San Miguel Arcángel pesando las almas en el Juicio Final

jueves, 1 de marzo de 2018

DEMONIOS – Por Cornelio Á Lápide. (Parte VIII)


Saturno devorando a sus hijos.

Crueldad y furor del Demonio contra los hombres


   El demonio, como león rugiente, anda girando alrededor de vosotros en busca de presa que devorar, dice el apóstol San Pedro, (1Pedro V, 8)… No dice el Apóstol que el demonio trata de morder, sino que traía de devorar...

   ¡Ay de la tierra y del mar! dice el Apocalípsis, porque el diablo bajó a vosotros arrojado del cielo y está lleno de furor, sabiendo que le queda poco tiempo (Apoc. XII. 12).

   Simón, Simón, dijo Jesucristo a Pedro, mira que Satanás va tras de vosotros para zarandearos como el trigo cuando se criba:
Simón, Simón. (Luc. XXIL 31).

   El dragón, dice el Apocalípsis, se irritó, y marchóse a guerrear: ( Apoc XII. 17).

   La crueldad y la rabia del demonio, dice el Salmista, le llevan a perseguirme, A apoderarse de mí, y a hundir en el polvo mi gloria. (Salmo VII. 6). Mis enemigos, añade, me tienen cercado por todas partes; tienen puestas sus miras para dar conmigo en tierra; están acechándome como el león preparado a arrojarse sobre su presa, o como el leoncillo qne en lugares escondidos está en espera: levántate, o Dios mío; prevén el golpe, y arrójalos por el suelo, libra mi alma de las garras del impío. (Salmo. XVI. 11-13). El jabalí del bosque todo lo ha destruido, y se apacentó en ella esa fiera singular o solitaria: (Salmo LXXIX. 14).

   Serviréis á dioses extraños, que no os darán descanso ni de día ni de noche, dice el profeta Jeremías (XVI. 13). Estos pretendidos dioses, que son tan crueles, son los demonios...

   Cada vez que pecamos, dice San Jerónimo, caemos bajo el imperio del demonio, que jamás nos da descanso, pues nos impele siempre a añadir un crimen a otro crimen hasta hacer de ellos una montaña.

Devastaciones producidas por los demonios


   ¿Qué más depravado, que más pérfido y más malo que nuestro adversario? dice San Agustín. Introdujo la guerra en el cielo, la seducción y el pecado en el paraíso terrenal, el odio en la vivienda de los dos primeros hermanos; siembra la cizaña en todas nuestras obras. En el alimento oculta el anzuelo de la gula; en la generación el de la lujuria: en el trabajo el de la pereza; en la conversación el de la envidia; en la administración el de la avaricia; en la corrección el de la ira; en la autoridad el del orgullo. Despierta en el corazon los malos pensamientos; coloca en los labios la mentira, la maledicencia, el falso testimonio, la blasfemia; emplea los miembros para cometer actos de iniquidad; si estamos despiertos, nos induce a obrar mal; si dormimos, suscita sueños vergonzosos. Lleva a la disolución a los que tienen un carácter alegre, y a la desesperación a los tristes. En fin, para abreviar todos los males del mundo, vienen de su infernal depravación. (Sermones).

   ¿No habéis sembrado buena simiente en vuestro campo? ¿Cómo tiene cizaña? dicen los criados al amo. Algún enemigo mío, responde el dueño, la habrá sombrado. (Mateo. XIII. 27-58).

   En todas partes y en todo tiempo siembra cizaña el demonio: la siembra en el cielo, en la tierra, en el corazón del hombre, en el seno de la familia y de la sociedad, y la sembrará eternamente en el infierno...

   ¡Hasta cuándo, o espíritus del desorden, exclama el Rey Profeta, estaréis acometiendo al hombre para acabar con ellos todos juntos, y derrocarle como a una pared desnivelada, o como a una tapia ruinosa! No Tratáis más que de precipitarle de su elevación; le aduláis con la punta de los labios para perderle, y le maldecís en secreto.

   O Dios, los gentiles han entrado en tu heredad, han profanado tu santo templo. (Salmo. LXXVIII. 1). Los enemigos del hombre vienen a ser sus dominadores, le oprimen y le hacen sufrir la humillación de su tiránico poder. (Salmo. CV. 42).

   Los guardias que recorren la ciudad, me han encontrado, dice la Esposa de los Cantares; me han golpeado y me han herido. (Cantar de los cantares V. 7).

   Ved las devastaciones que produce el demonio en nuestros primeros padres y al rededor suyo: tienen la desgracia de escucharle, y al momento vienen la desnudez, la vergüenza, el temor, la excusa, la concupiscencia, la esclavitud, los sufrimientos, la maldición, su expulsión del jardín de delicias, la esterilidad de la tierra, el trabajo, la tristeza, el remordimiento, las lágrimas, la penitencia, la muerte temporal y espiritual, el cielo cerrado, y el infierno abierto. Y estas desgracias recaen a la vez, no sólo sobre Adán y Eva, sino también sobre toda su posteridad...

   Después de haber sumergido a nuestros primeros padres en este abismo, desaparece Satanás. Ya no les dice: Sereís como dioses. Los ha hecho semejantes A él (el demonio); ya están cumplidos sus crueles deseos...

   Es natural que la serpiente derrame su veneno y dé la muerte...

   Fiándose en la serpiente, Adán se volvió terrestre, carnal; se embruteció, y no pensó más que en la materia. La misma suerte aguarda a aquellos de su raza que escuchen a Satanás.

   El demonio, dice San Gregorio, coge y oprime; seduce a fuerza de asechanzas asusta con amenazas, persuade con lisonjas, abate con la desesperación, y engaña artificiosamente con promesas (Sermones).

   San Bernardo hace también una descripción de los demonios y de su carro: su malicia, dice, tiene un carro de cuatro ruedas, que son la crueldad, la ira, la audacia y la impudencia. Este carro se precipita a la efusión de la sangre; no se detiene ante la inocencia; no disminuye su velocidad con la paciencia, ni le arredran el temor ni el pudor. Le arrastran dos caballos fogosos y sin freno, prontos a llevar a todas partes la desolación y la muerte: son el poder y el lujo; dos cocheros, el orgullo y la envidia le dirigen.

   El demonio, dice Orígenes, quita al hombre la virtud del alma; le priva de la libertad y de muchas de las ventajas del cuerpo; le arrebató los bienes espirituales y temporales; le aleja del temor de Dios, le entrega a las pasiones, le precipita a las miserias de esta vida y a los suplicios de la eternidad. (Homil.).

   El pescador coge el pez con el anzuelo; el cazador se apodera de las bestias salvajes con auxilio de los lazos, y de los pájaros por medio de la liga y de la red: el demonio hace inauditos esfuerzos para sujetar y coger el cuerpo y el alma por medio de diversos dolores, grandes cuidados, pesares, dificultades, escrúpulos, querellas, malas inclinaciones, etc., a fin de que no se le escapen y sean su presa en la tierra, y sobre todo en el infierno.

   Ved, dice San Basilio, con qué malicia y perfidia obra el demonio en lo que nos concierne: nos priva de las virtudes que le hemos dado, y nos da los vicios que no queríamos. Le sacrificamos nuestras virtudes, a él que es rico en malicia y en vicios, y esto para nuestro inmenso y visible detrimento; porque, cuanto más le damos, más heridas trata de hacernos. (En Deuteronomio. XV).

   ¡Hombre infeliz, exclama San Bernardo, a quién sirves, a quién sigues¡ No ves a Satanás, precipitado al abismo eterno, que cae del cielo con la velocidad del rayo? (Serm. XXXIX. En Cant.).

   Cuando Dios inspira saludables pensamientos de penitencia, de limosna o de piedad, llega el demonio para disiparlos o corromperlos, a fin de que no los ejecuten, o si los realizan, los hagan con mal fin, de mal modo, o valiéndose de medios perversos, o al menos haciéndolo indiscretamente, es decir, con demasiada o con poca aplicación...

   ¿Cómo ha quedado solitaria la ciudad antes tan populosa? Dice Jeremías en sus lamentaciones… Ha sido tomada por sus perseguidores en medio de angustias. Sus enemigos se han enseñoreado de ella; sus pequeñuelos han sido arrastrados al cautiverio, arrancándolos el opresor. Ya ha desaparecido toda su hermosura; sus príncipes han venido a ser como carneros descarriados, qne no hallan pastos, y han marchado desfallecidos delante del perseguidor qne los conduce.  Los enemigos vieron a Sion, y mofáronse de sus solemnidades. Hasta a sus pies llegan sus inmundicias: ella no se acordó de su fin; está profundamente abatida sin que haya quién la consuele. El enemigo echó su mano a todas las cosas que Jerusalén tenía de más apreciable. Ha tendido una red a mis pies, y me ha hecho caer hacia atrás: me ha llenado de desolación, y durante todo el día consumida de tristeza. Ha venido a ser para mí como un oso en acecho, como un león en lugar oculto. Él ha destruido mis senderos, y me ha destrozado. Me ha llenado de amargura, y me ha embriagado de ajenjo. Ha quebrado todos mis dientes, dándome pan lleno de arena: ceniza me ha dado a comer. Y la paz ha huido de mi alma; no sé ya lo que es felicidad.

   Tal es el cuadro que el Profeta hace de las devastaciones que los enemigos han causado a Jerusalén. Todos estos estragos, todas estas desgracias no son más que una débil imagen de los estragos y de las desgracias que causa el demonio cuando reina en un alma y la domina.

   No habiendo el demonio podido vencer a Dios cuando le atacó en el cielo, lo ataca en la tierra, y no pudiendo alcanzar a Dios, todo lo corrompe, hasta los elementos: como nada puede crear, emplea sus fuerzas para destruirlo todo Es un viejo adúltero, dice San Agustín, que no trata más que de seducir.

   Ved cómo trata a Job. Roba sus rebaños y degüella los pastores; hace caer fuego del cielo sobre sus ovejas y sobre sus criados, y los consume. Roba sus camellos; y mata a sus guardas. Envía un huracán violento que derriba la casa en donde se hallaban en la mesa los hijos de Job, y quedan todos muertos. Llena al mismo Job, desde el extremo de los pies a lo alto de la cabeza, de una lepra horrible.

   Y con los restos del vaso de arcilla roto, aquel patriarca, sentado en un estercolero, quita la podredumbre de las úlceras que le cubren... El demonio hubiera ido aún mucho más lejos si Dios se lo hubiese permitido...

   Ved cómo trata el demonio a los poseídos. Citemos un sólo ejemplo tomado del Evangelio: Un hombre del pueblo dijo a Jesús: Maestro, yo he traído a ti un hijo mío poseído de cierto espíritu maligno que le hace quedar mudo, el cual, donde quiera que lo tome, le tira contra el suelo, y le hace echar espuma por la boca y crujir los dientes, y se vuelve enteramente seco. Traédmelo, contestó Jesús. Trajéronsele; y apenas vió á Jesús, cuando el espíritu empezó a agitarse con violencia; y tirándose contra el suelo, se revolcaba echando espumarajos. Y Jesús preguntó a su padre: ¿Desde cuánto tiempo le sucede esto? Desde la niñez, respondió. Y muchas veces le ha precipitado el demonio en el fuego y en el agua, a fin de acabar con él. (Marcos. IX).

   Si ei demonio causa tantos estragos en el cuerpo, juzgad qué estragos causará en el alma del pecador cuando la posea  y reine en ella como tirano. ¡Juzgad qué tormentos debe imponer a los réprobos en el infierno!

   Todo es bueno para el demonio mientras pueda derribar y destruir… Toda la ocupación de los demonios, dice Tertuliano, es hacer caer al hombre.

   Esta rabia y estos estragos de Satanás se nos pintan por el profeta Ezequiel bajo el nombre y figura de Faraón Rey de Egipto. ¡Espectáculo espantoso! Al rededor suyo están los muertos a quienes dió crueles heridas. Allí yace Asur, dice el Profeta, con toda su muchedumbre; allí ha caído Elam y lodo el pueblo que lo seguía; allí Mosoch y Tuval, y sus príncipes, y sus capitanes, y todos los otros que están nombrados; número indecible, tropel infinito, multitud inmensa: están al rededor suyo derribados por el suelo y nadando en su sangre. Faraón está en medio saciando su vista con una carnicería tan terrible, y consolándose con su pérdida y la ruina de los suyos: Faraón con su ejército, y Satanás con sus ángeles. (Bossuet, sobre los demonios).

   Pero, si el demonio causa tantas desgracias en la tierra !Qué horribles tormentos no hará sufrir a los réprobos en el infierno! ¡Oh Dios, no permitáis que jamás caigamos entre las manos de este enemigo feroz...


“Tesoros de Cornelio Á Lápide”
(http://sanmiguelarcangel-cor-ar.blogspot.com.ar/2018/02/demonios-por-cornelio-lapide-parte-viii.html)

DEMONIOS – Por Cornelio Á Lápide. (Parte VII)


Odio del Demonio contra los hombres y guerra que les hace.


   El demonio, que se ha declarado enemigo personal de Dios, no pudiendo hacer nada contra Él, se venga con su imagen (el hombre), dice Bossuet, y desgarrándola la deshonra, llenando su espíritu envidioso de malos deseos de venganza. Espíritu negro, espíritu tenebroso, espíritu furioso y desesperado, que afecta un fausto insolente en vez de su grandeza natural; que emplea astucias maliciosas en vez de una sabiduría celestial; que no respira más que odio, disensión y envidia en vez de la caridad y de la sociedad fraternal. Parece que Satanás y todos sus ángeles dicen: no seremos nosotros los únicos miserables; ¡cuántos hombres morirán de nuestra mano! ¡Ah! ¡Cuántos sitios vamos a dejar vacantes, y cuántos se hallarán entre los criminales que pudieran haberse sentado entre los jueces! El odio de los demonios contra nosotros es tal, notadlo bien y pasmaos de tanto exceso, es tal el odio que contra nosotros tienen, que se placen no sólo en arruinarnos, sino también en manchar nuestra alma y degradarla. Si, prefieren todavía corrompernos a atormentarnos, prefieren quitar la inocencia a quitar el reposo, hacernos malos a hacernos desgraciados. Y es verdad que cuando estos crueles vencedores se han hecho dueños de un alma, entran en ella con furia, la roban, la saquean y la violan. Estos corruptores la violan, no tanto para satisfacerse, como para deshonrarla y envilecerla. La inclinan a que se entregue a ellos, y luego la  desprecian: la tratan como son tratadas las mujeres que vienen a ser el ludibrio de aquellos por quienes se han cobarde o indignamente prostituido...


   Los demonios están llenos de odio y de envidia contra nosotros; nos hacen una guerra encarnizada a causa de las gracias y de los bienes celestiales que Dios nos concede, y porque estamos destinados a ocupar un día los tronos que han perdido con su orgullo...

   El demonio es vuestro enemigo, dice el apóstol San Pedro: El demonio es un instigador de querellas, un falso testigo, un acusador. ––Nos ataca a nosotros, ataca nuestra salvación y nuestra felicidad eterna. Quiere conquistarnos a fin de tenernos por compañeros, después de habernos tenido por cómplices. Y todo esto, 1° por odio a Dios, a fin de que Dios no reciba nuestras adoraciones. Su orgullo le inspira un odio tan grande a Dios, que, según al parecer de varios graves autores, aun cuando Dios le prometiese perdonarle a condición de que se humillase, preferiría sufrir eternamente antes que renunciar a su orgullo y a su odio 2 ° Nos hace la guerra por envidia 3° Nos la hace por orgullo; quisiera que nos volviésemos semejantes a él para dominarnos y reinar sobre nosotros...

   Tenemos que sostener un combate contra los demonios, dice San Pablo... Es una lucha sin tregua...

   Los odios más furiosos y más implacables entre los hombres no son más que una sombra, comparados con los de los demonios. En ellos todo es odio, celos, deseos de eterna venganza...

El demonio tuvo la audacia de atacar al mismo Jesucristo.


   ¿Por qué permitió Jesucristo que el demonio le tentase?  1° para enseñarnos que la tentación no es pecado, no exponiéndose temerariamente a ella y resistiéndola; 2° para enseñarnos a vencer, pues Jesucristo es nuestro modelo, nuestro capitán; y por esto quiso entrar en la lid para derribar al demonio y hacernos ver cómo se le vence; 3° para tomar parte en nuestras tentaciones...

   ¿Por qué permitió Jesucristo que el demonio le tentase? Contestaré con San Agustín: ¿Por qué quiso hacerse hombre, nacer en un pesebre, sufrir y morir en una cruz? Fué por bondad hacia nosotros y también por bondad hacia nosotros fué tentado. (Sermones). Jesucristo, dice San Gregorio, ha querido vencer nuestras tentaciones con sus tentaciones, asi como quiso ser victorioso de nuestra muerte con su muerte. (Homil, XVI. in Evang.).

   Si la enfermedad de Jesucristo es nuestra fuerza; sí sus heridas son nuestra curación; si su muerte es nuestra vida, podemos también asegurar que su tentación es nuestra victoria... por eso vino el hijo de Dios, dice el apóstol San Juan, para destruir la obra del demonio.

   En su odio y desvergüenza, Satanás se atreve a atacar a Dios: ¿cómo ha de dejarnos a nosotros el demonio?...

   Jesucristo sufrió ser tentado por el demonio; pero lo arrojaba del cuerpo de los poseídos, y dió el mismo poder a sus discípulos...


“Tesoros de Cornelio Á Lápide”
(http://sanmiguelarcangel-cor-ar.blogspot.com.ar/2018/01/demonios-por-cornelio-lapide-parte-vii.html)

DEMONIOS – Por Cornelio Á Lápide. (Parte VI)


Destrucción de Leviatán
(Gustavo Doré)

Malicia, habilidad, y astucia del Demonio.

   El  demonio, dice San Cipriano, es llamado serpiente, porque se desliza y arrastra como ella; se adelanta insensiblemente, ocultando su marcha a fin de engañar. Su astucia es tan grande, sus planes tan hábiles y capciosos, que hace tomar la noche por el día, el día por la noche, el veneno por el remedio; lleva la desesperación bajo pretexto de esperanza, y la deserción bajo pretexto de fidelidad; ofrece a nuestros homenajes al Anti-Cristo bajo el nombre de Cristo. De esta suerte, haciendo pasar la mentira por verdad, escamotea sutilmente la verdad misma.

   Satanás se transforma en ángel de luz para seducir, dice el gran Apóstol.

   La malicia, la habilidad y las astucias de Satanás se manifiestan:

   1° en que observa cuáles son los lugares menos fortificados, como dice San Jerónimo.

   2° en que, como también dice San Jerónimo, no presenta jamás al hombre el pecado descubierto, sino que se sirve de rodeos; no se lanza de repente, sino que se adelanta poco a poco y echa completamente a pique la débil navecilla. Para hacer caer en el pecado, se oculta; porque es tan asqueroso, tan horrible y tan infecto, que si se presentase, haría morir de miedo a todo el mundo; nadie querría acercarse a él. Oculta la fealdad del pecado, de aquel pecado, que, hijo de Satanás, es asqueroso, horrible e infecto como su padre; disfraza el pecado con la apariencia y el nombre de dulzura, de flores lozanas, da felicidad y hasta de virtud. Oculta el anzuelo del pecado, y sobre todo del deleite, a fin de que quedéis cogidos a este aguijón penetrante y mortal, mientras saboreáis un placer engañoso y emponzoñado. Impele al hombre al vicio paso a paso; comienza por hacerle cometer faltas ligeras, y le arrastra asi á las mayores.

   El demonio, tan audaz, bien quisiera, si se atreviese y pudiese, hacernos desde luego tan malvados como él; pero, demasiado astuto, prevé que no tendría éxito su seducción. Bien quisiera atacarnos a campo abierto; pero, demasiado maligno, teme que se le escape su presa. Va por grados, dice Bossuet, y se oculta. Su fealdad, como ya hemos dicho, y la fealdad del pecado que quiere hacer cometer, darían horror: oculta una y otro; porque si el hombre pudiese ver al demonio y al pecado tales como son, jamás, jamás se daría al demonio ni al pecado...

   El demonio se arrastra como la serpiente, y toma sus movimientos y rodeos; ya enseña la cabeza, ya la cola. Se arrastra cuando está lejos, para que no le vean, y muerde cuando está cerca...

   Estudia nuestras inclinaciones y las admite: asi es que no tentará por impureza al avaro, porque para ser libertino habría de ser pródigo. No tentará por avaricia al impúdico. Transportará en espíritu al ambicioso a la cumbre del poder; llevará al orgulloso a adorarse a sí mismo; enviará hambre al hombro dominado por la gula, etc...

   Seduce al libertino de un modo, al sabio de otro, al escrupuloso de diferente manera. Ataca al niño, a los jóvenes, al hombre adulto, al anciano; a cada uno según su edad, su parte débil, su inclinación.

   Ataca ora al cuerpo, ora al espíritu, ora al corazon Hiere ya por fuera, ya por dentro; busca el paraje más débil; sube por asalto; presenta la flor, y oculta la espina; dora la copa Mirad esta flor: ¡qué hermosa! respirad el agradable olor que despide Examinad esta copa: ¡qué excelente licor contiene! bebed, bebed... Pero, ¡deteneos! esta flor y esta copa está envenenada; si las tocáis, moriréis al momento para la eternidad...

   No es más que un pensamiento, dice aquel maligno espíritu, una simple mirada, una complacencia probadlo, ya os detendréis cuando queráis. Si buscáis la felicidad, aquí la podréis hallar... Tened cuidado; ya se avanza el asesino; el incendio empieza por una chispa… Que un buque vaya a pique, ya recibiendo de repente una gran cantidad de agua, ya tomándola poco a poco, el hecho es qne el buque va a pique… El demonio, este monstruo astuto, dice Bossuet, va por grados; inclina primero a Judas a la avaricia, luego le induce a vender a su Dios, más tarde a la traición, y por fin a la desesperación, a la cuerda, al infierno.

   Ved como el maligno espíritu ataca a nuestros primeros padres. La serpiente, dice la Escritura, que era el más astuto de todos los animales, dijo a la mujer: ¿Por qué motivo os ha mandado Dios que no comieseis del fruto de todos los árboles del paraíso? (Gen. III. 1). Esta sola pregunta es un crimen. ¿Por qué, serpiente infernal, te metes en lo qne Dios ha mandado? Lo que Dios ha prescrito es sagrado ¿No obra asi Satanás respecto de todos los hombres para seducirlos? ¿Por qué no habéis de hacer esto? les dice: ¿Por qué no habéis de ver a tal persona? ¿Por qué no habéis de ir a tal sitio? ¿Por qué, etc.?

   Eva le respondió: Dios nos ha prohibido comer del fruto del árbol que está en medio del paraíso, para que no muramos. (Gen. III. 2-3). ¡Imprudente Eva! ha tenido la debilidad de escuchar un instante a la serpiente, y sólo por esto ha empezado a sucumbir y a ser culpable. ¡Ay de mí! ¿No nos conducimos nosotros también de este modo?...

   La serpiente, viendo la debilidad de Eva, va más lejos: al crimen de la pregunta une el crimen de la negativa, y responde a la mujer: De ninguna manera, no sufriréis la muerte (Gen. III. A). ¿No obra el demonio de una manera parecida con nosotros? No hay tanto mal en esto como se dice; es exageración; son demasiado severos. ¡Qué! ¿El infierno por tan poca cosa?... En tercer lugar, al crimen de la pregunta y de la negativa, la serpiente añade el crimen de la afirmación, para instar a Eva y seducirla del todo: No moriréis, dice, porque Dios sabe que el día que comáis de esta fruta se abrirán vuestros ojos, y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal. (Gen. III. 5).

   Ya está Eva seducida y perdida. La mujer vió, pues, que aquella fruta era buena “para comer, y bella a los ojos, y de un aspecto  deleitable; y cogió del fruto, y comióle; y dió también a su marido, que comió como ella. (Gen. III. 6). Y los ojos de ambos quedaron abiertos; y reconocieron que estaban desnudos, etc. (Gen. III. 7). Estos son los felices y los dioses que ha hecho el demonio. Todos los que escuchan a la serpiente, hallan las mismas recompensas...


   O desgraciados mortales que dais oído al demonio, padre de la mentira y de la muerte, enemigo jurado de la felicidad del hombre y del mismo Dios...

   Los demonios, dice San Pedro, os seducen con palabras engañosas, y harán con vuestras almas un tráfico infernal…

   Estos orgullosos espíritus de las tinieblas, dice el Salmista, me ; han ocultado sus redes y sus lazos.

   Cuando el demonio, aquella serpiente resbaladiza que no puede cogerse, se presenta, dice San Jerónimo, si no le aplastáis la cabeza, es decir, si no resistís inmediatamente a su primera sugestión, se precipita toda entera al fondo de vuestro corazon, sin que podáis sospecharlo.

   El demonio es llamado serpiente, y tomó la forma de este reptil para seducir a nuestros primeros padres, porque, 1°, la serpiente es hábil y astuta por naturaleza. 2° Se mantiene en emboscada, ataca al hombre sin ser vista, y le muerde de improvisto. 3° La serpiente se arrastra, inocula su veneno y mata al hombre: el demonio obra de la misma manera. 4° La serpiente toca en el suelo con todas las partes de su cuerpo: el demonio no inspira más que el amor de las cosas terrestres y carnales...

   Para sorprender y engañar a Adán y a Eva, la serpiente, observadlo, dijo cinco mentiras evidentes: la primera: No moriréis: la segunda: Vuestros ojos se abrirán: la tercera: Sereís como dioses: la cuarta: Conoceréis el bien y el mal: la quinta: Dios sabe que lo que digo es verdad, etc...

   El Señor, dice Isaías, el Señor con su espada cortante, larga y fuerte, tomará residencia a Leviatán, serpiente enorme  Leviatán, el tortuoso monstruo, y le matará. Armado con una espada, es decir, con su cruz. Esta serpiente es llamada enorme, a causa de su fuerza; tortuosa 1°  a causa de su genio depravado, y 2°, a causa de sus astucias y dobleces con que rodea al hombre...

   El demonio aparta siempre del bien; lo presenta como inútil, demasiado penoso o impracticable, etc. Siempre lleva al mal y lo presenta como ventajoso, dulce, agradable, etc. Autor de la muerte, jamás conduce a la vida de la gracia y de la gloria, sino a la pérdida de la inocencia y a la muerte espiritual en la tierra y en la eternidad...

“Tesoros de Cornelio Á Lápide”
(http://sanmiguelarcangel-cor-ar.blogspot.com.ar/2017/10/demonios-por-cornelio-lapide-parte-vi.html)

DEMONIOS – Por Cornelio Á Lápide. (Parte V)


El demonio está en todas partes, pero no es omnipresente, como Dios y busca sin descanso nuestra perdición.


   El demonio está en el aire, en las aguas, en la tierra, en el infierno...

   Nuestros perseguidores, dice Jeremías, han sido más rápidos que las águilas: nos han perseguido en las montañas; nos han tendido lazos en el desierto (Lamentaciones. IV, 19) En un abrir y cerrar de ojos están en donde quieren; andan más veloces que el pensamiento; todo lo ven sin ser vistos; todo lo oyen sin ser oídos ni apercibidos. El demonio está siempre en acecho, y da vueltas sin cesar al rededor nuestro, buscando víctimas: (I. Petr. V. 9).

   Estas idas y venidas, este círculo que forma al rededor nuestro, indican: 1° que el demonio es un vagabundo entregado a la instabilidad, porque, al abandonar a Dios con el pecado, ha perdido la estabilidad de espíritu. El, que quería sentarse en el trono del Omnipotente, ha sido condenado a andar siempre errante, a no sentarse nunca, ni siquiera en el infierno. Jamás tendrá descanso ni sueño. 2° Estas expresiones indican también la ira y el deseo insaciable de dañar que le animan. 3° Pintan sus astucias, sus engaños y sus rodeos. 4° Príncipe del mundo, recorre sin cesar su imperio. 5° Ojea como un cazador. 6° Las vueltas que da, son el emblema de su sagacidad y de sus exploraciones. 7° Obliga a los hombres culpables a acabar de recorrer el círculo de sus iniquidades, a fin de caer entonces en el círculo de la desdicha eternidad...

Ciencia del demonio.


   Satanás, antes de atacar, examina el vicio, la inclinación, la parte débil de cada uno.

   Oíd a San León: Satanás, dice, conoce a quien ha de abrasar con el fuego de la codicia, a quien ha de coger por la gula, a quien ha de poseer por la lujuria, a quien ha de inocular el veneno de la envidia; conoce al que ha de turbarse por los pesares, excederse por la alegría, agobiarse por el temor, y dejarse seducir por la admiración.

   Tantea las inclinaciones de cada uno; descubre sus cuidados, escudriña sus afectos, busca los medios de dañar, explotando sobre todo las inclinaciones del hombre.

   Conoce todo lo que pasa en la tierra. Ve los pensamientos, los deseos, las palabras, los pasos, las acciones y las omisiones de todos los hombres Sabe y conoce todo lo qne ha sucedido desde el principio del mundo Sondea las entrañas y los corazones. Sabe todos los giros y rodeos, los pliegues y dobleces que tiene que seguir para insinuarse, seducir, vencer, derribar, asesinar y llevar al infierno...

   Todo en él se convierte en ojos, en oídos, en lengua, en espíritu, en inteligencia, en astucia, en ciencia. Aunque sumergido en las más profundas tinieblas, todo lo ve, todo lo comprende, todo lo nota, todo lo aprecia...


“Tesoros de Cornelio Á Lápide”
(http://sanmiguelarcangel-cor-ar.blogspot.com.ar/2017/09/demonios-por-cornelio-lapide-parte-v.html)

DEMONIOS – Por Cornelio Á Lápide. (Parte IV)

Imagen relacionada

Baphomet, demonio que es representado como un transexual.

El demonio es débil


   Sujetaos a Dios, dice el apóstol Santiago: resistid al demonio, y huirá de vosotros. Resistidle con una fe viva y firme, dice el apóstol San Pedro.

   Cuando el demonio se acerca y trata de excitar en vosotros movimientos de ira, de orgullo, de impureza, etc., resistidle con valor; y al momento le ahuyentaréis. Porque delante de un alma firme, el demonio tiembla; con los que titubean, es, por el contrario, terrible como un león.

   Él enemigo antiguo, dice San Gregorio, es fuerte contra los que le escuchan, y débil contra los que le oponen resistencia. Sí cedemos a sus sugestiones, es formidable como un león, es vencedor; pero si le rechazamos fuerte y prontamente, queda aplastado como una hormiga.

   Asi pues, para los unos es un león, y para los otros una hormiga: las almas carnales tienen trabajo para escaparse de su crueldad; mientras que las almas puras pisan su debilidad con el pié de la virtud.

   ¿De qué modo, dice Isaías, arrancaremos su presa a un hombre tan esforzado? ¿Cómo recobrar aquello que ha arrebatado un varón tan valiente? He aquí lo que dice el Señor: Le serán quitados al hombre esforzado los prisioneros que ha hecho, y será recobrada la presa que arrebató el valiente.

   Si consideráis la naturaleza del demonio, dice Orígenes, es un gigante, y nosotros unos pigmeos; pero si seguimos a Jesús, que le ha privado de su fuerza, el demonio no nos inspirará ya ningún temor.

   El demonio es muy débil, ante los hombres valerosos y heroicos.

   Es un león rugiente, es terrible: Leo rugiens. (I. Petr. V. 8). Es una serpiente que se arrastra por el suelo; es muy débil. Dios, que le ha dejado sus fuerzas para suplicio suyo, le ha puesto un freno. No puede dominar más que a aquellos a quienes Dios desprecia y abandona: ¡triste poder y reino vergonzoso!...

   El demonio es débil, puesto que emplea la habilidad, la astucia, los rodeos, la mentira; es débil, puesto qne se arrastra y se oculta. Es impotente; Jesucristo le ha derrotado ¿Quién es el que le vence y le derriba? El que está vigilante, el que huye, que ruega, el que desconfía de sí mismo y se mortifica.

   Una sola palabra de Jesucristo ahuyentaba a legiones de espíritus infernales del cuerpo de los poseídos: ¿qué fuerza no ha de tener la presencia de Jesucristo, su gracia, la sagrada comunion? Sólo una señal de la cruz asusta a los espíritus de las tinieblas, y les hace huir, San Bernardo asegura que cualquiera que invoque los santos nombres de Jesús, de María y de José, es invencible, aunque todos los demonios luchen contra él. Tertuliano decía a los perseguidores de la religión, que un poseído, cualquiera que fuese, no podía resistir a un simple cristiano. El demonio es pues muy débil. (Apolog.). Una simple resistencia estrella sus fuerzas y le pone en derrota, dice el apóstol Santiago (IV. 7).

   Los Santos de todos los siglos, de todas las edades y de todos los sexos, han triunfado del demonio y le han aplastado la cabeza; siguiendo su ejemplo, todos nosotros podemos quedar victoriosos de este enemigo salvaje...




“Tesoros de Cornelio Á Lápide”
(http://sanmiguelarcangel-cor-ar.blogspot.com.ar/2017/08/demonios-por-cornelio-lapide-parte-iv.html)