San Miguel Arcángel pesando las almas en el Juicio Final

jueves, 12 de diciembre de 2013

Santos en el Infierno


Ana Catalina Emmerich

“Vi [ ... ] al Salvador acercarse, severo, al centro del abismo. El infierno se me apareció como una enorme caverna oscura, apenas iluminada por una luz tenue de brillo casi metálico. En la entrada se destacaban enormes puertas negras con cerraduras y cerrojos incandescentes. Los gritos de terror se elevaban sin cesar desde ese abismo tenebroso en el cual, de repente , se hundieron las puertas. Así pude ver un mundo horrible de desolación y oscuridad.
El infierno es una prisión de ira eterna, donde luchan los seres enfurecidos y desesperados. Mientras que en el cielo se disfruta de la alegría y se adora al Todopoderoso en jardines llenos de flores y frutas deliciosas que comunican la vida, en el infierno por el contrario se habita en mazmorras cavernosos, y se ven horribles desiertos e inmensos lagos llenos de monstruos espantosos que provocan un miedo horrible. Allí dentro hierve la discordia eterna y terrible de los condenados. En el cielo en cambio reina la unión de los Santos eternamente felices. El infierno, por el contrario, encierra cuanto el mundo produce de corrupción y de error; allí impera el dolor y se sufren por lo tanto suplicios en una indefinida variedad de manifestaciones y penas. Cada condenado tiene siempre presente este pensamiento: que los tormentos que padece, son el fruto natural y justo de sus fechorías.
Todo lo que se siente y ve de horrible en el infierno es la esencia, la forma interior del pecado descubierto, de aquella serpiente venenosa que devora a los que la cobijaron en su seno durante la prueba mortal. Todo esto se puede entender cuando uno se ve, pero no se puede expresar en palabras.
Cuando los ángeles, que escoltaban a Jesús, derribaron las puertas del infierno, se elevó como un torbellino de maldiciones , insultos, gritos y lamentos. Algunos ángeles habían arrojado más allá a una cantidad enorme de demonios, que deberían haber reconocido y adorado al Redentor. Esto constituía su mayor suplicio. Muchos de ellos fueron entonces encarcelados dentro de una esfera, que contenía muchos círculos concéntricos.
En el centro del infierno se hundía un abismo tenebroso, donde había sido precipitado Lucifer encadenado, el cual estaba inmerso en vapores oscuros. Todo sucedió según determinados arcanos divinos. Supe que Lucifer debía ser desencadenado durante algún tiempo, cincuenta o sesenta años antes del año 2000 después de Cristo, si no me equivoco. Algunos demonios en cambio deben ser soltados antes de esa época para castigar y exterminar a los mundanos. Algunos de ellos fueron desencadenados en nuestros días, otros lo serán pronto. Mientras escribo, veo ante mis ojos escenas del infierno tan horripilantes, que su sola visión me podría hacer morir”.



Sor Josefa Menéndez, mística perteneciente a la Sociedad del Sagrado Corazón, tuvo un carisma particular: Dios le permitió experimentar el infierno para que diera testimonio de su existencia, especialmente en este momento en el que es fuertemente rechazado. He aquí su experiencia: “En un instante estaba en el infierno, pero sin ser arrastrada como en otras ocasiones, tal como caen los condenados. El alma se precipita desde sí misma, se arroja como si deseara desaparecer de la vista de Dios, para poderlo odiar y maldecir. El alma se dejó caer en un abismo, del cual no se podía ver el fondo, que era inmenso [ ... ] .
He visto el infierno como siempre: cuevas y fuego. Aunque no se ven formas corporales, los tormentos destrozan a los condenados como si los cuerpos estuvieran presentes, y las almas se reconocen. Me sumergí dentro de un nicho de fuego y aplastada como entre placas candentes y como si hierros y picos encendidos se introdujeran en mi cuerpo. He sentido como si se quisiera –aunque sin lograrlo- arrancarme la lengua, lo que me reducía al extremo, con un dolor insoportable. Los ojos parecían salir de órbita, creo que a causa del fuego que los quemaba horriblemente. No se puede mover un dedo para buscar alivio, ni cambiar de posición; el cuerpo está como comprimido. Las oídos están aturdidos por los gritos confusos, que no cesan ni por un momento. Un olor repugnante y nauseabundo asfixia e invade todo, como si se quemase carne en putrefacción con brea y azufre. Todo esto lo he experimentado como en otras ocasiones, y aunque estos son terribles tormentos, serían nada si el alma no sufriera. Pero el alma sufre de una manera indescriptible. He visto algunas de estas almas condenadas rugir por el tormento eterno que saben que deben sufrir, especialmente en las manos. Creo que han robado, porque dijeron: “¿Dónde está ahora aquello que habías tomado? ¡Malditas manos!”. Otras almas acusaban a su propia lengua, los ojos... Cada alma acusaba a lo que había sido causa del pecado: “¡Bien pagadas están las delicias que te concedía, oh cuerpo mío…!”.
“Y eres tú, cuerpo, el que lo ha querido! (…) Por un instante de placer, una eternidad de dolor!”. Me parece que en el infierno las almas se acusan especialmente de pecados de impureza. Mientras estaba en aquel abismo, he visto precipitarse a los mundanos y no se puede decir ni comprender los gritos y rugidos que emitían: “¡Maldición eterna! ¡Me engañé! ¡Estoy perdido! ¡Estoy aquí para siempre , para siempre y ya no hay más remedio! ¡Maldita sea mi alma!”. Una niña gritaba desesperadamente, maldiciendo contra las malas satisfacciones otorgadas al cuerpo y maldecía también a los padres, que le habían dado demasiada libertad para seguir la moda y las diversiones mundanas. Estaba condenada desde hacía  tres meses. Todo esto que he escrito - concluye Sor Josefa Menéndez - no es sino “una sombra en comparación con lo que se sufre en el infierno”.


 Beata María Serafina Micheli
 (el encuentro con Lutero)
Lutero había dicho que “ni siquiera los ángeles podrían desafiar su doctrina”, lo cual es “Vanidad de vanidades”, como dice la Biblia.
En 1883, Sor María Serafina Micheli (1849-1911), beatificada el 28 de mayo de 2011, se encontraba de paso en Eisleben, Sajonia, ciudad natal de Lutero, con motivo del centenario de su nacimiento. Encontrando una Iglesia cerrada, comenzó a rezar en las escaleras, pero un ángel le advirtió que era una iglesia luterana protestante y le hizo ver a Lutero en el infierno, con sus padecimientos. Así cuenta la historia: mientras rezaba el ángel de la guarda se le apareció y le dijo: “Levántate, porque esta es una iglesia protestante”. Luego añadió: “Quiero que veas el lugar donde fue condenado a Martín Lutero y el castigo que sufre en castigo de su orgullo”.
 “Después de estas palabras vi una horrible vorágine de fuego, en la cual eran horriblemente atormentadas un incalculable número de almas. En el fondo de esta vorágine había un hombre, Martín Lutero, que se distinguía de los otros: estaba rodeado por demonios que lo obligaban a estar de rodillas y todos, munidos de martillos, se esforzaban, pero en vano, en clavarle un clavo en la cabeza.
La hermana pensaba: “Si la gente viera esta escena dramática, con toda seguridad no le tributaría honores, recuerdos, conmemoraciones y festejos a tal personaje”. Más tarde, cuando se presentó la oportunidad, recordaba a sus hermanas en religión el vivir en la humildad y escondidas a los ojos del mundo. Estaba convencida de que Martín Lutero fue castigado en el infierno, especialmente a causa del primer pecado capital, el orgullo.
¡Atención! Con esto no queremos erigirnos en jueces de Lutero, no sabemos si está o no en el infierno. La pedagogía de Dios va más allá de la curiosidad que a menudo nos anima, y no es este –la curiosidad vana- el mensaje que Dios quiere darnos a través de sus santos, sino el evitar aquello que puede condenar nuestras almas, el pecado mortal.
Decimos con el salmista: “Señor, mi corazón no es soberbio ni altivos mis ojos, no estoy en busca de grandes cosas, más allá de mis fuerzas” (Sal 130).
Ofrecemos a Dios nuestra “nada”: la incapacidad, las dificultades, el desánimo, la desilusión, las incomprensiones, las tentaciones, las caídas y la amargura de todos los días. Más bien nos reconocemos pecadores, necesitados de su misericordia. Jesús, precisamente porque somos pecadores, nos pide que abramos el corazón y nos dejemos amarnos por Él.

 San Juan Bosco
San Juan Bosco: conducido por su ángel de la guarda hacia el valle de las sombras...
San Juan Bosco tuvo una visión del infierno que él contó así a los jóvenes: “Me encontré con mi guía (el Ángel de la Guarda) en el fondo de un precipicio que terminaba en un valle oscuro. En ese momento aparece un inmenso edificio, que tenía una puerta altísima, cerrada. Tocamos el fondo del precipicio, un calor sofocante me oprimía, un humo espeso, casi verde, se levantaba sobre los murallones del edificio, junto con llamas sanguinosas. Le pregunté: “¿Dónde estamos?”. “Lee –me dijo mi guía- la inscripción en la puerta”. Había algo escrito que decía: “Ubi non est redemptio!”, es decir, “¡Donde no hay redención!”.
Mientras tanto, vi caer en ese abismo [ ... ] primero un joven, después otro, y todavía otro más; todos tenían escrito en la frente su propio pecado. Exclamó el guía: “Esta es la causa principal de estos condenaciones: los malos compañeros, los malos libros y los hábitos perversos”.
Los infelices eran jóvenes conocidos por mí. Le pregunté: “Pero entonces es inútil que se trabaje con los jóvenes, si tantos terminan así?”. ¿Cómo impedir tanta ruina?”. “Aquellos que has visto, todavía están vivos, pero ésta es su situación actual y si muriesen, ¡vendrían aquí sin duda!”.
Después entramos en el edificio, se corría con la velocidad del rayo. Leí esta inscripción: “¡Ibunt ignem impía en Aeternum!”, es decir: “¡Los impíos irán al fuego eterno!”. “¡Ven conmigo!”, agregó el guía. Me tomó de la mano y me llevó a una puerta, que se abrió. Se me presentó a la vista una especie de caverna inmensa, llena de fuego; aquel fuego sobrepasaba los miles y miles de grados de calor.
No puedo describir esta cueva en toda su espantosa realidad . Mientras tanto, de repente, vi a los jóvenes caer en la caverna de fuego. El guía dijo: “La transgresión del sexto mandamiento es la causa de la ruina eterna de muchos jóvenes”. “Pero si han pecado, sin embargo se han confesado”. “Ellos confesaron sus pecados, pero los pecados contra la virtud de la pureza los han confesado mal o los han callado”. Por ejemplo, uno había cometido cuatro o cinco de estos pecados, pero él dijo que sólo dos o tres. Hay quienes han cometido uno en la infancia y han tenido siempre vergüenza de confesarlo, o lo confesaron mal y no dijeron nada. Otros no tuvieron dolor ni propósito de enmienda; otros, en vez de hacer un examen de conciencia, estudiaban maneras de engañar al confesor. Y quien muere con esa resolución, elige ser del número de los réprobos y así será por toda la eternidad [ ... ].
“Y ahora, ¿quieres ver porqué la misericordia de Dios que te ha traído hasta aquí?”. El ángel levantó un velo y vi un grupo de jóvenes de este Oratorio, a quienes yo conocía a todos, condenados por este delito. Entre ellos estaban los que aparentemente poseen un buen comportamiento. Continuó el ángel: “¡Predica por todas partes contra la inmodestia!”. Luego hablamos por cerca de media hora sobre las condiciones necesarias para hacer una buena confesión y concluyó: “¡Cambiar de vida, cambiar de vida!”. Ahora -añadió el amigo- que has visto los tormentos de los condenados, es necesario que pruebes tú también un poco de infierno!”. Habiendo salido del horrible edificio, el guía me agarró la mano y me hizo tocar la última pared externa; dí un grito [...]. Terminada la visión, me di cuenta de que mi mano estaba hinchada y por una semana estuve vendado”.

María de Santa Cecilia romana
Sor María de Santa Cecilia Romana: esta beata también tuvo la oportunidad de ver el lugar al que nunca querríamos ir.
La Beata Sor Mary S. Cecilia Romana (Dina Belanger , Quebec , Canadá , 30 de abril 1897 - Sillery , Quebec , Septiembre 4, 1929), beatificada el 20 de marzo de 1993, llegó a las alturas de la vida mística en su breve vida terrena. A los 4 años fue fuertemente impresionado por el diablo y el infierno, viendo a los demonios en movimiento constante y agitado. Entendió entonces que el pecado es una sugestión diabólica.
En su autobiografía, escrita bajo obediencia, habla como si viviera una experiencia aterradora del diablo y el infierno. Esta es la historia de un encuentro con el Señor el 07 de abril de 1927: “Desde el 20 de marzo, la enfermedad me obliga a estar en cama. Esta mañana, antes de la comunión, el Señor me ha presentado el tema de mis consideraciones para estos dos días, es decir, “el dolor infligido a su Corazón agonizante a causa de la inutilidad de sus sufrimientos para un gran número de almas”. “En el momento de la comunión me ha dado su cáliz bendito. Durante la acción de gracias me mostró, en espíritu, a aquellos que, por millones y millones, corrían hacia la perdición eterna, seguiendo a Satanás. Y Él, el Salvador, rodeado de un pequeño número de almas fieles, estaba sufriendo, pero en vano, por todos aquellos pecadores. Su corazón veía caer, de a miles de ellos, en el infierno. En este punto le dije: “Jesús mío, de parte tuya, tu redención fue completa; pero entonces ¿qué puede faltar, desde el momento en que tantas almas se pierden?”. Él respondió: “La razón es que las almas piadosas no se asocian suficientemente a mis sufrimientos”.


 Verónica Giuliani


Santa Verónica Giuliani describe la repulsión que le dan las almas condenadas.
Santa Verónica Giuliani (27 de diciembre 1660 - 9 de julio 1727) vivió en el monasterio de las Clarisas de Città di Castello, y narra así sus visiones del infierno: “Me pareció que el Señor me hacía ver un lugar oscurísimo; pero en el que igualmente había un incendio como si se tratara de un gran horno. Había llamas y fuego, pero no se podía ver la luz; sentí gritos y ruidos, pero no podía ver nada; salía hedor y humo horribles, pero no hay , en esta vida, algo con lo que se puede comparar.
En este punto, Dios me dió una comunicación acerca de la ingratitud de las criaturas, y de cómo aborrece este pecado. Y aquí se me mostró todo flagelado, azotado, coronado de espinas, con una pesada cruz en el hombro.
Entonces me dijo: “Mira y ve bien este lugar que nunca terminará. Está, para el tormento, mi justicia y mi desprecio riguroso”.
Mientras tanto, me pareció oír un ruido fuerte. Aparecieron muchos demonios: todos, con cadenas, sostenían animales de diversas especies. Estas bestias, repentinamente, se convirtieron en criaturas (hombres), pero tan espantosas y horribles, que me daban más terror que los mismos demonios. Yo estaba temblando de pies a cabeza, y me quería acercar adonde estaba el Señor. Pero a pesar de que había poco espacio, nunca pude acercarme más. El Señor estaba chorreando sangre, y estaba bajo aquel grave pesado. ¡Oh Dios! Querría haber recoger su Sangre y tomar la Cruz. En un instante, aquellas criaturas se convirtieron, una vez más, en forma de animales y, a continuación, todos fueron precipitados en aquel lugar oscurísimo, y mientras eran precipitados, maldecían a Dios y a los santos.
Me pareció que el Señor me hiciese entender que aquel lugar era el infierno y que esas eran almas muertas y, por el pecado, se habían convertido en bestias; entre ellos había también religiosos […].
Y yo tenía delante mío todos mis pecados [ ... ]. Sentía un incendio de fuego, pero no podía ver las llamas; sentía alguno que soplaba sobre mí, pero no veía a nadie. De repente, sentí como una llama de fuego que venía hacia mí, y yo sentía que me golpeaban, pero no veía nada. ¡Oh! ¡Qué pena! ¡Qué tormento! No puedo describirlo, e incluso el solo recordarlo, me hace temblar. Al final, en tanta oscuridad, me pareció ver un poco de luz como por el aire. Poco a poco, se dilató y agrandó. Me parecía que me librara de estas penas, pero no veía nada”.
Otra visión del infierno es del 17 de enero de 1716. La santa narra que en ese día fue transportada por algunos ángeles al infierno: “En las profundidades del abismo vi un trono monstruoso, hecha de demonios aterradores. En el centro había una silla formada por los jefes del abismo. Satanás se sentaba encima en su horror indescriptible y desde allí observaba a todos los condenados. Los ángeles me dijeron que la visión de Satanás constituye el tormento del infierno, así como la visión de Dios constituye el deleite del Paraíso. Mientras tanto, me di cuenta que el silencio almohadón de la silla era Judas y otras almas desesperadas como él. Le pregunté a los ángeles si quiénes eran aquellas almas y tuve esta terrible respuesta: “Ellos eran prelados religiosos y dignatarios de la Iglesia”. Y en ese abismo, vio precipitar una lluvia de almas. Y una voz grita: “Siempre será así. Siempre, siempre, siempre”. Verónica es conducida ante la presencia de Lucifer. El tiene a su alrededor a las almas que más gracias recibieron del cielo, pero que nada hicieron por Dios, por su gloria; y los tiene bajo sus pies, como una almohada, golpeando continuamente las almas de aquellos que faltaron a sus votos”. “¡Vete fuera, intrusa, que aumentas nuestros tormentos!”, le grita furioso a sus ministros. Una vez sacada del infierno, Verónica repite aterrorizada: “¡Oh, justicia de Dios, cuán poderosa eres!”.


Alfonso M. de Ligorio
San Alfonso María de Ligorio: “Si los hombres muestran poca paciencia ya sobre la tierra... ¿cómo harán para luego soportar las llamas del infierno por toda la eternidad?”.
En su obra: “Preparación para la muerte”, dice así el santo: “¿Qué será, cuando Dios en la muerte dirá a los réprobos: “Vete, que no quiero verte más”. “Abscondam faciem ab eo, et invenient eum et omnia mala” (Deut 31 . 17). “Ustedes (dirá Jesús los condenados en el último día) ya no sois más míos, Yo no soy más vuestro”. (..) Los condenados dirán a los demonios: “Guarda, ¿qué de la noche? “Custodio, quid de nocte?” (Is 21, 11​). ¿Cuándo termina? ¿Cuándo terminan estas tinieblas, estos gritos, estos hedores, estas llamas, estos tormentos? Y se les contesta: “Nunca, nunca”. ¿Y cuánto van a durar? “Siempre, siempre”. Oh, Señor, da luz a tantos ciegos, que al pedírseles que no se condenen, responden: “En fin de cuentas, si voy al infierno, paciencia, no importa”. ¡Oh Dios, ellos no tienen paciencia para sentir un poco de frío, ni para estar en una habitación caliente, ni para sufrir un golpe; pero luego tendrán paciencia para estar en un mar de fuego, golpeados por los demonios y abandonados por Dios y por todos por toda la eternidad! (…) Pero, ¿cómo –dirá un no creyente-, qué clase de justicia es esta? ¿Castigar un pecado, que dura un momento, con un castigo eterno? Pero, ¿cómo (respondo yo) puede tener la audacia un pecador de ofender a un Dios de infinita majestad por el gusto de un momento? Incluso en el juicio humano (dice Santo Tomás, I. 2 . Q. 87. a. 3) la pena no se mide según la duración del tiempo, sino según la cualidad del delito... (.. ) La muerte en esta vida es lo que más temen los pecadores, pero en el infierno será la cosa más deseada” (Ap 9, 6).

El extraño (e inquietante) caso del prof. Diocrè

Pintura que representa el caso del prof. Diocrè.
Cuánto bien bien pueda hacer el pensamiento del infierno, nos lo dice lo sucedido en los funerales de un famoso maestro de la Sorbona de París, Raymond Diocrè. El episodio, clamoroso, fue , en palabras del P. Tomaselli , reportado y analizado con rigor en todos sus detalles . Esto es lo que sucedió: a la muerte del profesor, que tuvo lugar en París, se prepararon funerales solemnes en la iglesia de Notre-Dame. Asistieron profesores y hombres de la cultura, autoridades eclesiásticas y civiles, además de discípulos del difunto y fieles de todas las clases sociales. El cuerpo, colocado en el centro de la nave, estaba cubierto con un simple velo. Se comenzó a recitar el oficio de difuntos. Cuando se llegó a las palabras: “Responde mihi : Quantas habeo iniquitates et peccata...”, es escuchó una voz sepulcral salir de debajo del velo: “¡Por el justo juicio de Dios, he sido acusado!”​.
Con consternación se quitó el velo, pero el cuerpo estaba quieto y sin movimiento. Se reinició el oficio interrumpido, en medio de la conmoción general. Cuando se llegó al mismo versículo anterior, el cadáver se levantó a la vista de todos y gritó: "¡Por el justo juicio de Dios he sido juzgado!”.
El terror y el espanto se apoderaron de todos. Algunos médicos se acercaron al cadáver que se había sumergido nuevamente en la más absoluta inmovilidad, pero solo pudieron constataron que el profesor estaba realmente muerto.
En este punto, no tuvieron ánimo para continuar con el funeral y decidieron continuarlo al día siguiente. Las autoridades eclesiásticas no sabían qué hacer: algunos decían que estaba condenado y no se podía rezar por él; otros dijeron que todavía no había certeza de la condena, a pesar de haber sido acusado y juzgado. El obispo ordenó que se reiniciara la recitación del oficio de difuntos. Pero cuando se llegó nuevamente al mismo versículo, el cadáver se levantó y gritó: “¡Por el justo juicio de Dios he sido condenado al infierno para siempre!”.

Ya no había ninguna duda: el difunto había sido condenado. El funeral terminó y se pensó que era mejor no sepultar el cadáver en el cementerio común. Entre los presentes se encontraba un cierto Bruno, discípulo y admirador de Diocrè, que quedó profundamente conmovido por lo que había pasado. A pesar de que era ya un buen cristiano, decidió dejarlo todo y dedicarse a la penitencia. Con él, otros tomaron la misma decisión. Bruno se convirtió en el fundador de la Orden de los Cartujos o trapense, orden que se encuentra entre las más estrictas de la Iglesia Católica.

martes, 10 de diciembre de 2013

Wicca: la nueva brujería de la Antigua Serpiente que fascina a los jóvenes crédulos e incautos

Autor: AICA | Fuente: Info - Spes 

Entrevista a Carlo Climati, periodista y escritor italiano que acaba de publicar el libro «Los jóvenes y el esoterismo»

AICA - 06 de Mayo de 2003
Entre los fenómenos esotéricos citados por el reciente documento de la Santa Sede sobre la Nueva Era --«Jesucristo, portador del agua viva»--, se encuentra la Wicca, una nueva forma de brujería que está extendiéndose entre adolescentes y jóvenes en muchas partes del mundo.

Para comprender mejor este fenómeno, se ha entrevistado a Carlo Climati, periodista y escritor italiano que acaba de publicar en España el libro «Los jóvenes y el esoterismo: Magia, satanismo y ocultismo: la patraña del fuego que no quema» en la editorial Ciudad Nueva (http://www.ciudadnueva.com), volumen que ya es un en best-seller en Italia y en países de América Latina.


¿Qué es la Wicca? 

- Carlo Climati: Es un culto neopagano que tiene su origen en el mundo anglosajón y se presenta como una especie de «brujería buena». No es ni una secta ni una organización con líderes o estructuras precisas. Es simplemente una corriente de pensamiento esotérica a la que puede adherir cualquier persona sin un compromiso particular.


¿Qué propone esta corriente de pensamiento? 

- Carlo Climati: Es una mezcla de paganismo, magia y superstición. Además, se da una veneración exagerada de la naturaleza, hasta el punto de ser divinizada y adorada. Los seguidores de la Wicca creen en la reencarnación, que consideran como una «evolución del alma». Practican una serie de ritos mágicos: desde encantamientos de amor hasta ceremonias para enriquecerse o «atraer el dinero». A veces, se dirigen a espíritus, entidades no físicas o divinidades paganas, como quien reza al dios astado (itifálico, patas de cabra, cuerpo velludo, cornamenta de ciervo o macho cabrio).


¿Por qué se presenta la Wicca como «brujería buena»? 

- Carlo Climati: Porque los seguidores de la Wicca dicen que no quieren el mal para nadie y que rechazan el satanismo. Sin embargo, desde mi punto de vista, la Wicca no puede ser considerado como un culto positivo. En algunos casos, propone rituales con los que se quiere ejercer poder sobre las personas. Sin embargo, los seres humanos no son marionetas que pueden ser controladas según los propios gustos. 

Otro aspecto negativo es el de la superstición. Los seguidores de la Wicca están convencidos de que las piedras, las hierbas, y el viento contienen particulares energías capaces de producir efectos sobre la vida cotidiana. De este modo acaban convirtiéndose en esclavos de objetos, amuletos y talismanes. 


¿Es verdad que la Wicca tiene éxito entre los jóvenes? 

- Carlo Climati: Por desgracia, sí. Algunas películas y telefilmes han hecho popular la Wicca. Incluso algunas revistas para adolescentes hablan de ella con frecuencia, proponiéndola como una especie de «religión alternativa». Las muchachas, sobre todo, quedan fascinadas por la idea de ser «brujas buenas», y utilizan los rituales de la Wicca para resolver los problemas de la vida cotidiana. Se encierran en su habitación y preparan auténticas ceremonias con velas, incienso y pequeños altares dedicados a alguna divinidad rara. 


¿Cree que esto puede tener riesgos? 

- Carlo Climati: El riesgo que se esconde detrás de la Wicca es claro. Es la invitación a creer que existe una «magia buena», una especie de «aliada» para resolver los problemas de la vida de todos los días. Una vida que, en el caso de muchos muchachos, está dominada por la soledad, la ausencia del diálogo en familia, las dificultades en los estudios o en los primeros pasos en el mundo del trabajo.

Cuando uno está solo es más fácil que sea víctima de la magia y la superstición. Se agarra a todo, incluso a un amuleto. La Wicca, desde mi punto de vista, encuentra terreno fértil en la vida de muchos jóvenes que con frecuencia está caracterizada por situaciones familiares difíciles, incomunicación, silencio, decepciones e incertidumbre sobre el futuro.


¿Qué efecto podría tener la Wicca en el comportamiento de los muchachos? 

- Carlo Climati: A largo plazo, existe el riesgo de difundir entre los jóvenes la falta de compromiso. Confían en algo ajeno a la propia vida para resolver un problema. Los muchachos renuncian a comprometerse para alcanzar un objetivo, dejando todo en manos de las presuntas «energías» de algún ritual o amuleto.

Es la ley del «quiero todo y cuanto antes». ¿Me gusta una chica? En vez de conquistarla con simpatía y dulzura, el seguidor de la Wicca confiará en un rito mágico. ¿Tengo una duda sobre el futuro? En vez de utilizar la cabeza para encontrar una solución inteligente al problema, se abandona en brazos de la Wicca. Lo mismo sucede con los exámenes en la escuela y la universidad. 


¿Es posible ayudar a los jóvenes para que no corran estos riesgos? 

- Carlo Climati: Es necesario alentar una nueva «cultura del compromiso» que valore los pequeños esfuerzos de la vida cotidiana para alcanzar un objetivo particular. Si queremos conquistar a una chica, no hay que comprar un amuleto, sino regalarle un ramo de flores. 

Además, es oportuno promover una «cultura del límite», es decir, hacer comprender a los jóvenes que no pueden tenerlo todo. Es necesario saber aceptar los propios límites. Si no logro tener el amor de un chico o de una chica, no sirve de nada recurrir a la Wicca para cambiar la situación. Debo aceptar este pequeño fracaso y volver a sumergirme en la vida de todos los días, buscando con nuevo entusiasmo el verdadero amor. 

Un sano redescubrimiento de la cultura del límite y del compromiso personal podría ayudar sin duda a los jóvenes a ser más fuertes, a afrontar mejor la vida, superando incertidumbres y miedos. Y sin necesidad de recurrir a las supersticiones de la Wicca. 

Wicca, o la pestilente neo-brujería del siglo XXI

Autor: P. Jordi Rivero | Fuente: Corazones.org 

Se trata de una tentación siempre actual de lograr de una forma mágica lo que requiere esfuerzo, compromiso y perseverancia


El numeroso correo que recibo de jóvenes afectados por la Wicca, como también mi experiencia directa con los que han practicado esta religión me llevó a investigar y escribir este artículo. He orado por la liberación de muchos de ellos. Por lo tanto mi intención al escribir es ofrecer una guía para los que deseen discernir el camino verdadero de Dios. 


¿Ha dicho algo la Iglesia? 

La wicca aparece entre los fenómenos esotéricos citados por el documento de la Santa Sede, "Jesucristo, portador del agua viva", el cual advierte sobre el peligro de la Nueva Era. 


Qué creen

Se trata de una corriente de pensamiento que incluye elementos esotéricos y supersticiosos. Los wiccanos se enorgullecen de que su religión es un renacimiento del del paganismo, la "Antigua Religión". Mezclan con el paganismo la magia y la superstición. Proponen sus prácticas como una alternativa mas eficaz que el cristianismo para resolver los problemas de la vida. Un tipo de brujería que, según dicen, solo utilizan para el bien. El cristianismo habría dado un mal nombre al paganismo.

Los sitios de Internet dedicados a la wicca revelan claramente la naturaleza neo-pagana de esta religión. Rezan a divinidades paganas, abundan en ellos las invitaciones a consultas psíquicas (adivinación), encantaciones (ofrecen encantaciones para todo: amor, dinero, salud, protección, suerte...), el voodoo y la magia. Los practicantes de la wicca proponen que con estas prácticas se pueden conseguir fines buenos, tales como evitar el divorcio, reunificar familias, conseguir trabajo, etc. 

Al no tener una autoridad que defina sus creencias, existen muchas interpretaciones de la religión wicca, pero la mayoría parece coincidir en los siguientes puntos:

-Creen en un dios y una diosa.

-Entre sus miembros hay mujeres que profesan ser brujas o wicca. 

-Divinizan la naturaleza y le rinden culto.

-Creen en la Reencarnación como la "evolución del alma". 

-Practican ritos mágicos, entre ellos encantamientos de amor. 

-La superstición: Usan amuletos y talismanes pensando que las piedras y otros elementos naturales tienen poderes sobre sus vidas. 

-Creen que el mundo pagano era un remanso de paz y bienestar el cual fue arruinado por la venida del cristianismo. 

-No creen en el demonio ni en la tentación.

-No creen en la revelación cristiana, aunque algunos dicen ser cristianos, pero el Jesús en que creen no es Dios.

No tiene estructuras definida y no requiere un compromiso particular mas allá del que cada persona o grupo quiera interpretar.


Las "iglesias" wicca

Existen "iglesias" wicca. Una de estas es la "Universal Life Church" (Iglesia Vida Universal) de Modesto, California, que se describe así misma de esta manera:

La Iglesia Vida Universal incluye a todas las personas pacíficas. Tenemos una doctrina muy simple: "Haz solo aquello que es correcto". Mientras no viole los derechos de otros, entendemos que es el derecho y la responsabilidad del individuo determinar pacíficamente lo que es correcto. Nosotros estamos a favor de la libertad religiosa, que incluye ser libres de la autoridad de la Iglesia como también de la autoridad del gobierno" 

La Iglesia Vida Universal incluye personas de todas las tradiciones y caminos espirituales. No excluimos a nadie. Entre nuestros ministros se incluyen paganos, neo-paganos, Wicca, cristianos, budistas, taoístas, hindúes, judíos y muchos otros cuyas creencias individuales no conforman nítidamente con las enseñanzas de ninguna otra iglesia. Nuestra doctrina nos permite dar la bienvenida a todos, y para todas las personas que pacíficamente compartan en hermandad y espiritualidad, sin consideración de que divergentes puedan ser nuestros caminos.


Análisis


La seducción de una falsa libertad
La wicca propone la libertad, salvaguardando tan solo que "no violen los derechos de otros". No toma en cuenta que Dios se ha revelado en la Historia de la Salvación, culminando en la revelación de Jesucristo. Según lo que vemos en la literatura Wicca, solo el hombre debe decidir lo que es correcto para si mismo. 

La moral de los wicca se reduce a la regla: "Haz lo que quieras mientras no dañes a nadie". Pero, ¿como saber el daño que hacemos si estamos enfrascados perseguir lo que queremos? El egoísmo ciega y endurece el corazón. Aparentemente el rico en la parábola de Lázaro (Cf. Lc 16,19s) hacía lo que quería y no hacía daño a nadie. Pero tampoco se preocupaba de amar al pobre y por eso se fue al infierno. 

La enseñanza de Jesús es muy diferente a la wicca. Jesús nos llama a la conversión del egoísmo al amor, de manera que ya no podemos dejarnos guiar por lo que queramos según la carne. La doctrina de Jesús se resume en el mandamiento: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.» Lucas 10,27. Vivir para amar cueste lo que cueste, ese es el camino cristiano. ¿Que muchos cristianos no lo viven? Pues esos no son buenos cristianos. ¡Que pena! Pero la enseñanza de Jesús esta clara. Los que la siguen reciben la gracia de ser Hijos de Dios. San Agustín, Padre de la Iglesia Católica enseñaba ya en el siglo IV: "ama y haz lo que quieras". Pero hay que entender que ese "ama" significa seguir a Jesús hasta la cruz. Claro está, el que ama unido a Jesús, imitando a Jesús, querrá solo hacer lo que es del amor. 


La promesa de adquirir soluciones sin conversión

La wicca ofrece poder por medio de magia y supersticiones para lograr lo que se quiera. Esto lo podemos ver claramente en las numerosas páginas wicca del internet. El verdadero poder, sin embargo, no esta en ninguna otra fuente sino en Dios mismo que se ha revelado por medio de Jesucristo. No encontraremos la felicidad hasta que abramos el corazón al amor de Dios y le permitamos actuar en nuestra vida. Jesús nos enseña a morir a nosotros mismos para así recibir una vida nueva. 


La relatividad religiosa

La literatura wicca suele afirmar que se puede practicar la wicca y ser cristiano. Esto no es cierto ya que sus doctrinas contradicen esencialmente al cristianismo. Pretenden aglutinar a todos los hombres y todas las tradiciones bajo su tutela, pero al precio de renunciar al Dios verdadero. Al retornar al paganismo, la Wicca contradice radicalmente la fe de todas las religiones monoteístas (creyentes en un solo Dios que se ha revelado a si mismo). 

Solo Jesucristo puede unificar a la humanidad porque El, siendo Dios, es El Camino, La Verdad y La Vida. Es para eso que murió en la Cruz y estableció Su Iglesia, la cual se llama Católica (Católica = Universal). 


Distorsión de la historia

Con frecuencia recibo correo de los wiccanos, aludiendo a los crímenes cometidos por la Iglesia. Parecen ignorar que antes del cristianismo el mundo estaba en las tinieblas de la barbarie y esos crímenes eran la norma de vida, como se puede ver por las leyes y las prácticas comunes de esos tiempos. El cristianismo iluminó al mundo con el amor de Dios y transformó las sociedades creando conciencia de la dignidad y los derechos de cada ser humano como hijo de Dios. Ciertamente, el mal no ha desaparecido y, a través de los siglos, muchos cristianos han cometido crímenes. Pero esos, aunque se llamen cristianos, actuaron contra las enseñanzas de su Cristo. Ellos manifiestan las características del "hombre viejo", el hombre que endurece su corazón y se deja guiar por sus pasiones. Estos existirán siempre y su conducta nada tiene que ver con el Cristianismo. Son los santos, entre ellos innumerables hombres, mujeres y niños que han querido vivir con seriedad el Evangelio, los que nos enseñan el camino cristiano que es sal de la tierra y luz del mundo. Son estos los que transformaron las sociedades para el bien. 

La nueva corriente pagana, sin embargo, es un retorno a un mundo sin Cristo y sin la luz del Evangelio. 


Conclusión

Un discípulo de Cristo podrá discernir que la Wicca se aparta del Camino. Pero con frecuencia nos encontramos con jóvenes que no están bien formados y tienen muchas presiones. Por eso el Papa nos exhorta a una nueva evangelización. No podemos permanecer indiferentes mientras tantos se adentran en este mundo tenebroso. El amor de Dios nos debe mover a buscarlos.


Oración al Inmaculado Corazón de María

"Ante tu trono nos postramos suplicantes, seguros de alcanzar misericordia, de recibir gracias y el auxilio oportuno... Obtén paz y libertad completa a la Iglesia santa de Dios; detén el diluvio del neopaganismo; fomenta en los fieles el amor a la pureza, la práctica de la vida cristiana y del celo apostólico, para que los que sirven a Dios aumenten en mérito y número" -Del texto de la consagración de Pío XII al Inmaculado Corazón de María. 

Magia, Maleficios y Espiritismo

Autor: Oscar Gerometta 

Según el pensamiento mágico existen fuerzas en la naturaleza que pueden ser captadas a través de rituales y utilizadas para el bien o para el mal.

En los últimos años ha ido ganando campo el pensamiento mágico, el que puede ser caracterizado por el convencimiento personal de la existencia de una serie de fuerzas en la naturaleza, susceptibles de ser captadas a través de rituales que permitirían direccionarlas en beneficio o detrimento de las personas.

No se trata de grupos definidos y estructurados en general, sino más bien de la difusión del recurso habitual a ‘parapsicólogos’, ‘videntes, ‘sanadores’, ‘adivinos’, ‘chamanes’, capaces de ‘ver’ lo que suele estar oculto a los ojos del vulgo, realizar o destrabar trabajos, preparar conjuntos, talismanes y pociones, etc.

Este fenómeno tiene algunas manifestaciones que podríamos considerar como ‘culturales’, tales como el uso de cintas rojas en la muñeca para evitar la envidia; pero también puede tomar características más estructuradas cuando van de la mano de personas supuestamente dotadas de ‘dones’ que les permiten ofrecer sus ‘servicios’ a quienes los requieran, aprovechando un cierto espíritu supersticioso.

En este sentido, y ante la confusión que estas ofertas y prácticas provocan, es conveniente tener en cuenta: 


Que la posibilidad de manifestaciones que pueden parecer no comunes (tales como predicciones, hipnosis, capacidad de influenciar, etc.), no requiere de suyo la apelación a una calificación sobrenatural para poder explicarlas. 

Que muchas de estas manifestaciones o fenómenos se pueden explicar suficientemente a través de la sugestión individual o colectiva, que puede ser directamente querida y provocada por quien lo conduce, o provocada incluso involuntariamente. 

Que el hecho de que la ciencia no pueda dar una explicación acabada de un fenómeno no indica su carácter preter o sobre natural, sino simplemente nos señala uno más de los límites de la ciencia, los cuales hemos de aceptar con humildad. 

Que ante el deseo de buscar una explicación, ha de apelarse primeramente a las explicaciones de orden físico, luego a las de orden médico, luego a las de orden psicológico, y solo entonces a las de orden sobre humano. Pero aún en este último supuesto, no quiere decir que sean necesariamente referidas a Dios. 

Que el demonio obra más habitualmente a través de la tentación y la seducción, que utilizando recursos extraordinarios. No debe adjudicarse a la acción del maligno, lo que puede ser simplemente explicado a través de la libertad y la debilidad del hombre. 

Que un cristiano en Gracia de Dios, no tiene motivo para tener ningún ‘trabajo’ o ‘brujería’, ya que en él está presente el mismo Señor. La mejor prevención contra los maleficios es la confesión frecuente. 

Que Dios obra ordinariamente en el mundo, conduciendo la historia a través de los hombres y mujeres sencillos que son fieles a su llamado de Amor; las intervenciones extraordinarias, tienen lugar solo extraordinariamente, y por lo tanto no debe darse un carácter extraordinario a lo que podría explicarse de un modo más sencillo. 

Algunas Consideraciones

Desdichadamente, la falta de formación y un cierto espíritu supersticioso que anida en el corazón de todo hombre, hace que muchos cristianos aún piadosos acudan a prácticas mágicas o adivinatorias en algunas circunstancias. En este punto es conveniente recordar lo que señala el Catecismo de la Iglesia Católica al respecto (n. 2116-2117).

"Todas las formas de adivinación deben rechazarse: el recurso a Satán o a los demonios, la evocación de los muertos, y otras prácticas que equivocadamente se supone ‘desvelan’ el porvenir" (Cf. Dt 18,10; Jr 29,8). 

La consulta de horóscopos, la astrología, la quiromancia, la interpretación de presagios y de suertes, los fenómenos de visión, el recurso a ‘médium’ encierran una voluntad de poder sobre el tiempo, la historia y, finalmente, los hombres, a la vez que un deseo de grajearse la protección de poderes ocultos. Están en contradicción con el honor y el respeto, mezclados de temor amoroso, que debemos solamente a Dios.

"Todas las prácticas de magia o de hechicería mediante las que se pretende domesticar potencias ocultas para ponerlas a su servicio y obtener un poder sobrenatural sobre el prójimo – aunque sea para procurar la salud -, son gravemente contrarias a la virtud de la religión. Estas prácticas son más condenables aún cuando van acompañadas de una intención de dañar a otro, recurran o no a la intervención de los demonios. Llevar amuletos es también reprensible. 

El espiritismo implica con frecuencia prácticas adivinatorias o mágicas. Por eso la Iglesia advierte a los fieles que se guarden de él. El recurso a las medicinas llamadas tradicionales no legitima ni la invocación de las potencias malignas, ni la explotación de la credulidad del prójimo."

Sobre la siniestra y demoníaca práctica del espiritismo



Hace unos días una persona me preguntó que qué opinaba la Iglesia católica sobre el espiritismo y si le era lícito  entrar en contacto con sus difuntos por ese medio. La respuesta a esta pregunta la tenemos en el “Catecismo de la Iglesia Católica”, que dice así:
“2116. Todas las formas de adivinación deben rechazarse: el recurso a Satán o a los demonios, la evocación de los muertos, y otras prácticas que equivocadamente se supone ‘desvelan’ el porvenir (cf. Dt 18,10; Jr 29,8). La consulta de horóscopos, la astrología, la quiromancia, la interpretación de presagios y de suertes, los fenómenos de visión, el recurso a ‘mediums’ encierran una voluntad de poder sobre el tiempo y la historia y, finalmente, los hombres, a la vez que un deseo de granjearse la protección de poderes ocultos. Están en contradicción con el honor y el respeto, mezclados de temor amoroso, que debemos solamente a Dios”
2117. Todas las prácticas de magia o de hechicería mediante las que se pretende domesticar potencias ocultas para ponerlas a su servicio y obtener un poder sobrenatural sobre el prójimo –aunque sea para procurar la salud–, son gravemente contrarias a la virtud de la religión. Estas prácticas son más condenables aún cuando van acompañadas de la intención de dañar a otro, recurran o no a la intervención de los demonios. Llevar amuletos es también reprensible. El espiritismo indica con frecuencia prácticas adivinatorias o mágicas. Por eso la Iglesia advierte a los fieles que se guarden de él”.
Podemos decir que éste es el pronunciamiento oficial de la Iglesia sobre estas cuestiones. Deuteronomio 18,10-14 condena enérgicamente y califica de abominaciones a las prácticas a las que hemos hecho referencia, mientras Jeremías 29,8 califica de mentirosos a los profetas y adivinos no enviados por Dios. Y es que en estas cuestiones es muy fácil que nos encontremos con intervenciones diabólicas o, seguramente con nucha más frecuencia, con fraudes.
En la línea de intervenciones diabólicas leo en el célebre libro de A. Trochu, “El cura de Ars”, lo siguiente: Un capitán del ejército pregunta al Cura de Ars si son verdad las historias sobre el diablo. El sacerdote le respondió: “Amigo mío, usted ya sabe algo de esto… Sin lo que hizo, no hubiera podido librarse”. Sus compañeros se dieron cuenta que el santo no hablaba por hablar y le interrogaron. Éste les dijo que había ido a varias sesiones espiritistas y “un día, dijo, al entrar en mi cuarto, sentí la impresión de que no me hallaba solo. Miro y rebusco por todas partes. Nada, al día siguiente lo mismo. Además, me parecía que una mano invisible me apretaba por la garganta. Yo tenía fe. Fui a buscar agua bendita a mi parroquia. Rocié la habitación con todos sus rincones, y, a partir de aquel momento, cesó toda impresión de una presencia extranatural. No dudo que el cura de Ars acaba de aludir a este incidente”.
De todas formas en la gran mayoría de los casos, nos movemos en el campo del fraude. De adolescente teníamos en casa varios volúmenes del libro “Los fraudes espiritistas” del jesuita Carlos María de Heredia. Este señor realizaba sesiones espiritistas muy completas, pero de las que advertía: “todo lo que van a ver, tiene truco”. Y en el libro “Le Spiritisme” de Y. Castellan de la colección Que sais-je?, recoge unas declaraciones de las hermanas Fox, iniciadoras del espiritismo moderno, en que reconocen haber engañado. Otra frase importante que encontramos en ese libro es: “todos los grandes mediums han engañado”.
La postura de la Iglesia Católica ya la hemos visto: hay mucho fraude, pero si hubiese intervenciones extranaturales, éstas sólo pueden provenir de espíritus malvados. Recuerdo lo que me dijo un jesuita, muy conocido parapsicólogo: “Diles a tus alumnos que no jueguen al juego de la ouija (güija), porque un amigo mío, un muy conocido psiquiatra, me dijo. ‘Estoy harto de tener mi consulta llena de adolescentes, como consecuencia del juego de la ouija’”.
Está claro por tanto que el espiritismo es una opción no lícita para un cristiano. Ello no significa sin embargo que  piense que no es posible una relación entre nuestros difuntos y nosotros. Nosotros podemos y debemos ayudarles con nuestras oraciones, y ellos desde luego también nos ayudan con su oración de intercesión por nosotros.

Pedro Trevijano, sacerdote