San Miguel Arcángel pesando las almas en el Juicio Final

martes, 17 de mayo de 2016

Santa Verónica Giuliani y el infierno



" ...En un momento, me encontré en un lugar oscuro, profundo y pestilente; escuché voces de toros, rebuznos de burros, rugidos de leones, silbidos de serpientes, confusiones de voces espantosas y truenos grandes que me dieron terror y me asustaron. También vi relámpagos de fuego y humo denso. ¡Despacio! que todavía esto no es nada.

Me pareció ver una gran montaña como formada toda por mantas de víboras, serpientes y basiliscos entrelazados en cantidades infinitas; no se distinguía uno de las otras. Se escuchaba por debajo de ellos maldiciones y voces espantosas. Me volví a mis Ángeles y les pregunté qué eran aquellas voces; y me dijeron que eran voces de las almas que serían atormentadas por mucho tiempo, y que dicho lugar era el más frío. En efecto, se abrió enseguida aquel gran monte, ¡y me pareció verlo todo lleno de almas y demonios! ¡En gran número! Estaban aquellas almas pegadas como si fueran una sola cosa y los demonios las tenían bien atadas a ellos con cadenas de fuego, que almas y demonios son una cosa misma, y cada alma tiene encima tantos demonios que apenas se distinguía. El modo en que las vi no puedo describirlo; sólo lo he descrito así para hacerme entender, pero no es nada comparado con lo que es.

Fui transportada a otro monte, donde estaban toros y caballos desenfrenados los cuales parecía que se estuvieran mordiendo como perros enojados. A estos animales les salía fuego de los ojos, de la boca y de la nariz; sus dientes parecían agudísimas espadas afiladas que después reducían a pedazos todo aquello que les entraba por la boca; incluso aquellos que mordían y devoraban las almas. ¡Qué alaridos y qué terror se sentía! No se detenían nunca, fue cuando entendí que permanecían siempre así. Vi después otros montes más despiadados; pero es imposible describirlos, la mente humana no podría nunca nuca comprender.

En medio de este lugar, vi un trono altísimo, larguísimo, horrible ¡y compuesto por demonios! Más espantoso que el infierno, ¡y en medio de ellos había una silla formada por demonios, los jefes y el principal! Ahí es donde se sienta Lucifer, espantoso, horroroso. ¡Oh Dios! ¡Qué figura tan horrenda! Sobrepasa la fealdad de todos los otros demonios; parecía que tuviera una capa formada de cien capas, y que ésta se encontrara llena de picos bien largos, en la cima de cada una tenía un ojo, grande como el lomo de un buey, y mandaba saetas ardientes que quemaban todo el infierno. Y con todo que es un lugar tan grande y con tantos millones y millones de almas y de demonios, todos ven esta mirada, todos padecen tormentos sobre tormentos del mismo Lucifer. Él los ve a todos y todos lo ven a él.

Aquí, mis Ángeles me hicieron entender que, como en el Paraíso, la vista de Dios, cara a cara, vuelve bienaventurados y contentos a todos alrededor, así en el infierno, la fea cara de Lucifer, de este monstruo infernal, es tormento para todas las almas. Ven todas, cara a cara el Enemigo de Dios; y habiendo para siempre perdido Dios, y no tenerlo nunca, nunca más podrán gozarlo en forma plena. Lucifer lo tiene en sí, y de él se desprende de modo que todos los condenados participan de ello. Él blasfema y todos blasfeman; él maldice y todos maldicen; él atormenta y todos atormentan.

- ¿Y por cuánto será esto?, pregunté a mis Ángeles.

Ellos me respondieron:

- Para siempre, por toda la eternidad.

¡Oh Dios! No puedo decir nada de aquello que he visto y entendido; con palabras no se dice nada. Aquí, enseguida, me hicieron ver el cojín donde estaba sentado Lucifer, donde eso está apoyado en el trono. Era el alma de Judas. Y bajo sus pies había otro cojín bien grande, todo desgarrado y marcado. Me hicieron entender que estas almas eran almas de religiosos; abriéndose el trono, me pareció ver entre aquellos demonios que estaban debajo de la silla una gran cantidad de almas. Y entonces pregunte a mis Ángeles:

- ¿Y estos quiénes son?

Y ellos me dijeron que eran Prelados, Jefes de Iglesia y de Superiores de Religión.

¡Oh Dios!!!! Cada alma sufre en un momento todo aquello que sufren las almas de los otros condenados; me pareció comprender que ¡mi visita fue un tormento para todos los demonios y todas las almas del infierno!

Venían conmigo mis Ángeles, pero de incógnito estaba conmigo mi querida Mamá, María Santísima, porque sin Ella me hubiera muerto del susto. No digo más, no puedo decir nada. Todo aquello que he dicho es nada, todo aquello que he escuchado decir a los predicadores es nada. El infierno no se entiende, ni tampoco se podrá aprender la acerbidad de sus penas y sus tormentos. Esta visión me ha ayudado mucho, me hizo decidir de verdad a despegarme de todo y a hacer mis obras con más perfección, sin ser descuidada. En el infierno hay lugar para todos, y estará el mío si no cambio vida.

¡Sea todo a gloria de Dios, según la voluntad de Dios, por Dios y con Dios!"

miércoles, 11 de mayo de 2016

Las Nueve Oraciones de San Gregorio Magno para liberar Almas del Purgatorio



1ª ORACIÓN: Señor mío Jesucristo, te adoro colgado de la Santa Cruz, coronada de espinas tu Cabeza. Te ruego que Tu Santísima Cruz me libre del ángel malo. Amén Jesús. 
Un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
2ª ORACIÓN: Oh Señor mío Jesucristo, te adoro en la Cruz herido y llagado, bebiendo hiel y vinagre. Te ruego que la lanza de Tu Santísimo Costado sea remedio para mi alma. Amén Jesús. 
Un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
3ª ORACIÓN: Oh Señor mío Jesucristo, por aquella amargura, que por mí, miserable pecador, sufriste en la Cruz, principalmente en aquella hora, cuando tu Alma santísima salió de tu bendito cuerpo , te ruego Señor, que tengas misericordia de mi alma cuando salga de esta vida mortal; la perdones y la encamines a la Vida Eterna. Amén Jesús. 
Un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
4ª ORACIÓN: Oh Señor mío Jesucristo, yo te adoro depositado en el Santo Sepulcro, ungido con mirra y ungüentos fragantes. Te ruego Señor, que tu muerte sea remedio para mi alma. Amén Jesús. 
Un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria. 
5ª ORACIÓN: Oh Señor mío Jesucristo, yo te adoro y considerando aquel tiempo cuando descendiste a los infiernos y de allí sacaste y pusiste en libertad en los cielos a los que allí estaban cautivos. Te ruego Señor tengas misericordia de mi. Amen Jesús. 
Un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
SEXTA ORACIÓN: Oh Señor mío Jesucristo, que estás sentado a la derecha del Padre Eterno, yo te adoro por tu santa resurrección de entre los muertos y Ascensión a los Cielos. Te ruego Señor que yo te pueda seguir y mi alma pueda ser presentada delante de la Santísimas Trinidad. Amén Jesús. 
Un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
7ª ORACIÓN:Oh Señor mío Jesucristo, Pastor bueno, conserva y guarda a los justos, justifica y perdona a los pecadores, ten misericordia de todos los fieles y acuérdate de mí, triste y miserable pecador. Amén Jesús. 
Un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
8ª ORACIÓN: Oh Señor mío Jesucristo, yo te adoro y contemplando que el día del Juicio vendrás a juzgar a los vivos y a los muertos y a los buenos darás gloria y a los malos condenación eterna. Te ruego Señor, por tu Santa Pasión, nos libres de las penas del Infierno, nos perdones y nos lleves a la Vida Eterna. Amén Jesús. 
Un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
9ª ORACIÓN: Oh amantísimo Padre, yo te ofrezco la inocente muerte de Tu Hijo y el amor tan firme de Su Corazón por toda la culpa y pena que yo miserable pecador merezco, y todos los pecadores: por aquellos enormes y gravísimos pecados míos y por todos mis prójimos y amigos vivos y difuntos. Te ruego tengas misericordia de nosotros. Amén Jesús 
Un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
OFRECIMIENTO: Estas oraciones las ofrezco a los méritos de la Pasión y muerte de nuestro Redentor Jesucristo, a quien pido y suplico me las reciba en descuento y satisfacción de mis culpas y pecados confirmándome lo que San Gregorio y otros Pontífices han concedido a quienes la rezaren delante de su imagen o la llevasen consigo y es mi voluntad que Dios nuestro Señor aplique lo que le pareciese ser bastante para sacar del Purgatorio el alma que allí estuviese y que fuese más de mi obligación gloria suya y de la Santísima Virgen María, a quien pido y suplico sea mi abogada con su Divina Majestad. Amén Jesús.
ORACIÓN 
Oh altísima Cruz, oh inocente y preciosa Sangre, oh pena grande y cruel, oh pobreza de Cristo mi Redentor, oh Llagas muy lastimadas, oh Corazón traspasado, oh Sangre de Cristo derramada, oh muerte amarga de Dios, oh dignidad grande de Dios, digna de ser reverenciada. Ayúdame Señor para alcanzar la vida eterna, ahora y en la hora de mi muerte. Amén Jesús.

sábado, 7 de mayo de 2016

La tentación demoníaca de la noche oscura en Francisca Javiera del Valle, una mística analfabeta


"La noche del espíritu supone una serie de tentaciones de ateísmo, contra la fe, de escrúpulos, de suicidio, de depresión o de cualquier otra cosa, pero muy intensas. Las tentaciones de suicidio las pasaron San Ignacio de Loyola o Santa Teresa de Lisieux. Contra la fe en la existencia de Dios las padeció terribles la madre Teresa de Calcuta. El gran maestro sobre la noche del espíritu es, sin duda, San Juan de la Cruz. La lectura de la Subida al monte Carmelo será sin duda la mejor lectura para los confesores de estas almas atribuladas.Los directores espirituales, sobre todo de religiosas, deben recordar a estas almas sufrientes que no hay nada que pueda evitar el sufrimiento de la noche del espíritu. Es una fase que sólo acaba cuando Dios quiere. Deben consolar a esas almas recordándoles que el demonio está ahí cumpliendo la función de un cilicio. Pero que cuanto peores sean sus tentaciones, más breves serán. Y cuanto más moderadas, más prolongadas." Padre Fortea.
LA TENTACIÓN DEMONÍACA DE LA NOCHE OSCURA EN JAVIERA DEL VALLE, UNA MÍSTICA ANALFABETA. 
Ponemos a continuación un fragmento de la obra Decenario del Espíritu Santo de la mística Javiera del Valle, mujer santa extremeña que murió en 1930. Sus palabras sobre este tema son tan claras como profundas: Cuando el alma se resuelve a no querer nada si no es el seguir a su amado Redentor, y poniendo en El fija su mirada con el único fin de hacer por El, si pudiera lo que ve que ha hecho y sufrido por ella su adorable Redentor, enfurecido Satanás, prepara una gran batalla y a ella trae todo su ejército infernal.
(...)se propone arrancar de nosotros las tres virtudes teologales. Pero donde va directamente a poner el blanco es en la fe, porque conseguida esta, fácil cosa le es conseguir las otras dos; porque la fe es como el fundamento donde se levanta todo el edificio espiritual, que es lo que él quiere y desea y pretende destruir.
Dios entonces calla; no le impide su intento, antes prepara los caminos para que sea más ruda la batalla.
Y también tiene en ello sus fines, porque el prepararle los caminos es para dejarle en la batalla confundido, burlado y derrotarlo con la más completa derrota, y salgamos nosotros vencedores de esta batalla y quedemos invencibles en lo por venir.
Cuando Satanás ya se acerca a la pelea, lo primero que echamos de menos es la luz clara y hermosa que nos había Dios dado, para con ella conocer la verdad.
La escuela [del Espíritu Santo] se cierra; la memoria y la razón por la fuerza del dolor y sentimiento que el alma tiene, parece que se ha perdido.
¡Pobre alma! Quiere buscar a su Dios, y no sabe. Le quiere llamar, y no puede articular palabra. Todo se le ha olvidado; con tan profunda pena, se siente sola, sin compañía ninguna.
¿A qué compararé yo este estado? Nada hallo, si no es a esas noches de verano, en que se levantan de repente esos nublados tan fuertes y horribles, que por su oscuridad tenebrosa nada se ve, sino relámpagos que asustan, truenos que dejan a uno temblando, aires huracanados, que recuerdan la justicia de Dios al fin del mundo, el granizo y piedra, que parece todo lo va a destruir.
No hallo a que poderlo comparar: sola, sin su Dios, siente venir a ella como un ejército furioso, que la gritan que está engañada, que no hay Dios, y la cercan por todas partes, llenos de retórica que la dan conferencias, sin ella quererlo, pero no la dejan un punto, y con razonamientos tan fuertes y violentos, que a la fuerza la quieren hacer creer que no hay Dios, y con horribles bocachadas, que no hay el tal Dios a quien ella busca, y como con poder sobre las potencias para no poder ni discurrir ni creer otra cosa si no es aquello que a la fuerza y más que a la fuerza quieren hacer entender y creer a uno que nada más se crea lo que ellos dicen, y a ninguna otra cosa más se crea.
(...)En esta tan inmensa y como infinita pena, allá a lo lejos y como una cosa que se soñó y que no se sabe que se ha soñado, se acuerda de la Iglesia y del amor que a ella debemos tener, y este recuerdo, como cuando a uno le ha faltado el conocimiento, y al volverle quiere hablar y habla como entrecortadas palabras, así el alma sin voz, y tartamudeando, como que atinó a decir: me uno a las creencias todas de mi madre la Iglesia y no quiero creer ninguna cosa más.
Y sin poder decir más, ni hablar, ni entender así pasé meses y meses hasta pasados dos años. 
Tenía dieciocho años cuando esto pasó por mí, y cuando tanto yo sufría y lloraba sin consuelo la pérdida de mi fe, he aquí que amaneció para mí el día claro y hermoso.
Y así como yo, sin saber nada, en este estado me vi que me metieron, también ahora vi y sentí que de él me sacaron.
Javiera del Valle (1856-1930),
Decenario del Espiritu Santo, día octavo+

miércoles, 27 de abril de 2016

Satanás se aparece a Santa Faustina y la santa lo rechaza, dando gloria solo a Dios


"En la noche volvió a visitarme un alma que ya había visto anteriormente, pero esa alma no me pidió oraciones, sino que me reprochó que antes yo era muy vanidosa y soberbia, y que ahora intercedeía tanto por otros teniendo aún algunos defectos. Contesté que había sido muy soberbia y vanidosa, pero que ya me confesé e hice penitencia por mi estupidez y que confío en la bondad de mi Dios, y si ahora caigo, es más bien involuntariamente y nunca con premeditación, aunque sea en la cosa más pequeña. Sin embargo aquella alma empezó a hacerme reproches: "¿Porqué no quieres reconocer mi grandeza? Todos me reconocen por mis grandes obras, ¿porqué solamente tú no me das gloria?". Entonces vi que en aquella figura estaba Satanás! Y dije: "A Dios Mismo es debida la gloria, ¡lárgate, Satanás!". Y de inmediato esa alma cayó en un abismo horrible, inconcebible, indescriptible; y dije a aquella miserable alma que yo se lo diría a toda la Iglesia". (Santa Faustina Kowalska, Diario 520)

lunes, 25 de abril de 2016

JUICIO A UN HOMBRE EN TRIBUNAL DE DIOS (Revelaciones Celestiales a Santa Brígida de Suecia)


“Yo soy sin principio ni fin. No hay cambio en mí ni de años ni de días. Todo el tiempo del mundo es como una sola hora o momento para mí. Todo el que me ve, contempla y entiende todo lo que hay en mí en un instante. Sin embargo, esposa mía, al estar tú en un cuerpo material no puedes percibir ni conocer igual que un espíritu. Por ello, por tu bien, te explicaré lo que ha sucedido. Yo estaba, por así decirlo, sentado en el tribunal para juzgar, porque todo juicio me ha sido dado, y cierta persona vino a ser juzgada ante el tribunal.
La voz del Padre resonó y le dijo: ‘Más te valiera no haber nacido’. No era porque Dios se arrepintiese de crearlo, sino como cualquiera que sintiera preocupación por otra persona y se compadeciese de él. La voz del Hijo intervino: ‘Yo derramé mi sangre por ti y acepté una durísima penitencia, pero tú te has enajenado completamente y eso ya no tiene nada que ver contigo’. La voz del Espíritu dijo: ‘Yo busqué por todos los rincones de su corazón para ver si podía encontrar algo de ternura y caridad, pero es tan frío como el hielo y tan duro como una piedra. Este hombre no me concierne’.
Estas tres voces no se oyeron como si fueran tres dioses, sino que han sido hechas audibles para ti, esposa mía, porque de otra forma no habrías podido comprender este misterio. Las tres voces del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo se transformaron inmediatamente en una sola voz que retumbó y dijo: “¡De ninguna manera merece el reino de los Cielos! La Madre de la misericordia permaneció en silencio y no desplegó su merced pues el defendido no era digno de ello. Todos los santos clamaron a una voz diciendo: ‘Es justicia divina para él el ser perpetuamente exiliado de tu reino y de tu gozo’. Todos en el purgatorio dijeron: “No tenemos una penitencia suficientemente dura para castigar tus pecados. Habrás de soportar mayores tormentos y, por lo tanto, tienes que ser apartado de nosotros’.
Entonces, el mismo defendido exclamó con una horrenda voz: ‘¡Ay, ay de la semilla que fecundó en el vientre de mi madre y de la que yo me formé!’. Por segunda vez exclamó: ‘¡Maldita la hora en la que mi alma se unió a mi cuerpo y maldito aquél que me dio un cuerpo y un alma!’. Volvió a clamar una tercera vez: ‘¡Maldita la hora en la que salí a vivir del vientre de mi madre!’ Entonces llegaron tres voces horribles del infierno, que le decían: ‘¡Ven con nosotros, alma maldita, como el líquido que se derrama hasta la muerte perpetua y vive sin fin!’ Por segunda vez, las voces lo volvieron a llamar: ‘¡Ven, alma maldita, vaciada por tu maldad! ¡Ninguno de nosotros dejará de llenarte de su propio mal y dolor!’. Por tercera vez, agregaron: ‘¡Ven, alma maldita, pesada como una piedra que se hunde y se hunde y nunca alcanza fondo en el que descansar! Descenderás más bajo que nosotros y no pararás hasta que no hayas llegado a lo más profundo del abismo’.
Entonces, el Señor dijo: ‘Como un hombre con varias esposas, que ve caer a una y se aparta de ella y se vuelve hacia las otras, que permanecen firmes, y se alegra con ellas, así Yo he apartado de él mi rostro y mi merced y me he vuelto a los que me sirven y me obedecen y me alegro con ellos. Por tanto, ahora que has sabido de su caída y desdicha, ¡sírveme con mayor sinceridad que él, en proporción a la mayor misericordia que te he dispensado! ¡Apártate del mundo y de sus deseos! ¿Acaso acepté yo tan acerba pasión por la gloria del mundo, o por que no podía consumarla en menos tiempo y con más facilidad? ¡Claro que podía! Sin embargo, la justicia exigía eso. Como la humanidad pecó en todos y cada uno de sus miembros, se tuvo que hacer cumplida justicia en todos y cada uno de los miembros.
Por esto, Dios, en su compasión por la humanidad y en su ardiente amor hacia la Virgen, recibió de ella una naturaleza humana a través de la cual pudo soportar todo el castigo al que estaba abocada la humanidad. Al haber tomado Yo vuestro castigo sobre mí, por amor, permanece firme en la verdadera humildad, como mis siervos ¡Así no tendrás nada de que avergonzarte ni nada que temer más que a mí! Guarda tus palabras de tal forma que, si esa fuera mi voluntad, tú no hablarías. No te entristezcas por las cosas temporales, que tan sólo son pasajeras. Yo puedo hacer a quien yo quiera rico o pobre. ¡Así pues, esposa mía, deposita toda tu esperanza en mí!”.
EXPLICACIÓN
Este hombre era un canónico de noble reputación y subdiácono, quien, habiendo obtenido una falsa dispensación, se quiso casar con una rica doncella. Sin embargo, fue sorprendido por una muerte repentina y no consiguió su objetivo.

martes, 12 de abril de 2016

“El Amo del Mundo”, el libro recomendado por los papas Francisco y Benedicto XVI



Se trata de una especie de novela apocalíptica sombría, que no recibió mucha atención desde su publicación en 1907. Pero ahora cuenta con dos recomendaciones que cualquier autor de best-seller desearía: no sólo la del papa actual, Francisco, sino también la del papa emérito Benedicto XVI.

El papa Francisco sorprendía en 2013 y nuevamente en 2015, cuando recomendó la lectura de El Amo del Mundo (Lord of the World), de Robert Hugh Benson.

Él lo resumió diciendo que el libro presenta una “globalización de la uniformidad hegemónica”.

El entonces cardenal Joseph Ratzinger, futuro papa Benedicto XVI, también había llamado la atención, durante un discurso en Milán en el año 1992, sobre el universalismo descrito en El Amo del Mundo.

¿Pero qué es lo que hace este libro tan notable?

El mundo descrito por Benson es extrañamente semejante al nuestro: sistemas de locomoción y de comunicación rápidos, armas de destrucción en masa y una visión materialista que niega lo sobrenatural y cultiva la pretensión de elevar a la humanidad al más alto nivel.

De alguna forma, El Amo del Mundo es más actual hoy que cuando Benson lo escribió, al principio del siglo XX.

En su visita a Filipinas, el papa Francisco habló del libro como demostración de los peligros de la globalización y de lo que llama de “colonización ideológica”.

La “colonización” a la que él se refiere es el proceso en que culturas económicas y políticas poderosas, como las de América del Norte y Europa Occidental, imponen una visión materialista y laica del mundo a los países en desarrollo.

La lectura de El Amo del Mundo revela el carácter profético del libro, con previsiones tecnológicas e incluso políticas que después se han hecho realidad.

Hay ensayos que argumentan que Robert Hugh Benson inspiró el género de la ficçión distópica, más tarde consagrado en clásicos como 1984 y Un mundo feliz.

La historia del libro es la de la ascensión del Anticristo al poder mundial, primero en la persona del enigmático Julian Felsenburgh, un misterioso senador norte-americano que asume importancia mundial al negociar una paz global largamente deseada.

Toda oposición a Felsenburgh y al orden mundial que él guía desaparece: las naciones piden que Felsenburgh sea su líder; recibe aclamaciones en masa.

Los únicos que se mantienen en la oposición son pocos miembros de la Iglesia guiada por el padre Percy Franklin, que acaba siendo elegido papa Silvestre III y que parece muy semejante a Felsenburgh.

En medio de esa historia de materialismo, progreso tecnológico y gobierno mundial que lucha contra una Iglesia aparentemente derrotada, es fácil descuidar una sutil realidad espiritual: un mundo que niega lo sobrenatural no deja de ser influido por fuerza sobrenaturales, sino que está simplemente ciego a esas influencias.

Los ministros, los ciudadanos, los sacerdotes apóstatas que se unen al movimiento humanitario se “apasionan” por Felsenburgh basados en falsas esperanzas; no sólo pierden los valores que ahora consideran supersticiones y obstáculos morales impuestos por la fe cristiana, sino también la capacidad de reconocer el espíritu del Anticristo presente en el mundo.

El Amo del Mundo, así, recuerda otra obra que narra la entrada de Satanás en un mundo ateo que niega su existencia: El Maestro y Margarita, de Mikhail Bulgákov.

Un mundo que no consigue reconocer lo sobrenatural, un mundo que intenta elevar a la humanidad al más alto nivel sin Dios es un mundo en el que el Anticristo puede entrar y actuar con más facilidad.

El hombre no pierde su necesidad de esperanza; la descripción de Benson del movimiento masivo que deposita sus esperanzas en Felsenburgh presagia los movimientos de masa que influyeron en las cuestiones mundiales del siglo XX y que siguen influyendo en las de hoy.

A esta luz podemos considerar el personaje de Mabel Brand, que vive una profunda alienación del movimiento humanitario masivo, como una especie de historia de conversión: ella empieza a ver la realidad del mal en el mundo y huye de él, mientras que Felsenburgh y el papa Silvestre se encuentran en una batalla apocalíptica entre el bien y el mal.

Quizás por esta razón, los papas hayan sugerido la lectura de este libro. Es preciso estar atentos para que la globalización no se dirija a apoyar políticas perjudiciales contra las poblaciones de los países en desarrollo, pero también es necesario tener en la mente la realidad sobrenatural del bien y del mal: negar la existencia del diablo es abrir espacio para que él actúe.

En cuanto al autor del libro, Robert Hugh Benson, fue un clérigo anglicano que se convirtió en sacerdote católico.

jueves, 31 de marzo de 2016

La Iglesia enseña que el Infierno existe y es eterno


Catecismo de la Iglesia Católica: 

1035 La enseñanza de la Iglesia afirma la existencia del infierno y su eternidad. Las almas de los que mueren en estado de pecado mortal descienden a los infiernos inmediatamente después de la muerte y allí sufren las penas del infierno, "el fuego eterno" (cf. DS 76; 409; 411; 801; 858; 1002; 1351; 1575; Credo del Pueblo de Dios, 12).

Fuente: http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p123a12_sp.html