas palabras:
"Vengan, tomen asiento".
Y entonces los instruía muy completamente en los varios dogmas de la religión católica. Hizo énfasis en que aunque ellos no pudieran ver a la persona que estaba hablándoles, siempre debían obedecer a la voz visible que era el sacerdote. Algunos de los niños jóvenes informaron haber visto al autor de la Voz. Ésta reveló al Sr. Livingston que había estado una vez en la carne como él, y que si perseveraba sabría quién era antes de su muerte. Pero él debe de haber llevado el secreto a la tumba cuando murió en 1820.
Después de que la Voz cantó tres veces muy bellamente en latín y en inglés los Livingstons naturalmente pensaron que su visitante misterioso había sido quizás un sacerdote. Y de hecho durante los próximos diecisiete años la Voz actuó como un sabio pero estricto director espiritual para las familias Livingston y McSherry. ¡Cuando sea que viniera - a veces acompañada por una luz brillante, diría":
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, tres grandes Nombres! ¡Ninguno es mayor en la tierra! ¡Ninguno es mayor en el Cielo"!
Una vez pidió que los Livingstons guardaran cuarenta días de ayuno con tres horas de oración cada día. También les ordenó guardar el cuatro de marzo cada año como un día santo especial, en acción de gracias por su conversión. Y fue en ese día, al final de los cuarenta días de ayuno, que el Sr. Livingston oyó cantar tan bellamente, como también en el Día de Todos los Muertos. La Voz les dijo que las almas en el Purgatorio estaban muy regocijadas ese día, ya que el mundo entero estaba orando para ellas.
Todas las noches la Voz uniría a la familia en sus oraciones, mientras decía el Rosario con ellos y les enseñaba cómo orar bien. También les explicó la Misa y declaró que
"Una Misa era más aceptable a Dios Omnipotente que todos los suspiros y lágrimas del mundo entero reunidos, porque era Dios, un puro Dios, ofrecido a Dios".
Enfatizó que una bendición es para nosotros tener a la Madre misericordiosa de Dios como nuestra Abogado y que ella tiene un gran poder en favor de los pobres pecadores. Y como la Señora Livingston, que había sido presbiteriana era algo terca respecto a honrar a la Virgen Santísima, la Voz insistió en que la segunda parte del Ave María dijeran:
"Santa, Santa, Santa María, Madre de Dios.."
Una vez cuando una de las muchachas Livingston fue a confesión y no mencionó cierto pecado por vergüenza, la Voz no sólo le dijo a la familia entera que ella no lo había mencionado, sino que además se lo recordó a la chica y la presionó para que lo confesara lo más pronto posible. Cuando el hijo del Sr. Livingston, Henry, alcanzó la edad, se negó a hacer el segado a menos que su padre le pagara sueldos regulares de cosecha. Pero muy pronto tuvo un dolor en su rodilla que se le inflamó e infectó tanto que fue confinado a la cama por dieciocho meses. Después de que él había sufrido esa cantidad de tiempo, la Voz anunció que "él había satisfecho la Justicia de Dios por su desobediencia y por haber desacatado a su padre," entonces el joven fue sanado. Debe haberle llegado esta severa lección al corazón, porque ha quedado registrado que él también vivió de aquí en adelante una vida muy santa.
Por otro lado, el Padre Gallitzin escribió de algunos de los otros niños Livingston que "creo que ellos se preocupan muy poco por la Iglesia."
Era particularmente por las almas que sufren en el Purgatorio que la Voz instaba a los Livingstons y a los McSherrys a que oraran, prometiéndoles que estas almas, cuando fueran liberadas, intercederían por ellos ante el trono de Dios Omnipotente. La Voz dijo al Sr. Livingston que cada oración que ellos rezaban por las pobres almas era como un yeso fresco en una herida dolorosa. Y les dio varios ejemplos inolvidables de los sufrimientos del Purgatorio.
Un día, cuando el Sr. Livingston estaba trabajando en los campos con sus hijos, de repente se empezó a sentir mal, porque ellos le vieron ponerse mortalmente pálido y doblado. Cuando le ayudaron a caminar hasta la casa, él explicó que simplemente había oído a un alma del Purgatorio que gritaba por ayuda. Y después repitió a menudo que nunca podría olvidarse de ese chillido - ¡había sido tan terrible!
Una noche la Voz hizo levantarse a los Livingstons tres veces para orar por cierta alma en el Purgatorio. Y cuando una de las muchachas empezó a pensar que después de todo las almas podrían haberse salvado a sí mismas y que merecieron sus dolores y como fuera, todo era exagerado, de repente todos oyeron un voz chillando:
"¡Ayuda! ¡Ayuda!"
Cuando le preguntaron qué tipo de ayuda necesitaba, contestó:
"Oraciones - porque nosotros pasamos tormentos insoportables. Dénme algo - y se convencerán"!
Y en cuanto alzaron una camisa, una mano humana entera dejó una quemadura con su forma en ella, dejando los espacios entre los dedos sin chamuscar. Toda la familia vio a ambas, la llama y la mano.
En otra ocasión las letras IHS (Jesús) fueron claramente impresas a fuego con un color rojo profundo en un chaleco. Éstos objetos marcados preternaturalmente, así como algunas telas cortadas, se guardaron y las han visto muchas personas durante más de treinta años, aunque desgraciadamente fueron eventualmente perdidos o destruidos.
La Voz habló a menudo de los graves problemas que estaban pendiendo sobre del mundo, y le dijo al Sr. Livingston que informara a la Señora McSherry de que "ella no viviría para verlo, pero sus niños lo verían - guerra, pestilencia y hambre"! y agregó que aquéllos de la familia que permanecieran fieles a Dios no padecerían estos azotes y que sabrían cuando ellos estaban en el favor de Dios.
Y de hecho, durante la Guerra Civil, ninguno de los ocho hijos e hijas recibió la lesión más ligera, salvo un hijo que murió del exesivo esfuerzo en su trabajo en un hospital militar.
Cuando la Señora McSherry preguntó donde estaba el alma de su antiguo confesor, esperando oír que llevaba largo tiempo en el Cielo, ya que había sido un sacerdote muy santo antes de morir diecisiete años atrás, la Voz contestó:
"el Padre F. todavía está retenido en las llamas abrasadoras del Purgatorio, a causa de un poco de descuido en la dirección de una propiedad de huérfanos que tenía a su cargo. Él confió ésto a otra persona, y no vio que el lugar estaba pobremente atendido".
Temprano una mañana el Sr. Livingston fue a la propiedad de los McSherry y le dijo a la Señora McSherry que la Voz le había informado que su hermana, la Señora Mary Spalding, se había muerto a medianoche en Baltimore, y que estaba en el Purgatorio "por consentir demasiado a sus niños," y que debían ofrecerse Misas por su alma.
Varios días después llegó una carta de Baltimore que anunciaba la muerte de la Señora Spalding a la misma hora que lo mencionó la Voz. La Señora McSherry había ofrecido ochenta Misas por su hermana. Y un día cuando estaba caminando a casa de los Livingston con su marido, todas las puertas se abrieron para que ellos pasaran, sin que nadie las tocara. La Voz explicó que
"la Señora Mary Spalding las había abierto".
La Señora McSherry tenía un hermano en la Universidad de Georgetown que estudiaba para el sacerdocio. A través del Sr. Livingston la Voz le informó que su hermano se había vuelto un blasfemo que abiertamente declaró que él no creía en la Presencia Real de Jesús en el Santísimo Sacramento ni en el poder de sacerdotes de perdonar los pecados. La Voz agregó que si él se muriera en ese estado mental abriría sus ojos en las llamas rabiosas entre los condenados. La Voz ordenó a sus hermanos y hermanas ir a verlo, caer de rodillas y decirle:
"En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, ¿por qué no podrías creer que hay un Dios y que nada es difícil o imposible para Él y que le es tan fácil darnos Su Cuerpo Precioso y Sangre como sería darnos un vaso de agua fría?".
Pero él no regresó a Dios y, como la Voz predijo, murió en sus pecados. Se tiró de un caballo y murió con el cuello roto. Este triste evento ocurrió en Kentucky.
En una ocasión, cuando la familia del Sr. Livingston se congregó en un cuarto, vieron a un hombre en medio de ellos, supusieron que era un mendigo, puesto que vestía pobremente, estaba descalzo y el día era frío. El Sr. Livingston le ofreció ropa y zapatos que él aceptó pero dijo que no eran necesarios en el lugar del que él venía. Se quedó durante algún tiempo, instruyéndolos en la doctrina cristiana y hablando con ellos.
Les dijo; "Lutero y Calvino estan en el Infierno y cada alma que se ha perdido por su culpa es agregada a sus tormentos".
Cuando él dejó la casa, el Sr. Livingston pensó en mirarlo, para ver adónde se iba, ya que no lo habían visto cuando entró. Le vieron salir por la parte delantera de la casa y entonces desapareció.
Como era de esperar, estos eventos y revelaciones extraordinarios producían la conversión de muchos amigos y parientes de las dos familias favorecidas. De hecho, durante un invierno, se sabe que catorce personas se unieron a la Iglesia católica en la región circundante al "Lugar del Sacerdote," como empezó a llamarse a la propiedad de los Livingston. Y los católicos cercanos a Maryland y Virginia fueron inspirados a llevar mejores vidas, particularmente cuando vieron que los Livingstons y los McSherrys, bajo la guía de la Voz mística, se habían convertido en ardientes apóstoles laicos de Cristo.
El Sr. Livingston, antes de su conversión, soportó sus pérdidas con impaciencia, pero después de su conversión, nunca se quejó. En enero del 1800, cuando la esposa protestante de un católico algo flojo, el Sr. Joseph Minghini, cayó gravemente enferma, a la orden de la Voz, la Señora McSherry la visitó y la consoló. Después de que ellos repitieron un Acto de Contrición juntos, la mujer agonizante pareció ser verdaderamente penitente y lista para ver a un sacerdote. Pero su marido protestó que ella tenía sus propios predicadores y que no había ningún sacerdote dentro de cuarenta millas. Finalmente sin embargo, como la Voz había urgió y predijo, el Padre Gallitzin fue convocado y recibió a la Señora Minghini en la Iglesia. La Voz también había especificado que el mensajero se encontraría con el Padre Cahill y el Padre Gallitzin, pero que el último era el destinado para la mujer, "por ser de una naturaleza más apacible".
Unas semanas más tarde, en una carta al Obispo Carroll, el Padre Gallitzin describió la conversión como "milagrosa".
Cuando la Señora McSherry regresó a casa soñó que veía a un niño pequeño golpeando una gran piedra con un palo, después de lo cual la piedra se desmenuzó hasta hacerse polvo. A la mañana siguiente, la Voz le informó a través de los Livingstons que la Señora Minghini había muerto durante la noche y que sus pecados se habían desmenuzado, igual que la piedra, como resultado de su contrición sincera y la absolución del sacerdote.
Otro incidente llamativo, sin embargo, sirvió como una vívida advertencia contra esperar por una conversión de el lecho de muerte. La esposa protestante de un hombre católico en Winchester, estaba cerca de la muerte y pidió finalmente a un sacerdote. Se envió un mensajero a la propiedad de los McSherry y él encontró al sacerdote allí. ¡Pero cuando buscaron al caballo del sacerdote, Toro Viejo, en un pequeño campo cercano llamado Pastura Primaveral, donde había sido visto sólo unos momentos atrás, nadie pudo encontrarlo!
Después una considerable búsqueda y retraso, se ensilló a uno de los caballos del Sr. McSherry y el sacerdote partió. Poco tiempo después, oyeron a Toro Viejo relinchar y lo encontraron en el medio de Pastura Primaveral, para el asombro absoluto de las treinta personas que lo habían buscado en vano. Entonces la Voz le dijo al Sr. Livingston que el caballo había estado allí todo el tiempo pero había había estado invisible, porque la mujer aplazó su conversión hasta el último momento, y que ella se había muerto antes de que el sacerdote pudiera localizarla - como fue seguidamente corroborado - y que Dios Todopoderoso había permitido esto como una advertencia a los vivos para que no dependiesen del arrepentimiento en el lecho de muerte.
La Voz frecuentemente aconsejó a los Livingstons que oraran para conseguir perseverancia y que sólo existe una Iglesia, fuera de la cual no hay salvación.
Una noche de dura lluvia, un extraño vino a ver al Sr. McSherry y le pidió una noche de alojamiento. Era muy conveniente para la Señora McSherry ponerlo en el cuarto donde el Sacerdote normalmente dormía y donde se guardaban las vestiduras de la Iglesia y otras cosas por el estilo. Los dos lo reconocieron como un Predicador metodista. Después de retirarse a su cuarto, el Sr. y la Señora McSherry oyeron a alguien caminando vivamente en ese cuarto, como si fuera alguien calzado con pesadas botas. Se mantuvieron despiertos la noche entera, muy turbados. Por la mañana le preguntaron al extraño si él no había estado enfermo durante la noche; pero él contestó que no, que había dormido muy bien. El Sr. Livingston, entretanto, vino y les dijo que habían tenido una noche desagradable y que la pasaron despiertos. La Voz le había dicho que les dijera;
"Dios permitió que fuesen molestados para castigarlos por albergar al predicador - un ministro del diablo - en un lugar dónde se guardaban cosas sagradas."
En agosto de 1804, el Sr. McSherry estuvo cerca de morir de una severa enfermedad. Habiendo tenido alguna desagradable diferencia con el Padre Cahill, no había ido a confesar ni comulgar durante algún tiempo. Pero ahora la Voz le dijo al Sr. Livingston que fuera a ver al Sr. McSherry y a "su estimada colaboradora," como siempre llamó a la esposa (según el Padre Gallitzin), para decirles que el Sr. McSherry
"debía humillarse e ir a confesión. Tocar Cristo a través de la Iglesia y se curaría".
El hombre aparentemente agonizante mandó a llamar inmediatamente al Padre Cahill y esa misma noche, que su familia pensó que sería la última, él se confesó, recibió la Sagrada Comunión, hizo acción de gracias y entonces cayó en un sueño pacífico. A la mañana siguiente se levantó antes que nadie y cuando su familia le vio caminando alrededor de la casa, algunos pensaron al principio que era un fantasma. Realmente, aunque todavía pálido y enflaquecido, estaba completamente curado. Y vivió hasta el 7 de septiembre de 1822.
La segunda esposa del Sr. Livingston, a pesar del hecho de que oyó la Voz con mayor frecuencia que cualquier otro, nunca se convirtió sinceramente. Ella solía decir que era el Judas de la familia, y constantemente intentó desautorizar o contradecir cualquier cosa que la Voz dijera.
Un jueves en la tarde en que quedó un poco de sopa con carne de la cena, ella decidió servirla el viernes y por consiguiente la guardó bajo llave en el sótano. ¡Pero a la mañana siguiente encontró la olla en que había dejado la sopa llena exactamente en la misma cantidad con agua sola! Y la Voz le dijo que lo había hecho porque "era más apropiado tomar agua que violar las reglas de la Iglesia"! La Señora Livingston misma le contó el suceso a la Señora McSherry.
También declaró que la Voz había dicho que "si no se sometía a las reglas de la Iglesia católica romana, abriría sus ojos en el Infierno".
La Voz también profetizó que ella se moriría en su propia casa y cuarto, y entonces cuando ella se enfermó, dejó la casa deliberadamente para demostrar el error de la Voz, y fue a vivir con una familia cuáquera cuya hija estaba muriendo. Esta muchacha le dijo a la Señora Livingston que quería un poco de ayuda espiritual pero no sabía exactamente qué era lo que necesitaba. La Voz informó a la Señora Livingston que era el Bautismo y la instó a que hiciera los arreglos. Después de que la muchacha murió sin ser bautizada, la Voz le dijo a la Señora Livingston que esto aparecería contra ella en el Día del Juicio. Y cuando estuvo cerca de la muerte, fue obligada por las circunstancias a rogar ser llevada a su casa, dónde se murió en su propio cuarto, así como la Voz había predicho.
Todo lo que la Voz predijo pasó tal como lo había anunciado. Una de las muchachas Livingston, Eva, se convirtió en una mujer muy santa. Sin embargo, una vez después de haber entrado en la Iglesia católica, fue a una reunión protestante y mientras estaba allí, fue movida a las lágrimas ante la vista de tantas personas que no conocían nada de la Verdadera Iglesia. Pero la Voz la reprobó por haber ido a la reunión, diciendo que ella "había cometido un gran pecado, puesto que las personas pensaron que se había afectado por lo que oyó - ya que no conocían sus pensamientos".
Eva Livingston pasó mucho tiempo con la anciana y devota Señora McSherry, y después de que ella se murió "en olor de santidad," la Voz declaró que "su alma no pasó siquiera por el Purgatorio."
La Señora McSherry, "la estimada colaboradora", tuvo al menos dos experiencias místicas notables. Un día se asustó al ver una cuna que contenía a su bebé William meciéndose violentamente sin que nadie la tocara. Más tarde la Voz le dijo a través del Sr. Livingston que "era el Diablo que estaba intentando destruir al niño, sabiendo que él habría de ser su enemigo algún día". Y de hecho ese niño se convirtió en el Reverendísimo William McSherry, uno de los Provinciales de la Sociedad de Jesús en los Estados Unidos.
Un domingo la Señora McSherry se quedó en casa con un niño enfermo mientras el resto de la familia se fue a la Iglesia. Cuando estaba orando por su niño en un cuarto de arriba, vio de repente a una hermosa persona de pie ante ella en una ligera nube, con una mano arriba y la otra abajo, y un clavo atravesando cada mano, que le dijo:
"Cualquier cosa que hagas por uno de Mis pequeños, la haces por Mí".
Ella no le contó a nadie sobre esta visión maravillosa, hasta que el sacerdote le informó que la Voz lo había descrito al Sr. Livingston. Una noche el anciano granjero bueno y su hija Charlotte estaban sentados juntos, cuando la Voz habló desde una brillante luz en una esquina del cuarto y le dijo a la muchacha que el Diablo había estado intentando tentarla todo el día y habría tenido éxito, si ella no hubiera estado teniendo en sus brazos todo el tiempo al bebé de un vecino, porque "la inocencia del bebé la había protegido."
Claro que en aquellos tiempos como hoy, muchas personas se negaron a creer lo que oyeron decir de estos eventos sobrenaturales.
Una vez, cuando el Sr. Livingston quiso advertir algunos conocimientos sobre su manera de vivir, la Voz dijo:
"No: si ellos no oyen a la Iglesia, no oirán una Voz que viene desde la muerte".
Sin embargo, poco después de su conversión, el antiguo luterano fue a Baltimore para ver al Obispo Carroll y el sabio y cauto viejo "Padre Fundador" de la Iglesia católica en los Estados Unidos, después de un examen completo, declaró que "él pensó que el hombre había recibido su conocimiento antes".
No obstante, la Voz advirtió al Sr. Livingston que mucha gente no creerían estas cosas y que incluso algunos sacerdotes se reirían y no creerían y que cuando viera esto, no intentara convencerlos. El Sr. Livingston parece haberse vuelto especialmente consagrado al Padre Gallitzin, a quien visitó en Conewago cerca de Gettysburg sólo un año o dos después de entrar en la Iglesia católica. Se sabe que caminó hasta allí y regresó, y la Voz le dijo "que había estado con él todo el camino".
También se dice, aunque sin evidencia concluyente, que a través del Sr. Livingston la Voz descubrió al Padre Gallitzin algunos de sus futuros sufrimientos y le aconsejó sobre cómo llevarlos.
En todo caso es un hecho significativo que, según el Padre Gallitzin, "el Sr. Livingston quitó desde Virginia hasta el Condado de Bedford, Pennsylvania, aproximadamente veinte millas de aquí (Loretta), dónde murió en la primavera de 1820. Yo hacía Misa repetidamente en su casa. Él continuó, hasta el final, muy atento a sus deberes, pero no recibió los ritos de la Iglesia en su última enfermedad que se lo llevó demasiado rápido para permitirse el lujo de cualquier oportunidad de enviar a llamar a un sacerdote."
Permítannos acabar nuestra historia con este consejo sabio del Padre Joseph M. Finotti, S.J.:
"La narrativa de los Cortes Mágicos es para la edificación; dibuja nuestro corazón cerca de Dios, enseña lecciones de sabiduría sobrenatural. ¡Con la cabeza descubierta, entonces, los pies descalzos, y la frente humilde nos acercamos al lugar y reverentemente exclamamos - ¡El Dedo de Dios está aquí!"
* * * *
Una de las más grandes lecciones que esta historia confirma es la enseñanza infalible de la Iglesia católica de que no hay ninguna salvación fuera de ella. Por favor recuerde la declaración de la Señora Livingston que la Voz le dijo, "Si no se somete a las reglas de la Iglesia católica romana, abrirá sus ojos en el Infierno".
Las enseñanzas de la Iglesia, como la Voz confirmó, no sólo se aplica a la Señora Livingston, sino a todos los que desean salvarse.
Ore y trabaje para la salvación de almas.
Distribuya esta historia maravillosa de los Cortes Mágicos para que muchos otros puedan beneficiar con sus revelaciones.